Tuesday, April 18, 2006

UN JUICIO BORDEANDO LA ABULIA



Se acurruca la perra mientras la mujer duerme. El hombre descansa en las dispersiones de su cautividad. El calor es oprobioso, le sienta bien a su sensación de inutilidad, abulia y miedo. Maniático, se había propuesto inicialmente repasar las líneas andadas; sólo que al rato comprobó lo infructuoso del afán. Ante las escuálidas páginas de su diario, en medio de una crisis de compulsión alcohólica, el carrete de la máquina Olympia se hallaba atascado al ritmo de la indecisión y el nerviosismo. Se levantó para servirse un café bien tinto y amargo. Encendió un cigarrillo que compartió con la bebida, recorriendo el estudio entre idas y vueltas. Su frustración se acentuó al recordar la destrucción de algunas viejas páginas del diario por parte de la absorbente mujer: la amputación del pasado implicaba la castración de sí mismo. Aplastada la colilla que fragmentaba el humus nicotínico del cenicero y fundido su cuerpo en la silla, sacudió el trasero del pesado artefacto sin que el carrete se deslizara de ninguna forma. De inmediato concibió un plan: se dirigiría al estacionamiento, empujaría su carro sigilosamente una cuadra más adelante, y emprendería la fuga hacia un destino incierto pero en libertad. A la manera de las road movies norteamericanas.

Sin embargo, sintió impávido los golpes digitales y secos sobre las viejas teclas: La figura femenina ha tenido en mi vida un cariz particular. Su protagonismo tiende sin duda a la represión, a la reprimenda, al moldeado si se quiere arbitrario. En muchos de los casos, consolida su imposición a través de una prepotente y absoluta postura de tipo ético. Por supuesto, la constante se traduce en la manipulación de las ideas y los sentimientos del otro. Imposibilidad de obtener la cera que nos ensordezca respecto a los alaridos de la sirena, por lo que el viaje se interrumpe y pospone una vez más. Empero, las ventajas consisten en el hecho de su dedicación laboriosa a las cosas terrenas: como decía Reinaldo, amerita una nevera, una cocina y una lavadora. No subyace en estas líneas la misoginia. Reconocimiento por partida doble: su utilidad fundamentada en mi comodidad por vía de la cesión de terreno.

Desconsolándose en el hecho de que las llaves del carro no aparecían por ningún lado, el grumo de alquitrán asoma por la nariz, la hiel de los eructos en oposición a los ronquidos y susurros de la mujer que se retuerce, la perra que se rasca.

Valencia, 6 de enero de 2003.

SEÑOR JUEZ



“Madre, por favor, ¿es sólo una enfermedad lo que les hace
romper todas mis leyes?
Mira, si puedes anular el efecto
Yo iré tras la causa”.
Peter Gabriel: Moribundo, el burgomaestre. Primer surco, lado A, del LP “PETER GABRIEL I” (1975).

Intentó nuevamente firmar la sentencia, pero era inútil. Le sorprendía el hecho de haber perdido su firma; aquel garabato distaba de serlo enormemente. La situación era bien ridícula, ¡sólo esto me faltaba!, pensó para sí. Se distrajo recorriendo con la mirada su despacho, repleto de expedientes y textos jurídicos. De repente, recordó el bochornoso incidente con la doctora Urquiola. Hace dos días, en el ascensor, ella tuvo la osadía de haber cuestionado no sólo su imparcialidad, sino incluso su honorabilidad en aquel caso sucesoral. ¡Cómo enfrentaría entonces la denuncia introducida ya en la Judicatura, si ni siquiera podía encontrar su firma!

Llamó por el teléfono interno a la secretaria del tribunal, pero nadie le respondía. Colérico, abrió la puerta y constató que ninguno de sus empleados se encontraba allí. Aterrorizado, regresó a su despacho e inmediatamente se asomó a la ventana. El día le era ajeno: gris y sin nubosidad alguna; lo que más le llamó la atención fue el disco de sol, opaco y pálido. No podía entonces determinar la hora, ni tampoco qué día era. De pronto divisó la plaza y observó unos payasos gigantescos rodeados de cientos de niños. Sería entonces sábado o domingo, ¿qué demonios hago aquí?, se preguntó aguijoneado por el miedo. En la comprensión de que algo terrible le estaba ocurriendo, sintió cómo los impulsos eléctricos sacudían su espina dorsal. Tal era la inevitabilidad de la claustrofobia que exponía su cuerpo a la oprobiosa e insípida tarde.

Realizó varias llamadas telefónicas a su casa, al Colegio de Abogados, a sus amigos más íntimos, sin obtener contestación alguna. Sobre todo lamentó no contactar ni a Osman, ni a Antonio Mata, mucho menos a Carlos Luis, sus socios en el juego del truco, sin duda el oficio que practicaban con más soltura y devoción. Sus triunfos tenían como colofón entonar al unísono “Bartolo que no es cayuco / ha sorprendido con su truco”, cervezas mediante, acompañando a un Tito Rodríguez aprisionado en la rocola del bar “Las Quince Letras”... ¿Qué se hicieron todos?, ¿qué me está pasando? Seguidamente tomó una hoja blanca y probó de nuevo con su pluma fuente hallar su firma. Mientras más lo hacía, los garabatos eran más deformes, como si fueran autoría de un niño o un alcohólico.

Encendió la televisión mientras aguardaba una respuesta sensata a sus atribuladas preguntas. Estaban transmitiendo un juego de baseball de Grandes Ligas, lo cual le confirmó que el día era domingo. Poco tiempo después, la transmisión fue interrumpida por un boletín de última hora que anunciaba su propia muerte por suicidio: según el despacho informativo, hacía una hora que el juez se había lanzado desde el octavo piso del edificio en el cual despachaba, desconociéndose el por qué de tan infausta decisión. Desesperado, acicateado por la confusión y el temor, se dirigió al baño a llorar su desgracia. Se lavó la cara ante el espejo, como tratando de escapar de una pesadilla. Entonces, se cercioró que el espejo no le devolvía su imagen, por lo que dedujo su situación actual: o estaba soñando de manera coherentemente extraña, o era un vampiro ataviado de un Giorgio Armani, alternativas que le tranquilizaron inmediatamente. Sobre todo la segunda, pues desde niño tenía un morboso fervor por el Drácula de la dupla Browning-Lugosi, amén de su extraordinario parecido con otro de sus intérpretes, el espigado y flaco Christopher Lee.

Retornó al despacho y abrió la ventana como un autómata. Era ya de noche, alumbrada tan sólo por el claro de luna. Por tal razón, se lanzó al vacío, pues o volaba como un murciélago, o la caída significaría deshacerse de la pesadilla. Error, ninguna de las dos. Acabó en la calle como un bulto estragado e informe nadando en la sangre, ya que todo era producto de la especulación periodística y del odio y acecho de sus enemigos. ¡ Alea jacta est !

Valencia, 25 de agosto de 2001.

Monday, March 27, 2006

DANIELA, CORAZÓN DE JESÚS


Daniela, Corazón de Jesús, decidió esperar el fin de los tiempos en la nave central de la Iglesia Bautista Antiecuménica "El Cordero de Oro". El planetoide Hercóbulus se acercaba a La Tierra sin que nada pudiese detener su apocalíptico curso. Sin embargo, Daniela se desentendió de su familia, esposo sexagenario y dos hijos de más de treinta años, pues todos ellos no habían aceptado la Verdad revelada en la interpretación bíblica del Pastor Juan Taquilla. Aguardaba a sus hermanos de fe: Feliciano Frías, Matilde Aguerreverre, Carlos Rodríguez, Angélica Vega y al profesor T, recién convertido al evangelio según Juan Taquilla. Se trataba de velar la llegada de Cristo y sus legiones para que se los llevaran la víspera de las plagas, inundaciones y hecatombes predichas por Juan en la isla de Coche -consúltese las Minutas del III Retiro Espiritual de la Iglesia Bautista Antiecuménica, El Naipe, 1992-. Integrarían el Santísimo Tribunal que juzgaría a la humanidad el primer día del año 2000. Pensó, dadas sus ensoñaciones piadosas y buenas intenciones, postularse para el cargo de Consoladora Mayor para musitar versículos bíblicos de amor a los pecadores torturados en la Antesala del Infierno. Cómo la alegraría recitar pasajes del libro de Job, mientras despedazaban los cuerpos de los tres alegres compadres -que son 4 al igual que los mosqueteros-: Argenis, Rodolfo, Carlos y Juan, enemigos del profeta Juan Taquilla y amigos de las veleidades de este mundo próximo a extinguirse, la buena mesa y la cálida cama compartida con bellas y perversas rameras ataviadas de purpúrea y ajustada ropa interior. Indudablemente, la fe ha de imponerse a cómo dé lugar: inclinando la cabeza sumisamente o estirando la corrupta carne en el potro de los tormentos. Cercana la medianoche, la bulla en el barrio se hacía más estruendosa, confirmándole la orgía de machos y hembras -al son de ritmos tropicales- el advenimiento del fin. Sus hermanos de fe no habían acudido a la trascendental cita. No se tenía idea del paradero de Juan Taquilla, ni por vía celular ni por vía internet. Al explotar los petardos en la tierra y en el cielo, Daniela se lanzó al frío suelo y dispuso su cuerpo robusto en posición fetal. Dudó por única vez en su fe: Los hermanos estarían en casa con sus familias sin reparar que el Mal ha sobrevivido trocando La Tierra en un aquelarre eterno, donde los pecadores impenitentes vivirían un jolgorio ad infinitum. Dos calles más abajo del Templo, Juan Taquilla financiaba el banquete y la ingesta etílica a los lugareños con el diezmo de los feligreses, discípulos y simpatizantes de la Iglesia Bautista y Antiecuménica "El Cordero de Oro". Los tres alegres compadres, algo ebrios, bailaban un danzón bien acompañados y apertrechados.


Friday, March 24, 2006

BLASINA DE LOS SAUCES


Blasina Ríos de Marín nació en Los Sauces de Valencia, cuando el lugar no había sido deconstruido por los urbanistas desarrollistas, alrededor del año 1920. En lo que a mí respecta, es -la conjugo en presente, pese a su muerte física a mediados de los noventa- una de las matronas más simpáticas y carismáticas de la ciudad. Aún nos convoca en la memoria, más allá de la nostalgia posible. La imagino atravesando el montaral que fue una vez Valencia, machete en mano, buscando a un Padrón extraviado en una de sus borracheras; o a sus hijos escondidos en traviesas aventuras, temiendo todos el rigor de su carácter de palo y piedra no exento, claro, de cálido y refrescante amor. En la juventud había sufrido un accidente que le malogró una de sus piernas, salvada por la mano quirúrgica del doctor Don Fabián de Jesús Díaz en el Hospital Central. El viejo galeno le había dicho que la doblada patica coja le bastaría para mantener y cuidar a una vasta prole. Efectivamente, proféticas palabras las suyas, Blasina parió y crió con éxito y dificultades a una generosa camada de buenos muchachos: Jesús, José, Chacha, Juana, Galán, Henry, La Flaca, Tababí y La Mapi. Gente de la que me place y enorgullece el trato y el aprecio para con este cronista. Los llevó a todos a la escuela, analfabeta ella para aquel entonces, y sin embargo aprendió a leer presenciando las clases desde el umbral del aula. Voluntad implacable que combinó el aprendizaje de las primeras letras con el devoto ojo protector de sus chicos. Valga este intermezzo intertextual: una vez me había relatado una sorprendente historia de infidelidades y maridos cornudos, muy semejante a las que encontramos en los Cuentos de Canterbury y el Decamerón. De ella aprendí, entonces, la vinculación de lo popular y lo culto en el arte; en este caso, a la sazón de su magnífica cocina, bien sean unas negritas refritas o su exquisito Asado Negro de cuya preparación aún discuten sus tres hijas menores. Es una magnífica ama de casa, si no pregúntenle a los Holbach de Valencia, a quienes sirvió durante años: todo en su sitio y en el momento justo. Dios aborrece de los aduladores de oficio pero ama sobremanera a los buenos mayordomos (ciertamente Blasina multiplicó los tres talentos que le habían encomendado). La vieja era de armas tomar: en una ocasión un borracho le pidió favores lascivos recibiendo a cambio dos latazos de leche Klim -repletos de comida para sus hijos- en la meritita mollera. En otra desafió a un policía que quería matar a su perro, sin intimidarla su pistola ni su bastón, haciendo caso omiso al llamado de moderación del buenazo de Marín. Ya les había dicho que murió fisícamente a mediados de los noventa, pues su cuerpo se hallaba muy cansado de albergar toneladas métricas de lágrimas y dolencias. Sin embargo no partió desconsolada, más bien aliviada por la supervivencia y bienestar de su familia. Aún se extrañan las reuniones en la casa de la Isabelica o en Bucarito, donde ella era la abeja reina de la Colmena divina que su amor y entereza nos legó.

Wednesday, March 22, 2006

THE MARIN'S WOMEN FAN CLUB


Doblando la esquina que le permitiría acceder a los noventa años (con el favor de Dios), Enrique Marín dormitaba en la silla, al amparo del sol abrasador del mediodía que le obsequiaba la fronda de un samán. Echada a sus pies le acompañaba la Negra, una perra mestiza que remedaba el porte de un doberman. En la modorra se daba el lujo de pasear por caminos anchos que yuxtaponían impresiones diversas y variopintas. El sexo, por ejemplo, arista fundamental de la vida metaforizada en hinchada ubre que aún quería chupar con entusiasmo. Por fortuna, la tecnología médica hacía posible el abatimiento de la disfunción eréctil que acarrea con antipatía la vejez. Era saludado y venerado por vecinas saporritas de generosas caderas. El provocativo lienzo se aproximaba más a Botero que a Rubens. Los ojos azules del viejo se abalanzaban sobre las carnes apretadas como si fueran el manjar de un caníbal. Mucho más joven se vió a sí mismo, escapando del carismático genio de Blasina, haciendo de las suyas con vecinas del cerro La Adobera que suspiraban por su caucásica estampa de ojos juguetones y cerúleos. Todo ello a primeras horas de la noche y con el pretexto de buscar agua en un cuñete de lata. Se estremeció de excitación al recordar el abrazo y los arrumacos de Eizabelith, un hembrón de muslos y nalgas firmes, barnizada con un toque de canela encendido y enloquecedor. Hasta la mamá de ella, esa vieja verde, tenía buena batea: no estaba de más amansar la vaca para engullirse toditica la becerra. Consideró con suma despreocupación lo bondadosa que había sido la vida con él, ajeno al bullir mezquino y predatorio del mundo que le tocó andar. Su mujer, Blasina, y sus tres hijas -dos perlas y un azabache-: La Flaca, Tababí y La Mapi con la Mapita adosada. Constituían el billete ganador en la lotería de este universo desbocado y falto de serenidad. Por cierto, qué buena estaba la voluptuosa catira de la agencia de lotería de la esquina: un metro setenta de sensualidad y tongoneo lascivo. Sin aviso ni protesto, se le encimaron tres momentos en los que su vida pendió de un hilo: cuando el golpe del cuatro de febrero, al serle ofrecida una escopeta por universitarios revoltosos en el fallido desfenestramiento del Pacto de Punto Fijo, a lo que respondió Marín dando paso al frente y redoblado ... pero en dirección a la casa de Juana, en La Campiña, para refugiarse en la compañía de Blasina; dos, cuando lo de la bronquitis que anegó uno de sus pulmones, salvándose por la profética y amorosa voz de Blasina ... "yo me iré mucho antes que el viejo", esta vez en un Bucarito envuelto por el polvo; y tres, no hace mucho, cuando atravesó con éxito la puerta de salida del quirófano en el que le acomodaron la próstata. En profundo sueño, pensó que la muerte pasaría ahoritica de largo, pues un viejo custodiando las puertas abiertas de una casa en este siglo de malandros y asesinos impunes, acompañado de la tataranieta de Cancerbero, intimida de verdad, verdad... Y qué lo digan en Sabana e'Parra, carajo!

Tuesday, March 21, 2006

BUDA GAUTAMA HÍPICO


Soñó que el Diablo lo poseía infinitas veces. Sin embargo, no estaba alarmado, pues -como él bien sabía- las dificultades son un don de la vida que hacen posible la evolución del ser. Se sentía una versión postmoderna de San Antonio: lidiando con cientos de demonios pícaros y crueles que pretendían arrastrar cuerpo y alma al muladar. Sólo que esta vez la cavidad del culo se dilataba al paso del sulfúrico miembro. Se mantenía en una actitud estoica e imperturbable; el dolor es la antesala de la revelación, de un nirvana embellecido por el vuelo de graciosos y divinos colibríes sosteniendo el misterio de la vida en sus leves alas. De improviso, masticaba y tragaba hongos alucinógenos en una montaña cubierta de niebla. Apareció la mujer en toda su pícnica desnudez, inclinándose ante él con una vara de vera. La tomó y con ella le golpeó todo el cuerpo, en un acceso de furia escatológica. Más tarde se solazó en un coito larguísimo, devorando su cuerpo crepuscular a fuerza de los chicotazos. Libaron mutua y simúltáneamente los efluvios de su carne. Apoyándose en las bien lubricadas paredes de la vulva, se internó en una oscura gruta tenuemente iluminada por la luz neón. Topó con amigos, enemigos y discípulos que yacían como monigotes de carne en una alfombra carmesí. Compuso una extensa Silva con la cual los reducía a la nada, a punta de retruécanos, elipsis, metáforas e hipérboles que nadaban en un espeso y ocre caldo de mezquindad. Amodorrado, sintió sobre sí la huesuda constitución de su socio, Remigio, con la erecta lanza pugnando por entrar entre las deprimidas y escoriadas nalgas. Lo sorprendió la vigilia en pose conformista, dejándolo pasar y hacer en la esperanza de que la miseria troque en santidad redentora del alma.

Sunday, March 19, 2006

FABIO, EL LEÓN DE LA AVENIDA


Fabio, el León de la Avenida, se enjugó sudor y lágrimas luego de maquillar el cadáver del profesor T. La mayor dificultad estribó en la perforación de la sien derecha. Ocultó la chamusquina tras una patilla artificial abundante, la cual tuvo que corresponder con su par en la sien izquierda. Había abandonado el colegio a mitad de año, dedicándose a tiempo completo a las labores de belleza en el Atelier de sus amigas, ubicado en la Avenida Alberto Ravel. No soportó que la Coordinadora de Seccional le reprendiese por sacarse las cejas con esmero. Muy a pesar del escarnio al que era sometido por machistas vecinos y miradas octagenarias de desaprobación, las jornadas de ocho horas le reportaban un ingreso mucho más decente. Sobre todo la gratificación de tomar unas cuantas cervezas soleras azules, conversando con las amigas acerca de nalgas, vergas y torsos masculinos. Incluso las hembritas de su sección le visitaban al Salón de Belleza, poniéndole al tanto de las últimas nuevas del liceo: A Orteguita lo retiraron del Colegio por consumir piedra en el baño; para el viernes en la tarde lanzarían una bomba lacrímogena en solidaridad con el compañero amonestado; el profe T estaba cada vez más marico y cabrón en el aula... Miró el cadáver por última vez, embargado por el desconsuelo. Recordó una conversación íntima en la sala africanísima de su casa: el estigma de la condición gay que conformaba su rabia, vileza y arrogancia académica; la poesía de Esdras Parra y el film Querelle de Brest de Fassbinder; los afiches de Ava Gardner y Dolly Parton que acompañaban las palabras tristes del querido T en la menguada tarde. El colofón fue una danzarina meneadita de culo al compás de La Batidora, pues ya estaba bien de Chavela Vargas y las lágrimas que aparejaba.
Fabio, pues, pensó que era la última asignación del profesor T en atención a su breve amistad: la sonrisa de Gioconda con el platinado cabello en apretado afro.

Friday, March 17, 2006

TALIBÁN


Su figura delgada y sus ademanes afectados hacían insoportable el calor y la pesada humedad del aula. Siempre exhibía su arrogancia y descontrol emocional al desconcierto de los alumnos. Gozaba sobremanera al presionarlos indebidamente como si sufriese un coito anal suministrado por la enorme verga de un guerrero Masai. Su promedio de aplazados excedía los límites permisibles de la normativa escolar. Aporreaba la autoestima erosionada del grupo a la par de solazarse en la contemplación de los más apuestos y bien dotados efebos del colegio. Finalizando el segundo lapso, les ofrecería a algunos de ellos una fiesta en su casa para intercambiar notas aprobatorias por escarceos sexuales furtivos en baños públicos y pubs gays de la ciudad. Imaginó ser prensado por todos y cada uno de ellos, gritando en la claustrofóbica habitación la calificación de su ars amatoria y la zahiriente descalificación a su condición de lúmpen proletariado. Cuatro de los más grandes aceptaron gustosos la invitación. El viernes a las seis y media de la tarde, comenzó el festejo. La salita simulaba la corte de un reino africano con sus palmas, escudos y lanzas largas y afiladas. Se atavió con esmero porque encarnaba a la reina de Saba. Los cuatro marines la asediaron sin mediar halagos a punta de chopos y treinta y ochos: gimió con mórbido placer, gruñó de desesperación y rasguñó pectorales y poderosos brazos mientras la poseían una y otra vez. La sometieron a indecibles torturas: entrecortaban su respiración con una bolsa de plástico, mutilaban los dedos de manos y pies inmisericordemente, rasgaron con hojillas su magro cuerpo en búsqueda de la marca del diablo. Finalmente, le dieron muerte disparándole a la cabeza, interpuesta una gruesa almohada de la exótica sala. Dos días después, cuatro centinelas vestidos de blue jeans y chemisse beige -relamidos de vicio homicida e impunidad- custodiaban sus restos mortales en una de las funerarias más lujosas de la ciudad. Nadie se explicaba la sonrisa de mona lisa en su rostro, dada la saña y brutalidad de su muerte.

Wednesday, March 08, 2006

PERFIL ARBITRARIO DEL INTELECTUAL

El intelectual es un ocioso por vocación. El acto de observar detenidamente al mundo, sacudiendo la rutina social, luce de una incomodidad e impertinencia intolerables. Convidado de piedra en un entorno disfuncional, patético y -por supuesto- paradójicamente gratificante, su obstinada actitud de decir no (a la monocorde andanza del rebaño) le granjea la antipatía de buena parte de su prójimo. Quién los necesita. Se les ha dado significativos espacios en las universidades, academias y medios de comunicación para que se masturben detrás de las celosías o ventanas americanas. Elías Canetti hizo la mejor de sus caracterizaciones: ser esclavo de su tiempo, sintetizar el espíritu de su siglo y criticar despiadadamente su entorno histórico y social. Por otra parte, Orlando Chirinos contrasta el perfil anterior con el traductor-traidor que se conforma con satisfacer apetitos burocráticos: ejercer el rol de bufón de la corte y centro de las burlas y los huevos podridos que le arrojan los políticos de oficio y las clases dominantes. Se trata entonces de estar a contracorriente del vil dinero y del garrote que enarbolan los impíos.

Sunday, March 05, 2006

AL MAESTRO CON CARIÑO.

Este año escolar había sido por demás gratificante. El nuevo profesor de Lengua Inglesa contaba con la simpatía de casi todos los estudiantes. Sus clases fracturaban impunemente la presuntuosa y soporífera atmósfera del academicismo sajón. La literatura no era más que una vinculación entusiasta por la vida misma: es la voluntad ética inmanente en la novelística de Conrad (... click) ; la contingente estructura y el tenor asombroso de la poesía de Anne Sexton (...click) ; la franqueza problematizadora de Graham Greene en novelas tales como "El Poder y la Gloria", "El Americano Impasible" y sobre todo "El Capitán y el Enemigo", en la que marionetas humanas se hallan a merced de los designios del cielo y la tierra (...click) ; el descubrimiento del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce, texto que cuestiona nuestro mundo pleno de ideologías absurdas y desencaminadas (...click!) . Mejor aún eran las conversaciones de sobremesa: los comentarios cinematográficos, en especial el último, referido al film alemán La Caída de Oliver H., lo cual le permitía un ejercicio comparativo de la decadencia hitleriana con la actual gestión republicana de gobierno. El poderoso verbo del profesor Wilkins vindicaba la libertad del pensamiento como práctica cotidiana (...click!!) . La supresión de los enemigos de la democracia, los terroristas musulmanes, constituiría la Solución Final de la confrontación civilizatoria tratada por el profesor Huttington. Por lo tanto, consigno copias en MP3 del discurso antiamericano del profesor Wilkins, apólogo intelectual del terrorismo de nuevo cuño. Al Gran Maestre de la Grey, George Bush hijo. Sin más por el momento, Arthur Macharty, bachelor of arts. CLICK!!!

BRASIL 0 - VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN. José C. De Nóbrega

BRASIL 0 – VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN.
A Aly Pérez, in memoriam. A Fernando Rodríguez, estragada mi rabia a tragos.

Muy a pesar de mi ascendencia portuguesa –madeirense por demás, lo cual me salva del denuesto alfacinha que se le endilga a los lisboetas-en el seno familiar casi no tuve contacto con la literatura de Portugal, mucho menos con la de Brasil. Apenas había llegado a mis manos una antología poética de Luis de Camoes, en su lengua original, conmemorativa del día nacional de Portugal. En mi adolescencia importaba más el desempeño –fallido hasta Estados Unidos 94- de la selección de fútbol brasileña en pos del tetracampeonato: para 1982, contaba con el mejor medio campo del mundo, Sócrates, Toninho Cerezo y Falcao apoyando al ponzoñoso Zico; sólo que Italia y Paolo Rossi arruinarían con tres goles la ensoñación de la hinchada verdiamarilla, a la que por entonces me había adscrito. En esa misma década, nos embriagábamos con la música heredera del Bossa Nova, de Antonio Carlos Jobim y del MPB: Chico Buarque, María Betania, Gal Costa, Milton Nascimento y Djavan. Qué decir de las depuradas telenovelas brasileñas que pueden comprender el intervalo que va de Vale Todo a la muy sensual Xica Da Silva (no podemos obviar la versión fílmica que la antecede, de Carlos Diegues).
Sin embargo, gracias al contacto con el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo y su revista Poesía , teniendo a la vanguardia al poeta Reynaldo Pérez Só, pudimos acceder a la producción poética de habla portuguesa, sobre todo la brasileña. Entre los años 1992 y 1993, un grupo de estudiantes universitarios, entre los que nos contábamos Pedro Téllez, Slavko Zupcic, Argenis Salazar y este cronista, formamos parte del Taller de Traducción de Poesía en portugués, cuyo ductor fue el mismo Pérez Só. Por fortuna, se publicaron traducciones mías en la revista La Tuna de Oro , otra de las publicaciones emblemáticas del Departamento: siete textos poéticos de Ledo Ivo, procedentes de su poemario Crepúsculo Civil (1990), en el número 19 de Febrero-Marzo de 1994; Poemas da Negra (1929) de Mário de Andrade, en el número 21 de Enero-Febrero de 1995; y tres poemas de Carlos Néjar en el número 23 de Enero-Febrero de 1996. En este caso, el enemigo a vencer era la traducción literal: se trataba más bien de la conjunción o abordaje simultáneo de la idea patente en imágenes, el tono, el estado anímico y la musicalidad del texto poético. De lo contrario, se fracasaría en un pobrísimo ejercicio de traslación operativa a la manera de los manuales de instrucciones –o peor aún, de los textos marxistas traducidos por la Editorial Progreso de Moscú-. Ya lo advierte Pérez Só sin amagues de ningún tipo: “ 3) Traducir, traducir. Lo hacemos con un autor extranjero, por supuesto. Pero no es una versión, es mi versión, es mi poema. (...) No dejando que la traducción sea lineal”. Otro tanto nos lo justifica Rodolfo Alonso: “Traducir poesía, cosa que por aquellos tiempos hacía asiduamente, al mismo tiempo con ansiosa inquietud y con placentero abandono, fue no sólo la mejor educación (¿iniciación?) literaria posible sino realmente algo esencial para mi vida toda. No sería quien soy sin haberlo intentado”.Veamos un ejemplo, con el cual me hallo compenetrado, O Trapiche de Ledo Ivo:
El Trapiche.
Quieres que guarde para ti el rocío./¿Mas cómo puedo guardar lo que se disuelve/al sol, como el viento, el amor y la muerte?/¿Cómo guardar los sueños que soñamos/al paso que caminamos despiertos/en lo oscuro y sin nadie a nuestro lado?/¿Y los susurros de labios encantados/en el otro lado del muro? ¿Y la hierba que se esparce/en la pista del aeropuerto? ¿Y la mancha que aparece/en la cáscara del mango maduro?/¿Cómo guardar la brisa sibilante/en el combés del navío? ¿Y el vuelo del pájaro?/¿Y la barca abandonada que atraviesa el río/y para bajo la cubierta?/¿Cómo y por qué guardar un arreo herrumbroso/y la ceniza de la hoguera/y la lluvia que llovía y el viento que venteaba?/La nada guardaremos, nosotros que somos/el depósito de todo, el baúl y el trapiche./El rocío, que es eterno, se evapora/llegada su hora. Y nuestros sueños/nos guardan fielmente en sus sepulcros.
El poema se refiere a un trapiche, palabra válida en Brasil y Venezuela, esto es el lugar donde se almacena la caña de azúcar y se elabora el aguardiente de caña, su veneno en la acepción baudelaireana. Si se apelara al título El Almacén , destruiría el ámbito y el espíritu rural del texto, extensivos en la consideración metafísica y existencial allí inmanentes. La búsqueda de la unicidad del ser en la dispersión. Si se quiere, manifiesta el ars poética de Ledo Ivo: “Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable” ( Confesiones de un Poeta , 2004, Academia Brasileña de las Letras-Topbooks, p. 13). El trapiche es la metáfora maravillosa y lograda de la cual se vale Ivo en la configuración del corpus del poema. Sencilla e impune, inmediata a nuestra paradójica condición, la de ser víctimas propiciatorias de los equívocos fundados en la poco probable conciliación habida entre el deseo y la realidad que nos ampara importunamente, como si fuésemos intrusos; despojada de la retórica hueca y abusiva en la aprehensión del paisaje y los objetos en los que nos reconocemos día tras día.
Hoy, traduciendo una interesantísima conversación de poetas brasileños -que nos envió a la redacción de Poesía el también amigo y poeta Floriano Martins-, constatamos la brecha que nos separa de la poesía del gigante amazónico. De lado y lado. Muy a pesar de nuestra vecindad geográfica, es menester aproximarnos en las virtudes y las falencias. Uno de los obstáculos lo representa la condición idiomática de cada cual, pese a que ambas lenguas son romances. Hay muy escaso interés en aprender el idioma del otro, aunque las excepciones al respecto constituyan una valiosa contribución en la construcción de un puente cada vez más necesario, en el combate a un proceso de globalización de una gula sin par, por cierto, una barrera bien notable. La poeta Astrid Cabral no deja pasar la limitante cultural: “Pienso que lo que ha ocasionado “un cierto vacío” en las relaciones entre Brasil e Hispanoamérica, ha sido la influencia masiva y hegemónica de Norteamérica, adueñándose de todo y cualquier espacio, asimismo los recónditos lugares personales. Estados Unidos extendió el monopolio económico a las demás áreas. Comemos, vestimos, leemos y vivimos norteamericanamente -the american way of life, N.T.- (¡todavía bajo protestas! ¿Quién está virgen de unos pantalones Lee, o nunca mató el hambre en McDonalds?)”. Al parecer, el ALCA no repara en este tipo de detalles; no conviene la integración cultural de la América Latina, pues el todo estriba en el desigual intercambio de mercancías que atenuará el abultadísimo déficit fiscal de los Estados Unidos. Valga como colofón de este párrafo, la pertinencia de la integración latinoamericana per se, sin la mediación de gendarmes y mercaderes “protestantes”: “Un pueblo no alcanza el estado de civilización sumándose al proyecto de otro pueblo, sino tomando conciencia de su ser en el mundo, de su identidad y su especificidad cultural” ( América como Civilización Emergente , de Adolfo Colombres, 2004, Editorial Sudamericana).
Por supuesto, tenemos el condicionante editorial de ambos lados de la frontera. No sólo en lo que toca a la edición recíproca como tal, sino en su divulgación continental. La referida conversación sostenida por los poetas brasileros Alberto da Costa e Silva, Carlos Néjar, Astrid Cabral, Claudio Willer, Alvaro Alves de Faría, Alexei Bueno y Flavio Khothe, arrojó un desconocimiento casi generalizado de la poesía venezolana actual. Fuera de nombres como los de Andrés Bello y Vicente Gerbasi, apenas se asoman poetas como Juan Calzadilla, Francisco Pérez Perdomo, Edmundo Aray y María Antonieta Flores. Sin embargo, el poeta Floriano Martins se ha dedicado a la divulgación de la poesía venezolana por medio de su revista virtual Algulha . Recientemente, el poeta Armindo Trevisan prologó una antología poética de Pérez Só, publicada por Monte Ávila Latinoamericana. Uno de los pocos poetas venezolanos traducidos en portugués y editados en Brasil es Vicente Gerbasi con su libro Olivos de Eternidad . Es de admitir que nuestras editoriales han fallado en la divulgación continental de la literatura venezolana, en especial el caso de los poetas. En Brasil hay un conocimiento más cabal del quehacer poético argentino, chileno y peruano.
En Venezuela, da la impresión que se conoce algo más de la poesía brasileña del siglo XX. Ya se había dicho que la revista Poesía ha divulgado poéticas no tradicionales, como las de Brasil y Portugal, incluso el trabajo de poetas angoleños que escriben en portugués. En sus páginas tenemos textos poéticos y entrevistas realizadas a poetas tales como Ledo Ivo, Carlos Néjar, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Joao Cabral de Melo Neto, Floriano Martins, entre otros. Otro tanto ocurre con La Tuna de Oro , cuyo mercado divulgativo descansa en los estudiantes y docentes de la Universidad de Carabobo. Por otra parte, la colección Biblioteca Ayacucho ha editado títulos de poetas, narradores y ensayistas brasileños: Gilberto Freyre, Joaquim María Machado de Assis, Lima Barreto, Euclides da Cunha, Sergio Buarque de Holanda, Jorge Amado, y los poetas Oswald de Andrade y Mário de Andrade. Fundarte publicó dos antologías de poetas brasileños: Ferreira Gullar ( La Lucha Corporal y Otros Incendios, 1977, traducción de Santiago Kovadloff) y Joao Cabral de Melo Neto ( Antología Poética, 1979, traducción de Margara Russotto) . Ejemplos que nos permite la fragilidad de nuestra memoria. Sin embargo, el inventario comprende desde el “fecundísimo modernismo brasileño” (Rodolfo Alonso dixit) de voces tales como la de Mario de Andrade, atravesando la poesía concreta de Ferreira Gullar, hasta el cierre del ciclo que representa la obra de poetas significativos como Joao Cabral de Melo Neto, Ledo Ivo y Carlos Néjar.
Por supuesto, ambas naciones parten de experiencias históricas peculiares. Pedro I proclama en 1822 la Independencia de Brasil, luego del traslado de la corona portuguesa al territorio amazónico, producto a su vez de la invasión napoleónica a la Península Ibérica. Ya no se trataba de un Virreinato, la mudanza y el acarreo trajo consigo la corte portuguesa a América con su cargamento de cultura, intelectuales y poesía. En el caso de Venezuela, la cautividad de Fernando VII a manos del ambicioso corso supuso un perfecto pretexto para la declaración de independencia del 19 de abril de 1810, la cual desembocaría en las mismísimas puertas del antiguo Imperio Inca. Quien iba a esperarlo de una modesta Capitanía General del Imperio Español. Sin embargo, las peculiaridades de cada cual incitan vivamente el acercamiento, más allá de la ausencia de la materia cultural en las cartas de intención y acuerdos recién firmados entre los presidentes Lula y Hugo Chávez Frías.
Cerremos este inventario binacional con estos versos de Carlos Néjar:
Cerrado para el balancede todas las cobardías/y los actos heroicos –tan pocos-/dispongo las aptitudes/y las líneas de fuego/sin armisticio./Me dispongo en esto/porque el equilibrio/es una camisa de fuerza/en mi cuerpo/y no tengo dónde poner/las ropas de la ambición/a no ser en la maleta vieja/del ático de la infancia.
Valencia, febrero de 2005.
Nota: Las traducciones de los textos en portugués, tanto los de prosa como los poemas, fueron realizadas por el autor del presente trabajo.

José Carlos De Nóbrega.
MAESTRÍA DE LITERATURA LATINOAMERICANA, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto “Rafael Alberto Escobar Lara”, Maracay (Primer semestre aprobado, enero - junio 2005). CURSO INTRODUCTORIO para optar a la condición de alumno regular de la Maestría de Literatura Latinoamericana, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto “Rafael Alberto Escobar Lara”, (Maracay, octubre – diciembre 2004). Nota: Se aprobó el curso con 85,5 puntos de un máximo de 100, por lo que le correspondió la segunda posición de 39 aspirantes que lo iniciaron. LICENCIADO EN EDUCACIÓN, Mención Lengua y Literatura, Universidad de Carabobo, título conferido el 28 de noviembre de 2002.
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Friday, March 03, 2006

SALTO AL VACÍO

La funcionaria mayor, mutando y usurpando el verbo del Jefe Supremo, farfulló amenazas y frases que impactaron a la hasta ahora adormecida masa de acólitos. La vida les era conferida por la Voluntad del Supremo, sin mediar talentos ni méritos individuales. La colectividad se postra subyugada por la efigie furiosa y magnífica del Supremo; toda emisión de la contingente personalidad de cada quien quedará -por lo tanto- abolida por los milenios de los milenios. Los burócratas aplaudieron a rabiar, bailaron en comparsa única y ordenada, desfalleciendo ante el Altar producto de saltos y cabriolas harto reverentes. La coreografía concluiría horas después, en un cuartucho de hotel, excitados e irritados los labios de una vulva amoratada.

Saturday, February 25, 2006

POEMAS DE LEDO IVO. Traducción de José Carlos De Nóbrega


POEMAS DE LEDO IVO. Traducción de José Carlos De Nóbrega.
LOS CARACOLES

Sólo para Dios se abren los caracoles
que encontramos inmóviles sobre la hierba
Nos postramos ante ellos y suplicamos:
¡Hablen! Confíennos ahora el gran misterio.
Explíquennos el secreto de esta jornada
y de este silencio que tanto nos perturba.

Sólo los caracoles conocen la causa primigenia
y saben el origen de todo, desde la gran explosión
que creó el universo y aún nos aturde.
Por más que preguntemos ellos nada nos dicen.
Pasan el día quietos en la hierba y ni siquiera nos contemplan.

SONETO DE AMOR

Dulce fuego de amor, cómo me quemas
y me haces arder entre nieves
como si yo fuera la pálida hoguera
encendida por el sol en la noche breve.

Dulce rival del fuego verdadero,
cuanto más embisto contra tus llamas,
ellas se esparcen más en mi cama
y, guerrero, por ti soy guerreado.

Más me quema tu frío, más intacto
respiro y te combato; y, fatigado
de la pelea en que me consumes, más descanso.

Oculto en las sábanas, fuego de estío,
escurres, alegre y manso como las aguas
el agua serena del amoroso río.

CLARIDAD

Toda mi claridad es noche oscura,
sol negro desviado por un muro
blanco de cal, rayo que apaga el sol,
luz que ofusca, siendo tiniebla y luz.

A las estrellas les reclamo que iluminen
el papel blanco de mi largo día,
el grafito que ensucie el blanco muro
del sol que, siendo noche, me alumbra.

Cuanta más luz procuro, más oscuro
me vuelvo en pleno día, y más me asombran
las sombras que se juntan en el arrebol.

Recurro a la noche si quiero mostrar
las fracturas expuestas de mi ser.
Y si quiero esconderme, busco el sol.

LOS CÓMPLICES

Cuando voy por estos campos
un gavilán me acompaña,
estridente compañía,
sombra de sueño y de saña

Una frontera de sol
nos mantiene separados:
al gavilán cielo y nubes,
a mí las piedras y los arboles.

Cada uno en su territorio,
y la misma intención callada
en el corazón predatorio.

¿A quién herir o matar?
Por mis campos van dos cómplices,
ambos mal acompañados.

EL TROPIEZO

De mañana de tarde
al caer de la noche
subiendo la colina
tropiezo en Dios.
Nada le pregunto.
Ninguna respuesta
en la hora espacial
que pasa en blanca luz
e incómoda claridad.
No voy para donde voy
ni vengo de donde vengo
cuando subo la colina
y sin ningún cansancio
alcanzo la pura altura
de amor y galaxia

EL TRAPICHE

Quieres que guarde para ti el rocío.

Mas cómo puedo guardar lo que se disuelve
al sol, como el viento, el amor y la muerte?
Cómo guardar los sueños que soñamos
al paso que caminamos despiertos
en lo oscuro y sin nadie a nuestro lado?
Y los susurros de labios encantados
en el otro lado del muro? Y la hierba que se
esparce
en la pista del aeropuerto? Y la mancha que
aparece
en la cáscara del mango maduro?
Cómo guardar la brisa sibilante
en el combés del navío? Y el vuelo del pájaro?
Y la barca abandonada que atraviesa el río
y para bajo la cubierta?
Cómo y por qué guardar un arreo herrumbroso
y la ceniza "de la hoguera"
y la lluvia que llovía y el viento que venteaba?
La nada guardaremos, nosotros que somos
el depósito de todo, el baúl y el trapiche.
El rocío; que es eterno, se evapora
llegada su hora Y nuestros sueños
nos guardan fielmente en sus sepulcros.

SER Y SABER

Veía el viento soplando
y la noche descendiendo.
Oía el grillo saltando
en la hierba estremecida.

Pisé el agua
más bella que la tierra.
Veía la flor abrirse
como se abre la ostra.

El día y la noche se unieron
para ungirme.
La unión de luz y sombra
abrazó mis sueños.

Veía la hormiga esconderse
en la ranura de la piedra.
Así se esconden los hombres
entre las palabras.

La belleza del mundo me sustenta.
Es el hermoso pan matinal
que la mano más humilde coloca
en la mesa que divide.

Jamás seré un extranjero.
No temo ningún exilio.
Cada palabra mia
es una patria secreta.

Soy todo lo que es partición
el trueno la claridad
los labios del mundo
todas las estrellas que desaparecen.

Sólo conozco el origen:
el agua negra que lame la tierra
y los cangrejos que me acechan
entre las raíces del mangle.

Sólo sé lo que no aprendí:
el viento que sopla
la lluvia que cae
y el amor.
(Traducción del escritor venezolano José Carlos de Nóbrega)
DOS CÓMPLICES DE CUIDADO. José Carlos De Nóbrega.

“Locura, s. Ese "don y divina facultad" cuya energía creadora y ordenadora inspira el espíritu del hombre, guía sus actos y adorna su vida”. Ambrose Bierce, Diccionario del Diablo.


Pedro Téllez y Slavko Zupcic pertenecen a una generación de escritores de Valencia que han escrutado la inasible y esquiva condición de la ciudad, atrapada entre la categoría nada cauterizante de la Valencianidad y su esencia caótica y heterogénea heredada en su deconstrucción urbanística y socioeconómica. Ambos, coincidencialmente, se han valido de la ironía y un aparente despropósito para exponer a la intemperie las miserias y las maravillas de Valencia, más allá de los fútiles agasajos relativos a sus cuatrocientos cincuenta años (importa más la tauromaquia y la música idiota -v.g. el canon de la estación Bonchona FM- que la literatura y la historia, así lo avala la voz quebrada de pregoneros y apologistas de la cultura oficial y goda). El discurso de la locura, de lo aleatorio y de lo discontinuo constituye una vía más auténtica y amorosa para aproximarnos a la ciudad. Nuestros artistas y escritores lo han demostrado de manera fehaciente: Vale más el ágape en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula que el brindis en la convocatoria de las comparsas de los politicastros, mercaderes, poetas de pacotilla y oportunistas que aún hieren a la ciudad. A tal punto, es pertinente revisar la vida, las peripecias y la obra de artistas de la imagen y la palabra tales como Cristóbal Ruiz, Luis Augusto Núñez, un danzarín Taborda y el alucinado cronista hípico Moralito, entre otros marginados que son el sustrato del amasijo amorfo de nuestra cultura urbana.
Nos complace presentar los libros más recientes de este par de entrañables amigos: La Última Cena del Ensayo de Pedro Téllez y Máquinas que Cantan de Slavko Zupcic, textos que persisten en la auscultación paradójica de nuestro entorno. Del libro de Pedro, destacamos su regodeo en el riesgo, bordeando en un monociclo el precipicio y el acantilado que es la conformación de una poética del ensayo. Cuatro textos llevan a cabo tan elástico y escurridizo cometido: el que le da título al conjunto, referido a trece comensales, El Hípertexto y el Camaleón, Del Soliloquio al ensayo que resume el devenir del género en Valencia, y Bacon, Montaigne y la Jalea Real. El Ars Poética evidencia un divorcio del discurso académico, tomando partido por el reencuentro de la literatura y la vida en el asombro alucinatorio, el entusiasmo que desmitifica el escrupuloso laberinto intelectual que hace perder el camino en pos de la polifonía de adentro, incluso en los espasmos y desvaríos del alma. El acercamiento, o mejor aún, el acoso de la presa que es el ensayo tiende a lo multilateral y lo transgenérico: “horizonte jinetes enlazan al / tigre belleza en lo llano” (Del Proyecto de Cinco Poemas que Versen sobre la Cacería). La vinculación de la poesía y la filosofía patente en el discurso ensayístico, propuesta por Adorno, no padece –en este caso- el filtro de la mala lectura: “El ensayo es travesti: no olvidó el viejo sus dolosos artificios; transfigúrose sucesivamente en melenudo león, en dragón, en pantera y en corpulento jabalí; después se nos convirtió en agua líquida y hasta en árbol de excelsa copa. El alomorfismo, como ustedes saben, consiste en el cambio de formas según el medio, y sin abandonar la escritura ‘ensayística’. Hay algo más importante: el ensayo lleva ropas de otro género con el objeto principal de obtener excitación sexual”. No en balde su torcido sentido humorístico, lo cual lo emparenta con Ambrose Bierce, el aforismo se reconoce a sí mismo al retrotraer la poesía de William Blake: La Palabra forjó la “tremenda simetría” del Tigre y la “Suave vestimenta” del Cordero; el corazón depredador de uno se concilia y halla su complemento en la mansedumbre del otro. La brevedad y concisión del aforismo no es el aperitivo, sino el plato principal. El ensayo titulado Nanacinder (1954-1962). Revista Literaria. Una Fruta Tropical, publicado en La Tuna de Oro –el primer número de los tres que dirigí-, se me antoja un trabajo antológico en torno a la presentación de muchas de las magníficas antologías publicadas en Valencia (entre dichas colecciones, recordamos con gratitud Rostro y Poesía por Luis Alberto Angulo, Manual para una Cabra por Slavko Zupcic y Poetas Carabobeños –en cinco volúmenes- por el Departamento de Literatura de la UC a cargo de los poetas Reynaldo Pérez Só y Adhely Rivero). Constituye un agudo y benévolo portal a una antología de la revista Nanacinder que recogió la voz literaria de los pacientes del Psiquiátrico de Bárbula, amén de un elogio a la memoria del Doctor José Solanes, su indiscutible mentor. La colección de tan peculiares voces y la presentación misma de los textos, mutan en el dulce de lechosa que será el colofón del banquete al cual son llamados los lectores de este pequeño y gran libro.
Máquinas que Cantan de Slavko, es otro placentero hallazgo que hemos de compartir con sus posibles lectores. Confieso que su condición de libro de crónicas me confundió, pues pensé que era otro de sus estupendos volúmenes de cuentos. Peor aún, su lectura atenta confirmó mi primera impresión: El discurso coquetea primorosamente en la fusión seductora de ambos géneros: los personajes reales que deambularon por nuestra ciudad, se encuentran ennoblecidos por la atmósfera de la ficción. Al igual que los perros vikingos atacando a los trasnochados transeúntes de los alrededores del Teatro Municipal. La crónica es un pretexto intertextual que establece pasadizos y vasos comunicantes con sus otros libros: Dragi Sol (1989), Vinko Spolovtiva, ¿quién te mató? (1990) y 583104: pizzas pizzas pizzas (1995). Si bien no se explaya en las crónicas una tonalidad malsana, prevaricadora y escatológica como sí ocurre en la noveleta Barbie (1995), no se le da terreno ni cuartel al moralismo farisaico y fetichista de la "opinión pública” en Valencia, usurpada por el conservadurismo y/o el amarillismo de su discurso mediático. Las máquinas tragaperras y los remates de caballos son pasto del decadente oficio de la política en la ciudad. Bien sea en el fallido decomiso de unas máquinas cantarinas y comedoras de arepas por parte de un funcionario ultramontano; o en el debate estéril sobre el diezmo que hay que cobrar a los garitos de la ciudad, lo cual no ha afectado positivamente al sector cultural como todavía se propugna a punta de medias verdades. Este libro no pretende la arrogancia ni la ampulosidad de las obras mayores, por el contrario, se acerca de manera cómplice a los atribulados ciudadanos valencianos inmersos en la perenne Cosiata que ha significado la Administración Pública Regional y Municipal. Una de las bellas crónicas del libro, o puente narrativo que liga a su novela reciente Círculo Croata, es Valencia de San Desiderio, texto que tuve la fortuna de publicar en el último número de La Tuna de Oro que me correspondió dirigir. Nos conmueve y nos mueve a constituir una Cofradía del mártir San Desiderio, en el silencioso homenaje a su memoria, ante sus huesos que fueron a parar a “una de las capillas laterales del Santuario de María Auxiliadora, en la calle Anzoátegui del centro valenciano”. San Desiderio y su curador, el Padre Ricardo Alterio, dejan de ser personajes anónimos en nuestra ciudad por obra y gracia del cronista y el novelista, quienes resaltan: “No es pequeña entonces la deuda contraída por Valencia con San Desiderio –haber condenado al olvido los huesos de un lector de San Genaro es un despropósito que supera las creencias religiosas- y, para saldarla, cada vez que en adelante tenga que pronunciar el nombre de esta ciudad recordaré que no pertenece a ningún rey: se llama Valencia de San Desiderio”. El libro destila una ternura auténtica que se adhiere a la desilusión y, sin duda, al amor por una urbe inhóspita la mayoría de las veces, inédita y divertida en pequeños instantes que sin embargo nos la reivindican. Por ejemplo, en Vibonati, de Vicente Gerbasi, el cronista confunde en el solaz del recuerdo y de la poesía la estatua del Padre Pío con una inexistente de Vicente Gerbasi; se nubla la mirada del narrador en el viaje inverso que va de Canoabo a Vibonati.
Estos libros de Pedro y Slavko, a Dios Gracias o al jesuítico lema de a la Mayor Gloria del Criador, no fenecen en la moda de tratadistas, palangristas, cronistas y cuentacuentos que apoyan su precaria obra en los chismes, las falsas imposturas y las infidencias sin mediar los afectos ni los odios. Ambos recrean y reinventan la ciudad y sus temas de la misma forma que Cortázar en Silvia: la provocativa nínfula es una trampa que nos tiende la imaginación, revelada por niños implacables que desnudan nuestra condición de sonsos deslumbrados.


En Valencia de San Desiderio, a los diez días del mes de diciembre de 2005.

Friday, February 17, 2006

CRISTÓBAL RUIZ: LA CURADURÍA EBRIA EN "LA GUAIRITA".

Mi compadre Rodolfo Villena me había dicho que en el bar "La Guairita"( de Valencia, la de Venezuela) estaban exhibiendo una muestra pictórica de Cristóbal Ruiz. Postmortem, por supuesto (aunque quién sabe: es el pintor que hasta ahora ha muerto dos veces) . Por tal razón fuimos convocados Rodolfo, Geniber, Argenis y yo al bar-museo el día sábado 11 de febrero. No importan mucho los errores de la curaduría en tan peculiar espacio, mucho menos los desatinos ortográficos de los cartones que pretendían catalogar lo inclasificable: la salvaje y discontinua forma de disponer los elementos plásticos en el lienzo. Se nos antojaba, en muchos casos, la recreación futurista de un tiempo propio en un mundo aparte: la obra se divide en cuadros que recrean escenas simultáneamente, pedominando los verdes y los azules, los miembros sin coyunturas, las tetas asimétricas, las plumillas y los mosaicos multicolores. Quizá el gusto de Cristóbal por el piso de mosaico o, mejor aún, el tablero de ajedrez, no es más que una burla suya a la manipulación de los hombres en el devenir histórico por mezquinas y ruines razones.

Wednesday, February 15, 2006

BOMBONERA MACABRA.


Recibió un almibarado mensaje de texto alusivo al día de San Valentín. Ese mismísimo día había sido maltratado por la remitente cuando su relación fue condicionada a fuerza del capricho y la intolerancia. Compró un estuche de dulces y se dispuso a aliñarlos con "Campeón", un afamado raticida por obra y gracia del pregón de los buhoneros de la ciudad. ¡Qué falta de originalidad! La solución a su problema fue sugerida por una relectura de "Circe" de Julio Cortázar. Bien vale la pena, no importa ni el plagio ni la intertextualidad, sólo los espasmos estomacales consumiendo una estúpida vida.

Sunday, February 12, 2006

PERIPECIAS Y PIRUETAS

Luego de las arengas, las olas y los discursos, los funcionarios hicieron largas e informes colas bajo un sol oprobioso. Pese a ser de la misma especie y profesión, se enfrentaban los unos a los otros, mostrándose los dientes en la plenitud de desbocadas carreras hacia ninguna parte. Uno por uno eran estampados con el estigma azul y pálido en la frente. El sudor daba brillo al aire servil y por demás agradecido de sus rostros.

Valencia, 11 de febrero de 2006.

Thursday, February 09, 2006

LA CUENTÍSTICA MÁS RECIENTE DE ORLANDO CHIRINOS


Estimados internautas: Soy José Carlos De Nóbrega (Caracas, 1964), docente y escritor venezolano. He aquí este pretexto para tapar con ociosas palabras los boquetes que deja a su paso nuestro despropósito y desfachatez. Inmersos en un mundo mezquino, absurdo y ridículo, pero gratificante en su precariedad.


He aquí algunos de mis trabajos publicados en diversos espacios -virtuales y convencionales-:


LA CUENTÍSTICA MÁS RECIENTE DE ORLANDO CHIRINOS: ENTRE LA FALSIFICACIÓN LITERARIA Y LA APOLOGÍA A LA MARGINALIDAD.

La obra cuentística reciente de Orlando Chirinos (Maracaibo, 1944) significa un punto notable de inflexión en su escritura narrativa publicada a la fecha de la presente aproximación, sobre todo en el caso de los volúmenes titulados Mercurio y Otros Metales (1997) y Los Días Mayores (2005), los cuales se regodean en los motivos de la falsificación y parodia del discurso literario y la vindicación de los personajes marginales como héroes auténticos de una época finisecular que, cinco años después, seguimos viviendo y de la cual disertamos aún con volátil empecinamiento. Si bien tales temas han sido tocados por otros autores, etiquetados por la crítica con el blasón del Postboom, es harto destacable la personalidad vigorosa y generosa de Orlando Chirinos en su abordaje, amén de su estupenda factura técnica. Es innegable la depuración de fondo y forma del trabajo narrativo de Chirinos, el cual parte de su primer libro de cuentos, su conmovedora Última Luna en la Piel (1979), para luego pasar por el resto de su producción cuentística y novelística: las colecciones de relatos Oculta Memoria del Ángel (1985) y Pájaros de Mayo, su trueno verde (1989), además de las dos ya referidas que son materia de este ensayo, y las novelas En virtud de los favores recibidos (1987), Adiós gente del sur (1991), Imagen de la Bestia (1994) y Parte de Guerra (1998). La catedrática Ángela Romero Pérez (2000), de la Universidad de Salamanca, ratifica por qué es pertinente la lectura de la obra de Chirinos –de resonancias impertinentes e impenitentes para lectores poco atentos-, sin apelar a crípticos razonamientos académicos: “Hasta este punto hemos querido avanzar unos apuntes apenas retaceados, en realidad primeras impresiones de lectora vehemente, acerca de una obra recientemente descubierta y que esperamos tener la posibilidad de conocer en toda la profundidad que merece” (p. 10).
A continuación tenemos dos aproximaciones críticas y afectivas a la cuentística más reciente de Orlando Chirinos. La primera, una revisión y ampliación de una nota o recensión nuestra a Mercurio y Otros Metales, realizada en marzo de 1998 y que forma parte del libro Derivando a Valencia a la Deriva (2005); y la segunda, referida a su más reciente libro, Los Días Mayores (2005), publicado por Monte Ávila Latinoamericana.

1.- LA DANZA ASINCRÓNICA DE LA MARIONETA .

Cierta vez, Mario Vargas Llosa definió el arte narrativo como un streaptease a la inversa; el narrador se iba escondiendo a medida que transcurría el acto de vestirse. Otro narrador sostuvo que el mejor escritor es el que más miente, en una evidente referencia cruzada al aserto del hasta entonces novelista peruano. La escritura, en todas sus formas, consiste en revisitar las obsesiones, preocupaciones, vivencias y alucinaciones del autor respecto a sí mismo, al entorno que le comprime, y a la concepción del arte en tanto representación de su universo. Lo cual se realiza en la intermitencia, recogiendo y dispersando los pedazos, volviéndolos a reunir y luego a extraviar, remedo del mito de Sísifo; sólo que esta condena irá configurando, siempre y cuando los sentidos estén alerta, una propuesta escritural válida e intensa. En este caso, la mentira es una de sus aristas –bien significativa, por supuesto- de la ficción, no su excluyente misterio.
Este volumen de catorce cuentos (Mercurio y Otros Metales, Predios, Valencia, 1997) asemeja a un callejón sin salida, pues Orlando Chirinos llama la atención del lector dejando tras sí una serie de pistas falsas. La incomodidad y la confusión traerán consigo la curiosidad, luego la incertidumbre en cuanto a la lectura acertada de los textos irá de la angustia a la sonrisa compasiva, dada la tonalidad amena, festiva y humorística del libro. No se trata de hallar o descubrir la revelación que justifique y agote la obra entera del autor, más bien Chirinos busca capturar en su red ebria a todo aquel lector que le lea con mórbido placer, como lo cantara Serrat en Si la muerte pisa mi huerto. De lo contrario, todo esfuerzo interpretativo será en vano –también el narrador ha apostado a ello, el estrépito de una bomba caza-bobos-. El conjunto constituye el contralibro de los discursos profesorales y académicos. El llamado incumbe al homo ludens, en toda su torpeza, sofocado y ahogado hasta en el mero hecho de abrir la bragueta, apremiado por las punzantes ganas de orinar: se confundirán el alivio y la sensación mojada y caliente en una de sus piernas.
Los tres primeros relatos recrean una visión satírica y desenfadada del mundillo intelectual venezolano, precioso y ridículo; obnubilación cosmopolita que no es más que provincianismo burdísimo. Tanto Un respetable escritor inglés, desde el exilio como Respecto de un plagio del que he sido objeto, toman como pretexto temático la falsificación literaria, copiando a su vez una atmósfera borgiana con suma e irreverente afectación. La indagatoria trasciende el discurso chocante de la intelectualidad, pletórico de falso pluralismo y fáciles alusiones literarias, así como la ironía en tanto instrumento desmitificador. Nelson González Ortega (s/f) destaca una de las características de la escritura del Postboom que viene a cuento:
“1) Discurso crítico-literario. Presencia en las novelas (y cuentos) de discursos que comentan o parodian teorías críticas y movimientos literarios de este siglo. Por ejemplo, en Tenía los cabellos rojizos y se llamaba Sabina (1974) de la cubana Julieta Campos y en Cobra (1975) de Severo Sarduy se comentan conceptos feministas de Virginia Woolf como ‘la escritura femenina’; conceptos postestructuralistas de Roland Barthes como la noción de ‘el placer del texto’ y conceptos deconstruccionistas de Jacques Derrida como la "sustitución como técnica de desmontaje" y ‘la escritura y el problema de la representación’ ”.

El plagio y la impostura en la literatura constituyen el motivo y la técnica narrativa de la que se vale Chirinos, para parodiar –unas veces con suma dureza y otras con ternura- un mundo intelectual aislado en una isla desconectada (a su vez) del continente de la cotidianidad del hombre de a pie. T.J. Sullivan se metamorfosea y mimetiza en su propia impostura y equívoco, escribe a distancia usurpando textos ajenos, reflejándose en la ira y la postiza indignación de Louis Broubuillion. Detrás de esta inconsistente tramoya que molesta e importuna, en un primer momento, nuestra sensibilidad, Chirinos traza el corpus narrativo jugando con la intertextualidad, manipulando con destreza y madurez el tantas veces mentado y pervertido discurso metaficcional: el puzzle se descompone y recompone en la convergencia y el desencuentro tanto de personajes y situaciones, del apego y la repulsión que mueven y conmocionan al creador. En el texto El sacratísimo desamparo de los héroes, hace desfilar sobre la cubierta de una alocada embarcación, de proa a popa, una comparsa de personajes que conocemos muy bien, convocados en una absurda peregrinación: en pos de la idolatría solemne del quehacer artístico per se, tan artera al igual que el plagio de Javier Vidal respecto al libro Performance Art de R. Golberg, consternación y litigio incluidos. Nos recuerda, a modo de guiño cómplice, el desparpajo y la ternura agria del Fellini de Prueba de Orquesta y E la nave va. Sin embargo, la tripulación está muy cerca de los afectos del autor:
“De allí que José Pulido en El sacratísimo desamparo de los héroes es ‘conocido entre sus íntimos como Joe Century, por una evidente y confesada manía o aberración por seducir y llevar a la cama a mujeres que estuviesen más allá de los cien años de edad’ ” (Alfonzo, 1998: p. 7; citando a Chirinos, 1997: p.29). En el mismo relato de corte felliniano, se transfiguran amigos y escritores tales como Tito Núñez Silva, Laura Antillano y Alejandro Oliveros. El primero en un vil plagiario, la segunda en una lujuriosa monja descalza, y el tercero como un capitán extraviado en la calma chicha que profetiza naufragio en la niebla y el vaho etílicos. Los datos autobiográficos y las alusiones a sus amigos más amados, no son más que un pretexto para extraviar los análisis descabellados y desencaminados de cierta crítica reñida con el placer implícito en la lectura y la reescritura del texto literario. Rafael José Alfonzo (1998) lo apunta con seguridad y certidumbre –sí, en la impostora, aleatoria y azarosa estructura del texto narrativo-:
“(...) Chirinos en el proceso genético del relato satiriza realidad y discurso, crea el doble juego en sus diversas referencias, y escenifica con provocadora mordacidad una galería de entes literarios, que como tales, proceden de nuestro ámbito cultural. Es así, como aparecen con sus contexturas trastocadas, en este relato (Un respetable escritor inglés desde el exilio), Lydda Franco Faría (Lydda Josephine Cole Gaarefix o Frank), Tito Núñez (Tito Núñez Súlinar), Secundino Urbina, entre otros. A todos ellos se le ha ido creando una biografía imaginaria en la mayoría de los relatos que impregnan el libro” (p. 4).

No obstante la audacia y el ilusorio despropósito del cual hace gala Chirinos en dichos cuentos, interpola a continuación un puente colgante de cuatro textos, ligados a motivos y temas desarrollados en libros anteriores como Última Luna en la Piel y En Virtud de los Favores Recibidos. Tenemos dos de ellos, Corazón de acero y Noviembre con relámpago en los ojos, en los cuales prevalece la excitante imaginería de la infancia en su carísimo ámbito, el Falcón de su crianza y pertenencia, siendo el habla de la tierra centro e instrumento del tratamiento lírico del lenguaje. El mismo autor así lo declaró en una entrevista a Maritza Jiménez (1987): “En los arcaísmos escucho otros modos del cielo”. Lo cual se intensifica en Señor de perdido encantamiento, el habla coloquial y rural se refunde en el anacronismo castizo de los conquistadores, la lengua intenta conjurar y hallar la contra a las fuerzas perversas que nos agobian y perturban, en la rebatiña de los gallinazos esparciendo los despojos. Chirinos, más allá de la diabólica anécdota, precisa que “Lo que me interesaba era rendir reconocimiento a esa gente de la serranía que todavía utiliza arcaísmos como truje por traje” (Jiménez, 1987).
En los últimos siete relatos, Chirinos retoma las andanzas y travesuras del inicio. En La estimable confianza de la sombra, el personaje protagonista, Grandpholius Walter Benjamin Senior, vive su atribulación y desmembración interna perdida la senda en el influjo de La noche boca arriba de Julio Cortázar, la alienación literaria como vestimenta prestada; Chirinos atina nuevamente, pues lo que pudiera considerarse un obsceno plagio, muta en la consideración de lo que llamó Harold Bloom “la angustia de las influencias” (es harto destacable la confusión adrede de Cortázar con el Oliveira de Rayuela, así como también cambiar el nombre de sus cuentos, por ejemplo decir “Leticia” en vez de “Silvia”). O el juego o comedia de las equivocaciones patente en La segunda copia del informe Mc Bride, del pastiche no se infiere la resolución del misterio allí planteado. El humor se hace bien agudo en Los corteses señores de aristocráticas maneras y Última Ratio, Sociedad Anónima, los cuales establecen vasos comunicantes con los tres primeros relatos del libro ya comentados: la intelectualidad como inquisidor y verdugo, la indignidad e inocuidad del “seguir permitiendo que se le utilice como perchero, como portero del baño de damas o como blanco para el lanzamiento de dardos, indistintamente, en las fiestas a las que es dado en préstamo por el jefe” (Chirinos, 1997: p. 111), bien sea el CONAC, el Ministerio de Relaciones Exteriores o la Universidad Pública. Ni siquiera este libro se libra de sí mismo, pues en La concluida luz de una ventana, Chirinos convierte su propio proyecto en una revisión del relato La isla al mediodía del mismo Cortázar, contraposición del tono borgiano de los tres primeros cuentos, distrayendo e impacientando a los lectores a través de la alteración misma de los títulos de los cuentos leídos con anterioridad. Desdice entonces la predilección de Borges por los laberintos, las imposturas, la recensión de textos imaginarios. Constituye un divertidísimo e impenitente Cul de Sac, lo cual nos retrotrae al Nabokov de Lolita, Desesperación y Pálido Fuego: la fragmentación de la voz narrativa en correspondencia con la multiplicidad de nuestros “yoes”, nuestro cielo e infierno terrenos como lo definió Tolstoi brillantemente.

2.- ELOGIO DE UN LEÓN AFEITADO AL AUTOR DE LOS DÍAS MAYORES:
APOLOGÍA A LAS FIESTAS MACABRAS.

“Cuando me muera levanten / una cruz de marihuana / con diez botellas de pino y diez barajas clavadas / (...) / En mi caja de la fina / mis metrallas de tesoros”.
Cruz de Marihuana, track 14 del CD Más Corridos Prohibidos, vol. 2.

La violencia en América Latina va más allá de toda coyuntura: Responde a un mal de índole estructural, valga lo repetido y lo desvencijado del término, que se escurre de nuestros cerros y urbanizaciones a la par del torrente que hermana en estulticia a las aguas servidas (¿a dónde, pues?) y a la sangre de trabajadores, desempleados, malandros y policías que desembocará (encunetándose y enrareciéndose) en los espacios estridentistas y amarillistas de diarios, radios y televisoras. Lamentablemente, los medios se han limitado a ser una ruidosa caja de resonancia, de la cual no se obtienen ni algunas soluciones posibles a tal problemática, mucho menos un cambio significativo del paradigma económico, político, cultural y social que empobrece a la mayoría de los latinoamericanos. El cineasta brasileño Glauber Rocha indaga en sus posibles causas:
“El hambre del latinoamericano no es sólo un síntoma alarmante de pobreza social, sino la esencia misma de la sociedad. Así, nuestra cultura la podemos definir como una cultura del hambre. Ahí reside la originalidad del Cinema Nôvo en relación con el cine mundial. Nuestra originalidad es nuestra hambre, nuestra miseria, sentida pero no compartida. No obstante, nosotros la comprendemos: sabemos que su eliminación no depende de programas técnicamente elaborados, sino de la secularización del hambre que, al minar las estructuras, las supere cualitativamente. La más auténtica manifestación del hambre es la violencia” (Gubern, 1973: Pp. 126-127).

No es, entonces, un desperdicio abordar tales temas en la literatura. Por supuesto, sin resbalar en el cadáver exquisito hasta el hartazgo de la propaganda consolatoria de cierta izquierda (Lina Ron y Mario Silva rasgando la catódica pantalla con oxidadas hojillas), ni mucho menos fallar en la visión rococó, de narices respingadas y empolvadas en talco o rapé, de espontáneos (y) teóricos de la comunicación como es el caso clásico de Marta Colomina. ¿Quién duda de la violenta y estética coreografía de aqueos y troyanos en el teatro de operaciones que es Troya?; sólo voces agoreras afónicas en la ignorancia, el moralismo y la intolerancia. ¿O de estos contundentes versos de la tradición maya, en los que suceden la danza, las vueltas y el canto del arquero flechador en pleno sacrificio de un “hombre joven, virgen / inmaculado” ?:
“Da la primera, a la segunda
toma tu arco, ponle la flecha,
apúntale al pecho, no es necesaria
toda tu fuerza
para asaetearlo, para no
herirlo profundamente en sus carnes,
para que sufra un poquito,
así lo quiso el dios
Bello Señor”. (Rodríguez Carucci, 1992: Pp. 23-24).

Asimismo, manifestaciones de la música popular latinoamericana como el narcocorrido y el rap mezclado con el merengue y la salsa, desarrollan una épica marginal y finisecular que integra en un santoral o corte malandra a delincuentes, ñángaras, asesinos, ladrones y narcotraficantes, como respuesta intrépida a las dolencias físicas y espirituales, las ingentes necesidades económicas y las frustraciones de las clases más desposeídas, sobre todo el lúmpen-proletariado. Autores como Fernando Vallejo dan testimonios de ello en la intermitencia y fragmentación del discurso literario que descree de los paraísos terrenales forjados por la vocinglería mediocre de los partidos políticos. En el caso del narrador colombiano, especialmente en su novela La Virgen de los Sicarios (1994), el discurso hiperrealista - cónsono con una crítica implacable de lo postmoderno - esboza cruentos trazos del alucinado avispero homicida y suicida que es la ciudad de Medellín. La voz narrativa susurra palabras de amor a su sicario o gamín, para repentinamente estallar electrocutando la imagen y la voz bogotana de César Gaviria, a fuerza de una voluntad y de un pensamiento reaccionario revolcados en los camastros de casas de amigos, apartamentos vacíos y cuartos de hotel.
Sin embargo, a pesar de la contrariedad y la calamidad a la que nos somete el mundo (la vista a los lados y en el suelo - jamás en dirección al cielo -, el miedo y la desconfianza tratando de adelantarse en estrepitosa carrera bajo el acoso de las tinieblas), libros maravillosos nos pillan y encantan en la desoladora encrucijada de la desilusión. Es el caso de Los Días Mayores (2005) de Orlando Chirinos, su más reciente colección de cuentos. Luego de su plácida y sorprendente lectura, se nos antoja uno de los libros que desearíamos escribir alguna vez, tal como nos ocurrió veinte años atrás con la disparatada novela picaresca La Conjura de los Necios (1985) del malogrado y olvidado John Kennedy Toole. No es casual mencionar ambas obras al punto, pues se adentran en los arrabales y los bajos fondos de ciudades disímiles tales como Valencia y New Orleans; además de compartir una atmósfera hiperbólica, desgarradora e irónica que aprehende con pezuñas mugrientas el entorno de la marginalidad económica, social, cultural y vivencial de urbes descoyuntadas por ángeles burlones e impíos.
Magalys Caraballo, en la presentación del libro en la UPEL de Maracay, observó atinadamente la cualidad transgenérica de su discurso narrativo: Más que magnífica reunión de cuentos que bordean la maestría, simula una estructura cuasi novelística, de la cual el primer relato constituye la piedra de ángulo. Efectivamente, el pícnico superhéroe desdibujado en su tránsito accidentado y tragicómico por la ciudad, acometiendo su sacrosanta misión cada vez con mayor dificultad, visita un extraño museo que le distraía y conmovía la ya erosionada capacidad de asombro –recordemos que Superman pertenece a un Olimpo Post-industrial, no en balde su condición épica y mítica-:
“Entre una incursión y otra sobre la ciudad, se concedía licencia para bajar al museo y allí se maravillaba cada vez más de las perversiones de aquella raza de mestizos deslenguados y alborotadores. Se detenía con especial atención en la momia de un general que en un hecho fortuito había sido degollado por su barbero de confianza pero que, cosa extraña, había continuado con su vida habitual durante larguísimos años, hasta fallecer de muerte natural, y en su cama. Así mismo, mostraban las armas y los utensilios del caso de un joven asesino, quien había sido tiroteado y muerto (al parecer de manera afrentosa) por la policía, y que fue sepultado tras varios días de brindis y banquetes en su honor; la aberración de una pareja perecida mientras fornicaban en el mar (...); la media metamorfosis de un hombre en un saurio descomunal, humano de la cabeza hasta la cintura, y de ahí hacia abajo con la corporeidad de un cocodrilo (...). Y, por último, la ‘mascota’ del museo: un cadáver bicentenario, al que había de someter de forma periódica a mantenimiento pues le continuaron creciendo el pelo y las uñas después de fallecido, así como cambiarle la ropa, ya que nadie entendía cómo pasaba, pero la momia seguía vaciándose de sus excretas como si tal” (Chirinos, 2005: Pp. 9-10).

Tal museo -de índole circense, si se quiere- no sólo compendia las anécdotas insertas en la mayoría de los cuentos del volumen, sino que representa la metaforización de la deconstrucción de su hilo narrativo, hasta el punto de establecer vasos comunicantes entre sí. La estructura novelística de este libro de cuentos, equivale a la novela de noveletas que es Sefarad (2001) del español Antonio Muñoz Molina; no es casual tampoco que este último título se refiera a la marginalidad patente en la exclusión por la intolerancia religiosa, racial y política, amén de sus virtudes discursivas que exceden los artificiales límites impuestos a los géneros literarios. El museo puede ser una aparatosa pirámide en la cual se guarda, en el celo de las maldiciones, las trampas mortales y los pasadizos postizos, el cadáver del texto narrativo convencional, previsible y esclerotizado, materializado en su antípoda llagada en digresiones. Magalys Caraballo (2000), presentando esta vez la novela En virtud de los favores recibidos, resume la actitud escritural de Orlando Chirinos:

Es “la intencionalidad de un escritor comprometido directa e indirectamente con las técnicas narrativas de la novela finisecular, en la que el narrador se asume como el artífice de un mundo ficcional fragmentado que construye cuando asume la función lingüística de la enunciación narrativa para relacionarse, simularse o espejarse en los demás elementos ficticios que conforman el espacio textual” (p. 1).

La técnica narrativa va aparejada al tratamiento del tema que es la apología a la marginalidad. Si revisamos los relatos Sagrado vino de los dioses y Cegato como Homero, por un lado, y los titulados Cuando estés en tu reino, Mismísimo Dios y Polifemo en los ojos, por otro lado, se constatará la deificación del antihéroe en las figuras opuestas y complementarias del asesino y el ñángara respectivamente. En el primero de los apartados, el asesino es homenajeado en su funeral casi a la usanza de los paladines aqueos o troyanos, mediado y logrado el efecto intertextual, sólo que tal vindicación es adobada en la oral lengua entrecortada y fragmentada de la turba hamponil:
“(...) El vidrio agarrando y abrazando, el esquelético, brindando por Héctor, que ¡juelasantísimaputa! iban a pagar bien caro el hueco en los tendones de ambos pies, los doce días de sol y polvo, por Armando, la injuria, el vejamen, por Héctorarmando, las vueltas y la huida alrededor de la ciudad, disparando, correr-correr, tiroteando, huir-huir, el acosamiento, el arrastramiento, por Héctor Armando Cintavalle Moro” (Chirinos, 2005: p. 24).

Las crónicas musicales de Colón y Lavoe sobre la Calle Luna, Calle Sol, la acongojada y vengativa redacción de los obituarios, amén de la hiperbólica atmósfera de las crónicas rojas, impregnan la rudísima y artística atmósfera de esos dos relatos. Se encienden cirios y se musitan plegarias por la santa memoria de El Negro Antonio y El Currutaco, héroes verdaderos a la hora de las tertulias en los bares del sur de Valencia. El segundo grupo de cuentos o tríada macabra se refiere a una misma orgía de sangre: presos comunes y ñángaras torturados y sodomizados por verdes milicos en un botiquín de mala muerte. Las voces narrativas, en todos y cada uno de los relatos, se abalanzan sobre el hecho en un fuego cruzado de forma triangular: el narrador omnisciente recrea en Cuando estés en tu reino la cruxifición de Cristo y los dos ladrones, encarnados en el prisionero político y los delincuentes comunes, apelando al recurso de la transfiguración ficcional tal como lo hace Borges en el cuento El Evangelio de Mateo. En Mismísimo Dios, el guardia identificado como el hijo de Florentino y Dioselina, nos refiere una versión típica del narrador testigo pasivo, sazonada por las trompetas y los redoblantes que anuncian el juicio final:
“Yo recuerdo esas vainas y me avergüenzo por ellos, porque lo que hice fue quedarme plantado con la boca abierta, viendo cómo puede caber tanta maldad en una persona, y cagarme de susto cuando vi que la noche se vino de repente, en medio de ese sol tan arrecho que estaba un ratico antes en el cielo, y los relámpagos más los truenos y aquel diluvio que se nos vino encima, como si deseara aplastarnos contra el suelo, por las barbaridades cometidas en esa llanura” (Chirinos, 2005: p. 105).

Polifemo en los ojos tiene como voz narrativa la de un homosexual tetón, novio del tuerto barman que sodomizó a una de las víctimas. La transparencia del discurso es equiparable a la del Diario del Ladrón de Jean Genet, texto paradigmático de la marginalidad que habita en las sucias calles, los oprobiosos pabellones de las cárceles e, incluso, en un vulgar pero fetichizado tubo de vaselina. La palabra se enseñorea de tan sórdidos ambientes en la oralidad, la multiplicidad y la fragmentación de los puntos de vista narrativos, hasta trascender el límite que va de la enunciación misma al objeto enunciado, confundiéndose en la niquelada apariencia de una nueve milímetros:
“Una mar de gente iba y regresaba
de la sala y de los cuartos de la
suciedad pestilente que se
había acumulado
en los retretes
de la calle de.” (Chirinos, 2005: p. 29).

El libro conforma un caligrama terrorista que se compadece tanto de las víctimas como de los victimarios, en la recreación poética y –por qué no- sublime de la violencia, tal como se demuestra en la cámara lenta de Los Gansos Salvajes de Sam Peckimpack o en la maravillosa pericia narrativa de Quentin Tarantino en Pulp Fiction. Sólo le resta manifestar a este león afeitado y mimetizado en la solazadora lectura del libro, el agradecimiento a Orlando Chirinos por su generosidad sin par.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Alfonzo, Rafael José (1998). El Orden Secreto en “Mercurio y otros metales”. Trujillo: Trabajo mimeografiado.
Caraballo, Magalys (2000). “En virtud de los favores recibidos”: Voces para construir personajes. Maracay: Trabajo mimeografiado.
Chirinos, Orlando (1997). Mercurio y otros metales. Valencia, Venezuela: Predios.
Chirinos, Orlando (2005). Los Días Mayores. Caracas: Monte Ávila.
De Nóbrega, José Carlos (2005). Derivando a Valencia a la Deriva. Caracas: Libro a ser publicado próximamente por el Ministerio de la Cultura.
González Ortega, Nelson (s/f). La Novela Latinoamericana de Fines del Siglo XX: 1967-1999. Hacia una tipología de sus discursos. http://www.hf.uio.no/ilos/studier/fleksibel/spansk/emne/spa1301/textos/sem/nelsonmoderna.doc.
Gubern, Román (1973). Cine Contemporáneo. Barcelona, España: Salvat.
Jiménez, Maritza (1987). En los arcaísmos escucho otro modo del cielo. Diario El Nacional, Caracas, 1-11-87.
Rodríguez Carucci (1992). Antología de la Poesía Antigua de América. Valencia, Venezuela: Universidad de Carabobo.
Romero Pérez, Ángela (2000). Un eco creativo que traspasa fronteras. Salamanca: Trabajo mimeografiado.

Sumario. Educomanía. Revista "Poesía"
Revista "Poesía" de Venezuela: Aproximación al amparo de la estridencia

José Carlos De Nóbrega

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José Carlos De Nóbrega (Caracas, Venezuela, 1964). Es Licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo. Dirige la revista "La Tuna de Oro", además de formar parte de la redacción de la revista "Poesía", ambas publicaciones del Departamento de Literatura de la referida universidad. Ha publicado dos libros de ensayo: "Sucre, una lectura posible" y "Textos de la Prisa". Dicta el Seminario de Ensayo, niveles I y II, en el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo. Es colaborador en las revistas Predios, Laberinto de Papel, el semanario Tiempo Universitario y de las páginas web de Códice y Rasmia.