Tuesday, December 25, 2012

LEDO IVO (1924-2012): CONFESIONES DE UN POETA

En un humilde homenaje al poeta Ledo Ivo (Maceió, Brasil, 1924-Sevilla, 23 de diciembre de 2012), les ofrecemos nuestra traducción de este texto maravilloso tomado de su autobiografía "Confesiones de un Poeta".




Confesiones de un poeta

Ledo Ivo



I



El viento vagabundo



No estimo a los analistas, ni a los psicoanalistas ni a todos aquellos que, movidos por intenciones terapéuticas, se abalanzan sob...re los males de las almas, despojando a las criaturas de lo que ellas poseen en lo más secreto y substancial de su ser, que son sus neurosis y obsesiones, sueños y obstinaciones, reduciéndolos a piscinas vacías. Pero, aquella noche en Portland, Oregon, la conversación, en la acogedora casa extranjera, ennoblecida de observaciones y confidencias respecto a la variada naturaleza humana. Un viento proveniente de Alaska me olfateaba como un perro glacial. Entonces, conté a un especialista atento el sueño que me sigue, o persigue, desde la infancia.

Conté mi sueño con la salvedad de ignorar si naciera de la realidad o pasara de la ensoñación a la vida abierta. En ese sueño, que se repite bajo incontables variaciones, como un motivo conductor de una composición musical, soy un niño o un hombre en procura de algo que jamás será encontrado, una vez que despierto siempre en los alrededores del descubrimiento. Un episodio de la infancia, por cierto real, lo nutre: aquella noche en que, en una feria, me le extravié a mi padre y, en medio del llanto, viví minutos de aflicción, por cuanto a mi vuelta los carruseles corrían y las luces de la rueda gigante fulguraban entre lágrimas. El instante dramático se multiplica en la memoria adúltera que la guarda y reinventa. Pequeño, más de una vez me encuentro perdido en la fiesta ruidosa, entre rostros permutables que me miran fijamente o pasan sin prestarme atención. Estoy en un chorro, sobrevolando Nueva York, pero Nueva York no existe. Vago entre calles barrocas; contemplo palacios de vidrio que protegen los gestos infantiles de burócratas diáfanos; me acerco a dos navíos podridos en las lagunas natales, bajo la imprecación de gaviotas perturbadas por mi curiosidad; subo escaleras en espiral que me conducen a la torre truncada del farol que iluminó mi infancia. Pero cuando creo estar cerca de distinguir lo que busco —un lugar, una mujer, una concha, la metáfora que consagra la abolición de la muerte— mi mano levantada es la de alguien que despierta, en el gesto desconsolado de apartar una oscuridad prematura.

El Doctor en almas humanas acogió mi sueño y me sorprendió con su diagnóstico. Al contrario de eventuales pasantes, siempre inclinados a interpretarlo como un parto reiterado de la incertidumbre y la inseguridad, vio en él el obsesivo síntoma íntimo de una búsqueda.

Mi sueño significaba la lucha de un hombre en procura de su personalidad. A su entender, yo no era una criatura perdida o insegura, o extraviada del Padre Celestial (hipótesis de un amigo católico), y sí el ser que se busca a sí mismo. La sentencia exacta o falaz, esclarecía uno de los problemas que más me perturbaran, desde la adolescencia hasta la madurez: el de mis límites.

Al llegar a Recife, para las primeras aventuras literarias, lo que más me impresionó fue la limpidez de las señales estéticas de un principiante que habría de ser uno de los más grandes poetas de nuestra lengua. Joao Cabral de Melo Neto comenzaba y terminaba nítidamente. Todo, en él, ostentaba la exactitud de un cuchillo. Con certeza en el cuchillo sólo la lámina de su lucidez contundente tenía el brillo de una locura mallarmeliana, que lo obligó, cierta fecha, a un aislamiento en el que contemplaba “jardines enfurecidos”. (Es sorprendente, también, que sus incontables críticos y exégetas no se hayan detenido, todavía, delante de esa arista visionaria de poeta que celebró “la servidumbre de las ideas fijas”, prefiriendo navegar sólo una de sus dos aguas). Mas regresemos un momento de aquel primer encuentro de dos jóvenes poetas que, precisamente porque eran diferentes y antagónicos, con sus estéticas que se repelían y se desencontraban, podían caminar juntos. En cuanto Joao Cabral mantenía sus alucinaciones bajo el control de un albo sol de aspirina, automedicándose al punto, y conocía la extensión de sus tesoros, produciendo poemas como el molino produce agua, yo era todo incertidumbre y torbellino, abundancia y desperdicio, secuestrado por una turbulencia de mí mismo desprovista de flechas y contornos.

Yo temía que mis dones eventuales me extraviasen. A mi rueda, no eran pocos los que me etiquetaban de esparcido y veían con mal ojo mi futuro poético. Era necesario contestar el canto matinal, vigilar al importuno visitante nativo, represando las aguas tumultuosas de la vocación y convirtiendo el torrente en el andén —o lo mismo, ¿quién sabe?— de una estación central.

Hoy, acostumbro preguntarme si lo conseguí, ya que los críticos más juiciosos, semejantes a los exploradores que se conforman con la punta del iceberg, aman aludir en mí el virtuosismo y la pericia formal. Y me pregunto si esa proeza —tal vez guiada menos por la voluntad sedienta de la afirmación de que por el instinto creador que, a lo largo de la vida, va mutando de lo abstracto a lo concreto— no tendrá erradicada algunos segmentos valiosos o, estancando fuentes vivas, impuso silencio a una alta verdad que sólo podría ser dicha a través del abuso o del exceso. Pienso, a veces, que en la flor invisible seguro faltan algunos pétalos, que yo no supe proteger de la intemperie. Tengo pesares de lo que no fui, de lo que dejé de ser.

Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable. Yo era el llamado a establecer el espacio de mi entereza sin el sacrificio de las máscaras deseosas de exhibirse, de todos los yoes que se suceden con sus imprecisiones prestigiosas y metafísicas engendradas por la brisa, de todas las letras del amor y de la alegría.

¿Habré cumplido mi promesa? Es lo que pregunto a las estatuas de la noche, al viento vagabundo y las colinas, a los emblemas del día, a la vaga transgresora que desafía el desorden bellísimo del mar.

En vez de calmarme, con sus preguntas, me tupió de interrogantes. Así, no pertenezco al linaje de los que tienen respuesta para sus semejantes. Antes bien, soy de la familia espiritual de los que sólo tienen preguntas y, con su constelación de incertidumbres íntimas, sólo saben indagar y sembrar dudas.

En la fiesta bullente de las letras y la vida, soy de nuevo el niño perdido y reencontrado que se busca a sí mismo entre rostros indiferentes, cierto que sólo esa búsqueda tendrá el poder de transformarlo en lenguaje.

Thursday, December 13, 2012

UN HOMENAJE SENTIDO A VICENTE GERBASI. José Carlos De Nóbrega

Los jornaleros en cambote posando por y para Gerbasi


Salmos Compulsivos

UN HOMENAJE SENTIDO A VICENTE GERBASI

José Carlos De Nóbrega

Del 14 al 16 de noviembre de 2012, se desarrolló en Valencia, la de Venezuela, las IV Jornadas de Creación Literaria en homenaje al poeta Vicente Gerbasi. Agradecemos a sus organizadores –entre ellos Tannia García, Andrés Palencia, Daniel Oliveros, Leonardo Useche y Fabiana Viloria, amigos y alumnos nuestros en la Universidad de Carabobo- la invitación y la deferencia para con este cronista compulsivo. Celebramos a estos muchachos el diálogo abierto y entusiasta en torno a voces poéticas fundamentales del país como Teófilo Tortolero, Reynaldo Pérez Só, Hanni Ossott, Enriqueta Arvelo Larriva y, por supuesto, Vicente Gerbasi. La precariedad de recursos económicos no restó humanidad, alegría ni pasión poética a este carísimo encuentro con el poeta oriundo de Canoabo (nos preguntamos aún cuándo la Universidad de Carabobo se encargará de la edición de la obra completa de Gerbasi, más allá de bautizar con su nombre una Sala de la Feria del Libro local). Lamentablemente, disculpen nuestra obsesiva insistencia, el medio universitario regional y nacional se encuentra infiltrado por funcionarios indolentes y poetas de medio pelo que reverencian al Poder por un plato de sobras presupuestarias. Recordemos que este año a la revista Zona Tórrida le fue inducido un estado de coma para excluir al equipo de redacción del momento, ello en un ejercicio de mezquindad e intolerancia sin par, lo cual nos lleva a diagnosticar la muerte cerebral y coronaria del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo.

Retomando una senda más generosa y amorosa respecto al Decir Poético, participamos el jueves 15 en la ponencia a tres voces (las de Rocío Jiménez, Luis Alberto Angulo y la mía) titulada Los Espacios Cálidos: El paisaje en la poesía carabobeña, y en el conversatorio Los Colores Ocultos: una aproximación a la vida y obra de Vicente Gerbasi (en este caso, compartimos la conversa con Francisco Moreno y la profesora María Consuelo Bianchi). El evento, en su totalidad e implicaciones, nos permitió convocar a Gerbasi no sólo como actor literario continental sino también como simpático ser humano. Su gran poema Mi Padre, el Inmigrante (1945), es un eslabón imprescindible en la configuración del discurso poético fundacional en Venezuela. Acompaña a las Silvas americanas de Bello, a Vuelta a la Patria de Pérez Bonalde, a la Silva Criolla de Lazo Martí, al contrapunteo épico de Florentino y el Diablo de Alberto Arvelo Torrealba y a los altos picos poéticos de Ramón Palomares, Enriqueta Arvelo Larriva y Ana Enriqueta Terán. Siguiendo al poeta Luis Alberto Angulo, las voces poéticas se encuentran en la celebración y la contristación mutuas, no en el egotismo ni en el doble discurso. Al mismo tiempo, el texto en cuestión forma parte del Homenaje al Padre en la poesía venezolana: no es difícil evocar poemas conmovedores de Palomares, Tortolero, Pérez Só, Pepe Barroeta, Angulo y Caupolicán Ovalles enmarcados en tal línea temática. Por supuesto, el establecimiento de un diálogo paisajístico que vincula a Canoabo y a Vibonatti, revela la particular interiorización del paisaje en la obra de Vicente Gerbasi, plena de efectos de luz y color que nos retrotrae las intensas e interesantes propuestas plásticas de Armando Reverón y Manuel Cabré. La aldea –venezolana e italiana- como motivo poético nos conduce a un jardín delicioso, sucedáneo si se quiere del Paraíso bíblico o la Arcadia grecolatina, que a su vez vindica el discurso híbrido de nuestro mestizaje con sus virtudes y equívocos históricos.

No podemos obviar que la “atemporalidad” de la poesía no descansa en la evasión del tiempo histórico que le toca vivir al poeta; por el contrario, prevalece el ojo crítico y estético que reconviene el despropósito del siglo preñado de injusticia y explotación. Gerbasi lo argumenta en el caso del poemario Tirano de Sombra y Fuego (1955): “Primero, porque el Tirano Aguirre es una vivencia: él pasa todas las noches cerca de Canoabo, por las Sabanas de Aguirre, sale en fuegos fatuos, en caballos con sus jinetes por medio de la calle, los relámpagos caen y lo destruyen (…) No es un libro histórico, es un libro mítico. Ahora bien, cuando empecé a escribirlo lo primero que pensé fue en Pérez Jiménez. También nombro a Gómez en el poema”. Es evidente que el diálogo intrahistórico va ligado a la esencia del Decir Poético: la transparencia de la voz no sólo apuesta por la apropiación del objeto poético en su belleza contradictoria y paradójica, sino también en el grito rebelde y libertario. La aniquilación del Discurso del Poder involucra la vinculación de la Poesía con una vida digna e iluminada que va de adentro hacia afuera.

Don Francisco Moreno nos contó que por efecto de un “adverso” milagro, el guayabito cómplice del Vicente niño había retoñado para que ardiera la nostalgia de parientes, amigos y lectores años después. Este franco y sentido diálogo sobre Gerbasi que convocó a jóvenes y viejos por igual, se anotó otro tanto a favor, pues la relectura de los nuestros no agota su obra –en el cansancio de los malos lectores y peores críticos- sino más bien la vivifica con mayor intensidad en la memoria y en un presente esperanzador. Ya nos lo canta/refiere el camarada y el poeta: “Te amo, infancia, te amo / porque eras pobre como un juguete campesino, / porque traías los Reyes Magos por la ventana”. Sólo nos resta invitarlos a la celebración de los Reyes Magos en Canoabo el domingo 6 de enero de 2013, apertrechados con la munición de boca que es la poesía de Vicente Gerbasi.

Monday, December 10, 2012

FRENTE CULTURAL 16-D. Un documento para la lectura comprensiva y reflexiva de la problemática cultural del estado Carabobo



FRENTE CULTURAL 16-D



Con un gobierno Chavista, en Carabobo debe iniciarse un proceso político de cambios que ponga fin al desprecio de lo popular, a la exclusión, que abra nuevas expectativas en demanda de un salto cualitativo que llene de pueblo todos los espacios como fórmula para, pacíficamente, separar a la élite burguesa carabobeña de la representación del Estado. El protagonista de este momento es el pueblo de Carabobo que dará el impulso necesario para permanecer en el poder, ello enmarcado en la categoría necesaria denominada democracia participativa.



Los sectores populares, en alianza consentida con la clase media, tienen una condición humana, social y cultural que ha sido relegada y ofendida desde el gobierno regional por la dinastía Salas Rohmer, por lo que la gestión cultural en Carabobo no seguirá siendo la falsa vitrina de las élites oligarcas de la región, puesto que serán sustituidas por propuestas programáticas eficientes y de calidad emanadas del colectivo.



Es necesario consolidar día a día el proceso de liberación nacional hacia el socialismo. Desanudar las ataduras que fijaban a Venezuela de los intereses del gran capital del Imperio Yanqui no es cualquier cosa, como tampoco lo es asumir la dirección del proceso educativo, de nuestro ejército y la defensa nacional, los servicios públicos fundamentales, la administración directa del petróleo y otras riquezas, la salud. Un triunfo electoral en Carabobo es para garantizar el cumplimiento del segundo plan socialista de la nación contemplado en sus cinco grandes objetivos históricos que son los objetivos de la vida de quienes suscribimos estas cuartillas.



Desde el tiempo de la cuarta república la Escuela de Teatro Ramón Zapata, la Escuela de Arte Arturo Michelena, la Escuela de Música Sebastian Echeverría Lozano, la Escuela de Folklore Benito Galarraga, los Liceos Pedro Gual, Núñez, Sanabria y otros, están en completo abandono, son una ruina cultural; el Teatro Municipal de Valencia y Puerto Cabello son expresiones de ineptitud, se impone fortalecer y darle programación a estos centros. Debemos crear al menos cuatro grandes Escuelas de Artes y Oficios para estimular y apoyar el pensamiento crítico y creador de la juventud venezolana: una para servir a la Gran Valencia; la segunda para los municipios Puerto Cabello y Mora; la tercera para el eje de Guacara, San Joaquín y Mariara y, la última, para servir a los municipios Bejuma, Montalbán y Miranda. Desde aquí no sólo las bellas artes y la literatura se fortalecerán y expandirán, sino también el aprendizaje de tareas agropecuarias para incorporar a la juventud a su medio ambiente.



El nuevo gobierno regional debe unificar y fortalecer la actividad cultural, debe poner fin al derroche de los dineros públicos en las relaciones públicas de la élite cultural burguesa y a la hipocresía de sus actores culturales. Debe contribuir a unificar la acción cultural de los institutos de educación superior públicos y privados y de los diferentes municipios donde se conquiste el respeto y se den oportunidades a todas las expresiones culturales sin excepción, teatro, cine, poesía, danza, pintura, música, canto, pues todas estas expresiones son el corazón excluido y ofendido por las élites culturales burguesas que tanto elogian al gobierno de los Salas. A tal respecto, es menester la contraloría sociocultural asumida por los colectivos culturales de la región, contrapeso y antípoda de la burocracia ineficiente.



Que sirva este documento para la comprensión de la realidad política y cultural de Carabobo. Que sirva también para delinear las políticas de asistencia social a los intelectuales que viven en Carabobo por cuanto si bien es cierto que el hecho cultural es un hecho espiritual, también es material y debe garantizar a los artistas el pan y sus instrumentos de trabajo.



Carabobo es un Estado abatido culturalmente por lo que se debe dar un gobierno popular para las masas, libre de corrupción, de amiguismos, un gobierno regional enmarcado en los cinco grandes objetivos históricos. Valencia, como los demás municipios, debe recuperar su casco histórico para que de nuevo sea un centro cívico grato, de convivencia que incida sobre la calidad de vida de sus habitantes.



Debemos prolongar el triunfo electoral del 7-O, con el venidero 16-D, debe producirse un encadenamiento perfecto de triunfos con nuevos paradigmas, con una nueva interpretación de la realidad cultural carabobeña que fortalezca el modelo de inclusión y mayor eficiencia.



En la Escuela Argimiro Gabaldón, 27 de octubre de 2012.







 RED DE ESCRITORES SOCIALISTAS

 GRUPO ENRIQUETA ARVELO LA RIVA

 ESCUELA DE FORMACION ARGIMIRO GABALDON

 TALLER DE POESIA ANA ENRIQUETA TERÁN

 FUNDACIÓN SALVADOR ALLENDE

 RED BOLIVARIANA DE ARTISTAS PLÁSTICOS

 FRENTE NACIONAL DE CREADORES Y CREADORAS SOCIALISTAS

Sunday, December 02, 2012

NOSTALGIAS DE LA CALLE LARGA: UNA PROPUESTA TRANSGENÉRICA Y POÉTICA DE LA NOVELA. José Carlos De Nóbrega

                             General Román Delgado Chalbaud

NOSTALGIAS DE LA CALLE LARGA: UNA PROPUESTA TRANSGENÉRICA Y POÉTICA DE LA NOVELA.
José Carlos De Nóbrega.

-¡Remad, remad fuerte y apresurémonos! ¡El muy brujo del mar le está sonriendo a un chubasco! Siento la marejada en el movimiento del timón y la tempestad en mis heridas. Honorato de Balzac: Jesucristo en Flandes.

Raimundo se formula de dónde emana la tristeza y entiende y adquiere su carcajada. Pablo de Rokha: El descubrimiento de la alegría.

No nos queda duda alguna: Nelson Guzmán edifica su primera incursión novelística, “Nostalgias de la Calle Larga” (Fundarte, 2012), desde su obra poética misma –de la cual destacan los poemarios “Contertulios” (2003), “Ráfagas de Olvido” (2004) y “Muecas de Tiempo” (2007)-. No sólo anticipa la temática de esta novela, sino el tratamiento poético del lenguaje. Se puede conversar, entonces, sobre un abordaje del tema histórico –en especial el episodio del Falke y el Porteñazo- a partir de la calidad contingente y enriquecedora del discurso poético. Hay un trizado frenético y deliberado de las formas convencionales del quehacer historiográfico. El mural o mosaico narrativo no se apoya en el realismo historicista, ni en el maniqueísmo propagandístico del manifiesto político-social, vicios propios de los discursos desangelados y didácticos de una literatura que no dice nada ni transgrede la esencia impía del Poder. La desilusión ideológica no es un envilecedor pretexto para el triunfo del conformismo y el reacomodo político, estético y social; revisemos a tal respecto la patética panfletaria más reciente de Emeterio Gómez, Teodoro Petkoff o Milagros Socorro. Por el contrario, el fracaso de las Gestas del Falke, el Porteñazo o el Carupanazo prefigura rebeliones por venir; esto es el advenimiento accidentado pero sostenido del Poder Popular. No obstante el naufragio en un mar de melancolías, toda visión y praxis libertarias apuntan a la deconstrucción del Castillo burgués, por supuesto, para forjar un estadio superior de la conciencia social. El lirismo de esta Samba Triste –o Joropo Triste, si copiamos a Billo-, nos conduce a la asunción de una postura crítica y política no exenta de contradicciones y digresiones: La historia debía dispensar a todo hombre de estos extravíos, al final no quedaba otra, había que escribir la historia de alguna manera y esa era la mía, la tuya, la de todos. Esta propuesta, también metatextual, no es presuntuosa, mucho menos objeto falso. Estriba en el compulsivo frenesí del texto amoroso: Juana Gallo una de las putas más viejas de la ciudad contó en su exilio que si aquellos generales hubiesen logrado triunfar hubiese buscado con uno de ellos una alianza sexual definitiva. Senil, metida entre las brumas de la demencia y de la vejez evocaba las glorias del Falke (sic, se nos refiere casi sin respirar). Pablo de Rokha, extravagante y anárquico, confiesa que la tristeza del sexo mordisquea la palabra extraviada en la memoria.

“Nostalgias de la Calle Larga” no obvia los antecedentes de la novela venezolana y latinoamericana de la contemporaneidad. Despojada de muecas culteranas, parricidas o exhibicionistas, nos invita a la revisita de sus grandes frescos (Carlos Fuentes, García Márquez, Scorza) y milagrosas instalaciones centradas en el poema objeto (Salvador Garmendia, Arlt o la poesía inmanente en la obra narrativa de Orlando Araujo y, en especial, la de Armas Alfonzo). El mosaico o collage novelístico reivindica la polifonía y el discurso dialógico enclavado en el monólogo interior, pues las voces de las figuras históricas (Román Delgado Chalbaud, Pedro Elías Aristiguieta, Arévalo Cedeño y la severísima presencia de Juan Vicente Gómez) conviven comunitaria y paritariamente con el bullir lírico y conmovedor de esos personajes “menores” –ficticios o no- que todavía nos encantan y contentan (Manuel Martín, Liduvina, Cándida o Palmiro). La técnica narrativa no obedece al culto propio de la personalidad autoral, ni al fetichismo que se esconde detrás de los artificios del estilo. El fluir contingente y dialéctico de la conciencia, amén de la resbaladiza consistencia de las ensoñaciones, se integran en este encabalgamiento febril de voces que se regodean, contristan e incluso fornican en este homenaje agridulce a la Nostalgia. El inicio mismo de la novela, por fortuna, nos lo confirma sin apelar al irrespetuoso y onanístico ejercicio de la simulación: La mansedumbre de tu pelo seguía rasguñando el pasado. Nadie supo que tu mirada surcaba dos épocas. El porvenir se había mezclado en tu anciano proyecto de vida. El tiempo, expresado en forma de recio viento de piedemonte seguía camuflando tus dolores. Se trata de la voz agónica de Carmen, cuyo tenesmo amoroso y lúbrico por Manuel Martín se mimetiza en la asepsia del alcohol, el formol y las naves blancas y ponzoñosas del hospital. Por otra parte, Manuel se fue consumiendo en el denso despecho de la derrota: cuerpo y alma ajados por la mala y sórdida prisión. Sin embargo, la lectura excede el limitado mas necesario formato textual; esto es el tránsito dinámico que va del oficio de difuntos al jolgorio alcohólico y achocolatado del Día de los Muertos en México. La embriaguez y el hartazgo gástrico confunden las voces de los vivos y los muertos, de allí los pasos torpes y dubitativos de esta danza salvaje: La niebla de su tiempo continuaba convocándolo a batallas inmarcesibles, pero el asunto estaba en que yo residía aquí y contemplaría otras suertes y vicisitudes que deberían volver. ¿No nos recuerda este pasaje la precariedad del discurso historiográfico –si se desvincula de la vida misma- implícita en “Aura” de Carlos Fuentes? Los espantos y los espíritus chocarreros nos acechan aún, pues persisten sus fuentes infecciosas: la injusticia y la impunidad. Por lo que la decepción ideológica, la desesperanza y la irreverencia picaresca son los síntomas de la bipolaridad que aqueja a los venezolanos. La Calle Larga no es sólo la locación simbólica donde los cumaneses pasean su desobediencia y la amargura de la utopía postergada: Constituye un punto de encuentro para la majadera vocación por la libertad que nos reconcilia con Cruz Salmerón Acosta, Andrés Eloy Blanco y José Antonio Ramos Sucre.

La pasión oceánica de Nelson Guzmán, hecha verso y prosa, en lo multidimensional de la escritura transgenérica, o por qué no del oficio poligráfico, descansa también en la interiorización del paisaje sucrense. Se copia en el alma el alma del paisaje, tal como lo propone Salmerón Acosta en el soneto “Cielo y Mar”: Y pienso con obscuro pesimismo, / que mi ilusión está sobre un abismo / y cerca de otro abismo mi esperanza. La refundación poética de Cumaná oscila entre el cataclismo histórico y los sismos físicos que no han logrado doblegarla. Claro está, la tensión preside la relación amorosa y problemática del entorno marítimo y sus habitantes: La Calle Larga olía a cadáveres, a frambuesas y a dátiles (…) La derrota de la Calle Larga era el síndrome del retroceso, bajo la intolerancia todo era posible (…) La Calle Larga cuando el terremoto del 29 se llenó de peces, el mar perdió sus estribos y vino a comerse a la ciudad. Por supuesto, la reescritura del paisaje se intensifica en una diáspora física y existencial, patente en el desvarío de las voces endemoniadas en espacios como el Petare expresionista de Bárbaro Rivas, o la ciudad de París desquiciada por la prosa ebria de Bryce Echenique o correspondida por la condición felina de Cortázar. Encontramos una conexión con Conrad, Homero y la poesía de Ledo Ivo –sobre todo los grandes poemas que recrean su Maceió natal- y la del venezolano Freddy Hernández Álvarez impregnada de la salitrosa luz lúcida de Reverón. Incluso, Rufino Blanco Fombona se suma al desconsuelo que le provocó el martirologio del Falke: Se insurge uno a la idea de que todo haya desaparecido en un instante. Mientras se confirma la noticia de esta desgracia, permítase a la amistad adolorida una duda esperanzada: ¡quién sabe!

Otra de las aristas que se desprenden de su corpus narrativo, consiste en su inquebrantable vocación popular. Observamos que el boxeo, el habla y la música rocolera latinoamericana se insertan en el vínculo de lo culto y lo popular, de manera que el lírico discurso narrativo se fortalece en la diversidad del léxico. El decir apuesta a lo que Pablo Antonio Cuadra denominó Épica Desmitologizada: La conversa exteriorista, sin fuegos fatuos ni arrebatamiento barroco, propende a exaltar los íconos del fervor popular. La escuela boxística cumanesa de Hely Montes que crió a Alfredo Marcano, a Pedro y Antonio Gómez, soporta en la memoria el drama que comprende el auge y la caída de estos héroes dignos por siempre de nuestro afecto. El boxeo, si lo sabrá Nelson, está aferrado paradójicamente al desarraigo ontológico de los latinoamericanos: Palmiro amaba el deporte de las orejas de coliflor, un día caminó la ciudad de Cuimaná, estaba despoblada, en silencio. El destino le había ganado el último combate al Cruz Martín Marcano. Por tal razón, los combatientes del Falke, los boxeadores y cantantes como Gardel, Jaramillo y Lavoe se acompañan en la Colmena sediciosa y disociada que es nuestra mestiza condición: Éramos una ciudad fantasma, con abismos y sonidos de mar.



En Caracas, la odalisca que detesta a los sepultureros indolentes, el Día de los Difuntos del mes de noviembre de 2012.


Thursday, November 22, 2012

BIENAL SALÓN ARTURO MICHELENA EN EL EXILIO (1). José Carlos De Nóbrega


La Valencianidad de Origen y Orilla en retrato familiar macabro


Salmos Compulsivos


BIENAL SALÓN ARTURO MICHELENA EN EL EXILIO (1)

José Carlos De Nóbrega

La 66ta Bienal Salón Arturo Michelena es un vía crucis mustio y decadente, no sólo por su disposición en estaciones o locaciones (Galería Braulio Salazar, Gabinete del Dibujo y de la Estampa y el Centro Cultural Eladio Alemán Sucre), sino por la precariedad de la propuesta plástica del conjunto y, en especial, la depreciación evidente de la convocatoria artística misma. No queda otra, este Salón está bien muerto al igual que algunos de los eventos culturales organizados por la Universidad de Carabobo. Es un contrasentido de Perogrullo vincular el arte con el despropósito político, la ignorancia del funcionariato cultural y la mercantilización de cachivaches que los comisarios pretenden hacer pasar por bienes culturales y artísticos.

En esta entrega, nos limitaremos a comentar las dos primeras estaciones: la Galería Universitaria y el museo de los Topel Capriles. La instalación de Augusto Marcano, alusiva al Coliseo de Roma, peca de superficial y exhibicionista: los terrones de azúcar (o su sucedáneo plástico) remedan inútilmente la propuesta arquitectónica clásica; no hallamos ingenio ni vuelo estético que conmuevan al ojo. Martha Viaña Pulido pretende parodiar la imaginería kitsch, introduciendo al desconcertado espectador en cuatro espacios de una casa valenciana con certeza: el colorido chillón, desprovisto de encanto y delirio, tan sólo constituye una apología a su clientela potencial, sí, nuestra miserable y mezquina clase burguesa que confunde la profunda humanidad de Oswaldo Guayasamín con el conformismo copista y chic de Wladimir Zabaleta. Por otra parte, Aguedo Parra fracasa en un truco muy barato y manido: intentar colar una mala y aburrida pieza a costillas de un homenaje a Kandinsky y, peor aún, en el abordaje mediocre de los colores primarios. Por supuesto, no falta la mediática lectura superficial del momento político: Oscar Gutiérrez en Distopías y Constelaciones acuesta su perezosa propuesta en los catres del campamento militar, ello en la ausencia de la crítica al militarismo subyacente en la música de Argenis Salazar o en el genial film Patrulla Infernal de Kubrick. Tampoco nos parecieron dignos los trabajos de Silvia Degwitz ni ese espantoso tapiz de Adrian García que no reivindica ni desmonta el lenguaje del Cómic.

Sin embargo, no en balde la irregular calidad del Salón, destacan las obras de José Caldas (una revisión afortunada del género del Bodegón de magnífico colorido), José Vivenes (un sugestivo rostro mestizo en reposo que delata un dominio compositivo de fiar) y Paul Amundarain con su Entropía 1 y 2, un par de planchas abaleadas limpiamente en la denuncia de la violencia cotidiana que nos acogota sin piedad. También agradecemos otras dos piezas: El Mural de Pedro Domínguez (Jotashock) pintado a punta de spray que alude a los filmes de Ciencia Ficción clase B, tal es el caso de El Planeta de los Simios, y clara está la referencia a los cómics que los originaron, en una consideración crítica de la cultura pop que tanto ha influido en el arte contemporáneo; y el lienzo Pana mío de Julián Villafañe nos contentó por el tratamiento lúdico y poético del color, amén de su trazo afín al expresionismo alemán o local como en el extraordinario caso de Bárbaro Rivas. No podemos tampoco obviar nuestra complacencia por Desvanecer de Silvia Castro, pues el olvido y la muerte se van desvaneciendo a la par de la luz; la composición fotográfica que ennoblece y estudia el color rojo de Cristina Matos Albers; ese hermoso caballo de Arturo Correa que nos retrotrae las insólitas combinaciones cromáticas de las fachadas de La Pastora; o, finalmente, esa versión del Jardín de las Delicias en blanco, negro y rosa de Keyser Siso que explora el universo de la manga y el anime japonés. Nos vemos la próxima entrega sabatina, por supuesto, en la contemplación compulsiva de lo bueno, lo malo y lo feo.

Tuesday, October 30, 2012

PRESENTACIÓN DE LA NOVELA "NOSTALGIAS DE LA CALLE LARGA" DE NELSON GUZMÁN. VIERNES 2/11/2012, 6 PM, CELARG, CARACAS



Estimados Amigos: La Cátedra Ludovico Silva y la Red de Escritores Socialistas de Venezuela les invita a la presentación de la novela "Nostalgias de la Calle Larga" (Fundarte, 2012) de Nelson Guzmán, la cual se realizará en la sede del CELARG, ubicada en Altamira, Caracas, el día viernes 2 de noviembre de 2012 a las 6 pm. El evento contará con la participación de los escritores Luis Ernesto Gómez, José Carlos De Nóbrega y Joaquín López Mujica.


Thursday, September 27, 2012

LA PASIÓN OCEÁNICA DE NELSON GUZMÁN (ENTREVISTA). José Carlos De Nóbrega

La Pasión Oceánica de Nelson Guzmán (entrevista)

Por José Carlos De Nóbrega



He aquí el breve diálogo que sostuve recientemente con el poeta y antropólogo Nelson Guzmán, por supuesto, a propósito de la publicación de su primera novela Nostalgias de la Calle Larga (2012) bajo el sello de Fundarte. Este título va a la par de poemarios tales como Contertulios (2003), Ráfagas de Olvido (2004) y Muecas del Tiempo (2007). Además de su actividad docente y de investigación en la Universidad Central de Venezuela, Guzmán es directivo de la Red Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela y promueve en la sede del CELARG el punto de encuentro EN/CLAVE POÉTICA, el cual convoca diversas voces poéticas nacionales, consagradas e insurgentes por igual.

Tu trabajo poético ha anticipado no sólo la temática de la novela Nostalgias de la Calle Larga -en especial el episodio del Falke y el porteñazo-, sino el tratamiento poético del lenguaje. ¿Se podría hablar de poligrafía o discurso transgenérico en tu caso autoral?

En mi discurso hay una vuelta a lo primigenio del lenguaje, a la textualidad. Se trata de resarcir al hombre mediante la palabra al inicio. Esta novela está plena de lo remoto, nada queda sin significado, sin interés. Lo humano queda aferrado a ciudades remotas. Mi texto tiene como fragua el viaje, la intuición, las brújulas. Los personajes recorren nostálgicos la Calle Larga. Esta calle para los cumaneses es símbolo de la desobediencia, de la utopía sepultada por los golpes del destino. Cumaná en 1929 padeció el fracaso del Falke y el extravío del baquiano Merardo en la península de Araya significó a su vez la derrota de Pedro Elías Aristiguieta; estas cosas residen en nuestra perennidad de cumaneses. Añádase a esto el terremoto fatídico que tumbó la mitad de la ciudad. Naufragamos durante mucho tiempo en un mar de melancolías. Nostalgias de la Calle Larga nos revela una gramática de la pasión donde generaciones enteras sucumbieron a las laceraciones que los años veinte plantearon en el alma de los venezolanos. Los hombres lucharon en esta Venezuela atrasada porque estaban persuadidos de que era necesario perdurar.

Háblanos de la polifonía manifiesta en tu novela y sobre todo del discurso dialógico enclavado en el monólogo interior.

Esta es una novela de saltos dramáticos en su recorrido, cada voz nos habla de una postura del mundo, de unas motivaciones diferentes. Estas cadencias están dramatizadas en la Cumaná eterna que declina en las tardes y reaparece en las mañanas rutilantes. Esta novela muestra la relación de hombre y mundo, del ser y la nada. Nadie abandona en los siglos su corporeidad, los sueños siguen allí incrustados en los vetustos edificios de un mundo mágico y trágico. Los hombres están poblados de sus propias resignaciones. Delgado enarbola clamoroso su grito de guerra. Pedro Elías se conserva en su heroicidad, ha fundado un imaginario imperecedero, se ha convertido en un guardián de la ciudad. En saltos de garrocha el autor se psicoanaliza, se transmuta en otros, la ciudad interior guarda sus corolarios, sus creadores. La fina arena del mar nos toca en lo más íntimo, nadie quiere la cura, el sosiego, sino poder vivir. El autor nos trasunta el mundo desgarrado de generaciones enteras de la vida venezolana. El juego con el tiempo es mágico, los hombres aparecen y se encuentran por doquier. Todos los puntos de la narración son polifónicos. La idea matriz del autor es que nada desaparece, el imaginario todo lo conserva. La narración se da para que el lector se funda con su voz en estos siglos fenomenológicamente presentados como la Venezuela de las ansiedades.

Observamos que el boxeo, el habla y la música rocolera latinoamericana se inscriben en el vínculo de lo culto y lo popular, por lo que el poético discurso narrativo se enriquece en la diversidad del léxico.

En esta memoria hay historias locales, el boxeo y sus ídolos aparecen gratificantes en el recuerdo de hazañas memorables, Ramón Arias, Carlos Morocho Hernández y luego la generación de boxeadores formada por Hely Montes en Cumaná. Yo fui amigo personal de Alfredo Marcano, un día me lo encontré en Puerto la Cruz y le conté mi experiencia con el boxeo, aún no me había puesto los pantalones largos cuando mi tío Pablo me llevaba al Gimnasio Cabrujas a ver las prácticas de Pedro Gómez, Antonio Gómez, José Luis Vallejo, José García, Morochito Rodríguez y de muchos otros. Mi ídolo fue Pedro Gómez, este hombre poseía un gran carisma y junto con la generación de oro del boxeo cumanés escribió páginas inolvidables para la Primogénita del Continente americano. El boxeo es un músculo bien adherido a la piel de los cumaneses. Mi novela es un canto a Cumaná en sus cuatrocientos noventa y siete años de fundada la ciudad. Las imágenes de este texto son telúricas, los hombres son los mitos y se la juegan por ellos. Boxeadores como José Luis Vallejo (La Cabaña) y Cruz Marcano encarnaron la tragedia, fueron arrastrados por un país que ha pisoteado a sus hijos.

Es indudable tu pasión por lo marítimo. Encontramos una conexión con Conrad, Homero y la poesía de Lêdo Ivo. Por supuesto no podemos olvidar la refundación poética de Cumaná en el exilio.

El mar lo es todo en esta novela. Los hombres se saben determinados por lo absoluto. Las azules aguas del golfo de Cariaco y de la Península de Araya están allí resaltando su prestancia, modelando una vida que se puede dar como instante. En esta novela los hombres escogieron el camino de la Coquera para volverse inmortales, para expresarse en esa ceremonia de olvido y de memoria que es la vida. Aquí emerge desde los confines del alma de esta novela la ciudad invisible, aquella que sabe de los hombres que enfilaron sus armas para batirse en las guerras civiles, pero que finalmente fueron batidos por un movimiento telúrico que los dejó aposentados en la greda, en la tierra que es nicho de caracoles muertos y de restos de osamentas de animales marinos. Ciudades como Cumaná y Cubagua discurren en un tiempo único que se precipita en los giros del lenguaje, en sus cesuras. Esta novela es un miasma de lo intranquilo, de la necesidad del espíritu de hacerse real. Los hombres aparecen en esta novela en toda su vulnerabilidad y sus mediaciones.



Monday, September 03, 2012

ENTRETEXTOS: Poéticas del Ojo. Francisco Arévalo

ENTRETEXTOS/Francisco Arévalo

Poéticas del ojo



Poéticas del ojo, una mirada impertinente acerca de las artes visuales (1999-2008). Carlos Yusti. Ediciones El Perro y la Rana. Colección Armando Reverón. Serie Laberinto. 235 páginas.



Comentar un libro de un pana es un atolladero. Suele ser un trance angustioso donde uno teme meter un miembro inferior o medio cuerpo en el error. Es más fácil comentar libros de gente desconocida, fuera de la complicidad afectuosa, porque si se comenta algún entuerto o algún desacuerdo, ese señor lo que más puede es nombrarme a mi progenitora y ella ni se enterará y tampoco yo, pues me haré el Güili como hace la mayoría en este país de gente intoxicada por lo light y cierta indiferencia que a veces uno cree es ignorancia y no es más que comodidad porque otro hará lo que a ti te corresponde o el pendejo de atrás que resuelva. Por ley natural algún día llegaremos a puerto seguro, ojalá y no sea ruinosos y con las tablas del navío en la cabeza.



Vuelvo con lo del comentario del libro de Carlos Yusti, porque tenía pautado hacerlo el domingo 26 de agosto a las 2:30 de la tarde en nuestro Parque Cachamay en el marco de la no sé qué edición de la Feria del Libro gubernamental, capítulo Bolívar, pero la tragedia de Amuay nos suspendió la conversa. Será el sábado 22 de septiembre en la Sala de Arte Sidor, a las 11:30 am, que lo haremos llueva o relampaguee. Por supuesto que yo no iba a leer, iba a intentar explayarme sobre esta recopilación de apreciaciones escritas, concentradas esta vez en las artes plásticas nacionales e internacionales. Carlos es multidireccional en lo relacionado a crítica literaria y estética general. Por cierto que las nacionales me conmovieron; recordé a ese extraordinario pintor que es Francisco Guerra España (Don Chicho) y que a mi entender, dentro de la ignorancia propia de quien ve y aprecia la vida en colores (en este caso el que escribe) no es nada ingenuo sino un ser humano sensible y excepcional cuyo instrumento es un pincel, habitante de nuestro barrio Los Monos de Puerto Ordaz. Ese recorrido nos lleva también a Juan Loyola. Si viviera me gustaría saber cuál sería su obsesión en estos tiempos de turbulencia; Miguel Von Dangel; Juvenal Ravelo; Roger Herrera; Jesús Carneiro; María Eugenia Catoni; Montse Morillo, esto en lo que tiene que ver con los nuestros. La segunda parte consta de artistas de otros países donde destacan: El Bosco; Andy Warhol; Jean Michel Basquiat; Francis Bacón, Christian Boltansky… Es la última parte titulada Ensayos sobre arte, donde Yusti da a conocer su vehemencia y criterio estético aunado al de un lector erudito de los movimientos plásticos que se han movido en el amplio espectro mundial. No olvidemos que el autor también es un provocador de vuelo alto que ha incursionado en la pintura y la caricatura manteniendo siempre un perfil audaz que trata de pintar con la ingenuidad de un niño pero manteniendo los criterios de un adulto: sus mujeres (pintadas) son de una lascivia que atosiga, sensualidad y sugerencias que van a destrozar las formas femeninas implantadas desde los centros del mercado humano de hembras.



Tengo amistad con Yusti desde hace tres décadas, nos conocíamos por referencias e inevitablemente cuando nos vimos cara a cara hubo empatía y acuerdo en la manera de ver lo que nos rodeaba y vivimos la intensidad de la inquietud en un país donde lo que sobraban eran buenas intenciones, pero como dicen en las esquinas de la picaresca con eso no se preña: se necesita mucho sudor y movimiento y a decir verdad aquí le dejamos el país a los menos indicados: los incultos, los impostados, los aduladores, los roedores y, los más peligrosos, los resentidos que no se cansan de utilizar como cuña la predestinación mesiánica que da paso al todo desacomodo peligroso que va en hondo progreso. Todas estas variantes ya pasaban por nuestras cabezas tres décadas atrás. Ante eso sólo nos quedó el recurso de la escritura y, por supuesto, el de la lectura como principio hasta ético de la vida. Asumimos un compromiso con la palabra que, haciendo una retrospectiva, no para queja, a pesar de los Corleones de la literatura y la cultura (palabras de él) que siempre ignoran adrede y creen que porque vivimos en el otro país (así nos dicen en otras latitudes) no pensamos más allá de nuestras narices. Ese otro país que le ha resuelto la vida de forma y fondo a una cáfila de malandros disfrazados de funcionarios y otros títulos inventados por el trance que vivimos, y que me temo no va a pasar nada porque este país no ha variado desde que José Ignacio Cabrujas (quien tenía parecido con el personaje motivo de estos dislates) lo comparó con un hotel donde cada huésped que toca el poder deja las cosas peor que como las consiguió. Estamos muy jodidos porque de la renta petrolera vivimos todos y roen sustancialmente los de siempre: los aduladores, los lobiteros, los parapetos con títulos de empresarios que de 30 años para acá descubrieron que política y negocio es ganar-ganar y los demás que se masquen un cable o coman pasto del que aquí sobra.



En una tarde de cervezas, mientras me hablaba Carlos de sus Poéticas del Ojo, hicimos esta radiografía de esta tierra que nos duele en los huesos, pero teniendo claro que escribir es una manera de amar este país de equivocaciones a veces divinas. Carlos tiene en su haber varios libros publicados: Pocaterra y su mundo (91), Vírgenes necias (94), Cuaderno de Argonauta (96), De ciertos peces voladores (97), Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasion (2006) y Dentro de la metáfora (2009).



Mi buhardilla tiene en sus paredes, colgadas alrededor de una docena de dibujos que me han dado, el itinerario de Carlos Yusti en su oficio de escritor y pintor en serio. Por supuesto que ninguno de esos cuadros los he movido de su sitio, ni siquiera en los tiempos de los desencuentros y las indisposiciones que las hemos trabajado con discreta distancia, pues el tiempo nos ha creado a ambos un catálogo de amigos detestables o insufribles. Ni siquiera eso ha mellado el respeto que nos tenemos como oficiantes de algo que en estos tiempos de frivoleo pudiera parecer trabajo de desahuciados, pero cómo gozamos haciéndolo, sobre todo en esta ciudad de clanes y bandas nada santas. Bienvenidas esas Poéticas del Ojo.





Friday, August 24, 2012

120 OBRAS ANTOLÓGICAS PREMIOS ARTURO MICHELENA (CONVERSATORIOS).MUSEO DE ARTE VALENCIA (ATENEO DE VALENCIA), DEL 6 al 27 de septiembre de 2012

120 OBRAS ANTOLÓGICAS PREMIOS ARTURO MICHELENA (CONVERSATORIOS). LUGAR: MUSEO DE ARTE VALENCIA (ATENEO DE VALENCIA), AVENIDA BOLÍVAR NORTE A UN PALMO DE LA ESTACIÓN CEDEÑO DEL METRO. REPROGRAMACIÓN.


                                           Cena en el éxodo de César Rengifo




- 6 de septiembre 2012, 3 pm, “Significado de las Artes Gráficas en el desarrollo de mi obra”. A cargo de Luis Noguera.



- 13 de septiembre 2012, 3 pm, Bugallo por Bugallo.



-20 de septiembre 2012, 3 pm, Crónica compulsiva del Salón Arturo Michelena: Desde sus inicios hasta Javier Téllez. A cargo de Angulo y De Nóbrega.



-27 de septiembre 2012, 3pm, Ceramistas en el Salón Michelena. A cargo de Marta Iribarren.

CRÓNICA COMPULSIVA DEL SALÓN MICHELENA: DESDE SUS INICIOS HASTA JAVIER TÉLLEZ (CONVERSATORIO REPROGRAMADO). Ateneo de Valencia, jueves 20/9/12, 3 pm

Crónica compulsiva del Salón Michelena: Desde sus inicios hasta Javier Téllez (Conversatorio REPROGRAMADO)



Fecha y hora: jueves, 20 de Septiembre de 2012, 3 pm.

Lugar: Museo de Arte Valencia (Ateneo de Valencia), avenida Bolívar Norte a un palmo de la estación Cedeño del metro.

Infrmación adicional:

Los escritores Luis Alberto Angulo y José Carlos De Nóbrega conversarán en torno a su apreciación  personal del Salón Arturo Michelena. Comprenderá una panorámica lúdica y crítica de tal confrontación artística desde sus inicios hasta la obra de Javier Téllez. Jueves 20 de septiembre de 2012, 3 pm.

EN/CLAVE POÉTICA: UN ENCUENTRO CON LA POESÍA DEL DECIR (4)

EN/CLAVE POÉTICA: UN ENCUENTRO CON LA POESÍA DEL DECIR (4)


José Carlos De Nóbrega

                                                         Ilustración de Yilly Arana    

Todavía no me canso de decir que Juan Calzadilla (1931) es el poeta más joven del país. A sus veinte años de edad poética y artística, sigue obsequiándonos libros y dibujos asombrosos. Su actitud crítica y traviesa ante la vida persiste con terquedad: Su propuesta plástica, por ejemplo su Poética visiva y continua, vincula el dibujo y la poesía con absoluta impunidad; es caligrafía que recrea en el museo  un maravilloso circo que complacería a Mateo Martán, atenuando así el dolor de su alma escindida y astillada. El poeta abre el cuerpo del poema para escrutar las almas resbaladizas de los espectadores; dialogamos con nuestro amigo en el vouyerismo de la ranura que nos invita a dar el gran salto. Los libros de Juan tienen un indudable carácter objetual, pues son tocables y nos tocan de la única manera posible, esto es por vía de la Poesía del Decir. Tomamos estos cuerpos escritos con una dosis de simpatía, complicidad y sumo placer: Agendario (1988) nos demuestra una vez más su visión cruda, irónica pero amorosa de la ciudad; el estrecho e inútil formato de la agenda se convierte en la cama sobre la cual se revuelcan cuerpos desnudos, bestias y versos insólitos. ¿Qué decir de la inmediatez poética de Noticias del Alud, ese breve poemario que embiste la hipocresía de los medios de comunicación y la compasión de beatos y pequeños burgueses ante el deslave de Vargas? Si revisamos su más reciente antología personal, Ecólogo de día feriado, no nos sorprende que el discurso poético de Juan transite impunemente entre el tratamiento de la imagen surrealista de Ciudadano sin fin y la Poesía del Decir que hoy día ennoblece la lectura cómplice del mundo. Como bien observara Miguel Márquez, la terca rebeldía de Juan Calzadilla no ha claudicado ante los accidentes históricos que le ha correspondido ver y criticar: Su poesía es multiforme, pues asume indistintamente la lírica del rock o el punk, las pintas obscenas y cómicas en las paredes de los espacios públicos, o la impostura discursiva de los manuales de instrucciones que ponen nuestro mundo de cabeza. El discurso transgenérico no es pose intelectual ni diletante experimentalismo vacuo, sino la encarnación deliciosa del juego de la línea y la palabra: “En nuestra ciudad hay muchas variedades / de perros y una sola especie / de ciudadano: el perro”. Si bien un guariqueño, Enrique Mujica, nos enseñó a escuchar y saborear el habla llanera en tanto trapiche –almacén, inventario y alambique-, este muchacho de Altagracia de Orituco hace otro tanto en el abordaje lúdico y combativo de la ciudad: “como jonás lleno de incertidumbre / moré en el vientre de la ciudad”. No hay una preocupación compulsiva por el estilo, pues las flores de papel de seda no son más que un triste remedo de la realidad circundante; se trata de decir las cosas con la propiedad y la soltura que necesita el coito de la voz poética con el mundo, no importa si el tenor es dramático o sardónico.

EN/CLAVE POÉTICA: UN ENCUENTRO CON LA POESÍA DEL DECIR (3)


  EN/CLAVE POÉTICA: UN ENCUENTRO CON LA POESÍA DEL DECIR (3)

José Carlos De Nóbrega

Enrique Mujica (1945) nació en San Juan de los Morros. Este guariqueño es profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo. Fue vicerrector académico de la Universidad Rómulo Gallegos. Su obra poética ha recibido recompensas tales como el III Concurso Literario de la Facultad de Ciencias de la Educación de la U.C. (1972), el premio José Rafael Pocaterra por Las Formas del Verano (1978) y el de la Bienal Mariano Picón Salas (1998) por Tintas Quemadas. A ambos títulos se suman los poemarios Cada vez más ausente (1975), Ejercicios para el olvido (1979), Intentos (1979), En un simple movimiento de lo infinito (1981), Fondo y Espuma (1980), Vaquería (1992), Vigilia de los metales (2004), POEMAS DEL DECIR (2005) y las colecciones Obra Poética 1970-2000 (2001) y Antología poética 1970-2008. El volumen que comprende su “Obra Poética” de treinta años, coincidió por fortuna con el trigésimo aniversario de la revista POESÍA, en la cual ha participado activamente. Esta vasta obra trae necesariamente consigo una fructuosa relectura de sus poemarios, enclavados en lo paradojal del acto poético: descifrar el mundo para hacerlo más complejo y asombroso. La voz poética desdice desde el inicio la unidimensionalidad y la chatura del mero formato escrito; por ejemplo, constatamos en títulos como Las Formas del Verano y Vaquería una hermeneútica del paisaje sin un ápice de ruido y barroca pirotecnia. En síntesis, Enrique Mujica apuesta por los contenidos concretos de la Poesía, fundados en la mirada atenta y originaria de la belleza de las cosas. La Poesía no es un ejercicio lingüístico presuntuoso, más bien nos emparenta en la contemplación emotiva y visceral de nosotros mismos contrapuestos a un mundo cotidiano pero inédito, dispuesto a ser develado y seducido. Concebir el poema desde imágenes poderosas que recreen al mundo, en la ausencia de viles dispositivos retóricos, sólo conduce a la poesía del decir. La militancia poética no será condicionada jamás por la urgencia apresurada y estandarizada del momento político o artístico, mucho menos mediatizada por alcabalas partidistas y/o estéticas. La Poesía del Decir es compulsión por la vida que conversa con el Otro y, por ende, consigo misma. El discurso poético cobra una transparencia sin par, antítesis irreconciliable de grises veladuras neblinosas que extravíen a hacedores y lectores en una daltónica comparsa.

Otro tanto a su favor lo constituye su obra como narrador. Respecto a la novela Acento de Cabalgadura (reeditada en 2009), quisiera destacar, entre sus numerosas virtudes, tres grandes rasgos a saber: su discurso transgenérico ajeno a abstrusas maromas excéntricas; la simplicidad y riqueza de su musical inventario léxico; y la interiorización del paisaje por vía de la metáfora viva que juega con la filosofía de las artes y los oficios de nuestros campesinos, sin la necesidad de lanzarle peos al Diablo. El discurso narrativo funde la novela y el cuento en la impune vinculación del arte con la vida. Nos suena a los cuentos de la llanura y el habla en octosílabos que ennoblecen las faenas del campo, amenizan las noches de parranda y construyen el dilatado imaginario campesino. El volumen de cuentos Cartel de Feria, publicado recientemente por la editorial El Perro y la Rana, increpa duramente a la artificialidad postmoderna en el oficio de contar una historia que nada dice; el conjunto completa un ejercicio descarado de antiliteratura y sabrosura oral que convive felizmente con el ciudadano anónimo de a caballo, de a pie o de a transporte público urbano.




Monday, August 13, 2012

EN/CLAVE POÉTICA: UN ENCUENTRO CON LA POESÍA DEL DECIR (2). José Carlos De Nóbrega

EN/CLAVE POÉTICA: UN ENCUENTRO CON LA POESÍA DEL DECIR (2)

José Carlos De Nóbrega



Luis Alberto Angulo (1950) es oriundo del estado Barinas, específicamente de Barinitas. Trabaja en el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Tiene publicados los poemarios Viento Barinés (en coautoría con su padre, 1978), Antología de la Casa Sola (1981), Una niebla que no borra (1986), Antípodas (1994) y las colecciones Fusión Poética (2000) y La sombra de una mano (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2005). La obra poética de Luis Alberto Angulo gusta mucho del claroscuro, del desbordar fronteras, de la fusión de experiencias y lecturas diversas, pero no por ello carentes de validez y autenticidad. Al modo de las buenas piezas del jazz fusion o el World Music, en las que elementos variopintos se ensamblan en un todo y no de manera diferenciada. Hay, por supuesto, una preocupación por el mundo cotidiano que excede la abulia, la monotonía y la mezquindad.


Este universo poético personal de Luis Alberto Angulo nos revela dos cosas: la insistencia compulsiva en una poética del Decir, la cual implica a su vez la revisita de voces precedentes pero contemporáneas en el contentamiento y la contristación (los místicos españoles, la copla popular llanera, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ernesto Cardenal y Juan Calzadilla, por ejemplo); y, en especial, una propuesta escritural propia que se detiene a reflexionar consigo y sobre sí misma, sin el ceremonial fastuoso de ejercicios metapoéticos mal habidos y peor escupidos en el papel. La transparencia de la línea poética es mucho más intensa y militante, pues no sólo involucra su obra en verso como tal –desde la copla popular de “Viento Barinés”, pasillaneando por el intervalo que comprende “Antología de la casa sola” y “Antípodas”, hasta el Tercer Milenio encabezado con “Poética del Decir”-, sino también la curiosa simbiosis del compilador y el ensayista patente en sus colecciones (¿aproximaciones?) poéticas de Miguel Hernández (2005 y 2010), Ernesto Cardenal (2005) y San Juan de la Cruz (1992). ¿Qué se entiende entonces por Poesía del Decir? El texto poético “Del decir” supone –mejor aún, dice- un Ars Poética contundente e inmediata que apuesta al diálogo en tanto antípoda del oscurecimiento expresivo y formal: el poema nos reconcilia con la humanidad, ello por vía de imágenes elementales edificadas en la ausencia de envilecedores artificios retóricos. Advierte también que no es escuela ni tendencia a estar condenada -a su exhibición y venta- en las tiendas de abarrotes regentadas por el academicismo literario y/o el despropósito político; por el contrario, es poesía viva que establece puentes y pasadizos comunicantes entre lo clásico y lo moderno, lo culto y lo popular, la tradición y la apostasía, como alternativa contracultural al status quo. Por supuesto, la claridad conceptual respecto al oficio poético es consecuencia de su peculiar imaginería: encrucijada y fusión de hablas (la del llano y la del piedemonte andino, para luego incorporar la urbana) que lo retrotrae al lenguaje salvaje de la infancia. Bien lo dice Lêdo Ivo en carne propia: En el racionalismo de los poetas, está siempre presente la nostalgia de la locura. En resumidas cuentas, la Poesía del Decir no puede ser abordada como un mausoleo a ser despedazado por académicos y arqueólogos hundidos en la más arrebatadora arrogancia.

  

Monday, July 30, 2012

EN/CLAVE POÉTICA: UN ENCUENTRO CON LA POESÍA DEL DECIR (1). José Carlos De Nóbrega

Salmos Compulsivos



EN/CLAVE POÉTICA: UN ENCUENTRO CON LA POESÍA DEL DECIR (1)


José Carlos De Nóbrega



Agradecemos a Nelson Guzmán que nos haya invitado a una sesión más del ciclo “EN/CLAVE POÉTICA”, evento literario de su autoría y su especial celo organizativo. Fue muy cálido el recibimiento en esa magnífica sala de lectura del Centro de Estudios Rómulo Gallegos que lleva el digno nombre de Isaac Pardo. El miércoles 18 de julio de 2012, sin importar las colas en la “Autopista del Sur” o esa calle larga denominada Autopista Regional del Centro, compartimos la Poesía del Decir con Gonzalo Ramírez Quintero, Luis Alberto Angulo y Enrique Mujica. He aquí el inicio de mi aproximación ensayística a la obra poética de estos altísimos panas.

Gonzalo Ramírez Quintero (1965) es, no obstante su discurso a contracorriente de lo política y gramaticalmente correcto, un poeta del Decir. Aprovechamos la ocasión para preguntarle por la revista Día-Crítica, ese necesario y bello objeto de papel que es la pinta rebelde en rojo y negro que se aferra al soporte de concreto. Poeta y Director, nuestra colección se quedó en el séptimo número. Esperemos, por lo menos, 73 números más. Tuvimos el privilegio y el placer de conocer su breve y contundente poemario “Ciudad Sitiada”, compulsiva y explosiva aproximación a Caracas por vía de la palabra viva, contingente e inmediata, ajena por demás a la artificialidad del estilo y entusiasta en el compromiso por la vida. Así nomás, teniendo como hermanos mayores a los poetas César Vallejo y Miguel Hernández, militantes conspicuos del Decir y la Praxis en Revolución. La poesía de Gonzalito se nos antoja un gran salmo desparramado y caudaloso que insiste en la enumeración de voces dispares, sensaciones e imágenes místicas tocables. Esto es espontánea fluencia inexplicable de la palabra que se deja oír con claridad, para incrustarse paradójicamente en la calidad fragmentaria y antigramatical del poema. La ciudad sitiada, no sólo nos remite a la Caracas masacrada de febrero de 1989, sino al éxtasis místico y poético de la voz en pleno exilio interno, eso sí, masticando la amarga cena previa a la libertad que se esconde detrás del desmadre político y social. Por supuesto, nuestro corazón no puede obviar ese sentido texto elegíaco dedicado a Solimar Cadenas: oración fúnebre cuyo afluente y abrevadero es la compulsión por la vida, con sus idas y vueltas, la apología a la belleza fundada en la crueldad de este disparatado mundo. Supone conversar con nuestros muertos, contristarnos y celebrarnos al mismo tiempo:



Para no rendirse

y cantar.



No en vano

y sí en vilo.



Talita cum,

Talita cumi.



Saturday, July 07, 2012

LABERINTO DE PAPEL O DE LA FESTIVIDAD REVISITADA. JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA




Salmos Compulsivos
LABERINTO DE PAPEL o de la festividad revisitada.

José Carlos De Nóbrega.



La estabilidad, la alegría y la libertad se logran mucho más fácilmente si las practicamos y compartimos en comunidad con otras personas.

Thich Nhat Hanh, monje budista.



En el típico régimen pactista universitario, todo buen proyecto se va desfibrando y mediocrizando a lo largo de su realización concreta.

Ángel Rama.



La revista "Laberinto de Papel" excede su formato y excelente diagramación al constituirse en terreno propicio del encuentro y el diálogo entre amigos. Por fortuna, no es una postal hemerográfica ni un mero apéndice alusivos a las Ferias Internacionales del Libro que organiza cada año –desde hace once- la Universidad de Carabobo. Ni mucho menos una publicación periódica en el que coexisten los pactos político-burocráticos que pervierten hoy a las universidades autónomas y el autoelogio propio del fracaso editorial, por supuesto, se trata del repulsivo caso de la revista como instancia mezquina de relaciones públicas. No es difícil entregarse a una placentera y sentida lectura de sus páginas, arrellanado el lector en el sofá y acariciada la felpa verde de vez en cuando por una mano ociosa. Hoy nos encontramos a la expectativa de la presentación de su quinto número, dados los aciertos y la gran calidad editorial de las cuatro entregas anteriores. Por supuesto, un equipo encabezado por Rafael Simón Hurtado, el poeta José Joaquín Burgos, la diseñadora Coralia López Gómez y el fotógrafo José Antonio Rosales, es el responsable de esta estupenda y querida empresa. Valga mi elogio y agradecimiento, pues Rafael Simón le ha abierto incondicionalmente las puertas de la revista a mi contingente y caótica obra ensayística (de los cuatro números publicados, mis líneas nerviosas y compulsivas se han deslizado tres veces en su papel glasé). Asimismo, el hecho de encontrarme rodeado de las voces de amigos y escritores tales como Carlos Yusti, Pedro Téllez, Slavko Zupcic, Marisol Pradas, Jesús Puerta, Orlando Chirinos, Guillermo Cerceau y Rafael Simón Hurtado, me sugiere que la revista es un jolgorio anarquista y una comparsa festiva por demás ruidosa y abigarrada. Claro está que grandes firmas han engrandecido y enriquecido el contenido bien dispuesto de los pasadizos y pasillos de este Laberinto de las Letras Latinoamericanas: Fernando Báez exorcizando a los afectados camisas pardas y negras que danzan como idiotas ante el holocausto y la quema de los libros; las confesiones asombrosas de lectura dibujadas por Carlos Monsiváis con la maestría de José Luis Cuevas u Oswaldo Guayasamín; la prosa de Vargas Llosa jugando y fundiéndose con la del Quijote de Cervantes, modernísima voz en tanto antecedente de la escritura transgenérica; o el ejercicio transdisciplinario que acomete Pedro Lastra al conversar sobre Poesía y Exilio. Laberinto de Papel no es un mausoleo de las letras ni tampoco de la fotografía: los textos se iluminan en la vecindad del maravilloso trabajo fotográfico de Mariano Díaz, José Antonio Rosales, Víctor Hernández y Orlando Baquero. El mosaico gráfico exhibe procesiones fantásticas fijadas en blanco y negro; el apacible rostro barbudo de José Manuel Briceño Guerrero en un éxtasis filosófico y poético; un shaman ataviado de pigmentos rojiverdes en la inmemorial contemplación lectora de fuegos reveladores; o los objetos que descoyunta el agudo lente de Orlando Baquero: libros, homúnculos de madera y arcilla, o dijes de metal atrapados en un mar de letras ígneas. El número 4 exhibe por igual el trabajo fotográfico colectivo de diez creadores que configuran la muestra "Cada ciudad es un libro" y la picante propuesta individual de Víctor Hernández en "Historia de dos ciudades". Si a ello le adosamos la magnífica diagramación y acomodo de los elementos textuales y gráficos a la manera de un ágil y apetitoso ready made, los ojos y las nalgas de atentos usuarios lo agradecerán en el morbo y el solaz de la lúdica lectura.



Seis años después, Rafael Simón atiende nuestra fastidiosísima rogativa en un ejercicio de tozudez sin par: nos anuncia que está en la calle la quinta entrega de "Laberinto de Papel". Esta vez dedica un gentil y apóstata espacio al tema del erotismo: Comprende la experiencia plástica de José Moreno; las crónicas históricas y libidinosas del periodista peruano Giancarlo Huapaya; la vinculación esencial entre lo literario y lo erótico en el discurso transparente de Vargas Llosa y Harold Alvarado Tenorio; o un texto ensayístico del escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum que lleva como título "La necesidad estética del amor", susceptible por supuesto a la más deliciosa de las anticipaciones de contenido que pueda experimentarse.



Apostamos por augurar una segunda etapa más estable y productiva de la publicación, muy a pesar de la decadencia y el despropósito de la universidad que de manera insólita la auspicia. Sí, agradecemos que aún persistan voces -escasas pero sin embargo imprescindibles- como las de Rafael Simón Hurtado, pues no todo está perdido y, parafraseando a José Ángel Contín, este basurero cuenta todavía con algunas probabilidades de ser mejorado. Se sobrevive entonces con los zamuros girando en lo alto y a nuestro alrededor.



En Valencia de San Desiderio, noviembre de 2006 - jueves 5 de julio de 2012, valga este largo intervalo de espera.

EN/CLAVE POÉTICA: RECITAL DE MUJICA, ANGULO, RAMÍREZ Y CALZADILLA. MIÉRCOLES 18 DE JULIO DE 2012, BIBLIOTECA ISAAC PARDO DEL CELARG, CARACAS, 6 PM


Estimados Amigos: El Grupo Literario Enriqueta Arvelo Larriva y el Grupo Li Po les invita a otra sesión de EN / CLAVE POÉTICA, organizada por el escritor Nelson Guzmán, esta vez con el recital de los poetas Enrique Mujica, Luis Alberto Angulo, Gonzalo Ramírez, Juan Calzadilla, la cantautora Gladys Urbina y el ensayista José Carlos De Nóbrega. La cita es este miércoles 18 de julio de 2012 a las 6 pm en la Biblioteca Isaac Pardo del CELARG (Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos).

Monday, June 25, 2012

DOS POETAS PORTEÑOS EN VALENCIA DE SAN DESIDERIO. José Carlos De Nóbrega

DOS POETAS PORTEÑOS EN VALENCIA DE SAN DESIDERIO

José Carlos De Nóbrega



¿Y qué es en verdad un cuerpo sino los

últimos minutos de una fiesta?

Freddy Ñáñez.



Es harto gratificante toparnos con voces poéticas en las que impera un decir transparente, sin que importe lo generacional. Aquí y ahora celebramos la presencia de dos poetas que hacen vida en Puerto Cabello: Mirih Berbín (Ciudad Bolívar, 1983) y Arnaldo Jiménez (La Guaira, 1963). Nos referiremos a sus poemarios más recientes: “Mareas” de Berbín y “Caballo de Escoba” de Jiménez. Ambos libros recrean el paisaje de la costa y el mundo de la infancia recobrada respectivamente. Realizaremos un paseo lúdico y placentero en ese mismo orden.

“Mareas” es una colección poética solar: Manifiesta una sed irreductible por la luz que la vincula a Armando Reverón y Friedrich Nietzsche, dos de sus profetas más conspicuos. Efectivamente, “El sol se oculta, no se va: No pierdas el rayo de luz / que se asoma en tu boca // no desperdicies tus abrazos / en la noche // Aguarda la mañana / y ven”. El poema breve no se justifica en la economía expresiva del discurso, por el contrario, apuesta por el acceso inmediato y enamorado del objeto poético: “juego a dejarme llevar / en esta hoja en blanco que desnudo / para ver las playas de tu luz”. Las palabras y las blancuras del silencio se apropian del paisaje interior por oleadas: el tríptico poético (Soles, Oleajes y Resacas) introduce otro poemario (I-XII) que completará este mosaico marino. El cuarto libro o la cuarta parte propuesta, nos parece un texto de búsqueda interior que colinda con el misticismo cristiano de San Juan de la Cruz, o las novelas de formación de Hermann Hesse. Es notable, a tal respecto, el poema VII: “Hurgar en lo más profundo / hacer de eso un hogar / es algo que consume”. La iluminación de adentro no implica una escritura apolínea y unívoca: la voz se transparenta en la contingencia, la caída, la denuncia ética y la configuración de un ars poética personal. Sometámonos a la confesión descarnada del poema IX: “me convertí en noche / hasta no tener idea / de cómo empecé a ser un esqueleto / sin sepultura / sin epitafio”. O poner en evidencia nuestro afán destructivo y caníbal: “pisotea todo / mientras se cambian las piezas / que lo hacen cárcel”.

La interiorización del paisaje costero y marino marca el corpus poético hasta la conmoción: “El lenguaje de las olas / rompe el fuego peligroso / que se viste en una piel lozana y brillante // deja rodar en todas direcciones / sus grandes y verdes ojos”. “Oleajes” nos recuerda una magnífica fotografía de Luis Alberto Angulo en la que un perro mestizo se revuelca placenteramente en la playa: “Sabueso del destino / permanecí en calles / flanqueadas de pulgas / desaparecí kilos del alma / choqué contra mares inhóspitos”. Caminamos, al punto, la estrechez de las calles porteñas para desembocar en La Alcantarilla. Los perros realengos trafican, negocian y se emborrachan de aguardiente y carne alquilada en sus innumerables garitos. El tratamiento de la luz se mueve entre la estridencia y la placidez: En “Playa nocturna”, por ejemplo, la mirada encandilada busca reposo, no en balde “trepan por palmeras / mis instintos / chocan con líneas / que electrocutan mentiras”. El salitre deprecia no sólo al cuerpo, sino también a la búsqueda del ser.

“Caballo de Escoba” es el cuarto volumen poético de Arnaldo Jiménez. Nos complace su lindura como objeto: la portada de Javier Téllez y su apariencia de catálogo artístico. Por supuesto, este poemario es fundamentalmente un obsequio con el que juegan sus dos hijas, Gabrielys y Gracielys. Se trata de recobrar la infancia, el origen de los sueños pospuestos por una adultez desencaminada en la producción y el consumo de bienes. El poema homónimo del libro no sólo reconstruye la infancia, sino también nos remite a la relectura poética de Orlando Araujo, Teófilo Tortolero y Enrique Mujica: “un día mi caballo de escoba / empequeñeció // y escuchó dentro de mí / el relincho de su propio agotamiento // así cabalgó hasta desvanecerse / en el sucio adiós que mis palabras / dejan caer sobre esta hoja”. En “Cajas”, la voz poética deviene en sujeto y objeto a la vez, pues la travesura embochincha “La Tienda de Muñecos” como estancia e instancia intertextual: “la llegada de mis hijas / le devolvían calor a las cosas / y todos los muñecos / nos salíamos de las cajas / y jugábamos a vivir”. Recobrar la niñez no sólo en la evocación y el garabato juguetón, sino en el uso primigenio y transparente del lenguaje que apuntala a la Poesía del Decir: “da miedo no entenderse / no encontrar el comienzo / del enredijo / (…) / al nacer somos exactos / después un amasijo de rayas”. La ventana desparrama el verdor del parque en la casa, la cual se convertirá en un circo comunitario y amoroso: “después de esa calma / mis hijas y yo / nos ensuciamos de horas / juguetes de nosotros mismos”. Bien nos lo dice Susan Sontag, resulta desalentadora la fealdad del adulto a la luz de la perfección del bebé: “la visión aumentada es desconcertarse con las imperfecciones”.

Una diversidad de objetos sirve de pretexto para el lúdico retorno: los muñecos, los amuletos, la arcilla entre las manos, la escoba, un perol de agua. El juego constituye una de nuestras primeras actividades de socialización, amén de simular el curso mágico y posible del mundo. He aquí un cancionero que supone un elogio entusiasta a la imaginación, afín al espíritu de estos versos de Rosalía de Castro: “¡ai, con qué prisa voara, / toliña de tan contenta, / para cantar a alborada / nos campos da miña terra”. “El sudor de las partidas” explora la figura del padre, temática abordada por voces poéticas nacionales como Reynaldo Pérez Só, Ramón Palomares, Teófilo Tortolero y Pepe Barroeta. Oigamos atentamente este conmovedor ejercicio que le honra: “no hundas tu lejanía / en el temor que siento / de tropezarme / con tus ropas / y no poder quitarme / el sudor de las partidas”. La diafanidad radical del discurso poético facilita los notables dividendos rítmicos, melódicos y expresivos de esta propuesta: “si ellas supieran de la mesa en el alma / y reunieran la sed / hasta nacerme senos de padre // yo ganaría transparencia / y no tendría astillas mi horma”. “Carta a la muerte” significa un pertinente cierre del ciclo, paradójico canto solar y celebratorio de la vida: “muerte / gracias por espantar con tu presencia / los terrores de mi vigilia // no dejes de abrir el amanecer”.

Sólo nos resta agradecer a ambos poetas la calidad amorosa de sus voces, dispuestas desde hoy a sacudir la rutina y el tedio que nos agobian. Se trata, pues, de vomitar pequeños conejos que alboroten nuestra casa.



En Valencia de San Desiderio, sábado 17 de septiembre de 2011.

Monday, June 11, 2012

SALMOS COMPULSIVOS, JUEGO DE ENSAYOS. MARISOL PRADAS

Domingo, 10 de junio de 2012
Salmos compulsivos, juego de ensayos
Marisol Pradas



Foto que integra la portada del libro Salmos Compulsivos (2011) de José Carlos De Nóbrega

Agradecemos a Marisol Pradas su atenta nota a nuestro libro "Salmos Compulsivos" (2011) editado por Luis García. Para aquellos que se interesen por este libro de ensayos, pueden contactarnos para sus pedidos a traves de los buzones electrónicos c_denobrega@hotmail.com ó josecarlosdenobrega@gmail.com .

Ediciones Protagoni, c.a. editó a finales del año pasado el ensayo Salmos compulsivos de José Carlos De Nóbrega, autor de otros estudios como Textos de la prisa (1996), Derivando a Valencia en la deriva (1997) y Salmos compulsivos por la ciudad (2007).

Pocos se dedican a realizar ensayos porque requiere de una lectura atenta a las ideas y de una reflexión constante que hilvane las lecturas de las que se alimentarán y los muchos hechos y acontecimientos culturales que puedan aumentar esa fuente que es el pensamiento.

El trabajo publicado casi un año atrás de De Nóbrega está dividido en Salmos compulsivos y El libro de los aforismos comentados y posee tres líneas de investigación. En primer lugar la narrativa venezolana actual que se ocupa de la ciudad como ámbito y estado mental, revelando a autores como Guillermo Meneses, Andrés Mariño Palacio, Salvador Garmendia, Francisco Massiani, Eduardo Liendo, Israel Centeno y Orlando Chirinos.

El segundo surco que nutre este ensayo se refiere a la literatura latinoamericana a la luz del desencuentro de lo estético y lo comercial aumentado por un material muy bien reflejado sobre la poesía contemporánea de Brasil.

La tercera exploración es un acercamiento novedoso a las inexistentes fronteras entre los géneros literarios, poesía, ensayo y novela en estos momentos que la dinámica exige elaboración rigurosa de los materiales que se imprimen hoy en día.

Para que los lectores tengan una idea del abanico de temas analizados, con un estilo elocuente y sonoro, colocamos parte los capítulos contenidos en Salmos Compulsivos, libro que parece ser mucho más sencillo de lo que es. Son muchas las horas que hay que dedicar para llegar a estos artículos que con tanta soltura se ofrecen, una vez trascendido su complejidad, su comprensión e importancia.

Guillermo Meneses y el acecho jesuítico; Andrés Mariño Palacio y Salvador Garmendia: dos voces en la diáspora; Francisco Massiani y Eduardo Liendo: de la memoria que seduce al paisaje a trompicones; Israel Centeno o del cerro El Ávila como tabernáculo urbano; Dos cómplices de cuidado; La cuentística más reciente de Orlando Chirinos: entre la falsificación literaria y la apología de la marginalidad (La danza asincrónica de la marioneta; Elogio de un león afeitado al autor de los días mayores: apología a las fiestas macabras); Todos somos hijos de Pedro Páramo; El boom revisitado; El postboom: ¿continuidad o ruptura?

Brasil 0 Venezuela 0, un puente poético y para no abusar del contenido en apenas 114 páginas, bien administradas y con información valiosa, revela De Nóbrega lo que da a conocer como pastiches de aforismos sobre poética, y poética del ensayo, uniéndolo a Diane Arbus, Elías Canetti y Mijail Bajtin. Sin desperdicio.

Para que se tenga una idea de la vena de De Nóbrega tomamos de Pastiche de aforismo sobre poética (Serie I) el siguiente párrafo:

“1.- La poesía es arte que se manifiesta por la palabra, como la música es arte que se manifiesta por los sonidos y la pintura arte que se manifiesta por los colores y las líneas (Johannes Pfeiffer). Pese a su óptica e influjo fenomenológicos, tal concepto es pertinente en su transparencia y simplicidad. La Poesía, sin duda, constituye la afortunada fusión de la palabra, la musicalidad y la imagen en la aproximación paradójica al mundo que seduce tanto al poeta como al lector devoto. Es la más grande y omnipresente de las artes, pues ennoblece la lengua de los hombres, como dice Jorge Luis Borges. Además, no puede circunscribirse al estrecho y mezquino espacio del término “literatura”, o –peor aún- de la infame categoría “género literario”. Ha forjado desde sus inicios –lo cual desborda la mismísima invención de la escritura- un metalenguaje propio que abarca e impregna al mundo y sus objetos. Las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira suponen el vínculo habido entre filosofía y poesía: El asombro contenido en la mítica visión del universo que se ha plasmado en tan ásperas y primigenias paredes”.

Con el anterior párrafo queremos apenas asomar las posibilidades de este ensayista de largo aliento que es De Nóbrega, estudioso al que conocemos apegado a la investigación, a las lecturas, a la escritura y sus clases.

Todo ensayo bien escrito es un tesoro. Este lo es. Clarificador, contundente, sorpresivo y con la magistral confianza de adentrarnos en el mundo del conocimiento, de la luz de las ideas, del interminable camino del pensamiento.

Al comentar sobre lo escrito por Juan Marichal sobre el ensayo y su maleabilidad el propio De Nóbrega sostiene que este género es “endiabladamente pachuco”. Menos mal que éste no lo es porque no pertenece a la voz de “académicos victimarios del placer y víctimas de su frigidez intelectual desvinculada del mundo que les tocó vivir”.

Salmos Compulsivos tiene un tono motivador, sincero; capaz de despertar conciencias y trabajar por un mundo mejor, donde las sensaciones cobran su verdadera dimensión. Un juego de ensayos necesarios, trabajados con la rigurosa espontaneidad del conocimiento (Notitarde, domingo 10/06/2012, LECTURA TANGENTE).-

Sunday, June 10, 2012

CARACAS REVISITA A EDDIE PALMIERI (SC 76). JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA

Salmos Compulsivos (76)



CARACAS REVISITA A EDDIE PALMIERI


José Carlos De Nóbrega



Esto si se pone mejor se daña. Eddie Palmieri en la celebración de sus setenta y cinco años.



Caracas se puso de fiesta al reencontrarse con uno de los suyos, el Sapo Eddie Palmieri. Son memorables sus presentaciones a cable pelao en el Nuevo Circo en 1967 y tiempo después en San Agustín del Sur. No en balde sus setenta y cinco años de edad y sus cincuenta y cinco de carrera musical, Palmieri nos obsequió el sábado 26 de mayo de 2012 en la Plaza Diego Ibarra una antología mínima de su son montuno, experimental y comprometido con las barriadas bailómanas de América Latina. Su orquesta “La Perfecta II”, sin fotocopiar inútilmente las glorias del pasado ni sentirse fuera de lugar muy a pesar de la perorata monocorde de la música idiota (Sabina dixit), le acompañó con suma dignidad y sabrosura. Destacaron el tresista Nelson González –en especial sus solos en “Tirándote flores” y “Ritmo Caliente”, una fusión del sonido tradicional y la distorsión eléctrica del instrumento-, la flautista que desbordó su garbo africano y la transparencia de la charanga, amén de la sección de metales integrada por el trombonista Conrad Herwing y el trompetista Brian Lynch.

El concierto, previamente concebido a la manera del Agendario de Juan Calzadilla, consistió en un repertorio de ocho canciones: Ajiaco Caliente, Tirándote Flores, Muñeca, Lázaro y su Micrófono, Sujétate la Lengua, Ritmo Caliente, El Molestoso y Azúcar pa’ti. Este corpus o mosaico musical extenso reivindica la esencia de la compleja y cadenciosa propuesta estética de Eduardo Palmieri: Las líricas breves y precisas, que abordan el desamor, la denuncia político-social, el desmadre festivo y la pincelada anecdótica y urbana, tienden una alfombra propicia a la perfecta mixtura musical que reivindica sin artilugios discursivos nuestra condición mestiza. El son, la guaracha, el cha cha cha, la charanga, lo clásico y el jazz se funden en un ajiaco o cruzao unitario, insurgente y lúdico que complace tanto al melómano como al bailador de la calle. Leíamos en “El Libro de la Salsa” de César Miguel Rondón que la peculiar configuración del mercado de la Salsa en los 70’s, nos referimos al Imperio de la Fania y especialmente a su controversial mentor Jerry Masucci, evidenció la relativa soledad del genio de Palmieri en la transgresión del género musical afrocubano. No obstante, no somos pocos de sus seguidores que argumentamos a su favor con desparpajo y fervor: “El montuno de Palmieri es el montuno de Palmieri, y nadie, nadie lo pone y lo suelta como él”. Esta apología se canta siguiendo a Ismael Quintana en el tema “Mozambique”, en el momento más alto de la primera orquesta “La Perfecta”, esto es ‘arrollando como é’.

Lamentamos no haber estado allí (tampoco al día siguiente y en otro lugar, cuando Luis Ernesto Gómez y Carmen Borregales presentaron sus estupendos “Cantos Veloces”, malanga que se come entre lo clásico y el jazz), pues nos vacilamos el festejo por televisión, pero el público visible e invisible fue unánime en una retahíla de peticiones: Palo pa’rumba, La Malanga, Justicia, Twist Africano. Invocando nuevamente a Ismael Quintana, quien junto a Cheo Feliciano y la India de Nueva York integran lo mejor de las voces líderes de la banda de Eddie Palmieri, hicimos nuestra una rogativa proveniente del corazón astillado entre el amor correspondido y el más autodestructivo de los despechos: “Tú, mi delirio” de César Portillo de la Luz (la Vieja Trova en su esplendor) y “Amor Ciego” de Rafael Hernández. Ambos boleros son una demostración indubitable de las extraordinarias condiciones vocales, orquestales e incluso poéticas de la dupla Quintana / Palmieri: En el primero, la atmósfera es plena del placer indecible, intenso y breve de la felicidad del que ama y es amado (la voz y la orquesta van a la par en un arreglo limpio y armónico que es rematado por un magnífico solo de trompeta). En el segundo, la voz se quiebra en la desesperanza y la desolación, mientras que la orquesta coquetea con la distorsión y la estética de la precariedad hecha carne despedazada en el fraseo ronco de la guitarra eléctrica.

Disculpándonos esta divagación decadente en el guayabo, sin importar incluso los inconvenientes técnicos que no afectaron la respiración del concierto, Eddie y su Perfecta II ofrecieron como colofón y ñapa dos piezas cónsonas con la descarga a rumbear: “Óyelo, que te conviene” y “Camagüeyanos y Habaneros”. Es un privilegio, aunque sea vía T.V., compartir esta experiencia sensorial, emotiva y artística con uno de los más grandes hijos adoptivos de Caracas. Eddie, pulsa las teclas con compulsión latina, pues las dientes de leche tienen quien las saque a bailar en los locales espontáneos que colindan el Ciclo Básico Común Simón Bolívar y el rancherío y sus habitantes (gatos, perros vikingos y trabajadores pintados por César Rengifo) que aún en la memoria le ven las tripas al Puente El Guanábano.