Sunday, November 30, 2008

2 textos sobre Reynaldo Pérez Só: 2.- Tanmatra, Un Laberinto Revisitado

TANMATRA, UN LABERINTO REVISITADO
José Carlos De Nóbrega

Todas las culturas que se precien de ello, reverencian el rol de la palabra como generadora y recreadora del mundo. En tanto simiente o cáscara; alabanza o blasfemia; conjuro salvífico o maldición impenitente. Podemos extraer analogías de la tradición judeo-cristiana (desconocida sobre todo por aquellos que la escarnecen): La palabra de Dios, “Yo Soy El que Soy”, se le revela a Moisés transmutada en una zarza ardiente que engulle todo el desierto; antes, en el principio de los tiempos, se había ensañado estigmatizando a Caín. Una de nuestras grandes fallas, no es más que contrariar el temor a Dios siendo negligentes con el don dela palabra; la historia ha reconvenido a la humanidad la ociosidad de la boca, pero aún persistimos en tan irresponsable actitud. En un poemario publicado en 1972, Tanmatra del poeta Reynaldo Pérez Só, leíamos tal preocupación: “me ahogo en mí / no por malo ni por pequeño / simplemente me ahogo” en las trampas y emboscadas que la lengua nos tiende al rayar el alba. Más de cinco lustros después, en Solonbra, la misma voz poética invoca: “Tú que eres grande / concédeme valor para cortarme la / lengua / intención descaminada / bájame la cabeza / despreciable”, dramático sondeo en la dispersión y el despropósito que en más de una ocasión balbucea el alma. La angustia compulsiva de Sá Carneiro esboza su extravío: “Perdi-me dentro de mim / Porque eu era labirinto”.

Ambos extremos, ya citados, del devenir poético de la obra de Reynaldo Pérez Só, confirman la consistencia de sus propuestas estilísticas –en tanto antinomia de las estridentes máscaras tras las cuales se esconde la esterilidad poética- y de fondo –vindicación del verbo desnudo que vincule la poesía con la vida, de manera inmediata como lo plantean estos versos de Tanmatra: “una tarde abro / mis manos / y ellas van al fondo / temblando / toco los árboles y las hojas / se agitan / pájaros / yo era el viento”-. Pérez Só aborda el laberinto de adentro sin remedar inútilmente ojos rasgados por navajas, mucho menos encajona las imágenes en medio del silbido de balas al amanecer. La manipulación de recursos tales como el encabalgamiento y la anáfora fragmentan el discurso rescatando el concierto abstruso que nos embarga día a día, y que –paradójicamente- constituye la vía posible de expiación: “he de soñar soñar vigilando cada paso / mientras afuera no existo / y el ser lo tengo de lejos”. Todo esto viene a cuento, para destacar la reedición de Tanmatra (Ediciones del Gobierno de Carabobo, Colección de Poesía “María Clemencia Camarán”, nº 114, Valencia, 1998), texto fundamental en la obra del poeta Reynaldo Pérez Só que nos permite explicar el grato asombro que nos ha causado Solonbra, su más reciente título, que contrapone el castellano al ladino de su infancia (no son poemas escritos en dos idiomas) para evidenciar las posibilidades y los giros maravillosos de la expresión poética. Afortunado hallazgo en un mundo en que los militares hoy simulan ser poetas, y los que se hacen llamar vates versifican en código castrense.

20 de julio de 1999.
Tomado de Derivando a Valencia a la Deriva (2007, Fundación Editorial el perro y la rana), título que se puede conseguir en Librerías del Sur Valencia, primer nivel del Centro Comercial Camoruco, Avenida Bolívar Norte.

2 textos sobre Reynaldo Pérez Só: 1.- La Encrucijada de la Soledad y el Dolor


LA ENCRUCIJADA DE LA SOLEDAD Y EL DOLOR


José Carlos De Nóbrega

Entrevistado por Joaquín Soler Serrano, Borges afirmaba que el poeta trabaja continuamente transmutando sus experiencias cotidianas en símbolos, lo cual se traduce a su vez en una indagación en el lenguaje. Sólo así el poema permanece vigente en el tiempo. El ojo y la voz del poeta se sustentan entonces en la capacidad de asombro ante el mundo y su cotidianidad. De lo contrario, estaríamos ante una actitud mezquina: “Ni aún la claridad del sol les revelaba cosa inteligible. Todo surgía y se borraba ante sus ojos de cierta manera inconexa y falta de propósito”, contundente apreciación de Conrad (1). Es el reflejo de la medianía y del extravío de tantos escritores, que sólo pueden apelar a artificios diversos – la ilusoria grandilocuencia del tema, la ampulosidad del estilo – para evadir infructuosamente su miopía y su tedio: se hace notorio el divorcio entre la vida, la poesía y la ética, no hay reconciliación posible en la persistencia de tramoyas manieristas, de paredes falsas. Se erige un armatoste endeble, osteomielítico.


El poeta Pérez Só manifiesta en Px la continuidad y la coherencia (consecuencia) de su discurso poético, sólo que resalta una vertiente de cariz ético, en la que se superponen la óptica y la confrontación de la voz poética con la crudeza del entorno y su inmediatez; el lenguaje es cada vez más desnudo y descarnado respecto a sus libros anteriores. El tratamiento espacial es harto atrevido, pues el hospital no es mero habitáculo de palabras, sino organismo vivo y enfermo, vértice de la asepsia y la septicidad; sus pasillos desembocan en la insomne pugna entre la vida y la muerte, la redención de la carne y el espíritu no es fuera de lo que el poeta confiesa su aceptación de “lo bueno y lo malo, (...) los crímenes contra el hombre y la misma naturaleza, la bondad sin retribución, la maldad gratuita” (2). No se plantea el distanciamiento, más bien el vínculo comprometido y solidario en el dolor, el sufrimiento y la desolación que hallan cabida en nuestras precarias instalaciones hospitalarias; ello sin fracasar en la manipulación maniqueísta ni en la denuncia del panfleto.


Tampoco – por fortuna – se traslada al verso manual deontológico alguno, como en otro orden lo intentara fallidamente Resnais en el film Mi tío de América con las teorías del biólogo Henri Laborit. Tomemos el primer texto, que nos resulta ser el eje de este brillante y conmovedor poema -en tanto que nos toca-,

el hospital el hospital es nave , metáfora completada al final de la guardia, “hay días en que se mata / el tiempo mirando por la ventana / y se ve / el cielo obscuro de la noche contra el poste / de luz cruzado por la lluvia de / este invierno / un poco más allá pasa la calle / que va al cementerio y los vendedores / de café / se recogen en el porche de una / panadería / porque al lado tengo una cama con / un niño / todavía despierto a estas horas / uno cree que todo el hospital sea un barco / por el ruido o los cambios / de adentro y afuera / cuando cada mañana atraca / al lado de la calle”. Tras la ráfaga y el agobio, la calma chicha augura la recomposición de otra oprobiosa y tediosa jornada, la cual acentuará sobremanera el anonimato de los pacientes, los Px según la nomenclatura propia del oficio; no es stultifera navis, pues de esa masa informe leudará la transubstanciación del pan y el café de la mañana en “un trozo / de bello objeto / un cuadro sin ser aún naturaleza muerta / con desdibujamiento / fuera de la idea de perfección / cuando la soledad pertenece al silencio / de quien no habla”.


Para el poeta sólo incumbe que la poesía interactúe con la vida, en toda la intensidad del presente, pues la memoria no debe prestarse a las regresiones nostálgicas, ni mucho menos a las inmisericordes poses del desprecio o la lástima por el otro. Lo cual involucra a los actores, objetos y sus ámbitos; la recreación del hospital no está exenta de realismo (no unívoco), de un tono sensible, cierto asco e inconformidad. Hay un deliberado, mas no moralizante, juego especular. Se conjugan efectos contritos y festivos a la vez, ello reconociéndose en el Otro: “anónimo sin historia ni familia / me quedo soportando / adónde llegará la espesa y asfixiante / nave de la sala de partos / de mujeres sin nombre ni cara / llenas de sangre / las placentas en un tobo / abandonadas cuando el hijo / resbaloso igual que ellas / cambia el panorama de los uniformes / verdes / y el olor de los antisépticos por la vida”.


La empatía establecida entre el poeta, el médico y el paciente, no precisa genuflexiones afectadas, como tampoco imágenes abstrusas y deslumbrantes; Pérez Só recurre de nuevo a imágenes primarias, duras y viscerales, de donde la aliteración –“aunque un quejido se escape”- y el encabalgamiento –recurso que a lo largo de su obra ha utilizado con maestría y personalidad- los emparenta y confunde en los dolores, el tenesmo, en el miedo: “la mirada indolente del médico/ o de mí / que no me atrevo / a ser hombre seguro / de la vida / o del medicamento / que le ofrezco a un pobre hombre / con su hijo moribundo / mientras el estetoscopio se desliza por / el corazón / real / infantil / y oigo rozar mi mano a una membrana / transparente / donde el llanto pide por favor / la vida / mientras mis piernas parecen sostener / alguna referencia / y es el miedo visitante / deshaciendo sus maletas / golpeando puertas / o un quejido”. No obstante le corresponden estos versos de Rosalía de Castro: “Dóiome de dór ferida, / que antes tiña vida enteira / e hoxe teño media vida”.


La ventana que comparte el poeta con sus lectores no será espacio de recreación morbosa, tampoco instrumento de manipulación del objeto poético; es el espejo que refracta nuestra condición en su más plena crudeza: “he visto / mi calavera / detrás de mi piel”, “porque la ventana es de hospital / la puerta / y la sábana azul con remiendos y / las marcas / de siglas de un hombre hace tiempo muerto”. La presencia de la muerte a nuestra diestra acarrea un canto, vamos del hospital al matadero, “mi camarada / muerte / flaca y aproximada / de lado a pecho / teta contra teta”. A lo que el poeta complementa y opone con la celebración y consagración de la pelvis: “ porque del amor se supone una estancia / enorme / y no del tamaño limitado de la pelvis / por eso / su feroz esfuerzo por amar / aunque sea lunes”.


Cierra el poemario un excelente texto, “Elegía”, que condensa la substancia del conjunto, pues la agonía del padre trae abatimiento pero al punto se aviva en la memoria su figura: “y todavía / se relaciona al agua y los árboles”, evocación y enlace con este texto de “25 Poemas”: “estoy pleno / de sol y corro / entre campos / crece el árbol crece / en mi vista”. Lo cual trae consigo la dicotomía médico/hijo: “y yo no me puedo morir / con sus dolores de vientre / su tenesmo / su mal olor / y la vejiga vacía”, la impresión diagnóstica deviene en tensión y angustia, los pujidos corroen el cuerpo magro, el hálito desfalleciente, como en procura de la purificación, de la redención, “para que la noche no baje por las ventanas / levante las cortinas / y se acueste / infiel en su cuerpo sin vida”. La voz poética asume el papel de víctima propiciatoria, flaca en el punzante dolor, quebrantada la cerviz: “y yo / voy hacia el baño / cierro la puerta / y dejo correr el agua del lavamanos”, ocultando para sí el estrépito tanto de las entrañas como del lamento disuelto en el llanto. Pérez Só en este libro nos recuerda al Vallejo de “Poemas Humanos” (“Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado / y está bien y está mal haber mirado / de abajo para arriba mi organismo”), pues ambos comparten la “Confianza en la ventana, no en la puerta; / en la madre, mas no en los nueve meses; / en el destino, no en el dado de oro, / y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.”
Valencia, septiembre de 1998.


(1) Joseph Conrad: Una Avanzada del Progreso, Laertes S.A. de ediciones, Barcelona, España, 1979, pág. 27.
(2) Reynaldo Pérez Só: No he perdido el asombro, Serie AUTORRETRATOS (XV), en Papel Literario, Diario El Nacional, Caracas, 1-6-97, primera página.


Tomado del libro Derivando a Valencia a la Deriva (2007, Fundación Editorial el perro y la rana), el cual puede conseguirse en Librerías del Sur Valencia, Centro Comercial Camoruco, primer nivel, Avenida Bolívar Norte.

Tuesday, November 18, 2008

VEREDICTO V PREMIO NACIONAL DEL LIBRO 2007, REGIÓN CENTRO OCCIDENTAL




V PREMIO NACIONAL DEL LIBRO 2007
Región Centro Occidental
ACTA DEL VEREDICTO



En la ciudad de San Carlos, capital del Municipio San Carlos del Estado Cojedes, siendo las 2:00 pm del día 13 de noviembre del presente año, nos reunimos los miembros del Jurado del 5to premio Nacional del Libro, región Centro Occidental, integrado por los Licenciados: William García, titular de la C.I. N° 10.324.466, Willian Ramírez, titular de la C.I. N° 10.323.942, Belkyss Mejías titular de la C.I. N° 10.321.833 y Helio Uzcátegui, C.I: 14.405.811, y después de haber revisado las postulaciones resuelve otorgar el premio como se especifica a continuación:


MENCIÓN LIBROS Y PUBLICACIONES
Categoría para los libros


1. LIBRO COMO TERRENO FÉRTIL PARA LA INCLUSIÓN
· Género Poesía Popular: Antología de la Décima Popular en el Estado Cojedes. Autor: Isaías Medina López.


· Género Historia Oral: La honda superficie de los espejos. Autor: Arnaldo Jiménez (Carabobo).

2. LIBRO SOBRE LECTURA
· Derivando a Valencia a la deriva. Autor: José Carlos De Nóbrega.


. El Silencio del Agua. Poesía escrita por niños producto de los talleres de escritura creativa. Autores: Rosibel López, Yisbel Navas, Salvador Uribe, Daniel Navas, Keimer Acosta y Daine Ulancio.


MENCIÓN LECTURA
Categoría para instituciones, servicios, medios y proyectos de promoción del libro y la lectura.


1. MEDIO DE COMUNICACIÓN QUE PROMOCIONA LITERATURA VENEZOLANA
Diario La Opinión con el Encartable “Cuentos de Camino”, un recorrido por la vida, mitos y leyendas del llano venezolano editado con motivo del X aniversario
.

2. PROYECTO DE PROMOCIÓN DE LECTURA EN COMUNIDADES
Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez”, núcleo San Carlos, con su proyecto “Vamos a leer un Cuento”.

3. PROYECTO DE PROMOCIÓN DE LITERATURA REGIONAL
Armando González Segovia, Obras Completas del Dr. José Carrillo Moreno.

Categoría para promotores del libro y la lectura como bibliotecarios, libreros, cuentacuentos, animadores de lectura y otros.
1. PROMOTOR DE LECTURA INFANTIL JUVENIL
Aurymar Granadillo, por su encomiable labor en la promoción del libro y la lectura en todo el Estado Cojedes.

2. PROMOTOR DE LECTURA EN ESPACIOS NO CONVENCIONALES
Otorgado a:
Meryhannie Benitez, Harwins Subero, Ana María Pérez y Yudith Rodríguez (Cojedes)
Grupo de Payasos de Hospital “La Piñata” Cojedes. Por su trabajo de promoción en niños, niñas y adolescentes hospitalizados.


3. PROMOTOR DE LECTURA DE LITERATURA REGIONAL VENEZOLANA
Maritza Torres (Cojedes), por la serie de talleres dictados a estudiantes de Educación media, donde se aborda la obra de autores cojedeños.

4. PROMOTOR DE LITERATURA ORAL
Pedro Pablo Linares (Lara), acucioso investigador y difusor del heroico y desconocido tema de la Lucha Armada en Venezuela de los años 60 y 70. En cuya obra aporta un maravilloso caudal informativo y relevante sobre la historia contemporánea de Venezuela.

5. Edición y Produccion Editorial:
Arqueología del Aire. Notas desde una fotografía. Autor: Orlando Baquero (Carabobo). Por su diseño de portada innovador.

Agotadas las postulaciones se procedió a levantar la reunión a las 7:00 pm. Para constancia se firma la presente acta


William García
Belkyss Mejías
Willian Ramírez
Helio Uzcátegui
En la ciudad de San Carlos, 13 de noviembre de 2008

Tuesday, October 28, 2008

CÁTALOGO DE INFAMIAS O DE LA FOTOGRAFÍA MILITANTE DE YURI VALECILLO




CATÁLOGO DE INFAMIAS O DE LA FOTOGRAFÍA MILITANTE DE YURI VALECILLO
José Carlos De Nóbrega


La fotografía
es un tiempo muerto
ficticio regreso a la simetría
Ana Cristina Cesar, Cómo afeitar el paisaje.

A Humberto Méndez Figueredo, in memoriam.
A Alexander Castillo, en la esperanza de que no todo esté perdido.

El viejo Valecillo, soldador y comunista militante, le obsequió a sus hijos un variopinto santoral católico en tanto juguete para exorcizar el miedo a Dios: los santos eran bañados, apaleados y convertidos en superhéroes por los chicos. Y tenía mucha razón el viejo: los católicos reaccionarios y los evangélicos fanáticos convirtieron el cristianismo de las catacumbas en un modo de vida terrorista, una teoría del poder que ha desgraciado la vida de muchos amputando la libertad y el placer. Cuarenta años después, Yuri Valecillo ha persistido en una actitud vital traviesa, iconoclasta y prevaricadora; afincada –eso sí- en la autenticidad militante socialista, reñida con la verticalidad burocrática y vinculada al amor festivo por la gente de abajo. Bien lo afirmaba el teólogo protestante alemán Dietrich Bonhoeffer –fusilado por los nazis en el compromiso con la patria alemana-: “Con el desprecio de los hombres sucumbimos al error capital de nuestros enemigos. Quien desprecia a un hombre, nunca logrará hacer algo de él”. Por tal razón, Yuri sigue siendo el joven radical que conocimos hace más de veinticinco años. Cosa de la cual no se escapa su magnífico trabajo fotográfico: pleno de inteligencia, solidaridad y amor por la humanidad.



Catálogo de Infamias lo corrobora de guisa fehaciente. Es el trabajo de un gran reportero gráfico, de afán proletario y humanístico, sin la contaminación de un esteticismo afín a la publicidad o al maquillaje rococó de nuestra bien amada realidad, por más resbaladiza que ésta sea. México y Cuba son los espacios abordados que nos retrotraen a Venezuela y el resto de América Latina. La hermeneútica del paisaje urbano es cruda e inmediata, en el impacto de la ternura solidaria por el otro: lo revela, por ejemplo, la desnudez de las mujeres trabajadoras y los pepenadores mexicanos en una marcha de protesta que desafía el poder omnímodo y decadente del Estado; o las fachadas que se astillan en la micosis de la descomposición y el caos urbanístico. No en balde nos recuerda al Buñuel de la etapa mexicana: los laberintos de la miseria en la ciudad de México que registra el film Los Olvidados, o el amor por los marginales y los outsiders en Nazarín, siendo este último título un “regaño” a la vastedad y la belleza de los cielos fotografiados por Gabriel Figueroa que apunta a la pobreza a ras de piso, es el perro arrastrado cruelmente por la carreta. Coincide la propuesta fotográfica con el canto del poeta brasileño Ledo Ivo a nuestra patria húmeda que es América: “Ninguna lengua engañosa es la patria. / Ella sirve apenas para que yo celebre mi grande y pobre patria muda, / Mi patria disentérica y desdentada, sin gramática y sin diccionario, / Mi patria sin lengua y sin palabras” (traducción del mexicano Jorge Lobillo). La patria no es la bandera arriada por la soberbia de los militares mexicanos como lo denuncia el lente crítico de Yuri: curiosamente tan sólo se aprecia el color rojo, en un remedo de la heráldica romántica y decimonónica, del que se infiere la sangre y la lucha de los trabajadores latinoamericanos. Es a la vez un homenaje sentido a la heráldica revolucionaria de la fotógrafa Tina Modotti que conjuga en un collage exquisito la hoz, la mazorca de maíz y las balas de la metralla.



No falta la calaca en sepia como alusión a la vida y la muerte, en ese paradójico tono de raigambre azteca que celebra la desilusión y la esperanza. Nos conmovieron las bellas mujeres acosadas por las paredes oscuras que forja la ciudad; los zapatos que penden de la maraña de cables que evidencian la venalidad de severos tribunales; el machismo que segrega a las mujeres y los menores de edad, manifiesto en la fachada de las cantinas y los lamederos de tequila y mezcal. No hay concesión alguna a los mitos con que nos atosigan los medios de comunicación masivos: la finalización de la era de los grandes relatos que procura reivindicar los derechos de los más pobres. Los trapos del detritus capitalista se exhiben sin pudor: al igual que la ropa recién lavada y la carne en venta. El lente se convierte en un ojo salvaje que hace referencia al Rembrandt carnicero y anatomista: la carne muerta delata a gritos las contradicciones y la descomposición de la sociedad occidental, muy a pesar de la tramoya mediática y propagandista que se empecina en decir lo contrario, entenebreciendo las almas sin ninguna dispensación.



La invitación es propicia para acompañar a este reportero gráfico y poeta visual sin el yugo de los concilios burocratizantes, ni de las fallidas muecas culteranas, mucho menos el imperio de lo establecido. Yuri apuesta sin descanso por una fotografía libertaria y militante, la cual implica nuestra reconciliación con el que va a pie y almuerza un suculento emparedado de mortadela a la vera de la calle.

Valencia de San Simeón el Estilita, 27 de octubre de 2008.

Friday, October 24, 2008

RESEÑA Y BREVE ENTREVISTA SOBRE "PARA MACHUCAR MI CORAZÓN:UNA ANTOLOGÍA POÉTICA DE BRASIL". VIVIANA MARQUES


Libro electrónico en la Filuc 2008 "Para machucar mi corazón. Una antología poética de Brasil"

Para el autor José Carlos De Nóbrega, el libro electrónico es un complemento del libro sobre papel, cuya belleza-a su juicio- es indescriptible e invaluable.


En el marco de las actividades de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, el ensayista José Carlos De Nóbrega presentó su libro electrónico “Para machucar mi corazón: una antología poética de Brasil”, que versa sobre la recopilación de textos de poetas brasileños traducidos por su persona, en el que destacan Lêdo Ivo, Mário de Andrade, Carlos Néjar, Carlos Drummond de Andrade, Joâo Cabral de Melo Neto, Manuel Bandeira, Ferreira Gullar, Murilo Mendes, Vinicius de Morães, Cecília Meireles y Ana Cristina Cesar.


El título del libro fue inspirado en la canción “P’ra machucar meu coração” del brasileño Antonio Carlos Jobim, en la que De Nóbrega afirma que la poesía va de la mano con la música brasileña.


Con la ayuda de su amigo y editor de la revista virtual http://www.letralia.com/, Jorge Gómez, con quien anteriormente publicó Salmos Compulsivos, pudo hacer realidad la publicación on line de esta obra, siendo de fácil acceso para el público.


- En esta oportunidad usted presenta un libro electrónico. ¿Piensa que las nuevas tecnologías sustituirán el libro en su concepción clásica?


El libro como objeto artístico es único e indiscutible, lo que sucede es que el formato virtual puede divulgarse a muchas personas. En este caso, “Para machucar mi corazón”, puedes leerlo en una pantalla, mas leer obras como el “Don Quijote de la Mancha” en pantalla es virtualmente imposible. El libro en su concepción clásica tiene una belleza invaluable que no va a desaparecer. El libro virtual es una complementación.


- ¿Qué piensa usted que se debe hacer para incrementar el hábito de la lectura en la población?


Hay que diseñar estrategias atractivas para que los jóvenes se acerquen a la lectura. Si “Harry Potter” es un libro tan leído o el caso de “El Señor de los anillos” ha logrado cierto éxito en la juventud, por qué no hacerlo con autores venezolanos o universales.


Admite que en Venezuela se lee poca la poesía, piensa que en ella se puede expresar gran parte de las emociones. Agradecido por la invitación de la Filuc, afirma que entre los organizadores y el ensayista hay respeto y cariño.


Recomienda a la población leer textos clásicos y de la bibliografía venezolana los libros de Orlando Chirinos o su compañero Reynaldo Pérez Só. “Ellos le ofrecerán una perspectiva nueva de lo que es la lectura; sin escapar de la poesía del tan importante poeta Vicente Gerbasi”.

De Nóbrega, en la presentación de “Para machucar mi corazón”, recitó textos de los poetas brasileños tanto en su texto original en portugués como su traducción, entre los que destaca Lêdo Ivo (Mi Patria), Ferreira Gullar (Mi papá), Cecilia Meireles (Canción, Solombra) y Ana Cristina Cesar (Cómo afeitar el paisaje, A tus pies) entre otros.

Para acceder al libro electrónico del ensayista José Carlos De Nóbrega, ingrese a http://www.letralia.com/transletralia/brasil/index.htm.

Autor: Por Viviana Marques (Prensa Filuc).

Wednesday, October 22, 2008

BAUTIZO DEL LIBRO VIRTUAL PARA MACHUCAR MI CORAZÓN: UNA ANTOLOGÍA POÉTICA DE BRASIL

Bautizo del libro virtual Para machucar mi corazón: Una Antología Poética de Brasil. En la foto de nuestra amiga Susan Castro aparecen Viviana Marques, José Carlos De Nóbrega, Guillermo Cerceau y una chica de Protocolo. El evento se realizó el 20-10-2008 en el marco de la IX Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo.

Brasil 0 - Venezuela 0, un puente poético en construcción (prólogo de la antología). José Carlos De Nóbrega. A la antología se puede acceder a través del link: www.letralia.com/transletralia/brasil/index.htm .

A Aly Pérez, in memoriam.
A Fernando Rodríguez, estragada mi rabia a tragos.

Muy a pesar de mi ascendencia portuguesa —madeirense por demás, lo cual me salva del denuesto alfacinha que se le endilga a los lisboetas—, en el seno familiar casi no tuve contacto con la literatura de Portugal, mucho menos con la de Brasil. Apenas había llegado a mis manos una antología poética de Luís de Camôes, en su lengua original, conmemorativa del día nacional de Portugal. En mi adolescencia importaba más el desempeño —fallido hasta Estados Unidos 94— de la selección de fútbol brasileña en pos del tetracampeonato: para 1982, contaba con el mejor medio campo del mundo, Sócrates, Toninho Cerezo y Falcão apoyando al ponzoñoso Zico; sólo que Italia y Paolo Rossi arruinarían con tres goles la ensoñación de la hinchada verdiamarilla, a la que por entonces me había adscrito. En esa misma década, nos embriagábamos con la música heredera del Bossa Nova, de Antonio Carlos Jobim y del MPB: Chico Buarque, María Betania, Gal Costa, Milton Nascimento y Djavan. Qué decir de las depuradas telenovelas brasileñas que pueden comprender el intervalo que va de Vale Todo a la muy sensual Xica Da Silva (no podemos obviar la versión fílmica que la antecede, de Carlos Diegues).


Sin embargo, gracias al contacto con el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo y su revista Poesía, teniendo a la vanguardia al poeta Reynaldo Pérez Só, pudimos acceder a la producción poética de habla portuguesa, sobre todo la brasileña. Entre los años 1992 y 1993, un grupo de estudiantes universitarios, entre los que nos contábamos Pedro Téllez, Slavko Zupcic, Argenis Salazar y este cronista, formamos parte del Taller de Traducción de Poesía en portugués, cuyo ductor fue el mismo Pérez Só. Por fortuna, se publicaron traducciones mías en la revista La Tuna de Oro, otra de las publicaciones emblemáticas del Departamento: siete textos poéticos de Ledo Ivo, procedentes de su poemario Crepúsculo civil (1990),en el número 19 de febrero-marzo de 1994; Poemas da Negra (1929) de Mário de Andrade, en el número 21 de enero-febrero de 1995; y tres poemas de Carlos Néjar en el número 23 de enero-febrero de 1996. Años después, publiqué en mi rol de director la traducción de tres textos poéticos de Carlos Drummond de Andrade, a los fines de acompañar un estupendo ensayo de Rodolfo Alonso sobre este poeta postmodernista de Brasil (La Tuna de Oro, número 41, mayo-junio de 2004). En este caso, el enemigo a vencer era la traducción literal: se trataba más bien de la conjunción o abordaje simultáneo de la idea patente en imágenes, el tono, el estado anímico y la musicalidad del texto poético. De lo contrario, se fracasaría en un pobrísimo ejercicio de traslación operativa a la manera de los manuales de instrucciones —o peor aun, de los textos marxistas traducidos por la Editorial Progreso de Moscú. Ya lo advierte Pérez Só sin amagues de ningún tipo: “3) Traducir, traducir. Lo hacemos con un autor extranjero, por supuesto. Pero no es una versión, es mi versión, es mi poema. (...) No dejando que la traducción sea lineal”. Otro tanto nos lo justifica Rodolfo Alonso: “Traducir poesía, cosa que por aquellos tiempos hacía asiduamente, al mismo tiempo con ansiosa inquietud y con placentero abandono, fue no sólo la mejor educación (¿iniciación?) literaria posible sino realmente algo esencial para mi vida toda. No sería quien soy sin haberlo intentado”. Veamos un ejemplo, con el cual me hallo compenetrado, O trapiche de Ledo Ivo:
El trapiche

Quieres que guarde para ti el rocío.
Mas cómo puedo guardar lo que se disuelve

al sol, como el viento, el amor y la muerte?

¿Cómo guardar los sueños que soñamos

al paso que caminamos despiertos

en lo oscuro y sin nadie a nuestro lado?

¿Y los susurros de labios encantados

en el otro lado del muro? ¿Y la hierba que se esparce

en la pista del aeropuerto? ¿Y la mancha que aparece

en la cáscara del mango maduro?

¿Cómo guardar la brisa sibilante

en el combés del navío? ¿Y el vuelo del pájaro?

¿Y la barca abandonada que atraviesa el río

y para bajo la cubierta?

¿Cómo y por qué guardar un arreo herrumbroso

y la ceniza de la hoguera

y la lluvia que llovía y el viento que venteaba?

La nada guardaremos, nosotros que somos

el depósito de todo, el baúl y el trapiche.

El rocío, que es eterno, se evapora

llegada su hora. Y nuestros sueños

nos guardan fielmente en sus sepulcros.

El poema se refiere a un trapiche, palabra válida en Brasil y Venezuela, esto es el lugar donde se almacena la caña de azúcar y se elabora el aguardiente de caña, su veneno en la acepción baudelaireana. Si se apelara al título El almacén, destruiría el ámbito y el espíritu rural del texto, extensivos en la consideración metafísica y existencial allí inmanentes. La búsqueda de la unicidad del ser en la dispersión. Si se quiere, manifiesta el ars poética de Ledo Ivo: “Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable” (Confesiones de un Poeta, 2004, Academia Brasileña de las Letras-Topbooks, p. 13). El trapiche es la metáfora maravillosa y lograda de la cual se vale Ivo en la configuración del corpus del poema. Sencilla e impune, inmediata a nuestra paradójica condición, la de ser víctimas propiciatorias de los equívocos fundados en la poco probable conciliación habida entre el deseo y la realidad que nos ampara importunamente, como si fuésemos intrusos; despojada de la retórica hueca y abusiva en la aprehensión del paisaje y los objetos en los que nos reconocemos día tras día.
Hoy, traduciendo una interesantísima conversación de poetas brasileños —que nos envió a la redacción de Poesía el también amigo y poeta Floriano Martins—, constatamos la brecha que nos separa de la poesía del gigante amazónico. De lado y lado. Muy a pesar de nuestra vecindad geográfica, es menester aproximarnos en las virtudes y las falencias. Uno de los obstáculos lo representa la condición idiomática de cada cual, pese a que ambas lenguas son romances. Hay muy escaso interés en aprender el idioma del otro, aunque las excepciones al respecto constituyan una valiosa contribución en la construcción de un puente cada vez más necesario, en el combate a un proceso de globalización de una gula sin par, por cierto, una barrera bien notable. La poeta Astrid Cabral no deja pasar la limitante cultural: “Pienso que lo que ha ocasionado ‘un cierto vacío’ en las relaciones entre Brasil e Hispanoamérica, ha sido la influencia masiva y hegemónica de Norteamérica, adueñándose de todo y cualquier espacio, asimismo los recónditos lugares personales. Estados Unidos extendió el monopolio económico a las demás áreas. Comemos, vestimos, leemos y vivimos norteamericanamente —the american way of life, N.T.— (¡todavía bajo protestas! ¿Quién está virgen de unos pantalones Lee, o nunca mató el hambre en McDonald’s?)”. Al parecer, el Alca no repara en este tipo de detalles; no conviene la integración cultural de la América Latina, pues el todo estriba en el desigual intercambio de mercancías que atenuará el abultadísimo déficit fiscal de los Estados Unidos. Valga como colofón de este párrafo, la pertinencia de la integración latinoamericana per se, sin la mediación de gendarmes y mercaderes “protestantes”: “Un pueblo no alcanza el estado de civilización sumándose al proyecto de otro pueblo, sino tomando conciencia de su ser en el mundo, de su identidad y su especificidad cultural” (América como civilización emergente, de Adolfo Colombres, 2004, Editorial Sudamericana).


Por supuesto, tenemos el condicionante editorial de ambos lados de la frontera. No sólo en lo que toca a la edición recíproca como tal, sino en su divulgación continental. La referida conversación sostenida por los poetas brasileros Alberto da Costa e Silva, Carlos Néjar, Astrid Cabral, Claudio Willer, Álvaro Alves de Faría, Alexei Bueno y Flavio Khothe, arrojó un desconocimiento casi generalizado de la poesía venezolana actual. Fuera de nombres como los de Andrés Bello y Vicente Gerbasi, apenas se asoman poetas como Juan Calzadilla, Francisco Pérez Perdomo, Edmundo Aray y María Antonieta Flores. Sin embargo, el poeta Floriano Martins se ha dedicado a la divulgación de la poesía venezolana por medio de su revista virtual Algulha. Recientemente, el poeta Armindo Trevisan prologó una antología poética de Pérez Só, publicada por Monte Ávila Editores Latinoamericana. Uno de los pocos poetas venezolanos traducidos en portugués y editados en Brasil es Vicente Gerbasi con su libro Olivos de eternidad. Es de admitir que nuestras editoriales han fallado en la divulgación continental de la literatura venezolana, en especial el caso de los poetas. En Brasil hay un conocimiento más cabal del quehacer poético argentino, chileno y peruano.


En Venezuela, da la impresión de que se conoce algo más de la poesía brasileña del siglo XX. Ya se había dicho que la revista Poesía ha divulgado poéticas no tradicionales, como las de Brasil y Portugal, incluso el trabajo de poetas angoleños que escriben en portugués. En sus páginas tenemos textos poéticos y entrevistas realizadas a poetas tales como Ledo Ivo, Carlos Néjar, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Joao Cabral de Melo Neto, Floriano Martins, entre otros. Otro tanto ocurre con La Tuna de Oro, cuyo mercado divulgativo descansa en los estudiantes y docentes de la Universidad de Carabobo. Por otra parte, la colección Biblioteca Ayacucho ha editado títulos de poetas, narradores y ensayistas brasileños: Gilberto Freyre, Joaquim María Machado de Assis, Lima Barreto, Euclides da Cunha, Sergio Buarque de Holanda, Jorge Amado, y los poetas Oswald de Andrade, Mário de Andrade y Joao Cabral de Melo Neto. Fundarte publicó dos antologías de poetas brasileños: Ferreira Gullar (La lucha corporal y otros incendios, 1977, traducción de Santiago Kovadloff)y Joao Cabral de Melo Neto (Antología poética, 1979, traducción de Margara Russotto). Ejemplos que nos permite la fragilidad de nuestra memoria. Sin embargo, el inventario comprende desde el “fecundísimo modernismo brasileño” (Rodolfo Alonso dixit) de voces tales como la de Mario de Andrade, atravesando la poesía concreta de Ferreira Gullar, hasta el cierre del ciclo que representa la obra de poetas significativos como Joao Cabral de Melo Neto, Ledo Ivo y Carlos Néjar.


Por supuesto, ambas naciones parten de experiencias históricas peculiares. Pedro I proclama en 1822 la Independencia de Brasil, luego del traslado de la corona portuguesa al territorio amazónico, producto a su vez de la invasión napoleónica a la Península Ibérica. Ya no se trataba de un Virreinato, la mudanza y el acarreo trajo consigo la corte portuguesa a América con su cargamento de cultura, intelectuales y poesía. En el caso de Venezuela, la cautividad de Fernando VII a manos del ambicioso corso supuso un perfecto pretexto para la declaración de independencia del 19 de abril de 1810, la cual desembocaría en las mismísimas puertas del antiguo Imperio Inca. Quien iba a esperarlo de una modesta Capitanía General del Imperio Español. Sin embargo, las peculiaridades de cada cual incitan vivamente el acercamiento, más allá de la ausencia de la materia cultural en las cartas de intención y acuerdos recién firmados entre los presidentes Lula y Hugo Chávez Frías.


Cerremos este inventario binacional con estos versos de Carlos Néjar:


Cerrado para el balance

de todas las cobardías

y los actos heroicos —tan pocos—

dispongo las aptitudes

y las líneas de fuego

sin armisticio.

Me dispongo en esto

porque el equilibrio

es una camisa de fuerza

en mi cuerpo

y no tengo dónde poner

las ropas de la ambición

a no ser en la maleta vieja

del ático de la infancia.

Valencia, febrero de 2005

Nota:
Las traducciones de los textos en portugués, tanto los de prosa como los poemas, fueron realizadas por el autor del presente trabajo.





Saturday, October 18, 2008

INVITACIÓN A UNA CHARLA SOBRE POESÍA BRASILEÑA


Estimados amigos:

Les invito a la charla Panorama de la poesía contemporánea de Brasil, la cual daré en el marco de la IX Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (Filuc). Además, Guillermo Cerceau presentará el libro Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil, al cual pueden acceder por el link www.letralia.com/transletralia/brasil/index.htm . Este evento se llevará a cabo en el sótano del Centro Comercial Cristal, sector la Granja, Naguanagua (detrás del C.C. La Granja), sala Adriano González León, el día lunes 20 de octubre de 2008, hora: 4 pm. Sin más, su pana José Carlos De Nóbrega.

Thursday, October 16, 2008

MIMICKING ON THE AIR O DEL DISCURSO DEL OTRO EN LA OBRA MUSICAL DE ARGENIS SALAZAR




MIMICKING ON THE AIR O DEL DISCURSO DEL OTRO EN LA OBRA MUSICAL DE ARGENIS SALAZAR.
José Carlos De Nóbrega.



Mimicking on the air significa un importante punto de inflexión en la obra musical de Argenis Salazar. Luego de indagar en la marginalidad de la voz (los soldados o los pacientes psiquiátricos en Mandrake, 1995; el indigente y los humoristas colorados en Caballito Frenao, 1998, y los mariachis que deambulan por Madrid en Amor de Hambre), el discurso musical y experimental adquiere un afán sociológico y poético: Se solaza en la configuración de múltiples voces que imitan, remedan o parodian la voz del prójimo. En tal sentido, Enmanuel Lévinas manifiesta que es imposible acceder a Dios sin establecer una relación ética con el prójimo. Walter Benjamin nos dice que el ejercicio mimético del lenguaje es mágico y profético, lo cual acontece en la presencia del prójimo. Por ejemplo, Los Protocolos de los Sabios de Sión falsifican el discurso literario de obras tales como Diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu en el Infierno de Maurice Joly, para emprender una cruzada fascista y antisemita en todo el orbe; por desgracia, este libelo intolerante es leído todavía por jóvenes y viejos desprevenidos. Por el contrario, el poeta brasileño Ledo Ivo –en un acto de impostura poética- simula el discurso excluyente de las clases altas en el poema Los pobres en la estación de autobuses, en tanto postura crítica y solidaria respecto al problema de la pobreza en América Latina: “Verdaderamente los pobres no saben ni morir. / (Tienen casi siempre una muerte fea y de mal gusto) / Y en cualquier parte del mundo molestan, / viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares / aun cuando vayamos sentados y ellos viajen de pie” (traducción de Maricela Terán). Argenis Salazar revela nuestra particular relación con el otro apelando a la ironía, la festividad e, incluso, la conmiseración. La grabación supone una larga cadena de voces impostoras que delatan la repulsión o la simpatía por el otro: en unos casos, la imitación conjuga el humor mórbido, como el de los talk-shows de la T.V., y el prejuicio que nos provoca lo distinto, lo exótico; la mayoría de las veces, la voz que parodia es de una violencia muy viva; en uno de los registros más interesantes de la muestra, la voz femenina hace una seria exposición introductoria que somete al escarnio al otro, en este caso los argelinos o moros de habla francesa, de donde el comentario zahiriente funciona de prólogo a la imitación como tal. Nos seduce este proyecto sónico en la complicidad habida entre el artista, los participantes y los espectadores. Mi voz aparece en ese concierto abstruso ocupada en la lectura del poema Cuadrilla de Carlos Drummond de Andrade. Se nos antoja entonces la óptica terca, rigurosa y poética de entomólogos de la imagen como Luis Buñuel (cuya sordera progresiva le dio un toque particular a las bandas sonoras de sus films, recordemos los tambores de Calanda), quienes sacuden nuestra atrofiada capacidad de asombro en la contemplación de la paradójica condición humana: es la invasión de la poesía en los terrores atávicos, las obsesiones y las pretensiones precarias de la superioridad moral sobre el otro. La estética de Argenis Salazar elude, por fortuna, toda estridencia y parafernalia que conduzca a moralejas edificantes y sosas; nos descubre en el acto mismo de vaciar las vísceras, en la plenitud de nuestra frágil desnudez.

Valencia de San Desiderio, 16 de octubre de 2008.

Monday, October 06, 2008

VEREDICTO DE LAS BIENALES VENEZOLANAS DE LITERATURA 2006-2008: JOSÉ RAFAEL POCATERRA (POESÍA), ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ (ENSAYO) Y CANTA PIRULERO


El coloquio José Rafael Pocaterra se llevó a cabo muy a pesar de una atmósfera poco benévola: La constatación de las irregularidades administrativas de la gestión de José Napoleón Oropeza al frente del Ateneo de Valencia, patente en el informe de la Contraloría del estado Carabobo y, en especial, el silencio mediático al respecto; la ausencia del gobernador del estado y su secretario de cultura en la inauguración y el desarrollo del evento; además de la pobreza patética en lo que toca a la programación literaria y cultural de la IV Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN, capítulo Carabobo), síntoma de las debilidades del Gabinete de la Cultura en Carabobo. Gracias a la labor incansable de Gloria Peña Cruz, los trabajadores del Ateneo -acreedores aún de la justicia laboral y por qué no poética- y los escritores que son amigos verdaderos del Ateneo, entre ellos tenemos a Niddy Calderón, Gustavo Fernández Colón, Pedro Téllez, Luis Alberto Angulo y Enrique Mujica, el coloquio constituyó un diálogo franco en torno a la literatura y el arte. La discusión está en el tapete: la cultura en Carabobo se halla a merced del bioritmo electoral, los intereses particulares y las alcabalas burocráticas. Urge una respuesta contundente de los artistas y los espectadores para hacerle frente sin dar cuartel.


He aquí los veredictos de los concursos de la Bienal José Rafael Pocaterra:


VEREDICTO DE LAS BIENALES VENEZOLANAS DE LITERATURA 2006-2008, “JOSÉ RAFAEL POCATERRA”, “ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ” Y “CANTA PIRULERO”

PREMIO “JOSÉ RAFAEL POCATERRA”, MENCIÓN POESÍA
TÍTULO DEL LIBRO: UN MUNDO EN GUERRA
NOMBRE DEL AUTOR(A): Olga Marina Molina Campos

MENCIONES HONORÍFICAS:

TÍTULO DEL LIBRO: GANANCIA DE PESCADORES
AUTORA: Eleonora Requena

TÍTULO DEL LIBRO: CHOP SUEY
AUTORA: Ruth Hernández Boscán

TÍTULO DEL LIBRO: TEXTURAS DEL TRÁFICO
AUTORA: Minerva Josefina Reyes

TÍTUILO DEL LIBRO: POSTAL DE SEQUÍA
AUTOR: Freddy Náñez Contreras

TÍTULO DEL LIBRO: BREVE ESPERANZA DE PÁJARO
AUTOR: Luis Ángel Barreto

TÍTULO DEL LIBRO: ESTACIÓN PETARE
AUTORA: Marissa Arroyal

TÍTULO DEL LIBRO: COMO UNA COSTUMBRE
AUTORA: Azul Urdaneta

Jurado: Douglas Bohórquez, Luis Alberto Angulo y Enrique Mujica.


PREMIO “ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ” (ENSAYO)
TÍTULO DEL LIBRO: LA SOMBRA DEL CRONISTA: UN ACERCAMIENTO A LA VIDA Y OBRA DE ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ.
AUTOR: ELOY YAGÜE JARQUE

MENCIONES HONORÍFICAS:

TÍTULO DEL LIBRO: EL HOMBRE CONCURRIDO
AUTOR: Luis Ángel Barreto

TÍTULO DEL LIBRO: DESTINO DE LO IMPOSIBLE
AUTOR: Arnaldo Jiménez

Jurado: Cósimo Mandrillo, Pedro Téllez y José Carlos De Nóbrega.


PREMIO “CANTA PIRULERO”

TÍTULO DEL LIBRO: PASAPUERTAS
AUTOR: Fedossy Santaella

Jurado: Niddy Calderón, Coralia López y Armando José Sequera.


Valencia, 4 de octubre de 2008.

Saturday, September 13, 2008

URTEXT. José Joaquín Burgos


Urtext
José Joaquín Burgos


Así se llama. Y pudiera parecer, a simple vista, una de las tantas revistas literarias que en este país salen una vez para esconderse luego en el silencio y en el olvido, porque en nuestro país ha sido casi una constante histórica, salvo excepciones como la de El Cojo Ilustrado; la Revista Venezolana, de Lisandro Alvarado; Cosmópolis; Elite, que sobrevivió varias décadas, transformada ya en una revista semanal de cobertura nacional. Los otros intentos, en su mayoría, apenas alcanzaron a fijarse, fugazmente, en la memoria literaria. La Alborada; los manifiestos y publicaciones de tantos grupos literarios (Viernes, Contrapunto, El techo de la ballena, Sol cuello cortado, Tránsito…).


Urtext viene, pues, precedida de esa especie de huella perenne que tienen nuestras revistas literarias (Poesía, de la UC, es, por cierto, una hermosa excepción de sobrevivencia). Pero viene también -dijeran aquellos magistrales magistrados- "preñada de buenas intenciones", y eso ya es bastante. Así se concibió en un grupo de escritores que hacen vida en Valencia, y finalmente Fáver Páez y Gustavo Montiel la hicieron realidad. El primer número -éste que saboreamos ahora con placer e interés- es ya, en sí, una nueva proposición de lectura. Una diagramación novedosa, tal vez con alguna travesura de esas que hacen los duendes en los impresos. Un material limpio, escrito con mucho respeto por el lenguaje y por el lector. Una página "a todo dar", como dicen los mexicanos, con la poesía y un bellísimo retrato de María Sorquíbea Garzón: poemas dignos del oficio, que ella maneja con absoluto señorío. Un cuento -La mujer de los retratos- de Rafael Simón Hurtado; muestras visuales de Freddy Ordaz… en fin, un nuevo polo de expresión literaria, llamado a ocupar un espacio tan propio como necesario en esta ciudad donde tantas cosas acontecen y tan pocas se conocen y comentan. En broma hemos bromeado a veces a Fáver y a Gustavo, por la publicación de URTEXT. De corazón, nos sentimos orgullosos de que hayan realizado su proyecto. URTEXT no es un sancta santorum sino que está abierta a todos los horizontes. Y será, sin duda alguna, una de las más importantes y necesarias referencias del mundo literario tanto regional como nacional, y ojalá de allende las fronteras. Eso esperamos y deseamos, sinceramente.


Apéndice nuestro: Nos sumamos a la celebración de esta empresa editorial y familiar de nuestro amigo, el poeta Fáver Páez, que va de la palabra a los hechos. Es destacable, además de la mayoría de las firmas amigas, la excelente diagramación de nuestro pana Pablo Fierro. ¡Enhorabuena!

Tuesday, September 02, 2008

HEREJÍA DE LA LEVADURA


HEREJÍA DE LA LEVADURA

José Carlos De Nóbrega

“En la judería de Sevilla, actual barrio de Santa Cruz, el pueblo creía ingenuamente que el Mesías judaico había tomado la forma de un pez que evolucionaba en las aguas del Guadalquivir para liberarse de las persecuciones del inquisidor”, refiere Lafaye atendiendo al texto Centinela contra judíos, puesta en la torre de la Iglesia de Dios (1674) de Fray Francisco de Torrejoncillo, para concluir luego “Judaísmo y cristianismo, injertados en un mismo tronco, quedan separados por la diversidad de sus Mesías respectivos” (1). La citada parábola también ilustra el espíritu del marranismo o criptojudaísmo desarrollado en la España medieval, contexto geográfico e histórico nombrado en sus auténticas implicaciones: Sefarad, asentamiento más de la dispersión hebrea, Al-Andalus, clímax del expansionismo musulmán, e Hispania, tierra de la reconquista cristiana. El referido libro del franciscano Torrejoncillo es heredero de la literatura antijudía producto de tal proceso y confrontación histórica.




Pese al hecho de transcurrir ciento ochenta y dos años de la expulsión de los sefardíes por los Reyes Católicos, Fray Francisco de Torrejoncillo –apoyándose en el texto portugués Perfidia judaica de Vicente de Acosta Matos (1626)- cuestiona “las ansias que tienen los judíos de ver venir al Mesías”, inventariando la sucesión de los falsos Mesías judíos de España y Portugal en aquel entonces. Exposición en la advertencia en torno a los temibles influjos que “la levadura de la herejía” (2) judía pueda aún ejercer contra la fe católica, quebrantándola. En resumidas cuentas, el celo proselitista católico -no sólo religioso, sino también político- establece en este caso una denodada oposición al crecimiento de las expectativas escatológicas del pueblo judío, ante el nuevo curso de su oprobiosa diáspora!



Partiendo del límite y cauce que pretenden las líneas anteriores imponer a un tema tan complejo y dilatado como la literatura antijudía, es necesario referirnos al fenómeno del marranismo en su substrato propicio, España, de la manera más concisa; pues generó la sistematización de tal literatura, conformando contenidos y figuras arquetípicas que alimentaron posteriormente a los diversos grupos y autores antisemitas de los siglos XIX y XX.



Desde la época del Imperio Romano, los judíos fueron asentándose en la península ibérica, destacando las comunidades de Toledo y Cádiz; existen indicios de presencia judía en Tarragona alrededor del siglo II d.C., y en Tortosa antes del siglo V d.C.. Según ellos mismos, eran descendientes de los aristócratas de Jerusalem, la del Templo destruido por Tito. La invasión bárbara del siglo V no les afectó negativamente, hasta que los visigodos desechan el cristianismo ortodoxo, asumiendo entonces el catolicismo. En 589, siendo rey Recaredo, la legislación eclesiástica se les impone con rigor: Concilio de Ilíberis (300-303) y los concilios toledanos, el tercero (589) y el cuarto (633), los cuales segregaron a los judíos en cuanto a relacionarse con los cristianos (parentesco, ceremonial religioso conjunto, influencia sobre parientes o sirvientes cristianos). Insurge San Isidoro de Sevilla (560-636), presidente del IV Concilio toledano, con el texto apologético Contra Judaeos, iniciándose el caudal de literatura antijudía española. De él decía Martín Alonso: “San Isidoro, en nuestras letras, representa el primer eslabón de donde arranca la gran cadena de oro de nuestras celebridades literario-cristianas”. Síguele San Ildefonso, obispo de origen posiblemente judío, con De Virginitate (657-667), que trata de tres herejes o “personajes fingidos”. Ello, sumado al edicto del 616 por el rey Sisebuto, que ordenó el bautismo de todos los judíos del reino so pena de exilio y embargo de sus bienes, podría encuadrar con esta frase de San Isidoro: “Según la herida, se ha de aplicar a cada uno el remedio”.



La ineficacia de tales medidas en tanto infidelidad de los conversos, fue preocupación de los visigodos hasta la invasión árabe en 711. El dominio de la península por los musulmanes, Al-Andalus, involucró un período de esplendor de los judíos españoles tanto en el Califato de Córdoba, hasta su caída en 1012, como en los reinos pequeños surgidos de su decadencia. La tolerancia árabe, fundamentada en la tregua convenida entre Mahoma y las tribus judías de Hijaz, les cobraría un tributo equivalente al 50% de sus ingresos. En la literatura islámica de aquel tiempo, gracias a la convivencia de musulmanes y hebreos –más de las veces inestable- y al hecho de provenir ambas religiones del mismo tronco, la polémica antijudía es harto escasa. San Julián, heredero de San Isidoro en cuanto referencia literaria de su siglo, presentó en 886 De comprobationes aetatis sextae prosiguiendo la tradición apologética antijudía. A partir del siglo XII, con la invasión de los almorávides, se quebranta el régimen de tolerancia árabe. El estricto puritanismo de los almohades –secta del norte de África- enviados en 1148 a España para enfrentar el avance cristiano, conllevó la prohibición del cristianismo y el judaísmo en los asediados dominios musulmanes. Entonces se desprendieron dos alternativas para los judíos: huir a los reinos cristianos del norte, afirmándose su predominio, y reasumir el criptojudaísmo la minoría restante que se convirtió al Islamismo.



En el fragor de las cruzadas, Hispania fue consolidad, redimida y representada por el Cid Campeador. La Historia le registra como mercenario al servicio del rey moro de Zaragoza, después conquistando Valencia, “la perla del Mediterráneo musulmán” (Montoliu), repelindo la crueldad de los almorávides, hecha prisionera la oposición del conde de Barcelona a su “loable” gesta. La irregular y rústica métrica del Poema, sin descartar la historicidad de Ruy Díaz de Vivar, le representa con su nobilísima barba, su espíritu cristiano de reconquista afecto al humor y a los botines de guerra, así como su irregular apego a la institucionalidad nobiliaria; la musicalidad castiza y el tono realista del poema connotan la cristalización del ideal nacional castellano en el Cid como punta de lanza en la misión de “redimir todo el suelo que consideraba suyo” (M. Alonso). Bajo tales premisas, en el Cantar Primero, el destierro, el Cid pasa por Burgos en donde, con la ayuda de Martín Antolinez, toma dinero prestado de dos judíos dejando como prenda dos arcas llenas de arena haciéndolas pasar por oro y plata: “Por Raquel e Vidas vayadesme privado: / quando en Burgos me vedaron compra y el rey me a airado, / non puedo traer el aver, ca mucho es pesado, / empeñar gelo he por lo que fore guisado; / de noche lo lieven, que non lo vean cristianos. / Véalo el Criador con todos los sos santos, / yo mas non puedo e amidos lo fago”. Pícara bofetada ésta a la usura del judío y a su “colaboracionismo” (el término es una mera adaptación del discurso medieval reaccionario en clave moderna) con los moros, en pro de la santa cruzada.




A medida que avanzaba la reconquista de las tierras en poder del Islam, la inicial política de tolerancia para con la minoría judía por los estados cristianos fue menguando. El antijudaísmo de los Concilios Lateranos de 1179 y 1215 fue vaciado en las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio de Castilla (1252-1282). No podemos obviar nuevamente la influencia de San Isidoro de Sevilla en la obra intelectual de este monarca. A pesar que llamó tanto a cristianos, judíos y musulmanes en la completación de su vasta y fundamental empresa cultural (comprendiendo incluso traducciones castellanas de la Mischna, del Talmud y de la Cábala), así como del cumplimiento esporádico de los preceptos antijudíos de su Código, Alfonso X instituyó base jurídica a la política antisemita que leudaría con intensidad tiempo después.



De esta época, merecen consideración aparte obras de Gonzalo de Berceo (nacido a finales del siglo XII y fallecido en 1268), del Arcipreste de Hita, Juan Ruiz (+ 1351), y de Don Juan Manuel (1282-1348), como prolongación de la tradición antijudía en la literatura española. Los siglos XIII y XIV, representan el período en el cual tomó cuerpo definitivo tal tendencia en la configuración de la cultura hispánica. De Berceo destaca Los Milagros de Nuestra Señora, poema referido a veinticinco sucesos milagrosos de la virgen; por enxienplo “La Deuda Pagada” relata cómo Dios intercede por un burgués cristiano venido a menos económicamente, “de gran corazón” y que no “fallava usura, / Ni entre los estrannos, ni entre su natura”, primero como su fiador en el préstamo que toma de un judío –“trufan renegado”-, y luego evidenciando la mentira del hebreo al zanjar el pleito posterior –“trufan malo, confuso e maltrecho”-. En “Los judíos de Toledo”, la voz celestial y mariana, asumida siglos ha por San Isidoro y San Ildefonso, nos dice: “La gient de iudaismo, sorda e cegaiosa, / Nunqua contra don Cristo non fo más porfiosa. / (…) Otra vez crucifigan al mi caro Fijuelo. / Non entendrie ninguno quand grand es el mi duelo, / Criasse en Toledo un amargo maiuelo, / Non se crió tan malo nunqua en esti suelo”. Es el deicidio cotidiano de los iudios denunciado a través del sufrimiento materno de María la Virgen. Constituye otro de los asertos fundamentales, de figura y fondo, del antisemitismo cristiano occidental en la totalidad de sus estadios, pese a la última edición del catecismo católico en Francia (1992), que, al igual de los falsos cronicones, lava a los hebreos del martirio y muerte de Jesucristo.



Contrariando el tono místico y mariano de aquel Berceo, concebido en la atmósfera del monasterio benedictino, manifiéstase el humor agreste y concupiscente del Libro del buen amor que el Arcipreste de Hita compuso en el templo mismo de la picaresca española, que no es más que la mala y sórdida prisión. Arranca su compleja y equívoca estructura, con la oración “qu’el acipreste fizo a Dios”: “Señor Dios, que a los judíos, pueblo de perdición, / sacaste de cabtivo del poder de Faraón, / a Daniel sacaste del pozo de Babilión: / saca a mí coytado desta mala presión”. Pese a las aventuras del poeta en el pecado, Juan Ruiz en su visita a la ermita de Santa María del Vido cercana la Semana Santa, hace cantigas a la Virgen y luego a la pasión de Jesús: “Ora de maytines / dándole Judas paz / judíos golhines, / como si fues’rrapaz, / aquestos mastines / asy ante su faz / travaron dél luego todos enderredor. / (…) Fue preso e ferido / de judíos muy mal, / este Dios, en que creemos, / fuéronlo azotar”. A esta altura interpone la pelea que tuvo Don Carnal con la Cuaresma, de cómo el primero burla a Don Ayuno, su carcelero, pasando de la Iglesia a la Judería, en la cual “rrescibiéronle bien en su carnicería, / pascua de pan cenceño entonces les venía: / (…) e él vido buen día”; entonces, Don Carnal reta y pone en fuga a Doña Cuaresma, siendo la derrota de ésta bien recibida por “todos los rrabíes con todos sus aperos”. Como acotación final, algunos de los enxiemplos o apólogos reunidos en el texto, tienen como fuente la Disciplina Clericalis de Pedro Alfonso, el Moseh Sefardí convertido en 1106, autor de Dialogui contra judaeos.



En Don Juan Manuel, considerado primer intelectual y prosista del siglo XIV, no encontramos signos tan evidentes de antijudaísmo como en los dos autores ya tratados. Empero, su texto Libro de los Estados registra cómo el sabio Julio convierte a tres gentiles a Cristo, el príncipe Johás, su padre Morován y el sabio Turín, haciéndoles desistir de sus “errores profesados”. De donde la disputa de las religiones está influida por el Gentil o Los tres Sabios de Ramón Lull, en el que se explicita la confrontación del cristianismo con el judaísmo y el islamismo, novela filosófica proveniente de la literatura exegética en la resolución de las divergencias religiosas y políticas. Al tocar la caracterización de la sociedad de aquel tiempo, a través de su discurso doctrinal, la obra de Juan Manuel hace eco fiel de las Siete Partidas de su tío Alfonso X, en tanto instrumento del celo cristiano en pos del enseñoramiento de la Península.



Las querellas entre cristianos y judíos cobran un inusitado apogeo durante la celebración de la asamblea convocada en Tortosa por Benedicto XIII –antipapa apoyado por los españoles- en 1413-1414. Fue burdo espectáculo público y golpe de publicidad antijudía llevado hábilmente por Josué Lorki, converso bautizado con el nombre de Jerónimo de Santa Fe, en el cual el debate pautado degeneró en un juicio contra la herejía del judaísmo, digna tan sólo de consideración por parte de la Santa Inquisición. La oposición de los rabinos de la Corona de Aragón resultó inútil ante la obscena tramoya católica. Por lo que siguió la multiplicación de las conversiones masivas de judíos a extremos paroxísticos.



Del acoso y la arbitrariedad de los procesos inquisitoriales, de las turbas del populacho que asolaron juderías a punta de espadas y filo de cuchillos, de la febril actividad proselitista del catolicismo hasta el extremo de arrastrar judíos a las pilas bautismales, surge el buril que dibujó la etiqueta distintiva de estos conversos; anusim, los forzados para los judíos, alboraycos, de al-Burak cabalgadura de Mahoma –quimera ambigua que ni era mula, ni siquiera caballo, ni tenía sexo-, y marranos, categoría del desprecio e intolerancia castellanos –palabra castiza del Medioevo que es cerdo, y que aplicada a los conversos es la inversión de la aversión hebrea al consumo de tal carne-. El concilio provincial de Tortosa (1429) y el Concilio General de Basilea (1434), fueron el nuevo y absurdo sesgo de la política antijudía de la Iglesia Católica; considerar a los “nuevos cristianos” como herejes infiltrados en su seno, con la subsecuente represión de tal anomalía; traducido en palabras de Tomás de Torquemada en un memorial dirigido a la reina católica: “que mirando vuestra alteza algund ( ) en que ( ) a Dios nuestro señor debe mucho su honra y porque en estos vuestros reinos hay muchos blasfemadores renegadores de Dios y de los santos y ansimesmos hechiceros y adevinos debe vuestra alteza dar forma como se castigue y que vuestros corregidores y justicias sepan el castigo que a los tales ha de dar y éste sin ninguna dispensación”. Hasta tal punto, que consta en el Cronicón de Julián Pedro, llevado a la sangrienta instancia del Santo Oficio, la conversión por el mismo Cristo del gran rabino Eleazar, y que a su retorno a Toledo, gracias al portento, convirtió a toda la comunidad judía de allí; tratando de demostrar los judíos que “eran los más antiguos cristianos viejos de la península!” (Lafaye).

Para finalizar este esbozo de la herejía de la levadura antijudía, tenemos que referirnos a la Historia General de España de Juan de Mariana (1601), la cual establece la dualidad España e Iglesia como el trascendental aliento de la nueva cruzada anti-islámica y hebrea en pro de la hegemonía de Hispania allende sus fronteras. Además, el año de 1492 constituiría el tríptico enviado por Dios que favorecería tal ente: la conquista de Granada por Fernando el católico, “que toda España con esta victoria quedaba por Cristo Nuestro Señor, cuya era antes”, “el descubrimiento de las Indias Occidentales (…) cosa maravillosa y que de tantos siglos estaba reservada para esta edad”, y la expulsión de los judíos sefardíes de la península. De “modo que los españoles estarían incesantemente en guerra con los infieles”, moros, judíos e indios.



Entregado a su tiempo, como esclavo y vasallo (en palabras de Canetti), Cervantes –asumiendo también la síntesis del espíritu de su entorno, así como el estar contra su época- en el Quijote presenta la vulgar jactancia de Sancho Panza en cuanto a no tener sangre judía, en alusión quizá a los estatutos de sangre o a el Tizón de la nobleza de España (1560). Quevedo por su parte, en un soneto dedicado a Góngora, embiste a la condición judía: “Yo te untaré mis obras con tocino, / porque no me las muerdas, Gongorilla, / (…) ¿Por qué censuras tú la lengua griega / siendo sólo rabí de la judía, / cosa que tu nariz aún no niega?”. Ecos y muestras palpables del antijudaísmo en la cultura hispánica, heredad ésta de larga data y proyección.

Febrero de 1993

NOTAS
(1) Jacques Lafaye: Mesías, cruzadas, utopías. Fondo de Cultura Económica, México, 1984, pág. 27.
(2) Compendio de la obra titulada Directorio de Inquisidores, de Nicolao Eymerico Inquisidor de Aragón, Mompeller, 1821.

Friday, August 22, 2008

UNA TRILOGÍA POÉTICA DE OSWALDO GONZÁLEZ


UNA TRILOGÍA POÉTICA DE OSWALDO GONZÁLEZ


José Carlos De Nóbrega
Ilustración: Esaú vende su primogenitura de Hendrick ter Brugghen


Tuve noticia de Oswaldo González Quiñones cuando Carlos Villaverde me había mostrado las galeradas de un volumen suyo de ensayo sobre los judíos sefarditas en América Latina. Años más tarde, en mayo de 2007, una participación suya en una charla que dimos Guillermo Cerceau y yo sobre la obra de Elías Canetti nos permitió conocerlo; la ocasión fue propicia para leer su poesía, pues me obsequió la trilogía poética de la cual vamos a conversar: Canto Rodado (2005), Solidaria Herrumbre (2005) y Abrevadero (2006). No me equivoco al afirmar que es un afortunado y paradójico hallazgo: no hay divorcio entre el poeta y el docente, pues un ejercicio sobrio y significativo de la metodología configura su discurso poético; sí, la metodología en tanto camino crítico que afecta hasta el acto mismo de cepillarse los dientes, tal como él mismo la define con impune soltura. El texto poético se presenta en una escritura precisa e impecable, desprovista de adjetivaciones innecesarias que debilitarían al objeto poético mentado a través de los sustantivos e incluso redondeado por los verbos. Me sugiere la claridad conceptual de Baltasar Gracián, no obstante el estilo barroco con el cual no comulga Oswaldo. Persiste en el inicio peculiar del poema: una primera estrofa a la manera del haiku que se basta a sí misma, no en balde su conexión sólida con el resto del texto; ello en un tratamiento heredado quizá del trabajo del mexicano José Juan Tablada en el libro dedicado a Li Po, publicado en nuestro país a principios de siglo. Veámoslo en este caso: “En ti piedra / detuvo el tiempo / su ala buena”. Luego prosigue el poema: “Tu sueño // de anclaje involuntario / habitado por el vuelo / fue suficiente / para renacer cometa // Pluma y arcilla / en un intento”. Pertenece al poemario Canto Rodado, conjunto de una fuerza juvenil atenta a la sensualidad del entorno; nos conmueve en la transición hacia el canto rodado, pues el impacto de los elementos en la piedra es desgaste pero también cambio que la inscribe en una canción por la vida: “Piedra / que viaja y canta” o mejor aún “piedra / de agua / que sufría / de río”. Por supuesto, no compartimos las críticas adversas a este magnífico libro expresadas en la oscuridad del pseudónimo-hembra, más afín a las hablillas de callejón que al ejercicio responsable de la crítica literaria. A tal efecto, escuchen el poema 20 de Piedra, segunda parte del libro, con los ojos cerrados aguzando el oído, la lengua y el tacto: “Cuando llueva / recogeré una gota / en mi dedo pequeño // Convertiré el arca / de piedra carcomida / en líquida colmena // lloverá sobre / guijarros de aguacero”.


Solidaria Herrumbre apuesta de nuevo por el poema breve, despojado de hueca retórica que procura mentir en el ornamento absurdo y en la futilidad de la filigrana verbal trasnochada. Evidentemente el tratamiento del paisaje, primario e interiorizado, lo enlaza a Canto Rodado: “Hay un verde / que el hombre mira / después su alambre // Ancho y largo / no cuenta el alto / busca encerrarse // Para qué púas / rezonga el viento” –es semejante a la poética paisajística de Carlos Hernández Guerra en la simplicidad y la contundencia del trazo-; sólo que el vigor en la mirada asombrosa del mundo que nos ofrece el primer poemario, da paso a la preeminencia del tema de la soledad patente en el segundo. El poema 44 nos remite al pasajero ebrio de un autobús que resbala peligrosamente en la autopista: “Ella se fue / yo me quedé // Aquí en la lluvia // No dijo adiós / ni dejó papel // Qué hago / si se me muere / la soledad”. La solidaridad con el proletario lo emparenta con el texto de Ledo Ivo referido a la estación o terminal de autobuses: “Verdaderamente los pobres no saben ni morir. / (Tienen casi siempre una muerte fea y de mal gusto) / Y en cualquier lugar del mundo molestan, / viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares / aun cuando vayamos sentados y ellos viajen de pie”. Como se puede ver, en el primero nos marca la ternura mientras que en el segundo nos solidarizamos por vía de la impostura crítica del respingado discurso estúpido de la clase media. Son muchos los monólogos de la voz poética viendo llover sobre el mundo: “Quién / mató al gallo / si está de luna // su voz / que empapa / lajas de altura // Abro la puerta / de par en par / hasta que venga // la noche / del aguacero // sus escalones / llorando frío”. Se naufraga, estragados el cuerpo y el alma, en una casa sola, reducida a cenizas del hastío que manchan la albura de la camisa. Hay otros textos que abordan sin cortapisas el tema de la muerte que desarrollará con mayor amplitud en el libro aún inédito Tierra de Difuntos: “Iba tan solo / pero cayó / desprevenido // Son días / oliendo a muerto // El perro sabe / guarda y espera // porque su amo / leyó en la Biblia / una palabra // resurrección”. Nos retrotrae a Cancerbero custodiando el Hades, por una parte, y por la otra la magnífica tensión del relato La insolación de Horacio Quiroga en el que los perros son testigos aterrados de la muerte del amo.


Abrevadero es un libro muy hermoso, pues remite a la concupiscencia y la saudade de los olores de la infancia. Un homenaje edípico –me confieso militante de este adjetivo-, sentido y delicioso al matriarcado todo rigor con la sazón de la bondad y la abnegación: son los nombres de Adela y María Quiñones y agrego como lector el de Augusta. Degustamos en la memoria los tacones de puta y el caldo de lentejas y la carne guisada en sus implicaciones bíblicas y sefarditas: “Siempre / mi nostalgia llega / oliendo a vainilla // algunas veces a papelón suplicado // cuando la mano / rebozada de tarde / es redondez de canción // en repunte de caldero”. Es comprensible la venta que Esaú hace de la primogenitura apostando a la sensualidad de la boca, el guiso y las lentejas en el tiovivo cariñoso del estómago; ello muy a pesar del ala rozando por siempre la campana en alusión al purgatorio, metáfora terrorista del cura Cacique echada de la casa materna en un dulce exorcismo de clavo y canela. Abrevamos entonces en nuestra educación sentimental primera, la referida al habla vertida en las historias de los abuelos y los padres, sus costumbres, mañas y contingentes modales: “Mi casa infantil / de cúpula verde / erecta sus techos // en riñas de gatos // Tiene aljibe / con edad de abuelo / y risas de primos / moliendo café”. Retomando el tema de la muerte, a la cual se combate por medio de la memoria y la evocación poética, el poema se despoja de una fácil imaginería visual para proferir un desgarrador grito: “El chirrido / es de verja / y camposanto // Tan doliente / que cuelga / en el sollozo // de la tarde” para morderse la cola así “Es chirrido de ataúd tocando fondo”. Sin embargo, María Quiñones, la del rostro severo pintado por otro de sus hijos –Ramón Belisario-, nos ve complacida lidiando con el mundo a punta de palabras amorosas: “Mi madre era aire / anhelando el agua / que esparció terrón // túmulo de espiga // por eso juntó / virutas del tiempo / haciéndonos vidrio / fuego de ocasión”. Nos importa entonces el diálogo franco con la poesía de Oswaldo González Quiñones, no el mercado de libros hipócritas e idiotas que embargan a la mayoría en el autoengaño y la falta de propósito lúdico y placentero en sus vidas.

UNA APROXIMACIÓN HEROICA DE JULIO RAFAEL SILVA A LA OBRA DE JOSÉ LEÓN TAPIA




UNA APROXIMACIÓN HEROICA DE JULIO RAFAEL SILVA A LA OBRA DE JOSÉ LEÓN TAPIA. José Carlos De Nóbrega.


Los libros de ensayo de Julio Rafael Silva pueden obviar el índice: se dejan leer de un solo tirón, pues conjugan erudición amable y respetuosa, transparencia y pasión que rayan al punto en una ternura cortazariana: por supuesto, la que se refiere a los conejitos incubados en el estómago –indudable enclave de las emociones-, el goce sensual que provocan los muslos de Silvia o el estar balbuciendo el asombro ante las puertas del cielo, mientras Celina baila en el bar con todos los parroquianos. De ello doy devota fe afincada en la amistad. En especial cuando leí Cinco ensayos como (pre)textos para a(r)mar a Venezuela (2002), si bien se mantiene aún inédito por razones o peripecias de difícil comprensión, sin embargo constituye el origen de sus otros libros más afortunados: Del retrato a la máscara en el laberinto literario de Arturo Úslar Pietri (2004), el volumen dedicado a Carlos Noguera bajo el sello editorial el perro y la rana (2005), Francisco Lo Russo: Un ángel de María Lionza (2007) y el título que hoy nos ocupa celebrar Héroes y villanos, llaneros y llanura en las narraciones de José León Tapia (2008, UNELLEZ). Julio Rafael, más que agudo ensayista, se nos antoja un bondadoso relator a la manera del capitán Marlow: se conversa con el texto ataviado de blanco, anclado el barco o el bongo en cualquier río emblemático de Venezuela, llámese Tirgua, Apure o Arauca.


En este caso, la aproximación de Julio a la obra de José León Tapia es gratamente afectiva, oportuna y estimulante, muy a pesar de la estridencia electoral que nos embarga sin misericordia escurriendo el bulto –la mayoría de las veces- a la discusión de altura. Nos incita a realizar una lectura inédita y poética de la obra narrativa de este gran escritor barinés (valga el intermedio: José León Tapia pertenece a la estirpe de escritores que ejercen la medicina, además de él tenemos por ejemplo a Jesús Semprum, José Solanes, Francisco Herrera Luque, Reynaldo Pérez Só, Pedro Téllez y José Horakyo Guillén). Nuestro amigo ausculta sin arrogancia académica su esencia, dirigida o presidida por una indagación personalísima en la historia venezolana: la vindicación de los vencidos, aquellos seres olvidados por la Academias de la Historia o Sociedades Bolivarianas mediatizadas en los recovecos grasientos del discurso del poder, marcado por el caudillismo de tenor decimonónico, puntofijista o postmoderno. Julio Rafael Silva lo sintetiza sin dar cuartel: “Sus textos son el fiel testimonio de una laboriosa empresa, de una difícil y penosa tarea: buscar en la entraña humana de nuestros héroes patrios, analizar su obra, su vida y sus pasiones desmontándolas (para comprenderlas, aprehenderlas y disfrutarlas más) del parapeto sacro en el cual la ingenuidad, la mojigatería y el negocio político han oficiado por turno su incienso de mentiras, como fieles turiferarios de ocasión” (p. 60). No nos sorprende entonces que este libro funcione también como una antología mínima narrativa de José León Tapia: la panorámica se detiene atentamente en libros tales como Por aquí pasó Zamora (1972), Maisanta, el último hombre a caballo (1974), Tierra de Marqueses (1977) o El Tigre de Guaitó (1979) –es de resaltar, por ejemplo, que una concepción neogoda pretende con su ignorancia histórica reducir a Zamora y a Maisanta como meros bandoleros, contrastándolos con civilistas que han promovido la represión, la corrupción y la exclusión de las mayorías-; las citas destacadas en negrillas respiran de manera espontánea, ello en virtud del ojo atinado y respetuoso del coleccionista en la selección que no desentona con el comentario colindante. La vecindad del texto narrativo y el ensayístico supone entonces una de sus grandes virtudes, pues el diálogo abierto se regodea en el placer único e irrepetible de la lectura en múltiples instancias. Sobre todo en la atmósfera plena de camaradería y solaz que destila el libro en su inicio mismo: el hermoso texto Los Julios (Anotaciones para un centenario) con el que nos obsequia José León Tapia, como si la conversación fluyera de chinchorro a chinchorro una tardecita cualquiera en Barinas, luego de atender a sus pacientes de siempre.


Este libro de una amenidad sin par, no excluye una preocupación crítica del autor en el rescate de nuestros escritores, la mayoría de las veces huérfanos de lectores agradecidos y estudiosos despiertos en la fiesta de la palabra; desdice tan lamentable e imperdonable acto de omisión. Es bien sabida la parasitaria que roe las entrañas de las escuelas, universidades y bibliotecas públicas: el imperio de una burocracia ignorante y ruin, afín al mero marcaje estafador de la tarjeta de entrada y salida del infierno que el poder ha forjado en la promoción de la medianía y la indolencia. Escuchemos a José León Tapia en su denuncia a otro vicio no menos neurálgico: “Vivo inconforme con esta sociedad, te diría asqueado por una sociedad donde el dinero es dios, y donde todo es individualismo, donde todo es ganancia y se explota al otro para enriquecerse tú” (p. 136). El decir poético del discurso narrativo de este curandero de cuerpos y almas es indiscutible, de honda raigambre oral, popular y humanística; parte de la problemática y maravillosa convivencia con los fantasmas de su pueblo y su personal memoria, sin un llorón apego necrológico pero sí en tanto lucha insomne que nos aferra a la vida que nos bendice y ennoblece: “Todavía en mí habitan fantasmas. Tanto así, que me trasnochan: no me dejan dormir, todas las noches me tengo que levantar a escribir. El que más me despierta es mi padre, un gran llanero fantasioso, que supo en vida llenarme de cuentos (…) Con mi bisturí salvé a media Barinas, pero con mi palabra la he salvado toda” (p.137). Este volumen es a la vez diario de lectura o guía enternecida que nos conduce a José León Tapia sin tramoyas ni fanfarronerías del intelecto, mucho menos callejones sin salida; nos recuerda la experiencia comunitaria y divina en el embotellamiento vehicular de la Autopista del Sur fabulada por Julio Cortázar.


Julio Rafael Silva cree denodadamente en la belleza del libro como objeto de arte, pues la Criba Fotográfica lo convierte en un Álbum Familiar que va del sepia a la fotografía en color: Se retrata a José León Tapia como figura pública y –mejor aún- en la intimidad de su circulo familiar y afectivo. No es para menos, siguiendo a Julio Rafael, pues se trata de celebrar la lectura de este libro-puente que empalma con los libros de amor e imaginación de José León Tapia. Lean entonces en voz alta y se sentirán bien acompañados.




En Valencia de San Desiderio, Librerías del Sur, sábado 16 de agosto de 2008.

Monday, August 11, 2008

KAREN II



Es un travieso alboroto blanco de manchas café. Hija de Lucky y de un pequinés bochinchero cuyo nombre desconocemos, nos la regaló Yajaira muy pequeña sobre un pañito de cocina (en ese entonces cabía en un puño). Sacude el silencio y la oscuridad húmeda de nuestra casa dando carreras desbocadas, mordisqueando las patas de los muebles y ladrando a todo lo que se desliza frente a sus ojos y su olfato. Va a cumplir seis meses el 15 de agosto, esto es tres años y medio en tanto niña de nuestra familia. Cuando es visitada por Fibi, su morocha marrón oscuro salpicada de blanco y negro, la fastidia hasta que ambas desfallecen de cansancio pasados miles de mordiscos juguetones. Los jueves y los viernes acompaña, conversa y le hace arrumacos a Yajaira como pausa dulce de los oficios domésticos. Nos demuestra un feroz aprecio cuando sus dientes marcan nuestras manos y nuestros corazones.

Presentación de los libros de Julio Rafael Silva, Enrique Mujica y Oswaldo González en Librerías del Sur, 16 de agosto de 2008





Estimados Amigos: Tengo el placer de invitarlos a la presentación de los libros:

Héroes y villanos, llaneros y llanura en las narraciones de José León Tapia de Julio Rafael Silva,

Poemas del Decir de Enrique Mujica y

La trilogía poética de Oswaldo González: Canto Rodado, Solidaria Herrumbre y Abrevadero.

lgualmente la cita implica como obsequio un recital poético de Enrique Mujica y Oswaldo González.

Esta celebración se llevará a cabo el sábado 16 de agosto de 2008, 10:30 am, en la sede de Librerías del Sur Valencia, ubicada en el primer nivel del Centro Comercial Camoruco, Avenida Bolívar Norte.

Tuesday, August 05, 2008

UNA ANTOLOGÍA MÍNIMA DE NUESTRA AMIGA SAMANTHA MORENO, ARTISTA DE VALENCIA DE SAN DESIDERIO (III)


Título: Árbol de mi memoria.


Me encanta representar árboles porque me remontan a mi infancia donde me deleitaba al trepar a ellos. Amo a los árboles, los adoro, tengo una relación muy especial con ellos, que me hace muy feliz. Dentro de mi pintura juego con un color subjetivo, no concerniente al mundo real, pero alusivo a la poesía implícita dentro de la misma naturaleza.


Samantha Moreno.

UNA ANTOLOGÍA MÍNIMA DE NUESTRA AMIGA SAMANTHA MORENO, ARTISTA DE VALENCIA DE SAN DESIDERIO (II)


Título: Más allá de un sueño.


La Memoria, el mundo subjetivo e inconsciente es mucho más importante de lo que a primera vista podría pensarse. Las emociones por ejemplo impregnan sutil pero inevitablemente nuestaras vidas. Este trabajo fue mostrado en una exposición Colectiva del Museo de la Cultura, auspiciada por la Secretaría de la Cultura el 16 de Julio de 2004. Así como también fue exhibido en la Colectiva de Arte del SENIAT en Agosto del 2004.


Samantha Moreno.

UNA ANTOLOGÍA MÍNIMA DE NUESTRA AMIGA SAMANTHA MORENO, ARTISTA DE VALENCIA DE SAN DESIDERIO (I)




Mis Caballos se inspiraron en un principio en los Caballos de Carrusel. Me encantan los Caballos, siempre los incluí en mis dibujos infantiles cuando dibujaba para la escuela o por diversión. Me encantan los Caballos por su fuerza, su ímpetu, su belleza y nobleza. Y por supuesto su sentido de libertad. Mis Caballos son la sublimación de deseos y anhelos que habitan en mí, en ese santuario interior difícil de describir; al que siquiera se le puede llegar a tocar, a través de la metáfora. Estos Caballos son captados desde un espacio onírico.


SAMANTHA MORENO
1.- El caballo enamorado.
2.- Policromía Equina para un Poema.

Sunday, July 27, 2008

POESÍA Y MENSAJE SOCIAL. ARMINDO TREVISAN. Traducción y nota de José Carlos De Nóbrega


POESÍA Y MENSAJE SOCIAL


Armindo Trevisan


Traducción y nota de José Carlos De Nóbrega


I


Condición imprescindible para hacer poesía social: el humor. Por definición la poesía social pretende ser eficaz. Ahora, la eficacia difícilmente armoniza con la poesía. Es por así decir anti-poesía. El poeta social tiende a influir directamente en la historia, persuadido de que tiene en las manos un arma. ¿Más que arma? La poesía, en última instancia, es un "racimo de " en la expresión de Gaston Bachelard. Se destinan esas imágenes a llevar al hombre más allá de su círculo habitual de preocupaciones e intereses. La metáfora quiere decir, precisamente, trascendencia de indicación, de objeto, de visión. Por relacionarse con la parte emocional del hombre, la poesía tiene que ver con sus sueños. Ningún sueño es inocente. Todo sueño anuncia alguna cosa, se refiere a determinada necesidad vital, insatisfecha en la vigilia, o dejando de ser satisfecha en vigilia. Por tanto la poesía es utópica, sin relacionarse propiamente con el tiempo y el espacio de la vigilia, pero sí con el tiempo y el espacio de la vida, que son mayores. Imaginar que cuando se sueña se está fuera de la realidad es imaginar que el sueño nos excluye de la vida. Con humor, pues, es posible realizar poesía social, una vez que la ficción (fingimiento) completa la vida, sugiriéndole cosas de cuya posibilidad ésta jamás sospechara. La imaginación, fuente principal de la poesía, es el reino de lo imposible hic et nunc, no de lo imposible en sí. La imaginación, por el contrario, existe porque existe lo imposible.


II


Cuando un poeta escribe un poema social se localiza en el espacio y en el tiempo. Abdica de la utopía, en una tentativa extrema -y a priori fracasada- de influir en la historia. El poema se convierte, realmente, en un arma para él. El poeta quiere producir determinado efecto, no sólo emocional como actual. No se limita a labrar el corazón, esperando que un día la semilla fructifique en acciones eficaces; el poeta, en ese caso, quiere inducir el corazón a la acción. Al menos intencionadamente, el poema social se reafirma en la praxis. ¿Como conciliar, entonces, el lado teórico de la poesía con el lado práctico de la misma, puesto que la poesía se caracteriza, justamente, por la distancia crítica que la metáfora introduce? Para haber poesía importa operar una ruptura en el mundo intelectual ordinario; es necesario insertar una imagen mediadora en la vida psíquica. Más allá de eso, la naturaleza formal de la poesía, digamos su morfología exige determinados elementos que no se adaptan con la practicidad y eficiencia del lenguaje ordinario. Poesía es lenguaje extraordinario. En ese caso, ¿se puede hablar poéticamente permaneciendo dentro de los límites de lo ordinario?


III


La poesía puede apuntar a la acción indirectamente. Ella es una emoción revivida en la tranquilidad.Por lo tanto, todo poema posee una finalidad, si es que se puede emplear tal término en sus connotaciones prácticas. El poema quiere ordenar las emociones, no las acciones. Indirectamente ordena también éstas, pues las emociones son resortes de nuestra actividad en todos los sentidos. El humor nos recuerda que el poeta es no sólo un artista (teórico), mas una personalidad ética (un moralista). Por lo tanto, en la médula del poema late una vocación política. El poema, juntamente con todo lo que el hombre realiza, se relaciona con su estar-en-el mundo, con su intervención en el mundo. Un poema, por más poema que sea, participa del mundo de su autor. Y algo en conexión con la naturaleza global del hombre. Aunque la naturaleza específica del poema sea utópica, su realidad humana general no lo es. El poema es una acción inserta en el contexto de otras acciones, demarcadas por lo ético. Lo ético (poco importa lo que se entienda por esta noción, en términos de credo o ideología) gobierna las demás acciones, sometiéndolas al objetivo supremo. La poesía, por estética que sea, posee una dimensión ética, esto es, política. En última instancia, debe servir a los fines supremos de la personalidad, manteniendo su carácter de acción autónoma.


IV


El poeta social deberá ser, obligatoriamente, humilde. Por lo menos, de la humildad del humor que consiste en tener los pies sobre la tierra. ¿Qué es un poema? Una cosa alada que no puede transformarse en un león o elefante. Si el poeta quiere ser eficaz, sea hombre de acción. La praxis de la poesía es la de la acción directa. Si el poeta social quisiere ser eficaz tendrá que comprender que su eficacia nada tiene que ver con la eficacia inmediata. Una metáfora no se destina a mover un gatillo; puede ayudar a moverlo. En la medida en que un poema se pretende eficaz, se niega como poema. En la medida en que se acepta poema, se torna eficaz. Aparentemente desligado de la historia, el poema introduce en ella por la conspiración del silencio y de la ruptura del lenguaje.


V


El carácter específico de la poesía no la exime de responsabilidad. Una de ellas, la de ensuciarse las manos. Sin embargo consciente de su ineficacia, el poeta debe situarse dialécticamente entre la acción y la contemplación. Entre la teoría y la praxis. Su praxis es teórica, su teoría posee vocación práctica. Por lo tanto, su lucha con las palabras consiste en trerlas para lo cotidiano. Lo cotidiano, por definición, es práctico. ¿Cómo, entonces, conciliar la distancia psíquica de la poesía con la inmediatez de las opciones urgentes? Es ahí que se sitúa la poesía social. El poeta social es una especie de herrero que martilla el hierro en brasa, consciente de que éste se enfriará. Su punto de llegada, el mito. Invierte el proceso de fabricación poética: en vez de abastecerse del arsenal mitológico, extrae mitos de la vida prosaica. En la medida en que obtiene éxito, su poesía contribuye para la elucidación de la conciencia del tiempo. Su poesía es impura por necesidad solidaridad.


Armindo Trevisan (Santa Maria, Rio Grande do Sul, 1933). Poeta brasileño y Doctor en Filosofía por la Universidad de Fribourg, Suiza. Ejerció la docencia en las áreas de Historia del Arte y Estética, Universidad Federal de Rio Grande do Sul, entre 1973 y 1986. Además de la poesía, ha incursionado en el ensayo y la crítica de arte. Entre sus poemarios tenemos: Cuerpo a cuerpo (1973), El herrero armonioso (1978), Antología poética (1986), La danza del fuego (1995) y Oraciones para el nuevo milenio (1999).