Thursday, October 05, 2006

UNA POSTAL PARA MAMÁ (Un Tríptico Aproximativo)




Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.


Rosalía de Castro.


I

La señora Augusta, alias sentimental de Fernanda, fue la mejor jefa de cajeras de todos los mercados de la ciudad. Sólo que la empresa para la que trabajaba no le rindió nunca los honores correspondientes en virtud de su fiel labor titánica (de lunes a lunes). Resulta increíble que la nomenclatura madeirense no le obsequiara una placa alusiva con Mariachi agregado. No sonó el repertorio ranchero clásico, ni mucho menos el Amor Eterno de Rocío y Juanga irrumpió en los pasillos festivos del supermercado cerrado con empleados adentro, todos por ahí regados, contentos, consolados y olorosos a sidra barata. Ya me lo había dicho la vieja portuguesa: el implacable sexismo de la organización le impidió ser gerente de la sucursal de Naguanagua. En nuestros caóticos y libidinosos años universitarios, cuando con el pretexto de hacer un flaco y precario mercado la íbamos a visitar, nos sorprendió fuera de la encapuchada trinchera política e ideológica patentando la expresión comodismo: derivación satírica de la palabra comunismo, pues por lo general los jefes izquierdistas universitarios cambiaban la hoz y el martillo por la cómoda estancia burocrática en la misma universidad, luego de haberse chupado etílicamente las becas y los beneficios estudiantiles que constituían la primera fase de la condición bovina a la que nos somete esta putísima sociedad consumidora de hombres y cacharros (palabras diferentes que significan lo mismo). El camarada Pedro Téllez –quien había salvado en el Consejo Universitario el pellejo de nuestros compañeros de la Facultad de Derecho, acusados ciertamente por envainar al enano decano- diría revisando el fichero de cervezas y tragos: El dueño, un portugués dueño de varios bares, o un Bar muy grande propiedad de varios portugueses. Cita desencajada que refiere la mezquindad de los hijueputas madeirenses –lo peor, paisanos de la vieja- que regentaban la cadena de supermercados cm. Por tal razón, luego de que prácticamente echaran a Augusta del lugar, nos desquitábamos robando botellas de ron, latas de salmón y preservativos con la más descarada impunidad. Por supuesto, un jueves de noviembre le propinamos un gran golpe a esta transnacional de los víveres robando e incendiando una de sus gandolas Mack frente al Arco de Bárbula (el bulldog que engalanaba la proa es aún uno de los trofeos que adornan mi biblioteca hípica marxista leninista). Recuerdo que el Araguato le partió la frente al come mierda del subgerente, Daniel Ferreira, con un pollo congelado que le había arrojado con su siniestro brazo de Grandes Ligas. Sucedáneo insuficiente de la Justicia Poética, pues teníamos planeado secuestrarlo para que Portiño le rompiera unas costillas y lo arrojara a una zanja llena de mierda; sólo que el gandhiano y diplomático de su hermano, al que apodaban Ave de Rapiña, le sopló la intentona reivindicativa a Augusta para evadir un lío en el que estaba metido, por lo que la vieja le dijo al porti que no había criado terroristas ni guerrilleros. Operación justiciera abortada. A una dama venerable no se le encierra en una gélida cava industrial del supermercado, no, Daniel ñorelambehuevo. Cuando acometían las olas picadas de la especulación y el acaparamiento de productos como la harina, el café o la leche, la bondadosa Augusta nos los conseguía sin cobrar una locha de más: así las noches interminables de estudio (la víspera de los exámenes parciales) eran más amables con nuestro templo cognitivo y somático bien estragado por el forzoso trasnocho. Detrás de su aire de sargento severo, se acurrucaba un hercúleo amor por sus hijos, de ello no hay duda. Si no, de qué valía el sacrificio al soportar la fútil arrogancia de algunos docentes universitarios, como si tuviesen al chivudo prensado por sus grandes y sacratísimas bolas. Ni los muy ricos ni los muy pobres se andaban con esos ridículos remilgos académicos, cuando de precios y ofertas se trata. ¡Nos la jugamos con Augusta en línea el clásico Ciudad Valencia de San Desiderio!


I I

¡Ah! En cada mujer existe una muerte silenciosa:
y en cuanto el dorso imagina, bajo nuestros dedos,
los bordones de la melodía,
la muerte sube por los dedos, navega la sangre,
se deshace en embriaguez dentro del corazón hambriento.


Herberto Helder, El Amor de Visita.


He aquí una foto sepia en la que aparece mamá con el abuelo, encaramados ambos en un coche tirado por un par de mulas flacas. No en balde se halla publicada en la revista La Tuna de Oro, número 41, Valencia, mayo-junio de 2004. A manera de homenaje para la vida en la memoria. Teresa Salgueiro arropa con la sedosa ternura de su voz el alma cheia de saudade, cantando incansable a Lisboa y al río Tajo. Sin embargo la escena se desarrolla en Funchal, capital de Madeira, la Perla del Atlántico: En la batea de la carreta descansa un anuncio publicitario tridimensional que van pregonando el padre y su hija: Se trata de una película protagonizada por Bette Davis, Victoria Negra de 1939, fotogramas en blanco y negro incluidas. Me imagino a mi bisabuelo paterno, o canarinho, espantado ante las imágenes en movimiento que se arrastraban en la pared de la bodega: al insurgir Jezabel, ramera ataviada de purpúrea vileza, amenazando a los pasmados campesinos y pescadores con su carnosa y blasfema boca de carmín, el místico de Cámara de Lobos entonaría cantos gregorianos para exorcizar la rugosa pantalla de cal. Ya había predicho que los hilos macabros unirían al mundo entero y harían pender plagas desgraciadas sobre toda la humanidad. Treinta y tres años después, el padre de mi madre moriría destripado por el camión de un lechero ebrio; treinta años después de la muerte de sus padres y de su marido, mi madre sería extinguida por el cáncer de matriz. Por fortuna, al abrigo del calor de su propia cama. El cáncer se había apoderado de su cuerpo tras treinta años de un prolapso estropeando sus entrañas, quedando tres hijos aún vivos a fuerza de su corajuda abnegación.

III

¡Ai, desdichada
de min que a vexo,
fincarlle o colmillo
no triste pelexo!

Rosalía de Castro.

Cuando murió mamá, antes de velarla en una funeraria de la ciudad, llovió a cántaros desbordando la hondonada metafísica y abisal que es Valencia de San Desiderio, como si Dios quisiera renovar la tierra por segunda vez. Desde una taguara en la Avenida Bolívar, no observé el arca de Bartolo repleta de parejas de sus animales preferidos. Tan sólo negras bolsas de desperdicios que se dejaban llevar por el caudal del río Cabriales desatado en su podredumbre furiosa. Llegué por fin ebrio al inicio del acto velatorio. Me recibió mi hermano, intermezzo entre mi lacerado envoltorio y el menor, al cual le dije en una lengua contundente e ininteligible que la casa de la familia no se vendería bajo ningún concepto. Sin importar su comento, me abalancé hacia el ataúd de caoba, estrecho catre en donde Ella dormía de manera plácida y eviterna. La encontré linda, sobre todo al notar algo de mugre en sus uñas, como si regresara del supermercado impregnada en la fragancia marina de la pescadería. Precisamente, un portugués amigo de mi madre y dueño de una panadería, me confíó cómo lo arrullaba la suya, acurrucándolo en sus faldas: Si bien olía a pescado, lo que importa es el amor que excede más allá de la matriz.


Valencia de San Desiderio, 5 de octubre de 2006.

3 comments:

Slavko Zupcic said...

Querido Jose Carlos:
Te escribo para decirte que la lectura de tu blog no me ha sorprendido (porque esto es apenas una muestra de lo quienes sabemos de ti esperamos de tu talento) pero si maravillado si por esto se entiende leer y releer con placer una prosa tan bien hilvanada y, por si fuera poco, sentida.
He sabido, ademas, de tus problemas de salud. Por ello, desde la Valencia del Turia, te envio un abrazo y mis mejores deseos de recuperacion. Caro Jose Carlos, Principe y Presidente de la Comision Nacional de Apostoles de Valencia de San Desiderio.
Slavko Zupcic

Artecomestible said...

Después de leer este cuento, puedo escribirte "Querido Amigo", cuando apenas te conocí ayer en el Festival de poesía.
Estos, los recuerdos de tu madre, también soy yo, esa que cría, hombres nobles, buenos, nada estuvo mas adentro de su vientre, te lo aseguro, que la certeza abnegada de que sus hijos, serian la luz y el bien.
Hermosa historia, me sentí acompañada, toda solidaridad con ella. Tu madre, la nuestra.
Carolina

Anonymous said...

Ola, what's up amigos? :)
I will be glad to get some help at the beginning.
Thanks in advance and good luck! :)