
Premio Nacional del Libro 2006, capítulo centro occidental, a la mejor página web (otorgado por el CENAL)
Sunday, August 27, 2006
DECÁLOGO DE LA PERFECTA VALENCIANIDAD (la de Valencia, la de Venezuela)

Tuesday, August 01, 2006
VALENCIA VESTIDA DE SOMBRAS.

Valencia, como es bien sabido, no es una ciudad que admita medias tintas. Se le aborrece o se le quiere entrañablemente. La ciudad se nos presenta cada vez más fragmentada y desolada, muy a pesar de no haber sufrido el cataclismo hecatómbico de la guerra o de los desastres naturales como en los casos de Beirut, Zagreb, Bagdad o La Guaira. Valencia, la de Venezuela, padece una enfermedad degenerativa que la corroe puertas adentro: la complicidad tácita de una sociedad civil amodorrada y enculillada, la voracidad inmediatista e insomne de Don Dinero y la ineficacia y el envilecimiento de la clase política local y nacional. Sin embargo, los artistas de la palabra y de la imagen –en unas significativas ocasiones- han tenido a la ciudad como motivo de sus obsesiones y preocupaciones. Revisemos pasajes de la obra de José Rafael Pocaterra, Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Orlando Chirinos, Pedro Téllez, Slavko Zupcic, o las imágenes forjadas afanosamente por sus artistas plásticos, Arturo Michelena, Braulio Salazar, Vladimir Zabaleta o Javier Téllez, valga tan caótico y caprichoso inventario.
Nos ocupa (y nos complace) la más reciente exposición del fotógrafo Orlando Baquero titulada El Eco de las Sombras, Mayo de 2006, Librería Kuaimare de Valencia. En una primera lectura, se nota la contundencia de las imágenes inmersas en una atmósfera preñada de soledad que aviva la sensibilidad del espectador, desafiando las distracciones que trae consigo el ruido y la parafernalia, agentes entumecedores de los sentidos con los cuales nos arropa la ciudad escindida. Por supuesto, a la manera del sudario, cobertor del cuerpo y el alma molidos en el calvario cotidiano. No es gratuita la vinculación de la propuesta plástica con la obra narrativa y fotográfica de Juan Rulfo: Comala y la Valencia del Rey se hermanan en la desgracia, albergar fantasmagorías que ratifican una impía soledad. La ilusión y la esperanza que rediman a ambas se van trizando impunemente, la depreciación va más allá del devenir histórico, apunta a la depauperación y a la muerte: “dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras”. La focalización y el encuadre de la ciudad descansan en el desarraigo y el desamparo de sus habitantes, fueren provocados por ensoñaciones piadosas y arrogantes enmarcadas en la tan mentada Valencianidad, o por la apatía citadina quebrantadas todas las posibilidades de redención individual y colectiva. Orlando nos lo ratifica en el texto del catálogo: “Su novela Pedro Páramo ha sido la metáfora inspiradora de una imagen de la noche, el vacío, el olvido y cierta voz de una ciudad que, aún en la mengua, mantiene la dignidad de lo posible. Una Valencia poblada de terrible soledad que amenaza a quienes se niegan a partir”. La visión de la ciudad difiere radicalmente del reporterismo gráfico de tintes amarillistas, así como también de las medias verdades del discurso fotográfico oficial que publica almibarados álbumes de paradójico uso turístico. La validez y la fuerza de la propuesta más reciente de Baquero radica en la calidad de la puesta en escena: la iluminación expone los retazos de la urbe en medio de las tinieblas, destacando el colorido mustio y mate de su estado de desolación y precariedad. Prevalecen los ocres y los verdes que se regodean en el enmohecimiento del paisaje cuasi desnudo de figuras humanas. Las tomas a ras de piso son equivalentes a las cenitales: calles y cielos embargados por la postración, la apatía y el oprobioso hálito de su atmósfera húmeda y calurosa. Los habitantes somos devorados por la ciudad en un montaje de imágenes que nos sugiere al Buñuel de El Fantasma de la Libertad, el excremento se expone en público –sin apelar a ninguna pose escatológica- y nos alimentamos en la privacidad que no es más que la más áspera de las soledades. Entonces, la referencia a Rulfo implica sed poética y seriedad indagatoria, por lo que no decae – afortunadamente - en la desencaminada manía de sostener la fragilidad de una obra en el discurso autorizado.
El Eco de las Sombras de Orlando Baquero nos pareciera la manifestación de una visión tenebrosa de la ciudad habida durante una sesión de opio, aplastado el cuerpo en el diván vigilado por un chino o por un psicoanalista, qué más da. La calidad hiperrealista y expresionista del conjunto -no se nos aparta de la mente el clima y la textura de El Gabinete del Doctor Caligari de R. Wiene- constituye un punto de inflexión notable en el trabajo artístico de Orlando, lo cual nos hace augurar futuras obras que persistan en la línea de indagación y recreación del ámbito urbano.
Valencia de San Desiderio, 27 de julio de 2006.
Wednesday, July 26, 2006
PASTICHE DE AFORISMOS SOBRE EL ENSAYO (SERIE 2).

Al ensayista, amigo y cómplice Miguel Ángel Campos: desgarrando fatuas escuelas.
1.- Nada más ridículo que el ensayista hablando o escribiendo acerca del ensayo. En todo ensayo el autor trata de sí mismo, hablar además de su escritura sería un exceso. Por eso los mejores ensayistas no son ensayistas, es decir, no lo parecen. Pedro Téllez . El aserto se refiere al duodécimo apóstol convidado por Cristo a la Última Cena: ¿Juan, el discípulo bien amado que recostó la cabeza en su pecho? ¿Judas Iscariote, el último que mojó con Él el pan en el plato? El discurso ensayístico va más allá de la ambigüedad prefabricada tan de gusto de los lectores y críticos snobistas: Se superponen la ternura del púber y el adusto y atormentado rostro del zelote traidor. No en balde el corazón de Jesús se halla espinado y encunetado entre el beso y las treinta monedas de plata. Se puede exorcizar al endemoniado, como manifestación del milagro, despeñando cerdos al mar; anatema es intentar explicar el portento en una positiva mesa de disección. Como bien nos lo recuerda Borges hasta la saciedad: “La rosa es sin porqué, dijo Angelus Silesius; siglos después, Whistler declararía El arte sucede”.
2.- Híbrido, s. Diferencia conciliada. Ambrose Bierce, Diccionario del Diablo. El ensayo, desde hace mucho tiempo, es una manifestación escritural hipertextual. Por más que los pésimos lectores declaren que es un hallazgo reciente a la luz de la Transdisciplina, categoría elástica y maleable heredada de la polémica en el seno de la escuela neoescolástica, bien se miente a sí misma como post-estructuralista, pragmática o postmoderna. No es un mero vehículo ideológico; es la carreta, el cochero y los caballos a la vez, se coloquen como le venga al antojo del que escribe y del que lee. ¿Se puede afirmar que Las Mil y Una Noches posee una estructura ensayística en el que convergen la poesía, la narrativa y la filosofía que dignifican a la humanidad? ¿Acaso Los Pastiches Criollos de Luis Enrique Mármol no son ejercicios ensayísticos que duplican y desdoblan la voz del otro (por ejemplo, Antonio Arraiz o Ramos Sucre), caricatura o exageración fundamentada en el cabal conocimiento del discurso poético ajeno?
3.- El ensayo es la ciencia, menos la prueba explícita.José Ortega y Gasset . Quizá el aforismo resulte reduccionista a nuestros oídos perdidos en la distracción. Sin embargo, el discurso ensayístico no pretende imponer al lector su contenido, o mejor aún su aproximación al tema u objeto de su golosa fruición, bien sea en el malabarismo argumental e intelectual o en la barroca ornamentación de ideas que esconden la faz tenebrosa de la intolerancia. El ensayo no es más que una conversación entre el autor y el lector que se solazan a la luz y a la sombra de la libertad. Ni el púlpito ni la tribuna, con sus terroríficas admoniciones y paradisíacas ofertas, tienen cabida en un territorio preñado de contradicciones, elipsis y giros alocados que sí retratan y reivindican la condición de ser hombres. El ensayo no construye complejísimas teorías a la vera de un cuadro metodológico drástico y seco como un redoblante funeral. Fernando Savater lo complementa sin medias tintas: “Sirve sobre todo como aguijón contra la gran teoría, contra la casa consistorial levantada por el sentido común o contra el rascacielos edificado por la ciencia y la política. Esta cualidad demoledora le viene de su condición inocultablemente subjetiva”.
4.- La maleabilidad del ensayo da al escritor una libertad que podría llamarse ‘camaleónica’. Porque la forma literaria se pliega, en este caso, a las condiciones personales, adquiere diversas coloraciones individuales, sin exigir del escritor –y quizás sea esa la vana fortuna del ensayista- el previo sometimiento a reglas institucionales, a normas suprapersonales. Juan Marichal . En otros términos, el ensayo es un género endiabladamente pachuco, como decíamos en una ocasión sometiéndonos al escarnio de profesores atados a las columnas de la Academia. Se exhibe regodeándose en su variopinta vestimenta y en su paradójica manera de decir las cosas en función del placer por la recreación de la vida. Allá aquellos académicos victimarios del placer y víctimas de su frigidez intelectual desvinculada del mundo que nos tocó vivir, padecer y sobre todo disfrutar. El aforismo no amerita de más comentarios que lluevan sobre mojado.
Tuesday, June 20, 2006
JULIO CORTÁZAR O DE LA TRANSFIGURACIÓN LÚDICA DE LO REAL

Julio Cortázar o la transfiguración lúdica de lo real
Cinco Aforismos
Aforismo 1
La literatura no es más que el afán lúdico de transfigurar lo real.
Aforismo 2
El acto escritural propende a abordar lo real desde ópticas inéditas.
Aforismo 3
La voz narrativa es contingente: legión dispar de cucarachas arrastrándose debajo de la alfombra.
Aforismo 4
La voz narrativa se focaliza en diversos personajes, al punto de doblegar la arrogancia en la vindicación del asombro.
Aforismo 5
¿Para qué se escribe? Responde Julio: Para que el amor se haga dueño y señor de la erizada espina dorsal.
DON ABELARDO CUADRA: UN LEGIONARIO DEL CARIBE

Conocí a Don Abelardo Cuadra a finales de los ochenta en Valencia, la de Venezuela. Específicamente en la casa de su hijo, el Doctor Víctor Cuadra. Mientras Víctor y el flaco Ismael ultimaban los detalles del montaje de una revista del Movimiento Universitario Evangélico Venezolano, tuve el placer de conversar con Don Abelardo durante más de tres horas. Este legionario del Caribe, reencarnación de Odiseo por enésima vez, nació en Malacatapa (Granada, Nicaragua) el año de 1904 y murió en Valencia, Venezuela, el año de 1993. Es un personaje desconocido en la accidentada historia del continente, pero sin duda uno de los más seductores, pues participó en el combate a las dictaduras de Tacho Somoza y de Chapita Trujillo. Si bien Don Abelardo formó parte de la cruenta Guardia Nacional somocista, fue gestándose en su interior el espíritu rebelde -que caracterizó el resto de su vida- mientras perseguía fallidamente a Augusto Sandino. Levantó el informe sobre la muerte de Sandino, puñalada trapera de Tacho Somoza a un guerrero pacificado, jamás derrotado por la Guardia Nacional ni por los Marines norteamericanos en el campo de batalla. Si revisamos el capítulo III de sus memorias (Hombre del Caribe, 1979, Editorial Universitaria Centroamericana, Costa Rica), titulado “La Hora de asesinar a Sandino”, leemos esta dramática y sentida confesión: “Total: catorce asesinos y conmigo quince”, luego de inventariar a los que planearon y ejecutaron tan cobarde y repudiable asesinato. Tiempo después, participó en una conjura contra Somoza, lo cual le valió la prisión perpetua. Sin embargo, escapa atravesando a pie la selva centroamericana. Se me parece al coronel Aureliano Buendía, héroe ignorado de las mil batallas perdidas: cambió los honores burocráticos por la elaboración ad infinitum de pescaditos de oro. Don Abelardo ejerció, en los tiempos libres que le dejaba su “jodisea” –como a él mismo le gustaba decir-, la pintura de brocha gorda, el entrenamiento de pugilistas y la tan mal pagada docencia. Sin duda utilizó el lápiz como bien manda la Biblia: escribió páginas plenas de vida, con sus virtudes y defectos, y corrigió los errores restregando el borrador rojo contra su dialéctica y poética superficie.
Tuesday, June 13, 2006
DICCIONARIO DE LA VILLANÍA (3)

Tuesday, June 06, 2006
DICCIONARIO DE LA VILLANÍA (2)

Sunday, May 28, 2006
DICCIONARIO DE LA VILLANÍA
Tuesday, April 18, 2006
UN JUICIO BORDEANDO LA ABULIA

Se acurruca la perra mientras la mujer duerme. El hombre descansa en las dispersiones de su cautividad. El calor es oprobioso, le sienta bien a su sensación de inutilidad, abulia y miedo. Maniático, se había propuesto inicialmente repasar las líneas andadas; sólo que al rato comprobó lo infructuoso del afán. Ante las escuálidas páginas de su diario, en medio de una crisis de compulsión alcohólica, el carrete de la máquina Olympia se hallaba atascado al ritmo de la indecisión y el nerviosismo. Se levantó para servirse un café bien tinto y amargo. Encendió un cigarrillo que compartió con la bebida, recorriendo el estudio entre idas y vueltas. Su frustración se acentuó al recordar la destrucción de algunas viejas páginas del diario por parte de la absorbente mujer: la amputación del pasado implicaba la castración de sí mismo. Aplastada la colilla que fragmentaba el humus nicotínico del cenicero y fundido su cuerpo en la silla, sacudió el trasero del pesado artefacto sin que el carrete se deslizara de ninguna forma. De inmediato concibió un plan: se dirigiría al estacionamiento, empujaría su carro sigilosamente una cuadra más adelante, y emprendería la fuga hacia un destino incierto pero en libertad. A la manera de las road movies norteamericanas.
Sin embargo, sintió impávido los golpes digitales y secos sobre las viejas teclas: La figura femenina ha tenido en mi vida un cariz particular. Su protagonismo tiende sin duda a la represión, a la reprimenda, al moldeado si se quiere arbitrario. En muchos de los casos, consolida su imposición a través de una prepotente y absoluta postura de tipo ético. Por supuesto, la constante se traduce en la manipulación de las ideas y los sentimientos del otro. Imposibilidad de obtener la cera que nos ensordezca respecto a los alaridos de la sirena, por lo que el viaje se interrumpe y pospone una vez más. Empero, las ventajas consisten en el hecho de su dedicación laboriosa a las cosas terrenas: como decía Reinaldo, amerita una nevera, una cocina y una lavadora. No subyace en estas líneas la misoginia. Reconocimiento por partida doble: su utilidad fundamentada en mi comodidad por vía de la cesión de terreno.
Desconsolándose en el hecho de que las llaves del carro no aparecían por ningún lado, el grumo de alquitrán asoma por la nariz, la hiel de los eructos en oposición a los ronquidos y susurros de la mujer que se retuerce, la perra que se rasca.
Valencia, 6 de enero de 2003.
SEÑOR JUEZ

“Madre, por favor, ¿es sólo una enfermedad lo que les hace
romper todas mis leyes?
Mira, si puedes anular el efecto
Yo iré tras la causa”.
Peter Gabriel: Moribundo, el burgomaestre. Primer surco, lado A, del LP “PETER GABRIEL I” (1975).
Intentó nuevamente firmar la sentencia, pero era inútil. Le sorprendía el hecho de haber perdido su firma; aquel garabato distaba de serlo enormemente. La situación era bien ridícula, ¡sólo esto me faltaba!, pensó para sí. Se distrajo recorriendo con la mirada su despacho, repleto de expedientes y textos jurídicos. De repente, recordó el bochornoso incidente con la doctora Urquiola. Hace dos días, en el ascensor, ella tuvo la osadía de haber cuestionado no sólo su imparcialidad, sino incluso su honorabilidad en aquel caso sucesoral. ¡Cómo enfrentaría entonces la denuncia introducida ya en la Judicatura, si ni siquiera podía encontrar su firma!
Llamó por el teléfono interno a la secretaria del tribunal, pero nadie le respondía. Colérico, abrió la puerta y constató que ninguno de sus empleados se encontraba allí. Aterrorizado, regresó a su despacho e inmediatamente se asomó a la ventana. El día le era ajeno: gris y sin nubosidad alguna; lo que más le llamó la atención fue el disco de sol, opaco y pálido. No podía entonces determinar la hora, ni tampoco qué día era. De pronto divisó la plaza y observó unos payasos gigantescos rodeados de cientos de niños. Sería entonces sábado o domingo, ¿qué demonios hago aquí?, se preguntó aguijoneado por el miedo. En la comprensión de que algo terrible le estaba ocurriendo, sintió cómo los impulsos eléctricos sacudían su espina dorsal. Tal era la inevitabilidad de la claustrofobia que exponía su cuerpo a la oprobiosa e insípida tarde.
Realizó varias llamadas telefónicas a su casa, al Colegio de Abogados, a sus amigos más íntimos, sin obtener contestación alguna. Sobre todo lamentó no contactar ni a Osman, ni a Antonio Mata, mucho menos a Carlos Luis, sus socios en el juego del truco, sin duda el oficio que practicaban con más soltura y devoción. Sus triunfos tenían como colofón entonar al unísono “Bartolo que no es cayuco / ha sorprendido con su truco”, cervezas mediante, acompañando a un Tito Rodríguez aprisionado en la rocola del bar “Las Quince Letras”... ¿Qué se hicieron todos?, ¿qué me está pasando? Seguidamente tomó una hoja blanca y probó de nuevo con su pluma fuente hallar su firma. Mientras más lo hacía, los garabatos eran más deformes, como si fueran autoría de un niño o un alcohólico.
Encendió la televisión mientras aguardaba una respuesta sensata a sus atribuladas preguntas. Estaban transmitiendo un juego de baseball de Grandes Ligas, lo cual le confirmó que el día era domingo. Poco tiempo después, la transmisión fue interrumpida por un boletín de última hora que anunciaba su propia muerte por suicidio: según el despacho informativo, hacía una hora que el juez se había lanzado desde el octavo piso del edificio en el cual despachaba, desconociéndose el por qué de tan infausta decisión. Desesperado, acicateado por la confusión y el temor, se dirigió al baño a llorar su desgracia. Se lavó la cara ante el espejo, como tratando de escapar de una pesadilla. Entonces, se cercioró que el espejo no le devolvía su imagen, por lo que dedujo su situación actual: o estaba soñando de manera coherentemente extraña, o era un vampiro ataviado de un Giorgio Armani, alternativas que le tranquilizaron inmediatamente. Sobre todo la segunda, pues desde niño tenía un morboso fervor por el Drácula de la dupla Browning-Lugosi, amén de su extraordinario parecido con otro de sus intérpretes, el espigado y flaco Christopher Lee.
Retornó al despacho y abrió la ventana como un autómata. Era ya de noche, alumbrada tan sólo por el claro de luna. Por tal razón, se lanzó al vacío, pues o volaba como un murciélago, o la caída significaría deshacerse de la pesadilla. Error, ninguna de las dos. Acabó en la calle como un bulto estragado e informe nadando en la sangre, ya que todo era producto de la especulación periodística y del odio y acecho de sus enemigos. ¡ Alea jacta est !
Valencia, 25 de agosto de 2001.
Monday, March 27, 2006
DANIELA, CORAZÓN DE JESÚS

Daniela, Corazón de Jesús, decidió esperar el fin de los tiempos en la nave central de la Iglesia Bautista Antiecuménica "El Cordero de Oro". El planetoide Hercóbulus se acercaba a La Tierra sin que nada pudiese detener su apocalíptico curso. Sin embargo, Daniela se desentendió de su familia, esposo sexagenario y dos hijos de más de treinta años, pues todos ellos no habían aceptado la Verdad revelada en la interpretación bíblica del Pastor Juan Taquilla. Aguardaba a sus hermanos de fe: Feliciano Frías, Matilde Aguerreverre, Carlos Rodríguez, Angélica Vega y al profesor T, recién convertido al evangelio según Juan Taquilla. Se trataba de velar la llegada de Cristo y sus legiones para que se los llevaran la víspera de las plagas, inundaciones y hecatombes predichas por Juan en la isla de Coche -consúltese las Minutas del III Retiro Espiritual de la Iglesia Bautista Antiecuménica, El Naipe, 1992-. Integrarían el Santísimo Tribunal que juzgaría a la humanidad el primer día del año 2000. Pensó, dadas sus ensoñaciones piadosas y buenas intenciones, postularse para el cargo de Consoladora Mayor para musitar versículos bíblicos de amor a los pecadores torturados en la Antesala del Infierno. Cómo la alegraría recitar pasajes del libro de Job, mientras despedazaban los cuerpos de los tres alegres compadres -que son 4 al igual que los mosqueteros-: Argenis, Rodolfo, Carlos y Juan, enemigos del profeta Juan Taquilla y amigos de las veleidades de este mundo próximo a extinguirse, la buena mesa y la cálida cama compartida con bellas y perversas rameras ataviadas de purpúrea y ajustada ropa interior. Indudablemente, la fe ha de imponerse a cómo dé lugar: inclinando la cabeza sumisamente o estirando la corrupta carne en el potro de los tormentos. Cercana la medianoche, la bulla en el barrio se hacía más estruendosa, confirmándole la orgía de machos y hembras -al son de ritmos tropicales- el advenimiento del fin. Sus hermanos de fe no habían acudido a la trascendental cita. No se tenía idea del paradero de Juan Taquilla, ni por vía celular ni por vía internet. Al explotar los petardos en la tierra y en el cielo, Daniela se lanzó al frío suelo y dispuso su cuerpo robusto en posición fetal. Dudó por única vez en su fe: Los hermanos estarían en casa con sus familias sin reparar que el Mal ha sobrevivido trocando La Tierra en un aquelarre eterno, donde los pecadores impenitentes vivirían un jolgorio ad infinitum. Dos calles más abajo del Templo, Juan Taquilla financiaba el banquete y la ingesta etílica a los lugareños con el diezmo de los feligreses, discípulos y simpatizantes de la Iglesia Bautista y Antiecuménica "El Cordero de Oro". Los tres alegres compadres, algo ebrios, bailaban un danzón bien acompañados y apertrechados. |
Friday, March 24, 2006
BLASINA DE LOS SAUCES

Wednesday, March 22, 2006
THE MARIN'S WOMEN FAN CLUB

Tuesday, March 21, 2006
BUDA GAUTAMA HÍPICO

Sunday, March 19, 2006
FABIO, EL LEÓN DE LA AVENIDA

Friday, March 17, 2006
TALIBÁN

Wednesday, March 08, 2006
PERFIL ARBITRARIO DEL INTELECTUAL
Sunday, March 05, 2006
AL MAESTRO CON CARIÑO.
BRASIL 0 - VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN. José C. De Nóbrega
A Aly Pérez, in memoriam. A Fernando Rodríguez, estragada mi rabia a tragos.
Muy a pesar de mi ascendencia portuguesa –madeirense por demás, lo cual me salva del denuesto alfacinha que se le endilga a los lisboetas-en el seno familiar casi no tuve contacto con la literatura de Portugal, mucho menos con la de Brasil. Apenas había llegado a mis manos una antología poética de Luis de Camoes, en su lengua original, conmemorativa del día nacional de Portugal. En mi adolescencia importaba más el desempeño –fallido hasta Estados Unidos 94- de la selección de fútbol brasileña en pos del tetracampeonato: para 1982, contaba con el mejor medio campo del mundo, Sócrates, Toninho Cerezo y Falcao apoyando al ponzoñoso Zico; sólo que Italia y Paolo Rossi arruinarían con tres goles la ensoñación de la hinchada verdiamarilla, a la que por entonces me había adscrito. En esa misma década, nos embriagábamos con la música heredera del Bossa Nova, de Antonio Carlos Jobim y del MPB: Chico Buarque, María Betania, Gal Costa, Milton Nascimento y Djavan. Qué decir de las depuradas telenovelas brasileñas que pueden comprender el intervalo que va de Vale Todo a la muy sensual Xica Da Silva (no podemos obviar la versión fílmica que la antecede, de Carlos Diegues).
Sin embargo, gracias al contacto con el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo y su revista Poesía , teniendo a la vanguardia al poeta Reynaldo Pérez Só, pudimos acceder a la producción poética de habla portuguesa, sobre todo la brasileña. Entre los años 1992 y 1993, un grupo de estudiantes universitarios, entre los que nos contábamos Pedro Téllez, Slavko Zupcic, Argenis Salazar y este cronista, formamos parte del Taller de Traducción de Poesía en portugués, cuyo ductor fue el mismo Pérez Só. Por fortuna, se publicaron traducciones mías en la revista La Tuna de Oro , otra de las publicaciones emblemáticas del Departamento: siete textos poéticos de Ledo Ivo, procedentes de su poemario Crepúsculo Civil (1990), en el número 19 de Febrero-Marzo de 1994; Poemas da Negra (1929) de Mário de Andrade, en el número 21 de Enero-Febrero de 1995; y tres poemas de Carlos Néjar en el número 23 de Enero-Febrero de 1996. En este caso, el enemigo a vencer era la traducción literal: se trataba más bien de la conjunción o abordaje simultáneo de la idea patente en imágenes, el tono, el estado anímico y la musicalidad del texto poético. De lo contrario, se fracasaría en un pobrísimo ejercicio de traslación operativa a la manera de los manuales de instrucciones –o peor aún, de los textos marxistas traducidos por la Editorial Progreso de Moscú-. Ya lo advierte Pérez Só sin amagues de ningún tipo: “ 3) Traducir, traducir. Lo hacemos con un autor extranjero, por supuesto. Pero no es una versión, es mi versión, es mi poema. (...) No dejando que la traducción sea lineal”. Otro tanto nos lo justifica Rodolfo Alonso: “Traducir poesía, cosa que por aquellos tiempos hacía asiduamente, al mismo tiempo con ansiosa inquietud y con placentero abandono, fue no sólo la mejor educación (¿iniciación?) literaria posible sino realmente algo esencial para mi vida toda. No sería quien soy sin haberlo intentado”.Veamos un ejemplo, con el cual me hallo compenetrado, O Trapiche de Ledo Ivo:
El Trapiche.
Quieres que guarde para ti el rocío./¿Mas cómo puedo guardar lo que se disuelve/al sol, como el viento, el amor y la muerte?/¿Cómo guardar los sueños que soñamos/al paso que caminamos despiertos/en lo oscuro y sin nadie a nuestro lado?/¿Y los susurros de labios encantados/en el otro lado del muro? ¿Y la hierba que se esparce/en la pista del aeropuerto? ¿Y la mancha que aparece/en la cáscara del mango maduro?/¿Cómo guardar la brisa sibilante/en el combés del navío? ¿Y el vuelo del pájaro?/¿Y la barca abandonada que atraviesa el río/y para bajo la cubierta?/¿Cómo y por qué guardar un arreo herrumbroso/y la ceniza de la hoguera/y la lluvia que llovía y el viento que venteaba?/La nada guardaremos, nosotros que somos/el depósito de todo, el baúl y el trapiche./El rocío, que es eterno, se evapora/llegada su hora. Y nuestros sueños/nos guardan fielmente en sus sepulcros.
El poema se refiere a un trapiche, palabra válida en Brasil y Venezuela, esto es el lugar donde se almacena la caña de azúcar y se elabora el aguardiente de caña, su veneno en la acepción baudelaireana. Si se apelara al título El Almacén , destruiría el ámbito y el espíritu rural del texto, extensivos en la consideración metafísica y existencial allí inmanentes. La búsqueda de la unicidad del ser en la dispersión. Si se quiere, manifiesta el ars poética de Ledo Ivo: “Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable” ( Confesiones de un Poeta , 2004, Academia Brasileña de las Letras-Topbooks, p. 13). El trapiche es la metáfora maravillosa y lograda de la cual se vale Ivo en la configuración del corpus del poema. Sencilla e impune, inmediata a nuestra paradójica condición, la de ser víctimas propiciatorias de los equívocos fundados en la poco probable conciliación habida entre el deseo y la realidad que nos ampara importunamente, como si fuésemos intrusos; despojada de la retórica hueca y abusiva en la aprehensión del paisaje y los objetos en los que nos reconocemos día tras día.
Hoy, traduciendo una interesantísima conversación de poetas brasileños -que nos envió a la redacción de Poesía el también amigo y poeta Floriano Martins-, constatamos la brecha que nos separa de la poesía del gigante amazónico. De lado y lado. Muy a pesar de nuestra vecindad geográfica, es menester aproximarnos en las virtudes y las falencias. Uno de los obstáculos lo representa la condición idiomática de cada cual, pese a que ambas lenguas son romances. Hay muy escaso interés en aprender el idioma del otro, aunque las excepciones al respecto constituyan una valiosa contribución en la construcción de un puente cada vez más necesario, en el combate a un proceso de globalización de una gula sin par, por cierto, una barrera bien notable. La poeta Astrid Cabral no deja pasar la limitante cultural: “Pienso que lo que ha ocasionado “un cierto vacío” en las relaciones entre Brasil e Hispanoamérica, ha sido la influencia masiva y hegemónica de Norteamérica, adueñándose de todo y cualquier espacio, asimismo los recónditos lugares personales. Estados Unidos extendió el monopolio económico a las demás áreas. Comemos, vestimos, leemos y vivimos norteamericanamente -the american way of life, N.T.- (¡todavía bajo protestas! ¿Quién está virgen de unos pantalones Lee, o nunca mató el hambre en McDonalds?)”. Al parecer, el ALCA no repara en este tipo de detalles; no conviene la integración cultural de la América Latina, pues el todo estriba en el desigual intercambio de mercancías que atenuará el abultadísimo déficit fiscal de los Estados Unidos. Valga como colofón de este párrafo, la pertinencia de la integración latinoamericana per se, sin la mediación de gendarmes y mercaderes “protestantes”: “Un pueblo no alcanza el estado de civilización sumándose al proyecto de otro pueblo, sino tomando conciencia de su ser en el mundo, de su identidad y su especificidad cultural” ( América como Civilización Emergente , de Adolfo Colombres, 2004, Editorial Sudamericana).
Por supuesto, tenemos el condicionante editorial de ambos lados de la frontera. No sólo en lo que toca a la edición recíproca como tal, sino en su divulgación continental. La referida conversación sostenida por los poetas brasileros Alberto da Costa e Silva, Carlos Néjar, Astrid Cabral, Claudio Willer, Alvaro Alves de Faría, Alexei Bueno y Flavio Khothe, arrojó un desconocimiento casi generalizado de la poesía venezolana actual. Fuera de nombres como los de Andrés Bello y Vicente Gerbasi, apenas se asoman poetas como Juan Calzadilla, Francisco Pérez Perdomo, Edmundo Aray y María Antonieta Flores. Sin embargo, el poeta Floriano Martins se ha dedicado a la divulgación de la poesía venezolana por medio de su revista virtual Algulha . Recientemente, el poeta Armindo Trevisan prologó una antología poética de Pérez Só, publicada por Monte Ávila Latinoamericana. Uno de los pocos poetas venezolanos traducidos en portugués y editados en Brasil es Vicente Gerbasi con su libro Olivos de Eternidad . Es de admitir que nuestras editoriales han fallado en la divulgación continental de la literatura venezolana, en especial el caso de los poetas. En Brasil hay un conocimiento más cabal del quehacer poético argentino, chileno y peruano.
En Venezuela, da la impresión que se conoce algo más de la poesía brasileña del siglo XX. Ya se había dicho que la revista Poesía ha divulgado poéticas no tradicionales, como las de Brasil y Portugal, incluso el trabajo de poetas angoleños que escriben en portugués. En sus páginas tenemos textos poéticos y entrevistas realizadas a poetas tales como Ledo Ivo, Carlos Néjar, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Joao Cabral de Melo Neto, Floriano Martins, entre otros. Otro tanto ocurre con La Tuna de Oro , cuyo mercado divulgativo descansa en los estudiantes y docentes de la Universidad de Carabobo. Por otra parte, la colección Biblioteca Ayacucho ha editado títulos de poetas, narradores y ensayistas brasileños: Gilberto Freyre, Joaquim María Machado de Assis, Lima Barreto, Euclides da Cunha, Sergio Buarque de Holanda, Jorge Amado, y los poetas Oswald de Andrade y Mário de Andrade. Fundarte publicó dos antologías de poetas brasileños: Ferreira Gullar ( La Lucha Corporal y Otros Incendios, 1977, traducción de Santiago Kovadloff) y Joao Cabral de Melo Neto ( Antología Poética, 1979, traducción de Margara Russotto) . Ejemplos que nos permite la fragilidad de nuestra memoria. Sin embargo, el inventario comprende desde el “fecundísimo modernismo brasileño” (Rodolfo Alonso dixit) de voces tales como la de Mario de Andrade, atravesando la poesía concreta de Ferreira Gullar, hasta el cierre del ciclo que representa la obra de poetas significativos como Joao Cabral de Melo Neto, Ledo Ivo y Carlos Néjar.
Por supuesto, ambas naciones parten de experiencias históricas peculiares. Pedro I proclama en 1822 la Independencia de Brasil, luego del traslado de la corona portuguesa al territorio amazónico, producto a su vez de la invasión napoleónica a la Península Ibérica. Ya no se trataba de un Virreinato, la mudanza y el acarreo trajo consigo la corte portuguesa a América con su cargamento de cultura, intelectuales y poesía. En el caso de Venezuela, la cautividad de Fernando VII a manos del ambicioso corso supuso un perfecto pretexto para la declaración de independencia del 19 de abril de 1810, la cual desembocaría en las mismísimas puertas del antiguo Imperio Inca. Quien iba a esperarlo de una modesta Capitanía General del Imperio Español. Sin embargo, las peculiaridades de cada cual incitan vivamente el acercamiento, más allá de la ausencia de la materia cultural en las cartas de intención y acuerdos recién firmados entre los presidentes Lula y Hugo Chávez Frías.
Cerremos este inventario binacional con estos versos de Carlos Néjar:
Cerrado para el balancede todas las cobardías/y los actos heroicos –tan pocos-/dispongo las aptitudes/y las líneas de fuego/sin armisticio./Me dispongo en esto/porque el equilibrio/es una camisa de fuerza/en mi cuerpo/y no tengo dónde poner/las ropas de la ambición/a no ser en la maleta vieja/del ático de la infancia.
Valencia, febrero de 2005.
Nota: Las traducciones de los textos en portugués, tanto los de prosa como los poemas, fueron realizadas por el autor del presente trabajo.
José Carlos De Nóbrega.
MAESTRÍA DE LITERATURA LATINOAMERICANA, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto “Rafael Alberto Escobar Lara”, Maracay (Primer semestre aprobado, enero - junio 2005). CURSO INTRODUCTORIO para optar a la condición de alumno regular de la Maestría de Literatura Latinoamericana, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto “Rafael Alberto Escobar Lara”, (Maracay, octubre – diciembre 2004). Nota: Se aprobó el curso con 85,5 puntos de un máximo de 100, por lo que le correspondió la segunda posición de 39 aspirantes que lo iniciaron. LICENCIADO EN EDUCACIÓN, Mención Lengua y Literatura, Universidad de Carabobo, título conferido el 28 de noviembre de 2002.
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