Sunday, August 27, 2006

DECÁLOGO DE LA PERFECTA VALENCIANIDAD (la de Valencia, la de Venezuela)


A Pedro Téllez y Milko Vitale.
1.-No se aceptan (a la fecha) a valencianos de primera generación. Se admitirá a todo aquel cuyo árbol genealógico date de la época de la Casa Guipuzcoana o -por lo menos- de la Cosiata salvadora de la patria.
2.-Pertenecerá al entorno (no al abolengo) de la valencianidad todo aquel saltimbanqui, palangrista, adulante o bufón que engalane los salones de las más mentadas y reputadas familias.
3.-No se tolerará la burla y el escarnecimiento público y privado de los valores y el patrimonio material (en especial si se refiere al origen de la fortuna familiar) e inmaterial (?) de la valencianidad. Por lo tanto, es anatema el trueque de un cuadro de Braulio Salazar por una caja de cerveza Polar.
4.-La corrida de toros es la manifestación cultural y religiosa por excelencia de la Valencia del Rey.
5.-La crónica de costumbres, clásica o periodística, constituye el único género literario admitido en la ciudad de Valencia del Rey. A propósito, en lo que toca a la nomenclatura oficial de la ciudad, se proscribe de su territorio a los miembros de la Hermandad de San Desiderio porque la blasfeman con el ignominioso mote de Valencia de San Desiderio.
6.-El gobierno de la ciudad de Valencia del Rey ha de ser teocrático, implicando la amalgama de la aristocracia del dinero y el conserva-durismo de los sectores ultramontanos de la Iglesia Católica (valga un excelso ejemplo: el gobierno de los Salas y el cayado apostólico en manos de Urosa Sabino, siendo el cura Rivolta su ministro del Tesoro) .
7.-El pensamiento y la praxis de izquierda sólo se permitirá en tanto enfermedad de los púberes hijos de la valencianidad, anomalía válida tan sólo hasta los cuarenta años. Tomad el ejemplo de Julio I, Alcalde de Naguanagua en sus ratos libres, sibarita y cocinero en su horario de trabajo.
8.-Los juegos de envite y azar, el cobro de comisiones y la matraca son las bases económicas y culturales de la ciudad de Valencia del Rey (el financiamniento de las bellas artes se orienta exclusivamente a engordar el patrimonio de las siete grandes familias, incluyendo las falsificaciones).
9.-La paloma de Picasso se halla enterrada en el cerro de las tres cruces. Por tal razón, no se ha completado el escudo de armas de la ciudad.
10.-Se añorará el retorno de los welseres al territorio de la ciudad, pues es menester reinstaurar la monarquía y el feudalismo como las bases del orden socioeconómico que pondrá en cintura a este país anarquizado.

Tuesday, August 01, 2006

VALENCIA VESTIDA DE SOMBRAS.


Valencia, como es bien sabido, no es una ciudad que admita medias tintas. Se le aborrece o se le quiere entrañablemente. La ciudad se nos presenta cada vez más fragmentada y desolada, muy a pesar de no haber sufrido el cataclismo hecatómbico de la guerra o de los desastres naturales como en los casos de Beirut, Zagreb, Bagdad o La Guaira. Valencia, la de Venezuela, padece una enfermedad degenerativa que la corroe puertas adentro: la complicidad tácita de una sociedad civil amodorrada y enculillada, la voracidad inmediatista e insomne de Don Dinero y la ineficacia y el envilecimiento de la clase política local y nacional. Sin embargo, los artistas de la palabra y de la imagen –en unas significativas ocasiones- han tenido a la ciudad como motivo de sus obsesiones y preocupaciones. Revisemos pasajes de la obra de José Rafael Pocaterra, Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Orlando Chirinos, Pedro Téllez, Slavko Zupcic, o las imágenes forjadas afanosamente por sus artistas plásticos, Arturo Michelena, Braulio Salazar, Vladimir Zabaleta o Javier Téllez, valga tan caótico y caprichoso inventario.
Nos ocupa (y nos complace) la más reciente exposición del fotógrafo Orlando Baquero titulada El Eco de las Sombras, Mayo de 2006, Librería Kuaimare de Valencia. En una primera lectura, se nota la contundencia de las imágenes inmersas en una atmósfera preñada de soledad que aviva la sensibilidad del espectador, desafiando las distracciones que trae consigo el ruido y la parafernalia, agentes entumecedores de los sentidos con los cuales nos arropa la ciudad escindida. Por supuesto, a la manera del sudario, cobertor del cuerpo y el alma molidos en el calvario cotidiano. No es gratuita la vinculación de la propuesta plástica con la obra narrativa y fotográfica de Juan Rulfo: Comala y la Valencia del Rey se hermanan en la desgracia, albergar fantasmagorías que ratifican una impía soledad. La ilusión y la esperanza que rediman a ambas se van trizando impunemente, la depreciación va más allá del devenir histórico, apunta a la depauperación y a la muerte: “dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras”. La focalización y el encuadre de la ciudad descansan en el desarraigo y el desamparo de sus habitantes, fueren provocados por ensoñaciones piadosas y arrogantes enmarcadas en la tan mentada Valencianidad, o por la apatía citadina quebrantadas todas las posibilidades de redención individual y colectiva. Orlando nos lo ratifica en el texto del catálogo: “Su novela Pedro Páramo ha sido la metáfora inspiradora de una imagen de la noche, el vacío, el olvido y cierta voz de una ciudad que, aún en la mengua, mantiene la dignidad de lo posible. Una Valencia poblada de terrible soledad que amenaza a quienes se niegan a partir”. La visión de la ciudad difiere radicalmente del reporterismo gráfico de tintes amarillistas, así como también de las medias verdades del discurso fotográfico oficial que publica almibarados álbumes de paradójico uso turístico. La validez y la fuerza de la propuesta más reciente de Baquero radica en la calidad de la puesta en escena: la iluminación expone los retazos de la urbe en medio de las tinieblas, destacando el colorido mustio y mate de su estado de desolación y precariedad. Prevalecen los ocres y los verdes que se regodean en el enmohecimiento del paisaje cuasi desnudo de figuras humanas. Las tomas a ras de piso son equivalentes a las cenitales: calles y cielos embargados por la postración, la apatía y el oprobioso hálito de su atmósfera húmeda y calurosa. Los habitantes somos devorados por la ciudad en un montaje de imágenes que nos sugiere al Buñuel de El Fantasma de la Libertad, el excremento se expone en público –sin apelar a ninguna pose escatológica- y nos alimentamos en la privacidad que no es más que la más áspera de las soledades. Entonces, la referencia a Rulfo implica sed poética y seriedad indagatoria, por lo que no decae – afortunadamente - en la desencaminada manía de sostener la fragilidad de una obra en el discurso autorizado.
El Eco de las Sombras de Orlando Baquero nos pareciera la manifestación de una visión tenebrosa de la ciudad habida durante una sesión de opio, aplastado el cuerpo en el diván vigilado por un chino o por un psicoanalista, qué más da. La calidad hiperrealista y expresionista del conjunto -no se nos aparta de la mente el clima y la textura de El Gabinete del Doctor Caligari de R. Wiene- constituye un punto de inflexión notable en el trabajo artístico de Orlando, lo cual nos hace augurar futuras obras que persistan en la línea de indagación y recreación del ámbito urbano.

Valencia de San Desiderio, 27 de julio de 2006.

Wednesday, July 26, 2006

PASTICHE DE AFORISMOS SOBRE EL ENSAYO (SERIE 2).




Al ensayista, amigo y cómplice Miguel Ángel Campos: desgarrando fatuas escuelas.

1.- Nada más ridículo que el ensayista hablando o escribiendo acerca del ensayo. En todo ensayo el autor trata de sí mismo, hablar además de su escritura sería un exceso. Por eso los mejores ensayistas no son ensayistas, es decir, no lo parecen. Pedro Téllez . El aserto se refiere al duodécimo apóstol convidado por Cristo a la Última Cena: ¿Juan, el discípulo bien amado que recostó la cabeza en su pecho? ¿Judas Iscariote, el último que mojó con Él el pan en el plato? El discurso ensayístico va más allá de la ambigüedad prefabricada tan de gusto de los lectores y críticos snobistas: Se superponen la ternura del púber y el adusto y atormentado rostro del zelote traidor. No en balde el corazón de Jesús se halla espinado y encunetado entre el beso y las treinta monedas de plata. Se puede exorcizar al endemoniado, como manifestación del milagro, despeñando cerdos al mar; anatema es intentar explicar el portento en una positiva mesa de disección. Como bien nos lo recuerda Borges hasta la saciedad: “La rosa es sin porqué, dijo Angelus Silesius; siglos después, Whistler declararía El arte sucede”.

2.- Híbrido, s. Diferencia conciliada. Ambrose Bierce, Diccionario del Diablo. El ensayo, desde hace mucho tiempo, es una manifestación escritural hipertextual. Por más que los pésimos lectores declaren que es un hallazgo reciente a la luz de la Transdisciplina, categoría elástica y maleable heredada de la polémica en el seno de la escuela neoescolástica, bien se miente a sí misma como post-estructuralista, pragmática o postmoderna. No es un mero vehículo ideológico; es la carreta, el cochero y los caballos a la vez, se coloquen como le venga al antojo del que escribe y del que lee. ¿Se puede afirmar que Las Mil y Una Noches posee una estructura ensayística en el que convergen la poesía, la narrativa y la filosofía que dignifican a la humanidad? ¿Acaso Los Pastiches Criollos de Luis Enrique Mármol no son ejercicios ensayísticos que duplican y desdoblan la voz del otro (por ejemplo, Antonio Arraiz o Ramos Sucre), caricatura o exageración fundamentada en el cabal conocimiento del discurso poético ajeno?

3.- El ensayo es la ciencia, menos la prueba explícita.José Ortega y Gasset . Quizá el aforismo resulte reduccionista a nuestros oídos perdidos en la distracción. Sin embargo, el discurso ensayístico no pretende imponer al lector su contenido, o mejor aún su aproximación al tema u objeto de su golosa fruición, bien sea en el malabarismo argumental e intelectual o en la barroca ornamentación de ideas que esconden la faz tenebrosa de la intolerancia. El ensayo no es más que una conversación entre el autor y el lector que se solazan a la luz y a la sombra de la libertad. Ni el púlpito ni la tribuna, con sus terroríficas admoniciones y paradisíacas ofertas, tienen cabida en un territorio preñado de contradicciones, elipsis y giros alocados que sí retratan y reivindican la condición de ser hombres. El ensayo no construye complejísimas teorías a la vera de un cuadro metodológico drástico y seco como un redoblante funeral. Fernando Savater lo complementa sin medias tintas: “Sirve sobre todo como aguijón contra la gran teoría, contra la casa consistorial levantada por el sentido común o contra el rascacielos edificado por la ciencia y la política. Esta cualidad demoledora le viene de su condición inocultablemente subjetiva”.

4.- La maleabilidad del ensayo da al escritor una libertad que podría llamarse ‘camaleónica’. Porque la forma literaria se pliega, en este caso, a las condiciones personales, adquiere diversas coloraciones individuales, sin exigir del escritor –y quizás sea esa la vana fortuna del ensayista- el previo sometimiento a reglas institucionales, a normas suprapersonales. Juan Marichal . En otros términos, el ensayo es un género endiabladamente pachuco, como decíamos en una ocasión sometiéndonos al escarnio de profesores atados a las columnas de la Academia. Se exhibe regodeándose en su variopinta vestimenta y en su paradójica manera de decir las cosas en función del placer por la recreación de la vida. Allá aquellos académicos victimarios del placer y víctimas de su frigidez intelectual desvinculada del mundo que nos tocó vivir, padecer y sobre todo disfrutar. El aforismo no amerita de más comentarios que lluevan sobre mojado.
5.- Mi pluma lo mató. Juan Montalvo . Más allá de la circunstancia histórica que motivó el aserto (el asesinato del dictador ecuatoriano Gabriel García Moreno en 1875), subyace el hecho de la escritura ensayística como instrumento político e ideológico - en tanto declaración de principios o falsa conciencia -. En el caso de América Latina, el ensayo y la acción política establecen vínculos peculiares no exentos de contradicciones. El período de Independencia no sólo fue marcado por las armas y el protagonismo militar, pues bajo su ensangrentado suelo se incubaban las invectivas contra la Corona y la Península bajo el influjo de la literatura liberal y enciclopedista proveniente de Francia. La cultura política de nuestros libertadores fue de contrabando, tal como nos lo dice Efrén Barazarte al abordar la conformación heterogénea de la raza cósmica de Vasconcelos. Andrés Bello, no sólo en sus largas Silvas, sino sobre todo en el Prólogo a la Gramática Castellana para el Uso de los Americanos, propugnó la independencia intelectual de América con suma pertinencia, oportunidad y brillantez. La prosa romántica de Juan Vicente González apostó por el entusiasmo patriótico en tanto simiente de la República a construir: La Épica Militar no desdice la civilización; la visión mítica de los libertadores es la piedra de ángulo del país. Más adelante, producto de la desilusión causada por la anarquía heredada de las guerras intestinas, los positivistas latinoamericanos se balancearon entre el ideal del progreso y el imperio de caudillos y jefes supremos. Tal es el caso de uno de sus más brillantes exponentes: Laureano Vallenilla Lanz y su libro Cesarismo Democrático, obra polémica tildada de reaccionaria, pero con una voluntad y talento estilísticos de gran valía en el devenir de nuestras letras. Del otro lado de la acera, José Carlos Mariátegui hace una interesante revisión de las tesis marxistas, plantada esta vez en la problemática indígena y de la tenencia de la tierra en el Perú de los años veinte. Valga la oportunidad para destacar la obra ensayística de Ludovico Silva, enmarcada en una atenta lectura del marxismo clásico, embistiendo con claridad argumental y maestría estilística los desaguisados de la escuela ortodoxa de la Unión Soviética y sus satélites. Agua y aceite, o ébano y marfil, es innegable la relación entre ensayo y política; sólo que compartimos hoy este aforismo de Bierce: Gobierno Monárquico, s. Gobierno.

Tuesday, June 20, 2006

JULIO CORTÁZAR O DE LA TRANSFIGURACIÓN LÚDICA DE LO REAL



Julio Cortázar o la transfiguración lúdica de lo real
Cinco Aforismos
Aforismo 1
La literatura no es más que el afán lúdico de transfigurar lo real.
Aforismo 2
El acto escritural propende a abordar lo real desde ópticas inéditas.
Aforismo 3
La voz narrativa es contingente: legión dispar de cucarachas arrastrándose debajo de la alfombra.
Aforismo 4
La voz narrativa se focaliza en diversos personajes, al punto de doblegar la arrogancia en la vindicación del asombro.
Aforismo 5
¿Para qué se escribe? Responde Julio: Para que el amor se haga dueño y señor de la erizada espina dorsal.

DON ABELARDO CUADRA: UN LEGIONARIO DEL CARIBE



Conocí a Don Abelardo Cuadra a finales de los ochenta en Valencia, la de Venezuela. Específicamente en la casa de su hijo, el Doctor Víctor Cuadra. Mientras Víctor y el flaco Ismael ultimaban los detalles del montaje de una revista del Movimiento Universitario Evangélico Venezolano, tuve el placer de conversar con Don Abelardo durante más de tres horas. Este legionario del Caribe, reencarnación de Odiseo por enésima vez, nació en Malacatapa (Granada, Nicaragua) el año de 1904 y murió en Valencia, Venezuela, el año de 1993. Es un personaje desconocido en la accidentada historia del continente, pero sin duda uno de los más seductores, pues participó en el combate a las dictaduras de Tacho Somoza y de Chapita Trujillo. Si bien Don Abelardo formó parte de la cruenta Guardia Nacional somocista, fue gestándose en su interior el espíritu rebelde -que caracterizó el resto de su vida- mientras perseguía fallidamente a Augusto Sandino. Levantó el informe sobre la muerte de Sandino, puñalada trapera de Tacho Somoza a un guerrero pacificado, jamás derrotado por la Guardia Nacional ni por los Marines norteamericanos en el campo de batalla. Si revisamos el capítulo III de sus memorias (Hombre del Caribe, 1979, Editorial Universitaria Centroamericana, Costa Rica), titulado “La Hora de asesinar a Sandino”, leemos esta dramática y sentida confesión: “Total: catorce asesinos y conmigo quince”, luego de inventariar a los que planearon y ejecutaron tan cobarde y repudiable asesinato. Tiempo después, participó en una conjura contra Somoza, lo cual le valió la prisión perpetua. Sin embargo, escapa atravesando a pie la selva centroamericana. Se me parece al coronel Aureliano Buendía, héroe ignorado de las mil batallas perdidas: cambió los honores burocráticos por la elaboración ad infinitum de pescaditos de oro. Don Abelardo ejerció, en los tiempos libres que le dejaba su “jodisea” –como a él mismo le gustaba decir-, la pintura de brocha gorda, el entrenamiento de pugilistas y la tan mal pagada docencia. Sin duda utilizó el lápiz como bien manda la Biblia: escribió páginas plenas de vida, con sus virtudes y defectos, y corrigió los errores restregando el borrador rojo contra su dialéctica y poética superficie.

Tuesday, June 13, 2006

DICCIONARIO DE LA VILLANÍA (3)


Ronaldo. Sustantivo atribulado por la publicidad, m. Moralista brasileño de la era postmoderna que combate el bullicio del graderío con lo largo de la lengua y lo corto de la túnica merengue.
Ronaldinho Gaucho. Sustantivo festivo, m. Fundador de una nueva secta dionisíaca que predica el goce estético del fútbol sin complicaciones ni declaraciones mesiánicas. La fortuna en dólares viene por añadidura. Su ícono consiste en una prudente bocaza de marfil brotado, la cual se confunde -por asociación libre de ideas- con la del irreverente Mick Jagger.
Portugal, selección de. Sustantivo adosado a la incertidumbre, f. Centro de las tribulaciones de los hinchas lusitanos que aspiran transitar del nostálgico fado a los acordes celebratorios y saltarines de la música autóctona madeirense. Los angoleños libertos casi derraman sobre sus cabezas el ánfora de agua fría del pragmático juego griego. O povo aún espera que la Generación de Oro les restituya épocas pretéritas y esquivas: Eusebio, la pantera negra, en pos de la Jules Rimet arrebatada por el León inglés.

Tuesday, June 06, 2006

DICCIONARIO DE LA VILLANÍA (2)


Auditoría Electoral. Concepto relativizado por tirios y troyanos, f. Territorio de nadie que conduce a ninguna parte. Competencia de estratagemas y eufemismos técnicos en el que gana aquel bando que más restrinja la información. La presencia de los votantes en el escrutinio importa un bledo.
Padrón Electoral. Expresión infame, m. Listado de electores intervenido hasta la saciedad por los apetitos de actores políticos y grupos de intereses. Al menos se le da la oportunidad al ciudadano de tener varias vidas a la vez, sin que medie la literatura ni la santería: sucedáneo del discurso del otro y de la materia bajando ánimas a granel.
Voto. Categoría tautológica, m. Tarjetón, óbolo o formulario virtual usado en el ejercicio del principio electoral que reza: "No me elige quien quiere, sino el que puede". No en balde, votar y botar son palabras homófonas y sinónimas cuando de embocarla al albañal se trata.

Sunday, May 28, 2006

DICCIONARIO DE LA VILLANÍA

Educación en Valores. Expresión desafortunada, f. Una de las manifestaciones del fariseísmo finisecular occidental, en este caso consistente en la domesticación ideológica de críos rebeldes cuando no se tiene a mano la fusta o la bacinilla de peltre.
Educación para el Trabajo. Expresión disfuncional, f. Revisita postmoderna de la cultura gremial del Medioevo: El aprendiz adquiere artes y oficios divorciados de un mercado laboral deprimente. Su utilidad descansa en la ratificación social del alumno (proletario o siervo de una casa feudal, qué más da) a expensas de una parásita tramoya de políticas económicas sin sentido.
Literatura de Autoayuda. Expresión paradójica , f. Manipulación del mercado editorial en la que se le hace creer al usuario que va completando el desarrollo autónomo de su personalidad. Entre su clientela tenemos a docentes de humanista antifaz y profesionales de la clase media que no han hallado la sacra túnica a la cual asirse. Se recomienda como antídoto un buen viaje de LSD como cable a tierra o espejo revelador del despropósito y la ridiculez.

Tuesday, April 18, 2006

UN JUICIO BORDEANDO LA ABULIA



Se acurruca la perra mientras la mujer duerme. El hombre descansa en las dispersiones de su cautividad. El calor es oprobioso, le sienta bien a su sensación de inutilidad, abulia y miedo. Maniático, se había propuesto inicialmente repasar las líneas andadas; sólo que al rato comprobó lo infructuoso del afán. Ante las escuálidas páginas de su diario, en medio de una crisis de compulsión alcohólica, el carrete de la máquina Olympia se hallaba atascado al ritmo de la indecisión y el nerviosismo. Se levantó para servirse un café bien tinto y amargo. Encendió un cigarrillo que compartió con la bebida, recorriendo el estudio entre idas y vueltas. Su frustración se acentuó al recordar la destrucción de algunas viejas páginas del diario por parte de la absorbente mujer: la amputación del pasado implicaba la castración de sí mismo. Aplastada la colilla que fragmentaba el humus nicotínico del cenicero y fundido su cuerpo en la silla, sacudió el trasero del pesado artefacto sin que el carrete se deslizara de ninguna forma. De inmediato concibió un plan: se dirigiría al estacionamiento, empujaría su carro sigilosamente una cuadra más adelante, y emprendería la fuga hacia un destino incierto pero en libertad. A la manera de las road movies norteamericanas.

Sin embargo, sintió impávido los golpes digitales y secos sobre las viejas teclas: La figura femenina ha tenido en mi vida un cariz particular. Su protagonismo tiende sin duda a la represión, a la reprimenda, al moldeado si se quiere arbitrario. En muchos de los casos, consolida su imposición a través de una prepotente y absoluta postura de tipo ético. Por supuesto, la constante se traduce en la manipulación de las ideas y los sentimientos del otro. Imposibilidad de obtener la cera que nos ensordezca respecto a los alaridos de la sirena, por lo que el viaje se interrumpe y pospone una vez más. Empero, las ventajas consisten en el hecho de su dedicación laboriosa a las cosas terrenas: como decía Reinaldo, amerita una nevera, una cocina y una lavadora. No subyace en estas líneas la misoginia. Reconocimiento por partida doble: su utilidad fundamentada en mi comodidad por vía de la cesión de terreno.

Desconsolándose en el hecho de que las llaves del carro no aparecían por ningún lado, el grumo de alquitrán asoma por la nariz, la hiel de los eructos en oposición a los ronquidos y susurros de la mujer que se retuerce, la perra que se rasca.

Valencia, 6 de enero de 2003.

SEÑOR JUEZ



“Madre, por favor, ¿es sólo una enfermedad lo que les hace
romper todas mis leyes?
Mira, si puedes anular el efecto
Yo iré tras la causa”.
Peter Gabriel: Moribundo, el burgomaestre. Primer surco, lado A, del LP “PETER GABRIEL I” (1975).

Intentó nuevamente firmar la sentencia, pero era inútil. Le sorprendía el hecho de haber perdido su firma; aquel garabato distaba de serlo enormemente. La situación era bien ridícula, ¡sólo esto me faltaba!, pensó para sí. Se distrajo recorriendo con la mirada su despacho, repleto de expedientes y textos jurídicos. De repente, recordó el bochornoso incidente con la doctora Urquiola. Hace dos días, en el ascensor, ella tuvo la osadía de haber cuestionado no sólo su imparcialidad, sino incluso su honorabilidad en aquel caso sucesoral. ¡Cómo enfrentaría entonces la denuncia introducida ya en la Judicatura, si ni siquiera podía encontrar su firma!

Llamó por el teléfono interno a la secretaria del tribunal, pero nadie le respondía. Colérico, abrió la puerta y constató que ninguno de sus empleados se encontraba allí. Aterrorizado, regresó a su despacho e inmediatamente se asomó a la ventana. El día le era ajeno: gris y sin nubosidad alguna; lo que más le llamó la atención fue el disco de sol, opaco y pálido. No podía entonces determinar la hora, ni tampoco qué día era. De pronto divisó la plaza y observó unos payasos gigantescos rodeados de cientos de niños. Sería entonces sábado o domingo, ¿qué demonios hago aquí?, se preguntó aguijoneado por el miedo. En la comprensión de que algo terrible le estaba ocurriendo, sintió cómo los impulsos eléctricos sacudían su espina dorsal. Tal era la inevitabilidad de la claustrofobia que exponía su cuerpo a la oprobiosa e insípida tarde.

Realizó varias llamadas telefónicas a su casa, al Colegio de Abogados, a sus amigos más íntimos, sin obtener contestación alguna. Sobre todo lamentó no contactar ni a Osman, ni a Antonio Mata, mucho menos a Carlos Luis, sus socios en el juego del truco, sin duda el oficio que practicaban con más soltura y devoción. Sus triunfos tenían como colofón entonar al unísono “Bartolo que no es cayuco / ha sorprendido con su truco”, cervezas mediante, acompañando a un Tito Rodríguez aprisionado en la rocola del bar “Las Quince Letras”... ¿Qué se hicieron todos?, ¿qué me está pasando? Seguidamente tomó una hoja blanca y probó de nuevo con su pluma fuente hallar su firma. Mientras más lo hacía, los garabatos eran más deformes, como si fueran autoría de un niño o un alcohólico.

Encendió la televisión mientras aguardaba una respuesta sensata a sus atribuladas preguntas. Estaban transmitiendo un juego de baseball de Grandes Ligas, lo cual le confirmó que el día era domingo. Poco tiempo después, la transmisión fue interrumpida por un boletín de última hora que anunciaba su propia muerte por suicidio: según el despacho informativo, hacía una hora que el juez se había lanzado desde el octavo piso del edificio en el cual despachaba, desconociéndose el por qué de tan infausta decisión. Desesperado, acicateado por la confusión y el temor, se dirigió al baño a llorar su desgracia. Se lavó la cara ante el espejo, como tratando de escapar de una pesadilla. Entonces, se cercioró que el espejo no le devolvía su imagen, por lo que dedujo su situación actual: o estaba soñando de manera coherentemente extraña, o era un vampiro ataviado de un Giorgio Armani, alternativas que le tranquilizaron inmediatamente. Sobre todo la segunda, pues desde niño tenía un morboso fervor por el Drácula de la dupla Browning-Lugosi, amén de su extraordinario parecido con otro de sus intérpretes, el espigado y flaco Christopher Lee.

Retornó al despacho y abrió la ventana como un autómata. Era ya de noche, alumbrada tan sólo por el claro de luna. Por tal razón, se lanzó al vacío, pues o volaba como un murciélago, o la caída significaría deshacerse de la pesadilla. Error, ninguna de las dos. Acabó en la calle como un bulto estragado e informe nadando en la sangre, ya que todo era producto de la especulación periodística y del odio y acecho de sus enemigos. ¡ Alea jacta est !

Valencia, 25 de agosto de 2001.

Monday, March 27, 2006

DANIELA, CORAZÓN DE JESÚS


Daniela, Corazón de Jesús, decidió esperar el fin de los tiempos en la nave central de la Iglesia Bautista Antiecuménica "El Cordero de Oro". El planetoide Hercóbulus se acercaba a La Tierra sin que nada pudiese detener su apocalíptico curso. Sin embargo, Daniela se desentendió de su familia, esposo sexagenario y dos hijos de más de treinta años, pues todos ellos no habían aceptado la Verdad revelada en la interpretación bíblica del Pastor Juan Taquilla. Aguardaba a sus hermanos de fe: Feliciano Frías, Matilde Aguerreverre, Carlos Rodríguez, Angélica Vega y al profesor T, recién convertido al evangelio según Juan Taquilla. Se trataba de velar la llegada de Cristo y sus legiones para que se los llevaran la víspera de las plagas, inundaciones y hecatombes predichas por Juan en la isla de Coche -consúltese las Minutas del III Retiro Espiritual de la Iglesia Bautista Antiecuménica, El Naipe, 1992-. Integrarían el Santísimo Tribunal que juzgaría a la humanidad el primer día del año 2000. Pensó, dadas sus ensoñaciones piadosas y buenas intenciones, postularse para el cargo de Consoladora Mayor para musitar versículos bíblicos de amor a los pecadores torturados en la Antesala del Infierno. Cómo la alegraría recitar pasajes del libro de Job, mientras despedazaban los cuerpos de los tres alegres compadres -que son 4 al igual que los mosqueteros-: Argenis, Rodolfo, Carlos y Juan, enemigos del profeta Juan Taquilla y amigos de las veleidades de este mundo próximo a extinguirse, la buena mesa y la cálida cama compartida con bellas y perversas rameras ataviadas de purpúrea y ajustada ropa interior. Indudablemente, la fe ha de imponerse a cómo dé lugar: inclinando la cabeza sumisamente o estirando la corrupta carne en el potro de los tormentos. Cercana la medianoche, la bulla en el barrio se hacía más estruendosa, confirmándole la orgía de machos y hembras -al son de ritmos tropicales- el advenimiento del fin. Sus hermanos de fe no habían acudido a la trascendental cita. No se tenía idea del paradero de Juan Taquilla, ni por vía celular ni por vía internet. Al explotar los petardos en la tierra y en el cielo, Daniela se lanzó al frío suelo y dispuso su cuerpo robusto en posición fetal. Dudó por única vez en su fe: Los hermanos estarían en casa con sus familias sin reparar que el Mal ha sobrevivido trocando La Tierra en un aquelarre eterno, donde los pecadores impenitentes vivirían un jolgorio ad infinitum. Dos calles más abajo del Templo, Juan Taquilla financiaba el banquete y la ingesta etílica a los lugareños con el diezmo de los feligreses, discípulos y simpatizantes de la Iglesia Bautista y Antiecuménica "El Cordero de Oro". Los tres alegres compadres, algo ebrios, bailaban un danzón bien acompañados y apertrechados.


Friday, March 24, 2006

BLASINA DE LOS SAUCES


Blasina Ríos de Marín nació en Los Sauces de Valencia, cuando el lugar no había sido deconstruido por los urbanistas desarrollistas, alrededor del año 1920. En lo que a mí respecta, es -la conjugo en presente, pese a su muerte física a mediados de los noventa- una de las matronas más simpáticas y carismáticas de la ciudad. Aún nos convoca en la memoria, más allá de la nostalgia posible. La imagino atravesando el montaral que fue una vez Valencia, machete en mano, buscando a un Padrón extraviado en una de sus borracheras; o a sus hijos escondidos en traviesas aventuras, temiendo todos el rigor de su carácter de palo y piedra no exento, claro, de cálido y refrescante amor. En la juventud había sufrido un accidente que le malogró una de sus piernas, salvada por la mano quirúrgica del doctor Don Fabián de Jesús Díaz en el Hospital Central. El viejo galeno le había dicho que la doblada patica coja le bastaría para mantener y cuidar a una vasta prole. Efectivamente, proféticas palabras las suyas, Blasina parió y crió con éxito y dificultades a una generosa camada de buenos muchachos: Jesús, José, Chacha, Juana, Galán, Henry, La Flaca, Tababí y La Mapi. Gente de la que me place y enorgullece el trato y el aprecio para con este cronista. Los llevó a todos a la escuela, analfabeta ella para aquel entonces, y sin embargo aprendió a leer presenciando las clases desde el umbral del aula. Voluntad implacable que combinó el aprendizaje de las primeras letras con el devoto ojo protector de sus chicos. Valga este intermezzo intertextual: una vez me había relatado una sorprendente historia de infidelidades y maridos cornudos, muy semejante a las que encontramos en los Cuentos de Canterbury y el Decamerón. De ella aprendí, entonces, la vinculación de lo popular y lo culto en el arte; en este caso, a la sazón de su magnífica cocina, bien sean unas negritas refritas o su exquisito Asado Negro de cuya preparación aún discuten sus tres hijas menores. Es una magnífica ama de casa, si no pregúntenle a los Holbach de Valencia, a quienes sirvió durante años: todo en su sitio y en el momento justo. Dios aborrece de los aduladores de oficio pero ama sobremanera a los buenos mayordomos (ciertamente Blasina multiplicó los tres talentos que le habían encomendado). La vieja era de armas tomar: en una ocasión un borracho le pidió favores lascivos recibiendo a cambio dos latazos de leche Klim -repletos de comida para sus hijos- en la meritita mollera. En otra desafió a un policía que quería matar a su perro, sin intimidarla su pistola ni su bastón, haciendo caso omiso al llamado de moderación del buenazo de Marín. Ya les había dicho que murió fisícamente a mediados de los noventa, pues su cuerpo se hallaba muy cansado de albergar toneladas métricas de lágrimas y dolencias. Sin embargo no partió desconsolada, más bien aliviada por la supervivencia y bienestar de su familia. Aún se extrañan las reuniones en la casa de la Isabelica o en Bucarito, donde ella era la abeja reina de la Colmena divina que su amor y entereza nos legó.

Wednesday, March 22, 2006

THE MARIN'S WOMEN FAN CLUB


Doblando la esquina que le permitiría acceder a los noventa años (con el favor de Dios), Enrique Marín dormitaba en la silla, al amparo del sol abrasador del mediodía que le obsequiaba la fronda de un samán. Echada a sus pies le acompañaba la Negra, una perra mestiza que remedaba el porte de un doberman. En la modorra se daba el lujo de pasear por caminos anchos que yuxtaponían impresiones diversas y variopintas. El sexo, por ejemplo, arista fundamental de la vida metaforizada en hinchada ubre que aún quería chupar con entusiasmo. Por fortuna, la tecnología médica hacía posible el abatimiento de la disfunción eréctil que acarrea con antipatía la vejez. Era saludado y venerado por vecinas saporritas de generosas caderas. El provocativo lienzo se aproximaba más a Botero que a Rubens. Los ojos azules del viejo se abalanzaban sobre las carnes apretadas como si fueran el manjar de un caníbal. Mucho más joven se vió a sí mismo, escapando del carismático genio de Blasina, haciendo de las suyas con vecinas del cerro La Adobera que suspiraban por su caucásica estampa de ojos juguetones y cerúleos. Todo ello a primeras horas de la noche y con el pretexto de buscar agua en un cuñete de lata. Se estremeció de excitación al recordar el abrazo y los arrumacos de Eizabelith, un hembrón de muslos y nalgas firmes, barnizada con un toque de canela encendido y enloquecedor. Hasta la mamá de ella, esa vieja verde, tenía buena batea: no estaba de más amansar la vaca para engullirse toditica la becerra. Consideró con suma despreocupación lo bondadosa que había sido la vida con él, ajeno al bullir mezquino y predatorio del mundo que le tocó andar. Su mujer, Blasina, y sus tres hijas -dos perlas y un azabache-: La Flaca, Tababí y La Mapi con la Mapita adosada. Constituían el billete ganador en la lotería de este universo desbocado y falto de serenidad. Por cierto, qué buena estaba la voluptuosa catira de la agencia de lotería de la esquina: un metro setenta de sensualidad y tongoneo lascivo. Sin aviso ni protesto, se le encimaron tres momentos en los que su vida pendió de un hilo: cuando el golpe del cuatro de febrero, al serle ofrecida una escopeta por universitarios revoltosos en el fallido desfenestramiento del Pacto de Punto Fijo, a lo que respondió Marín dando paso al frente y redoblado ... pero en dirección a la casa de Juana, en La Campiña, para refugiarse en la compañía de Blasina; dos, cuando lo de la bronquitis que anegó uno de sus pulmones, salvándose por la profética y amorosa voz de Blasina ... "yo me iré mucho antes que el viejo", esta vez en un Bucarito envuelto por el polvo; y tres, no hace mucho, cuando atravesó con éxito la puerta de salida del quirófano en el que le acomodaron la próstata. En profundo sueño, pensó que la muerte pasaría ahoritica de largo, pues un viejo custodiando las puertas abiertas de una casa en este siglo de malandros y asesinos impunes, acompañado de la tataranieta de Cancerbero, intimida de verdad, verdad... Y qué lo digan en Sabana e'Parra, carajo!

Tuesday, March 21, 2006

BUDA GAUTAMA HÍPICO


Soñó que el Diablo lo poseía infinitas veces. Sin embargo, no estaba alarmado, pues -como él bien sabía- las dificultades son un don de la vida que hacen posible la evolución del ser. Se sentía una versión postmoderna de San Antonio: lidiando con cientos de demonios pícaros y crueles que pretendían arrastrar cuerpo y alma al muladar. Sólo que esta vez la cavidad del culo se dilataba al paso del sulfúrico miembro. Se mantenía en una actitud estoica e imperturbable; el dolor es la antesala de la revelación, de un nirvana embellecido por el vuelo de graciosos y divinos colibríes sosteniendo el misterio de la vida en sus leves alas. De improviso, masticaba y tragaba hongos alucinógenos en una montaña cubierta de niebla. Apareció la mujer en toda su pícnica desnudez, inclinándose ante él con una vara de vera. La tomó y con ella le golpeó todo el cuerpo, en un acceso de furia escatológica. Más tarde se solazó en un coito larguísimo, devorando su cuerpo crepuscular a fuerza de los chicotazos. Libaron mutua y simúltáneamente los efluvios de su carne. Apoyándose en las bien lubricadas paredes de la vulva, se internó en una oscura gruta tenuemente iluminada por la luz neón. Topó con amigos, enemigos y discípulos que yacían como monigotes de carne en una alfombra carmesí. Compuso una extensa Silva con la cual los reducía a la nada, a punta de retruécanos, elipsis, metáforas e hipérboles que nadaban en un espeso y ocre caldo de mezquindad. Amodorrado, sintió sobre sí la huesuda constitución de su socio, Remigio, con la erecta lanza pugnando por entrar entre las deprimidas y escoriadas nalgas. Lo sorprendió la vigilia en pose conformista, dejándolo pasar y hacer en la esperanza de que la miseria troque en santidad redentora del alma.

Sunday, March 19, 2006

FABIO, EL LEÓN DE LA AVENIDA


Fabio, el León de la Avenida, se enjugó sudor y lágrimas luego de maquillar el cadáver del profesor T. La mayor dificultad estribó en la perforación de la sien derecha. Ocultó la chamusquina tras una patilla artificial abundante, la cual tuvo que corresponder con su par en la sien izquierda. Había abandonado el colegio a mitad de año, dedicándose a tiempo completo a las labores de belleza en el Atelier de sus amigas, ubicado en la Avenida Alberto Ravel. No soportó que la Coordinadora de Seccional le reprendiese por sacarse las cejas con esmero. Muy a pesar del escarnio al que era sometido por machistas vecinos y miradas octagenarias de desaprobación, las jornadas de ocho horas le reportaban un ingreso mucho más decente. Sobre todo la gratificación de tomar unas cuantas cervezas soleras azules, conversando con las amigas acerca de nalgas, vergas y torsos masculinos. Incluso las hembritas de su sección le visitaban al Salón de Belleza, poniéndole al tanto de las últimas nuevas del liceo: A Orteguita lo retiraron del Colegio por consumir piedra en el baño; para el viernes en la tarde lanzarían una bomba lacrímogena en solidaridad con el compañero amonestado; el profe T estaba cada vez más marico y cabrón en el aula... Miró el cadáver por última vez, embargado por el desconsuelo. Recordó una conversación íntima en la sala africanísima de su casa: el estigma de la condición gay que conformaba su rabia, vileza y arrogancia académica; la poesía de Esdras Parra y el film Querelle de Brest de Fassbinder; los afiches de Ava Gardner y Dolly Parton que acompañaban las palabras tristes del querido T en la menguada tarde. El colofón fue una danzarina meneadita de culo al compás de La Batidora, pues ya estaba bien de Chavela Vargas y las lágrimas que aparejaba.
Fabio, pues, pensó que era la última asignación del profesor T en atención a su breve amistad: la sonrisa de Gioconda con el platinado cabello en apretado afro.

Friday, March 17, 2006

TALIBÁN


Su figura delgada y sus ademanes afectados hacían insoportable el calor y la pesada humedad del aula. Siempre exhibía su arrogancia y descontrol emocional al desconcierto de los alumnos. Gozaba sobremanera al presionarlos indebidamente como si sufriese un coito anal suministrado por la enorme verga de un guerrero Masai. Su promedio de aplazados excedía los límites permisibles de la normativa escolar. Aporreaba la autoestima erosionada del grupo a la par de solazarse en la contemplación de los más apuestos y bien dotados efebos del colegio. Finalizando el segundo lapso, les ofrecería a algunos de ellos una fiesta en su casa para intercambiar notas aprobatorias por escarceos sexuales furtivos en baños públicos y pubs gays de la ciudad. Imaginó ser prensado por todos y cada uno de ellos, gritando en la claustrofóbica habitación la calificación de su ars amatoria y la zahiriente descalificación a su condición de lúmpen proletariado. Cuatro de los más grandes aceptaron gustosos la invitación. El viernes a las seis y media de la tarde, comenzó el festejo. La salita simulaba la corte de un reino africano con sus palmas, escudos y lanzas largas y afiladas. Se atavió con esmero porque encarnaba a la reina de Saba. Los cuatro marines la asediaron sin mediar halagos a punta de chopos y treinta y ochos: gimió con mórbido placer, gruñó de desesperación y rasguñó pectorales y poderosos brazos mientras la poseían una y otra vez. La sometieron a indecibles torturas: entrecortaban su respiración con una bolsa de plástico, mutilaban los dedos de manos y pies inmisericordemente, rasgaron con hojillas su magro cuerpo en búsqueda de la marca del diablo. Finalmente, le dieron muerte disparándole a la cabeza, interpuesta una gruesa almohada de la exótica sala. Dos días después, cuatro centinelas vestidos de blue jeans y chemisse beige -relamidos de vicio homicida e impunidad- custodiaban sus restos mortales en una de las funerarias más lujosas de la ciudad. Nadie se explicaba la sonrisa de mona lisa en su rostro, dada la saña y brutalidad de su muerte.

Wednesday, March 08, 2006

PERFIL ARBITRARIO DEL INTELECTUAL

El intelectual es un ocioso por vocación. El acto de observar detenidamente al mundo, sacudiendo la rutina social, luce de una incomodidad e impertinencia intolerables. Convidado de piedra en un entorno disfuncional, patético y -por supuesto- paradójicamente gratificante, su obstinada actitud de decir no (a la monocorde andanza del rebaño) le granjea la antipatía de buena parte de su prójimo. Quién los necesita. Se les ha dado significativos espacios en las universidades, academias y medios de comunicación para que se masturben detrás de las celosías o ventanas americanas. Elías Canetti hizo la mejor de sus caracterizaciones: ser esclavo de su tiempo, sintetizar el espíritu de su siglo y criticar despiadadamente su entorno histórico y social. Por otra parte, Orlando Chirinos contrasta el perfil anterior con el traductor-traidor que se conforma con satisfacer apetitos burocráticos: ejercer el rol de bufón de la corte y centro de las burlas y los huevos podridos que le arrojan los políticos de oficio y las clases dominantes. Se trata entonces de estar a contracorriente del vil dinero y del garrote que enarbolan los impíos.

Sunday, March 05, 2006

AL MAESTRO CON CARIÑO.

Este año escolar había sido por demás gratificante. El nuevo profesor de Lengua Inglesa contaba con la simpatía de casi todos los estudiantes. Sus clases fracturaban impunemente la presuntuosa y soporífera atmósfera del academicismo sajón. La literatura no era más que una vinculación entusiasta por la vida misma: es la voluntad ética inmanente en la novelística de Conrad (... click) ; la contingente estructura y el tenor asombroso de la poesía de Anne Sexton (...click) ; la franqueza problematizadora de Graham Greene en novelas tales como "El Poder y la Gloria", "El Americano Impasible" y sobre todo "El Capitán y el Enemigo", en la que marionetas humanas se hallan a merced de los designios del cielo y la tierra (...click) ; el descubrimiento del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce, texto que cuestiona nuestro mundo pleno de ideologías absurdas y desencaminadas (...click!) . Mejor aún eran las conversaciones de sobremesa: los comentarios cinematográficos, en especial el último, referido al film alemán La Caída de Oliver H., lo cual le permitía un ejercicio comparativo de la decadencia hitleriana con la actual gestión republicana de gobierno. El poderoso verbo del profesor Wilkins vindicaba la libertad del pensamiento como práctica cotidiana (...click!!) . La supresión de los enemigos de la democracia, los terroristas musulmanes, constituiría la Solución Final de la confrontación civilizatoria tratada por el profesor Huttington. Por lo tanto, consigno copias en MP3 del discurso antiamericano del profesor Wilkins, apólogo intelectual del terrorismo de nuevo cuño. Al Gran Maestre de la Grey, George Bush hijo. Sin más por el momento, Arthur Macharty, bachelor of arts. CLICK!!!

BRASIL 0 - VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN. José C. De Nóbrega

BRASIL 0 – VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN.
A Aly Pérez, in memoriam. A Fernando Rodríguez, estragada mi rabia a tragos.

Muy a pesar de mi ascendencia portuguesa –madeirense por demás, lo cual me salva del denuesto alfacinha que se le endilga a los lisboetas-en el seno familiar casi no tuve contacto con la literatura de Portugal, mucho menos con la de Brasil. Apenas había llegado a mis manos una antología poética de Luis de Camoes, en su lengua original, conmemorativa del día nacional de Portugal. En mi adolescencia importaba más el desempeño –fallido hasta Estados Unidos 94- de la selección de fútbol brasileña en pos del tetracampeonato: para 1982, contaba con el mejor medio campo del mundo, Sócrates, Toninho Cerezo y Falcao apoyando al ponzoñoso Zico; sólo que Italia y Paolo Rossi arruinarían con tres goles la ensoñación de la hinchada verdiamarilla, a la que por entonces me había adscrito. En esa misma década, nos embriagábamos con la música heredera del Bossa Nova, de Antonio Carlos Jobim y del MPB: Chico Buarque, María Betania, Gal Costa, Milton Nascimento y Djavan. Qué decir de las depuradas telenovelas brasileñas que pueden comprender el intervalo que va de Vale Todo a la muy sensual Xica Da Silva (no podemos obviar la versión fílmica que la antecede, de Carlos Diegues).
Sin embargo, gracias al contacto con el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo y su revista Poesía , teniendo a la vanguardia al poeta Reynaldo Pérez Só, pudimos acceder a la producción poética de habla portuguesa, sobre todo la brasileña. Entre los años 1992 y 1993, un grupo de estudiantes universitarios, entre los que nos contábamos Pedro Téllez, Slavko Zupcic, Argenis Salazar y este cronista, formamos parte del Taller de Traducción de Poesía en portugués, cuyo ductor fue el mismo Pérez Só. Por fortuna, se publicaron traducciones mías en la revista La Tuna de Oro , otra de las publicaciones emblemáticas del Departamento: siete textos poéticos de Ledo Ivo, procedentes de su poemario Crepúsculo Civil (1990), en el número 19 de Febrero-Marzo de 1994; Poemas da Negra (1929) de Mário de Andrade, en el número 21 de Enero-Febrero de 1995; y tres poemas de Carlos Néjar en el número 23 de Enero-Febrero de 1996. En este caso, el enemigo a vencer era la traducción literal: se trataba más bien de la conjunción o abordaje simultáneo de la idea patente en imágenes, el tono, el estado anímico y la musicalidad del texto poético. De lo contrario, se fracasaría en un pobrísimo ejercicio de traslación operativa a la manera de los manuales de instrucciones –o peor aún, de los textos marxistas traducidos por la Editorial Progreso de Moscú-. Ya lo advierte Pérez Só sin amagues de ningún tipo: “ 3) Traducir, traducir. Lo hacemos con un autor extranjero, por supuesto. Pero no es una versión, es mi versión, es mi poema. (...) No dejando que la traducción sea lineal”. Otro tanto nos lo justifica Rodolfo Alonso: “Traducir poesía, cosa que por aquellos tiempos hacía asiduamente, al mismo tiempo con ansiosa inquietud y con placentero abandono, fue no sólo la mejor educación (¿iniciación?) literaria posible sino realmente algo esencial para mi vida toda. No sería quien soy sin haberlo intentado”.Veamos un ejemplo, con el cual me hallo compenetrado, O Trapiche de Ledo Ivo:
El Trapiche.
Quieres que guarde para ti el rocío./¿Mas cómo puedo guardar lo que se disuelve/al sol, como el viento, el amor y la muerte?/¿Cómo guardar los sueños que soñamos/al paso que caminamos despiertos/en lo oscuro y sin nadie a nuestro lado?/¿Y los susurros de labios encantados/en el otro lado del muro? ¿Y la hierba que se esparce/en la pista del aeropuerto? ¿Y la mancha que aparece/en la cáscara del mango maduro?/¿Cómo guardar la brisa sibilante/en el combés del navío? ¿Y el vuelo del pájaro?/¿Y la barca abandonada que atraviesa el río/y para bajo la cubierta?/¿Cómo y por qué guardar un arreo herrumbroso/y la ceniza de la hoguera/y la lluvia que llovía y el viento que venteaba?/La nada guardaremos, nosotros que somos/el depósito de todo, el baúl y el trapiche./El rocío, que es eterno, se evapora/llegada su hora. Y nuestros sueños/nos guardan fielmente en sus sepulcros.
El poema se refiere a un trapiche, palabra válida en Brasil y Venezuela, esto es el lugar donde se almacena la caña de azúcar y se elabora el aguardiente de caña, su veneno en la acepción baudelaireana. Si se apelara al título El Almacén , destruiría el ámbito y el espíritu rural del texto, extensivos en la consideración metafísica y existencial allí inmanentes. La búsqueda de la unicidad del ser en la dispersión. Si se quiere, manifiesta el ars poética de Ledo Ivo: “Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable” ( Confesiones de un Poeta , 2004, Academia Brasileña de las Letras-Topbooks, p. 13). El trapiche es la metáfora maravillosa y lograda de la cual se vale Ivo en la configuración del corpus del poema. Sencilla e impune, inmediata a nuestra paradójica condición, la de ser víctimas propiciatorias de los equívocos fundados en la poco probable conciliación habida entre el deseo y la realidad que nos ampara importunamente, como si fuésemos intrusos; despojada de la retórica hueca y abusiva en la aprehensión del paisaje y los objetos en los que nos reconocemos día tras día.
Hoy, traduciendo una interesantísima conversación de poetas brasileños -que nos envió a la redacción de Poesía el también amigo y poeta Floriano Martins-, constatamos la brecha que nos separa de la poesía del gigante amazónico. De lado y lado. Muy a pesar de nuestra vecindad geográfica, es menester aproximarnos en las virtudes y las falencias. Uno de los obstáculos lo representa la condición idiomática de cada cual, pese a que ambas lenguas son romances. Hay muy escaso interés en aprender el idioma del otro, aunque las excepciones al respecto constituyan una valiosa contribución en la construcción de un puente cada vez más necesario, en el combate a un proceso de globalización de una gula sin par, por cierto, una barrera bien notable. La poeta Astrid Cabral no deja pasar la limitante cultural: “Pienso que lo que ha ocasionado “un cierto vacío” en las relaciones entre Brasil e Hispanoamérica, ha sido la influencia masiva y hegemónica de Norteamérica, adueñándose de todo y cualquier espacio, asimismo los recónditos lugares personales. Estados Unidos extendió el monopolio económico a las demás áreas. Comemos, vestimos, leemos y vivimos norteamericanamente -the american way of life, N.T.- (¡todavía bajo protestas! ¿Quién está virgen de unos pantalones Lee, o nunca mató el hambre en McDonalds?)”. Al parecer, el ALCA no repara en este tipo de detalles; no conviene la integración cultural de la América Latina, pues el todo estriba en el desigual intercambio de mercancías que atenuará el abultadísimo déficit fiscal de los Estados Unidos. Valga como colofón de este párrafo, la pertinencia de la integración latinoamericana per se, sin la mediación de gendarmes y mercaderes “protestantes”: “Un pueblo no alcanza el estado de civilización sumándose al proyecto de otro pueblo, sino tomando conciencia de su ser en el mundo, de su identidad y su especificidad cultural” ( América como Civilización Emergente , de Adolfo Colombres, 2004, Editorial Sudamericana).
Por supuesto, tenemos el condicionante editorial de ambos lados de la frontera. No sólo en lo que toca a la edición recíproca como tal, sino en su divulgación continental. La referida conversación sostenida por los poetas brasileros Alberto da Costa e Silva, Carlos Néjar, Astrid Cabral, Claudio Willer, Alvaro Alves de Faría, Alexei Bueno y Flavio Khothe, arrojó un desconocimiento casi generalizado de la poesía venezolana actual. Fuera de nombres como los de Andrés Bello y Vicente Gerbasi, apenas se asoman poetas como Juan Calzadilla, Francisco Pérez Perdomo, Edmundo Aray y María Antonieta Flores. Sin embargo, el poeta Floriano Martins se ha dedicado a la divulgación de la poesía venezolana por medio de su revista virtual Algulha . Recientemente, el poeta Armindo Trevisan prologó una antología poética de Pérez Só, publicada por Monte Ávila Latinoamericana. Uno de los pocos poetas venezolanos traducidos en portugués y editados en Brasil es Vicente Gerbasi con su libro Olivos de Eternidad . Es de admitir que nuestras editoriales han fallado en la divulgación continental de la literatura venezolana, en especial el caso de los poetas. En Brasil hay un conocimiento más cabal del quehacer poético argentino, chileno y peruano.
En Venezuela, da la impresión que se conoce algo más de la poesía brasileña del siglo XX. Ya se había dicho que la revista Poesía ha divulgado poéticas no tradicionales, como las de Brasil y Portugal, incluso el trabajo de poetas angoleños que escriben en portugués. En sus páginas tenemos textos poéticos y entrevistas realizadas a poetas tales como Ledo Ivo, Carlos Néjar, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Joao Cabral de Melo Neto, Floriano Martins, entre otros. Otro tanto ocurre con La Tuna de Oro , cuyo mercado divulgativo descansa en los estudiantes y docentes de la Universidad de Carabobo. Por otra parte, la colección Biblioteca Ayacucho ha editado títulos de poetas, narradores y ensayistas brasileños: Gilberto Freyre, Joaquim María Machado de Assis, Lima Barreto, Euclides da Cunha, Sergio Buarque de Holanda, Jorge Amado, y los poetas Oswald de Andrade y Mário de Andrade. Fundarte publicó dos antologías de poetas brasileños: Ferreira Gullar ( La Lucha Corporal y Otros Incendios, 1977, traducción de Santiago Kovadloff) y Joao Cabral de Melo Neto ( Antología Poética, 1979, traducción de Margara Russotto) . Ejemplos que nos permite la fragilidad de nuestra memoria. Sin embargo, el inventario comprende desde el “fecundísimo modernismo brasileño” (Rodolfo Alonso dixit) de voces tales como la de Mario de Andrade, atravesando la poesía concreta de Ferreira Gullar, hasta el cierre del ciclo que representa la obra de poetas significativos como Joao Cabral de Melo Neto, Ledo Ivo y Carlos Néjar.
Por supuesto, ambas naciones parten de experiencias históricas peculiares. Pedro I proclama en 1822 la Independencia de Brasil, luego del traslado de la corona portuguesa al territorio amazónico, producto a su vez de la invasión napoleónica a la Península Ibérica. Ya no se trataba de un Virreinato, la mudanza y el acarreo trajo consigo la corte portuguesa a América con su cargamento de cultura, intelectuales y poesía. En el caso de Venezuela, la cautividad de Fernando VII a manos del ambicioso corso supuso un perfecto pretexto para la declaración de independencia del 19 de abril de 1810, la cual desembocaría en las mismísimas puertas del antiguo Imperio Inca. Quien iba a esperarlo de una modesta Capitanía General del Imperio Español. Sin embargo, las peculiaridades de cada cual incitan vivamente el acercamiento, más allá de la ausencia de la materia cultural en las cartas de intención y acuerdos recién firmados entre los presidentes Lula y Hugo Chávez Frías.
Cerremos este inventario binacional con estos versos de Carlos Néjar:
Cerrado para el balancede todas las cobardías/y los actos heroicos –tan pocos-/dispongo las aptitudes/y las líneas de fuego/sin armisticio./Me dispongo en esto/porque el equilibrio/es una camisa de fuerza/en mi cuerpo/y no tengo dónde poner/las ropas de la ambición/a no ser en la maleta vieja/del ático de la infancia.
Valencia, febrero de 2005.
Nota: Las traducciones de los textos en portugués, tanto los de prosa como los poemas, fueron realizadas por el autor del presente trabajo.

José Carlos De Nóbrega.
MAESTRÍA DE LITERATURA LATINOAMERICANA, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto “Rafael Alberto Escobar Lara”, Maracay (Primer semestre aprobado, enero - junio 2005). CURSO INTRODUCTORIO para optar a la condición de alumno regular de la Maestría de Literatura Latinoamericana, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto “Rafael Alberto Escobar Lara”, (Maracay, octubre – diciembre 2004). Nota: Se aprobó el curso con 85,5 puntos de un máximo de 100, por lo que le correspondió la segunda posición de 39 aspirantes que lo iniciaron. LICENCIADO EN EDUCACIÓN, Mención Lengua y Literatura, Universidad de Carabobo, título conferido el 28 de noviembre de 2002.
©2006 Arteliteral • SumarioQuienes somos
Arte • Poesía• Libros • opinión• Columnistas

Friday, March 03, 2006

SALTO AL VACÍO

La funcionaria mayor, mutando y usurpando el verbo del Jefe Supremo, farfulló amenazas y frases que impactaron a la hasta ahora adormecida masa de acólitos. La vida les era conferida por la Voluntad del Supremo, sin mediar talentos ni méritos individuales. La colectividad se postra subyugada por la efigie furiosa y magnífica del Supremo; toda emisión de la contingente personalidad de cada quien quedará -por lo tanto- abolida por los milenios de los milenios. Los burócratas aplaudieron a rabiar, bailaron en comparsa única y ordenada, desfalleciendo ante el Altar producto de saltos y cabriolas harto reverentes. La coreografía concluiría horas después, en un cuartucho de hotel, excitados e irritados los labios de una vulva amoratada.