Tuesday, September 15, 2015

DEL NUEVO AÑO ESCOLAR EN VENEZUELA. José Carlos De Nóbrega

DEL NUEVO AÑO ESCOLAR EN VENEZUELA
José Carlos De Nóbrega

     Ante la inminencia del año escolar 2015-2016 en Venezuela y, desprovisto de nostálgicos lugares comunes, nos mueven gratos recuerdos ligados a la escolaridad. Más allá de la condición de aparato ideológico del Estado, se desarrolla un panorama íntimo y contingente: el magisterio matriarcal de Augusta en las primeras letras y la aritmética que va del convento portugués al hogar caraqueño y luego valenciano; los preciosos y blancos pies de la maestra de segundo grado; la presencia en la ausencia física de condiscípulos y profesores que marcaron nuestra adolescencia en Valencia [los compañeros Cruz Blanco y Mariela, amén de la docencia exigente y amorosa de Chelena y Lolita, por ejemplo]; y nuestra formación universitaria ucista y upelista cargada de disidencia y agradecimiento [los profesores María Narea, Carlos Zambrano, Alberto González, Elba Álvarez y Efrén Barazarte, además de los escritores Pérez Só, Rivero, Téllez y Angulo]. Mamá, mi primera maestra, nos recomendó siempre asociarnos a buenos docentes y amigos para inmediatamente agradecerles las atenciones recibidas. He aquí estas líneas reivindicativas, devotas y agradecidas.

     Por otra parte, pese a los desencuentros propios de la socialización escolar, nos sentimos orgullosos y satisfechos de nuestro oficio de obreros de la educación. Cuánta alegría nos da que algunos alumnos nuestros hayan accedido a la Universidad y a la profesionalización: Desde aquel travieso y díscolo muchacho que hoy ejerce la docencia, hasta los nuevos escritores que ofrecen muestras de inequívoca y sentida calidad literaria. La confrontación generacional, pese al perjudicial influjo de la educación autoritaria, el funcionarismo indolente y la mediocridad de muchos medios de comunicación, se convierte en diálogo transparente en casos muy significativos. La abuela del “Cuento Blanco” de Manuel Díaz Rodríguez, por fortuna, nos acompaña: “Maniáticos y egoístas, creemos que nuestra mezquina experiencia personal es compendio y resumen de todo el saber y desdeñamos a los jóvenes, con más razón a los niños”. No se puede combatir las modas impuestas por la banalidad del discurso mediático chillón e ideologizante, con viciosas poses beatas y moralistas que son diques secos que pretenden reprimir la fuerza avasalladora de la imaginación y la vida misma.

    Para reconvertir la escuela, no podemos ahogar la pertinencia y agudeza de las voces críticas que vindican tan solidaria y necesaria empresa. La educación no puede afincarse en frases hechas que ocultan el despropósito político e ideológico, mucho menos debe holgazanear en esa categoría espantosa que es la resignación. Como nos lo recuerda todavía la pluma anarquista y revulsiva de Manuel González Prada, no podemos conformarnos con integrar una orden mendicante de la Ciencia y la Literatura. La crítica que apuesta por una transformación en todos los órdenes, no se asimila a la maledicencia, la mezquindad y la revancha politiquera de voces tales como Auris Rivero y Orlando Alzurú. Las reivindicaciones salariales y de seguridad social de los docentes, no pueden ir a contracorriente de los intereses y derechos de estudiantes y representantes. Estamos conscientes de la delicada coyuntura económica que afecta al país. Por lo tanto, es menester que las comunidades educativas asuman su rol protagónico en el diseño y toma de decisiones que permitan superar el modelo rentista de una buena vez por todas.

     Sin condicionamientos enceguecidos, apoyamos las recientes declaraciones del Ministro del Poder Popular para la Educación, profesor Rodulfo Pérez, en lo tocante a la reorganización del currículo de educación media, la desburocratización del sistema educativo y la consolidación de un Sistema Nacional de Investigación y Formación Pedagógica. Por supuesto, partiendo del Decir transparente, el diagnóstico realista y la planificación ajena al ensayo y el error, para acometer realizaciones y soluciones que redunden en la calidad educativa que a su vez consoliden un modelo productivo emancipador. En tal sentido, es imprescindible el seguimiento y la evaluación permanentes –y sin miramientos- de este proceso de edificación de un país que nos contente y reconforte día a día. Sólo se puede entrar y salir de la escuela, el liceo y la universidad abriendo de par en par puertas generosas.

     Que este artículo sea final abierto que se muerda la cola, ello en la relectura del diccionario cínico de Bierce: “Emancipación. El cambio que experimenta un cautivo al pasar de la tiranía de otro amo al despotismo de sí mismo”.


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