Tuesday, March 13, 2007

BRASIL 0 – VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN


BRASIL 0 – VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN.

A Aly Pérez, in memoriam.
A Fernando Rodríguez, estragada mi rabia a tragos.

Muy a pesar de mi ascendencia portuguesa –madeirense por demás, lo cual me salva del denuesto alfacinha que se le endilga a los lisboetas-, en el seno familiar casi no tuve contacto con la literatura de Portugal, mucho menos con la de Brasil. Apenas había llegado a mis manos una antología poética de Luis de Camoes, en su lengua original, conmemorativa del día nacional de Portugal. En mi adolescencia importaba más el desempeño –fallido hasta Estados Unidos 94- de la selección de fútbol brasileña en pos del tetracampeonato: para 1982, contaba con el mejor medio campo del mundo, Sócrates, Toninho Cerezo y Falcao apoyando al ponzoñoso Zico; sólo que Italia y Paolo Rossi arruinarían con tres goles la ensoñación de la hinchada verdiamarilla, a la que por entonces me había adscrito. En esa misma década, nos embriagábamos con la música heredera del Bossa Nova, de Antonio Carlos Jobim y del MPB: Chico Buarque, María Betania, Gal Costa, Milton Nascimento y Djavan. Qué decir de las depuradas telenovelas brasileñas que pueden comprender el intervalo que va de Vale Todo a la muy sensual Xica Da Silva (no podemos obviar la versión fílmica que la antecede, de Carlos Diegues).
Sin embargo, gracias al contacto con el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo y su revista Poesía, teniendo a la vanguardia al poeta Reynaldo Pérez Só, pudimos acceder a la producción poética de habla portuguesa, sobre todo la brasileña. Entre los años 1992 y 1993, un grupo de estudiantes universitarios, entre los que nos contábamos Pedro Téllez, Slavko Zupcic, Argenis Salazar y este cronista, formamos parte del Taller de Traducción de Poesía en portugués, cuyo ductor fue el mismo Pérez Só. Por fortuna, se publicaron traducciones mías en la revista La Tuna de Oro, otra de las publicaciones emblemáticas del Departamento: siete textos poéticos de Ledo Ivo, procedentes de su poemario Crepúsculo Civil (1990), en el número 19 de Febrero-Marzo de 1994; Poemas da Negra (1929) de Mário de Andrade, en el número 21 de Enero-Febrero de 1995; y tres poemas de Carlos Néjar en el número 23 de Enero-Febrero de 1996. En este caso, el enemigo a vencer era la traducción literal: se trataba más bien de la conjunción o abordaje simultáneo de la idea patente en imágenes, el tono, el estado anímico y la musicalidad del texto poético. De lo contrario, se fracasaría en un pobrísimo ejercicio de traslación operativa a la manera de los manuales de instrucciones –o peor aún, de los textos marxistas traducidos por la Editorial Progreso de Moscú-. Ya lo advierte Pérez Só sin amagues de ningún tipo: “3) Traducir, traducir. Lo hacemos con un autor extranjero, por supuesto. Pero no es una versión, es mi versión, es mi poema. (...) No dejando que la traducción sea lineal”. Otro tanto nos lo justifica Rodolfo Alonso: “Traducir poesía, cosa que por aquellos tiempos hacía asiduamente, al mismo tiempo con ansiosa inquietud y con placentero abandono, fue no sólo la mejor educación (¿iniciación?) literaria posible sino realmente algo esencial para mi vida toda. No sería quien soy sin haberlo intentado”.Veamos un ejemplo, con el cual me hallo compenetrado, O Trapiche de Ledo Ivo:
El Trapiche.
Quieres que guarde para ti el rocío.

¿Mas cómo puedo guardar lo que se disuelve
al sol, como el viento, el amor y la muerte?
¿Cómo guardar los sueños que soñamos
al paso que caminamos despiertos
en lo oscuro y sin nadie a nuestro lado?
¿Y los susurros de labios encantados
en el otro lado del muro? ¿Y la hierba que se esparce
en la pista del aeropuerto? ¿Y la mancha que aparece
en la cáscara del mango maduro?
¿Cómo guardar la brisa sibilante
en el combés del navío? ¿Y el vuelo del pájaro?
¿Y la barca abandonada que atraviesa el río
y para bajo la cubierta?
¿Cómo y por qué guardar un arreo herrumbroso
y la ceniza de la hoguera
y la lluvia que llovía y el viento que venteaba?
La nada guardaremos, nosotros que somos
el depósito de todo, el baúl y el trapiche.
El rocío, que es eterno, se evapora
llegada su hora. Y nuestros sueños
nos guardan fielmente en sus sepulcros.

El poema se refiere a un trapiche, palabra válida en Brasil y Venezuela, esto es el lugar donde se almacena la caña de azúcar y se elabora el aguardiente de caña, su veneno en la acepción baudelaireana. Si se apelara al título El Almacén, destruiría el ámbito y el espíritu rural del texto, extensivos en la consideración metafísica y existencial allí inmanentes. La búsqueda de la unicidad del ser en la dispersión. Si se quiere, manifiesta el ars poética de Ledo Ivo: “Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable” (Confesiones de un Poeta , 2004, Academia Brasileña de las Letras-Topbooks, p. 13). El trapiche es la metáfora maravillosa y lograda de la cual se vale Ivo en la configuración del corpus del poema. Sencilla e impune, inmediata a nuestra paradójica condición, la de ser víctimas propiciatorias de los equívocos fundados en la poco probable conciliación habida entre el deseo y la realidad que nos ampara importunamente, como si fuésemos intrusos; despojada de la retórica hueca y abusiva en la aprehensión del paisaje y los objetos en los que nos reconocemos día tras día.
Hoy, traduciendo una interesantísima conversación de poetas brasileños -que nos envió a la redacción de Poesía el también amigo y poeta Floriano Martins-, constatamos la brecha que nos separa de la poesía del gigante amazónico. De lado y lado. Muy a pesar de nuestra vecindad geográfica, es menester aproximarnos en las virtudes y las falencias. Uno de los obstáculos lo representa la condición idiomática de cada cual, pese a que ambas lenguas son romances. Hay muy escaso interés en aprender el idioma del otro, aunque las excepciones al respecto constituyan una valiosa contribución en la construcción de un puente cada vez más necesario, en el combate a un proceso de globalización de una gula sin par, por cierto, una barrera bien notable. La poeta Astrid Cabral no deja pasar la limitante cultural: “Pienso que lo que ha ocasionado “un cierto vacío” en las relaciones entre Brasil e Hispanoamérica, ha sido la influencia masiva y hegemónica de Norteamérica, adueñándose de todo y cualquier espacio, asimismo los recónditos lugares personales. Estados Unidos extendió el monopolio económico a las demás áreas. Comemos, vestimos, leemos y vivimos norteamericanamente -the american way of life, N.T.- (¡todavía bajo protestas! ¿Quién está virgen de unos pantalones Lee, o nunca mató el hambre en McDonalds?)”. Al parecer, el ALCA no repara en este tipo de detalles; no conviene la integración cultural de la América Latina, pues el todo estriba en el desigual intercambio de mercancías que atenuará el abultadísimo déficit fiscal de los Estados Unidos. Valga como colofón de este párrafo, la pertinencia de la integración latinoamericana per se, sin la mediación de gendarmes y mercaderes “protestantes”: “Un pueblo no alcanza el estado de civilización sumándose al proyecto de otro pueblo, sino tomando conciencia de su ser en el mundo, de su identidad y su especificidad cultural” (América como Civilización Emergente, de Adolfo Colombres, 2004, Editorial Sudamericana).
Por supuesto, tenemos el condicionante editorial de ambos lados de la frontera. No sólo en lo que toca a la edición recíproca como tal, sino en su divulgación continental. La referida conversación sostenida por los poetas brasileros Alberto da Costa e Silva, Carlos Néjar, Astrid Cabral, Claudio Willer, Alvaro Alves de Faría, Alexei Bueno y Flavio Khothe, arrojó un desconocimiento casi generalizado de la poesía venezolana actual. Fuera de nombres como los de Andrés Bello y Vicente Gerbasi, apenas se asoman poetas como Juan Calzadilla, Francisco Pérez Perdomo, Edmundo Aray y María Antonieta Flores. Sin embargo, el poeta Floriano Martins se ha dedicado a la divulgación de la poesía venezolana por medio de su revista virtual Algulha. Recientemente, el poeta Armindo Trevisan prologó una antología poética de Pérez Só, publicada por Monte Ávila Latinoamericana. Uno de los pocos poetas venezolanos traducidos en portugués y editados en Brasil es Vicente Gerbasi con su libro Olivos de Eternidad. Es de admitir que nuestras editoriales han fallado en la divulgación continental de la literatura venezolana, en especial el caso de los poetas. En Brasil hay un conocimiento más cabal del quehacer poético argentino, chileno y peruano.
En Venezuela, da la impresión que se conoce algo más de la poesía brasileña del siglo XX. Ya se había dicho que la revista Poesía ha divulgado poéticas no tradicionales, como las de Brasil y Portugal, incluso el trabajo de poetas angoleños que escriben en portugués. En sus páginas tenemos textos poéticos y entrevistas realizadas a poetas tales como Ledo Ivo, Carlos Néjar, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Joao Cabral de Melo Neto, Floriano Martins, entre otros. Otro tanto ocurre con La Tuna de Oro, cuyo mercado divulgativo descansa en los estudiantes y docentes de la Universidad de Carabobo. Por otra parte, la colección Biblioteca Ayacucho ha editado títulos de poetas, narradores y ensayistas brasileños: Gilberto Freyre, Joaquim María Machado de Assis, Lima Barreto, Euclides da Cunha, Sergio Buarque de Holanda, Jorge Amado, y los poetas Oswald de Andrade y Mário de Andrade. Fundarte publicó dos antologías de poetas brasileños: Ferreira Gullar (La Lucha Corporal y Otros Incendios, 1977, traducción de Santiago Kovadloff) y Joao Cabral de Melo Neto ( Antología Poética, 1979, traducción de Margara Russotto) . Ejemplos que nos permite la fragilidad de nuestra memoria. Sin embargo, el inventario comprende desde el “fecundísimo modernismo brasileño” (Rodolfo Alonso dixit) de voces tales como la de Mario de Andrade, atravesando la poesía concreta de Ferreira Gullar, hasta el cierre del ciclo que representa la obra de poetas significativos como Joao Cabral de Melo Neto, Ledo Ivo y Carlos Néjar.
Por supuesto, ambas naciones parten de experiencias históricas peculiares. Pedro I proclama en 1822 la Independencia de Brasil, luego del traslado de la corona portuguesa al territorio amazónico, producto a su vez de la invasión napoleónica a la Península Ibérica. Ya no se trataba de un Virreinato, la mudanza y el acarreo trajo consigo la corte portuguesa a América con su cargamento de cultura, intelectuales y poesía. En el caso de Venezuela, la cautividad de Fernando VII a manos del ambicioso corso supuso un perfecto pretexto para la declaración de independencia del 19 de abril de 1810, la cual desembocaría en las mismísimas puertas del antiguo Imperio Inca. Quien iba a esperarlo de una modesta Capitanía General del Imperio Español. Sin embargo, las peculiaridades de cada cual incitan vivamente el acercamiento, más allá de la ausencia de la materia cultural en las cartas de intención y acuerdos recién firmados entre los presidentes Lula y Hugo Chávez Frías.

Cerremos este inventario binacional con estos versos de Carlos Néjar:

Cerrado para el balance
de todas las cobardías
y los actos heroicos –tan pocos-
dispongo las aptitudes
y las líneas de fuego
sin armisticio.
Me dispongo en esto
porque el equilibrio
es una camisa de fuerza
en mi cuerpo
y no tengo dónde poner
las ropas de la ambición
a no ser en la maleta vieja
del ático de la infancia.


Valencia, febrero de 2005.


Nota: Las traducciones de los textos en portugués, tanto los de prosa como los poemas, fueron realizadas por el autor del presente trabajo.

JOSÉ FRANCISCO JIMÉNEZ, HIJO DEL SOL Y DE LA NOCHE (IN MEMORIAM). ESCRIBE NUESTRO AMIGO CHRISTIAN FARÍAS


José Francisco Jiménez, hijo del sol y de la noche
(In memoriam)

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Lic.Christian Farías

Oye, José Francisco, es medio día, sábado 17 de febrero de 2007. Te toca besar la tierra, hermano, y volverte polvo así como cuando Dios creó a nuestro primer hermano. ¿Te acuerdas? Hay un sol hermoso en este campo. Estamos alrededor tuyo como en una de esas reuniones que tanto hicimos para cantarle al futuro. Tú proponías declararnos en huelga permanente por la dignidad humana, por el respeto a los derechos ciudadanos. ¿Te acuerdas, José Francisco? Asesinaron a Ismael Bolívar. Te indignaste. Por tu sangre corrió la sangre de Cristo, la sangre de Ernesto Guevara, la sangre del indio que fuiste, que eres, que somos. Hablaste con el sol una mañana desierta en el patio de tu casa. Dialogaste con la luna con tus manos sobre un libro de tu biblioteca. El arco iris de esa tarde dejó caer un color en tu rostro. Te iluminó tanto que te hiciste soldado irreductible de la vida, valiente, corazón abierto y resuelto, militante de la esperanza, del amor, de la fraternidad; hijo del sol y de la noche, cómplice de los grandes majaderos del mundo con el alma atravesada de misericordia, de pasión.

Hay un canto guerrero Timoto-Cuica que parece una canción tuya, José Francisco. Muchas consignas que son gritos de tu sangre. Muchas ideas preñadas de nobleza vienen de tus cavilaciones. Una hermandad clara, diáfana, brota de tu cuerpo y de tus labios. Naciste en el furor del trópico. Lloraste junto al dolor de tu madre. Recibiste la bendición de tu padre. Se iluminó tu Ser ante la palabra de Dios y lo cultivaste con tus lecturas de Marx, de Lenin, del Ché, de Luther King. Ennobleciste con la fuerza inquebrantable de tus acciones, tu solidaridad incondicional con los guerrilleros del P.R.V. – F.A.L.N., tu compromiso al lado de la justicia y la igualdad. La mejor palabra es la conducta, José Francisco. Tú te hiciste palabra, tu palabra fuiste tú. Íntegro, hermoso, como un héroe sin pretensiones. No hay dudas ni confusión. No claudicaste ni te volviste blando. El tiempo aceró tu dignidad, endulzó tu alma. Por eso siempre fuiste y serás de los nuestros; nuestro amigo, nuestro camarada querido del alma.

Aquí está tu gente, José Fran, en este campo de sol radiante como tus ojos. Hay flores bellas para ti, llenas de vida, de sueños, de olores, de amor, de alegría. He tomado una rosa roja con mi mano temblorosa para regalártela. Siento cómo el viento me abraza, me susurra en mi camisa, mueve mis lentes, mis cabellos. Me enmudece. No hay más palabras en este instante eterno de tu partida. Es la voz del viento la que me habla y creo que es tu voz ronca, seca, directa, parca, asombrosa. No hay más palabras en este instante eterno de tu partida, José Francisco. Ahora es el recuerdo el dorso de la vida para seguir viviendo contigo en nuestras reuniones, en nuestros combates contra la ignominia y la opresión. Eres hijo del sol y de la noche, enemigo del imperio, del capital. Eres amigo inconfundible de los justos, militante irreductible del pueblo.

Oye, José Francisco, es medio día, hermano. Ahora recuerdo tu oración, tu invocación a Dios, en aquel calabocito oscuro de la Disip. Salimos como a las diez de la noche con el paquete de afiches en la maleta de tu carro. ¡Castigo para los asesinos de Ismael Bolívar! Habíamos pegado muchos en distintas paredes de la ciudad. Una hermosa luna nos guiaba. Pero, en la esquina de la Rondón con Constitución, a la media noche, nos sorprendió la policía y amanecimos con los cuerpos adoloridos en ese espacio reducido que llaman tigrito ¿te acuerdas? Llamaste al Padre Celestial. Tu oración resguardó la fortaleza de nuestra moral de prisioneros. ¡Pequeña y significativa prueba de dignidad sembrada en nuestras conciencias! Esa imagen tuya se hizo imperecedera en mi memoria y ahora regresa con fuerza a mi corazón.

Seguimos marchando de jornada en jornada: en los encuentros culturales de “Juguemos a ser libres”; en las luchas universitarias, populares; en la defensa de los derechos humanos, que fue siempre tu mejor pasión; en las rebeliones del 27 de febrero del 89, en el Frente Patriótico, en el 4 de febrero y 27 de noviembre del 92. En todas las luchas tu mirada fijaba el compromiso de tu manos, de tu cuerpo, de tu ser, de tu espíritu, de tu alma. Porque eso fuiste, José Fran, una criatura para la acción y la reflexión, un hombre con alma de guerrero como Ghandi, como Simón Rodríguez, como Luther King. Un hombre con sentido de la historia, de la trascendencia, pero desde la sencillez de tu familia, de tu corazón de padre y de docente, desde tu disposición al diálogo sin traicionar los principios, desde la bravura de tu piel mestiza, de tu ropa de kaki, de tu franela blanca de guardacamisa, de tu barba modesta, perenne, y de tu mirada escrutadora y triste. ¡Salud, querido amigo, porque en ti sigue radiante y firme la herencia eterna de los libertadores, la gloria imperecedera de los dignos! ¡Salud!

Valencia, febrero, 17 - 2007

Saturday, March 10, 2007

ENAMORADA



Ayer de visita en casa de Ana Enriqueta Terán y José María Beotegui, nos referimos a esta foto de nuestra hermosísima poeta con Felipe Herrera Vial. Fue tomada en el Ateneo de Valencia con motivo de la presentación del primer número de Cuadernos Cabriales en junio de 1954. José María nos dijo que ese mismo día la había conocido para quedar enamorado por siempre. Han transcurrido cincuenta y dos años y medio de unión tocada por la generosa fortuna. Si bien el genio es un creador de paradigmas, aforístico José María, los ojos de María Félix que se abren a las guitarras y las voces del trío Calavera en "Enamorada" del Indio Fernández, nos retrotraen la belleza clásica, indómita y deliciosamente persistente de Ana Enriqueta. No sé por qué la ligo emocionado a la canción I'll be your mirror de Lou Reed y Velvet Underground. Secuelas de su apasionada voz recitando en el Auditorio del Centro Eladio Alemán Sucre aquellos imprescindibles versos:
"(...) La niña buena cuenta hasta cien y se retira.
La niña mala cuenta hasta cien y se retira.
La poetisa cuenta hasta cien y se retira."
Aplastando la cabeza mezquina de la deslenguada mapanare que fracasa en herir su calcañar, nos reunimos en el hospitalario patio para enhebrar un texto transgenérico, encuentro de la poesía, el ensayo y la pintura, con el cual José María, Luis Alberto, José Carlos y Vladimir celebren a Ana Enriqueta acicalándose y persignándose en la ceremonia cotidiana y salvífica del poema.

LA INTELECTUALIDAD NUESTRA SE VOLVIÓ MEDIO AUTISTA. MARISOL ENTREVISTA A GUILLERMO CERCEAU AL ABRIGO DEL ENCERADO DEL CIRCO


Guillermo Cerceau
La intelectualidad nuestra se volvió medio autista. Marisol Pradas.


"El saber reposa sobre el poder unificador y la solidez de la memoria. El saber es una provisión de las experiencias que se acumulan sin cesar y despiertan la pregunta por el sentido de las cosas. En cierto modo, sabemos ya mediante las experiencia, y sin embargo queríamos saber qué es lo que las dota de sentido" explica Hans-Georg Gadamer en el practico libro "El inicio de la filosofía occidental" (Paidós, Barcelona, 1999, p 117) en el que de la manera más sencilla se adentra en los territorios griegos, cepa originaria que aún sobresalta los problemas actuales de nuestra cultura.
Surgió la entrevista a Guillermo Cerceau a propósito de la edición de su libro de relatos cortos titulado "El Elefante Muere", presentado en la librería Kuaimare el sábado pasado, nacido después de unas reflexiones tras volver a ver la obra magistral de David Linch, "El Hombre Elefante".
Diez personajes de un circo son esbozados con sentimiento e ironía. Antes de este trabajo realizó ensayos de densa carga intelectual por lo que esta apertura no intencional sino espontánea a la emoción le abrió la posibilidad de ver entre sus lectores sentimientos a flor de piel.
Hubo en la vida de este hombre nacido en Argentina, venezolano y valenciano de corazón, desde su llegada a este suelo a los 4 años, un antes y un después, tras irse a Europa y regresar hace un par de años. Anteriormente trabajó dentro en el mundo corporativo alcanzando altas posiciones en transnacionales, mientras a la par desarrollaba como una segunda vida, de compromiso cultural, escritos, y conferencias. Allí es donde coloca ahora su énfasis pues no en vano ya son 20 años de lecturas, análisis y escritura. Cerceau es socialista, apoya al Presidente Hugo Chávez, sobre todo en su política antiimperialista que ha sido, a su juicio, inequívoca, aunque se aleja de algunos círculos plagados de inconsistencias, donde no se trabaja por el país. Asesora a comunidades organizadas y sindicatos.

Su primer libro publicado de ensayos fue "Equivalencias", luego "Fragmentos Sublunares" y poemarios que después fueron recopilados en formato multimedia. Pertenece al Grupo Cultural Li Po, nombre del poeta chino, romántico, refinado y popular, amante de lo sensual y espiritual a la vez. Para este primer trimestre del 2007 espera la coedición del libro "Teoría de las Despedidas".
Desde el Grupo Cultural hemos tenido una actividad bastante coherente e intensa a través de conferencias, seminarios, presentaciones en literatura y artes gráficas, aunque queremos atraer músicos y gente de otras disciplinas.
Estoy tratando de unir todas esas cosas que aprendí en mi vida de trabajo con la literaria, por eso mis ensayos tienen esa mezcla de uso poético, si se quiere, de temas como el impacto de la tecnología en la cultura y la sociedad; algunos son más abstractos.
¿Por qué hace tanto énfasis en la coherencia del grupo Li Po? ¿Será por las discordancias del mundo exterior?
Porque hemos visto que la actividad cultural, lamentablemente, por una serie de variables que no es factible analizar por el corto tiempo, suele ser ocasional, esporádica y esa falta de persistencia en el tiempo hace que las propuestas no terminen concretándose o terminen siendo cerradas...
Poco democráticas...
O degeneran en roscas por utilizar un término un poco prosaico...
En mafias...
Valencia que es una ciudad de poetas y pintores, que ha entregado muchos nombres a la cultura del mundo, en los últimos años quizás hemos visto algunos grupos que han estado ahí, yo no creo que con malas intenciones, quizás por la misma dinámica de la soledad, de la falta de un publico activo. Nosotros estamos tratando de construir un público. Creo que la palabra coherencia no es la más apropiada porque no buscamos una unidad en el planteamiento estético, por el contrario, valoramos la diversidad, la discusión en el conflicto. Coherencia en el sentido de que haya vínculos entre lo que uno dice y lo que uno hace. Una dimensión ética.
¿Estamos ante cambios profundos en Venezuela?
Puesto que estamos inmersos dentro del cambio es difícil a veces ser objetivo, sobre todo cuando se toma partido por opciones. Uno quisiera a veces que las cosas fuesen mas consistentes pero también creo hay que entender a un publico que ha sufrido una prolongada ausencia en el terreno cultural. Hubo un momento en que la intelectualidad nuestra se volvió medio autista. Se replegó sobre sí misma y ya sea porque estaba de acuerdo o porque estaba en contra, en vez de contribuir con aportes críticos decidió replegarse. Eso causó que muchas cosas se quedaran huérfanas; quedaron muchos vacíos que fueron llenados por los que podían y los que tenían la oportunidad de hacerlo, y no siempre fueron las mejores circunstancias las que llevaron a eso. Creemos que el público merece de la gente que se dice intelectual más respeto, ser tomado en cuenta; lo que no quiere decir que haya que ser complaciente. Pero si pensamos que hay que hacer propuestas serias, que tengan distancia en el tiempo, que aborden, desde la perspectiva que sea, los problemas reales de la gente.
¿Apegarse al realismo estricto?
No. Uno puede tocar la sensibilidad de la gente desde el más puro abstraccionismo hasta el realismo más decimonónico por ponerlo en esos extremos que son falsos extremos. El problema no es tanto la estética o la forma como usted aborde la creación artística si no el compromiso y la vinculación con las cosas reales.
¿Se están dando controversias fuera de tiempo?
Hay discusiones muy intensas, muy interesantes, pero a veces tienen un aire como de cosas que ya han sido superadas. Tenemos que superar los falsos dilemas e ir hacia una actividad cultural que se incorpore en forma crítica y constructiva hacia los cambios.
¿Hay que diferenciar cultura popular de elitesca?
Las certezas como parte de la lucidez humana deben ser permanentemente reconquistadas. Toda cultura cuando es verdadera es popular. Cuando uno se aproxima correctamente a la obra de arte es mentira que en los barrios no van a entender a Buñuel como piensan algunos. Eso es una visión muy negativa de nuestro pueblo porque todos son capaces de acercarse a cualquier cosa con su sensibilidad. Para ser verdaderamente universal se tiene que nacer de la particularidad.
¿Cuánto cambió usted al despojarse un poco de lo intelectual para ir a la narración más emotiva?
Creo que mucho, no porque uno no tuvo esa dimensión emocional antes ni mucho menos si no que porque de alguna manera en la forma de abordar la tarea literaria había una especie de exigencia que ordenaba una ensayística muy formal, preocupada por una adjetivación correcta; y cuando uno hace algo más libre se valora otra dimensión de que pude comunicar con la gente algo que conmovió sus sentimientos, fue algo importante.
Volviendo otra vez a la responsabilidad de los intelectuales en Venezuela, ¿qué es lo que ha pasado?, ¿por qué mentes lúcidas como la de Domingo Alberto Rangel las tienen arrinconadas?
Hay personas sumamente lúcidas como Vladimir Acosta, Briceño Guerrero quienes escriben cosas que no tienen nada que envidiarles a los grandes pensadores del mundo. Allí entra un poco el terreno de las simpatías políticas, yo siento una gran admiración por Domingo Alberto Rangel y Luis Brito García, y así le podría mencionar a mucha gente. Lo que yo observaría es que es más importante asumir una posición honesta y clara para que se de un debate real.
¿Los intelectuales son seres distintos a las demás personas?
No. Creo que su realización plena, su rol dentro en la sociedad, no tiene que ser desde la perspectiva de un intelectual sino que tiene que ser como ciudadanos. Solamente cuando nos reconozcamos como ciudadanos, como miembros de una polis, como ambos, independientes de nuestras diferencias, si es que las hay, aportaremos.
¿Pareciera que hay gente que no sabe siquiera qué es dialogar?
Cuando uno va a las comunidades populares uno se encuentra con algo totalmente distinto. La gente lo recibe a uno en términos de cómo uno viene a ayudar o a la que sea que uno va si va en buena fe; pero a nivel de los medios o de las discusiones de los cenáculos donde las grandes mentes deliberan hay mucha parcialidad. La gente de la calle es más práctica, está buscando soluciones.
Si hay alguna responsabilidad específica en el intelectual, que en realidad no lo creo, pero si hubiera una, sería contribuir a que la gente se encuentre en un plano donde el diálogo sea posible.
Cerceau escribe en estos momentos un estudio sobre la constitución de una nueva sensibilidad y su relación con el sujeto, para constatar a través de los últimos años cómo ha evolucionado tanto el cine como la televisión, el desplazamiento de la violencia, a otra mucho más sutil, que se transmite en programas sobre medicina forense y personajes como el Dr. House. Allí tiene todo un camino por recorrer y una gustosa responsabilidad por asumir.
Poder unificador y solidez de la memoria, bases del pensamiento tomado de Gadamer, parecen converger en Guillermo Cerceau, un hombre que por sobre todas las cosas, se muestra como un ser humano. Cosa no tan común de hallar, aunque parezca mentira.

Monday, February 26, 2007

TUVE UN AMIGO:JOSÉ FRANCISCO JIMÉNEZ. Domingo Alberto Rangel.



Tuve un amigo: José Francisco Jiménez
Texto: Domingo Alberto Rangel
A José Francisco Jiménez, quien acaba de fallecer en Valencia, le gustaba contemplar el cielo en las madrugadas de plenilunio. En cierta ocasión viniendo los dos de Valencia a Caracas, una prodigiosa madrugada de luna llena, estaba tan espléndido el cielo y tan impresionante el paisaje que acomodamos el carro al costado de la autopista para contemplar, con entera libertad, aquella maravilla. Hacia occidente, sobre los cerros de La Cabrera cerca de Maracay, la "verde luna" de García Lorca, despachaba su luz hacia todos los rincones del firmamento. Un cielo admirable respondía a aquella luna llenándola de ternura, en el otro extremo, hacia los lados de San Casimiro o San Sebastián, la serena Cruz del Sur se mostraba como la joya que necesita el pecho de la dama para ser perfecto.
Ahora José Francisco, tal vez el hombre más generoso que haya conocido en mí ya larga vida- pertenece a la muerte. No podrán asomarse sus ojos una y otra vez hacia el infinito a contemplar en alguna madrugada, en el cielo de los Valles de Aragua, la prodigiosa unión de luna llena y la Cruz del Sur. Tampoco podrán sus pies recorrer los alrededores o cercanías de Valencia en esas jornadas que comienzan gratas, pero que al elevarse el sol y al apretar el calor se vuelven pesadas y fastidiosas. Tenía proyectado escalar la Sierra Nevada de Mérida, yo acotaba en tono de broma, que uno de mis tíos había coronado esa meta hacía más de setenta años y que el hecho no tenía demasiados méritos.
El 4 de febrero nos acerca
Lo conocí gracias a las reservas que ambos tuvimos, sin previo acuerdo por supuesto, frente a la insurgencia del 4 de febrero. Él estuvo conectado con aquella conjura militar por nexos derivados de amistades con algunos oficiales que acompañaron el fallido golpe de entonces. En Valencia, al estallar la conspiración, José Francisco acudió al cuartel de los alzados, allí pidió a un capitán amigo y comprometido con lo que estaba sucediendo, las armas que le habían prometido. El militar se las negó y a pesar del trato muy cordial y comprensivo, no le aflojó ni siquiera una bayoneta.
Jamás un militar, le decía yo cuando me narraba episodios de aquella aventura, entregará armas a nadie. Es como pedirle al cirujano que ceda su bisturí o a un ingeniero su regla de cálculo. Hasta ahora, amigo mío, las armas se arrebatan a los militares por la fuerza.
Nuestra amistad, repito, nació como fruto de las reservas que tanto él como yo abrigamos frente al golpe del 4 de febrero, él las hizo inequívocas allá en Valencia, donde vivía y yo a través de la prensa. Yo fui un poco más lejos que él, sin que nuestras diferencias nos distanciaran en lo político o entibiaran nuestra relación en lo personal.
Un libro accidentado
Para su tesis de ascenso en el escalafón académico, escogió como tema mi supuesta figura de político, docente, escritor y periodista. Conocí a propósito de esa investigación su cálida simpatía, mientras él la documentaba, interrogándome durante horas en determinados días de la semana. Venía para ello armado de cámaras como las que llevan los corresponsales de guerra cuando van al campo de batalla, lo cual le valió el apodo de andarín, como se le llamaba a ciertos personajes, que en los días de mi infancia, recorrían la cordillera andina con bagajes similares. Duró un año aquella serie de entrevistas hechas por él, con estricta seriedad técnica. Fueron luego recogidas en un libro titulado "Domingo Alberto Rangel en la Vida Contemporánea", que la Editorial Mérida distribuyó por todo el país.
Es frágil la vida del hombre, la puede destruir un soplo imprevisto y amargo de la naturaleza. Esa vida, risueña y prometedora la apagó ese caballo de Atila, que hoy en las sociedades modernas es el cáncer. Hace tres meses, a mediados de noviembre, José Francisco Jiménez era un ser sano y alegre. Hoy descansa en la trágica quietud de la muerte.
Tuve un amigo excepcional
Es posible, reitero, que no haya conocido un ser humano más cordial, generoso y simpático. No cabía en él la maldad, tampoco la concebía. Era anarquista en la mejor acepción de ese vocablo. Como su tocayo Francisco de Asís, en el famoso poema de Rubén Darío, podría haber dicho: "hermanas estrellas, hermanos gusanos". Amaba el género humano como lo amaron Jesucristo y los idealistas de todos los tiempos. Le chocaba, por la mezquindad que implica, el patriotismo y veía como cosa superada y reaccionaria los nacionalismos con cualquier aditamento o envoltorio que adoptaran.
Con esas ideas no cabía, por supuesto, en la vida política real. Tenía o seguía teniendo amigos entre los militares del 4 de febrero que hoy forman la camarilla dominante en Venezuela, pero allí ya se le miraba con suspicacia.
Así, un mal día de noviembre pasado, le llegó la enfermedad que no perdona. Ahora, cuando febrero aún no ha agotado sus días, no está más entre nosotros. Jamás olvidaré su simpatía y al mismo tiempo su firmeza, ni tampoco su modestia que no empañaba ni sumergía a ese orgullo supremo que no abandona nunca a los verdaderos revolucionarios.
He perdido un amigo, con él se ha ido una parte entrañable de la vida.

Monday, February 19, 2007

DE LA TIERRA QUE DETIENE EL TIEMPO EN LA PLANTA DE LOS PIES


DE LA TIERRA QUE DETIENE EL TIEMPO...

José Carlos De Nóbrega.

Vielsi Arias: Transeúnte. Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2005, 52 páginas.

Este libro, el primero de Vielsi, nos ha hecho un llamado de atención que ronda la simpatía. Quizás nos recuerde la emotiva y simbólica atmósfera de la película Les portes de la nuit (1946) de Marcel Carné: si bien el guión de Jacques Prévert concilia poéticamente tragedia y melodrama, tono del cual no adolece el poemario, se cuela la analogía en el arisco vagabundo que encarna el destino atribulado de los personajes en el París de la postguerra; mientras que el leiv motiv materializado en transeúnte marca el corpus poético sin titubeos, por vía del trajinar en pos de la captura del tiempo bajo las suelas escoriadas de sus zapatos. “Ahora permanece tendido /un enfermo / en la textura de su cama / pedazos de cuerpo / quedarían al pasar / el transeúnte”, como si fuese la sombra de la muerte, arrebatando y arrancando las almas de las casas cuyos dinteles no fueron manchados con la sangre de corderos propiciatorios. No se concede un ápice a la invocación de las musas o bacantes apolíneas del buen decir, por el contrario, la marginal figura del pintor callejero (sí, Cristóbal Ruiz, efectivamente) aprehende el tiempo en la ilusoria ensoñación aplastada por trazos gruesos y toscos del óleo contra el lienzo, de la misma manera que el moho desmorona impunemente la consistencia del pan. No en balde “La ciudad se va tiñendo de rojo / tiene un pintor daltónico / con un solo tono / en su paleta de óleo / y un pincel aturdido / por el tiempo”, sin duda el mejor poema del libro, eje transversal que hermana el discurso plástico con el poético amén de justificar la coherencia y la unidad del conjunto.

El daltonismo revela la precariedad del soporte, del discurso plástico y poético en una aproximación fragmentaria a la lánguida belleza de las cosas: en el poema VOY CARGANDO EL TIEMPO, el texto es una derivación del epígrafe de Cristóbal Ruiz; la piedra hueca del tiempo disuelve el yo poético en la sequedad y la aridez de la costa (en una alusión a la luz de Reverón transfigurando el paisaje, de donde Castillete es la enramada bajo cuya sombra dormitan sus muñecas): “Voy cargando el tiempo / desnudo / en sus cicatrices / me vuelvo al viento / como una partícula / más que divorcia”. El acto de creación no está reñido con la religión, ni con el milagro: hay un entronque con un poema padre, a modo de Dios tutelar, “El tiempo tiene, mi señor, un morral en su espalda / Donde deposita limosnas para el olvido. / Inmenso monstruo de ingratitud” (William Shakespeare, Troilo y Crésida, III, 3). La Poesía es un diálogo vivo que persiste con denuedo en su disputa contra el tiempo y la muerte, muy a pesar de la sensación de vacío que nos embosca sin misericordia y de vez en vez, viñeta a viñeta: “El vacío me persigue / pero insisto / en ocupar su lugar / esta sed / que ya no me sostiene / permanece colgando a su cuerpo / tu sombra me visita / todas las noches / espero el acero / preparo el espacio / para una nueva grieta / no son ya suficientes / el sangrar de las piedras / el principio de la aguja / bastaría / para dibujar / una nueva cicatriz”. La lírica, entonces, manifiesta la saudade de un fado en la desgarradora voz de Doña Amália Rodrigues: ya lo observaba la conmoción de Miguel Esteves Cardoso, dejémonos de palabras. En el silencio, cantaremos. En cuanto ella nos canta. En el silencio, seremos. Más de lo que éramos antes de oírla.

Valencia, 19 de febrero de 2007.

ARS POÉTICA DEL CUARTO DE LOS ESPEJOS


ARS POÉTICA DEL CUARTO DE LOS ESPEJOS

José Carlos De Nóbrega.

Niddy Calderón: Poesía (una risa que se ríe de mí). Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2005, 40 páginas.


Este es el segundo poemario de Niddy Calderón, caracterizado esta vez por un cortante y desmitificador sentido del humor en el abordaje del oficio poético como tal. Desdiciendo los inútiles escarceos de la crítica profesoral en la apropiación del poema -vocación estúpida, persistente e inevitable en los cursos de letrillas de nuestras universidades-, simula una sonsa taxonomía que se afinca en su corteza como una traviesa tiña: desfilan poemas necios, cursis de mujer, onanistas, acreedores de concursos amañados, new age, lunares, efectistas, político aleccionadores, necrofílicos, inútiles y pare usted de catalogar. Por ejemplo, en el POEMA CURSI DE MUJER hallamos la requisitoria de cierto discurso que estigmatiza la poesía hecha por mujeres en Venezuela desde los años ochenta; la cama no es más que la mesa en la que la voz poética se desgañita en un panfleto feminista, diseccionando el cuerpo en tanto sujeto u objeto sexual asediado por el macho de turno: “Nombra al menos una parte del cuerpo / habla de pezón, labio, pene, piel / Es capaz de conquistar a cualquiera / suscitar erecciones o alergias / Puede también nombrar la casa / el hastío del encierro / la queja solemne de los oficios caseros / y la cría de los hijos”. No se trata del sollozo ramplón que se sumerge en la abulia, sino del llorar y crujir de dientes que apareja fallar en la revelación profética de la poesía (patente, por ejemplo, en la música sutil de los pétalos del tulipán que caen al piso; patética en el tañer obsceno de trompetas apocalípticas). Por otra parte, el POEMA GANADOR se regodea en la condena a las posiciones acomodaticias que son irreconciliables con la majestad de la Poesía: “Está bien escrito / consigue un hallazgo poético / se amolda a los criterios que alega / el comité que lo examina / puede ser un poema malo o bueno / no importa / El poema ganador es lo más cercano / al gusto del jurado / y a veces nada más”. El veredicto, a todas luces fraudulento, insufla a la plica descubierta la tibia atmósfera de un purgatorio poético; estancia gris, espantosa y mucho más temible que el infierno barroco imaginado en ejercicios jesuíticos.

La intención no deja lugar a dudas, detrás del tratamiento satírico del tema se esconde una sentida preocupación por el poema, corpus textual que trasciende su frágil soporte. Su coraje ovárico va más allá del afán de diferenciarse respecto a la versificación desencaminada de escuelas poéticas absurdas, las cuales no son más que la proyección del espíritu amputado de una crítica enceguecida y atribulada. Veámoslo en ÚLTIMO POEMA: “¿Quién puede saber cuál será el último poema? / ¿Qué palabras escribirán con tino el último aliento poético? / ¿Quién vendrá a darme la llave que abre o cierra el poema? / ¿Con qué letras se escribirá a sí mismo? / ¿Será una cola de serpiente enroscada en el papel?”. O la voz poética reconociéndose en la exclusión de lo utilitario (la antípoda del valor de cambio o de mercado) que significa el poema: “nadie cambiará un trago / por unas letras ordenadas / en un papel / nunca perlas o alhajas /cangrejos o fiestas / por la bofetada del sarcasmo, / la fascinación por la nocturnidad / o la cadencia erótica / que pueda contar un poema” . Octavio Paz lo advierte repetida y obsesivamente: “Lo poético es poesía en estado amorfo; el poema es creación, poesía erguida” (independientemente si refiere al pene o a la vagina). Este poemario desanda los laberintos de ars poéticas presuntuosas, empujándonos de improviso en un cuarto de espejos que deforman el cuerpo y el espíritu: precisamente la risa -provocada por tan artificiosa metamorfosis- es la clave que posibilitará el goce y la revelación del estado de gracia que nos provee la Poesía sin cortapisas ni rebuscamientos.

Valencia, 19 de febrero de 2007.

Sunday, February 11, 2007

PLÁSTICA HOY EN CARABOBO. Exposición colectiva en homenaje (?) a Humberto Jaimes Sánchez.


La visita se justificó en el cariñoso encuentro con mi amiga María Narea, además de toparme con el conformismo de un Víctor sumiso y patético en su complicidad con la perfecta valencianidad (ahora entiendo la fotografía que publicó en la más reciente entrega de Laberinto de Papel: las baldosas nazis tan sólo enmascaran la óptica complaciente respecto al conservadurismo valenciano, de allí que apelara al discurso autorizado del Cronista Guillermo Mujica Sevilla). Pese a su terca actitud iconoclasta, combativa y visceral, me parece más auténtica la visión fotográfica de Yuri Valecillo respecto al basurero en que hemos reducido a la ciudad.

En relación a la exposición, se nos antoja una muestra de fin de curso que funciona como acicate del ego de Rafael Bustillos antes que una selección seria del quehacer plástico de la Valencia de hoy. Las paredes de la Casa de la Estrella, donde se fraguó la traición a Bolívar, se hallan estigmatizadas por una línea estética que colinda con lo decorativo, lo cursi y el narcisismo. Se salvan -valga mi arrogante y entenebrecido juicio- José Antonio Barrios, en virtud de su coherencia conceptual; y Marcolina Herrera, por razones de simpatía y afinidad electiva. Le recomendamos a Rafael Bustillos que no sublime la autopropaganda -me niego a creer que no tenga discípulo ni testaferro mercenario que le escriban- en el homenaje a terceros; mucho menos que oculte su poca pericia en la escritura apelando a categorías abstrusas y mal sonantes. Coño, ¿qué quieres decir con "una sintaxis luminosa capaz de establecer correlatos de empatías entre los minerales de la Tierra y las joyas del espíritu"? Por lo menos, provocas la añoranza del discurso salvaje, obsesivo y satírico de Cristóbal Ruiz. Un vikingo lunático que no se andaba con esas pavadas rococó.

Friday, February 09, 2007

A UN AÑO DE LA CONSOLIDACIÓN DE ESTE ESPACIO


Estimados internautas: Les agradezco la atención a estos escritos contingentes, desenfadados y festivos. Si bien la caja de comentarios no ha excedido su capacidad, el hecho de tener unos cuantos lectores persistentes y solidarios ha redundado en contentamiento pleno. Tal es la razón que aún mantiene abierto este espacio al diálogo transparente, crítico y -por ende- placentero. ¡Enhorabuena! Nos seguiremos viendo aquí, bien vale la pena conversar con ustedes.

Tuesday, February 06, 2007

FOTO PRESENTACIÓN LETRAS Y FORMAS


La foto se refiere a la presentación del DVD "Letras y formas" de Guillermo Cerceau (derecha) y Luis Mavilla (centro), la cual se llevó a cabo en la librería Kuaimare de Valencia el sábado 24 de febrero de 2007. Dicho trabajo poético y visual será comentado pronto en este blog. No se lo pierdan.

Están invitados para la presentación de "Volver", un video de Andrés Cerceau basado en la lectura de "La Ciudad Novelada" del poeta José Joaquín Burgos. Al respecto comenta Richard Montenegro: “Volver” es un trabajo cinematográfico donde el poeta realiza una lectura íntima de su obra, mientras el director de dieciséis años, estudiante de educación media, crea una atmósfera visual que permite colocar el complejo texto de Burgos en un universo espiritual estilizado y riguroso, sin interferir con el protagonismo de la novela y del autor de la misma. La cita es en la librería KUAIMARE a las once de la mañana del sábado 10 de febrero de 2007. La librería está ubicada en el primer nivel del Centro Comercial Camoruco, avenida Bolívar Norte. Posiblemente, presentemos también el referido volumen de cuentos del poeta Burgos. A tal respecto, valga un comentario de la obra a modo ilustrativo:
"Volver" es un cuento con la ardentía de la Buenos Aires hablada y saboreada en el mate, el tango y la milonga. La lengua ennoblece y rescata del mediático olvido a un indigente Gardel, deshilachado y descoyuntado el mito en una andanza errante y sin fin. En la Valencia del Rey, preferiblemente de San Desiderio como lo novelaba y ensayaba Slavko Zupcic, todavía se cree que el Morocho del Abasto merodea los bares de la ciudad en un nuevo exilio que desmiente su muerte trágica en Medellín, recostando su manoseada humanidad en la rocola clásica, la de los acetatos de 45 rpm. No en balde, Jorge Luis Borges –satisfecho por ser testigo de unos toros coleados que vislumbró en su ceguera homérica- y un grupo de poetas venezolanos (Rafael Simón, Héctor Gustavo y José Joaquín) conversan, liban aguardiente y churrasquean en la acechanza cuchillera de Don Segundo Sombra sin importar la milagrosa irrupción de la garúa que devendrá en aguacero postdiluviano.






Los esperamos el sábado, no falten a la fiesta.



GRUPO


LI PO
LI PO



Valencia, la de San Desiderio

Thursday, February 01, 2007

GUILLERMO CERCEAU, CRONISTA FORENSE DE ELEFANTES Y CIRCOS


GUILLERMO CERCEAU, CRONISTA FORENSE DE ELEFANTES Y CIRCOS.
José Carlos De Nóbrega.

El cronista del circo tiene ciertas ventajas. Así una vez que se escaparon los leones y devoraron al público, me hicieron antes un guiño disimulado para que me fuese y por eso me salvé. Ramón Gómez de la Serna, Greguerías sobre el circo (Madrid, 1943).

Me interesa la paradoja entre identidad y uniformidad, el poder y la vulnerabilidad de cada individuo y cada grupo. Intento visualizar esta paradoja concentrándome en las poses, las actitudes, los gestos y las miradas. Rineke Dijkstra, fotógrafa holandesa.




Guillermo Cerceau posee la extraña virtud de tratar la palabra con irónica ternura; la crudeza del tema no excluye cierto cariz compasivo de su discurso ensayístico. Por supuesto, el ojo es escéptico; no concerta armisticios piadosos con la consolación imbécil que prodiga el discurso avieso del poder a cambio de la sumisión colectiva. Nos lo advierte sin concesiones ante la alambrada de púas, los tabiques de falsa caoba y los soles de neón, asimismo bajo el encerado de la carpa gitana: “Puede parecerte un destino indigno, pero la sumisión tiene sus recompensas: siempre estará allí el alimento, humilde pero suficiente para tus labores, siempre estarán tomadas las Grandes Decisiones en tu nombre, sin que tengas que esforzarte en elegir entre alternativas tan sutiles que sólo son susceptibles de ser comprendidas por las grandes almas, siempre habrá un techo que te cubra de las inclemencias que ese dios que te hizo puso en tu camino”. No hay, por fortuna, apocalípticas admoniciones custodiadas por interrogantes y exclamaciones de un ridículo y exagerado dramatismo; las palabras están dispuestas en la configuración de un texto crítico implacable pero fiel a una exquisita atmósfera poética. En 1998 publicó una colección de ensayos muy breves titulada Equivalencias, bajo el sello del extinto Fondo Editorial Predios en esta Valencia de San Desiderio. Este volumen propone una estructura fragmentaria, diáfana en el tono conversacional y dialógico, visceral si se quiere en lo confesional: “Hace falta mucho más que honestidad para ser poeta, como se ve: una cierta falta de vergüenza”, en la constatación de la escasez de talento que no es más que la precariedad del formato escritural –filosófico, poético o ensayístico- a la hora de aprehender la realidad, escurridiza y fauvista manada de jabalíes triturando margaritas y perlas impunemente. En el ensayo La Política de Ultratumba (2006), publicado en la revista “Laberinto de Papel” de la U.C., Cerceau incursiona en la indagación del mercado religioso occidental y oriental para reconfortar las almas acechadas, embaucadas y desconsoladas de los hombres: “Después de muertos, en trance entre dos encarnaciones o prisioneros en el limbo, será la duda de nuestros dominadores, la falta de fe, si se quiere ponerle otro nombre, la que nos salvará de seguir siendo siervos”. Al final, vindica el mito y la literatura como alternativas de escape al “círculo existencial” que supone la severa y vertical vinculación del poder con la vida misma. Se suma entonces a la comunidad diversa, contingente e incisiva del ensayo actual en Carabobo: Pedro Téllez, Alejandro Oliveros, María Narea, Eugenio Montejo, Carlos Yusti, José Napoleón Oropeza, Gustavo Fernández Colón y este compulsivo recensionista, entre otras voces.
Hoy nos presenta una plaquette impecable que se titula El Elefante Muere (2007), publicada por Ediciones del Grupo Li Po de esta urbe desgajada a la vera de la indolencia, el despropósito y el caos para la gloria estridentista del Señor. “Para probar la resistencia de los columpios cuelgan de ellos al elefante”, escribe Gómez de la Serna recreando escenas en la pista circense, aforística y poética de las Greguerías. El Elefante Muere constituye un conjunto de ensayos breves de una cualidad plástica y conceptual afín a las propuestas cinematográficas de Todd Browning en Freaks, Federico Fellini en La Strada y Emir Kusturika en la maravillosa Tiempo de Gitanos. La desolación es soportable tanto en el gesto tierno y amoroso del enano con la prostituta desdentada y enferma, como en la crueldad sublime del minusválido que empareja la pelea con el Otro tirando a matar, con la piedad inversa que complementa desventajas y prolongaciones de miembros atrofiados en el filo de la navaja y el cañón pistolero.
Contemplando las castañas barbas de una mujer, simulación estafadora o trastorno hormonal mediante, escuchamos una voz que devela el hilo central del entramado discursivo del texto: “Aceptamos que el circo es una vitrina de monstruosidades, desde las más benévolas, como el payaso, hasta las más incomprensibles, como el elefante”. El bullente circo recreado por Cerceau profiere una gama polifónica de lecturas que lo emparentan, por ejemplo, con la prosa de Jorge Luis Borges, Elías Canetti y Francis Ponge. Ello en virtud de una escritura precisa, en el ejercicio de un poder de observación deslumbrante que rescata los objetos de las gríngolas que doblegan la mirada. La filosofía y la poesía nadan en el espeso ajiaco transgenérico de los diez textos; la curaduría de la plaquette distribuye los poemas objetos o ready made en el espacio o museo de papel, como si fuese una instalación de Maurizio Cattelan o Javier Téllez: el payaso, el enano, el trapecista, el domador, los músicos, el mago, la mujer barbuda, el niño, el empresario y el elefante ocupan un universo minimalista en el que se superponen la revelación, la impostura y la carnavalización del mundo hecha comparsa impúdica y agridulce. Recordamos un desconocido circo integrado por colombianos desplazados de sus pueblos, troupe diezmada por la metralla, las sierras portátiles y las automáticas de guerrilleros, paracos, soldados o narcotraficantes. El animador hacía los roles de domador, mago y acróbata; la sabrosa cumbia enmascaraba el patético espectáculo de un auditorio fastidiado y sediento de portentos atléticos, equívocos cochambrosos y bufonesco efectismo. Del payaso nos dice que “su arte no distingue entre la inocencia y el dolor, ni entre la ignorancia y el miedo y a pesar de ello, todos lo confunden con el loco, el de los internados y el de las barajas (que se llama Joker o bromista) para no hablar del bufón, que no es más que un cómplice cobarde de los tiranos”. Evoca la pálida faz del clown expuesta de manera descarnada y solidaria por el perturbado lente lírico de Diane Arbus.
Es encantadora la diagramación del libro: Pablo Fierro conoce a cabalidad lo que al respecto pensaba Lewis Carroll, un texto es dignificado en la deliciosa, lúdica y caprichosa línea de sus ilustraciones. Va de perlas, duraznos y tierra mojada con el espíritu acogedor y cómplice de la plaquette: Pareciera un juego de espejos que deforman, trizan y transmutan nuestros cuerpos y almas cansadas en la mueca tragicómica del clown, la tralla postiza del domador, la heroicidad suicida del trapecista, la antipática falta de fe del mago o el empresario que se balancea en los estados de pérdidas y ganancias que arroja la compra y venta del sufrimiento y la soledad del prójimo. The Show must go on.

Valencia de San Desiderio, 31 de enero de 2007.




Saturday, January 27, 2007

VENEZUELA ES UN PAÍS INVERTEBRADO, MARISOL ENTREVISTA A JAVIER TÉLLEZ


Javier Téllez:
Venezuela es un país invertebrado. Marisol Pradas/Foto: Raúl Araque.


"Mi templo es la relación con el otro. Tengo mucho interés en el paisaje humano. El ser humano debería ser nuestra religión" fue la respuesta que dio Javier Téllez a la última pregunta de este encuentro tratando de indagar sobre su espiritualidad a su paso breve por la ciudad de Valencia donde se encuentra visitando familiares y amigos, acompañado de su esposa e hijo.
Residenciado en Nueva York es una especie de artista nómada que viaja por todas partes del mundo y en los últimos 10 años ha desarrollado una labor creativa que comenzó con "La extracción de la piedra de la locura", pieza que presentó en 1996 en el Museo de Bellas Artes de Caracas y el Ateneo de Valencia, sobre la situación de los hospitales psiquiátricos y donde por vez primera trabajó con la colaboración de los enfermos mentales.
En el caso de "La extracción de la piedra de la locura" trabajé con el maestro Pacheco, a quien visité hace un par de días en el psiquiátrico de Bárbula, paciente de larga data allí, encargado de realizar todas las piñatas del Hospital. Trabajé con él e hicimos un conjunto de piñatas con formas de los envases y los fármacos que les suministran.
-¿Qué añora de la niñez en una casa donde sus padres, dos psiquiatras, Pedro Téllez Carrasco y Teresa Pacheco Miranda, atendían a los pacientes?
-Para mí la enfermedad mental fue siempre familiar. Mi padre jamás hizo distinción entre el ámbito de trabajo y la experiencia de la familia. La casa está llena de 20 mil libros y el único espacio libre era donde jugábamos y era el lugar de consulta de mi padre. Crecimos en un contacto cotidiano con el enfermo mental.
Luego acompañábamos a mi padre al Psiquiátrico de Bárbula desde muy temprana edad y recuerdo una experiencia que ha sido muy importante para mi trabajo, mi memoria de esas visitas durante los carnavales. En algunas ocasiones algunos psiquiatras se colocaron las bragas de los pacientes y estos las batas de los doctores. Para mi eso fue una especie de modelo de cómo debería interpretarse la practica psiquiátrica.
-¿Cómo un performance?
-Como un intercambio de roles. Donde la imagen de autoridad de aquel que analiza y la falta de autoridad del analizado se confundan.
-¿Pero sigue plasmando en sus cuadros la mirada extraviada de la locura en los ojos de las personas o los gatos?
-Lo que pasa un poco con la "ciencia de la locura", entre comillas, es que la locura es la base de cualquier lenguaje, porque cuando pensamos racionalmente necesitamos ese lenguaje excluido que es la enfermedad mental. Necesitamos el lenguaje de la locura, de establecer un sentido, y delegar al margen el sin sentido. En mi práctica artística he tratado siempre de incluir ese otro lenguaje, de lo excluido, que es la enfermedad mental o la experiencia de la locura.
-¿Cuántas experiencias en los últimos años?
-He viajado mucho y de alguna forma mi práctica artística tiene que ver con la experiencia del viaje. Ha sido de alguna manera viajar de Bárbula para encontrar otras Bárbulas o encontrar otros hospitales psiquiátricos en lugares tan diferentes como Japón, Brasil, México. He ido viajando de un hospital psiquiátrico a otro. Se trata de un ejercicio de extraterritorialidad, yo me he quitado un poco el territorio. Ya no soy un artista venezolano, soy un artista que pertenece a una nueva república conformada por los habitantes de los diversos hospitales psiquiátricos del mundo.
-¿Qué pretende una vez instalado en esa nueva República?
-Trabajar en colaboración con el paciente. No se trata de mi visión sobre el Hospital psiquiátrico .Se trata de crear un dialogo entre mi experiencia y la experiencia de los pacientes porque yo soy un turista dentro de la institución; soy un paracaidista y justamente la obra se produce en ese intercambio.
-¿Edipo convertido en comisario del Oeste en un psiquiátrico de Colorado en el cortometraje Edipo Marshal?
-Es una película vaquera, una versión de Edipo Rey de Sófocles pero dentro del contexto del Oeste. Utilizamos máscaras del teatro nuevo japonés, los pacientes trabajaron el guión y también fueron actores. Interpretaron a Edipo no como un neurótico que es la lectura freudiana de la trama sino como un hombre que sufre esquizofrenia. Las voces del Coro Griego son las voces que él oye. En esta nueva versión Edipo toma control sobre su destino y las voces que dictan su vida.
-¿Y la idea de "Bala Perdida" realizada el 27 de agosto del 2006 en la línea divisoria entre Estados Unidos y México?
-Con la colaboración de pacientes del Centro de Salud Mental de Baja California, entre San Diego y Tijuana, un hombre cruzó la frontera, haciendo del personaje clásico del circo que sale disparado de un cañón. Contratamos al hombre bala principal, obtuvimos los permisos, para que realizara el acto.
-¿Cuál fue el sentido de este gran circo que se realizó, filmado y después presentado en diferentes museos, galerías y festivales alrededor del mundo?
-De alguna manera utilizar la frontera geopolítica entre Estados Unidos y México también como una metáfora de esa otra frontera, la que condena al paciente psiquiátrico. Siempre he dicho que el modo del sanatorio determina o aísla a aquellos que están dentro de la institución y también a los que estamos fuera. Mi intención como artista siempre ha sido disolver esa frontera.
-¿Arte comprometido con su alrededor?
-"Bala Perdida" es un dibujo en el espacio con implicaciones en el tejido social. Fue la noticia número 8 de Associate Express de ese día. Fue una obra que tuvo repercusiones a nivel local y globalmente. Para mi eso es un dibujo pero con el contexto porque el arte de los últimos 50 años tiene que ver con lo que hay a su alrededor. No se puede pensar el objeto artístico como una pintura que puedes descolgar de la pared sino las repercusiones que están en torno al objeto y la red de significaciones que crea en la sociedad.
-¿Cómo pasa de la realización de pinturas a la confección de cortos y películas?
-En mi formación en Valencia antes de irme de la ciudad siempre tuve más contacto con escritores que con artistas plásticos. Formé parte de los talleres de poesía de Reynaldo Pérez Só. Estuve en contacto con poetas como Sergio González Quitral y Carlos Osorio; me formé con poetas y también como cineasta recibí clases de Carlos Garrido. Aprendí muchas cosas de él de cine. Yo realmente nunca fui pintor siempre fui dibujante. El trabajo de los últimos 15 años es una continuación también de ese dibujo sobre el tejido social.
-¿Trabaja en algún nuevo proyecto?
-Estoy trabajando para un proyecto en Sydney en colaboración con un hospital geriátrico con pacientes de Alzheimer. Es difícil hablar de mis proyectos antes de que pasen porque para mí es importante crear una estructura flexible: Llego a un hospital que es como llegar a la casa de alguien a quien uno no conoce y uno debe llevar un regalo. Para mi el regalo es una idea que debe ser trabajada en colaboración con el otro. Este regalo funciona como un vínculo para crear la obra. Articulada en grupo.
-¿De haberte quedado en Venezuela hubieses podido hacer lo que estás haciendo?
Creo que sería diferente. Este exilio voluntario me ha permitido trabajar en un leguaje periférico que no se adapta al lenguaje del centro aun cuando yo viva en el centro. Pero es un lenguaje que tampoco podría construir desde la periferia. Es una especie de espacio "entre" con el cual puedes articular comunicaciones con diferentes países.
-¿Qué debería hacerse en Venezuela en materia cultural?
-El grave problema es que Venezuela es un país invertebrado. Hace falta una estructura. Asistimos al derrumbe de las ruinas de una modernidad que nunca se construyó y no hemos sido capaces de construir.
Desde que renunció a la participación de la Bienal de Venecia Javier Téllez, hace ya cuatro años, por razones éticas, no ha sido invitado a presentar su trabajo.
Las obras que realiza están compenetradas de ese encuentro con el otro, excluido del discurso público. Aquel que ha estado condenado a la invisibilidad. La posibilidad de hacerlo visible es la oportunidad que no deja escapar Téllez.
Con la inteligencia de un rebelde comprometido con esa riqueza creativa, hasta ahora inexplorada de los sanatorios, donde nació, por ejemplo, la idea de enarbolar una nueva bandera, con los colores de México y de Estados Unidos, conjugados, mientras la bala humana rompía lo divisible.
Nacido en 1969 en Valencia, en 1993 se trasladó a Nueva York. Entre sus trabajos El león de Caracas, sobre el uso de los espacios urbanos; Choreutics, sobre el Chorea de Huntington, enfermedad genética que produce una degeneración en las neuronas cerebrales; I am Happy Because Everyone Loves Me (Bedlam), sobre su experiencia en el hospital psiquiátrico Royal Bethlem Psychiatric Hospital de Londres. Entre las exposiciones individuales en las que ha participado destacan las organizadas en el Museo de Bellas Artes de Caracas, Venezuela (1996); Gasworks Gallery de Londres (1999); Sala 7, Museo Rufino Tamayo, México D. F. (2001); Sala Mendoza, Caracas, Venezuela y White Box, Nueva York (2002). Sus trabajos han sido exhibidos en lugares como en el Centro Cultural de Arte Contemporáneo, México City (1997), en la Bienal MercoSur, Porto Alegre, Brasil (1997), en el P.S.1's International Studio Program (1994), la Bienal de Kwangju, en Corea (2000), en la 49 edición de la Bienal de Venecia (2001) y en la Bienal de Valencia (2003).

Thursday, January 25, 2007

O TRAPICHO DE JAVIER TÉLLEZ


O TRAPICHO DE JAVIER TÉLLEZ , vinculación de una propuesta plástica con la literatura.



A los Téllez, sobre todo a Santiago, Teresa y Don Pedro.


“y bailarás extrañas contorsiones
como pequeña nave sacudida
en mar enloquecido por el viento”.
CATULO, Poema 12.

Trapicho es una voz portuguesa con la cual el pueblo mienta a la casa de los locos. Presumimos cierta asociación con la palabra trapilho, trapo que absorbe la inmundicia, el desperdicio que irá a parar a una cubeta o directamente al albañal. Tenemos también trapiche, lugar donde se almacena y procesa la caña de azúcar: ésta se exprime de la misma manera que un coleto, sólo que podemos obtener el aguardiente de caña, su veneno. Al respecto, nos dice el poeta brasileño Ledo Ivo: “La nada guardaremos, nosotros que somos el depósito de todo, el baúl y el trapiche”. El artista valenciano Javier Téllez, al abordar su instalación La Extracción de la Piedra de la Locura (Museo de Bellas Artes, 1996; Ateneo de Valencia, 1997), lleva a cabo una indagación del espacio museístico, la cual conduce a un callejón sin salida, a un compartimiento estanco: el mero acopio académico y, por supuesto, pecuniario de las colecciones artísticas; lo cual acarrea la maniática taxonomía que justifique tal desaguisado. Partiendo de la similitud fonética de las palabras museo y mausoleo observada por Theodor Adorno, manifiesta que no sólo amputa y embalsama el trabajo creador, sino esteriliza la participación del espectador.
Impera entonces la intermediación institucional, sesgo innegable de los Estados y las sociedades en la Modernidad: el ojo deja de ser el manjar caníbal al que se refería Robert Louis Stevenson. Por lo tanto, asumiendo como pretexto la sala de un hospital psiquiátrico y un museo de ciencias naturales (nos referimos a La Nave de los Locos, Sala Mendoza, 1997) de guisa sucesiva, Javier Téllez distribuye los objetos en el espacio museístico apelando a los códigos de la simulación, forjando más bien una anti-utopía en la que el artista se nos antoja un estafador, puesto que el montaje sugiere diversas lecturas falsas: ¿acaso nuestra cultura nos empuja al equívoco, a tomar el camino de la perdición? Tal como subyace en las parábolas bíblicas, las expectativas salvíficas reducen su posibilidad por el estrecho ojo de una aguja: nuestro camello anda y desanda por anchos caminos confirmando la pérdida del reino, tal como lo titula y lo trata José Bianco en su magnífica novela.
Extraigamos del diccionario crítico de Georges Bataille su peculiar noción de museo: “Entonces el origen del museo moderno estaría ligado al desarrollo de la guillotina. (...) El desarrollo de los museos, evidentemente ha superado las esperanzas más optimistas de los fundadores. No sólo el conjunto de museos del mundo representa hoy un amontonamiento colosal de riquezas, sino que, en especial, el conjunto de visitantes de los museos del mundo representa, sin ninguna duda, el espectáculo grandioso de una humanidad liberada de problemas materiales y dedicada a la contemplación”. Constituye un tabernáculo que erige y encarna el devenir y el pathos mismo de la sociedad industrializada: los cuadros languidecen en paredes blanqueadas como sepulcros; la parafernalia de la tramoya curatorial afecta y lleva las riendas de la percepción del espectador; este último se halla entonces a merced de un distorsionado juego especular que alienta sensaciones equívocas de seguridad y solaz respecto al status quo o modo de vida burgués. Téllez hace explícita su inconformidad desde la inauguración de su trabajo: El público se topa inesperadamente con una atmósfera de festividad e irreverencia; la connotación es lúdica , pues el artista nos demuestra su interés por el ámbito circense, las cartas (recordemos su instalación Trobar Clus, Sala Rómulo Gallegos, 1992, integrada por barajas españolas a modo de camas), la teatralidad como espacio que enriquezca la representación plástica, y –sobre todo- un sentido religioso, no ritual, del quehacer artístico, a la manera de maestros como Armando Reverón y Mario Abreu. Esta vez, Javier Téllez involucra al espectador en el juego que es su propuesta; la utopía museológica se fractura y desgasta por vía de la entropía, de la misma forma que las herrumbrosas camas y los destartalados archivos del psiquiátrico. Siguiendo a Georges Perec, verificamos que “Todas las utopías son deprimentes porque no dejan lugar para el azar, la diferencia, lo ‘diverso’. Todo está puesto en orden y el orden reina. Detrás de cada utopía hay siempre un gran diseño taxonómico: un lugarpara cada cosa y cada cosa en su lugar”. Borges, en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, sentenciaba que “Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto”; hemos sido convocados al ágape en un lugar que ya no existe –hace años que cesaron las actividades en el Psiquiátrico de Bárbula-, para evidenciar la precariedad no sólo del museo como institución, sino como paradigma que ha cosificado la representación y la contemplación artísticas. Debemos inferir que el artista realiza, si se quiere, una revisión plástica del trabajo ensayístico de Michel Foucault, notorio en textos como Vigilar y Castigar y, por supuesto, la Historia de la Locura en la Época Clásica. Ello con una buena dosis de ironía y transgresión, amén de un ajustado y estupendo manejo conceptual.
Contraponiendo la noción clásica de la locura, patente en Rousseau, “la locura no hace derecho”, Foucault plantea que el loco –prisionero del viaje en la stultifera navis- se encuentra atado al agua por un profundo vínculo evidente en la incesante inquietud del mar; “la locura y el loco llegan a ser personajes importantes, en su ambigüedad: amenaza y cosa ridícula, vertiginosa sinrazón del mundo y ridiculez menuda de los hombres. (...) Si la locura arrastra a los hombres a una ceguera que los pierde, el loco, al contrario, recuerda a cada uno su verdad; en la comedia, donde cada personaje engaña a los otros y se engaña a sí mismo, el loco representa la comedia de segundo grado, el engaño del engaño”. Más allá de la superchería medieval, la cual definía la locura como la piedra alojada en la cabeza del paciente –la instalación debe su nombre al cuadro homónimo de Hieronymus Bosh, 1490-, el artista acuesta las piedras en los camastros y las deposita en el fondo de las bacinillas, de manera que el ready-made las diga y contenga en tanto causantes del tropiezo y, a la vez, como soportes de la revelación. Téllez trastoca la mirada del público que participa en ese “fin de fiesta” que pretende ser la Postmodernidad. En su libro Cage y Duchamp (1978), Daniel Charles señala: “Lo propio del diálogo es no dejar el objeto en su estado de objeto, sino promoverlo a lo que es, dejarlo ser lo que es, es decir, responder al llamado de su ser. El arte hace de los objetos cosas, desata y libera –desobjetiva- los objetos; los devuelve a sí mismos”. Heredero de tal vanguardia –no sólo encabezada por Cage y Duchamp, sino también por Warhol y Buñuel-, Javier Téllez recobra el encanto concupiscente, mágico y taumatúrgico del objeto, tótem y centro de atención de nuestra aturdida mirada.
Entonces, la propuesta plástica es dialógica y de múltiples valencias. La septicidad y la hiperbólica depreciación de los objetos no serán engullidas por el espacio antiséptico del museo, por el contrario, fuera del formalismo y formulismo filosófico y estético, el espacio se nos muestra en toda su discontinuidad tal como lo ponderara Bataille en su anti-glosario: “bajo nuestros ojos púdicamente desviados, el espacio quebranta la continuidad del rigor. Sin que podamos decir por qué, no pareciera que un mono disfrazado de mujer difiera de una división del espacio”. Lo que nos trae a nuestra erosionada memoria el humor amargo del cual se regodea Borges en El Aleph: extraviar los rasgos de la amada obnubilada la mirada ante el punto en donde se ven todas las cosas. Ya lo había descubierto el artista: “El contexto determina lo que es el objeto”; parafraseando a Daniel Charles, la providencia se funda en nuestros deseos, no en nuestra voluntad. Sobre esta piedra soportamos nuestra existencia, lo que me es lícito hacer no hago, mientras que lo prohibido eso hago; contemplamos el entorno que nos importa en función de nuestra disonante y dispersa naturaleza: no hay un umbral entre la cordura y la locura, tal como lo diagnosticó la anti-psiquiatría, pues como los endemoniados pretendemos habitar aquella manada de cerdos que luego se despeñará al mar. Por tal razón, para acceder al museo de arte psicopatológico, el espectador es doblegado, casi llega a postrarse, debe bajar la cabeza. Además, el público es conmovido por el dramatismo de objetos como una cuna en la cual yace un rollo retorcido de alambre de púas, ello en la atmósfera dominguera y carnavalesca de la decoración o puesta en escena: las piñatas –abiertas las entrañas-, el papelillo y los restos del festejo esparcidos en la sala. Mientras comemos torta y algodón de azúcar, pasado el tarugo con cerveza y refresco, y hacemos un inventario de lo que nos escupió la piñata, sobre algunas de las camas los monitores repiten ad infinitum las muecas de nuestros anfitriones, los pacientes, escurriendo el “Ave María” en una versión cuasi gutural. Malcolm Lowry se había convertido en sifilófobo gracias a la contemplación del estrago venéreo exhibido en el Museo Paradise en Street Liverpool, admonición victoriana indubitablemente. En su novela Lunar Caustic, Lowry reconviene al personaje principal, Bill Plantagenet, en la voz de Garry –uno de los tantos compañeros de terapia en el psiquiátrico-: “Escucha. ¿Qué crees que quedará de este edificio dentro de unos cuantos años? Yo te lo diré. Seguirán en pie las construcciones de ladrillo, pero no quedará ninguna cama, tan sólo armazones oxidados, y tocarás el radiador y se desmoronará. Todo lo que quedará del piano serán las teclas, el resto se pudrirá”. Por lo que la instalación implica un dolor de cabeza para el curador y el mercader del arte: se deshacen las posibilidades de uso, valoración e intercambio del objeto artístico.
En síntesis, Javier Téllez reivindica el poderío sensual y terrorífico de los objetos, a la par de Bataille, quien en su maravilloso libro Historia del Ojo rememora con morbo y contundencia las andanzas eróticas de sus protagonistas en España –incluyendo la sodomización de un sacerdote, extraído el ojo de una cuenca e inserto en la cavidad del culo, valga la alusión a Quevedo-: “Los únicos objetos que he conservado con celo son un abanico amarillo y azul y el folleto popular dedicado a la muerte de Granero. Durante la travesía en barco, la maleta que contenía estos recuerdos cayó al mar (...); están en muy mal estado, pero aún sucios y abarquillados, vinculan al suelo, al lugar, a la fecha, cosa que en mí ya no es sino una visión de delicuescencia”.

Valencia, noviembre de 1999.

Wednesday, January 24, 2007

UN LOBO ESTEPARIO EN EL TRÓPICO

A Pedro y a Javier Téllez, más allá de los jabs y los rectos de derecha e izquierda.


Esto es lo pernicioso de elegir una alternativa en un entorno polarizado: ubicarse en una de las riberas de un caudal discursivo que arrastra miasmas filosóficas y caramas sofísticas, mientras que a lo lejos nos aguarda la enigmática y divertida cordillera como ventana del escarnio y la estulticia que provoca el mundo. El río inmundo no es posible sin las orillas que lo contengan a duras penas. El aullido no convoca a manadas ciegas ni hambrientas de resignación, tan sólo evidencia los retortijones burlones del alma camino de los sumideros. El valle aguarda todavía un silente alud de rocas, ramas secas y fracturadas osamentas que sepulte el bullicio indolente del caserío que ha soportado compasivamente los embates del bien y el mal. La esotérica jauría brinca alborotada entre miembros descompuestos, enjambres de insectos verdes y rojos y aturdidos fuegos fatuos. La indómita raza licantrópica no entiende aún que lo que se anuda abajo se anuda arriba, quebrantada la ilusoria magnificencia de especulaciones enrevesadas que ni siquiera aprehenden la visceral poesía de las cosas.
Sin embargo, el silencio es parcela vasta que excede los espacios en blanco de cualquier soporte.


Tuesday, January 09, 2007

TENGO UNAS PIEDRAS BLANCAS EN MI ALMA Y UNOS RÍOS CAUDALOSOS EN MI CORAZÓN, DAFNI CONVERSA CON MARISOL EN UN PARAÍSO VERDE


Poeta Dafny Giannitsópulos
Tengo unas piedras blancas en mi alma y unos ríos caudalosos en mi corazón. Marisol Pradas S.. Foto Elítecer Hernández
A Dafny Giannitsópulos la entrevistamos bajo la sombra de un árbol enorme, sentada sobre sus raíces gruesas, despegadas y adheridas a la tierra a la vez. Muchos pegones se acercaron a la conversación y a los cabellos. Fueron parte del encuentro con esta poeta carabobeña, de padre griego y madre venezolana, orgullosa de su estirpe de mujer luchadora, llena de vitalidad; trabajando en ideas artísticas que se vinculen a las comunidades.
Que estuviera sentada allí, frente a su apartamento, en una especie de bosque que permanece intacto y por donde corre la vena del Casupo no fue casualidad. Dafny Giannitsópulos ama y defiende a los árboles, los ríos y la naturaleza como su vida. Mucha ha sido la labor en este sentido junto al Grupo Ecológico "Arturo Aishler" de la Universidad de Carabobo, liderado por José Manuel Hurtado.
Es hija de Mr. Jimmy, reconocido comentarista hípico de La Voz de Carabobo y NCTV y de Carmen Edecia Morales también conocida como Carmen Edecia Pérez, co-fundadora de El Informador de Barquisimeto, la revista Magazine Siglo XX y el Grupo Mujeres en Acción. Ambos apreciados y reconocidos en Valencia , Barquisimeto y Maracaibo.
¿COMO NACE EL PROYECTO PARQUE POEMA?
Nació en una casa que habitamos en la calle Rojas Queipo. Después con el grupo Casupo Poesía pensé que podía allí en esa montaña integrarse mi idea. Me imaginé también que podía ser parte de las áreas verdes de la Universidad de Carabobo pero realmente he estado pensando en muchos detalles. Eugenio Montejo, Doris Díaz, José María Polanco me han estado apoyando. Es realizar en un espacio público una intervención urbana. Es un proyecto de arte conceptual que interviene en las vías publicas y si la UC estuviera interesada podría ser parte de sus áreas verdes. Son estructuras escultóricas itinerantes. Son la representación de la sensibilidad al leer ya no un libro sino una muestra de poemas de María Calcaño, Enriqueta Arvelo Larriva, Hanni Ossot, Yolanda Pantin, Ramón Palomares, Eugenio Montejo y tantos otros maravillosos poetas. Es una forma de obligar a la gente a leer un poema en vez de un anuncio publicitario.
¿POR QUE OBLIGAR?
Un poema puede cambiar la vida de un ser humano. Puede transformarlo, embellecerlo, enriquecerlo y si alguien no se sensibiliza con la poesía puede hacerlo por el arte de la música, pintura o escultura. Es un encendido automático de la creación con el ser., que entra por la piel.
¿EN QUE MOMENTO DE TU VIDA TE ENCUENTRAS?
Soy una mujer agradecida de la vida. Creo que soy un ser que tiene mucha suerte. Me dedico a la oración permanente. Me asomo por el balcón y pido a Dios que nos cuide a todos, porque después que uno es madre y uno tiene a sus hijos, crecen y ya no pueden ser cuidados de la misma manera. Ya no le puedes ponerle sus zapatitos, ni colocar la camisa y cerrarle los botones. El consejo no es suficiente. Da la impresión que uno tiene que rogar y pedirle a Dios que los cuide porque no hay otra forma.
Sus hijos Miguel Angel y Gabriel µngel, ambos músicos y surfistas, hijos de Miguel Mejías, profesor e investigador de la Universidad de Carabobo. Uno de ellos es imagen de varias marcas de este deporte, destacado en portadas especializadas.
Nombra personas importantes en su crecimiento intelectual y espiritual como Tahormina Guevara, José Manuel Briceño Guerrero, Fruto Vivas, Ana Enriqueta Terán, Eugenio Montejo, Rubén Núñez, Dora Elisa de Medina, Luis Alberto Angulo, Reina María Rodríguez de Cuba, Jorge Iglesias, Eliseo Diego el pintor Manuel Mendive, los hijos de Cintio Vitier, José María Vitier, personas todas que han estado vinculadas a su vida y que conoció a través de la labor en su revista de arte Gen-T con Rafael Gallardo.
¿TODO LO VIVES CON POES÷A? ¿QUE MATERIAL ESTAS PRODUCIENDO EN ESTOS MOMENTOS?
La poesía entra en todo lo que es el concepto que tengo acerca de la vida, un respeto profundo por la naturaleza, por los seres humanos ... Un reverencia permanente que tengo hacia la naturaleza y eso es lo que produce el instante poético. No tengo una forma rígida de escribir ...el poema viene completamente inesperado... es realmente una sorpresa siempre...
Siento que la cosa viene por dentro. No sé cómo explicar esa sensación... hay como un dictado, como una presencia... Una vez escuché una voz clarísima que me dijo "De la desolación al campanario hay poca distancia" entonces me vinieron imágenes de un pueblo de Venezuela y vi el campanario y sentí que algo se iba. Esa es la forma como escribo. Tengo cajitas llenas de poemarios, tengo bolsas llenas de poemas.
Le publicó la UC en 1990 el poemario Mistikós (secretos, en griego) y trabajos suyos han sido presentados en Separata de Poetas Carabobeños (1991) Rostro y Poesía de Luis Alberto Angulo (1996) y Cuadernos Cabriales 55 "La Rama Bifurcada" del Consejo Nacional de la Cultura (1996).
¿ALGUN OTRO LIBRO?
No he vuelto a concretar un libro porque quiero contar una parte de mi vida con poemas acumulados a lo largo de un tiempo. Como fotografías atrapados en un espacio- tiempo de mi vida.
¿CàMO NACEN LOS POEMAS EROTICOS?
Se va toda la fertilidad de mi vida... no sé qué viene después... ando tratando de explicar esta manera de sentir nueva en mi vida. Escribir poemas eróticos es como inevitable. Es una etapa en que ya no es la sexualidad que quiero volcar en mi cuerpo aunque mentiría si digo que no lo deseo. Lo que quiero es que ese hombre que llegue a mi vida tenga a Dios adentro y lo sienta y entienda que es amor. Escribí: "¿Cuánto tiempo falta para que llegue Dios? ¿Quién será el hombre que llegue dentro de él?"
¿NO PUEDES DESPRENDERTE A GRECIA DE LA PIEL?
Yo siempre me pregunto ¿qué hizo pensar al griego de la antigüedad?: La aridez. Es un país totalmente árido que por donde miras hay piedras blancas. Entonces, ¿qué hace un hombre sobre las piedras blancas o sobre la aridez? Mira al mar que siempre lo tendrá enfrente, a pensar. Entonces hay un a introspección, hay un pensar acerca de sí mismo porque no hay mucho que observar. Mientras que en el trópico todo es un asombro permanente. Es un estado de contemplación que no te permite pensar tanto en ti mismo; te entretiene. El trópico es como si vieras un televisor, te distrae. Soy una isla y recuerdo escribí algo que decía "Qué grande es tu fe isla". Nada más. Esa tradición de sabiduría está en mis genes como me dijo Guerrero Briceño.
¿COMO TE SENTISTE EN TU ULTIMA VISITA A GRECIA?
Grecia puede unirse en un solo ser. Soy griega porque veo a mi papá en mis ojos. Soy tan india que no tengo ni un solo vello en mi piel. Soy las dos cosas. Soy multicultural. Tengo una aridez enorme y unas piedras blancas en mi alma como unos ríos caudalosos y una vegetación exuberante en mi corazón. Esa unión de esas dos culturas es emocionante.
¿COMO TE SIENTES EN ESTE MOMENTO CON TU PA÷S?
Si yo me encontrara de frente con el hombre que fue reelecto como presidente de este país le preguntaría por qué dice tantas mentiras. Yo entiendo que el que gobierna una nación debe ser como un padre y tendría que comportarse como tal. ¿Qué tipo de padre le puede dar una medicina a unos para que se curen y a otros negárselas? Ocúpese de su país... de la salud de su gente... de la salud de su pueblo... de la educación... Me parece terrible que estén explotando la faja del Orinoco y me parece desolador esas explosiones que hay donde una montaña se convierte en un hueco a fuerza de agua a toda velocidad y le echen mercurio a los ríos... Venezuela debería vivir de la agricultura; de un programa social, amoroso y solidario hacia los venezolanos. Alimente, eduque y sane a su país y haga que se convierta de un país petrolero a un país creativo ...
¿SIGUES LEYENDO LAS RUNAS, EL I CHING, LAS CARTAS GRIEGAS?
Todo ello está relacionado con la poesía. El I Ching lo usan como oráculo pero yo te puedo decir que es un libro de formación, tan sagrado como la Biblia. Cuando un hombre llueve sobre una mujer y siembra en el vientre materno la semilla eso es lo que es el I Ching. Traslada el conocimiento de la naturaleza a tu cuerpo y a tu mente La etapa de estos símbolos ya los superé y estoy en una etapa de sueños. Ya no necesito consultar nada. Lo de las cartas griegas si fue muy interesante porque son de una zona de Grecia que se llama Esmirna, que hoy forma parte de Turquía, allí quedaron muchos griegos que se convirtieron al Islam. Esas cartas fueron muy importantes porque lo que hicieron fue despertar la atención acerca de las personas que aparecen en nuestras vidas y saber que nos dejan donaciones tanto negativas como positivas.
Con Dafny Giannitsópulos la conversación nunca acaba. Más que sequía son emociones que fluyen y se manifiestan en una mujer que se ha permitido ser ella misma. De hecho es la primera entrevistada que llora al decir sin reservas que se está despidiendo de su fertilidad, a sus 48 años. Pero la copa de su creatividad permanece llena y vital.

Monday, January 08, 2007

DESDE EL PUNTO DE VISTA CULTURAL LAS TELEVISORAS NO SON DEFENDIBLES, PEDRO TÉLLEZ COMENTA A MARISOL PRADAS


Pedro Téllez
Desde el punto de vista cultural las televisoras no son defendibles. Marisol Pradas S.. Foto de Elíterse Hernández.
Todo ensayo tiene elementos de realidad y ficción. Verdades y mentiras. Pedro Téllez está escribiendo unas autobiografías que se inventan todos los días: "Madre y padre psiquiatra, dos hermanos y miles de juguetes tenían que proporcionarme una infancia mas bien larga. Nunca salí de la casa de mis padres pero cambié de cuarto varias veces. He dormido y soñado en todos ellos. Mis mudanzas han sido interiores. Cuanto mucho he tenido casas paralelas, de ir y volver. Distinto el caso de mis hermanos; Javier se dedicó a viajar por el mundo, Santiago se encerró en su cuarto y a través de una puerta fue mi preceptor. No recuerdo haber creído en Dios. Continué con las amistades de la cuadra y la escuela; y aparecieron los camaradas. Preferí a los amigos e hice bien. Los veo a veces y milito en el partido a veces. Asumí la escritura como militancia y no al revés. Aunque todos se dispersaron soy el mejor amigo de varios. Mis padres vivieron lo suficiente para que terminara tratándolos como unos hijos..."
Es cierto que sus padres fueron psiquiatras. Que incluso atendieron pacientes en su casa. Que tiene dos hermanos, uno de ellos, pintor. La entrevista entonces giró sobre estas verdades múltiples que cuentan su historia todos los días. Pero lo más importante de este encuentro fue la risa y la espontaneidad de este escritor y también médico psiquiatra valenciano.
Ha publicado los libros de ensayo Añadir comento (1997), Fichas y Remates (1998), Tela de Araña (1999) y La última cena del ensayo (2005), libro con el que ganó en el 2004 un premio en el Certamen Mayor de las Artes que promueve el Ministerio de la Cultura. Colaborador de La Tuna de Oro y Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Para este año espera la edición de Un Naipe en el Camino del Dorado.

¿Por qué te gusta abordar el hecho literario a través del ensayo?
Veo más el ensayo no como un género en sí sino como una escritura que pudiera estar presente esotros géneros. Me gusta hablar de una novela ensayo, un cuento ensayo; o de un ensayo propiamente dicho. Me parece que la literatura ensayística es mejor cuando aflora directamente las cosas y no las cosas a través de la literatura. La mayoría de los ensayos venezolanos son escritos sobre obras pero los mejores ensayos son escritos sobre cosas específicas. Escribir sobre viajes, la muerte o la vida es mejor que escribir sobre lo escrito por otra persona.

Pero en Venezuela hay muy buenos ensayistas...
Si, hay una tradición de los mejores ensayistas importante, aunque últimamente hay un desvío. Una buena parte de los escritores venezolanos se han dedicado a lo inmediato; a lo político, repitiendo ese error de Juan Vicente González, que hizo las crónicas políticas del momento, muy signadas por el odio. Ese odio es como un periódico de ayer. Se observa como grandes escritores, como Manuel Caballero, se dedican a hacer artículos de prensa con una visión muy mediática y antes tenían una obra previa importante. Ves grandes narradores pero se han dedicado muy a lo inmediato aun cuando hay formas más artísticas de abordarlo. Veo que esa literatura venezolana está dictada por el odio... entonces no sé qué podrá salir de allí...

¿Por qué indagas en el pasado dentro de tu tono ensayístico?
Uno es el pasado; el futuro y también el presente. En los textos antiguos a los que te refieres no son tan pasado porque en el momento que los lees son presente, porque viven a través del lector. La literatura está en el lector. Uno está hecho del pasado. No establezco diferencias entre lo actual y lo antiguo; hay como un continuo. La magia del arte es que establece conexiones a través de todos los tiempos.

¿Pero esos libros con los que recreas el ensayo forman parte de tu vida... están en tu casa?
En mi casa hay una gran biblioteca. Es bueno tener contacto con el libro objeto; es agradable. Vamos cada vez hacia una cultura audiovisual, con poco contenido; más plana. Yo no critico eso, pienso que la cultura audiovisual debería ser un complemento; pero lo que hay es un desplazamiento de lo escrito por lo audiovisual hasta tocar ese culto a lo inmediato de algunos escritores. Que deberían ser cineastas o escritores audiovisuales.

¿Eso le ha hecho mucho daño a la literatura venezolana?
A esos escritores fundamentalmente. Sufren un daño interior. La literatura reposa más en los lectores. Siempre que haya un lector habrá un escritor para él.

¿Han aumentado los lectores en estos últimos tiempos?
Creo que no se habían publicado tantos libros como en estos últimos dos años. Vamos a ver si hay lectores para esos libros. Yo no se si sea bueno o malo pero existe como una especie de convergencia que los que leen son los mismos que escriben. Ese publico, ese lector natural, se ha desplazado. Uno entra a una casa y hay más televisores que bibliotecas. Hay un desplazamiento o habrá que buscar si existe una estética por otra vía.
Habló de los soldados que tomaron fotos de las personas que torturaron en la guerra. Imágenes con estética visual, buenos ángulos y composición que hablan de la cultura de estos guerreros; pero con un contenido irrito.
- Ni siquiera es una visión de la guerra que tuvo Goya. Tomaron la imagen como para enviar una foto turística, para enviarlas a sus amigos. Fotos inmorales, técnicamente muy bien realizadas. Esa es la trampa de la cultura audiovisual una especie de estética sobre la superficie sin contenido o con un contenido de los antivalores. Es un divorcio entre el discurso estético superficial y el fondo que debe haber en una obra de arte.

¿Has elaborado un ensayo con el hipertexto de los mensajes de los celulares?
-Ya lo deben haber hecho. Lo único malo de los mensajes de texto de los celulares es que se borran. Si hiciesen un registro de los mensajes estaríamos ante la vida cotidiana de la gente.

¿Tienes la sensación de que este país es una tira cómica?
No. El país es la gente. Vinculo a las personas con el país. Es difícil hacer una visión uniforme de Venezuela. El país está como disgregado en el día a día. Las 24 horas de uno con las 24 horas de las personas que uno comparte y todo eso se vuelve como una cadena...

¿Dónde colocas allí a los medios?
Los medios en Venezuela son difíciles de entender. Ahora que está la polémica de Radio Caracas Televisión: Yo dejé de ver este canal hace 7 años atrás. Es difícil para mi en este momento defender una de las televisoras que yo considero la peor del mundo; la venezolana. Totalmente alejada de lo cultural, para no hablar de lo político; una televisora que trae enlatados. Que ha visto su concesión como un negocio. Es difícil salir a defender a una institución que ha tenido una trayectoria tan poco loable. Lo que pasa es difícil decir las cosas en los medios porque ellos son los que transmiten las noticias. No van a reflejar disidencias. El único caso fue Edmundo Chirinos en un Primer Plano que regañó a las televisoras venezolanas. Desde el punto de vista cultural no son defendibles.
En sus bolsillos cargaba un libro, de la colección Crisolito, de la editorial Aguilar, ideales para leer mientras se espera o se hacen filas para cancelar algún servicio. Se impresionó por los poemas de Laura Antillano a quien conocía como narradora, leídos el pasado mes de diciembre.
-Valencia es una ciudad contradictoria. Pero es una de las pocas donde tu puedes cruzarte en una calle o establecer una conversación con cuatro de los mejores poetas de América Latina: Aquí viven Alejandro Oliveros, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só y Ana Enriqueta Terán. En cualquier antología de poesía latinoamericana están ellos. La suerte de los niños de esta ciudad que pueden ir a la casa de Laura Antillano y aprender de ella. Pero también, paralelo a eso ves grandes fallas: Aquí hay cinco instituciones que se dicen museo y ninguna es museo. Esta es una ciudad en la que tú no puedes ver un cuadro de Arturo Michelena porque no hay un lugar donde mostrarlo: Están en oficinas, en casas; pero no en una sala permanente.
Aunque es gran lector de blogs no ha escrito todavía en ellos. Lo inmediato no permite que ni siquiera exista el censor interno, pero también lesiona la relectura. ¿Cómo almacenar la eternidad de la red? Preguntas y respuestas incesantes que encuentra y disfruta Pedro Téllez, pausado inventor de extremos.