Saturday, January 27, 2007

VENEZUELA ES UN PAÍS INVERTEBRADO, MARISOL ENTREVISTA A JAVIER TÉLLEZ


Javier Téllez:
Venezuela es un país invertebrado. Marisol Pradas/Foto: Raúl Araque.


"Mi templo es la relación con el otro. Tengo mucho interés en el paisaje humano. El ser humano debería ser nuestra religión" fue la respuesta que dio Javier Téllez a la última pregunta de este encuentro tratando de indagar sobre su espiritualidad a su paso breve por la ciudad de Valencia donde se encuentra visitando familiares y amigos, acompañado de su esposa e hijo.
Residenciado en Nueva York es una especie de artista nómada que viaja por todas partes del mundo y en los últimos 10 años ha desarrollado una labor creativa que comenzó con "La extracción de la piedra de la locura", pieza que presentó en 1996 en el Museo de Bellas Artes de Caracas y el Ateneo de Valencia, sobre la situación de los hospitales psiquiátricos y donde por vez primera trabajó con la colaboración de los enfermos mentales.
En el caso de "La extracción de la piedra de la locura" trabajé con el maestro Pacheco, a quien visité hace un par de días en el psiquiátrico de Bárbula, paciente de larga data allí, encargado de realizar todas las piñatas del Hospital. Trabajé con él e hicimos un conjunto de piñatas con formas de los envases y los fármacos que les suministran.
-¿Qué añora de la niñez en una casa donde sus padres, dos psiquiatras, Pedro Téllez Carrasco y Teresa Pacheco Miranda, atendían a los pacientes?
-Para mí la enfermedad mental fue siempre familiar. Mi padre jamás hizo distinción entre el ámbito de trabajo y la experiencia de la familia. La casa está llena de 20 mil libros y el único espacio libre era donde jugábamos y era el lugar de consulta de mi padre. Crecimos en un contacto cotidiano con el enfermo mental.
Luego acompañábamos a mi padre al Psiquiátrico de Bárbula desde muy temprana edad y recuerdo una experiencia que ha sido muy importante para mi trabajo, mi memoria de esas visitas durante los carnavales. En algunas ocasiones algunos psiquiatras se colocaron las bragas de los pacientes y estos las batas de los doctores. Para mi eso fue una especie de modelo de cómo debería interpretarse la practica psiquiátrica.
-¿Cómo un performance?
-Como un intercambio de roles. Donde la imagen de autoridad de aquel que analiza y la falta de autoridad del analizado se confundan.
-¿Pero sigue plasmando en sus cuadros la mirada extraviada de la locura en los ojos de las personas o los gatos?
-Lo que pasa un poco con la "ciencia de la locura", entre comillas, es que la locura es la base de cualquier lenguaje, porque cuando pensamos racionalmente necesitamos ese lenguaje excluido que es la enfermedad mental. Necesitamos el lenguaje de la locura, de establecer un sentido, y delegar al margen el sin sentido. En mi práctica artística he tratado siempre de incluir ese otro lenguaje, de lo excluido, que es la enfermedad mental o la experiencia de la locura.
-¿Cuántas experiencias en los últimos años?
-He viajado mucho y de alguna forma mi práctica artística tiene que ver con la experiencia del viaje. Ha sido de alguna manera viajar de Bárbula para encontrar otras Bárbulas o encontrar otros hospitales psiquiátricos en lugares tan diferentes como Japón, Brasil, México. He ido viajando de un hospital psiquiátrico a otro. Se trata de un ejercicio de extraterritorialidad, yo me he quitado un poco el territorio. Ya no soy un artista venezolano, soy un artista que pertenece a una nueva república conformada por los habitantes de los diversos hospitales psiquiátricos del mundo.
-¿Qué pretende una vez instalado en esa nueva República?
-Trabajar en colaboración con el paciente. No se trata de mi visión sobre el Hospital psiquiátrico .Se trata de crear un dialogo entre mi experiencia y la experiencia de los pacientes porque yo soy un turista dentro de la institución; soy un paracaidista y justamente la obra se produce en ese intercambio.
-¿Edipo convertido en comisario del Oeste en un psiquiátrico de Colorado en el cortometraje Edipo Marshal?
-Es una película vaquera, una versión de Edipo Rey de Sófocles pero dentro del contexto del Oeste. Utilizamos máscaras del teatro nuevo japonés, los pacientes trabajaron el guión y también fueron actores. Interpretaron a Edipo no como un neurótico que es la lectura freudiana de la trama sino como un hombre que sufre esquizofrenia. Las voces del Coro Griego son las voces que él oye. En esta nueva versión Edipo toma control sobre su destino y las voces que dictan su vida.
-¿Y la idea de "Bala Perdida" realizada el 27 de agosto del 2006 en la línea divisoria entre Estados Unidos y México?
-Con la colaboración de pacientes del Centro de Salud Mental de Baja California, entre San Diego y Tijuana, un hombre cruzó la frontera, haciendo del personaje clásico del circo que sale disparado de un cañón. Contratamos al hombre bala principal, obtuvimos los permisos, para que realizara el acto.
-¿Cuál fue el sentido de este gran circo que se realizó, filmado y después presentado en diferentes museos, galerías y festivales alrededor del mundo?
-De alguna manera utilizar la frontera geopolítica entre Estados Unidos y México también como una metáfora de esa otra frontera, la que condena al paciente psiquiátrico. Siempre he dicho que el modo del sanatorio determina o aísla a aquellos que están dentro de la institución y también a los que estamos fuera. Mi intención como artista siempre ha sido disolver esa frontera.
-¿Arte comprometido con su alrededor?
-"Bala Perdida" es un dibujo en el espacio con implicaciones en el tejido social. Fue la noticia número 8 de Associate Express de ese día. Fue una obra que tuvo repercusiones a nivel local y globalmente. Para mi eso es un dibujo pero con el contexto porque el arte de los últimos 50 años tiene que ver con lo que hay a su alrededor. No se puede pensar el objeto artístico como una pintura que puedes descolgar de la pared sino las repercusiones que están en torno al objeto y la red de significaciones que crea en la sociedad.
-¿Cómo pasa de la realización de pinturas a la confección de cortos y películas?
-En mi formación en Valencia antes de irme de la ciudad siempre tuve más contacto con escritores que con artistas plásticos. Formé parte de los talleres de poesía de Reynaldo Pérez Só. Estuve en contacto con poetas como Sergio González Quitral y Carlos Osorio; me formé con poetas y también como cineasta recibí clases de Carlos Garrido. Aprendí muchas cosas de él de cine. Yo realmente nunca fui pintor siempre fui dibujante. El trabajo de los últimos 15 años es una continuación también de ese dibujo sobre el tejido social.
-¿Trabaja en algún nuevo proyecto?
-Estoy trabajando para un proyecto en Sydney en colaboración con un hospital geriátrico con pacientes de Alzheimer. Es difícil hablar de mis proyectos antes de que pasen porque para mí es importante crear una estructura flexible: Llego a un hospital que es como llegar a la casa de alguien a quien uno no conoce y uno debe llevar un regalo. Para mi el regalo es una idea que debe ser trabajada en colaboración con el otro. Este regalo funciona como un vínculo para crear la obra. Articulada en grupo.
-¿De haberte quedado en Venezuela hubieses podido hacer lo que estás haciendo?
Creo que sería diferente. Este exilio voluntario me ha permitido trabajar en un leguaje periférico que no se adapta al lenguaje del centro aun cuando yo viva en el centro. Pero es un lenguaje que tampoco podría construir desde la periferia. Es una especie de espacio "entre" con el cual puedes articular comunicaciones con diferentes países.
-¿Qué debería hacerse en Venezuela en materia cultural?
-El grave problema es que Venezuela es un país invertebrado. Hace falta una estructura. Asistimos al derrumbe de las ruinas de una modernidad que nunca se construyó y no hemos sido capaces de construir.
Desde que renunció a la participación de la Bienal de Venecia Javier Téllez, hace ya cuatro años, por razones éticas, no ha sido invitado a presentar su trabajo.
Las obras que realiza están compenetradas de ese encuentro con el otro, excluido del discurso público. Aquel que ha estado condenado a la invisibilidad. La posibilidad de hacerlo visible es la oportunidad que no deja escapar Téllez.
Con la inteligencia de un rebelde comprometido con esa riqueza creativa, hasta ahora inexplorada de los sanatorios, donde nació, por ejemplo, la idea de enarbolar una nueva bandera, con los colores de México y de Estados Unidos, conjugados, mientras la bala humana rompía lo divisible.
Nacido en 1969 en Valencia, en 1993 se trasladó a Nueva York. Entre sus trabajos El león de Caracas, sobre el uso de los espacios urbanos; Choreutics, sobre el Chorea de Huntington, enfermedad genética que produce una degeneración en las neuronas cerebrales; I am Happy Because Everyone Loves Me (Bedlam), sobre su experiencia en el hospital psiquiátrico Royal Bethlem Psychiatric Hospital de Londres. Entre las exposiciones individuales en las que ha participado destacan las organizadas en el Museo de Bellas Artes de Caracas, Venezuela (1996); Gasworks Gallery de Londres (1999); Sala 7, Museo Rufino Tamayo, México D. F. (2001); Sala Mendoza, Caracas, Venezuela y White Box, Nueva York (2002). Sus trabajos han sido exhibidos en lugares como en el Centro Cultural de Arte Contemporáneo, México City (1997), en la Bienal MercoSur, Porto Alegre, Brasil (1997), en el P.S.1's International Studio Program (1994), la Bienal de Kwangju, en Corea (2000), en la 49 edición de la Bienal de Venecia (2001) y en la Bienal de Valencia (2003).

Thursday, January 25, 2007

O TRAPICHO DE JAVIER TÉLLEZ


O TRAPICHO DE JAVIER TÉLLEZ , vinculación de una propuesta plástica con la literatura.



A los Téllez, sobre todo a Santiago, Teresa y Don Pedro.


“y bailarás extrañas contorsiones
como pequeña nave sacudida
en mar enloquecido por el viento”.
CATULO, Poema 12.

Trapicho es una voz portuguesa con la cual el pueblo mienta a la casa de los locos. Presumimos cierta asociación con la palabra trapilho, trapo que absorbe la inmundicia, el desperdicio que irá a parar a una cubeta o directamente al albañal. Tenemos también trapiche, lugar donde se almacena y procesa la caña de azúcar: ésta se exprime de la misma manera que un coleto, sólo que podemos obtener el aguardiente de caña, su veneno. Al respecto, nos dice el poeta brasileño Ledo Ivo: “La nada guardaremos, nosotros que somos el depósito de todo, el baúl y el trapiche”. El artista valenciano Javier Téllez, al abordar su instalación La Extracción de la Piedra de la Locura (Museo de Bellas Artes, 1996; Ateneo de Valencia, 1997), lleva a cabo una indagación del espacio museístico, la cual conduce a un callejón sin salida, a un compartimiento estanco: el mero acopio académico y, por supuesto, pecuniario de las colecciones artísticas; lo cual acarrea la maniática taxonomía que justifique tal desaguisado. Partiendo de la similitud fonética de las palabras museo y mausoleo observada por Theodor Adorno, manifiesta que no sólo amputa y embalsama el trabajo creador, sino esteriliza la participación del espectador.
Impera entonces la intermediación institucional, sesgo innegable de los Estados y las sociedades en la Modernidad: el ojo deja de ser el manjar caníbal al que se refería Robert Louis Stevenson. Por lo tanto, asumiendo como pretexto la sala de un hospital psiquiátrico y un museo de ciencias naturales (nos referimos a La Nave de los Locos, Sala Mendoza, 1997) de guisa sucesiva, Javier Téllez distribuye los objetos en el espacio museístico apelando a los códigos de la simulación, forjando más bien una anti-utopía en la que el artista se nos antoja un estafador, puesto que el montaje sugiere diversas lecturas falsas: ¿acaso nuestra cultura nos empuja al equívoco, a tomar el camino de la perdición? Tal como subyace en las parábolas bíblicas, las expectativas salvíficas reducen su posibilidad por el estrecho ojo de una aguja: nuestro camello anda y desanda por anchos caminos confirmando la pérdida del reino, tal como lo titula y lo trata José Bianco en su magnífica novela.
Extraigamos del diccionario crítico de Georges Bataille su peculiar noción de museo: “Entonces el origen del museo moderno estaría ligado al desarrollo de la guillotina. (...) El desarrollo de los museos, evidentemente ha superado las esperanzas más optimistas de los fundadores. No sólo el conjunto de museos del mundo representa hoy un amontonamiento colosal de riquezas, sino que, en especial, el conjunto de visitantes de los museos del mundo representa, sin ninguna duda, el espectáculo grandioso de una humanidad liberada de problemas materiales y dedicada a la contemplación”. Constituye un tabernáculo que erige y encarna el devenir y el pathos mismo de la sociedad industrializada: los cuadros languidecen en paredes blanqueadas como sepulcros; la parafernalia de la tramoya curatorial afecta y lleva las riendas de la percepción del espectador; este último se halla entonces a merced de un distorsionado juego especular que alienta sensaciones equívocas de seguridad y solaz respecto al status quo o modo de vida burgués. Téllez hace explícita su inconformidad desde la inauguración de su trabajo: El público se topa inesperadamente con una atmósfera de festividad e irreverencia; la connotación es lúdica , pues el artista nos demuestra su interés por el ámbito circense, las cartas (recordemos su instalación Trobar Clus, Sala Rómulo Gallegos, 1992, integrada por barajas españolas a modo de camas), la teatralidad como espacio que enriquezca la representación plástica, y –sobre todo- un sentido religioso, no ritual, del quehacer artístico, a la manera de maestros como Armando Reverón y Mario Abreu. Esta vez, Javier Téllez involucra al espectador en el juego que es su propuesta; la utopía museológica se fractura y desgasta por vía de la entropía, de la misma forma que las herrumbrosas camas y los destartalados archivos del psiquiátrico. Siguiendo a Georges Perec, verificamos que “Todas las utopías son deprimentes porque no dejan lugar para el azar, la diferencia, lo ‘diverso’. Todo está puesto en orden y el orden reina. Detrás de cada utopía hay siempre un gran diseño taxonómico: un lugarpara cada cosa y cada cosa en su lugar”. Borges, en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, sentenciaba que “Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto”; hemos sido convocados al ágape en un lugar que ya no existe –hace años que cesaron las actividades en el Psiquiátrico de Bárbula-, para evidenciar la precariedad no sólo del museo como institución, sino como paradigma que ha cosificado la representación y la contemplación artísticas. Debemos inferir que el artista realiza, si se quiere, una revisión plástica del trabajo ensayístico de Michel Foucault, notorio en textos como Vigilar y Castigar y, por supuesto, la Historia de la Locura en la Época Clásica. Ello con una buena dosis de ironía y transgresión, amén de un ajustado y estupendo manejo conceptual.
Contraponiendo la noción clásica de la locura, patente en Rousseau, “la locura no hace derecho”, Foucault plantea que el loco –prisionero del viaje en la stultifera navis- se encuentra atado al agua por un profundo vínculo evidente en la incesante inquietud del mar; “la locura y el loco llegan a ser personajes importantes, en su ambigüedad: amenaza y cosa ridícula, vertiginosa sinrazón del mundo y ridiculez menuda de los hombres. (...) Si la locura arrastra a los hombres a una ceguera que los pierde, el loco, al contrario, recuerda a cada uno su verdad; en la comedia, donde cada personaje engaña a los otros y se engaña a sí mismo, el loco representa la comedia de segundo grado, el engaño del engaño”. Más allá de la superchería medieval, la cual definía la locura como la piedra alojada en la cabeza del paciente –la instalación debe su nombre al cuadro homónimo de Hieronymus Bosh, 1490-, el artista acuesta las piedras en los camastros y las deposita en el fondo de las bacinillas, de manera que el ready-made las diga y contenga en tanto causantes del tropiezo y, a la vez, como soportes de la revelación. Téllez trastoca la mirada del público que participa en ese “fin de fiesta” que pretende ser la Postmodernidad. En su libro Cage y Duchamp (1978), Daniel Charles señala: “Lo propio del diálogo es no dejar el objeto en su estado de objeto, sino promoverlo a lo que es, dejarlo ser lo que es, es decir, responder al llamado de su ser. El arte hace de los objetos cosas, desata y libera –desobjetiva- los objetos; los devuelve a sí mismos”. Heredero de tal vanguardia –no sólo encabezada por Cage y Duchamp, sino también por Warhol y Buñuel-, Javier Téllez recobra el encanto concupiscente, mágico y taumatúrgico del objeto, tótem y centro de atención de nuestra aturdida mirada.
Entonces, la propuesta plástica es dialógica y de múltiples valencias. La septicidad y la hiperbólica depreciación de los objetos no serán engullidas por el espacio antiséptico del museo, por el contrario, fuera del formalismo y formulismo filosófico y estético, el espacio se nos muestra en toda su discontinuidad tal como lo ponderara Bataille en su anti-glosario: “bajo nuestros ojos púdicamente desviados, el espacio quebranta la continuidad del rigor. Sin que podamos decir por qué, no pareciera que un mono disfrazado de mujer difiera de una división del espacio”. Lo que nos trae a nuestra erosionada memoria el humor amargo del cual se regodea Borges en El Aleph: extraviar los rasgos de la amada obnubilada la mirada ante el punto en donde se ven todas las cosas. Ya lo había descubierto el artista: “El contexto determina lo que es el objeto”; parafraseando a Daniel Charles, la providencia se funda en nuestros deseos, no en nuestra voluntad. Sobre esta piedra soportamos nuestra existencia, lo que me es lícito hacer no hago, mientras que lo prohibido eso hago; contemplamos el entorno que nos importa en función de nuestra disonante y dispersa naturaleza: no hay un umbral entre la cordura y la locura, tal como lo diagnosticó la anti-psiquiatría, pues como los endemoniados pretendemos habitar aquella manada de cerdos que luego se despeñará al mar. Por tal razón, para acceder al museo de arte psicopatológico, el espectador es doblegado, casi llega a postrarse, debe bajar la cabeza. Además, el público es conmovido por el dramatismo de objetos como una cuna en la cual yace un rollo retorcido de alambre de púas, ello en la atmósfera dominguera y carnavalesca de la decoración o puesta en escena: las piñatas –abiertas las entrañas-, el papelillo y los restos del festejo esparcidos en la sala. Mientras comemos torta y algodón de azúcar, pasado el tarugo con cerveza y refresco, y hacemos un inventario de lo que nos escupió la piñata, sobre algunas de las camas los monitores repiten ad infinitum las muecas de nuestros anfitriones, los pacientes, escurriendo el “Ave María” en una versión cuasi gutural. Malcolm Lowry se había convertido en sifilófobo gracias a la contemplación del estrago venéreo exhibido en el Museo Paradise en Street Liverpool, admonición victoriana indubitablemente. En su novela Lunar Caustic, Lowry reconviene al personaje principal, Bill Plantagenet, en la voz de Garry –uno de los tantos compañeros de terapia en el psiquiátrico-: “Escucha. ¿Qué crees que quedará de este edificio dentro de unos cuantos años? Yo te lo diré. Seguirán en pie las construcciones de ladrillo, pero no quedará ninguna cama, tan sólo armazones oxidados, y tocarás el radiador y se desmoronará. Todo lo que quedará del piano serán las teclas, el resto se pudrirá”. Por lo que la instalación implica un dolor de cabeza para el curador y el mercader del arte: se deshacen las posibilidades de uso, valoración e intercambio del objeto artístico.
En síntesis, Javier Téllez reivindica el poderío sensual y terrorífico de los objetos, a la par de Bataille, quien en su maravilloso libro Historia del Ojo rememora con morbo y contundencia las andanzas eróticas de sus protagonistas en España –incluyendo la sodomización de un sacerdote, extraído el ojo de una cuenca e inserto en la cavidad del culo, valga la alusión a Quevedo-: “Los únicos objetos que he conservado con celo son un abanico amarillo y azul y el folleto popular dedicado a la muerte de Granero. Durante la travesía en barco, la maleta que contenía estos recuerdos cayó al mar (...); están en muy mal estado, pero aún sucios y abarquillados, vinculan al suelo, al lugar, a la fecha, cosa que en mí ya no es sino una visión de delicuescencia”.

Valencia, noviembre de 1999.

Wednesday, January 24, 2007

UN LOBO ESTEPARIO EN EL TRÓPICO

A Pedro y a Javier Téllez, más allá de los jabs y los rectos de derecha e izquierda.


Esto es lo pernicioso de elegir una alternativa en un entorno polarizado: ubicarse en una de las riberas de un caudal discursivo que arrastra miasmas filosóficas y caramas sofísticas, mientras que a lo lejos nos aguarda la enigmática y divertida cordillera como ventana del escarnio y la estulticia que provoca el mundo. El río inmundo no es posible sin las orillas que lo contengan a duras penas. El aullido no convoca a manadas ciegas ni hambrientas de resignación, tan sólo evidencia los retortijones burlones del alma camino de los sumideros. El valle aguarda todavía un silente alud de rocas, ramas secas y fracturadas osamentas que sepulte el bullicio indolente del caserío que ha soportado compasivamente los embates del bien y el mal. La esotérica jauría brinca alborotada entre miembros descompuestos, enjambres de insectos verdes y rojos y aturdidos fuegos fatuos. La indómita raza licantrópica no entiende aún que lo que se anuda abajo se anuda arriba, quebrantada la ilusoria magnificencia de especulaciones enrevesadas que ni siquiera aprehenden la visceral poesía de las cosas.
Sin embargo, el silencio es parcela vasta que excede los espacios en blanco de cualquier soporte.


Tuesday, January 09, 2007

TENGO UNAS PIEDRAS BLANCAS EN MI ALMA Y UNOS RÍOS CAUDALOSOS EN MI CORAZÓN, DAFNI CONVERSA CON MARISOL EN UN PARAÍSO VERDE


Poeta Dafny Giannitsópulos
Tengo unas piedras blancas en mi alma y unos ríos caudalosos en mi corazón. Marisol Pradas S.. Foto Elítecer Hernández
A Dafny Giannitsópulos la entrevistamos bajo la sombra de un árbol enorme, sentada sobre sus raíces gruesas, despegadas y adheridas a la tierra a la vez. Muchos pegones se acercaron a la conversación y a los cabellos. Fueron parte del encuentro con esta poeta carabobeña, de padre griego y madre venezolana, orgullosa de su estirpe de mujer luchadora, llena de vitalidad; trabajando en ideas artísticas que se vinculen a las comunidades.
Que estuviera sentada allí, frente a su apartamento, en una especie de bosque que permanece intacto y por donde corre la vena del Casupo no fue casualidad. Dafny Giannitsópulos ama y defiende a los árboles, los ríos y la naturaleza como su vida. Mucha ha sido la labor en este sentido junto al Grupo Ecológico "Arturo Aishler" de la Universidad de Carabobo, liderado por José Manuel Hurtado.
Es hija de Mr. Jimmy, reconocido comentarista hípico de La Voz de Carabobo y NCTV y de Carmen Edecia Morales también conocida como Carmen Edecia Pérez, co-fundadora de El Informador de Barquisimeto, la revista Magazine Siglo XX y el Grupo Mujeres en Acción. Ambos apreciados y reconocidos en Valencia , Barquisimeto y Maracaibo.
¿COMO NACE EL PROYECTO PARQUE POEMA?
Nació en una casa que habitamos en la calle Rojas Queipo. Después con el grupo Casupo Poesía pensé que podía allí en esa montaña integrarse mi idea. Me imaginé también que podía ser parte de las áreas verdes de la Universidad de Carabobo pero realmente he estado pensando en muchos detalles. Eugenio Montejo, Doris Díaz, José María Polanco me han estado apoyando. Es realizar en un espacio público una intervención urbana. Es un proyecto de arte conceptual que interviene en las vías publicas y si la UC estuviera interesada podría ser parte de sus áreas verdes. Son estructuras escultóricas itinerantes. Son la representación de la sensibilidad al leer ya no un libro sino una muestra de poemas de María Calcaño, Enriqueta Arvelo Larriva, Hanni Ossot, Yolanda Pantin, Ramón Palomares, Eugenio Montejo y tantos otros maravillosos poetas. Es una forma de obligar a la gente a leer un poema en vez de un anuncio publicitario.
¿POR QUE OBLIGAR?
Un poema puede cambiar la vida de un ser humano. Puede transformarlo, embellecerlo, enriquecerlo y si alguien no se sensibiliza con la poesía puede hacerlo por el arte de la música, pintura o escultura. Es un encendido automático de la creación con el ser., que entra por la piel.
¿EN QUE MOMENTO DE TU VIDA TE ENCUENTRAS?
Soy una mujer agradecida de la vida. Creo que soy un ser que tiene mucha suerte. Me dedico a la oración permanente. Me asomo por el balcón y pido a Dios que nos cuide a todos, porque después que uno es madre y uno tiene a sus hijos, crecen y ya no pueden ser cuidados de la misma manera. Ya no le puedes ponerle sus zapatitos, ni colocar la camisa y cerrarle los botones. El consejo no es suficiente. Da la impresión que uno tiene que rogar y pedirle a Dios que los cuide porque no hay otra forma.
Sus hijos Miguel Angel y Gabriel µngel, ambos músicos y surfistas, hijos de Miguel Mejías, profesor e investigador de la Universidad de Carabobo. Uno de ellos es imagen de varias marcas de este deporte, destacado en portadas especializadas.
Nombra personas importantes en su crecimiento intelectual y espiritual como Tahormina Guevara, José Manuel Briceño Guerrero, Fruto Vivas, Ana Enriqueta Terán, Eugenio Montejo, Rubén Núñez, Dora Elisa de Medina, Luis Alberto Angulo, Reina María Rodríguez de Cuba, Jorge Iglesias, Eliseo Diego el pintor Manuel Mendive, los hijos de Cintio Vitier, José María Vitier, personas todas que han estado vinculadas a su vida y que conoció a través de la labor en su revista de arte Gen-T con Rafael Gallardo.
¿TODO LO VIVES CON POES÷A? ¿QUE MATERIAL ESTAS PRODUCIENDO EN ESTOS MOMENTOS?
La poesía entra en todo lo que es el concepto que tengo acerca de la vida, un respeto profundo por la naturaleza, por los seres humanos ... Un reverencia permanente que tengo hacia la naturaleza y eso es lo que produce el instante poético. No tengo una forma rígida de escribir ...el poema viene completamente inesperado... es realmente una sorpresa siempre...
Siento que la cosa viene por dentro. No sé cómo explicar esa sensación... hay como un dictado, como una presencia... Una vez escuché una voz clarísima que me dijo "De la desolación al campanario hay poca distancia" entonces me vinieron imágenes de un pueblo de Venezuela y vi el campanario y sentí que algo se iba. Esa es la forma como escribo. Tengo cajitas llenas de poemarios, tengo bolsas llenas de poemas.
Le publicó la UC en 1990 el poemario Mistikós (secretos, en griego) y trabajos suyos han sido presentados en Separata de Poetas Carabobeños (1991) Rostro y Poesía de Luis Alberto Angulo (1996) y Cuadernos Cabriales 55 "La Rama Bifurcada" del Consejo Nacional de la Cultura (1996).
¿ALGUN OTRO LIBRO?
No he vuelto a concretar un libro porque quiero contar una parte de mi vida con poemas acumulados a lo largo de un tiempo. Como fotografías atrapados en un espacio- tiempo de mi vida.
¿CàMO NACEN LOS POEMAS EROTICOS?
Se va toda la fertilidad de mi vida... no sé qué viene después... ando tratando de explicar esta manera de sentir nueva en mi vida. Escribir poemas eróticos es como inevitable. Es una etapa en que ya no es la sexualidad que quiero volcar en mi cuerpo aunque mentiría si digo que no lo deseo. Lo que quiero es que ese hombre que llegue a mi vida tenga a Dios adentro y lo sienta y entienda que es amor. Escribí: "¿Cuánto tiempo falta para que llegue Dios? ¿Quién será el hombre que llegue dentro de él?"
¿NO PUEDES DESPRENDERTE A GRECIA DE LA PIEL?
Yo siempre me pregunto ¿qué hizo pensar al griego de la antigüedad?: La aridez. Es un país totalmente árido que por donde miras hay piedras blancas. Entonces, ¿qué hace un hombre sobre las piedras blancas o sobre la aridez? Mira al mar que siempre lo tendrá enfrente, a pensar. Entonces hay un a introspección, hay un pensar acerca de sí mismo porque no hay mucho que observar. Mientras que en el trópico todo es un asombro permanente. Es un estado de contemplación que no te permite pensar tanto en ti mismo; te entretiene. El trópico es como si vieras un televisor, te distrae. Soy una isla y recuerdo escribí algo que decía "Qué grande es tu fe isla". Nada más. Esa tradición de sabiduría está en mis genes como me dijo Guerrero Briceño.
¿COMO TE SENTISTE EN TU ULTIMA VISITA A GRECIA?
Grecia puede unirse en un solo ser. Soy griega porque veo a mi papá en mis ojos. Soy tan india que no tengo ni un solo vello en mi piel. Soy las dos cosas. Soy multicultural. Tengo una aridez enorme y unas piedras blancas en mi alma como unos ríos caudalosos y una vegetación exuberante en mi corazón. Esa unión de esas dos culturas es emocionante.
¿COMO TE SIENTES EN ESTE MOMENTO CON TU PA÷S?
Si yo me encontrara de frente con el hombre que fue reelecto como presidente de este país le preguntaría por qué dice tantas mentiras. Yo entiendo que el que gobierna una nación debe ser como un padre y tendría que comportarse como tal. ¿Qué tipo de padre le puede dar una medicina a unos para que se curen y a otros negárselas? Ocúpese de su país... de la salud de su gente... de la salud de su pueblo... de la educación... Me parece terrible que estén explotando la faja del Orinoco y me parece desolador esas explosiones que hay donde una montaña se convierte en un hueco a fuerza de agua a toda velocidad y le echen mercurio a los ríos... Venezuela debería vivir de la agricultura; de un programa social, amoroso y solidario hacia los venezolanos. Alimente, eduque y sane a su país y haga que se convierta de un país petrolero a un país creativo ...
¿SIGUES LEYENDO LAS RUNAS, EL I CHING, LAS CARTAS GRIEGAS?
Todo ello está relacionado con la poesía. El I Ching lo usan como oráculo pero yo te puedo decir que es un libro de formación, tan sagrado como la Biblia. Cuando un hombre llueve sobre una mujer y siembra en el vientre materno la semilla eso es lo que es el I Ching. Traslada el conocimiento de la naturaleza a tu cuerpo y a tu mente La etapa de estos símbolos ya los superé y estoy en una etapa de sueños. Ya no necesito consultar nada. Lo de las cartas griegas si fue muy interesante porque son de una zona de Grecia que se llama Esmirna, que hoy forma parte de Turquía, allí quedaron muchos griegos que se convirtieron al Islam. Esas cartas fueron muy importantes porque lo que hicieron fue despertar la atención acerca de las personas que aparecen en nuestras vidas y saber que nos dejan donaciones tanto negativas como positivas.
Con Dafny Giannitsópulos la conversación nunca acaba. Más que sequía son emociones que fluyen y se manifiestan en una mujer que se ha permitido ser ella misma. De hecho es la primera entrevistada que llora al decir sin reservas que se está despidiendo de su fertilidad, a sus 48 años. Pero la copa de su creatividad permanece llena y vital.

Monday, January 08, 2007

DESDE EL PUNTO DE VISTA CULTURAL LAS TELEVISORAS NO SON DEFENDIBLES, PEDRO TÉLLEZ COMENTA A MARISOL PRADAS


Pedro Téllez
Desde el punto de vista cultural las televisoras no son defendibles. Marisol Pradas S.. Foto de Elíterse Hernández.
Todo ensayo tiene elementos de realidad y ficción. Verdades y mentiras. Pedro Téllez está escribiendo unas autobiografías que se inventan todos los días: "Madre y padre psiquiatra, dos hermanos y miles de juguetes tenían que proporcionarme una infancia mas bien larga. Nunca salí de la casa de mis padres pero cambié de cuarto varias veces. He dormido y soñado en todos ellos. Mis mudanzas han sido interiores. Cuanto mucho he tenido casas paralelas, de ir y volver. Distinto el caso de mis hermanos; Javier se dedicó a viajar por el mundo, Santiago se encerró en su cuarto y a través de una puerta fue mi preceptor. No recuerdo haber creído en Dios. Continué con las amistades de la cuadra y la escuela; y aparecieron los camaradas. Preferí a los amigos e hice bien. Los veo a veces y milito en el partido a veces. Asumí la escritura como militancia y no al revés. Aunque todos se dispersaron soy el mejor amigo de varios. Mis padres vivieron lo suficiente para que terminara tratándolos como unos hijos..."
Es cierto que sus padres fueron psiquiatras. Que incluso atendieron pacientes en su casa. Que tiene dos hermanos, uno de ellos, pintor. La entrevista entonces giró sobre estas verdades múltiples que cuentan su historia todos los días. Pero lo más importante de este encuentro fue la risa y la espontaneidad de este escritor y también médico psiquiatra valenciano.
Ha publicado los libros de ensayo Añadir comento (1997), Fichas y Remates (1998), Tela de Araña (1999) y La última cena del ensayo (2005), libro con el que ganó en el 2004 un premio en el Certamen Mayor de las Artes que promueve el Ministerio de la Cultura. Colaborador de La Tuna de Oro y Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Para este año espera la edición de Un Naipe en el Camino del Dorado.

¿Por qué te gusta abordar el hecho literario a través del ensayo?
Veo más el ensayo no como un género en sí sino como una escritura que pudiera estar presente esotros géneros. Me gusta hablar de una novela ensayo, un cuento ensayo; o de un ensayo propiamente dicho. Me parece que la literatura ensayística es mejor cuando aflora directamente las cosas y no las cosas a través de la literatura. La mayoría de los ensayos venezolanos son escritos sobre obras pero los mejores ensayos son escritos sobre cosas específicas. Escribir sobre viajes, la muerte o la vida es mejor que escribir sobre lo escrito por otra persona.

Pero en Venezuela hay muy buenos ensayistas...
Si, hay una tradición de los mejores ensayistas importante, aunque últimamente hay un desvío. Una buena parte de los escritores venezolanos se han dedicado a lo inmediato; a lo político, repitiendo ese error de Juan Vicente González, que hizo las crónicas políticas del momento, muy signadas por el odio. Ese odio es como un periódico de ayer. Se observa como grandes escritores, como Manuel Caballero, se dedican a hacer artículos de prensa con una visión muy mediática y antes tenían una obra previa importante. Ves grandes narradores pero se han dedicado muy a lo inmediato aun cuando hay formas más artísticas de abordarlo. Veo que esa literatura venezolana está dictada por el odio... entonces no sé qué podrá salir de allí...

¿Por qué indagas en el pasado dentro de tu tono ensayístico?
Uno es el pasado; el futuro y también el presente. En los textos antiguos a los que te refieres no son tan pasado porque en el momento que los lees son presente, porque viven a través del lector. La literatura está en el lector. Uno está hecho del pasado. No establezco diferencias entre lo actual y lo antiguo; hay como un continuo. La magia del arte es que establece conexiones a través de todos los tiempos.

¿Pero esos libros con los que recreas el ensayo forman parte de tu vida... están en tu casa?
En mi casa hay una gran biblioteca. Es bueno tener contacto con el libro objeto; es agradable. Vamos cada vez hacia una cultura audiovisual, con poco contenido; más plana. Yo no critico eso, pienso que la cultura audiovisual debería ser un complemento; pero lo que hay es un desplazamiento de lo escrito por lo audiovisual hasta tocar ese culto a lo inmediato de algunos escritores. Que deberían ser cineastas o escritores audiovisuales.

¿Eso le ha hecho mucho daño a la literatura venezolana?
A esos escritores fundamentalmente. Sufren un daño interior. La literatura reposa más en los lectores. Siempre que haya un lector habrá un escritor para él.

¿Han aumentado los lectores en estos últimos tiempos?
Creo que no se habían publicado tantos libros como en estos últimos dos años. Vamos a ver si hay lectores para esos libros. Yo no se si sea bueno o malo pero existe como una especie de convergencia que los que leen son los mismos que escriben. Ese publico, ese lector natural, se ha desplazado. Uno entra a una casa y hay más televisores que bibliotecas. Hay un desplazamiento o habrá que buscar si existe una estética por otra vía.
Habló de los soldados que tomaron fotos de las personas que torturaron en la guerra. Imágenes con estética visual, buenos ángulos y composición que hablan de la cultura de estos guerreros; pero con un contenido irrito.
- Ni siquiera es una visión de la guerra que tuvo Goya. Tomaron la imagen como para enviar una foto turística, para enviarlas a sus amigos. Fotos inmorales, técnicamente muy bien realizadas. Esa es la trampa de la cultura audiovisual una especie de estética sobre la superficie sin contenido o con un contenido de los antivalores. Es un divorcio entre el discurso estético superficial y el fondo que debe haber en una obra de arte.

¿Has elaborado un ensayo con el hipertexto de los mensajes de los celulares?
-Ya lo deben haber hecho. Lo único malo de los mensajes de texto de los celulares es que se borran. Si hiciesen un registro de los mensajes estaríamos ante la vida cotidiana de la gente.

¿Tienes la sensación de que este país es una tira cómica?
No. El país es la gente. Vinculo a las personas con el país. Es difícil hacer una visión uniforme de Venezuela. El país está como disgregado en el día a día. Las 24 horas de uno con las 24 horas de las personas que uno comparte y todo eso se vuelve como una cadena...

¿Dónde colocas allí a los medios?
Los medios en Venezuela son difíciles de entender. Ahora que está la polémica de Radio Caracas Televisión: Yo dejé de ver este canal hace 7 años atrás. Es difícil para mi en este momento defender una de las televisoras que yo considero la peor del mundo; la venezolana. Totalmente alejada de lo cultural, para no hablar de lo político; una televisora que trae enlatados. Que ha visto su concesión como un negocio. Es difícil salir a defender a una institución que ha tenido una trayectoria tan poco loable. Lo que pasa es difícil decir las cosas en los medios porque ellos son los que transmiten las noticias. No van a reflejar disidencias. El único caso fue Edmundo Chirinos en un Primer Plano que regañó a las televisoras venezolanas. Desde el punto de vista cultural no son defendibles.
En sus bolsillos cargaba un libro, de la colección Crisolito, de la editorial Aguilar, ideales para leer mientras se espera o se hacen filas para cancelar algún servicio. Se impresionó por los poemas de Laura Antillano a quien conocía como narradora, leídos el pasado mes de diciembre.
-Valencia es una ciudad contradictoria. Pero es una de las pocas donde tu puedes cruzarte en una calle o establecer una conversación con cuatro de los mejores poetas de América Latina: Aquí viven Alejandro Oliveros, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só y Ana Enriqueta Terán. En cualquier antología de poesía latinoamericana están ellos. La suerte de los niños de esta ciudad que pueden ir a la casa de Laura Antillano y aprender de ella. Pero también, paralelo a eso ves grandes fallas: Aquí hay cinco instituciones que se dicen museo y ninguna es museo. Esta es una ciudad en la que tú no puedes ver un cuadro de Arturo Michelena porque no hay un lugar donde mostrarlo: Están en oficinas, en casas; pero no en una sala permanente.
Aunque es gran lector de blogs no ha escrito todavía en ellos. Lo inmediato no permite que ni siquiera exista el censor interno, pero también lesiona la relectura. ¿Cómo almacenar la eternidad de la red? Preguntas y respuestas incesantes que encuentra y disfruta Pedro Téllez, pausado inventor de extremos.

Saturday, December 30, 2006

EN VENEZUELA NI SIQUIERA HAY UN DEBATE DECENTE. MARISOL PRADAS ME ENTREVISTA


Escritor José Carlos De Nóbrega
En Venezuela ni siquiera hay un debate decente. Marisol Pradas/Foto: Jorge Cera.


Todas las culturas que se precien de ello, reverencian el rol de la palabra como generadora y recreadora del mundo. En tanto simiente o cáscara; alabanza o blasfemia; conjunto salvífico o maldición impenitente... La palabra de Dios "Yo Soy El Que Soy", se le revela a Moisés transmutada en una zarza ardiente que engullía todo el desierto... Una de nuestras grandes fallas, no es más que contrariar el temor a Dios siendo negligentes con el don de la palabra; la historia ha reconvenido a la humanidad la ociosidad de la boca, pero aún persistimos en tan irresponsable actitud.
Lo anterior expuesto es parte del ensayo "Tanmatra, un laberinto revisado" (sobre el poemario de Reynaldo Pérez Só) que escribió nuestro entrevistado en el Nro. 127 (2000) de la Revista Poesía del departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Fue escogido como inicio del presente Confabulario a modo de presentación de este inquieto y joven escritor carabobeño. Su verbo es directo, sin engaños. Con erudiciones; inteligencia y olfato depurador.
José Carlos De Nóbrega, graduado de Licenciado en Educación en la UC en el año 2002, realizó su tesis sobre la revista Poesía. Actualmente cursa el postgrado de literatura latinoamericana en la UPEL, donde se encuentra investigando, en fase de proyecto, al poeta brasileño, Ledo Ivo. Ha publicado dos libros, ambos en el año 1996, Sucre una lectura posible y Textos de la Prisa. En imprenta tiene el libro Derivando a Valencia a la deriva, que le editará el Ministerio de la Cultura, compilación de ensayos de escritores y artistas valencianos. Mantiene inédito Salmos Compulsivos por la Ciudad. Está concluyendo una antología de poetas vinculados a la revista Poesía que también será publicado por el Ministerio de la Cultura y preparando para salir a la luz pública su libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos. Dirigió La Tuna de Oro, publicación de los estudiantes de Educación de la UC y mantiene en red el blog http://salmoscompulsivos.blogspot.com. Es profesor de la Unidad Educativa "Batalla de Santa Inés".
-¿Cómo sientes el trabajo intelectual en estos momentos en Venezuela?
-Por lo menos el Estado está haciendo un esfuerzo por publicar a los autores de diversas regiones porque por lo general todo se centralizaba en Caracas y estaba el problema de las pandillas y la gente allegada a ese entorno. Está haciendo un esfuerzo a través de Monte µvila Editores y la editorial El Perro y la Rana. De Carabobo han publicado libros de Pedro Téllez, Slavko Zupcic y María Narea. Se ha hecho más fácil publicar; ha habido más amplitud.
-¿Y a nivel de debate?
-A pesar de todo el debate ha sido mediatizado por la política partidista, lamentablemente. Entonces nos vamos a los extremos. A nivel politico aquí no hay una discusión profunda sobre lo que significa el discurso de poder en Venezuela. Nos quedamos en la epidermis y no se analizan todas sus implicaciones. ¿Hasta qué punto nos ha perjudicado? ¿Qué perspectivas hay? Es que ni siquiera hay un debate decente; todo se refiere a lo inmediato, y los intereses de cada grupo en particular.
-¿Se pueden conjugar esas dos formas de ver el poder?
-El poder mediatiza, el poder es una alcabala; todo lo que se salga afuera es un discurso marginal, o es un discurso apóstata. Entonces no solamente nos quedamos en lo banal sino que yo creo que hace falta más irreverencia. El artista es irreverente. El problema es el juego de las apariencias o protegerse ciertas posiciones de poder o ciertas posiciones de privilegio que haga que muchos artistas pasen el tema por debajo de la mesa. Hay un artista plástico italiano, Maurizio Cattelan, que decía que el poder había que reproducirlo hasta el infinito; recuperarlo, abordarlo para que se evidencien todos los hilos y todas las tramas del discurso del poder. Tiene dos trabajos muy interesantes La Hora Nona (donde un meteorito aplasta al Papa Juan Pablo II) y otro donde aparece Adolf Hitler orando.
-¿Miedo entre los artistas e intelectuales?
-Conformismo. Estar satisfecho con la posición escalada. Eso es lamentable. Por ejemplo en el caso de la crítica literaria hay pocas voces como las de Víctor Bravo, quizás uno de los mejores críticos literarios del país. Porque vamos a los extremos: O el crítico descarga todo su odio hacia una obra o, de repente, digamos, cae, en un discurso que alaba a los amigos o alaba a los entornos. Eso le ha hecho mucho daño a la literatura en Venezuela y a nivel de la crítica de las artes plástica. Que todo este condicionado por el entorno o el grupo de amigos. No es malo celebrar las obras de los amigos pero otra cosa es hacer rendirle pleitesía a un grupo de intereses que mezclan el arte con la política o el arte con el partidismo, que es lo malo.
-¿Cuál debe ser la actitud de un escritor?
-Como decía Caneti, el escritor tiene que ser vasallo de su tiempo histórico. No puede estar aislado. No puede sublimar el tiempo que le toca vivir. Si bien resume el espíritu de su tiempo luego también debe ser el crítico más implacable de su tiempo. Paralelamente se estable que no es una perdida de tiempo reeditar las metamorfosis registradas en el arte. Leer los clásicos no es absurdo. Los autores clásicos son nuestros contemporáneos y ellos también han hecho una crítica bastante profunda del poder. La óptica tiene que ser cínica y a la vez compasiva. Y uno tiene que estar envuelto de ese discurso del poder para poder visualizar los hilos. Porque el poder se presenta y utiliza muchos códigos que son aparentemente invisibles. La labor del escritor es hacerlos visibles. Hacerles ver a la gente que, sin embargo, el Rey continúa desnudo.
-¿Cómo es tu labor creativa? Trabajas mucho con la memoria y el cinismo...
-Este año 2006 me puse a escribir cuentos. La mayoría de los personajes son reales... son mis amigos y entonces allí empiezo a hacer una recreación particular del mundo. ¿Que está cargado de cinismo? Sí. Porque yo aspiro a ser un critico del discurso del poder. ¿Que es celebratorio? Sí. Uno también celebra incluso hasta los odios.
Muchos de los amigos que han leído los cuentos en el blog me dijeron que mis cuentos parecen un proyecto novelístico mas que cuentístico. Yo no le había prestado atención a ello pero parece que si, es un proyecto novelístico, con mis amigos de protagonistas. Yo no lo había pensado y es por ello que estructuré el libro El Dragón Lusitano y otros relatos...
Reconoció tener una infancia feliz a pesar del asesinato de su padre cuando tenía 7 años en Caracas. A esa edad perdió también a sus dos abuelos maternos de forma repentina. Su madre, una mujer luchadora, empujó la familia adelante. A pesar de su fuerza, y tener que tomar las riendas del hogar y convertirse en padre además de madre, su amor lo entregó en forma de disciplina y una elevada formación moral hacia sus tres hijos.
-¿Cómo has sobrevivido en una sociedad moralmente dual con esa formación materna?
-Siendo cínico. Disfrutándolo hasta donde sea posible. Slavko Zupcic me dijo que era una gracia vivir en un mundo así porque era un universo excelente para escribir acerca de él. Un mundo donde se premia la mediocridad y la mayoría se inclina ante el poder, y, de paso, esas cuotas de poder están administradas por una burocracia ya calificada como estúpida e indolente. Ese es el mejor pretexto para escribir y vacilarse el mundo.
-¿Qué podemos recomendar a nuestros lectores que lean?
-Que lean a Maquiavelo. Lo que pasa es que la gente lo ve como un terrible, pero Maquiavelo es un gran humanista. Fue de los primeros en el Renacimiento que develaron toda esa gran tramoya que es el poder, pero estando dentro de él. Criticar la posición de los hombres sin haber sido sometido a lo que ellos pasaron es fácil y por eso hay tanta ligereza en nuestro tiempo cuando hablan con él.
A José Carlos le gusta dar clase a los adolescentes. Sabe que la lectura es marginal, pertenece a unos pocos que se interesan por ella y los tiempos de los adultos en nada se comunican con el de los jóvenes. No existe recetario para ellos. Lo único posible es entregarles libertades que les permitan descubrir el placer de la lectura. Nada más simple y complejo a la vez.

Sunday, December 10, 2006

DOS AFORISMOS DE MIJAIL BAJTIN SOBRE LA PALABRA EN LA NOVELA


DOS AFORISMOS DE MIJAIL BAJTIN SOBRE LA PALABRA EN LA NOVELA (CON SU RESPECTIVO COMENTARIO).

1.- La novela es la diversidad social, organizada artísticamente, del lenguaje; y a veces, de lenguas y voces individuales. Abordar el discurso novelístico va más allá de la mera disección positivista, no se limita tampoco a una indagación de corte estructuralista que se centra tan sólo en la forma y el estilo. El lenguaje presenta diversas manifestaciones, múltiples registros de la lengua provenientes de lo heterogénea y caótica que es la sociedad en un determinado momento histórico. El novelista no ha de usurpar con una voz unívoca y didáctica el concierto de voces de la sociedad que le embarga, sin importar escuelas ni tendencias literarias e ideológicas que pretendan la uniformidad salvadora (a la manera del Realismo Socialista, por ejemplo). Se trata de exorcisar a la inversa la legión de voces que se refractan dentro del endemoniado: a éste hay que enseñarle a convivir y auscultar con sumo placer los gritos y susurros que le dignifican en la disonancia. En otras palabras, el escritor exhibe o muestra a los personajes actuando libremente en el entorno, esto es minimizando la mediación del autor, ocultando en la abigarrada figura de la alfombra sus intenciones adheridas a su propia visión del mundo. El imperativo en el arte novelístico es propiciar el diálogo y la confrontación entre posiciones vitales diversas: como nos lo dice José Luis Arria, “Ser dialógico significa otorgarle libertad al otro”. El salto al vacío constituye el vasallaje del novelista respecto al siglo que le ha tocado vivir y padecer. Esclavitud necesaria para sintetizar y fustigar el espíritu de su tiempo histórico, tal como lo manifiesta Elías Canetti en tanto profesión de fe. En La Virgen de los Sicarios del novelista colombiano Fernando Vallejo, el narrador de primera persona mezcla su lengua de gramático finisecular con la del vulgo de Medellín, específicamente el calé de los sicarios y gamines, en un beso de aguardiente y mortandad: “Como cuando un muchacho de allí dice: ‘Ese tombo está enamorado de mí’. Un ‘tombo’ es un policía, ¿pero ‘enamorado’? ¿Es que es marica? No, es que lo quiere matar” (páginas 55-56). La voz narrativa simula la de un cronista exiliado y desconsolado que no halla cabida en esa colmena ebria de cocaína y violencia. El discurso académico se despeña en un texto reaccionario que pareciera una enésima visita a las jarchas y moaxajas que vinculan impunemente lo culto y lo popular.
2.- El plurilingüismo introducido en la novela (sean cuales sean las formas de introducción), es el discurso ajeno en lengua ajena y sirve de expresión refractada de las intenciones del autor. Del juego de los espejos se desprende un sinnúmero de ecuaciones expresivas posibles que propenden a la dialogización. La bivocalidad del discurso novelístico supone la yuxtaposición de las voces y las intenciones tanto del héroe hablante como las que refracta el autor. Al igual que en la lengua, es inmanente su dinamismo y dialéctica de un cariz seductor. El plurilingüismo no puede atisbarse en la cresta de la ola, sino en las corrientes internas, los flujos y reflujos que la empujan contra la costa. No se trata de un debate simplista entre ambas instancias a los fines que venza y prevalezca una sobre la otra. Tal es el error de un relato realista que resbala entre lo arquetipal y lo pedagógico, por lo que se rompe un enriquecedor diálogo con el narratario y el lector. Si el lenguaje del autor amputa irresponsablemente el plurilingüismo, como lo hiciera el padre Sergio con su mano proclive a los senos generosos de la libidinosa y noble mujer, el discurso novelístico se limitaría a una larga e inútil cita al pie de página de la anécdota que nos pretende contar. Retomando la novela La Virgen de los Sicarios, tenemos un tono irónico e hiperbólico que recrea cruelmente una apocalíptica ciudad de Medellín, vestida de gala cuando los fuegos artificiales anuncian el tráfico exitoso de la merca a los Estados Unidos. No sorprende ni conmueve el desfile de la muerte patente en cientos de muñecos agujereados en sus calles y comunas, pero sí como rutina cotidiana y, peor aún, su bizarra motivación. La crítica social refracta –no hay parodia ni simulación- un discurso propio de la ultraderecha, sin misericordia ni medias tintas: “Españoles cerriles, indios ladinos, negros agoreros: júntelos en el crisol de la cópula a ver qué explosión no le producen con todo y la bendición del papa. Sale una gentuza tramposa, ventajosa, perezosa, envidiosa, mentirosa, asquerosa, traicionera y ladrona, asesina y pirómana” (p. 90). Retórica en el confortable código del escándalo, muy a pesar que el protagonista ame a dos de sus hijos y efebos con fervor y ternura: Alexis y Wilmar, sicarios que ejecutaron los papeles contrapuestos de Caín y Abel en el carnaval de sangre imperante en Medellín. El Holocausto, al igual que el diálogo novelístico, se hace interminable en la ausencia del conservadurismo exacerbado y lo políticamente correcto.
Valencia de San Desiderio, julio de 2006.

OTROS DOS AFORISMOS DE MIJAIL BAJTIN SOBRE EL CRONOTOPO


OTROS DOS AFORISMOS DE MIJAIL BAJTIN SOBRE EL CRONOTOPO
(CON SU RESPECTIVO COMENTARIO).

1.- Vamos a llamar cronotopo (lo que en traducción literal significa “tiempo-espacio”) a la conexión esencial de relaciones temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura. La categoría cronotopo es una herramienta valiosa y, si se quiere, indispensable en la comprensión y el análisis del discurso novelístico. No constituye un compartimiento que estanca y estigmatiza a la novela, dejándola a merced de críticos académicos atrapados en el laberinto de paradigmas tibios e inútiles. Tampoco justifica el absurdo y disparatado entramado de equívocas taxonomías que simplifican el caótico y maravilloso universo que edifica el texto novelístico. Por el contrario, el cronotopo representa el principal indicio que nos conduce a la tipología de todo texto narrativo. Como bien lo dice Tzvetan Todorov, los géneros provienen de la transformación y la superación de géneros anteriores por vía de la transgresión; además, “Como cualquier institución, los géneros evidencian los rasgos constitutivos de la sociedad a la que pertenecen” (El Origen de los Géneros). Las novelas de Louis-Ferdinand Céline apuntan a una visión desamparada y fragmentada de la vida, enclavada en la caída y el desarraigo del hombre occidental del período de entreguerras del siglo XX. En el caso de La Virgen de los Sicarios de Fernando Vallejo, tenemos un remedo –desafortunado o no- de la novela griega antigua de aventuras: si bien la trama tiene un tiempo y espacio específicos, la ciudad de Medellín en la década narcótica del 90, la relación amorosa del protagonista con los sicarios Alexis y Wilmar no se enriquece ni cambia significativamente en el giro de las acciones violentas que embuchan al lector durante ciento veinte páginas. Pareciera más bien una postal macabra, fatalista y desesperanzadora de Colombia, producto de una visión del exilio cargada de una intención reaccionaria, conservadora y exhibicionista por parte del autor que, además, mediatiza la voz narrativa con descaro e impunidad. El cronotopo es una categoría dinámica que problematiza el tiempo y el espacio histórico real, obsequiando –por fortuna- una imagen descarnada del hombre en el discurso multidimensional de la novela. Por supuesto, inmerso en la dialogización como abstruso tapiz persa en el cual sacudimos las esquirlas de nuestros pies de barro. Es la relación dialéctica entre la ficción y la realidad.
2.- El novelista tiene necesidad de alguna máscara esencial formal, de género, que defina tanto su posición para observar la vida, como su posición para hacer pública esa vida. Se refiere, sin duda, al cronotopo de la plaza pública, de la carpa que alberga el mundo circense y de la puesta en escena teatral. La mascarada de pícaros, bufones y tontos echa a andar un discurso contra el poder y sus convencionalismos que restringen las libertades. Estos personajes poseen un origen y un espíritu de corte popular: La vocinglería desatada por este trío mueve a la risa de las galerías, pues supone una ruptura desmitificadora de la cotidianidad circunscrita al imperativo de la ideología, bien sea la que proviene de los púlpitos o de las cortes absolutistas (monárquicas o republicanas, como lo escribe Ambrose Bierce en el Diccionario del Diablo). Mijail Bajtin confirma su aforismo revelador: Tienen la particularidad, y el derecho, de ser ajenos a este mundo; no se solidarizan con ninguna de las situaciones de la vida de este mundo, no les conviene ninguna, porque ven el reverso de cada situación y su falsedad. En las artes plásticas, Javier Téllez realiza instalaciones en las que el manicomio, templo de la sin razón, denuncia la asepsia del museo como sepulcro blanqueado del arte y –mejor aún- depósito de mercancías culturales que envilece la relación con el espectador. En el Diario del Enano (1995) de Eduardo Liendo, el discurso novelístico nos propone la yuxtaposición de diversos planos del tiempo y el espacio (de la España retratada por Goya al Miranda cautivo en La Guaira como antesala de La Carraca) para enhebrar un alegato contra el poder, ello en la voz cantante y grotesca del enano cronista: “Es el precio de todo verdadero poder: ser el enterrador de sí mismo”. Por otra parte, el relato (¿noveleta?) El Cerco de Bogotá (2003) del colombiano Santiago Gamboa evidencia la ridiculización del discurso mezquino del poder que impregna la situación límite, colindante con la comedia carnavalesca, en la cual los personajes se encuentran fuera de lugar en medio de la balacera y el estallido de los obuses en una Bogotá escindida por la guerrilla, los paracos y el ejército. La discoteca subterránea, apodada La Catedral de la Carne, constituye uno de los tablados en los que se desarrolla un Auto Sacramental que cuestiona mordazmente los mecanismos del poder en todas sus instancias y desencuentros: “La gente parece tener la obligación, un poco agresiva, de divertirse. Algunas de las mujeres podrían ser prostitutas”. Notas garrapateadas en el absurdo que paradójicamente gorjean una conmovedora humanidad.

Wednesday, November 29, 2006

LA RISA Y LA CARNAVALIZACIÓN COMO NÉMESIS DISCURSIVA DEL PODER EN EL DIARIO DEL ENANO DE EDUARDO LIENDO



LA RISA Y LA CARNAVALIZACIÓN COMO NÉMESIS DISCURSIVA DEL PODER EN LA NOVELA DIARIO DEL ENANO DE EDUARDO LIENDO. José Carlos De Nóbrega.

Tenía que correr todas las rutas, superar todos los precipicios, en fin lograr vencer todos los obstáculos para poder llegar al centro de la Tierra. Una vez allí poder apreciar los talleres donde se teje desde los átomos que componen las nebulosas hasta la materia más sutil de que se componen nuestras vistas. A. S. M., paciente del Psiquiátrico de Bárbula, en Luz, Cenizas y Espuma, relato publicado en la revista “Nanacinder” nº 24, órgano de la Colonia Psiquiátrica de Bárbula.

El epígrafe anterior se refiere a un relato de un paciente psiquiátrico que se atrevió a recrear el discurso de su enfermedad. Sólo que, obviando la catarsis terapeútica del autor, su publicación significó el cierre definitivo de la revista que abrigó sus líneas, pues las autoridades sanitarias juzgaron inconveniente que un loco describiera libremente su patología sin la mediación del médico y el celador. El discurso del pícaro, el bufón, el tonto y –por extensión- el loco, como bien lo advirtiera Mijail Bajtin, supone una cortante y drástica ruptura con el discurso y los mecanismos del poder. La cualidad del habla de la sin razón descansa en sus giros a contracorriente que reconvienen con sorna la verticalidad y la chatura con que el poder sojuzga y manipula a la sociedad. Sugerimos, a tal respecto, el dossier sobre la revista “Nanacinder” que compuso y divulgó el ensayista Pedro Téllez en La Tuna de Oro, número 39, Valencia, Enero-Marzo de 2002, páginas 9-15. Por otra parte, el artista plástico Javier Téllez nos invita a un alocado ágape en la instalación La Extracción de la Piedra de la Locura (1996-97): El carnaval involucra al artista, a los espectadores y a los pacientes (fijados éstos en la textura sepia de viejas fotografías), turba que pasea el ánimo festivo por las instalaciones de un Pabellón del Psiquiátrico de Bárbula simulado en la blancura del museo. La propuesta plástica no sólo constituye una lectura atenta a Michel Foucault, Antonin Artaud y la antipsiquiatría, sino también a la teoría de Mijail Bajtin sobre la risa y la carnavalización. En un ensayo sobre la obra de Javier Téllez decíamos: “Por tal razón, para acceder al museo de arte psicopatológico, el espectador es doblegado, casi llega a postrarse, debe bajar la cabeza. Además, el público es conmovido por el dramatismo de objetos como una cuna en la cual yace un rollo retorcido de alambre de púas, ello en la atmósfera dominguera y carnavalesca de la decoración o puesta en escena: las piñatas –abiertas las entrañas-, el papelillo y los restos del festejo esparcidos en la sala. Mientras comemos torta y algodón de azúcar, pasado el tarugo con cerveza y refresco, y hacemos un inventario de lo que nos escupió la piñata, sobre algunas de las camas los monitores repiten ad infinitum las muecas de nuestros anfitriones, los pacientes, escurriendo el “Ave María” en una versión cuasi gutural”. En la Colonia Psiquiátrica de Bárbula, remedando las Saturnales romanas, los pacientes y los médicos intercambiaban sus respectivos roles bajo la mascarada del Carnaval en tanto jolgorio de liberación que trastoca la rigidez del orden y los convencionalismos.
Partiendo de un análisis, para entonces inédita tal perspectiva, de la novela Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, Bajtin desarrolla su tesis sobre la importancia de la risa y la carnavalización en la configuración de la novelística moderna. Paralelo a la liturgia y a las festividades religiosas en tanto manifestación del orden católico y feudal, se fue filtrando el Carnaval como su contraparte, drenaje y evasión de la verticalidad monolítica impuesta por el clero y la nobleza al pueblo integrado por el campesinado, los artesanos y los siervos. Es el cronotopo de la plaza pública, en la que el pícaro, el bufón y el tonto vociferan y escenifican su incomprensión y disconformidad respecto a la camisa de fuerza con la que las clases dominantes cosifican y aprietan a la sociedad, imposibilitando la disidencia y la libertad de acción. Es el pullover o suéter que entorpece los brazos y la cabeza del usuario, provocando su caída de diez pisos tal como lo escribe Cortázar con la boca llena de pelusa ensalivada. Por tal razón, Bajtin alega una de las salidas que excede la mera catarsis: “El mundo infinito de las formas y manifestaciones de la risa se oponía a la cultura oficial, al tono serio, religioso y feudal de la época. Dentro de su diversidad, estas formas y manifestaciones -las fiestas públicas carnavalescas, los ritos y cultos cómicos, los bufones y "bobos", gigantes, enanos y monstruos, payasos de diversos estilos y categorías, la literatura paródica, vasta y multiforme, etc.-, poseen una unidad de estilo y constituyen partes y zonas únicas e indivisibles de la cultura cómica popular, principalmente de la cultura carnavalesca” (La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais). La nave de los locos inicia su marcha indetenible en el océano de la estulticia popular y dionisíaca que aún escandaliza a los aparatos ideológicos del estado, atentos y afanosos en un espíritu castrador. La voz que clama en el desierto se une al bullicio de la gente que danza ebria y concupiscente, sin reparar en las ratas ni en la peste, mucho menos en voces agoreras y apocalípticas que anuncian el fin del milenio, aparejados los tribunales y la guillotina.
Nos ocupa la consideración y lectura atentas de la novela Diario del Enano (1995) del escritor venezolano Eduardo Liendo, puesto que apela a la risa y a la carnavalización como némesis discursiva del poder, materializado en la personalidad multifacética de José Niebla. El Circo queda fijado en el subconsciente y en la vigilia entenebrecida de los personajes: “Huyó, huyó, huyó lejos; aunque seguramente se llevó grabada la visión del circo, la metáfora del mundo-espectáculo: ilusión y recuerdo de un sueño medio festivo y medio trágico, como aquel cadáver de acróbata destrozado en el piso. Como el olor a la mierda del hipopótamo, que se perpetuaría en su nariz muy a pesar del auxilio de los más exquisitos perfumes del mundo”. Lo cual entronca con la expresión, cuasi onomatopéyica, del despecho mirandino -¡le merde!-, amén del bochinche que sacraliza al héroe pero denuncia los guisos putrefactos de la administración pública de la colonia y las repúblicas. Además, hallamos el plurilingüismo como vehículo que estructura y da atmósfera irónica al texto narrativo como tal. Su transparente prosa no es desdicha por el motivo de la mascarada: Se yuxtaponen salvajes y contradictorias voces que lindan con la Otredad y –en especial- con la Alteridad. El personaje principal asume diversas personalidades que se desparraman en un notable intervalo temporal y espacial: Desde la sucia y maloliente carpa de un circo; pasando por la España deconstruida en los Caprichos de Goya; el fracaso eréctil de Casanova en un burdel veneciano; el rostro severo, desilusionado y rabioso de Miranda en la Guaira atado a un catre de paja; las carambolas a tres bandas en un París que albergó a Van Gogh y a Gauguin; para embocar en un retablo absolutista y totalitario llamado Tacalma que saltó de la pieza teatral de Demetrio Dumas a la realidad ficcional. A esta perspectiva múltiple, por vía de la reencarnación y la alteridad, se le suma la fragmentaria escritura del diario del enano Matatías que empalma con la crónica cortesana y el comentario al pie de página. Prevalece entonces lo intertextual y lo transgenérico de manera natural, pues es coherente en la discontinuidad y el caos vivificante del discurso literario.
En el capítulo XVI de la novela, se esconde la mano asesina de los conjurados contra el dictador tenebroso en la comparsa del Carnaval: “Los sucesos, que desbordan toda imaginación, han ocurrido durante la celebración del Carnaval, única festividad que conservan los tacalmenses además del aniversario de la toma de la Alcaldía (...) Muchos sucumbieron bajo el puñal de faquires, adivinadores, payasos, sansones, brujas, ulises, minervas, hércules, cármenesmirandas y hasta un solitario y temible cíclope, lo que hace pensar que el propio Círculo Azul se encontraba infiltrado por agentes de alguna potencia extraña”. El subrayado es nuestro en la página 857 del Diario del Enano Matatías. Es innegable la parodia de la prensa a favor del régimen totalitario, enmascarado o no. Si bien José Niebla sobrevive al atentado, la escena parece sacada de las páginas amarillas y sepias de la fotonovela de José G. Cruz: Santo, el enmascarado de plata, en una alusión a punta de viñetas del atentado y martirio exitoso de Rigoberto López contra Tacho Somoza en un danzón tragicómico. El Carnaval va más allá de la estratagema escritural: escarnece los dogmas, los rituales alienantes, las pirámides jerárquicas y las colchas normativas pesadas y húmedas que deben soportar sobre sí los oprimidos. Procura de manera laboriosa, visceral e insomne el derrocamiento y la ridiculización de un orden bizarro. Unas cuantas páginas atrás, Liendo revierte el diálogo entre un Cristo que revisita este mundo y el Inquisidor sevillano, ambos provenientes de la febril imaginación de Ivan Karamazov:
“(...) En fin, estoy ansioso por escuchar tus sabias enseñanzas, ¿cuál fue tu secreto?
“-Ya que insistes te lo diré: ¡la máscara! querido diablo, la máscara. ¿Quién podría sospechar tanta ambición de poder en el más gris e insignificante de todos los actores?
“(...) -¿Qué pretendes decir, José Niebla?
“-No hubo ninguna estratagema en tu conspiración contra alguien tan todopoderoso. Por lo menos debiste intentar dar el golpe celestial un domingo, su cantado día de descanso, quizás lo hubieras sorprendido en pantuflas”.
José Niebla atisba a un macho cabrío que se disfraza de un viejo turista cualquiera, ataviado de jeans y una franela alusiva a la obra plástica del Bosco. Es la vulgarización del arte como mera mercancía dotada y contaminada de valor de intercambio, fuere nominal, de mercado o estigmatizado por la especulación. La dialogicidad del discurso novelístico es patente en las múltiples fuentes en las cuales la quimera o el esperpento abrevan: la vinculación y el contraste de lo culto y lo popular. En este caso, el comic latinoamericano junto a la literatura de ultraderecha y fascista contentiva en Los Protocolos de los Sabios de Sión (plagio del Diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu en el Infierno del pensador francés Maurice Jolly) o en las tesis consolatorias de Norberto Ceresole. El lirismo del texto gana mucho al ceder terreno al cinismo, la blasfemia y la prevaricación. Julián Camacho, uno de los tantos nombres del protagonista, descubre que el estoicismo no era dique posible de su sensualidad, por el contrario, la masturbación frenética ante el retrato de la Virgen de la Piedad bastaba y sobraba para sublimar los instintos rayanos en el libertinaje y el sadismo: “(...) Julián inició una praxis onanista incontenible, sacrilegio éste que impregnaba todo el monasterio de un penetrante, intenso y provocador olor a semen sacando de su compostura onírica a más de un fraile y a no pocos novicios”. Sin embargo, el personaje se rinde a la ilusión estética del arte estampando en los lienzos un aguacero de sapos, cielos coagulados en rojo y vulvas simuladas en la concavidad de flores ardientes. Sólo que el fracaso del pintor y el espectador ante el genio de Goya y el Bosco prefiguraría la inclinación al tenor megalómano y envilecedor de José Niebla, el Gran Carroña, el Único y Preclaro reflejo del espejo inventado por Leobardo de Bachaquero amén de la adulante babaza despedida por los felicitadores. La puerilidad del mal, Arendt dixit, es sostenida por la letanía en que se convierte el lenguaje de una Tacalma hecha trizas por la abulia bovina de la sumisión:
“(...) Con el tiempo no quedó ni un resquicio, ni una sola concha de mar, ni una seña de caminos que no tuviese grabado el mensaje del poder: Niebla-mágica, Niebla-milagrosa, Niebla-fulgurante, Niebla-diamantina, Niebla-faro, Niebla-gloriosa, Niebla-timón, Niebla-majestuosa, Niebla-destino, Niebla-faro, Niebla-océano, Niebla-fuego, Niebla-estrella, Niebla-heroica, Niebla-sol, Niebla-padre, Padre-José Niebla”. Las palabras le hablan al narratario en una lengua represiva y simplista, refiriendo armatostes y objetos diseñados para el culto a la personalidad del dictador que pretende acallar al gallo y al canto bullicioso de los amanecidos en bohemia, alcohol y orgía: el Gran Partido de la Revolución Nieblinista (P.R.N.), el telenieblisor, la Guardia Nieblinosa, el Balcón del Poder, el mototetus, el heliotíptero o heliotóptero. Tales categorías del léxico del poder se derivan de la parodia de textos como 1984 o Rebelión en la Granja de George Orwel, o La Naranja Mecánica de Anthony Burguess, en un acto de solidaridad con la postura crítica y si se quiere nihilista de ambos autores.
El discurso polifónico, carnavalesco y grotesco de la novela cuestiona el Poder por medio de rupturas en el plano temporal-espacial. La aparente simetría estructural de tres partes (Tiempos de Oruga, El Único y Si yo tuviera el Corazón) y veinte capítulos, se halla desmentida y desmontada por la multiplicidad de los puntos de vista narrativos y la disonancia de las voces que trascienden el tiempo y el espacio. A lo que debemos agregar su precariedad e inseguridad: “No hay pistas seguras que indiquen con claridad sus múltiples mutaciones y enmascaramientos”. No está reñida la propuesta con una visión anárquica del mundo: “Mientras el imperio exista, consumirá al pueblo. Una constitución saludable para el pueblo no es posible más que con una sola condición: la destrucción del imperio” (Bakunin en Estatismo y Anarquía). La constitución de una nueva república implica la reivindicación del carnaval y la festividad popular que invadan y destruyan la estática iconografía restrictiva de la corte. El cronotopo de la plaza pública, como antítesis del poder omnímodo, amalgamado con la parodia de los géneros instituidos por la literatura oficial y el prevaricador tenor del léxico soez integrado por insultos, blasfemias y punzantes esquirlas del pensamiento popular, corroerán las bases mismas de un modo de producción social, económico y cultural que tiene adosado la simiente de su extinción. La oruga, en su metamorfosis, troca en una crisálida del horror: “La rebelión había sido una fugaz emoción, en el periplo de su incesante metamorfosis hacia la niebla”. No podemos apartar de nuestra película eidética las escenas del film Vicios privados, Virtudes públicas del húngaro Miklós Jancsó: la algarabia anarquista del festejo desatado por los herederos de la corona, orinando y escupiendo los pétreos rostros de sus padres, fornicando sobre el escudo de armas familiar para emborracharse y quebrantar los fetiches del poder con sudor, semen y efluvios vaginales. La respuesta, pues, no se hizo esperar: borrar de la faz de la tierra a tal generación maldita de vástagos, los cuerpos desnudos cubiertos de balas y cuchilladas; los corceles en una maniática carrera al camposanto, arrastrando consigo los ataúdes labrados por la ignominia de sus padres.


Valencia de San Desiderio, 4 de agosto de 2006.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bajtin, Mijail (1989). Teoría y Estética de la Novela. Madrid: Taurus.
Bajtin, Mijail (1974). La Cultura Popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Barcelona, España: Barral Editores.
Bakunin, Mijail (1984). Estatismo y Anarquía. Barcelona, España: Orbis.
De Nóbrega, José Carlos (2005). Derivando a Valencia a la Deriva. Trabajo en proceso de publicación, Ministerio de la Cultura, Caracas.
Liendo, Eduardo (1995). Diario del Enano. Caracas: Monte Ávila.
Téllez, Javier (1997). La Extracción de la Piedra de la Locura (catálogo de la exposición). Caracas: Museo de Bellas Artes.
Téllez, Pedro (2002). Nanacinder (1954-1962). En La Tuna de Oro, nº 39, Valencia, enero-marzo 2002, páginas 9-15.

Monday, November 20, 2006

EL NUEVO PRINCIPADO DE LAS AMÉRICAS ESTÁ EN VALENCIA, LA DE SAN DESIDERIO


EL NUEVO PRINCIPADO DE LAS AMÉRICAS ESTÁ EN VALENCIA, LA DE SAN DESIDERIO

A Rafael Humberto Ramos Giugni, hijo.

Quienes escandalizan con el espanto de comunismos y socialismos, debieran apartar cita con el oftalmólogo. Miguel Ángel Campos en entrevista concedida a El Nacional, lunes 9-10-2006.

Hará cerca de veinte años que habíamos considerado la posibilidad de hallar el nuevo Principado de las Américas en Valencia de San Desiderio. Por supuesto, en la víspera de lo finisecular, ello se justificaba en la insurgencia del Príncipe que predicaría la ruptura de los paradigmas y valores impuestos a partir de la Guerra Fría: el liberalismo capitalista y el socialismo. No fue la Tercera Vía de Tony Blair (tal como muchos incautos pensarían recientemente), laborista de testosterona mucho más consevadora que la de Margaret Thatcher (en un video polémico, el ex – Wham George Michael demostró la afinidad electiva y obscenamente libidinosa entre el Premier británico y un estrábico mental George W. Bush). Casi se me enreda la cinta que registra el concierto de Rush, A Show of Hands, en medio de la canción Subdivisions: El trío canadiense atacando con su concepción progresiva del rock; la antitética batería precisa y salvaje de Neil Peart, el subyugante punteo del bajo de Geddy Lee y las descargas eléctricas y contingentes de Alex Lifeson en la guitarra. Por fortuna, el daño apenas es percibido por el oído humano. A falta de una presentación de la banda en el país, el Príncipe y yo nos encargábamos de la logística y el montaje del concierto en el campito de Guaparo: minicomponente Sharp, marihuana, rolling papers y botella de escocés tumbada a su padre y poeta de las Estancias, bajo la mirada calmada de Rambo, un doberman algo pasado de peso en tanto metáfora jadeante de la Venezuela Saudita. El príncipe, en el arrebato del red point, desarrollaba una muy vivaz y furiosa homilía sobre una de las canciones de Rush (Time Stand Steel), entrecortando y modulando la voz en la aspiración de la verde vulva de Mary Jane: Un mundo futuro gobernado por las computadoras que se ata el escándalo a una piedra de molino, cuando uno de sus desnudos esclavos se topa con una guitarra eléctrica, naif hallazgo arqueológico de una era pretérita. ¡Mira, maquinita marica, oye como suena!, admonición y grito libertario que atentan contra el sistema operativo de los amos electrónicos. La simulación de tocar la guitarra arqueando el cuerpo en espasmos repentinos, formaba parte de la liturgia y no de los accesos juveniles en pos de un no sé qué. Abominaba del Prozac en la vindicación de dos productos latinoamericanos de exportación: la marihuana y la cocaína. Al igual que los narcocorridos norteños, apostaba por una narcótica cruzada de resonancias veterotestamentarias que entumeciera a la juventud norteamericana para así roer los cimientos del Imperio. Así se adelantaba al caos que significó la implementación del tratado libre de comercio entre México y Estados Unidos en tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

Umberto X/Y/Z., para entonces estudiante de derecho y surfista por vocación y sublimación poéticas, empezó su ministerio por los predios de la Plaza Montes de Oca, buscando hacer prosélitos en el norte de la ciudad. Incluso la estatua broncínea del cura fusilado por los nazis llegó a sostener un tabaco de marihuana o bazuco, como si fuese el sagrado candelabro que iluminara sus innumerables sermones, plenos de metáforas herméticas. Al llamado se habían sumado sus más importantes discípulos: Elio Dillon, Canito, Canuto, el policía Alberto (lector atolondrado y desprevenido de Dostoyevski, pues apenas había memorizado su resumen biográfico) y el gordo Dagoberto. Yo, tan sólo me limitaba al rol sociológico de la observación (eso pensaba, con mis pulmones full ganya ). Tiempo después, extendió su palabra a un Mañonguito partido en dos por un río podrido. Pensábamos entonces que se quebrantaba la confrontación de clases; la salvación individual trocaba en incluyente salvavidas que amalgamaba antípodas en colectiva función reivindicativa. Por ejemplo, siguiendo la escuela de los cínicos, ebrio y alebrestado por Mary, la de los ojos verdes, demostró a los clientes de la Cachapera Santo Niño de Atocha que más valía disfrutar el ahora cagándose en el materialismo: el de la boca, el del güiro, el del ardor genital y el del culo. Las cachapas volaban perforando los techos de zinc a la manera de una lluvia apocalíptica, la vida era una danza epiléptica y concupiscente sin diques mezquinos que la contuvieran. Ocurrencia del portento gastronómico y meteorológico, mientras este investigador dormía aturdido por el perico y el ron a las puertas de un rancho infernal, con el miedo a ser acuchillado por su dueño y arrojado al río oscuro y miserable en donde cagaba y meaba el barrio entero. Para mi seguridad, el Príncipe había apostado al Caimán fumando bazuco un poco más allá, con una treinta y ocho guindando del cinturón. Otra de las hazañas del Señor X/Y/Z, así le mentaban sus acólitos, era la de derribar paredes a patadas para zanjar disputas y controversias entre las diversas escuelas filosóficas que engendró y esparció por la mustia ciudad. Las artes marciales secretas las aprendió junto a Carlos Zerpa en la Pagoda Gnóstica-Lírica-Épica del Maestro Edgardo, ubicada a prudencial distancia de los territorios tomados por las FARC y los paracos en Colombia.

El manejo, dispensen, la guiatura del Príncipe respecto a sus discípulos se basaba en una acertada asignación de las responsabilidades a cada quien. Por ejemplo, Canito y Canuto se encargaban de los suministros de boca y nariz, alimenticios, etílicos y enervantes. Ello a través de todas las vías posibles: la mendicidad trapense, el robo o la sodomía. Recuerdo que ambos se habían jactado en mis narices de haber comerciado su carne a la lascivia del indostano dios Valooch, transfigurado en un vampiresco barman del Bar Constitución, de cuyo baño se decía que era el proveedor más seguro de enfermedades venéreas en el sur de la ciudad. Pocos minutos después, encontré al Príncipe junto a tres de sus coetáneos del Guaparo Country Club bailando al son de Wilfrido Vargas: Ay, ay, ay Wilfrido... Dame un tabaquito que me voy a morir. Agradecían con un merenguero salmo sacrosanto el sacrificio de ambos hermanos en aras de la configuración del esquizoide nirvana. La fidelidad de Canito perdería el piso, cuando nuestro egregio líder lo entregó a su padre y a la policía por treinta mil bolívares, simulando mediar en el ficticio secuestro del chico que casi excedía un año. Callé la traición en la borrachera y las descocadas alucinaciones de la amapola haciendo añicos conciencias y culpabilidades que se entrecortan entre sorbo y sorbo.
Tomando una avergonzada distancia, me he enterado que el Príncipe de las Américas rehusó de plano la amarga jícara del sacrificio. Al pie del versículo consagratorio de su posible santidad heroica, huyó empapado de gasolina cuando el Caimán, su panadería del alma, con una tea encendida –un yesquero Zippo para más señas- pretendía hacerse la justicia del macho cornudo. La negra Teresa se dejó montar por la labia escatológica y surfista de Umberto, con la promesa de una Nueva Jerusalem asentada en las playas de Malibú. El ministerio se habría vuelto pedazos en un común y corriente lío de faldas, quedando la decepción plantada en los corazones anarquistas, perdido el tranvía que se abriría paso en el ya trunco curso de la historia venezolana. Seguimos siendo víctimas de sus ciclos caprichosos y de la conformidad ante los eternos retornos.

LA CIUDAD NOVELADA O DE LA SUAVE LLUVIA DEL PIANO


LA CIUDAD NOVELADA O DE LA SUAVE LLUVIA DEL PIANO.
José Carlos De Nóbrega.

Hay una hora en que la ciudad comienza a cerrarse
y todos echan llave a las puertas
y el comercio baja las cortinas
y la ciudad se tuerce al ruido
de infinitos candados

Sergio Quitral.


“La Ciudad Novelada”, del poeta guanareño José Joaquín Burgos, es un tórrido territorio cruzado de punta a punta por garúas y lluvias que tercas persisten en un desvelo transparente. No es impenitente holgura, de nuestra parte, destacar lo bien enhebrada que es su poética prosa, ajena a la mezquindad de vacuos y risibles experimentos lingüísticos. Se pasea placentera y lúdica en la recreación intertextual de los clásicos –festiva, irónica, pero asertiva y respetuosa-. “Historias”, a tal respecto, constituye un magnífico introito anarquista y tabernario que desacomoda el comprimido soporte virtual: “¿No puede el doctor Luzardo irse por internet, o aparecérsele a Edmundo Dantés en su computadora, o llamarlo por teléfono, identificársele y ponerse ambos de acuerdo para verse donde Margarita, o para metérsele, como quien no quiere la cosa, a don Miguel de Unamuno en un capítulo de Niebla, o para tertuliar un rato con los tres mosqueteros y con Dartañán... ?” Más adelante la lectura insomne de los clásicos agarra por la calle del medio, tomando por asalto la ciudad asombrada en el enmascarado discurso novelístico: “Que le diga que es posible, porque esos personajes, llámense como se llamen, y sean quienes sean, de cualquier lengua, de cualquier lugar y de cualquier tiempo, están en todas partes... aquí mismo, con nosotros, en la calle, en las casas, en los sueños, en las pesadillas, metidos entre la gente ... ¿qué de raro tiene que un día se reconozcan, se saluden, se inteligencien y se pongan de acuerdo... o se odien y se jodan? Al fin y al cabo ellos son los únicos que siguen viviendo y gozando con nuestras pequeñeces y con nosotros mismos, que de generación en generación los vamos haciendo eternos”. O en trazos gruesos e impresionistas, por las fantasmagorías que convoca, compone el paradisíaco enclave de la nostalgia amparada en la saudade, sin aristas de almibarada afectación; y qué de la inmemorial fusión maravillada de la oralidad suburbial y el juego de espejos que es la auténtica literatura, hacer y ars poéticos que jamás han pontificado abisales brechas clasistas entre lo culto y lo popular. El estilo narrativo de Burgos es, amén de la poesía que sin duda permea, polifónico, crudo, franco y conmovedor. Incluso transgenérico: En muchos de los cuentos se amalgaman los géneros en un discurso plácido, pleno de las idas y vueltas del contingente tiovivo (en “Moby Dick”, la reseña ensayística a una conferencia del poeta Rómulo Aranguibel sobre Melville, en tono de crónica, es el pretexto narrativo para pintar al Capitán Acab a la luz de un campamento circense improvisado en la plaza pública –por lo que la alusión a Mijail Bajtin no nos parece accidental-). El denso y popular torrente de la oralidad latinoamericana (valenciana, guanareña o bonaerense, da igual) se desborda a lo largo de este apretado y afortunado volumen. "Volver" es un cuento con la ardentía de la Buenos Aires hablada y saboreada en el mate, el tango y la milonga. La lengua ennoblece y rescata del mediático olvido a un indigente Gardel, deshilachado y descoyuntado el mito en una andanza errante y sin fin. En la Valencia del Rey, preferiblemente de San Desiderio como lo novelaba y ensayaba Slavko Zupcic, todavía se cree que el Morocho del Abasto merodea los bares de la ciudad en un nuevo exilio que desmiente su muerte trágica en Medellín, recostando su manoseada humanidad en la rocola clásica, la de los acetatos de 45 rpm. No en balde, Jorge Luis Borges –satisfecho por ser testigo de unos toros coleados que vislumbró en su ceguera homérica- y un grupo de poetas venezolanos (Rafael Simón, Héctor Gustavo y José Joaquín) conversan, liban aguardiente y churrasquean en la acechanza cuchillera de Don Segundo Sombra sin importar la milagrosa irrupción de la garúa que devendrá en aguacero postdiluviano.
Después de la sobremesa, mientras la ciudad escampa y se escurre, José Joaquín retará a Don Segundo a una partida cantarina en las máquinas tragaperras del establecimiento que simula una posada asturiana. Nuestras apuestas se centran, por supuesto, en el de Guanare y el solar valenciano.
Caracas, Parque del Este, sábado 18 de noviembre de 2006.

Saturday, November 04, 2006

TRES NOVELAS DE SLAVKO ZUPCIC: UN SANDWICH DE POESÍA Y PERVERSIÓN



En la mal llamada Valencia del Rey, específicamente en el stand que la Universidad de los Andes arrendó con motivo de la 7ª edición de la Filuc, he topado con las tres novelas escritas a la fecha por nuestro hermano y mentor del Concilio Apostólico de San Desiderio, el escritor venezolano Slavko Zupcic. Bajo el sello editorial de El otro el Mismo, este volumen recoge los títulos novelísticos Barbie, Círculo Croata y Pésame Mucho. El conjunto sugiere un dionisíaco sandwich poético, prevaricador y perverso: La amputada Barbie haciendo de las suyas, montándole los cachos a Ken y a un atribulado Alfonso M cuya lengua -expuesta en demasía al látex color carne de la muñeca- se entrega a la suicida coprolalia de morderse a sí misma, una y otra vez. Valga la empatía crítica de Pedro Téllez mascullando las categorías descriptivas de la noveleta: "Violencia, violación, exhibicionismo, voyeurismo, gula, necrofilia, piromanía, coprofagia, fetichismo, masturbación, homosexualidad, sadismo". En medio, sin duda el lomito del sandwich, va el Peregrinar de la simulación estafadora de Slatika Didic y su contrario -o, mejor aún, celópata reflejo- Salvador Prasel, trasladando los huesos de San Desiderio a Valencia, de allí su nuevo mote -Valencia de San Desiderio- que la ennoblece y magnifica por obra y gracia del poder de la ficción. Círculo Croata es quizás la derivación definitiva e intertextual de sus mejores cuentos -la trilogía referida a Vinko Spolovtiva y, por supuesto, el de Mary Monazin tostada y acariciada lascivamente por el Dragi Sol de la memoria que se asoma filtrado por asombrosos vitrales en los que priva el cristal cerulei. ¿O acaso funciona a la inversa: la novela como comadrona a futuro de los cuentos celebrados por lectores, amigos y detractores? (Como se sabe, hablar mal de la obra de un verdadero escritor no es más que un ejercicio apologético y propagandístico de fines inconfesables). La trama novelística se construye caótica y pluralmente: Bien sea a través del juego y la confrontación de Zlatika Corazón de Jesús y Leticia, disponiendo fotos sepias en el piano y el suelo; o por vía de las cartas jamás traducidas del serbo-croata por un fantasmagórico Salvador Prasel. Finalmente, el pan agridulce que es Pésame Mucho, reescritura enésima de Psicópatas, abusones y villanos de La Ninfa Dorada, inventario de memorables y secundarios personajes de la Valencia del Rey que le han dado -en la meritita estrechez de corazón, Prisioneros dixit- su abominable mas querida fisonomía. La validez del volumen no sólo es literaria, sino también religiosa y litúrgica: constituye la literatura sacra sandesideriana que bendecirá y abogará por la ciudad a la hora del juicio final.

Valencia de San Desiderio, 4 de noviembre de 2006.

Thursday, November 02, 2006

LABERINTO DE PAPEL, ENCLAVE DE LA FESTIVIDAD


LABERINTO DE PAPEL, ENCLAVE DE LA FESTIVIDAD.
José Carlos De Nóbrega.

La estabilidad, la alegría y la libertad se logran mucho más fácilmente si las practicamos y compartimos en comunidad con otras personas.
Thich Nhat Hanh, monje budista.

La revista Laberinto de Papel excede su formato y excelente diagramación al constituirse en terreno propicio del encuentro y el diálogo entre amigos. Por fortuna, no es una postal hemerográfica ni mucho menos un mero apéndice alusivos a las Ferias Internacionales del Libro que organiza cada año –desde hace seis- la Universidad de Carabobo. No es difícil entregarse a una placentera y sentida lectura de sus páginas, arrellanado el lector en el sofá y acariciada la felpa verde de vez en cuando por una mano ociosa. Hoy nos encontramos a la expectativa de la presentación de su cuarto número, dados los aciertos y la gran calidad editorial de las tres entregas anteriores. Por supuesto, un equipo encabezado por Rafael Simón Hurtado, el poeta José Joaquín Burgos y el fotógrafo Orlando Baquero, es el responsable de esta estupenda y querida empresa. Valga mi elogio y agradecimiento, pues Rafael Simón le ha abierto incondicionalmente las puertas de la revista a mi contingente y caótica obra ensayística (de los cuatro números publicados, mis líneas nerviosas y compulsivas se han deslizado tres veces en su papel glasé). Asimismo, el hecho de encontrarme rodeado de las voces de amigos y escritores tales como Carlos Yusti, Pedro Téllez, Slavko Zupcic, Marisol Pradas, Jesús Puerta, Orlando Chirinos y Rafael Simón Hurtado, me sugiere que la revista es un jolgorio anarquista y una comparsa festiva por demás ruidosa y abigarrada. Claro está que grandes firmas han engrandecido y enriquecido el contenido bien dispuesto de los pasadizos y pasillos de este Laberinto de las Letras Latinoamericanas: Fernando Báez exorcizando a los afectados camisas pardas y negras que danzan como idiotas ante el holocausto y la quema de los libros; las confesiones asombrosas de lectura dibujadas por Carlos Monsiváis con la maestría de José Luis Cuevas u Oswaldo Guayasamín; o la prosa de Vargas Llosa jugando y fundiéndose con la del Quijote de Cervantes, modernísima voz en tanto antecedente de la escritura transgenérica. Laberinto de Papel no es un mausoleo de las letras ni tampoco de la fotografía: los textos se iluminan en la vecindad del maravilloso trabajo fotográfico de Mariano Díaz, José Antonio Rosales, Víctor Hernández y Orlando Baquero. El mosaico gráfico exhibe procesiones fantásticas fijadas en blanco y negro; el apacible rostro barbudo de José Manuel Briceño Guerrero en un éxtasis filosófico y poético; un shaman ataviado de pigmentos rojiverdes en la inmemorial contemplación lectora de fuegos reveladores; o los objetos que descoyunta el agudo lente de Orlando Baquero: libros, homúnculos de madera y arcilla, o dijes de metal atrapados en un mar de letras ígneas. Si a ello le adosamos la magnífica diagramación y acomodo de los elementos textuales y gráficos a la manera de un ágil y apetitoso ready made, los ojos y las nalgas de atentos usuarios lo agradecerán en el morbo y el solaz de la lúdica lectura.

Mientras Rafael Simón descansa su humanidad en una cura de sueño con oro, incienso y mirra, para que la vigilia desemboque y lo embosque el seis de enero, los lectores aún disfrutarán el extravío en salas, pasadizos y puentes colgantes de generosas letras y atractivas imágenes contenidas en el Laberinto de Papel que hoy se ofrece sin inhibición alguna.

Valencia de San Desiderio, día festivo y consagratorio de las calacas achocolatadas de 2006.