Tuesday, March 31, 2015

LAS CELESTIALES: UN ESTIMADO LIBRO CINCUENTENARIO. José Carlos De Nóbrega

LAS CELESTIALES: UN ESTIMADO LIBRO CINCUENTENARIO
José Carlos De Nóbrega
"El padre parecía una capitular de oro; yo, junto a él, una insignificante minúscula impresa en tinta roja". José Rubén Romero: La Vida inútil de Pito Pérez.

La agudeza literaria de Miguel Otero Silva se exhibe sin freno en dos de sus obras más disímiles entre sí: Tenemos la incendiaria parodia del discurso católico que es “Las Celestiales”, con sus Santos asaeteados por la picante lengua popular, y la aproximación poética a la figura de Jesucristo vertida en el texto novelístico de “La piedra que era Cristo” (no podemos olvidar el impactante monólogo de la cabeza cortada de Juan el Bautista que escarnece la banalidad impía del rey Herodes). Ambos textos no sólo refieren el espíritu rojo y ateo de su autor (rebatido hoy por el insulso desencanto burgués de su hijo, Miguel Henrique, pésimo editor y peor editorialista del diario El Nacional), sino el apetito descarado del escritor por desmontar los discursos autorizados que sustentan el Poder vertical, mezquino y usurero que tritura sin clemencia a las mayorías. La literatura acomete la labor profética de promover e instaurar a como dé lugar la justicia social. Ya lo manifiesta ese vagabundo y borracho de Pito Pérez: “¡Pobre de los pobres! Yo les aconsejo que respeten siempre la ley, y que la cumplan, pero que se orinen en sus representantes”. Por supuesto, la ley hecha carne en la lucha revolucionaria de a de veras, no la propuesta por los grandes laboratorios de la propaganda periodística, historiográfica e ideológica que pretenden pervertirla y envilecerla.

El discurso diabólico, como ocurre con el habla salvaje y primaria de los niños y los locos, es un recurso insoslayable para atacar y poner en evidencia la fragilidad y la corrupción de un orden de cosas bizarro que ha invadido a los templos y las academias: La política de ultratumba, con sus cielos de algodón y sus infiernos carbonizados –no entendemos aún por qué la burocracia eclesiástica nos quita la sala de espera que es el purgatorio-, engorda las finanzas vaticanas y protestantes, amén de proveer de carne fresca a curas y obispos pedófilos; nuestras universidades autónomas, experimentales y privadas coinciden en la tercerización laboral de docentes y empleados y la cosificación del conocimiento a expensas de los intereses de grupos de poder. La Iglesia está penetrada por la politiquería más árida, en tanto que las academias son el detritus de organizaciones religiosas que hacen acólitos con su verborrea terrorista y macabra. Es justa y necesaria la lucidez satánica para ir a contracorriente del imperio de la lasitud vital.

Este gran rosario inverso titulado “Las Celestiales”, integrado por 25 coplas picantísimas y prevaricadoras, tuvo dos ediciones: la primera de 1965, firmada con el pseudónimo doble de Iñaki de Errandonea (alias Miguel Otero Silva), Sacerdote Jesuita, como compilador y comentarista, además de Fray Joseba Escucarreta (alias Pedro León Zapata), S.J., en tanto ilustrador que caricaturiza a santos y mártires. Fue una bomba que estalló simultáneamente en la meritita cara de la histérica feligresía y en las barbas remojadas de la anquilosada jerarquía católica. Valga la desaprobación del Cardenal José Humberto Quintero: No está de sobra advertir que ese libro, en el que a drede se ataca a la Religión y a las buenas costumbres y se hace mofa de los santos, se halla por ello mismo comprendido en la publicación del canon 1.399 del Código de Derecho Canónico. La segunda edición data de 1974, Ediciones de José Agustín Catalá, la cual agrega un prefacio de Miguel Otero Silva en carne y hueso que simula una apología exquisita de tan vituperado texto diabólico. Las Celestiales constituye un ejercicio transgenérico a la par de referentes notables como Borges, Bioy Casares e incluso Héctor Murena: La copla, destacada en negritas y caracteres gigantes, se fusiona con la prosa dialógica que se regodea en la impostura, el humor negro y una apasionada óptica crítica de la Historia de la Iglesia Católica. El Papado es la alcabala religiosa que tan sólo merece un jalón de papada aparejado con la carcajada del vulgo: “Al Papa Ruperto Doce / ni lo menciona la Historia, / porque se cagó una noche / en la Silla Gestatoria”. En este fetiche, nada que ver con la estupenda silla de Van Gogh, queda al descubierto el trasero y los testículos del Papa electo, pues el colegio cardenalicio debe templar las dos bolitas para evitar que otra Juana la Papisa escarnezca tan sagrada institución machista. Fetichismo y escatología van de la mano en lo que toca a la crítica del catolicismo, a los fines de configurar un intervalo estético y apóstata que nos retrotrae a Rabelais, el Decamerón de Boccaccio y Pasolini, el Nazarín de Galdós y Buñuel, el Satiricón de Petronio y Fellini e incluso el crucifijo inverso del cura Carlos Borges que lame y eyacula el voluptuoso cuerpo femenino. Qué decir de los prejuicios y mitos urbanos que aún despierta la orden jesuítica, suponemos entonces una dulce venganza de parte de ambos coautores: “Hiciste lo que quisiste, / San Ignacio de Loyola, / pero quisiste ser Papa / y te pisaste una bola”.

A la espera de una pía, edificante y sensata actitud del Episcopado venezolano que le permita reencontrar al país, les invitamos a releer este libro extraordinario y cincuentenario. Sólo Dios y el Diablo nos complacen en la compulsión por la vida.

HUGO CHÁVEZ: NI SUBESTIMACIÓN NI CULTO PERSONALISTA. José Carlos De Nóbrega

HUGO CHÁVEZ: NI SUBESTIMACIÓN NI CULTO PERSONALISTA
José Carlos De Nóbrega

La figura de Hugo Rafael Chávez Frías me confundió desde su primera insurgencia en la política venezolana de los noventa. A mis terrores antimilitaristas se sumó la respuesta amarillista e interesada de los medios de comunicación social nacionales e internacionales. La subestimación pequeñoburguesa llegó incluso a acusarlo de ser el autor intelectual de la Masacre de Cararabo con sus sangrientas “corbatas colombianas”. Ni me creí este crimen de laboratorio ni tampoco el magnicidio frustrado de Carlos Andrés Pérez, represor de primer orden durante la insurrección guerrillera de los sesenta y autoridad implacable respecto a los miles de muertos que escupió “El Caracazo” de 1989 (a tambor batiente y a metralla caliente).

A Hugo Chávez me lo topé en 1997 ó 1998 durante un acto de graduación en Valencia, la de Venezuela, correspondiente a una institución educativa de “reciclaje” –esto es el antiguo Parasistema- para la cual trabajaba. Se parecía en ese entonces más al “Tribilín” que ingresó años atrás en la Academia Militar, ataviado de liquiliqui verde oliva, que al robusto presidente de años después a la vera del calor popular y el desprecio enfermizo de la pequeña burguesía venezolana. No me molestó su carisma llanero que atravesó impune la Sala Turpial del Hotel Don Pelayo, sino la reacción afectada, snob y -si se quiere- babosa de ciertos profesores saltimbanquis que pujaban por sacarse una foto para embadurnarse de su fama mediática y no de su peculiar humanidad.

Sin embargo, la gula burguesa se asomó obscenamente el 11 y 12 de abril de 2002. Sobre el Puente Llaguno y la Avenida Baralt se desató el instrumental terrorista de la burguesía en toda su intensidad: LA MÁS CARA MASACRE, en voz de Juan Calzadilla, se enseñoreó sin distinción de los venezolanos de uno y otro partido que caían despedazados por las balas y la vil homilía mediática en un Holocausto tenebroso e inconcebible. Afortunadamente, el Golpe no duró más de cuarenta y ocho horas. Los victimarios fueron víctimas de sí mismos, del desconocimiento internacional y, mejor aún, de la participación activa de los ciudadanos anónimos que a pie pelado restituyeron el hilo constitucional. A finales de año, sin plena evaluación de su fracaso político, el eje sindicalero, politiquero, arzobispal y empresarial activó un Paro Cívico inconsulto e impío, al cual se sumaría la cúpula tecnocrática de PDVSA. No importaba quebrar fraudulentamente la economía venezolana, si se lograba recuperar el obsceno Festín de Baltazar que caracterizó ese contrato excluyente llamado Pacto de Punto Fijo. No me pareció entonces que la ciudadanía soportaba las colas para adquirir la gasolina, el gas doméstico y los productos de primera necesidad de modo estoico; por el contrario, se leía entre líneas una actitud de resistencia a los antiguos amos, eso sí, sin apelar a la violencia y la anarquía propias del resentimiento social. El gobierno fue acompañado nuevamente por la ennoblecida masa mestiza en la retoma de PDVSA y el control del país, mientras cierta clase media bailaba aeróbica y ridículamente en el este de Caracas.

Las victorias electorales de Hugo Chávez no sólo se justifican en una atinada y aguda percepción del momento político, amén de la instrumentación estratégica subsecuente, sino también en una particular visión histórica, la cual permitió la paulatina construcción de un Proyecto de País e incluso del Continente, con sus idas y vueltas, susceptible de involucrar a las mayorías en un recorrido autogestionario, soberano y emancipador. Si bien se coqueteó, en un inicio, con la fracasada Tercera Vía del laborista Tony Blair, el pensamiento latinoamericano –Bolívar, Rodríguez, Martí, Mariátegui y la Teología de la Liberación- constituyó las raíces de una propuesta que aún se encuentra en plena edificación: el Socialismo del Siglo XXI, el cual ha de exceder la banalización del discurso político, la confortabilidad simplista del slogan de ocasión y la estéril inmediatez mediática. Por ejemplo, de esa cosmovisión política, económica, social y cultural se desprenden las Misiones Sociales que no han de configurar un Estado paralelo, sino más bien la antítesis de nuestra hipertrofiada burocracia estatal, confinada a las miserias del funcionarismo denunciado por Gramsci. Evidentemente, erradicar la áspera burocracia de corazón burgués sigue siendo un objetivo del proceso bolivariano en el país; por lo que no podemos consentir su coexistencia así nomás con el empoderamiento del pueblo. Asimismo, la revolución educativa, cultural y comunal ha de apuntar a la superación material –no materialista-, política y espiritual de la población, pues de lo contrario las nuevas instituciones serían socavadas por los vicios del pasado. No se trata de iniciar una cacería de brujas con fines inconfesables, sino de desenmascarar y derrotar a la madeja burocrática, oportunista e infiel que aún está enquistada en la República.

Los sectores reaccionarios de Venezuela, en la precariedad y el envilecimiento de su espíritu, han subestimado a Hugo Chávez Frías de manera simplista y disociada. No sólo en el plano político, sino incluso en el mismísimo mundo íntimo. Las gríngolas que la mezquindad pequeñoburguesa se ha forjado, les impide ver, especialmente, la condición de vivo y atento lector que caracterizó a Chávez durante su breve e intenso periplo vital. Las intervenciones públicas del compañero y compadre Hugo Rafael jamás obviaron el mundo maravilloso de los libros. Observamos, en este interesantísimo caso, una concepción lúdica de la lectura y la cultura que apuesta por una Poética del Decir: Esto es la simbiosis esencial habida entre lo culto y lo popular, fenómeno amoroso del espíritu humano que está comprobado hasta la saciedad por la Historia de los hombres y sus ideas.

El odio, los prejuicios y la crítica traída por los cabellos, fallan en la demonización del Presidente Chávez por parte del aparato mediático nacional e internacional. Su habla directa, popular e irreverente no calza con un espíritu represivo y absolutista; sino más bien demarca un territorio propicio para la discusión, la autocrítica, el combate y la polémica sin cuartel. Manifiesta la indignación ante la injusticia y la solidaridad con los oprimidos. Una de sus más notables contribuciones políticas y discursivas, estribó en colocar en el hasta entonces raído tapete la incorporación de los excluidos e invisibles a la construcción de la patria, el continente y el mundo, esto es el forjamiento de su ciudadanía activa y en libertad. Por tal razón, reconvenimos también la adulación de corte mesiánico y utilitarista. Tampoco nos gusta la cultura necrofílica propia de fascistas y de podridos politiqueros llorones: Nos simpatiza el fervor y la franca y amorosa tristeza del pueblo que le acompañó al Cuartel de la Montaña, al igual que “en los entierros de mi pobre gente pobre”. Apostamos por una evaluación crítica y auténtica de Hugo Chávez en una biografía por venir.

Friday, March 06, 2015

DIÁLOGO EN LA CASA DE LOS ACEITES (VASSA). José Carlos De Nóbrega

DIÁLOGO EN LA CASA DE LOS ACEITES (VASSA)

José Carlos De Nóbrega

E-mail: josecarlosdenobrega@gmail.com

El miércoles 11 de febrero de 2015, compartimos con los trabajadores de VASSA-Guacara (Aceites y Solventes Venezolanos S.A.) y los consejos comunales de la zona el Cine Foro “Machuca” (2014) de Andrés Wood: El Discurso y la Praxis del Fascismo en Venezuela y América Latina. El evento nos permitió una conversación libre y participativa sobre la coyuntura actual de nuestro país anclada en la Guerra Económica o Paro Empresarial de puertas abiertas, además del acoso mediático nacional e internacional en tanto instrumentos de desestabilización política auspiciados por el Departamento de Estado norteamericano. No es casual ni caprichosa la comparación con la situación acaecida en Chile que trajo consigo el derrocamiento de Salvador Allende en septiembre de 1973. Precisamente, la lectura crítica de la película chilena “Machuca” revela hoy la estrategia imperialista que pretende debilitar y corroer el proceso bolivariano de cambios políticos y sociales. Por supuesto, no obviamos el hecho que la apreciación cinematográfica, estética y político-histórica de este filme no nos puede dejar indiferentes como espectadores y ciudadanos latinoamericanos.

El vendaval reaccionario pinochetista que en Chile afectó a sus tres protagonistas, los niños Gonzalo Infante, Pedro Machuca y Silvana, nos demuestra que el fascismo no es una perversión ideológica del pasado, ni mucho menos una ficción conspirativa más, sino –peor aún- un discurso y una práctica reales que nos acechan hoy en Venezuela y América Latina. Si acompañamos esta película de ficción con el documental “La Batalla de Chile” (1975-1979) del también chileno Patricio Guzmán, comprenderemos que el fascismo constituye no sólo la vanguardia retrógrada del capitalismo, tal como nos lo advierte Luis Navarrete Orta, sino un estado mental perturbado que inyecta y alienta los odios de clase. La confrontación entre rojos y momios del Chile de ayer, salvando las distancias temporales y las peculiaridades históricas, nos remite a la “Conjura de las cachifas y cerrícolas” con que los medios de comunicación privados aterrorizan a las clases medias venezolanas de hoy. La ocupación militar del Colegio San Patricio en Santiago de Chile 1973, que significó el fin de la integración de las clases sociales en el ámbito educativo, se emparenta de manera macabra con el atentado terrorista que pretendió incendiar un preescolar en la Caracas del 2014 asediada por encapuchados psicóticos. El padre McEnroe se come física y simbólicamente todas las hostias del Santísimo Sacramento del Altar, denunciando los atropellos de militares degenerados, tal como lo hiciera tiempo después Monseñor Romero en El Salvador. No se trata pues de una traslación histórica simplista, sino del tratamiento crítico de la Escuela como aparato ideológico del Estado y Teatro de Operaciones político-social. Qué decir del desabastecimiento inducido en ambas circunstancias históricas por la lumpen-burguesía y un empresariado indolente, ello en tanto caldo de cultivo del golpe de estado de los milicos chilenos y de la salida propuesta por una clase política conservadora e irresponsable (López, Machado y Ledezma).

Asumir la militancia revolucionaria no implica la distracción del papel crítico y autocrítico de las comunidades, no en balde la urgencia del momento antes esbozada. Los movimientos obreros, estudiantiles y comunales tienen como imperativo reivindicar la contraloría social como categoría viva, autogestionaria y soberana, además de construir el conocimiento de manera colectiva y libertaria. Se trata pues de hacer trizas las estructuras que oprimen a las mayorías, eso sí, más allá de las habladurías y “puras invenciones / pa conversá!” de las que nos hablaba la poesía negra y mulata de Manuel Rodríguez Cárdenas. No podemos perder de vista los enemigos internos y externos del pueblo en la banalización del discurso político, mediático e incluso académico. Atacar la inseguridad, la inflación (propia del modelo rentista petrolero y la especulación capitalista), los equívocos ideológicos, la corrupción en todas sus formas, el despropósito político y la injerencia imperialista constituye la esencia programática de la campaña electoral parlamentaria que se nos viene encima. El principio de la Unidad revolucionaria en la Diversidad opondrá activamente un dique a un golpe parlamentario contra el presidente Nicolás Maduro. No es admisible reeditar lo ocurrido con Allende en 1973 y con el paraguayo Lugo años después.

Valga como colofón preocupado pero esperanzador un agradecimiento al equipo de VASSA-Guacara encabezado por Carlos Guédez, además del promotor cultural Alexis Bracho y nuestra entrañable amiga Sandra Lozano de la Escuela de Formación Política Ludovico Silva, por esta inigualable y dialógica experiencia comunitaria. Por supuesto, a contrapelo de la extinta VENOCO, enclave en el que Carmona y Pérez Recao fraguaron el golpe del año 2002 contra el Presidente Chávez.

Monday, February 02, 2015

NOTAS AL LIBRO "LA TIERRA ALLENDE. ANTOLOGÍA POÉTICA 1944-2005". EDICIONES DEL AZAR

COLECCIÓN "LOS MIL Y UN LIBROS"

Nota promocional de Ediciones del Azar

¨LOS MIL Y UN LIBROS¨ : Es una reunión del pensamiento y la imaginación universales, una forma de contribuir en ese trazo infinito del contínuo tiempo-conocimiento que el hombre delínea para el hombre.

Con "La tierra allende, antología poética 1944-2005", edición bilingüe, del poeta brasileño Lêdo Ivo, Ediciones del Azar da inicio a esta colección. Este primer volumen de la serie Lo poesible, es un homenaje al inconmensurable escritor brasileño Lêdo Ivo, de cuya extensa obra poética hemos integrado un conjunto de textos breves y de largo aliento en su lengua original y traducidos por una docena de escritores mexicanos: los sueños intercambiables de la tribu, la profunda voz de la tierra. Traducciones y versiones de Carlos Montemayor, José Emilio Pacheco, Margarito Cuéllar, Enrique Servín, Ángel Crespo, Stefan Baciu, Jorge Lobillo, Maricela Terán, Francisco Cervantes, José Carlos De Nóbrega, Héctor Carreto y Rubén Mejía.

LEDO IVO (Brasil, 1924)

Poeta, narrador y ensayista, nacido en Maceió, Alagoas, Brasil. Es una de las figuras más representativas de la moderna literatura brasileña. Se le considera el personaje más destacado de la Generación del 45, movimiento contra el clima demoledor y anarquista de la primera fase del modernismo, que pregonaba un regreso a la disciplina y el orden. Como otros poetas de esta generación, volvió a algunas formas poéticas fijas, como el soneto, pero conservando un estilo libre y marcadamente personal.

LA IMAGINARIA VENTANA ABIERTA

Carlos Montemayor

Al igual que todos los poetas de su generación, Lêdo Ivo tiene una alta conciencia del lenguaje; pero su conciencia es mucho más amplia, una conciencia amazónica que implica no sólo su ceñimiento, sino también su liberación, su erupción, su llamarada explosiva.

Desde As Imaginaçoes, su primer libro de poemas, aparecen las constantes de su obra: el sueño, la fantasía, la mujer, lo cotidiano, la ciudad, el ímpetu panteísta empañando el cristal del mundo y de los seres, los poemas que al mismo tiempo son una reflexión del arte poético.

En su arte poética, los puntos esctructurales principales son la tensión entre la disciplina y el desbordamiento. Quiero decir con ello que el verso es extenso, versicular, muy cercano a la prosa... Y a la apertura del verso, corresponde la apertura del alma; a la extensión del verso, corresponde la extensión de los seres y de nuestro ser; a la multiplicidad del verso corresponde la multiplicidad de las cosas que canta el verso. No es fríamente perfecto el poema; es tan imperfectamente humano como la vida que sus versos contienen y aman. Es, como en todas las épocas de la gran poesía, el canto.

LÊDO IVO, LA TIERRA ALLENDE

Texto leído por r.m. [Rubén Mejía] en la presentación del libro "La tierra allende" -antología poética bilingüe- en el homenaje realizado al poeta Lêdo Ivo el 3 de octubre de 2005 en el patio de Palacio de Gobierno de la ciudad de Chihuahua, México.

Entre 1940 y 1945 el joven escritor Lêdo Ivo vislumbraba una travesía personal, un viaje por los siete mares de la poesía hacia nuevos y antiguos mundos, hacia los territorios que están más allá, del otro lado de los días, hacia la tierra allende. El joven Lêdo escribía:

«Cantaré la vida que ante mí se despliega, las ciudades de cemento armado y calles claras que la noche cubre con su misterio dulcemente medieval...

«Cantaré los oceános y los ríos, las estrellas que existen, las bahías, los estrechos, las tempestades y las noches en que la lluvia cae sobre la vieja tierra...

«Cantaré el esplendor de la poesía sin el más pequeño dolor romántico en el corazón, y en caso de que un dolor así surgiera lo escupiría para sentirme fuerte y joven...

«Cantaré el mar, los viajes, el momento en que un hombre diferente y que me desconoce, siente lo que yo siento sin sentirme en él...»

Y hacia una petición, una exigencia personal al mundo y a la vida misma. Exclamaba:

«Cantaré todo pero que me den libertad de cantar, que no me escojan los nombres de las ciudades y de los ríos, que no me indiquen los temas...»

Y más adelante, desplegando al máximo la vista en los fondos claros del espejo, extendiendo para sí mismo puentes visionarios, mirando «La imaginaria ventana abierta» y a la vez viendo desde esa imaginaria ventana abierta, en este poema esplendidamente traducido por Carlos Montemayor, aquel joven lejano poeta nos dice de cerca, casi al oído:

«Después moriré: no me amen o me desprecien de más, pero guarden mi nombre y búsquenme en los versos tal como soy exactamente: unido a todos, rebelde, inconsecuente, confuso y lírico...»

Sesenta y cinco años después, Lêdo Ivo sigue siendo precisa y exactamente: lírico, confuso, inconsecuente, rebelde y entregado a todos, con un adjetivo extra, por añadidura: un espíritu liberado, libertado. Esa libertad que demandaba a sus veinte años, la ha conquistado con creces, verso tras verso, de canto en canto, en sus veintitrés libros de poesía.

Poeta guerrero, desafiante en todas las fases de su larga trayectoria literaria, siempre al alba, en un duelo de amor y muerte con lo inefable, en contra de lo que no puede exlicarse, pero puede hablarse aun sin voz, en contra de lo que no puede decirse, pero puede poetizarse aun sin lápiz ni papel, Lêdo Ivo ha unido con la línea sin fin de sus versos lo mínimo y lo inconmensurable, lo breve y lo infinito, el fragmento y lo total.

En el ensayo introductorio a la primera antología de Lêdo Ivo publicada en México, Carlos Montemayor habla en 1979 sobre una poética de la totalidad. Ahí leemos: «Conviven en el mismo poema la totalidad de las cosas y la descripción particularísima de ella... junto a la totalidad vive también, con la misma entereza, con la misma intensa vida, lo parcial, lo pequeño, lo efímero... Es como si lo total fuera posible por la revelación de lo nimio». Y en otro espacio de ese mismo ensayo nos habla de la tensión del lenguaje entre la disciplina y el desbordamiento de una «conciencia amazónica que implica no sólo su ceñimiento, sino también su liberación, su erupción, su llamarada explosiva».

A estas ideas de Montemayor, quiero agregar que esos extremos entre los que se delínean las formas literarias y la lengua poética de Lêdo Ivo, entre la concentración interior y la repentina ruptura exterior, entre el verso que ahonda en la tierra adentro y la metáfora que va expandiéndose hasta desbordarnos, me encaminan -por lo menos a mí- hacia los territorios literarios y lingüísticos no de otros poetas de su generación, respecto a los cuales podríamos decir que Lêdo Ivo es una síntesis diferenciada, sino por los derroteros de dos narradores brasileños cuyas prosas en novelas y cuentos son de una extraña belleza, tanto en su intensidad concentrada como en su estética altamente irruptiva, me refiero a Clarice Lispector y Joao Gimaraes Rosa, dos extremos que se tocan, se imbrican y se trenzan en el vasto y fascinante panorama de la literatura brasileña del siglo XX. Entre la noche impura que sueña con la Nada y la Pureza de Clarice Lispector y ese sol del Sertón brasileño, ese sol del mediodía y la desmesura que aun de noche exubera en pos del Todo y en pos del amor, en la novela El Gran Sertão Veredas, de Guimaraes Rosa, entre tales extremos se desplaza el espíritu poético, concentrado y liberado, explosivo e implosivo, del maestro Lêdo.

Asimismo, en referencia a lo fragmentario y la totalidad en su poesía,sólo añado que tanto en las antiguas filosofías herméticas como en las ciencias modernas de la complejidad, es decir en una línea en expansión del conocimiento que comprende más de tres mil años, no hay diferencia alguna entre el fragmento y lo absoluto, «La parte es el todo y el todo está en cada una de sus partes», u otra vieja enseñanza: «Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba».

En el universo poético de Ivo, viéndolo y leyéndolo precisamente como una totalidad, un verso es la poesía y el poema está en cada uno de sus versos, un fragmento total donde la raícilla más profunda del árbol es, al mismo tiempo, la rama más elevada de su copa, es un árbol y el bosque entero y, a su vez, es un sol filtrándose por entre el follaje, los nidos, los pájaros y los frutos: los rayos luminosos del sol y las manchas negras de ese mismo sol. Su obra poética es una confirmación de la identidad plena entre un grano de mostaza y los reinos de la tierra y de los cielos: «Como es abajo es arriba, como es arriba es abajo».

A partir de su visión panteista de la naturaleza y del mundo, Todo es Dios, Dios es el poema -por lo tanto-, El poema es todo lo posible: o sea, los murciélagos de su niñez que chocan contra las paredes, ciegos como nosotros; los peces que sueñan con los ojos abiertos, inmóviles, y se resisten a enseñarnos cómo debemos soñar; la mujer, esponja del hombre, que mediante su cuerpo y su mirada posee todo el paisaje como un pájaro; las palabras, su patria secreta; su natal Maceió a la que vuelve todos los días de su vida sólo para constatar que su pureza es la del agua, es decir todo lo que está, todo lo que es, pero asimismo todo aquello que no es, lo que no existe ni será. La realidad, Dios mismo no es, no son. Para concebir a Dios de una manera única, como una totalidad, debemos reconocer y aprender a creer que Dios no existe.

Desde sus primeros poemas, Lêdo nos invitaba a poner de cabeza a Santo Tomás, es decir a ver lo que no es para creer en lo que es: «Miren lo que no existe... Creánlo y serán poetas», y en otro de sus versos nos recuerda: «Un hombre que sueña es todo lo que no es...» Y más todavía: «Sólo sé lo que no aprendí:/ el viento que sopla/ la lluvia que cae/ y el amor» ó «Yo que siempre vi lo que no existe/ y veré eternamente lo que jamás será» hasta El deseo, último texto de su poesia completa: «Nací para no ser/ y para ser lo que no es,/ después de tanto soñar/ después de tanto vivir».

En la obra de Ivo no hay asertos ni verdades, no encontramos puertas abiertas entre él y la realidad, sólo hay sueños, encantos, magias y posibilidades, un continuum poético a lo largo de más de mil páginas, un canto de largo aliento a todo aquello que es pero simultáneamente no es, mas es poesible.

Por último, comparto con ustedes la siguiente idea. Así como la ciencia física, a partir de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica, habla de una continuadad del tiempo y del espacio, de un continuum espacio-tiempo en nuestro universo, del mismo modo, o de otro modo lo mismo, pienso que hay en las artes y en la poesía un continuo espacio-tiempo-poético que se revela en todas las épocas y en las obras individuales, y asimismo colectivas, de artistas y poetas. Citemos un ejemplo a la mano a partir de un bello nombre y una palabra poderosa: Finisterra y de una geografía poética que va de Rio de Janeiro, Brasil, a la ciudad de Chihuahua, México.

En 1972 Lêdo Ivo publica en Río de Janeiro: Finisterra, donde el poema que le da título al libro es una de las altas creaciones de nuestro poeta brasileño; diez años después, en 1982 Carlos Montemayor publica en la ciudad de México uno de sus mejores libros de poesía bajo el título Finisterra; en 1989 en la ciudad de Chihuahua, Gaspar Gumaro Orozco y Alfredo Espinosa fundan Finisterra, revista del malogrado Cidech, en cuyo número 5, en 1990, Enrique Servín publica traducciones de Lêdo Ivo, las primeras en Chihuahua. Finalmente, hoy 3 de octubre de 2005 aquí en Palacio de Gobierno, en el punto nodal de la historia de Chihuahua -que podría ser asimismo el punto final de la tierra-, tenemos entre nosotros al maestro Lêdo Ivo y celebramos la publicación de un libro cuyo nombre invita a ir a la Finisterra prometida, a trascender a los territorios de más allá, en la tierra allende.

Es decir, lo que es para las ciencias es para las artes, el continuum del conocimiento del hombre no distingue un saber del otro. El todo está en el todo.

*

Ahora sí, finalmente:

Cuando hace un par de meses en el bar El Coliseo, Enrique Servín me hizo una invitación para participar en una mesa de lectura al lado de Lêdo Ivo, mi primera reacción -después de apurar el respectivo caballito de Cuervo- fue decirle: «Mejor le hacemos un libro de homenaje con varios traductores mexicanos». Así, entre arenas levantiscas y movedizas, inicié una pausada recopilación de textos de Ivo, entre libros, revistas, suplementos culturales y páginas de internet, traducidos al español por poetas y escritores de diferentes latitudes y generaciones.

Por mi parte, busqué las fotocopias de los poemarios «Magias» y «Um brasileiro em Paris» que Enrique Servín y yo encontramos arrumbados, entre el polvo y el moho, en una ala perdida de la hoy desmantelada y más perdida biblioteca de la Universidad Autónoma de Chihuahua, reemplazada por un servicio cibernético en red gracias a esos modernos dioses que, como diría Lêdo Ivo, «insisten en pregonar la conveniencia de la muerte».

El breve y a la vez largo viaje editorial, que recorrí junto con el pintor Felipe Alcántar y el diseñador Luis Carlos Salcido -prolíficos creadores chihuahuenses cuyos nombres, por cierto, no aparecen entre los invitados de este festival- ese caminó llegó a este punto, aquí en el libro para ustedes: «Lêdo Ivo. La tierra allende. Antología poética 1944-2005. Edición bilingüe» con el cual Ediciones del Azar A.C., empresa cultural independiente, inicia una nueva colección «Los mil y un libros» en su serie Lo poesible.

«La tierra allende» es la primera antología bilingüe de la poesía completa del poeta brasileño, antes traducido al inglés, holandés e italiano. Este libro se integra con una selección de textos de la mayor parte de su vasta obra, intercalados con algunas de las innumerables y brillantes reflexiones de Lêdo Ivo sobre el arte de la poesía.

Reúne a doce escritores de México en torno a una obra y a un maestro. Simplemente un poeta, ahora aquí, a nuestro lado, y padrino de esta colección Los mil y un libros.

(r.m.)

Tomado de azaraza.blogspot.com/2005_10_01_archive.html

Sunday, February 01, 2015

ALGUNAS VERSIONES EN ESPAÑOL DE LÊDO IVO

ALGUNAS VERSIONES EN ESPAÑOL DE LÊDO IVO

[La Tierra Allende, antología poética 1944-2005. Ediciones del Azar, Chihuahua, México, 2005, 109 páginas. Tomado de http://fundacionverdebiche.blogspot.com/2012/12/poemas-de-ledo-ivo.html]

NOTA: EN ESTA ANTOLOGÍA BILINGÜE PUBLICARON UNA VERSIÓN MÍA EN CASTELLANO DE SIETE POEMAS DE IVO, POSIBLEMENTE TOMADA DE LA REVISTA "LA TUNA DE ORO", VALENCIA - VENEZUELA, UNIVERSIDAD DE CARABOBO, O DE ESTE U OTRO BLOG. POR SUPUESTO, AGRADECEMOS DICHA INCLUSIÓN QUE NOS VINCULA CON POETAS Y TRADUCTORES INTERNACIONALES. J.C.De N.

LOS MURCIÉLAGOS

Versión de José Emilio Pacheco

En la cornisa de la aduana se ocultan los murciélagos.
Pero ¿dónde se esconden los hombres
que vuelan en tinieblas toda su vida y se estrellan
en la blancas paredes del amor?

La casa de nuestro padre estaba llena de murciélagos:
Candelabros pendientes de las vigas, sostén
del techo amenazado por la lluvias.
“Estos hijos nos sorben la sangre”, se quejaba mi padre.

¿Quién lanzará la primera piedra contra este mamífero
que, como el hombre, se alimenta de la sangre
(¡hermano! hermano!) y exige, comunitario,
aun en tinieblas el sudor de su prójimo?

En la aureola de un seno joven como la noche
se esconde el hombre, guarda su amor,
como si fuera oro, en su almohada
o a la luz de un farol. El murciélago duerme como péndulo
y guarda nada más el día ofendido.

A mis ochos hermanos y a mí nos legó nuestro padre
su casa en la que por la noche
caía la lluvia entre las tejas rotas.
Pagamos la hipoteca y conservamos los murciélagos.
Ahora se debaten en nuestros muros,
ciegos como nosotros.

LOS POBRES EN LA CENTRAL DE AUTOBUSES

Versión: Margarito Cuellar

Los pobre viajan, en la central de autobuses
levantan los cuellos, como gansos para mirar
los letreros del autobús. Sus miradas
son de quien teme perder alguna cosa:
la valija que guarda un radio de pilas y una chaqueta
que tiene el color del frío en un día sin sueños,
el sándwich de mortadela en el fondo de la bolsa,
el sol del suburbio y polvo más allá de los viaductos.
Entre el rumor de los altoparlantes y el acelerar del autobús
temen perder su propio viaje
oculto en la niebla de los horarios.
Los que dormitan en los asientos despiertan asustados,
aunque las pesadillas sean privilegio
de los que abastecen los oídos y el tedio de los psicoanalistas
en consultorios asépticos como el algodón que tapa la nariz de los muertos.
En las filas los pobres asumen un aire grave
que une temor, impaciencia y sumisión.
¡Qué grotescos los pobres! ¡Y cómo sus olores
Incomodan la noción de la conveniencias, no saben comportarse.
El dedo sucio de nicotina restriega el ojo irritado
que del sueño retuvo apenas la legaña.
Del seno caído y dilatado escurre un hilillo de leche
hacia la pequeña boca habituada al llanto.
En la plataforma van y vienen, corren, aseguran maletas y paquetes,
hacen preguntas inconvenientes en las ventanillas, susurran palabras misteriosas
y contemplan las portadas de las revistas con el aire de espanto
de quien no sabe el camino del salón de la vida.
¿Por qué ese ir y venir? Y esas ropas extravagantes,
esos amarillos de aceite de palmera que duelen a la vista delicada
del viajante obligado a soportar tantos olores incómodos.
¿Y esos rojos contundentes de feria y parque de diversiones?
Los pobres no saben viajar ni vestirse.
Tampoco saben vivir: no tienen noción del bienestar
aunque algunos poseen hasta televisión.
La verdad es que los pobres no saben ni morir.
(Tienen casi siempre una muerte fea y poco elegante).
En cualquier lugar del mundo incomodan,
… viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares aunque viajemos sentados y …
ellos de pie.

ASILO DE SANTA LEOPOLDINA

Traducción de Stefan Baciu y Jorge Lobillo

Todos los días vuelvo a Maceió.
Llego en navíos desaparecidos, en trenes sedientos.
En aviones ciegos que sólo aterrizan al anochecer.
En los estrados de las plazas blancas pasean cangrejos.
Entre las piedras de las calles escurren ríos de azúcar
fluyendo dulcemente de los sacos almacenados en los trapiches
y clarean la sangre vieja de los asesinados.
Luego que desembarco tomo el camino del hospicio.
En la ciudad donde mis ancestros reposan en cementerios marinos
sólo los locos de mi infancia continúan vivos a mi espera.
Todos me reconocen y me saludan con gruñidos
y gestos obscenos o ruidosos.
Cerca, en el cuartel, la corneta que chilla
separa la puesta de sol de la noche estrellada.
Los locos lánguidos bailan y cantan entre las gradas.
¡Aleluya! ¡Aleluya! Más allá de la piedad
el orden del mundo brilla como una espada.
Y el viento del mar océano inunda mis ojos de lágrimas.

EL PÁJARO MUERTO

Traducción: Francisco Cervantes

La santidad del mundo se me aparece
bajo la forma espantada de ardilla
que me contempla entre los arbustos.
Debo esta aparición al Dios que me creó
y me hace notar lo menudo y lo insólito.
El polvillo en el ala de la mariposa,
En la lluvia radiante.
Me agacho y agarro el pajarito muerto
que ni la nieve supo guardar.
¿Por qué lo has matado, dios del frío,
que, en la noche de Nueva York, unes a hombre y mujer?
Como una hormiga, espero a que pase el tren
para atravesar
las vías ensangrentadas del óxido
y, diamantero, amo lo que el tiempo hizo
sin que fuese necesario herir o insultar;
ola en la plancha putrefacta de un navío
o el fulgor de un diamante.
A esa forma de perfección, luminosa y fría
es a la que aspiro a veces cuando, en el banco de un parque,
veo a un pajarito muerto
u, hombre, soy una ardilla
que las ardillas vienen a mirar con sorpresa.
A los cielos, que guardan el granizo y la pedrisca,
pido la no implantación del sello funerario.
¿Pero cómo ese dios sordo me oiría?
¿Cómo sus ojos vacíos, de qué modo
me adivinaría? Y las hojas caen, deslavadas, y el otoño
es viento y putrefacción.

SONETO A LA PATRIA

Versión: Héctor Carreto

Esta noche, en Toronto, junto a un lago de hielo
que es inmune al graznido de los gansos,
una patria ofendida surge de lo oscuro
y sale a mi encuentro con su sol y andrajos.

A su alrededor están los habitantes
del suelo silencioso de los mangles, la señal del semáforo
que como un ave se estremece en la marejada
y los mendigos que esperan la muerte bajo el paso a desnivel.

Mientras camino bajo la nieve de esta noche extranjera,
entre las sílabas negras de los frígidos pinos,
murmuro al viento tu nombre devastado.

Oh patria desamada, oh ramera,
mientras más me distancio, tu espina
más punza en mi mano inútil y helada.

EL PORTÓN DE LA NOCHE

Versión: Rubén Mejía

El portón permanece abierto el día entero,
pero en la noche yo mismo lo cierro.
No espero a ningún visitante nocturno
a no ser el ladrón que salta el muro de los sueños.
La noche silenciosa que me hace escuchar
el nacimiento de los manantiales en los bosques.
Mi cama, blanca como la Vía Láctea,
es angosta para mí en la noche negra.
Ocupo todo el espacio del mundo: mi mano desatenta
Derriba una estrella y ahuyenta un murciélago.
El latir de mi corazón intriga a las lechuzas
que, en las ramas de los cedros, rumian el enigma
del día y de la noche paridos por las aguas.
En mi sueño de piedra quedo inmóvil y viajo:
soy el viento que palpa las alcachofas
y enmohece los arreos colgados en el establo,
soy la hormiga que, guiada por las constelaciones,
aspira los perfumes de la tierra y del océano.
Un hombre que sueña es todo lo que no es:
el mar dañado por los navíos,
el silbido negro del tren entre hogueras,
la mancha que ennegrece el tambor de querosén.
Cierro el portón antes de dormir,
mas en el sueño se abre. Quien no vino de día
pisando las hojas secas de los eucaliptos
viene de noche, pues conoce el camino, al igual que los muertos
que aún no han venido, pero saben dónde estoy,
—cubierto por una mortaja, como todos los que sueñan
y se agitan en la oscuridad, gritando las palabras
que huyeron del diccionario y fueron a respirar el aire de la noche que huele a jazmín
y al dulce estiércol fermentado.
Los visitantes indeseables atraviesan las puertas atrancadas
y las persianas que filtran el paso de la brisa, rodeándome.
¡Oh misterio del mundo, ningún candado cierra el portón de la noche!
Fue vano pensar que el anochecer dormiría solo,
protegido por el alambrado de púas que cerca mis tierras
y por mis perros que sueñan con los ojos abiertos.
En la noche, una simple brisa destruye los muros levantados por los hombres.
Aunque mi portón va a amanecer cerrado,
sé que alguien lo abrió en el silencio de la noche
y participó en la oscuridad de mi sueño inquieto.

LA QUEMA

Versión: Rubén Mejía

Quema todo lo puedas:
las cartas de amor
las cuentas telefónicas
la lista de la ropa sucia
las escrituras y los certificados
las indiscreciones de los colegas resentidos
la confesión a medias
el poema erótico que ratifica la impotencia
y anuncia la arterioesclerosis
los recortes antiguos y las fotografías amarillentas.

No dejes a los herederos hambrientos
Ninguna herencia de papel.

Sé como los lobos: habita en una cueva
Y sólo muestra a la canalla de las calles tus dientes afilados.
Vive y muere encerrado como un caracol.
Di siempre no a la escoria electrónica.
Destruye los poemas inacabados, los esbozos,
las variantes y los fragmentos
que provocan el orgasmo tardío de los filólogos y académicos.
No dejes a los catadores de basura literaria ninguna migaja.
No confíes a nadie tu secreto.
La verdad no puede ser dicha.

Extraídos de: La Tierra Allende, antología poética 1944-2005. Edición bilingüe. Chihuahua, México: Ediciones del Azar, 1001 Libros, Serie Lo Poesible, 2005, con la debida autorización del autor.

NELSON GUZMÁN: HUMANISMO Y REVOLUCIÓN. José Carlos De Nóbrega

NELSON GUZMÁN: HUMANISMO Y REVOLUCIÓN
José Carlos De Nóbrega

El humanismo actual, muy a pesar de la banalización pervertida de los discursos, pareciera encontrarse de bajo perfil. Peor aún, desconociendo sus antecedentes históricos y culturales, se pretende reducirlo unidimensionalmente en la aridez nefasta de slogans huecos que, eso sí, entenebrecen el pensamiento universal. Por supuesto, sin importar la óptica o cosmovisión, sea Occidental u Oriental. La confrontación de las culturas, según Huntington, justifica vilmente los terrorismos de Estado y de grupúsculos fundamentalistas minoritarios. A los rebaños humanos alienados por los aparatos ideológicos del Estado burgués, les aterroriza el discurso y la praxis de la libertad que implican la autonomía y el placer ciudadano cuando concilian lo individual y lo colectivo. La educación bancaria y burocrática si no puede quemar sus referentes bibliográficos, pervierte y encorseta la obra de Freud, Marx, Ambrose Bierce, Sartre, Simone de Beauvior, José Revueltas o Simón Rodríguez. Sin embargo, una lectura atenta y crítica del momento histórico –no desprovista de sarcasmo e imaginación mordiente- nos permite acceder a la obra de voces imprescindibles, lúcidas y reivindicativas de lo que honra y dignifica el Decir y Hacer de los hombres.

Un ejemplo de excepción que nos sacude de una abulia mortal, lo constituye la obra poligráfica de Nelson Guzmán. No hallamos en sus abundantes textos un regodeo en los códigos del escándalo y, por ende, del narcisismo intelectual. Por el contrario, prevalece la transparencia formal y la profundidad conceptual como contribución a un diálogo necesario, plural y autocrítico. Guzmán, a tal respecto, se vale de caminos múltiples que se tocan y complementan, esto es una encrucijada afortunada del pensamiento humanista: Desde la docencia universitaria en la UCV que monta en más de veinte años; recalando en el periodismo de opinión que excede la futilidad egocéntrica de las voces autorizadas y apuesta por una conversación viva de los grandes temas del pensamiento y la cotidianidad; hasta ese universo en movimiento perpetuo y radical desarrollado en su trabajo narrativo, ensayístico y poético.

En este caso, la poligrafía deviene en un ejercicio complejo y revolucionario de escritura, además de manifestar un pensamiento crítico interdisciplinario. El Doctor Nelson Guzmán ha publicado libros diversos que apuestan por las Humanidades venezolanas: Ontología política en Jean Paul Sartre (2009), Subjetividad, ideología, modernidad (2008), La crisis del logos y las utopías de la modernidad (2008) y La moral como envenenamiento (2010) en el terreno de la filosofía; además de los poemarios Contertulios (2004), Ráfagas de Olvido (2004), Muecas del Tiempo (2009), la novela Nostalgias de la Calle Larga (2012) y la colección de ensayos Panorámica de la literatura en la Venezuela moderna. Cátedras de Salamanca (2014), títulos que integran parte de su repertorio bibliográfico que promociona nuestra cultura dentro y fuera del país. La filosofía encarnada en el vivaz, polémico y respetuoso comentario de las voces paradigmáticas de Sartre, Nietzsche y Heidegger no nos aísla del mundo académico occidental pero tampoco se compadece de sus vicios ideológicos, metodológicos y políticamente correctos. La literatura se explaya con desenfadada bondad, previo marco poético, para configurar una visión del mundo afilada, contundente, prevaricadora y, sin embargo, esperanzadora. En síntesis, la palabra creadora no edifica armatostes que disuaden a los lectores del placer indecible y libertario de la conversación con los libros. Por el contrario, Nelson Guzmán nos invita a cambiar el mundo desde la revolución interior que pica y se extiende al entorno sin miramientos.

Sunday, January 18, 2015

ELOGIO RETICULAR DEL LIBRO EN RÚSTICA Y SUS ALREDEDORES. José Carlos De Nóbrega

ELOGIO RETICULAR DEL LIBRO EN RÚSTICA Y SUS ALREDEDORES
José Carlos De Nóbrega

Toda ética de la soledad supone el poderío. Albert Camus.

Mendigo de lo que no conoce, / Mi ser en la carretera sin lugar / Entre estragos amanece… / Camina solo sin procurar. Fernando Pessoa.

La obra ensayística de Pedro Téllez se solaza en la consideración sensual, objetual y conceptual del libro. Por supuesto, dista de una apología fetichista de la literatura, pues el oficio de los escritores de raza se sustenta, entre otras cosas, en su vinculación dialógica con las letras que lo anteceden y la vida misma que acarrea sus objetos voluptuosos, manjares y bebidas. Por ejemplo, Añadir comento (1997), su primera entrega, representa una aproximación lúdica, desmitificada y humorística, si se quiere, a la literatura clásica que hace llevadera y digna la existencia de los hombres. Fichas y remates (1988) es un ready made lingüístico que relaciona dinámica y dialécticamente los bares, los remates de libros a la intemperie y las bibliotecas personales; de modo que las ficheras, las putas, los comerciantes portugueses, los mesoneros y los lectores de a pie se muevan en espacios aparentemente contrapuestos, preñados de la peripatética e insensata consistencia del gran Imperio de la Utopía encarnado en la ciudad de Esquilda. La Última Cena del Ensayo (2005) se nos antoja una transfiguración ensayística de los cuatro evangelios, por supuesto, configurada por un ateo en pos de una escurridiza ars poética del género que invoca y trastoca a Montaigne, Bacon, José Solanes y el padre Carías. Un naipe en el camino de El Dorado (2007), además de la revisita a clásicos como San Juan de la Cruz, de explorar personalidades disímiles e inquietantes como las de Páez y el tirano Aguirre, introduce una preocupación sociológica y lúdica por instituciones como el Hospital Psiquiátrico y la Seguridad Social. Este volumen lo cierra una crónica de intrínseco tenor lírico: “La otra mitad”, la cual entronca la autobiografía con la prosa poética despojada de pretensiones esteticistas que, sin embargo, conmueve por una ternura poco común. Hoy nos corresponde, de nuevo y por fortuna, presentar a la comunidad lectora su más reciente colección de ensayos, Elogio en cursiva del libro de bolsillo, bajo el sello amigo y alternativo de Ediciones Protagoni, c.a. de Luis García. Valga mi entusiasmo como lector y comentarista, nos parece que este título no sólo confirma la recapitulación obsesiva de los temas que siempre han ocupado a Pedro Téllez, amén del afilado instrumental de disección crítica y expresiva, sino también la evolución y consolidación de una de las voces más interesantes y comprometidas del momento literario en Venezuela.

El arranque que nos refiere Bestiario Doméstico empalma con La otra mitad, lo cual redunda en la estructuración contingente, poética y camaleónica de todos sus libros: El ensayista muta en entómologo, bibliotecario y reportero del mundo que lo embarga en sacudidas que colindan entre la revelación poética y el malabarismo intelectual que despotrica de los convencionalismos academicistas. Sí, el ensayo es la encrucijada que hermana a la filosofía y la poesía como iguales. Los trece comensales de la cena del ensayo, paradójicamente, se trasladan a la carnadura de las trece especies animales que se desplazan con suma vivacidad por el jardín que alude, a su vez, al Paraíso y el Infierno del cual nos habló Malcolm Lowry en sus desquiciantes novelas. Las ratas que no leen pero sí orinan, defecan y habitan los bloques de la biblioteca, nos remiten al poema objeto –Lucas Cranach mediante- que es el ensayo homónimo de este libro: El libro de bolsillo desorganiza la biblioteca, selvatiza las lecturas, multiplica los lectores y pasa de mano en mano, de mujeres a hombres como pretexto de nuevos encuentros, la devolución y el comentario. En su venganza se acompaña de su “pareja”: el cuaderno de notas. El culto al libro como objeto y texto cobra suma vitalidad en un discurso harto amoroso: No nos imaginamos a Francisco de Miranda recorriendo el mundo sin sus preciados libros, pues el desplazamiento físico va a la par del encabritado y febril viaje del lector; Colombeia, si bien fracasó como asentamiento político y geográfico, persiste aún en el asombro de conspicuos y solidarios lectores como Uslar, Picón Salas, Grases, Meneses, Denzil Romero y el mismísimo Téllez. No nos sorprende entonces la inmediatez y la oralidad picante de una conferencia como Biblioteca Personal del Diablo, en el marco del ciclo de charlas “Septiembre Diabólico” del Grupo Li Po: Su texto vivo, afín a un espíritu sedicioso y charlatán, centra su desnudez en el cambio frenético de la vestimenta, desde el retruécano hasta la sátira y la carnavalización de su discurso: El Diablo se excita con los místicos del Siglo de Oro español, con las traducciones del Cantar de los Cantares de Fray Luis de León, y con la tercera redacción del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz y con la Séptima Morada de Santa Teresa. De manera que el texto ensayístico estriba en la impostura más cruel, pues no podemos acceder a la humanidad en el confortable y pío despropósito de los vendedores de indulgencias religiosas y políticas (no es casual que escritores de medio pelo le endosaron en el siglo XX los cuatro sonetos atribuidos a Miguel de Guevara, Ignacio de Loyola y la referida Santa Teresa).

No podemos pasar por debajo de la mesa de la dupla San Jerónimo / cardenal Alberto de Brademburgo, un libro carnal, callejero y desternillante: Conversaciones con Taxistas que, al igual que la despiadada esencia objetual de Fichas y Remates, complace y se conduele del morbo de todo lector que se precie de serlo y vivirlo. Persiste la mirada entomológica que excede la del psiquiatra y el sociólogo, pues no sólo aprisiona los testimonios contra el papel como coleópteros clavados con chinches, sino clasifica a los taxistas además de incorporar categorías como “taxear” y “ruletear”. Incluso nos podríamos topar con un pastiche que involucra los géneros de la crónica urbana, el cuento breve o la fábula que troca en bestiario envilecido. Se mixtura lo académico con lo popular, no obstante lo que le dice el taxista As a su colega Travis Brickle en el film “Taxi Driver” de Martin Scorsese: No soy Bertrand Russell, tan sólo soy un taxista. La simulación de las voces ambulantes y urbanas, conduce a escrutar la humanidad de estas almas esquivas y perdidas, por lo cual el discurso gana humanidad no en balde la atmósfera satírica y amarillista. El taxista pareciera pues falsificar la voz poética y revulsiva de Juan Calzadilla: A mí no me gusta mujer con perro, porque al perro le encanta lamer cuca. Otro conductor explotado se redime estrellándose contra las grandes tetas de una mujer: ¡esto es una maravilla! Quizá dentro de muy poco tiempo, Pedro se reencuentre con Paul Schrader y el mismo Scorsese de la película Bringing out the dead, cuando nos ofrezca su mirada descarnada sobre los taxistas de la muerte, esto es los paramédicos que vuelan en las aterradoras y estruendosas ambulancias.

Otro de los hallazgos notables de este conjunto ensayístico es el fabuloso Mapa Temporal del Ensayo en la Venezuela del Siglo XX. ¿Persiste entonces el tono entomológico o epidemiológico? Por fortuna, Téllez construye una cartografía crítica invaluable del género en el país nacional y contemporáneo que, junto al Paisaje del ensayo venezolano (1999) de Oscar Rodríguez Ortiz, han de tenerse en cuenta como aproximaciones que se oponen al clima insulso de las Universidades venezolanas, bonapartistas o no. Este mapa díscolo, en clave de ensayo, asemeja a los mapas multicolores y terroristas de Miguel Von Dangel que tienen como soporte la superficialidad abandonada de diarios amarillistas: Coexisten en un sancocho cruzado, diverso y disímil el conservadurismo sociológico de Laureano Vallenilla Lanz, la escritura goda y clasicista de Arturo Uslar Pietri, el egotismo vitalista de Rufino Blanco Fombona adosado a su comentarista Ángel Rama, y la heterodoxia marxista de Ludovico Silva, por supuesto, en la multiplicidad factorial de sus afectos y repulsiones en el campo político, cultural y estético. En un futuro, a corto o mediano plazo, nos tocará incluir este magnífico mural ensayístico en un Canon nacional flexible, problematizador y dialéctico.

He aquí otro salto en la discontinuidad reticular de este elogio al libro en rústica: Amistad y Sabiduría, homenaje que festeja a su padre, el Doctor Téllez Carrasco, y a sus amigos Humberto Giugni, Roman Prypchan y Rafael Carías. Se nos antoja que su discurso fue concebido en el laberinto de los sueños y las anécdotas familiares, tendido su autor al lado de la presencia inasible del Padre: el amigo es un espejo donde mirarse, y define a la amistad como una unidad de almas, que comparten virtud. Pertenece al linaje dulce, no empalagoso ni cursi, del Bestiario Doméstico y La otra mitad. Permítanos citar este último texto, uno de los que más preferimos: Mi padre vivió lo suficiente para que terminara tratándolo como a un hijo: de él heredé los bienes –que tardó años en acumular- y la profesión; los bienes los gasté en meses y todavía trabajo como psiquiatra. La relación con la figura paterna no es para nada kafkiana, ni se identifica con la filmografía de Paul Thomas Anderson (recordemos a “Magnolia” o “Petróleo Sangriento”). Por el contrario, nos remite a una visión plena de ternura y de muy buen humor, tal como lo celebran y lo poetizan los cuentos del escritor y dibujante polaco Bruno Schulz (como si ocurriese en la pista humilde y dionisíaca de un circo latinoamericano).

Recomendamos también la lectura de cuatro textos políticos que se ubican en el último tercio de esta faena apasionada de la palabra: Anatomía del Bonapartismo Universitario, El Intelectual Post Orgánico, Del Lockout y el Sabotaje a la Renacionalización y El Sistema de Estado y el Instituto Armado (El primer año del gobierno de Chávez). Priva, en este apartado, la conjunción dinámica y dialógica del conocimiento científico y social y la más ardiente y polémica de las militancias. La cercanía en el tiempo no deprecia la maquinaria crítica, pues adversa con intensidad la banalización del discurso político y mediático de la Venezuela de hoy.

Leer y revisitar este estupendo libro no es un desangrar del corazón, sino un abrazo fraternal y solidario con el lector de a pie. No nos queda duda, es uno de los mejores libros publicados en los últimos treinta años por los valencianos de San Simeón el estilita, San Desiderio o Rasputín el monje bonchón. Si no lo creen así, sugerimos cruzar y contrastar su lectura con títulos tales como Antología del Decir de Luis Alberto Angulo, La luna no es de pan de horno de Laura Antillano, Acento de Cabalgadura de Enrique Mujica, Círculo Croata de Slavko Zupcic, Matadero de Reynaldo Pérez Só y Última luna en la piel de Orlando Chirinos. Este libro objeto de Pedro Téllez muestra impúdicamente su carnadura, sus coyunturas y cartílagos.

En Valencia, sede de la Cofradía de San Desiderio y el Colectivo Místico Anarquista Rasputín Vive, sábado 11 de octubre de 2014.

"LA TAPA DEL FRASCO" O DE LA POÉTICA SALVAJE DE LAS REVISTAS LITERARIAS. José Carlos De Nóbrega


“LA TAPA DEL FRASCO” O DE LA POÉTICA SALVAJE DE LAS REVISTAS LITERARIAS///
José Carlos De Nóbrega///

La mirada del poeta es sumamente vasta: únicamente él percibe los innumerables crímenes contra la Poesía. Murilo Mendes.///

Nuestra generación se crió en los años noventa al amparo de las revistas literarias, por supuesto, en el rol doble de lectores y escritores. Recordamos con afecto y agradecimiento publicaciones periódicas como La Tuna de Oro, Poesía, Zona Tórrida, Predios, Auditorio e incluso propuestas innovadoras y artesanales como Nanacinder, Animales Kraker y Fotocopias de Bárbula. Jorge Luis Borges nos dice aún que las revistas literarias son empresas culturales dinámicas que convocan a un grupo de amigos en la visceralidad de las repulsiones y afinidades poéticas. La redacción y corrección contingente de los textos me permitió compartir -en un estrepitoso concierto barroco- con camaradas escritores tales como Pedro Téllez, Luis Alberto Angulo, Reynaldo Pérez Só, Adhely Rivero, Slavko Zupcic, Niddy Calderón, Ximena Benítez, Carlos Villaverde, Carlos Yusti y el fotógrafo Yuri Valecillo. Precisamente hoy, desprovistos de nostalgias bobaliconas, Yusti reúne en La Tapa del Frasco a muchos de sus amigos. Sólo que esta curiosa revista se convierte en un ready made que puede colocarse en la impiedad de la calle, desdiciendo la sacralidad artificial del oficio literario, tanto en los mercados periféricos como en los garitos, bares y comederos.///

Embutir los textos literarios propios y ajenos en la diversidad objetual y biodegradable de bombas lacrimógenas, botellas de plástico, billeteras viejas, bolsas de chucherías y/o cajetillas de cigarrillos, apunta al despropósito aparente que es la ausencia de una línea editorial. En lo que a mí respecta, Carlos Yusti me ha publicado en revistas standard y electrónicas, periódicos y objetos de arte pobre con o sin mi consentimiento. Esta peculiarísima idiosincrasia divulgativa nos revela, en una segunda y capciosa lectura, una denuncia a las instancias castradoras, egocéntricas, rastracueros y auto-propagandísticas que sumen al discurso mediático y literario en la más desnuda y frívola banalidad. Hasta el mismísimo Cristo estaba consciente de lo mal visto que está el Decir crítico y auto-crítico en todas partes y en todos los siglos: Palabra dura es esta que trae consigo dividir a padres e hijos. Por lo tanto, no nos mueve aquí un análisis académico ni políticamente correcto de esta descocada propuesta hemerográfica. Claro, estos objetos reciclados suponen una dificultad para el bibliotecario y el curador de arte, formados ambos en la tiranía ideológica de los aparatos del Estado y las instituciones privadas: Los ejemplares de la revista no calzan con la estantería ni con el mobiliario de bibliotecas y museos antisépticos.///

La apariencia rústica y áspera de los textos-objetos excede las piruetas rocambolescas y confortables del discurso transgenérico enclavado en la futilidad inherente del mercado editorial y museístico. El guiño cómplice a las propuestas estéticas del catalán Joan Brossa y del venezolano Claudio Perna, disímiles pero conmovedoras por demás, trasciende y pulveriza la esterilidad de la cita mal hecha que procura la legitimación artística, comercial y política. Esta línea dura de la crítica de Yusti a su alrededor histórico-cultural, no debería sorprender a nadie ni dejar de escandalizar la sensiblería y la afectación mal parida de algunos. Previa toma del vomitivo, podemos remitirlos a sus libros como Vírgenes Necias, Cuadernos del Argonauta, Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos, De ciertos peces voladores o Poéticas del ojo. Una mirada impertinente acerca de las artes visuales. En este caso, no se trata de edificadores peroles pedagógicos sino de artículos punzo-penetrantes que atacan las vidrieras de los centros comerciales que son frecuentemente las revistas de toda índole, las academias e incluso las penitenciarías.///

La vinculación de lo plástico y lo literario en la obra artística de Carlos Yusti, por lo tanto, no viene a cuento por un mero y onanístico afán de hacerse notar en este mundo escindido. Por el contrario, fija una inequívoca posición crítica como lector, espectador y, en especial, en tanto hacedor de infamias que descoyunten sin piedad el aparataje discursivo y real del Poder. En la presentación de esta exposición, otro amigo, poeta y pintor desquiciado [se trata de Roger Herrera] nos advierte que un Juan Bautista redivivo sigue asaeteando a políticos y criminales en el agridulce pan masticado de cada día. La propuesta estético-literaria de este último brebaje del desierto, combate el fetichismo de la mercancía artística en su propio terreno. Se trata de llevar al paroxismo hiperrealista la fragilidad de la revista literaria como objeto cultural.///

Mentar, categorizar y evaluar la fragilidad de las revistas no supone el lamento ni las endechas proféticas de Jeremías. Vadeando a contracorriente, constituye un ejercicio espiritual que se regodea en la sinestesia de la imaginería del mundo tratada a punta de blasfemias y prevaricaciones. Para la mayor Gloria jesuítica que involucra a Dios y al Diablo, las alusiones literarias, plásticas y políticas de ayer y hoy nos reconvienen la mirada extraviada de los zombis y la cerviz doblegada que son la sintomatología de la esclavitud asalariada y falsamente plural que embargan a sociedades enteras. Resulta injustificable la desaparición de las entrañables revistas de papel en el ostracismo físico o virtual. Los autores intelectuales de estos crímenes literarios, valga la cruenta paradoja, son escritores la mayoría de las veces: Representan la reencarnación obscena e impía del Inquisidor Torquemada, apuntalada en el funcionariato servil y una sociedad de cómplices impresentable. Si bien los objetos son efímeros en su depreciación física y su depredación por parte de terceros bien mezquinos, se pueden reconvertir en hitos históricos y culturales significativos a merced del ojo atento y depredador. La literatura y las artes visuales ennoblecen a la humanidad, eso sí, en la magia de su naturaleza latente que nos toca y vincula con la belleza de los objetos.///

En la Valencia de los urinarios desgajados del Hotel Excelsior, homenaje a Duchamp mediante, jueves 15 de enero de 2015.

Wednesday, January 14, 2015

LA TAPA DEL FRASCO:ACCIÓN POÉTICA Y GRAFÍA. Roger Herrera Rivas


LA TAPA DEL FRASCO: ACCIÓN POÉTICA Y GRAFÍA/
Roger Herrera Rivas*//
Texto de presentación de la exposición "La Tapa del Frasco" de Carlos Yusti, Quinta La Isabela,diagonal al Liceo Pedro Gual, Av. Bolívar Norte, Valencia, Carabobo [del sábado 29 de noviembre de 2014 al jueves 15 de enero de 2015, clausura a las 4 pm]///

Uno de los oficios predilectos de este asiduo usuario de la acción, ha sido el nombrar cual Quijote cualquier ocurrencia que devenga de la plástica o bien de endilgar poéticamente las pulcras y deterioradas paredes de nuestras ciudades. Carlos Yusti rebosado de fantasía ha incurrido en el play perfomántico al abandonar sus zapatos en un evento que convocaba a muy jóvenes artistas a dilucidar su suerte en la acción o quizás intervenir el espacio con sus gritos. Yusti entregó como ejemplo su viejo calzado. De igual forma hace décadas le vi al frente de un grupo de opinión pública y política realizar acciones desde un camión en marcha por allá en Puerto Ordaz, San Félix y Ciudad Bolívar, me refiero a sus primeros avances con algunos integrantes del grupo El Cogotúo como Francisco Arévalo ( Poeta ) y Ramón Espina (pintor) y otros connotados patafísicos del momento. Más adelante dibujó, grafitó, pintó y escribió sobre el delicado papel higiénico de su hogar, para destacarlo como un protagonista más de un evento dedicado al fluxus o tal vez al happening. Eso es claro sumado a todas las empresas editoriales y otros arrebatos literarios. Para muestra, me digno en nombrar su última sacudida: La Tapa del Frasco: ¿facsímil?, ¿obra de arte ?, ¿Fluxus, arte povera?, ¿Literatura al margen?///

En ella se resumen todas sus invenciones, dadas a la minúscula posibilidad de escribir sobre un comprobante de pago en un cajero; o sobre la cédula de identidad o quizás un carnet o un boleto de metro. Esto es la síntesis visual holística de un cerebro delicado de por vida a inventar e inventariar las formas. Un fuera de lugar, en estos terrenos desérticos donde la política y el crimen son el pan de cada día. Carlos Yusti se redime como un plástico prestado a las letras y lo contrario.///

He aquí su hacer: La Tapa del Frasco.///
Diseño: Calos Yusti. Fotografía: Yuri Valecillo. Coordinadora editorial: Carla Daniela Alcalá.///

ESCRIBEN: Morelva Oropeza, Slavko Zupcic, Gabriel Juménez Emán, Pedro Téllez, Alberto Hernández, Francisco Arévalo, Juan Guerrero, Milagro Haack, José Carlos De Nóbrega, Alcides Izaguirre, Leonardo García, Alicia Francis, Roger Herrera Rivas, Teresa Coraspe, Franklin Fernández, Natalia Lara, Argenis Salazar, Avelina Lésper, José Gregorio Maita, Elinor Herrera.///

*Roger Herrera Rivas (Caracas, 1962): Poeta. Licenciado en Teatro (instituto Universitario de Teatro). Ha publicado el estudio monográfico “Apuntes sobre el Teatro y su doble” (2001) y los poemarios Fragmentos (1987), La crin de Dios (1996), Desadaptados (2000), Elegías de Wölfing y Los balandros son dioses (2005). Obtuvo la mención del premio Tomás Alfaro Calatrava (2000), auspiciado por el diario La Antorcha y el Ateneo de el Tigre.

LOS DIARIOS DE LUDOVICO SILVA. José Carlos De Nóbrega


Salmos Compulsivos/
LOS DIARIOS DE LUDOVICO SILVA/
José Carlos De Nóbrega//

¿No hay un antagonismo irreductible entre un Estado todopoderoso y unos intelectuales que se atreven a decir la verdad? Ludovico Silva, El Anti-manual.///

El jueves 4 de diciembre, 5 pm, en la sede del Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo Gallegos” ubicada en Altamira, se realizó la presentación del proyecto de publicación de los diarios de Ludovico Silva. El evento contó con la participación activa de Leonardo Bracamonte, coordinador de investigación y estrategia de la institución, María Riera, directora de publicaciones, y Carlos Ortiz, coordinador de este ambicioso proyecto. La pertinencia de la empresa editorial no sólo descansa en el reconocimiento de la obra filosófica, política y literaria de Ludovico Silva, sino también como contribución notable a la comprensión y divulgación de su pensamiento. Se tiene pautada la publicación de estos Diarios, equivalente a diez carpetas manuscritas, para el año 2015, por lo cual suponemos la oferta invaluable de este insumo a investigadores y críticos interesados en el trabajo escritural poligráfico de nuestro Ludovico.///

En su detallada y fructuosa intervención, Carlos Ortiz conversó con la audiencia sobre el maravilloso hallazgo que representan estos Diarios. En primer lugar, el desdoblamiento de su mismo autor en un concierto contingente de múltiples personalidades. Salta a los ojos lectores la confrontación personal, crítica y humorística entre el escritor Ludovico Silva y la persona que fue Silva Michelena; tal disputa acalorada nos conduce a una legión de voces que apuntalará tiempo después la obra heterodoxa y polémica de nuestro autor. No se trata, pues, de la construcción egótica de un personaje sino de la configuración de una voz que abordó la poesía, el ensayo literario y el marxismo crítico heredero y posterior a la Escuela de Frankfurt. En segundo lugar, los Diarios exceden la prosa confesional para solazarse en un inigualable juego transgenérico que comprende la poesía propia, la traducción de otras voces poéticas, la crítica literaria, la literatura epistolar y el humor negro y díscolo de sus anotaciones sociológicas. Por supuesto, no podemos obviar el desparpajo autocrítico de su construcción autobiográfica, el cual se nos antoja afín a los autorretratos pictóricos y escritos de Juan Calzadilla. Es un autoanálisis travieso y desmitificador que entrampa tanto al paciente como al alienista. Nos atrevemos a acompañar a Ortiz, cuando estos Diarios prefiguran la obsesión por temas como la alienación, la ideología como falsa conciencia encubridora y el vino como río sanguíneo, vital y venenoso que alienta el decir poético.///

Por supuesto, Carlos Ortiz disertó sobre la problemática técnica de la empresa. Elogió la transcripción de los Diarios que encabezó el poeta y músico Luis Ernesto Gómez (tengo el honor de haber sido uno de los dactilógrafos), ello en virtud de su rigor y limpieza. En el distanciamiento técnico de un atento editor, Ortiz propuso que la publicación de los Diarios habrá de facilitar la labor crítica y académica en el tratamiento de la obra de Ludovico Silva. A tal respecto, se establece la necesidad de traducir los textos propios y ajenos en lengua extranjera, además de la construcción de un índice analítico que permita el goce de los críticos y los lectores a lo largo de su complejo y accesible corpus. De esta forma, se cubre una curaduría crítica y fidedigna de estos escritos, dada su calidad reticular que cruza diversos géneros literarios, amén de su polifonía maravillosa.///

Resulta comprensible la espera jubilosa de estos Diarios por venir.

UNA CARRETILLA ACARREANDO LECTURAS. José Carlos De Nóbrega

UNA CARRETILLA ACARREANDO LECTURAS, José Carlos De Nóbrega.///

A los 43 jóvenes normalistas desaparecidos en el estado de Guerrero, México.///

A José Briceño Guerrero, pues de él aprendimos que ser es ser dicho.///

Como esos libros antiguos, los de los microbios y lectores muertos, los libros están antes de nosotros y seguirán después. Pedro Téllez.///

Mis inicios como lector se deben, paradójicamente, a los libros escolares recién comprados o, mejor aún, salidos del horno. Especialmente los manuales de Castellano y Literatura, Educación Artística e Historia de Venezuela y Universal. Embargado por el olor a tinta y papel frescos, me dejaba llevar por el hiperrealismo crudo de los cuentos grotescos de Pocaterra, el giro lúdico e inverso de “La Noche boca arriba” de Cortázar o el Doppelgänger criollo y cínico que es “El difunto yo” de Julio Garmendia. Asimismo, leía con asombro la solidaridad con los desposeídos en “Los Comedores de papa” de Van Gogh, el discurso satírico y terrorista de “Los Caprichos” de Goya, la desolación campesina que hermana a César Rengifo y Héctor Poleo, o la requisitoria antifascista que es “Guernica” de Picasso. El legendario Paso de los Andes de Bolívar, sin salvar las distancias convencionales ni los lugares comunes, la Gran Marcha de Mao y el avance del frente ruso que motivó el suicidio de Hitler y Eva Braun, impresionaron mi febril imaginación y la inteligencia épica; por supuesto, la épica histórica empalmaría con la cinematográfica, de allí nuestra predilección por “Gallipoli” de Peter Weir, “Los Siete Samuráis” de Kurosawa, “La Batalla de Argel” de Pontecorvo y “El Tambor de Hojalata” de Volker Schlöndorff. No puedo obviar un film de culto antibélico como “Senderos de Gloria” de Kubrick. Luego, amorochadas con los soporíferos libros de texto, vendrían las novelas que no me sabían a aceite de ricino sino al asopado de arroz, lentejas y carne a la jardinera de mi madre: Desde las teticas de guayaba de Carmen Rosa en “Casas Muertas” de Otero Silva; pasando por la insolación física, política y social de “Cantaclaro”, para nuestro gusto caprichoso la mejor de Gallegos; hasta ese librazo cómplice y camarada que es todavía “Piedra de Mar” de Pancho Massiani.///

Mención aparte merece el Gabo, uno de los nuestros por la vecindad geográfica, cultural, estética y especialmente afectiva: En la indecente apreciación de este narrador y ensayista compulsivo, constituye mi primera referencia literaria: Ambos estamos conscientes de que sólo servimos para escribir con la mollera, el corazón y las tripas. Si “La Hojarasca” me trajo visceralmente a Macondo con su tropical calor pegajoso, sus supersticiones y miedos veterotestamentarios (no en balde los catorce grados centígrados de la Caracas de entonces aparejados con los ardores púberes), “Cien Años de Soledad” supuso una revelación asombrosa, esto es la literatura como apertura y cierre de la Totalidad contingente y discontinua que nos abraza: bandada de múltiples voces entrecortadas que recoge y desparrama en la recreación del oprobioso mundo amado, los amores no correspondidos y las causas inauditas a defender que sólo delatan nuestra inconformidad y desadaptación. He de confesar que obtuve más plata escribiendo trabajos diferentes sobre ambas novelas para mis flojos condiscípulos distraídos, que los bolívares viejos que me deparaban las dupletas hípicas con las que recorría La Pastora en Caracas o Tarapío y Caprenco en Valencia, la de San Simeón el estilita. Como pueden constatar, de ahí viene esta terca pasión por las palabras que tan sólo busca ensayar junto a ustedes una conversación sobre los autores que nos gratifican y honran en el juego bifronte del lenguaje. No nos caigamos a embustes: Soy un cronista mercenario de estos días sin dispensación, flaco de hambres y hambriento de amores como el protagonista de “Memorias de mis putas tristes”, indudablemente una de sus novelas más simpáticas y enternecedoras. ¿Cómo no reencontrarme con García Márquez en el realismo poético de “Apuntes y congojas de una decadencia novelada en tres muertes” de nuestra Doña Ana Enriqueta Terán, o las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia recreadas por Billo, o ese homenaje vitalísimo de Rubencho Blades y Seis del Solar que es “Agua de Luna”? Pese al terror compartido con Salvador Garmendia en cuanto a revisitar las páginas monstruosas de las grandes novelas que cautivan la memoria, me resta abrevar en el lamedero magnífico de “Cien Años de Soledad”, pues los condenados de la Tierra siempre forjan sus oportunidades de redención con maniático denuedo.///

Otra de las lecturas púberes a las que tampoco he vuelto, apunta a dos novelas maravillosas de Hermann Hesse, “El Lobo Estepario” y “Demian”, las cuales exceden con creces las etiquetas confortables de la crítica y el mercadeo editorial: No son meras narraciones de formación, sino hermosos y rebeldes instrumentos de búsqueda interior que van a contracorriente de la chatura y el oropel con la que los poderes fácticos pretenden ocultar la belleza vinculante y poética del mundo. Al mismo tiempo, nuestro entusiasmo juvenil se avivó con tres libros breves publicados por Fundarte: “Última luna en la piel” (1979) de Orlando Chirinos, “Antología de la Casa Sola” (1981) de Luis Alberto Angulo y “25 poemas” (1982) de Reynaldo Pérez Só, autores radicados en el exilio valenciano con quienes comparto hoy no sólo una gran amistad sino sus enseñanzas en el campo de la narrativa y la poesía. Treinta años después, ha persistido mi afán de lector y comentarista respecto al resto de la obra de cada quien y cada cual, al punto de tocar decisivamente mi trabajo ensayístico. Hemos conversado dentro y fuera del bonapartista campus universitario, en los afectos y las repulsiones que implica una visión crítica y descarnada del entorno académico. No es accidental que nos detengamos a revisitar la obra de escritores de transición tales como Enriqueta Arvelo Larriva, Elías David Curiel y Andrés Mariño Palacio, lo cual conduce a una configuración personal y problematizadora del Canon venezolano. En el claustro arterioesclerótico de la Universidad de Carabobo, al igual que el endemoniado atribulado por la Legión interior, accedimos a Marx, Proudhon, Bakunin, Gramsci, Trotsky, Domingo Alberto Rangel y Ludovico Silva. Sin embargo, creemos que esta Torre de Babel revolucionaria apuesta por este pasaje del Manifiesto del Partido Comunista: “En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y antagonismos de clase, surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos”. Muy a pesar del desencanto ideológico y estético de los años ochenta, sumado a la edificación ardua y contradictoria de un proyecto socialista alternativo en el país de hoy, esta cita textual nos convoca a persistir en el cambio estructural de la sociedad con un espíritu crítico y libertario que desdiga la banalidad del discurso y el despropósito político.///

La necedad presuntuosa de no escribir una sola palabra mía sin antes haber leído bibliotecas a raudales, fue conjurada afortunadamente por Pedro Téllez, quien me tendió la mano y ofreció las páginas de la revista “La Tuna de Oro” de la U.C., en las cuales se iniciaron mis comentarios con el “Manual del Distraído” de Alejandro Rossi. Diez años antes, Luis Cedeño había publicado la mitad de un primer cuento en la página literaria de “La Braga” amparada en el desaparecido diario “El Regional”. Por supuesto, el relato original y las copias del diario fueron destruidos por mí en un acceso de rabia inútil y visceral: La mala imitación del Vargas Llosa de “La Casa Verde” no justificaba suprimir ese primer y tonto intento. Escribir y publicar en revistas y diarios, supune construir una bitácora accidentada y significativa de lecturas variopintas. Reynaldo Pérez Só, otro de mis amigos y maestros tutelares, me instó a publicar reseñas y ensayos en la revista "Poesía", lo cual diversificaría mis lecturas, pues mis ojos se sumergían casi exclusivamente en la prosa, el hermano díscolo, devoto y diabólico de la Poesía. Curiosamente, un taller de traducción de poesía brasileña y portuguesa coordinado por Reynaldo, despertó la lengua de mis padres madeirenses que se hallaba enmarañada en mi memoria. Si bien mis apreciados condiscípulos desertaron, me queda como certificado atípico de aprobación tres libros de traducción que me aproximan a la poesía contemporánea de Brasil, a dos poemarios de Lêdo Ivo y una novela de Clarice Lispector. Además, mi tesis de maestría fue un ensayo sobre la obra de Lêdo, previa sugerencia de Luis Alberto Angulo. No había conocido personalmente a ese marinero del fuego sino años después, gigante bajito y travieso con los pies enfundados en zapatos de goma que hoy patean su natal Maceió: É a este lugar que retorno / quando a chuva cai em Maceió e derruba as folhas / dos cajueiros floridos. Antes de despedirse de este comentarista compulsivo, quien no es de Nueva York ni ha viajado más allá de los Puertos de Altagracia, nos obsequió un dueto poético bilingüe con Luis Alberto en el Teatro Teresa Carreño. Esto es el uno celebrando al otro. Cómo echamos de menos esa línea exploratoria de la revista “Poesía” que reivindicaba otras poéticas como la brasileña, la portuguesa, la gallega, la catalana, la china, la japonesa, la africana o la caribeña y nos proveía de otra vuelta de tuerca respecto a la gran poesía latinoamericana de habla castellana.///

No es casual entonces la similitud fonética de las palabras “lectura” y “aventura”: Leer implica la configuración mágica de una épica personal que se confronta de golpe y porrazo con un entorno inhóspito. Se asemeja a esa “Comuna en Alta Mar” que fue el asalto al trasatlántico portugués “Santa María” el 22 de enero de 1961: El disparate de Galvão, Soutomaior y Velo refundó su navío de locos como el “Santa Liberdade”, siendo el nombre quijotesco de la operación “Dulcinea”, al punto de poner de cabeza no sólo a las dictaduras de Franco y Salazar, sino también a la mismísima VI Flota norteamericana. La lectura no es posible en la antiséptica soledad del estudio, por el contrario, se completa con intensa vivacidad cuando la compartimos con el Otro en las aulas, las calles, los textos garrapateados en la fiebre y los bebederos que pican las lenguas y las gargantas. Esta épica que se opone a los convencionalismos y las comodidades pésimamente negociadas, se asimila tanto a la búsqueda mística y poética de San Juan de la Cruz, como a la crónica lírica y transparente que Miguel Hernández trina respecto a su tiempo convulsivo. Don Quijote nos recrea una maravillosa y libertaria Edad de Oro ante los cabreros y después es apaleado sin misericordia por la villanía del Poder feudal. La lucidez, ese atributo demoníaco que aún nos espanta, puso en cana a Oscar Wilde y volatilizó a Ambrose Bierce en el México de Villa y Zapata. Leer es un acto placentero pero también controversial y revolucionario, con los sinsabores y la amargura que inevitablemente traen consigo. Persiste en la memoria la inquietud aterrada del poeta Roque Dalton ante el libro de León Trotsky que le acechaba desde la mesita de noche: El brazo de Stalin y sus agentes es muchísimo más largo que el de Poseidón, de allí la jodisea de estos héroes nuestros que la mayoría de las veces termina ante el pelotón de fusilamiento o en la más atroz de las emboscadas. Sin embargo, la lectura nos conduce a unas islas extrañas pero paradisíacas. La felicidad no es una falsa recompensa sin fin que esconde los mecanismos reales del Poder. Se nos presenta a chispazos contingentes, inesperados y deslumbrantes. El embotellamiento fantástico de la Autopista del Sur troca en comuna automotriz que triza por momentos al fetichismo, el consumismo y la misma Catedral del Siglo XX que es el automóvil como bien lo diagnosticó Roland Barthes.///

Las lecturas de mi infancia remitían al Santo, el enmascarado de plata, con su atmósfera naif en el imperio del color sepia. Hoy no puedo desvincular la obra de Juan Rulfo del magnífico trabajo plástico de José Guadalupe Posada, pues me suenan a la recreación de una revolución traicionada por los politicastros y los burócratas. Siempre nos encantaron las viñetas antiguas que abundaban en la revista “Poesía”, al igual que los dibujos de Doré que se fundían como si nada en el Quijote de Cervantes o el Barón de Münchhausen de Raspe. Asimismo los autorretratos de Juan Calzadilla que lo desdibujan ad infinitum. Leer y comentar “El Elefante muere” de Guillermo Cerceau, esa estupenda revisita del mundo circense, constituiría un falaz ejercicio si no retrotraemos la fotografía de Diane Arbus o la película “Freaks” de Tod Browning. La integración de las artes enriquece y estructura la apreciación respetuosa del texto literario. En el cuento “Aguas Permanentes”, Laura Antillano mixtura la crónica boxística, la imaginería alienante de la T.V. y el amarillismo periodístico para poner en escena una tragedia por partida doble: la del malogrado Kim Duk Koo y la del desesperanzado campeón sobreviviente Ray Mancini, confundiéndose los roles de la víctima y del victimario. El “Torito” de Cortázar, los guerreros homéricos, mi “Dragón Lusitano”, los taxistas de Téllez o los médicos y pacientes de “Px” se hermanan en el ardor y las intermitencias de una lucha insomne y peripatética: “en el fragor de la lucha / apenas el triunfo le conmueve / se vence a sí mismo / esa es su guerra”, valga la cita al poeta Kid Pambelé que comparte esta mesa conmigo. Adversar el discurso y la realización materialista del Poder, por vía de la lectura de los bien amados volúmenes y el teatro de operaciones que es la vida, implica en unos casos ser el campeón defensor o ser el sparring vapuleado. No podemos pretender salir ilesos de este difícil pero delicioso atolladero. El pisapapeles que inventó Julio Garmendia para parodiar la adaptación artificial y alienante a la realidad circundante, nos servirá de senda ñasca para quebrantar día tras día la vidriera que nos impide salir a jugar bajo el aguacero.///

En la Valencia de la Cofradía de San Desiderio, para la mayor gloria del Dios de los anarcoteístas, miércoles 5 de noviembre de 2014.

DOMINGO ALBERTO RANGEL, UN AGUAFIESTAS EN EL CELARG. José Carlos De Nóbrega


Salmos Compulsivos/
DOMINGO ALBERTO RANGEL, UN AGUAFIESTAS EN EL CELARG/
José Carlos De Nóbrega///

No precisamente decir la verdad o la mentira –eso todavía es un prejuicio- sino decir la Vida, que no es falsa ni verdadera, sino simplemente Vida, con sus contradicciones y su dolor. José Revueltas.///

A José Francisco Jiménez Castillo, amigo fiel y comentarista entusiasta de Domingo Alberto.///

El Simposio “La Razón Extremista. Homenaje a Domingo Alberto Rangel”, realizado el 3 y el 4 de diciembre de 2014 en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, nos permitió una aproximación pertinente y sentida a la vida y obra de este notable intelectual venezolano. Por supuesto, Domingo Alberto es nuestro aguafiestas por excelencia, en virtud de su irrenunciable y contundente disposición crítica en relación al mundo y a su país. Si bien es menester hoy defender y profundizar los logros del proceso bolivariano, no está de más ejercer la autocrítica con responsabilidad para corregir sus fallas, pues de lo contrario las gríngolas entusiastas, burocratizantes y unidimensionales entenebrecerían la mirada hasta el encandilamiento. Por lo tanto, valga un reconocimiento por partida doble (dados la claridad intelectual y sobre todo el coraje vital) al equipo del CELARG en la organización y realización de tan significativo evento.///

Las tres mesas o, mejor aún, el trípode temático y metodológico (I.-Historizar a Domingo Alberto Rangel; II.-Narrar el tránsito. Proposiciones escriturales y ejercicios críticos de DAR; III.-El carácter del capitalismo venezolano y los caminos de la revolución, según DAR) convocó a once intelectuales venezolanos en la comprensión de su trascendental y estimada obra: Steve Ellner, Carlos Urrieta, Leonardo Bracamonte, José Carlos De Nóbrega, Lionel Muñoz, Carlos Marín, Nelson Guzmán, Judith Valencia, Anaís López, Enrique Nóbrega y Duilio Medero. El simposio se inició con la proyección de un video de R. Rico que registró con naturalidad el testimonio de Domingo Alberto sobre su actuación política e intelectual, su relación con el Partido Comunista, la resistencia y la insurrección, amén de la configuración de su personalidad ingobernable y libertaria. En este caso, el temblor de sus manos ajadas por el tiempo no le restó en lo absoluto a la lucidez encabritada de su pensamiento que aún nos toca. ///

Desdiciendo a las aves de mal agüero, exhibicionistas y decadentes como un pavo real intoxicado, los panelistas -animados de un espíritu comunitario enclavado en la diversidad del pensamiento- desarrollaron una red conversada y dialógica que abrazó con respeto y alta consideración a este gran y díscolo venezolano. Rescatamos en las intermitencias de nuestra memoria, acuciosas y vivaces intervenciones que apuntalan por igual el buen decir crítico y la esperanza por un mundo realizado en revolución permanente: Desde los asertivos apuntes politológicos de Steve Ellner, la biografía personal de nuestro huracán Rangel por Carlos Urrieta y la precisión historiográfica de Leonardo Bracamonte; vadeando este río desbordado proveniente de Tovar a través de los remos de José Carlos De Nóbrega, Lionel Muñoz, Carlos Marín y Nelson Guzmán, quienes destacaron las dotes proféticas, poéticas y narrativas de DAR en su apropiación personalísima y apasionada de Venezuela y América Latina; hasta las inquisiciones históricas y sociológicas de Enrique Nóbrega y Duilio Medero que recalaron en la aristocracia del dinero y la percepción del tema militar respectivamente. Por supuesto, nos merece destacar las ponencias de dos mujeres encantadoras y talentosísimas: Judith Valencia, quien nos incitó a una lectura crítica y experimental de los tres tomos de “Capital y Desarrollo” en el discernimiento de la plantilla conceptual-militante y la narrativa sin par de Domingo Rangel Burgoin que caracterizan su discurso crítico; y la jovencísima Anaís López que realizó una estupenda exposición sobre la óptica de nuestro autor dirigida al conflicto colombiano. Nos acompañó Domingo Alberto Rangel Mantilla, su hijo, con palabras calurosas y agradecidas que contribuyeron a ennoblecer estas dos jornadas fructuosas.///

Permítanme este colofón: Domingo enciende nuestro corazón en la brillantez y sinceridad de su discurso revolucionario más allá de la depreciación de las temporalidades. Es nuestro imperativo presentarlo y comentarlo a los más jóvenes.

Thursday, August 21, 2014

ANA ENRIQUETA TERÁN O EL CORAZÓN DEL ÁGUILA. José Carlos De Nóbrega

ANA ENRIQUETA TERÁN O EL CORAZÓN DEL ÁGUILA
José Carlos De Nóbrega///

Quién dijo que todo está perdido: / yo vengo a ofrecer mi corazón. Fito Páez./// Las cuatro juntas: cómo ir contra el clan, aceptaron destino. Ana Enriqueta Terán.///

Apuntes y congojas de una decadencia novelada en tres muertes (2014) de Doña Ana Enriqueta Terán, primera incursión novelística publicada por la Fundación Editorial El perro y la rana, nos obsequió una experiencia inigualable y harto placentera: El discurso narrativo excede la historia del clan familiar e incluso la reivindicación de la voz femenina; su tersa y franca urdimbre está enclavada en la celebración conmovedora del habla de la infancia y el lenguaje poético que construye túneles de amor y memoria. Esta maravillosa novela coquetea, por fortuna, con la musicalidad clásica del soneto y la oralidad popular, rural y andina de la décima. La palabra recrea así nomás mestizajes alambicados y entrañables, eso sí, en el predatorio y dinámico marco de las relaciones de poder que encabritan a los hombres. Si bien no sólo hay alusiones autobiográficas sino también al devenir mismo de su obra poética (léase, por ejemplo, en voz alta el poema “Lo sagrado del sueño”), la novela nos parece uno de los mejores ejercicios de ficción literaria de los últimos treinta años en el país. Son abundantes sus virtudes narrativas que redundan en la calidad plástica y sinestésica de sus atmósferas, la construcción apasionada de los personajes y las modulaciones múltiples de la voz que cuenta y canta hasta cien para desandar o revisitar un siglo. Paradójicamente, autores como Gabriel García Márquez o Adriano González León cierran el ciclo con libros sobre la depreciación nostálgica de la vejez; en cambio, Doña Ana intenta la senda inversa, esto es la recuperación poética de la infancia que trasciende la Utopía romántica (se trata de la consolidación de una voz singular cargada de humanidad tocable).///

Las protagonistas son indudablemente maravillosas en la precariedad, la contrariedad, la fortaleza y los silencios de afuera y de adentro: Doña Juana Teresa, la abuela y la casa; Ama Ina, la sierva devota y celestina; y, por supuesto, Manuela, Isabel María, Niña Chayo, y Niña Candela, nietas y cuentas preciosas del rosario familiar contingente que se reconcilia con los anillos de la sierpe que pende de la viga principal del techo. Panchita, la culebra tuquí, no encarna la culpabilidad veterotestamentaria de la mujer infligida por el macho semental y patriarca, ni muerde su calcañar, por el contrario, las acompaña en las lazadas cómplices viga a viga (tal es el solidario cariz cenital de la voz narrativa que las enaltece, en el decir dubitativo y provocativo de Manuela, que reduce a los hombres temidos, amados, castrados y manipulados a emulsiones fantasmagóricas). El mea culpa tampoco funciona a nivel socio-económico, pues cunde la humanidad inmediata de godos y campesinos, niñas mantuanas y guarichas: “¿A ras de quién establecer culpas? Eran circunstancias. Intensos momentos en extensión de paño interno”. He aquí la hermosísima irrupción del Bestiario, factor poético y metafórico de primer orden que afinca la compleja, sentida y escurridiza personalidad de cada quien, “el goce del tacto era el acercamiento a la bestia de uno”: el escudo matriarcal encarnado en el águila de Doña Juana Teresa, encadenadas ambas en la casa; el cordero de Isabel María, “agobiado de blancura mística”; o el coleccionismo entomológico de Niña Chayo que se apropió no sólo de coleópteros y escarabajos, sino de otros animales y seres humanos amados. Se nos hace difícil no asociar la novela con dos obras maestras del cine: Gritos y Susurros de Ingmar Bergman, un evangelio coral feminista a cuatro voces, y Cría Cuervos de Carlos Saura que edifica un delicioso y complejo universo femenino en el opresivo confinamiento de la mansión burguesa poco antes de la muerte del franquismo. Por supuesto, nuestras mujeres se oponen sutil y silenciosamente al conservadurismo seco de la sociedad andina de aquel entonces: el “PURO LEER” de la matriarca, desde los clásicos rusos al Siglo de Oro español; pasando por la depredación sexual de Niña Candela o el ateísmo encubierto en la compulsiva religiosidad de Niña Chayo; hasta el dolorosísimo y vindicador ejercicio escritural de Manuela, desprovista de toda Victoria posible, “¿Será la palabra la única victoria de Manuela?” (qué tal les parece este llamado interior: “Despacito, Manuela, no se desboque; prados de hoja menuda no destruya”, sazonado con la musicalidad inherente de un verso de arte mayor).///

Si nos pidiesen llevar textos narrativos de nuestra predilección al Ágora o, mejor aún, a un espacio público más bondadoso, seleccionaríamos entre otros títulos “Acento de Cabalgadura” de Enrique Mujica, “En virtud de los favores recibidos” y “Los días mayores” de Orlando Chirinos, además de esta novela de Ana Enriqueta Terán. Privaría en esta arbitraria y sentida escogencia una concepción lúdica y transgenérica de la novelística y la cuentística, amén de la conjunción de la memoria y la oralidad como propuesta poética transparente e inmediata. Reiteramos que el lenguaje, en sus diversas implicaciones, es la línea central e indagatoria de Apuntes y congojas de una decadencia novelada en tres muertes. Constituye por una parte la revisión y recapitulación de la pasión escritural de nuestra autora. Son evidentes los puentes que establece con la Autobiografía en tercetos… de 2007, especialmente en los casos de “Invocación a la madre” y “Ríos de infancia”; asimismo con la Antología poética de 2005, lo cual comprende la afinidad temática y las peculiaridades musicales e imaginativas de su discurso vital y personalísimo. Más importante aún, hemos de destacar el afán multidisciplinario que repercute hondamente en la construcción de este microcosmos novelístico: la prosa es olorosa al fogón de Ama Ina y al jardín cuidado por el infértil Juan Carlos Macchi; el discurso científico botánico y zoológico es motivo de apropiación y reconversión poéticas de la tierra y el paisaje; la condición de mujer se expone con bella crudeza comadrona y sin concesiones estilísticas: “Qué significa sangre menstrual en trapos viejos, (…), como si la sangre necesitara símbolos de poder, de tradición, para el holocausto de la inocencia y el suceso inaudito de la belleza”. Los recovecos del habla que mixturan lo culto y lo popular no sólo recobran viejos términos, sino que imponen al cuerpo y el alma significados inéditos y juguetones: “Todos recuperaban el habla. ‘Pasó un ángel’, no sería mejor: ‘pasó un demonio’ “. La lengua absuelta por el vuelo y el reptar poético, nos mueve al morbo y al voyeurismo cuando de espejos se trata: la mirada oblicua que se desparrama en el pie equino de Isabel María (acariciado por Cheo Castejón o el mismísimo lector) o la desnudez virginal de Niña Chayo. La ceremonia transcurre entre la mascarada y la deglución caníbal del objeto luminoso del deseo, digresión sensual mediante.///

Excusen, pues, el entusiasmo de estas notas dispersas y enamoradas, que celebran a nuestra queridísima Ana Enriqueta en su cumpleaños pleno de mocedades.///

En Valencia, Rosa Única de Doña Ana, domingo 4 de mayo de 2014.