Saturday, August 09, 2014

CARTA A CLARICE LISPECTOR CON MOTIVO DEL QUINCUAGÉSIMO CUMPLEAÑOS DE G.H.. José Carlos De Nóbrega


CARTA A CLARICE LISPECTOR CON MOTIVO DEL QUINCUAGÉSIMO CUMPLEAÑOS DE G.H.

José Carlos De Nóbrega.


No me pidas coherencia, yo soy una metamorfosis ambulante. Sócrates Brasileiro Sampaio de Sousa Vieira de Oliveira (1954-2011), jugador número 8 del Corinthians (1978-1984) y de la selección brasileña de fútbol (1982-1986).

Valencia de San Simeón el estilita, jueves 27 de febrero de 2014.

     Queridísima Clarice:

     Un abrazo solidario de parte de este polemista compulsivo. Celebramos hasta la convulsión de los sentidos, los cincuenta años de nuestra amiga en común: la flaca G.H., con sus manías, adhesiones y repulsiones que, por fortuna, la vindican en nuestros corazones. Chucho y Karibay se suman también a esta salutación afectuosa; ambos se confiesan parte de la entusiasta colmena que te lee apasionadamente. Esta pareja de amigos persiste en su tránsito diverso y travieso por las trochas del arte, desde la poesía y la narrativa, pasando por el teatro de títeres, hasta el rebelde sonido salvaje de la música punk. ¿Qué cuentas? ¿Qué te traes entre manos a contracorriente de la banalización del discurso político y estético? Por mi parte, en medio del ruido mediático y reaccionario –además de la violencia política reciente- que pretende envilecer a Venezuela, me desquito de la mezquindad del entorno traduciendo a dos grandes amigos: Lêdo Ivo, con dos de sus poemarios que más me tocan, Las Imaginaciones y El Soldado Raso; y por supuesto, La Pasión según G.H. (1964), una de tus novelas más conmovedoras, cuya traducción les ofrezco a ustedes dos como regalo de cumpleaños. Espero que la disfruten en la intimidad de vuestro Rio de Janeiro, compartiendo la sobremesa con cigarrillos y café. ¿Cómo va tu salud? ¿La mía? Regular, pues nuestra militancia en el partido nicotínico afecta los pulmones y de vez en cuando alborota la hipertensión arterial. Son los estigmas de la compulsión terrena y concupiscente de siempre.

     No pretendo con la presente superar a Cortázar contándole a su señorita en París sobre hermosos conejitos vomitados; ni a Chico Buarque solapándonos su requisitoria contra los milicos a ritmo de samba, fútbol y foxtrot; ni mucho menos ganarle a la epístola maravillosa que Susan Sontag le tributa a nuestro Jorge Luis Borges: “Yo lo echo de menos (…) Y usted seguirá siendo nuestro patrono y nuestro héroe”. Dios me libre de las pretensiones egóticas del intelecto. Se trata más bien de evidenciar mi goloso gozo como lector y traductor al castellano de vuestra novela. Clarice: A G.H. no podemos dejarla por fuera en tanto coautora, no vaya a ocurrir que salga del papel y se haga carne para contrariarte sin descanso; así le ha ocurrido a Cervantes, Boccaccio y Otero Silva en los disparatados callejones sin salida que Orlando Chirinos nos pinta en sus últimos libros.

     La Pasión según G.H. posee muchísimas virtudes que espero poder sintetizar en este medio. Tu novela es también un gran poema en prosa. La austeridad y el minimalismo de la anécdota nos comunica, paradójicamente, muchas cosas: Apunta a una épica de la cotidianidad que se fundamenta en la legión de voces de adentro. La introspección de nuestra G.H., plagada de repeticiones, balbuceos, idas y vueltas, nos atrapa iluminando el laberinto interior. Me retrotrae un maravilloso cuento del escritor venezolano Andrés Mariño Palacio, El camarada del atardecer, donde Natalia confronta la soledad con su cuerpo desnudo. Ella contempla su cuerpo en el acto onanístico de palparse, desvestirse y bañarse abrasada por la soledad: “El atardecer ha muerto. Natalia sale del baño. Su cuerpo está cansado, como si hubiera recibido multitud de caricias”. La indagación ontológica y metafísica de tu amiga ante la cucaracha aplastada, se nos antoja un viaje portentoso que simula el trance místico de un San Juan de la Cruz o los desvaríos alucinógenos de Jack Kerouac, Henri Michaux o William Burroughs. Por supuesto, el arte de la novela es dignificado en tu propuesta, pues vindica las retículas amorosas que vinculan, en este caso, al lector, el autor, el personaje principal y los clásicos de la literatura y el arte. G.H. no sólo nos lleva de la mano, sino también nos impele a llevar su cruz a un Gólgota portátil y personal harto impactante. Nos refiere Pedro Téllez, en alusión crítica a los sonetos barrocos y conceptistas de Miguel de Guevara, una versión nada cómoda de la vía dolorosa: “En Poned al hijo en la cruz será Dios mismo el que descienda, por segunda vez, al idioma castellano. En el soneto pasa por el ojo de la cerradura con sus camellos y ricos”. La transfiguración ficcional no estriba en una unidimensional imitación de Cristo, sino en una versión problematizadora de los evangelios: Se sacude el alma en la consideración solidaria del dolor del Otro, encaramando el cuerpo estragado en el oprobioso madero, para bajarlo luego y regresar triunfante del Sheol, el Hades o el Orco.   

     Sigo creyendo que el tenor esencialista, existencialista y experimental de tu novela, no sólo tiene como antecedente a la narrativa europea de voces tales como James Joyce y Virginia Woolf, amén de textos muy significativos de Albert Camus y Jean Paul Sartre. Te creo lectora cómplice de Memorias póstumas de Blas Cubas (1880) de Joaquín Machado de Assis. Ambas novelas coinciden en la brevedad de los capítulos, el tratamiento difuso y nada convencional de la trama, además del cariz poético, inquisitivo y autorreferencial del lenguaje. Permíteme convocar nuevamente a otra gran amiga nuestra, la estimada escritora norteamericana Susan Sontag: “Tal como el aislamiento de Blas Cubas parodia una soledad elegida o emblemática, su liberación por medio de la comprensión de sí mismo es, a pesar de su confianza y agudeza, la parodia de esta suerte de triunfo”. Por supuesto, la liberación de cada personaje es muy particular. G.H. parte de su atormentada condición humana y pequeñoburguesa para configurar su ritual eucarístico y expiatorio: consumir la asquerosa hostia que es la gelatina blancuzca que exprimió de la cucaracha. En otras palabras, nuestra escultora exorciza sus demonios, su tedio y su indolencia tibia para con el Otro (Janair, la sirvienta despedida, y el leproso encarnado en la cucaracha). Si bien, en una carta que dirigiste a tu amiga Olga Borelli, denunciaste la incomprensión de los editores respecto a tu propia obra -argumentándolo con los afortunados casos de Jorge Amado y Érico Veríssimo-, el tiempo te ha dado un espaldarazo tardío pero justo: Formas parte importante de la admiradísima literatura brasileña contemporánea, poderosa en la diversidad y la extraordinaria calidad de sus voces. Ello con tu estilo personal e inimitable. Ya habías manifestado tu ars narrativa en la referida carta: “Mis libros no se preocupan mucho por los hechos en sí, porque, para mí, lo importante no son los hechos en sí, sino las repercusiones de los hechos en el individuo”.

     También considero injusto que ciertos susurros y chillidos críticos descalifiquen tu propuesta novelística, bajo la sorda y malsana etiqueta de “insipidez política y social”. El que quiera ver, que así lo haga, esta vez con amplitud y generosidad. Esos ciegos que guían a rebaños invidentes, padecen de mezquindad y confortabilidad crítica, pues no pueden exigirte que plantees la problemática histórica como lo hace, por ejemplo, Jorge Amado en Cacao, su segunda novela, cuya humanidad nos ganó por la inmediatez en el Decir. En el caso de tu G.H., subyace una (auto) crítica social dirigida al despropósito propio de esa ficción funcional-burguesa denominada Clase Media. Aquí, algunos de sus miembros más histéricos, aplauden el hecho de decapitar y volcar motorizados proletarios con alambre galvanizado y barricadas de basura en la vía pública. La godarria vitoreó, en su momento, la decapitación de José Félix Ribas en 1815 y la exposición de su cabeza -jamás escarmentada- en la Puerta de Caracas. G.H., ama de casa y escultora pequeñoburguesa, reconoce en el Otro, su prójimo más humilde y marginal, la gigantesca dimensión de sus prejuicios de clase: La lucha de clases con sus odios recíprocos y viscerales (los de Janair y G.H.), amén del maremágnum de las contradicciones que trae consigo, la proveen a ella del instrumental que haga posible su liberación y paz interior. La revolución no es un mero cataclismo exterior, como nos lo dijo el poeta Luis Alberto Angulo, pues su completación sólo es realizable y tocable cuando el alma se estremezca en el cambio. A tal respecto, G.H. cuestiona su relación con un Dios que la reseca: Se trata de la reconciliación por vía de un cristianismo comunitario en la Catacumba de su apartamento de lujo. Cada quien edifica a su manera la casa y la tumba, Nelson Guzmán se lo hace decir a uno de sus personajes: “La bilis por ese entonces comenzó a invadirme, yo había vivido encallado como los viejos barcos”. La fe no es sin contradicciones, de la misma manera que la paz no es un dulzón estado artificial endógeno y exógeno: por el contrario, se hace carne y espíritu en el teatro de operaciones de una guerra sin cuartel (consigo mismo y con el mundo exterior). Claro está, G.H. conoce la advertencia de Murena a tal respecto: la libertad postiza de aquel que huye de Dios para caer en las manos sanguinarias del Poder edificado por otros dioses, los hombres, sus mismos congéneres.

     El cielo y el infierno, Tolstoi dixit, intercambian fluidos y se superponen aquí y ahora. G.H. los forja en la cuasi antiséptica habitación de la reina africana que es Janair. El mural garrapateado por la sirvienta, con sus tres personajes inconexos como ciertas esculturas de Giacometti, representa el mismísimo Juicio Final en el que se sumerge la psique de nuestra amiga bien amada. Su Infierno es una construcción escritural sin par, pues no amerita del Barroco de Bernini o Loyola para aterrarnos con maestría, sino de una prosa limpia e inmediata que posee la musicalidad atonal del corazón humano en las tinieblas y el encandilamiento del Señor Sol. En tal sentido, mi modesta traducción respeta tu cadencia y tu melodía, muy tuyas y ahora mucho más nuestras. Traté de ser fiel en lo tocante a la puntuación, la conjugación íntima de los verbos (por ejemplo, procurar y precisar), además de la repetición de los términos que recrean el balbuceo del alma en trance.

     Que el Dios de mi religión anarco-teísta las acompañe a ambas, todo amor y todo afecto, dilectos por demás. Espero encontrarte pronto, Clarice, en las páginas de tus libros, en El Mesías de Haendel y en los poemas cantados por Tom Jobim.

     Amada Mía, saudades de quien te ama

José Carlos De Nóbrega, tu salmista compulsivo.

POR UN LEVE TEMBLOR: UNA PROPUESTA NOVELÍSTICA FRANCA Y SIN CONTEMPLACIONES. José Carlos De Nóbrega


     POR UN LEVE TEMBLOR: UNA PROPUESTA NOVELÍSTICA FRANCA Y SIN CONTEMPLACIONES

     José Carlos De Nóbrega

 

     Sólo los ojos de Dios se masturbaron. Eduardo Sifontes.

     Huíamos de la tempestad y nos herían otros dolores. Alfredo Armas Alfonzo.

 


     Constituye para mí, un privilegio, por tercera vez, presentar un libro de Juan Medina Figueredo. Su obra literaria se solaza en la poligrafía: Desde la musicalidad enternecedora y variada de poemarios tales como “Reverberaciones” (1995); atravesando por  el libro comuna que es “Siglo XXI, educación y revolución” (2010) con su estructura reticular que comunica a la crónica y el ensayo; hasta el volumen de cuentos “La Visita del Ángel” (2010) que hace posible la recuperación del Edén por asalto, no obstante la desilusión ideológica y estética. Hoy nos toca conversar brevemente sobre la novela “Por un leve temblor” (2014), mural narrativo acreedor del IV Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2013. Esta obra es un ejercicio de apego compulsivo a la tierra que apareja su refundación poética, no en balde la traición y el despropósito político. El lirismo inmanente de su propuesta novelística, transgenérica y polifónica, forja una crónica contingente y mágica de Aragua de Barcelona, prefigurada en textos poéticos como “La muerte del bodeguero” e iniciada en el conjunto de cuentos “La Visita del Ángel”.

     Es harto destacable la urdimbre de sus múltiples puntos de vista narrativos: Consta o se apoya en el contrapunteo entre Pancho, profesor y juez jubilado, y su discípulo Hussein, guerrillero y trabajador sobreviviente. Esta conversación al borde del precipicio existencial, revela la contundencia polifónica de su discurso narrativo trémulo y lúdico. La cosa apunta paradójicamente al tratamiento poético de la acción y el espacio rescatados por la memoria, la crítica implacable al impío Poder burgués, además de la impostura y la parodia del discurso ideológico y literario. Este concierto complejo de voces disímiles y díscolas, roza las situaciones extremas que van del plagio a la falsificación: Pero, nunca me he atrevido a escribir esa novela, bajo esa perspectiva o punto de vista de un homosexual (Tacho, el partero) … van a decir que este viejo como que es un marico, un raro, sería lo menos que dirían de mí. El inventario portentoso de personajes asemeja al cardumen de tembladores que asombró al Barón de Humboldt, coreografía fluvial y eléctrica de Carlos del Pozo mediante. Estos seres de papel, carnadura y tinta son invocados por la Historia de Venezuela, la imaginación y la memoria colectiva: por ejemplo, la estirpe de los Arreaza Calatrava, la presencia solapada de caudillos godos y liberales, así como también la gente de a pie, Santa Esperanza rezandera, Santa la comadrona, Tacho el partero e incluso el poeta arriero Juan Villaquirán.

     La estructuración y rotulación de los capítulos no sólo apunta a la consolidación de una propuesta transgenérica que emparenta a la crónica, las memorias, el cuento popular y la novela misma, sino también a la riqueza variopinta y conmovedora de las voces que hablan al lector. Sugerimos la cuidadosa revisión del relato humorístico y escatológico que nos recuerda al Salvador Garmendia de “El Inquieto Anacobero y otros relatos” (El camino de los muertos); el cuento breve que, valga la cercanía lingüística y poética, rinde un sentido homenaje al libro “El Osario de Dios” de Armas Alfonzo con sus fantasmas de la Guerra Federal; o el discurso lírico-erótico del texto narrativo de formación que nos vincula al “Cantar de los Cantares” de la dupla Salomón / Fray Luis de León (No sé si, algún día, escribiré esta carta). ¿Qué decir de la dicotomía metafórica que es “Ramón Benito cayó sobre su propia sangre”, en la que la degustación del jobo y el mango supone a la vez el regreso a la Infancia, la Arcadia o el Paraíso, y una requisitoria viva y cruda del oro mal habido?

     Esta novela se lee y se oye con sumo placer, pues en su discurso conviven la oralidad de corte popular, el desencuentro entre las voces autorizadas y los gritos apóstatas, así como también el tenor poético más acabado. Si en la novela “El Otoño del Patriarca”, Gabriel García Márquez apela a la enumeración caótica para evidenciar la decadencia senil del Poder totalitario, Juan Medina Figueredo enumera vocablos y elementos en pos de un estado de gracia que vindique y reconcilie lo culto y lo popular en tanto mixtura indisoluble. Lo dialógico se sostiene en lo paradójico de la existencia, tal como la compulsión por la vida lo hace ante las acechanzas de la muerte.

     Sólo nos resta invitarlos a compartir la afortunada experiencia que representa la inmersión en estas páginas vitalísimas.

     En Caracas, bonita hechicera que encapricha y seduce a un Goya rebelde y solidario, sábado 2 de agosto de 2014.   

LA BÚSQUEDA DEL PARAÍSO EN UNA ENCRUCIJADA DE LENGUAS. José Carlos De Nóbrega


LA BÚSQUEDA DEL PARAÍSO EN UNA ENCRUCIJADA DE LENGUAS

José Carlos De Nóbrega

     No consintió que abandonara las demás lenguas, la cultura se hallaba en la literatura de todas las lenguas que conocía, pero la lengua de nuestro amor -¡y qué gran amor!- sería el alemán. Elías Canetti, “La Lengua Absuelta”.

 

     Soy uno de los muchos hijos de la diáspora europea en Venezuela de la segunda postguerra. Me muevo hoy entre dos lenguas: el castellano hablado en el país y el honrado en la literatura de América Latina y, por supuesto, el portugués oral de mis padres madeirenses que recaló a posteriori en la musicalidad asombrosa de la poesía contemporánea de Brasil y Portugal. Por lo tanto, no deja de asombrarme que nuestro Elías Cañete (escritor judeo-sefardí y búlgaro) estableciera con su madre una comunión íntima y amorosa en la que se conversa en alemán, no obstante las otras tres lenguas que salpicaban su casa con vivacidad. Tampoco me es ajena la calidad lingüística, narrativa y polifónica de la novela “El Paraíso Prestado. Wörter” de la escritora y docente universitaria Doris Poreda, texto que se adjudicó el Premio Stefania Mosca, mención narrativa, en su cuarta edición correspondiente al año 2013. Como lector y miembro del jurado, me atrapó la inusual convivencia simultánea del texto narrativo en castellano y las palabras y frases cortas en alemán que configura la Odisea femenina protagonizada por Dorly, su madre Elli y su abuela Mutti. Siguiendo al poeta alemán Gottfried Benn, este trío de mujeres se nos antoja una pequeña bandada de “golondrinas que rozan el oleaje, / y beben viaje y beben de la noche”. Los vocablos germánicos constituyen las llaves que vinculan el reino perdido y el paraíso prestado por venir, coordenadas a las que se aferra el discurso del exilio. Son evidentes los nexos con la literatura clásica, pues el desplazamiento o la peripecia física traen consigo un viaje interior complejo, paradójico y conmovedor que reúne a estas tres heroínas. Sólo que la atmósfera novelada no apunta a la nostalgia de ramplón corte romántico, sino a una requisitoria dura y sufriente que embiste a la cultura machista occidental, con su esencia discriminatoria y utilitarista. La mayoría de los títulos alude a términos en alemán que fungen de catalizadores en esta bien habida encrucijada de lenguas.

     Dorly centra su compulsión vital en la ausencia de Hans, el padre biológico, sumada a la sucesión de padres postizos que padeció durante sus años de formación, desde el abusivo y pederasta Werner hasta el patético Pero Markoviç y sus siseos en serbo-croata. El odio al padre, en este caso, nos retrotrae dos volúmenes de cuentos de Slavko Zupcic, Dragi Sol (1989) y Vinko Spolovtiva, ¿Quién te mató? (1990), en los cuales se propone varias versiones del parricidio o la venganza del hijo venezolano abandonado por el padre yugoslavo de origen croata. En el caso de Dorly, la anima el despecho y el desprecio de Electra vomitados en la escritura de su Diario y de un relato alusivo a Hans, su engendrador desconocido: Has hecho de mí, sin sospecharlo –Ohne es zu ahnen- la perfecta ciudadana cósmica: sin maleta ni patria, sin padre ni nombre. Nada desdeñable, aunque demasiado abstracto para el entendimiento de una niña que comienza a hacer preguntas. Unos párrafos antes, la díscola hija nos habla de la peculiaridad de su propio desarraigo en la selvática Guayana, muy distante del diálogo y la contrastación de experiencias y paisajes que va del hijo al padre en “Mi padre, el inmigrante” de Vicente Gerbasi: Tal vez por eso no me había dado cuenta de esta carencia de manera tan intensa, por vivir en un país de machos rocheleros donde lo materno llena todos los baches, donde todos los caminos conducen a la madre. La lengua es un afilado cuchillo a la par y a pesar del resentimiento acumulado, franca y sin concesiones, pues no se ahorra epítetos zahirientes, críticas punzantes ni giros satíricos. La repulsión respecto al patriarcado comprende también la obra de Kafka y su irresoluta vida sentimental, “Los hermanos Karamazov” de Dostoievski que prefiguraría la ejecución sumaria del Zar, o películas recientes como “Magnolia” y “Petróleo Sangriento” del norteamericano Paul Thomas Anderson. Lo que entre machos representa una conflagración sin cuartel, para la mujer –hija, esposa o amante maltratadas- supone una oportunidad única de castración del poder patriarcal, sin importar si el instrumento es una hojilla de afeitar escondida bajo la lengua o en el área genital, o una pluma de ganso aguerrida que chapotea la superficie blanca y nutricia del papel. Las palabras no sólo implican una posición responsable ante la vida, sino una instancia válida y sentida de expiación y liberación. Nuestra esencia divina y profana se desdobla en la multiplicidad de las voces que estallan en el laberinto de adentro: Soy las palabras perdidas de la niñez. Soy Elli. Soy Mutti. Soy Bert. Soy Dorly. Soy aquella que habla por todos. Soy todos los que hablan por mí. Musicalidad atonal mediante que recurre a la aliteración y a la repetición ebria y persistente de preces que enhebran las cuentas del alma. Este concierto barroco y minimalista a la vez, se explaya placenteramente en la transparencia formal e inmediata de la prosa bien dicha.

     La estructuración de la novela en dos dípticos de catorce capítulos cada uno, propende a abordar tan intensas y abstrusas historias por vía apolínea y transgenérica al punto de simular la escalera de Jacob, las entrañas de la ballena que engulló a Jonás y la danza frenética de David al inaugurar el Templo que destruirían los romanos siglos después. Apolínea, pues la simetría greco-latina de las formas exalta al paroxismo la belleza contingente y dispareja de las cosas; transgenérica, porque la novela se mixtura con el arte del relato breve en su completación abierta y sugerente. La multiplicidad de los puntos de vista narrativos se emparenta con los cuatro evangelios autorizados e incluso con los evangelios apócrifos: La totalidad a la que aspira el ejercicio novelístico, no fracasa en el absoluto sinsentido del compartimiento estanco, sino en la reconstrucción viva de los acontecimientos que le acontecen a esta “Cofradía de la Jaqueca”; conversación amorosa que involucra a Dorly en primera y tercera persona, a la astuta actriz de carácter y diva matriarcal que es Mutti, a la bellísima Elli atascada en su magnífica precariedad, a la solidaridad paternal y sacrificada del tío Bert e incluso al morboso y cómplice lector. Todos ellos inmersos en la dicotomía universal del dolor y el amor. Ya nos acompaña otro escritor alemán de nuestros afectos, Alexander Kluge, en cuanto a los experimentos amorosos que nos enervan y angustian: ¿Quiere todo ello decir que al llegar a un determinado punto de la desgracia no es ya posible el amor?

     El Paraíso Prestado. Wörter constituye una exploración conmovedora y poética del mundo femenino, teniendo como coordenadas el desarraigo y la desesperanza. Son notables su discurso transgenérico (encrucijada de la literatura epistolar, el cuento y la novela), la musicalidad bilingüe (alemán-español) y, en especial, la transparencia e inmediatez del lenguaje. La problemática existencial de estos personajes maravillosos y humanos al extremo, está magistralmente delineada en el marco generoso de un discurso narrativo accesible, lúdico y harto asertivo. Doris Poreda, por fortuna, ejerce el oficio novelístico con la pasión febril y el devoto respeto que obsequia a todo lector entusiasta. Esta estupenda novela confirma que la escritura femenina en Venezuela atraviesa hoy por un momento estelar y promisorio; a tal respecto, revisemos con sumo placer los títulos más recientes de Laura Antillano, Sol Linares, Ximena Benítez y Ana Enriqueta Terán. Bienvenidos, pues, a esta fiesta de la palabra y el buen decir.

     En la ciudad de Caracas, enclave revoltoso y libertario, miércoles 30 de julio de 2014.

Friday, April 18, 2014

ELOGIO POR PARTIDA TRIPLE DESDE CASI MIS CINCUENTA AÑOS

ELOGIO POR PARTIDA TRIPLE DESDE CASI MIS CINCUENTA AÑOS
José Carlos De Nóbrega

Este jueves santo de 2014, se despidieron tres amigos de mi adolescencia escurridiza que va y viene impunemente: Cheo Feliciano (1935), Gabriel García Márquez (1927) y Mayra Alejandra Rodríguez Lezama (1955). Tres muertes que comprendieron causas disímiles: el accidente de tránsito que incrustó al primero en un poste de concreto, la severa afección respiratoria del Gabo que lo despegó por fin del mal del sueño y el cáncer terminal que apagó el shock postraumático inducido vía T.V. a la desdichada y acartonada Leonela. Sin embargo, la nostalgia, además de la cruel y traviesa Providencia, los emparentan en ese concierto barroco y maravilloso –periferia escarnecida y prostituida por el Centro- que es la cultura popular y literaria de América Latina. La voz tierna y viril de Cheo, antípoda extraordinaria que aún agradece el melómano y el bailador, nos acompañó desde la devota sintonización de Radio Aeropuerto, enclave de la Salsa en la Venezuela de los setenta. Recordamos su estilo inigualable, gallardo y heredero de Tito Rodríguez, Joe Cuba y Eddie Palmieri tanto en la tesitura aterciopelada del bolero como en el tenor salvaje y montuno de la guaracha y el sonido boogaloo: “El Ratón”, “El Pito”, “Busca lo tuyo”, “Amada Mía” y “Delirio” (el último surco es una brillante versión de este clásico así como la de Ismael Quintana con Palmieri) así lo ratifican cada vez que la aguja o el láser lamen el acetato o el CD para complacer los oídos y el corazón. Si de yuntas se trata –evocamos a Ismael y Cortijo o a Colón y Blades-, es histórica la simbiosis perfecta de Feliciano y Catalino “Tite” Curet Alonso: “Anacaona”, “Naborí” y “Los Entierros de mi pobre gente pobre” son hitos indiscutibles del Repertorio Latinoamericano en virtud de su poesía sentida, conmovedora y solidaria con las causas contestatarias de nuestros pueblos. Desprovisto de los alardes mediáticos propios de lo políticamente correcto, Cheo Feliciano adversó la Guerra de Vietnam (llevado por los acordes de “Despedida” de Don Pedro Flores) y el aislamiento con el que aún pretenden los corsarios protestantes oprimir a Cuba por mampuesto (por supuesto, todavía les duele Playa Girón). Cheo fue desde siempre amigo de nuestro país, bien sea en compañía de Tito Rodríguez, La Fania All Stars o la Rondalla Venezolana. Su presentación en PDVSA La Estancia, a propósito del Festival de Boleros en 2012, nos reconcilió con sus mejores días, esta vez echando un pie con Coco, su mujer bien amada, sazonada la noche con los estupendos arreglos del profesor y tresista Luis García. //

Qué decir del Gabo, cuando aparentemente todo está dicho y llueve sobre mojado para bien o para mal: En la indecente apreciación de este narrador y ensayista compulsivo, constituye mi primera referencia literaria: Ambos estamos conscientes de que sólo servimos para escribir con la mollera, el corazón y las tripas. Si “La Hojarasca” me trajo visceralmente a Macondo con su tropical calor pegajoso, sus supersticiones y miedos veterotestamentarios, no en balde los catorce grados centígrados de la Caracas de entonces aparejados con los ardores púberes, “Cien Años de Soledad” supuso una revelación asombrosa, esto es la literatura como apertura y cierre de la Totalidad contingente y discontinua que nos abraza, bandada de múltiples voces entrecortadas que recoge y desparrama en la recreación del oprobioso mundo amado, los amores no correspondidos y las causas inauditas a defender que sólo delatan nuestra inconformidad y desadaptación. He de confesar que obtuve más plata escribiendo trabajos diferentes sobre ambas novelas para mis flojos condiscípulos, que la que me deparaban las dupletas hípicas con las que recorría La Pastora en Caracas o Tarapío y Caprenco en Valencia, la de San Simeón el estilita. Como pueden constatar, de ahí viene esta terca pasión por las palabras que tan sólo busca ensayar junto a ustedes una conversación sobre los autores que nos gratifican y honran en el juego bifronte del lenguaje. No nos caigamos a embustes: Soy un cronista mercenario de estos días sin dispensación, flaco de hambres y hambriento de amores como el protagonista de “Memorias de mis putas tristes”, indudablemente una de sus novelas más simpáticas y enternecedoras. ¿Cómo no reencontrarme con García Márquez en el realismo poético de “Apuntes y congojas de una decadencia novelada en tres muertes” de nuestra Doña Ana Enriqueta Terán, o las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia recreadas por Billo, o ese homenaje vitalísimo de Rubencho Blades y Seis del Solar que es “Agua de Luna”? Pese al terror compartido con Salvador Garmendia en cuanto a revisitar las páginas monstruosas de las grandes novelas que cautivan la memoria, me resta abrevar en el lamedero magnífico de “Cien Años de Soledad”, pues los condenados de la Tierra siempre forjan sus oportunidades de redención con maniático denuedo. //

Mi aversión por las teleculebras latinoamericanas a lo Delia Fiallo no me alejó de Mayra Alejandra, por el contrario, excitó mi febril sensibilidad e inclinación por las guarichas, hembraje avasallador a fuerza de nuestro proverbial mestizaje no mediatizado por la palurda miopía misógina de Osmel Sousa y sus viles cómplices mediáticos. Sabotear esperpentos dramáticos como “Leonela” fue un oportuno pretexto para importunar al matriarcado amantísimo de mi casa, zanjando brechas generacionales y eludiendo el rigor de la correa o la chancleta airada. Sin embargo, el morbo patente en el tratamiento cursi del tema de la violación y el increíble ascenso social del violador, le imprimió un toque extraño y paradójico a las húmedas ensoñaciones eróticas de entonces: chupar los grandes pezones de bondadosas papayas, perderse en esos ojos negrísimos de muchacha broncínea. Nos simpatizaba más, por supuesto, la Carmen fogosa que encarnó en la película de Chalbaud, o la impúdica Barbarita agarrada del brazo de Cabrujas e importunada por la muerte de un viejo actor que gustaba de “La Gaviota” de Chejov. //

Estimado trío que se asomó a mi pubertad: ¡Buen Viaje, Familia! Sus cenizas se sumergirán en las aguas cálidas de los ríos, el bramar de las cataratas y la saudade que trae consigo las lluvias de mayo.

En Valencia de San Desiderio, viernes santo, 18 de abril de 2014. Así sea.

Wednesday, April 02, 2014

LAS 4 ESTACIONES: UNA TETRALOGÍA POÉTICA DE ANTONIO MIRANDA. José Carlos De Nóbrega

LAS 4 ESTACIONES: UNA TETRALOGÍA POÉTICA DE ANTONIO MIRANDA
José Carlos De Nóbrega

Deixa o teu corpo entender-se com outro corpo. Manuel Bandeira.

Antonio Miranda (1940) es otro gran amigo brasileño de Venezuela. Más que escritor y bibliotecólogo, se nos antoja un coreógrafo salvaje de la palabra. Rebeldía, resistencia, crónica impenitente y poesía se mixturan gozosas en su personalísimo discurso literario. El canto no sólo conmociona al sacudir entornos inhóspitos y esterilizantes, sino también conmueve a los desheredados de la tierra, los pasajeros del oprobioso transporte público y los hambrientos de justicia. Las salas de las bibliotecas, entonces, dejarán de ser sepulcros mohosos de libros y periódicos, para erigirse en instancias amorosas de la palabra viva que reivindican el Decir libertario de la Humanidad. Ya lo canta, acompañado por la música de Xulio Formoso, revirtiendo la soledad del acto escritural que gana al punto una vinculación solidaria con el mundo: “¿Cómo pensar en poesía en los días que vivimos? / Pasando hambre / ni la poesía sobre el hambre interesa. // Todos ¡Libertad!” La Poesía no constituirá un antifaz elegante que distraerá a las élites en las cabriolas de una almibarada danza rococó, mientras la peste asola a las mayorías. El baile se hará al desnudo, denunciando paraísos artificiales que se divorcian del Otro. Los versos que se musitan al oído de la mujer amada o arrullan a la crianza, así como los que se cantan en las calles, opondrán diques al despropósito político y la banalización de sus discursos propagandísticos.///

Celebramos en un espíritu comunitario la publicación de Las 4 estaciones de Antonio Miranda, bajo el sello amistoso de Fundarte: Esta tetralogía poética nos permitirá revisitar la musicalidad underground de “Tu país está feliz” (recordado montaje teatral del grupo Rajatabla en febrero de 1971); escuchar, con oídos atónitos, ese contundente y crítico narcocorrido en clave de samba que es “San Fernando Beira-Mar” (2006); leer con afinidad la reconstrucción poético-biográfica de Constantino Cavafis, 2007, en el asedio bárbaro; y auscultar estupefactos el fraseo fragmentario y experimental de “Creador de mí” (2011), apretada plaquette que se regodea en el caos o la intemperie interior a la luz de un enésimo juicio final. Es notable el cariz transgenérico del conjunto, eso sí, sin los remilgos ni las poses fútiles del académico que coloca la carreta antes que los caballos, tanteando inútilmente la indudable poesía del texto y de las cosas con palabras huecas y tibias. Parafraseando a Cabral de Melo Neto, la lucha con las palabras que enturbia la blancura de la página, implica dejar los efluvios corporales en la configuración de mundos nuevos y posibles, no en balde la finitud de la expresión escrita. El oficio literario, más allá de la literatura, asume denodadamente responsabilidad social, estética y vital: Muerto seguiré debiendo. Por supuesto, en la ausencia de los sistemas financieros chupasangres, la vocinglería cagatinta que pretende acompañar el primer café de la mañana y la disfuncionalidad de la familia pequeñoburguesa.///

“Tu país está feliz” es un libreto lírico de espíritu rebelde que no remeda la superficie contestaria al inicio de los años setenta: La disposición de las canciones y los poemas a dos columnas, entraña un ácido reproche inconformista que triza el Poder autoritario ejercido en el marco de la sociedad capitalista y el régimen democrático-liberal. No observaremos jóvenes corriendo desnudos y drogados en los jardines de una universidad norteamericana, despojados de una conciencia de clase precisa en el entendimiento y el corazón. Las punzadas críticas comprenden sorprendentes gradaciones anarquistas que transitan del trotskismo a un teísmo problematizador, lo cual incluye un guiño al anarquismo literario de Ambrose Bierce: “Reina la más completa calma en todo el país / Reina la más completa calma en todo / Reina la más completa calma / Reina la más completa / Reina!!”. O su acepción del demonio a la luz de una teología personal de la liberación: “Para eso fue inventado: para medir la grandeza de Dios”. La deconstrucción del texto apunta a la erosión del status quo por vía de la ironía y el desparpajo. Hasta el punto de abalanzarse sobre la institucionalidad cristiana, esta vez en la redacción de un evangelio apócrifo y apóstata: “Bautizó gente / hizo proclamas marxistas / e inauguró el parto sin dolor // Jesucristo estaba loco de pila / vendiendo terrenos en el cielo / cinturones de castidad / LSD // (…) El cristianismo / hecho imperialismo / ecuménico / alucinó a nuestro querido Nietzsche”. Nada que ver con el Cristo-guarapo dulzón de Zeffirelli: Nos parece una rotunda identificación con el “Nazarín” de Buñuel o el Cristo lírico, humanístico y popular de Pasolini, transfiguraciones ficcionales mucho más cercanas y tocables en la vivacidad y la autenticidad. La incontrovertible vigencia del libro no acompañará a las histéricas turbas desclasadas que obstruyen el libre tránsito de motorizados –al punto de batir sus cabezas en el asfalto- y trabajadores, ni a los discursos efectistas y amargos de una clase política indolente que añora privilegios mal habidos. Tampoco, por fortuna, justificará esa tumoración que es la burocracia aún campante (integrada no sólo por ineptos funcionarios venales, sino también por pregoneros sociolistos que destilan sin tapujos su chauvinismo y su misantropía). Basta con leer la magnífica e irreverente “Autobiografía Tardía” o ese retablo maravilloso y atrabiliario de personajes sin par contenido en “El mundo está lleno de palabras”, para solazarnos en una indudable Poesía del Decir que se emparenta con la ciudadanía anónima en la más absoluta complicidad proletaria. Todo apunta al Amor como fuente insustituible de vida y cambio interior que se desparrama a nuestro alrededor: “Poder amar por el amor mismo / sin esperar del amor más que el amar”; el sustantivo abandona el marasmo sedentario y se hace verbo, esto es la conjugación viva que afecta a una colmena díscola y generosa cotidianamente. Fiel a la tradición poética de Brasil, la elaboración lúdica del ars poética se contrapone con firmeza a los experimentos vacuos que malogran la reflexión sobre la palabra poética misma. Desdice el divorcio de la palabra respecto a la humanidad, con su pretexto de masturbarse en la oscuridad de una habitación de lujo y chatura literarios: “Tu cuerpo es un poema / completo, indivisible. // Tu cuerpo es forma / y contenido / prurito / y también es norma”. Es el cuerpo desnudo del poema en la absoluta ausencia de los artificios retóricos que pretenden entenebrecerlo.///

“San Fernando de Beira-Mar” (traducción de Ricardo Ruiz) no sólo se refiere a un narcotraficante brasileño renombrado, Fernandinho, sino al universo abigarrado de las favelas y las colonias penitenciarias. El apelativo que simula el santoral católico y mestizo equiparable a la Corte Malandra del venezolano Ismaelito, construye el vínculo épico, político y corrupto entre el antihéroe y la favela misma: “Estandartes exhiben a San Fernando / de remera y bermudas / en la procesión de los desheredados. / Por eso es feriado, día santo”. El impacto de las imágenes se escurre en el amarillismo mediático, el hiperrealismo y el hip hop que mixtura a la samba y los narcocorridos norteños; la cotidianidad de la muerte en espacios plenos de escalinatas, trochas y veredas nos retrotrae no sólo filmes brasileños como “Pixote”, “Ciudad de Dios” y “Carandirú”, sino en especial el western clásico norteamericano y su versión revisionista italiana: “Plan extravagante pero verosímil. / Hiperrealismo alucinante: fantasía / sangrienta, fútil, absurda, violenta, / bella y terrible como en el cine”. El duelo al mediodía entre Fernandinho y el mustio y envilecedor Ministro de Seguridad, nos remite al caos inducido por la rapacidad de modelos políticos y económicos que hacen más eficientes los mecanismos de la represión y la explotación del proletariado urbano y rural. No hay manera más descarnada posible de decirlo: “El ministro lo tiene como asesor / especial / quiere equiparar la policía / a su organización / equiparar sus efectivos (?!) / a los de él. // Eso lo llamamos joint venture, / asociación”. Nuestros vetustos métodos educativos, no traerán de vuelta la atención de los muchachos encandilados por los tiroteos en el barrio mal copiados en la televisión.///

“Yo Konstantinos Kaváfis de Alejandría” (traducción de Jorge Ariel Madrazo y Elga Pérez-Laborde) resulta ser un ejercicio biográfico, poético y crítico que rinde un homenaje sentido a este valiosísimo poeta. Sin fracasar en la explicación unidimensional de la obra por vía de la anécdota de vida, Antonio Miranda relee, cita y comenta al Otro, su poeta congénere, en el entusiasmo del encuentro y el convivio. Recientemente, escribimos acerca de una experiencia similar y significativa del poeta mexicano José Emilio Pacheco respecto al haikú y a las endechas febriles de amor que Catulo tributa a la escurridiza y caprichosa Lesbia. He allí la auténtica salvaguarda del lenguaje poético, la revisita trascendental de los clásicos y los nuestros: “Protegido de mí mismo y de los demás / sé qué significa el preconcepto: / soy un griego de Alejandría, / extranjero en mi propia tierra / por la que pasaron pueblos conquistadores, / ahora sirvo a la colonia británica / por unas mínimas libras / que me garantizan / vicios y virtudes”. La contemplación cruenta e inmisericorde de sí mismo, ennoblece la confesión en la búsqueda de un paraíso distinto al teatro de guerra en el que el cuerpo, el raciocinio y lo visceral se ven inmiscuidos. No es una confrontación parricida de uno respecto a otro, más bien conversación franca y afectuosa en el que los versos bailan y se funden por amor a la Poesía, a contracorriente de la retórica que ha atascado la legión interior de autores, críticos y lectores, impidiéndoles a todos ellos la liberación de la que nos hablaba Manuel Bandeira. Cavafis así nos lo confirma: “Porque los bárbaros llegan hoy / y a ellos los aburren la retórica y las alocuciones. // (…) // ¿Y qué vamos a hacer sin bárbaros? Esa gente era una especie de solución”.///

“Creador de mí” (traducción de Aurora Cuevas), supone un autoanálisis asistemático de las múltiples voces que asaetean a Miranda, quizá en una alusión al autoexamen que Loyola expone en los Ejercicios Espirituales: “Soy tantos a la vez. Tal vez”. En este caso, el ajiaco poético tiene como ingredientes el carnet o tarjeta garrapateados en la frente y el cogote, el aforismo y la nota marginal que descansan o, mejor aún, penden del techo de caña brava susceptibles de la caída libre al caos. La invocación al inicio y el resto de los textos, forjarán una cruz en la cual se cuelga el poeta. La construcción verbal posee un cariz experimental, conceptual y reticular; sin embargo, se mantiene el tono confesional y el tenor dialógico enclavados en las paradojas que trae consigo el vivir: “Incendios en mí, bibliotecas crepitando, frases / cambiadas de un estante a otro. / Soy un plagio. / Cabellos dispersos, ideas desaliñadas. ¡Entiéndanme!” No en balde la referencia a Lêdo Ivo que oscila entre el contentamiento y el desengaño: “Ledo engaño. Lêdo Ivo. Vana filosofía, o poesía”.///

Valga la morbosa y placentera invitación a navegar las aguas de este fantástico libro, eso sí, midiendo el dorso de las canoas. Se trata de un viaje a partir de una perspectiva inédita y vivencial: “Amores contaminados, sentidos cambiados, astros en diáspora”. Las 4 estaciones excederán las inclemencias y bondades del clima, pues la música y la poesía se reencontrarán en una pieza sinfónica enternecedora que nos permitirá la recuperación de nuestros sentidos en su condición originaria.///

En Caracas liberada y enaltecida por el canto transparente, domingo 16 de marzo de 2014.

Tuesday, February 18, 2014

CAVALO MORTO. LÊDO IVO . Traducción de José Carlos De Nóbrega

CAVALO MORTO
LÊDO IVO
A Xavier Placer
Traducción de José Carlos De Nóbrega.

En Cavalo Morto las muchachas acostumbran a pasear con los soldados. Y después a amar. Aparece entonces un despropósito: después del amor, ellas bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, los nombres de los enamorados: José, Antonio, Manuel, Juan. Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores en el matorral. Vuelven intrépidas, excitadas por el filtro de la luna. Y para ellas no hay exigencias, cobardías, acontecimientos. Hay los soldados del batallón. En agosto, enero y asimismo en septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus enamorados y dejan en la arena de la carretera alguna cosa que es espuma o velo. ¡Los soldados no saben hacer sonetos, mas como aman! En la noche, Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si usted un día pasa por allá y oye voces, risas y gemidos de amor, no se asuste con miedo a los fantasmas. Son las muchachas amando a los soldados en Cavalo Morto.

Saturday, February 15, 2014

4 POEMAS DE HENRY RÍOS FÁBREGAS

4 POEMAS DE HENRY RÍOS FÁBREGAS

Juan preguntó por mi yunta,
Y atiné a decir lo que es:
¡El Pambelé barinés
golpea mejor que nunca!

Chelena, nuestro universo,
la más bella de las madres,
muy dulcitos los hojaldres
que canta el gallo en verso.

Allá va el impío Ismael,
hacia su valle de la muerte
en vida, onoto de pura hiel
que lo maquilla por suerte. 

Los ojos lindos de Anuska
no se deprecian en vano
en la maldad que ofusca,
son luces de amor a la mano.

Tuesday, February 04, 2014

EL RELOJ DE ARENA DE JOSÉ EMILIO PACHECO. José Carlos De Nóbrega

EL RELOJ DE ARENA DE JOSÉ EMILIO PACHECO
José Carlos De Nóbrega

El Día de los Muertos: / ayer fui el anfitrión, / ahora soy el huésped. –Sufu. José Emilio Pacheco, El viento entre los pinos: 24 aproximaciones al haikú.

Este poeta mexicano, recientemente fallecido, no sólo nos ofreció el placer que se adhiere goloso a un Decir poético inigualable, transparente y accesible, sino también los muy esperados encuentros mensuales con El Reloj de Arena, su columna publicada a la siniestra de su amigo Octavio Paz (sí, a principios de este siglo en la revista Letras Libres, sentada a la derecha de Vuelta, el magazine-padre que Paz se llevó a su tumba). En este espacio, cultivó la poesía, la reseña crítica y el ensayo con vitalísima maestría. “Wilde en su (tercer) mundo” es una de las mejores aproximaciones al autor de La importancia de llamarse Ernesto: Propone que el dandy irlandés usó una vía inédita para desmontar críticamente la arrogancia colonialista británica. He aquí un argumento contundente: “Todo su arte y su persona pública se fundan en una crítica del ahínco británico victoriano de establecer antítesis no sólo entre lo inglés y lo irlandés sino entre el bien y el mal, el amo y el siervo, lo masculino y lo femenino”. Ejercicio de brillantez intelectual propia de nuestras más grandes voces latinoamericanas: Ir a contracorriente de lo eurocéntrico, esto es hacer añicos sus veleidades de superioridad y moralina desde sus mismas tripas, a la manera de un incómodo foco infeccioso. Este texto finisecular nos lo confiesa impunemente, Contra Harold Bloom: “Al doctor Harold Bloom lamento decirle / que repudio lo que él llamó “la ansiedad de las influencias”. / Yo no quiero matar a López Velarde ni a Gorostiza ni a Paz ni a Sabines. / Por el contrario, / no podría escribir ni sabría qué hacer / en el caso imposible de que no existieran / Zozobra, Muerte sin fin, Piedra de Sol, Recuento de poemas.” Por supuesto, nos hacemos cómplices de este golpe por mampuesto al Canon Occidental, despropósito del Centro que desprecia e ignora a la periferia (¿por qué aparece La Guerra del fin del mundo de Vargas Llosa y no Los sertones de Euclides Da Cunha? ¿Prevalece el valor comercial del subsecuente sobre el antecedente que lo inspiró?). Otro ensayo inolvidable es “Leopoldo Lugones y el amor en la hora de la espada”: Cuerpo ensayístico apasionado que vincula el dato biográfico, la pasión amorosa otoñal, el contexto histórico y el aliento poético a la configuración del paradójico personaje que fue Lugones, el último de los modernistas, militarista, luego católico y al final poeta suicida. Bien lo afirma José Emilio Pacheco: “Lugones nunca se repitió. Cada libro es distinto del anterior. El defecto de esta virtud fue la mutabilidad de sus ideas”. En “Siete aproximaciones a Catulo” verificamos su gratitud a los Clásicos en la apropiación respetuosa y amorosa de la voz del Otro, en este caso un contemporáneo y no un poeta antiguo: “Lesbia habla mal de mí. Nunca se calla. / Que me muera si Lesbia no me ama. // ¿Cómo puedo saberlo? Hago lo mismo / y me muero de amarla”. Más de veinticinco años antes, un joven Pacheco publicaba tres sorprendentes poemas en la revista Poesía de la Universidad de Carabobo –no nos cansaremos de decir que la calidad de la publicación dirigida por Oliveros, Pérez Só y Rivero superó con creces a la universidad auspiciante-, esto es tres textos de entrañable sensibilidad poética alusivos al invierno en Canadá. La sencillez e inmediatez de la expresión, la multiplicidad de las lecturas que sugiere sin artificio formal alguno, amén de conjugar el amor, la nostalgia, la vida y la muerte en una danza sin fin, son los atributos de estos textos juveniles que se perpetuarían a lo largo de su obra poética. Oigamos simultáneamente la cadencia del poema y la caída de la nieve en la tierra: “¿A dónde irá esta nieve que hoy te rodea? / Esta nieve que misteriosamente circunda / la casa y la ciudad volverá al aire / será agua, viento y luego otra vez nieve / Tú no tienes sus virtudes mutantes / y te irás morirás serás tierra / serás polvo en que viene a apagarse la nieve”. Salud, José Emilio, dondequiera que estés.

En Valencia de San Simeón el estilita, enero de 2014.

Sunday, November 10, 2013

"SALMOS AL EXILIO": UNA APROPIACIÓN APASIONADA DEL PAISAJE. José Carlos De Nóbrega


 
 
SALMOS AL EXILIO: UNA APROPIACIÓN APASIONADA DEL PAISAJE

José Carlos De Nóbrega

 Julio César Borromé (Trujillo, 1972), sin que medien las fatuas fronteras generacionales y estéticas con las que la crítica academicista pretende desvincular a los escritores de raza, conjuga en su oficio literario honestidad, agudeza, generosidad e incluso desparpajo. Su trabajo crítico reciente en las páginas del suplemento Letras del diario Ciudad Ccs así lo evidencia: El atento ojo caníbal nos reconcilia con un discurso ensayístico limpio, inmediato y respetuoso con el Otro, lo cual va a contracorriente de la mezquindad, el silencio cómplice o la lisonja complaciente de las roscas literarias del momento. Se trata del solaz inherente al tono conversado del ensayo que propicia una comunión maravillosa o, mejor aún, una colmena alucinante de lectores y autores. No podemos obviar su entrañable y precisa aproximación a la obra de José Manuel Briceño Guerrero, la cual muestra y se regocija en la respiración poética, la pericia transgenérica y el magistral tratamiento del lenguaje. No se trata de acreditar el ego propio utilizando al Otro, sino de tejer una red que celebre a esta comunidad de poetas expulsada de los Paraísos artificiales que el Poder pretende fagocitar en nuestras cabezas. De un salmista compulsivo a un poeta proscrito que no quiere olvidar, queda la placentera impresión que nos causó su poemario Salmos al exilio, publicado en el año 2007 por la Fundación Editorial el perro y la rana. Poesía breve que implica no sólo la interiorización luminosa del paisaje, sino también el vínculo afectivo con la poesía de Basho, José Juan Tablada, Ana Enriqueta Terán, Garcilaso de la Vega, Vicente Gerbasi y Ramón Palomares. El poema padre o madre no constituye la sintomatología neurótica que puede traer consigo el fenómeno de las influencias literarias, deviene más bien en la sonoridad diáfana y sinfónica del texto poético en tanto diálogo que no cesa. Prevalece entonces el Decir ajeno al encandilamiento estilístico, el oído atrofiado y la nadería de fondo: La autenticidad de la voz radica paradójicamente en el trazo sentido y primario del paisaje, la emocionada auscultación de las voces disímiles de adentro y, en especial, la veneración responsable de la lengua que bendice al mundo en el esplendor y la precariedad. La glosa que festeja y se conduele con la voz del Otro, nos remite a la experiencia creadora propia afincada en la solidaridad: La luna / en el reflejo del agua / la pértiga / lanza un grito milenario. La alusión al haikú trasciende lo literario para descansar impunemente en una indagación personal, multifactorial y sinestésica de los elementos que nos conmueven hasta las vísceras. La propedéutica del olvido, Chucho Ñáñez dixit, complementa el afán memorístico de Borromé en la panteísta captación vivaz del entorno como casa o templo carnal: El rostro se oculta / en el nido / comparte la soledad rabiótica / del azulejo / en la garganta duele / el canto de la mañana. La vibrante se arrastra en la sencillez expresiva, no en la efectista configuración de las imágenes que no calzará con la angustia del canto. “Bajo el árbol”, primer segmento del libro, recapitula la noble y amable genealogía del bosque en un tenor místico e inquietante: Tiempo preñado / de luciérnagas / cabe el espacio en los labios / sorbo / la claridad del silencio. El poeta argentino Ricardo Herrera se suma a esta cofradía poética díscola, diversa y agradecida: Porque, al fin, el recuerdo renace sólo en su halo de olvido, suscitando el efecto impresionista de una nitidez suspensa en una masa tenue de niebla o de débiles ecos. Expectación e impresión, psalmos y paisajes. “La Crucifixión de la infancia”, segunda estación de este libro, emparenta la procesión polifónica y dolorosa del discurso con la comparsa circense, pues la simulación de la voz apuesta por el ars poética, el bestiario y la reconsideración lúdica de la metáfora salvaje. El origen se confunde con el cierre, pues el poema es un perro mestizo y travieso que danza con su propia cola: Alumbrado desde la soledad quimérica / regresa     ido / con capa de chirulí // ojos de búho / silencio de tierra // en el bosque / la puerta se ha cerrado.

En Caracas, achicando el diluvio, viernes 8 de noviembre de 2013.            

Tuesday, August 13, 2013

LA CARICIA DEL ANTICRISTO REVISITADA. José Carlos De Nóbrega




Nietzsche según Edvard Munch (1906)


LA CARICIA DEL ANTICRISTO REVISITADA

José Carlos De Nóbrega

Todavía hoy estoy persuadido de que la mano que escribió “El Anticristo” rozó por un momento, en un claro atardecer de otoño, al que sería autor de la “Historia de Cristo”. Giovanni Papini, Pasado Remoto (1885-1914).

SUCEDE lo mismo… / Se repite el enigma // a la menor llovizna / la tristeza se enciende / y quema lejos // como la lámpara del Cínico. Freddy Ñáñez, Siempre en Invierno.

La certeza sólo se justifica en la precariedad del soporte que nos tropieza, esto es la carne expuesta a los juegos equívocos del lenguaje que aún perturban a la humanidad. Pisamos en falso día a día, no obstante nuestra terca militancia cultural que descansa en Occidente. Friedrich Nietzsche (1884-1900) nos tira salvajemente de las patillas, la barba o las orejas: No hay ningún estado de hecho, todo es fluido, inaccesible, huidizo; lo más duradero, son nuestras opiniones. El Orden se desmonta en el imperio de la irrelevancia, el caos y la apostasía. No importa que el status quo transite del fetichismo religioso a la plusvalía capitalista. La indagación o aproximación en torno a Nietzsche quema aún el velo del paladar, pues su afán filosófico se ha prestado por igual a las más intensas polémicas, injustas especulaciones, ridículas supercherías, e incluso magníficos acercamientos. Por fortuna, “Nietzsche: la moral como envenenamiento. Metafísica, historia y nihilismo” (primera edición bajo el sello de Fundarte, 2010) de Nelson Guzmán, reeditado por el CELARG (2013), nos lo presenta en una prosa transparente y accesible que mueve una (re)lectura atenta y harto interactiva. Este diálogo filosófico, vital y estético a calzón quitao que ambos sostienen, evidencia la desnudez moralista y el despropósito de la burguesía, sus diáconos y pontífices academicistas. La embriaguez que conduce a una pulsión comprometida por la vida, desdice no sólo al mesianismo religioso y político, sino también a un racionalismo extremo que fracasa en cosificar la legión abstrusa de adentro: Los deseos serán planteados como irresponsabilidad, el lenguaje debe saber gobernar al cuerpo, a los instintos. La palabra controla y domestica al hombre por las leyes, el fundamento se pierde en nombre de la formalidad. Por lo pronto, este libro ganará lectores agradecidos en virtud de su cualidad objetual que apunta a la exquisita colmena, no a los archivos o nichos esterilizantes.

Nelson Guzmán nos obsequia uno de sus libros más diáfanos, no en balde su compleja estructuración conceptual. El Decir provocador y radical de Nietzsche que abomina del Canon Occidental, se comenta en un tono conversado que nos recuerda a Alejandro Rossi en su plenitud expresiva (por ejemplo, su semblanza al filósofo español, “transterrado” en México, José Gaos). El discurso argumentativo, pese a su cariz flemático y calmado, se apoya en la polivalencia y el virtuosismo: La voz asume roles que comprenden al presentador, el relator, el comentarista y el benévolo traductor. Resulta sorprendente que el tratamiento que se le da a tan controversial pensador, se lleve a cabo en el ejercicio de la palabra depurada y tocable. Notamos, en especial, el encadenamiento de oraciones cortas y precisas que vindican el cultivo del aforismo: El hombre sigue inmerso en el pantano de la hipocresía. Para Nietzsche el cristianismo se ha opuesto al desenlace fatal que debe traer la sinceridad. De manera que el lector de a pie, independientemente de su condición académica, pueda acceder y participar sin dificultad en esta apasionante conversación de sobremesa.

El acercamiento de Guzmán a la obra de Nietzsche, excede el ámbito filosófico y académico: Trae consigo el entusiasmo inherente del discurso poético. Redunda en una lectura lúdica y respetuosa que va de un poeta a otro. La captación, la paráfrasis creativa, la falsificación de la voz ajena y la interpretación de los textos, obedecen a un espíritu comunitario y dionisíaco. Disfrutemos, pues, de esta muestra inobjetable: Nietzsche está hablando de las posibilidades de las metáforas, reside fuera de esa técnica de producción de conocimientos que es la razón. Nietzsche prefiere sucumbir al deleite de la palabra, a la posibilidad de creación, de la invención. Por tal motivo, la transparencia e inmediatez del discurso ensayístico es la vía más válida y pertinente para abordar el pensamiento complejo, contradictorio y explosivo del filósofo alemán. La exploración de una estructura reticular no fracasará en el armatoste barroco, por el contrario, nos complacerá en la belleza conmovedora del trazo y el tratamiento primigenio del color en el texto. El confesionario, parafraseando a Gracián, es la instancia que nos permite leer y comprender a los hombres.

El poeta y filósofo Nelson Guzmán no realiza una apología ni una requisitoria falaz a Friedrich Nietzsche que lo pervierta en una exegesis puritana. Halla su contentamiento en una exposición crítica y sentida a su obra; nos invita gentilmente a pasear por sus libros más imprescindibles, auscultando su carnadura en la musicalidad templada del río. El efecto roza -¡acaricia?- lo transgenérico y lo sinestésico, tal como lo ejemplifica Juan Calzadilla: A ras de la cordura, va de regreso el ángel de la espada infinita / sedienta detrás de las aguas del deslave de ayer. Aspectos puntuales del pensamiento nietzscheano como la voluntad de poder, el superhombre, el eterno retorno y la genealogía de la moral, son tratados con suma claridad en tanto manifestación insurgente, prevaricadora e iconoclasta en contra de la cultura occidental. El propio Nietzsche nos comenta uno de los principios de su ars bélica: yo no ataco jamás a personas, -me sirvo de la persona tan sólo como de una poderosa lente de aumento con la cual se puede hacer visible una situación de peligro general, pero que se escapa, que resulta poco aprehensible. Por supuesto, se trata de destruir el Templo Pío de la religión y la razón cartesiana, con su intoxicación ideológica, metafísica y filosófica. He allí la posibilidad del nuevo orden por venir, más allá del bien y del mal. Si lo sabrá el comentarista conspicuo que es Guzmán, desprendido del necio egotismo catedrático: Los valores ancestrales nada aportan en el desciframiento de la nueva vida, desde esa vertiente no hay otra cosa que la resignación, se ha señalado al asno como un animal afirmativo que no sabe sino decir sí y que lleva en su lomo todo el peso del mundo. Lo cual nos retrotrae el cuento “El Catire” de Rufino Blanco Fombona, indagación que se solaza en la vileza del peón catirrucio que tortura al borrico untándole la manteca del tigre. De lo que se desprende la necesidad de ahogar la cultura decadente y reactiva en su propia sangre. Nietzsche y Guzmán coinciden en la urgencia de la tarea, sólo que difieren en lo correspondiente al instrumental de la guerra: en el uno prevalece el tenor incendiario e infamante proclive al voluntarismo filosófico y afirmativo; en el otro importa la conciencia de clase como constructo colectivo y proletario a la luz del materialismo dialéctico, lo cual reconviene a la nobleza elitista del superhombre.

Sin embargo, ambos se reencuentran en un afán crítico que liquide la servidumbre humana de manera definitiva: A ese mundo trivial es a lo que Nietzsche propone renunciar. El hombre se ha convertido en un repetidor de virtudes, los hombres copian la manera como sus amos conciben la vida. A esa conducta la llama Nietzsche decadente puesto que no hace sino repetir la tradición cultural “Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos”. La moral occidental, de arraigo judeo-cristiano, instituye la subcultura de la debilidad a como dé lugar (hasta el punto de someter a los aliados, v.g. algunos gobiernos europeos que doblan hoy la cerviz ante el Imperialismo histérico y enfermizo). El hombre rebelde había muerto bajo la domesticación impuesta por los libros sagrados, los discursos autorizados, el deber ser y el soso revisionismo que apuntalan la supremacía moral de los pocos sobre los muchos. Configuración del mundo pobrísima que se registra de esta manera: El hombre que anuncia Platón en la República no ve, vive reducido a las tinieblas. De allí que la prudencia platónica haya expulsado a los poetas de su Paraíso Artificial, sucedáneo poco convincente del Olimpo idealista. El Decir poético se forja su orgía y ágape dionisíacos a contracorriente de lo establecido: Entre tanto la palabra poética aguardó su turno y su tono para salir de sí, para dar a conocer al homoterapéutico que ha hecho reverdecer su césped utilizando su propio abono y condumios. No nos sometemos a coreografías contranatura que nos uniformen y resequen. Celebramos lo caótico y lo contingente en la danza rota que sacude a la aurora. Nos jactamos, acompañados por el poeta Ludovico Silva, de las sombras que reafirman la personalidad propia.

En resumidas cuentas, valga una auténtica y gustosa invitación para nadar y bucear en las aguas cálidas de este precioso libro. Su autor, al igual que Tiradentes –precursor despedazado de la independencia brasileña del siglo XVII- y Doc Holliday –dentista tísico, apostador y pistolero temible del siglo XIX norteamericano-, les sacará las muelas y experimentarán al punto un arrebatamiento cuasi alucinógeno pero reconfortante. Les garantizamos que no se quedarán varados y embalsamados en el viaje.

     En Caracas, dama de compañía y trémula carne apetitosa, miércoles 31 de julio de 2013.

  

Thursday, August 08, 2013

"FANTASMAS" DE LUIS LAYA: CRÓNICAS INVERTIDAS SOBRE PARAÍSOS ARTIFICIALES. José Carlos De Nóbrega

“FANTASMAS” DE LUIS LAYA: CRÓNICAS INVERTIDAS SOBRE PARAÍSOS ARTIFICIALES

José Carlos De Nóbrega

La idea del desdoblamiento del mundo en dos, llevada a cabo en Platón y continuada con el cristianismo, no constituye sino un debilitamiento del hombre. Nelson Guzmán, La Moral como Envenenamiento.

El Diablo puede apostar de nuevo su cabeza sin titubeo alguno: La literatura venezolana de hoy incorpora propuestas interesantes, políticamente incorrectas y alentadoras. Sin importar el género, nos topamos con las grandes voces cómplices de Sol Linares, Ximena Bemítez, Luis Enrique Belmonte, Nelson Guzmán, Luis Ernesto Gómez, Freddy Ñáñez y Luis Laya, por ejemplo. No compartimos la visión apocalíptica y afectada de Antonio López Ortega, cuando se refiere a las nuevas promociones de cuentistas venezolanos. Resulta absurdo confundir el escepticismo a secas con una concepción crítica y descarnada del país que nos tocó vivir intensamente. La militancia estética y política se apuntala y afila en el ardor propio del pensamiento crítico. La obra ensayística y filosófica de Ludovico Silva es un coscorrón en la mollera de críticos mezquinos y reaccionarios que se cocinan en su propia hiel. “Fantasmas” de Luis Laya, no obstante su índole de transición respecto al resto de su obra narrativa, es una estupenda colección de cuentos que supone una consideración atenta de sus antecesores (Mariño Palacio, Meneses, Massiani, Julio y Salvador Garmendia –no hay ni Garmendia viejo ni Garmendia nuevo, como lo sostiene inútilmente López Ortega-, Liendo o Britto García), sin que por ello se atenúe la brillantez de su propuesta personal y artística en torno al oficio narrativo. Los profetas del deslave literario nacional, si así pueden invocarse, no logran comprender que los cuentistas de hoy mantienen un diálogo dinámico, contingente y vivaz con las voces que los antecedieron. En este caso, los más jóvenes procuran sus espacios propios sin pretender ser abuelos de sus mismísimos padres.

Nos habíamos topado con dos libros anteriores de Luis Laya: Set (2005 y 2006) y La pérdida (2008). El primero de ellos recoge la novela que le da su título, además de siete cuentos. El segundo volumen está integrado por dieciséis cuentos. Ambas propuestas narrativas constituyen una aproximación lúdica y cruel al mundo urbano. La imaginería visual y musical se regodea en el hiperrealismo, la parodia y la deconstrucción crítica de nuestras ciudades. Por ejemplo, el uso personal del símil apunta a la recreación salvaje de la gran ciudad, no en balde la precariedad y el desgaste del discurso literario: Estoy en una corriente de aire por donde fluyen los mesoneros como gérmenes en un ducto. Las peripecias de los personajes, preñadas de escisión psicológica, alienación y desilusión vital, son aliñadas en una propuesta colindante al Realismo Sucio de la Novela Negra estadounidense, valga la yunta Dashiell Hammett-John Huston, o al morbo caníbal de Salvador Garmendia en “Los Pequeños Seres”: Enmarcada entre tus gríngolas, se ve un mundo de queso rancio, de sudor vestido de talco, de vergüenza y juanetes, que comienza a engullirte por la cabeza. Sin embargo, textos magistrales como “La Oportunidad” recuperan nuestra fe en la humanidad por la trocha hacia una reconsideración conmovedora del Amor que le debemos al Prójimo, esto es una revisita contundente a la categoría vitalísima Conciencia de Clase, más allá de las contradicciones e inconsistencias del discurso ideológico y propagandístico propio de los aparatos ideológicos del Estado. Qué decir del andar lascivo de la guaricha protagonista de “Máquina de conseguir novio” (Su hermosura era cruel, parecía una venganza contra la nada), o la disección entomológica y entrañable de un grupo de amigos en “Sabotaje”. “La cajera más linda del supermercado” es una mordaz puesta en escena de la educación sentimental del protagonista, la cual devendrá en la desazón amorosa y el reencuentro con una Sultana postpunk: Regresaba a Caracas, la que me conocía y entendía, sin compasión. La estética de la fealdad y el desconcierto, desarrollada por Laya en estos relatos, consiste en una serie de atentados terroristas que hagan trizas a la remilgada, pudorosa e histérica cultura pequeñoburguesa que afea y escarnece a nuestras ciudades, amén de vindicar placenteras y vivificantes vías que nos permitan el acceso a la real belleza de las cosas, tal como lo experimentó Charles Baudelaire.

Este concierto narrativo disonante y portátil que es “Fantasmas”, se dispone a la manera de un tríptico que se abre al lector y luego se recoge en sí mismo: “Ánimas”, “Demonios” y “Encantos”. Comprende una exploración personal, curiosa y sentida de la Prosa Poética, el Bestiario y la Crónica rural y urbana, sin apelar al galimatías presuntuoso y retórico de ciertas modas literarias y academicistas que temen interactuar con los lectores, so pena de ser descubierta su falacia formal, conceptual y de alma. Tales alcabalas sólo justifican su existencia a través de la intermediación sesgada. Precisamente, “Alma a la mar” es un inicio o prólogo del conjunto que va al encuentro de los ojos inquisitivos sin reparar en los riesgos, tan sólo importa granjear aliados, cómplices y amigos de la literatura que nos vincula de manera visceral y compulsiva a la vida. Los siete textos de “Ánimas” toman por asalto el género de la Prosa Poética como afirmación e indagación del cuento mismo: El experimento transita con fe y entusiasmo el colorido poético y plástico de la estampa hecha a palabra inmediata, el Bestiario como aproximación sociológica de la manada humana, la Crónica Roja, la atmósfera terrorista enclavada en la infancia, el ars poética que alude a Horacio Quiroga o el relato transparente y entrometido que apareja los cuentos de camino y el lirismo de las ensoñaciones atado al surrealismo auténtico.

No nos sorprende entonces que la metamorfosis de la voz narrativa, característica de nuestro autor, no sólo aborde a nuestras ciudades enculilladas y acuchilladas, sino también sea factor generador de deliciosas e inquietantes crónicas sobre la mal llamada provincia con sus poblados rurales que se esconden detrás de las grandes autopistas. Como bien decía el poeta Rafael José Álvarez, los relatos campesinos de Venezuela que registran el trato con duendes, no se diferencian de otras historias afines contadas en lenguas y circunstancias ajenas. Se interpone también la voz de Cesare Pavese que nos explicaba la imposibilidad de la literatura sin la presencia ni los padecimientos del campesinado. En el cuento “La escopeta”, el Bestiario es un pretexto para el trabajo sobrio con el lenguaje y los símbolos: el báquiro implica sucesivas mutaciones que comprenden el delirio onírico, el relato de formación y la evasión a una Arcadia campestre y salvífica. Incluso su muerte física nos refiere quizás la confrontación a dentelladas entre la escurridiza realidad y la sazón amarga que deja el caldo en que nadan nuestros sueños: El báquiro semejaba un morro de pelos sobre la tierra, su sangre negra refulgía bajo la luna y su respiración se apagaba velozmente. Su muerte, esta vez sí, era inminente. “La fuga del tigre”, en cambio, tiene un cariz poético y mítico que juega maravillosamente con la licantropía: el intercambio de los roles troca en evasión, mascarada e impostura. Por supuesto, despedazando el Discurso de Poder vertical, explotador e inhumano en la inmediatez de la palabra irreverente: Para los poderosos era muy fácil engañar a la gente. Las dos partes estaban acostumbradas a su papel: unos a defraudar, los otros a creer cada montaje. “Los cocos secos” nos parece un relato picante como la calidad cochambrosa del habla coloquial. La tragedia del adolescente encaramado en el cocotero, sucedáneo hiperbólico de la persiana americana, entrevista desde su mirada babeante y lujuriosa sobre la humanidad de Leticia, nos recuerda –ironía mediante- estos versos de Miguel Otero Silva: Mal le fue a la Magdalena / entre los anacoretas / que moneaban los olivos / para mirarle las tetas. Esta travesura trae consigo la picardía, la transparencia y la sabrosura de las coplas llaneras, las cuales destacan impunemente el habla octosílaba de los venezolanos. “Los melocotones” se abre paso también a campo traviesa, en los dominios recónditos de los duendes, para recrear el exilio de una familia proveniente de Alemania y, mejor aún, componer un puente asombroso entre la mitología y la realidad rural detenida en el tiempo: Me cuenta Kasagua que desde entonces, los melocotones sangran como gente al ser golpeados. Que a diferencia de los duraznos, que sólo se magullan y deforman, estas frutas sufren de hemorragias producto de la maldad humana, a partir de lo que hizo Cartaya. Comer melocotones se convierte en un acto divino del eros gástrico. “El salvaje” trata la problemática del doble tanto en el tema como en la transfiguración de la perspectiva narrativa que va del narrador omnisciente al protagonista: el mimetismo del cuerpo y la voz nos sugiere una relectura de “Las Enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda, centrada –eso sí- en la relación paradójica que emparenta la relativa lasitud de la realidad exterior con Otra de substancia mágica, trascendental y transgresora de las ideologías que nos estafan. A tal efecto, es menester saborear esta confesión sin protocolo ni artificios expresivos: El Salvaje pasó al temor natural de padecer un propio mimetismo con esa mutación ciudadana y poco después, antes de llegar a repudiarse a sí mismo y a su lugar de origen, tomó la determinación de evadirse de aquel universo roto de la aglomeración, con sus falsas idolatrías y las superficiales celebraciones que quitaban energía vital. La crónica invertida de los Paraísos artificiales o sobre la pérdida del Reino, no se detiene en la oposición ciudad/campo cantada y relatada por nuestra literatura clásica, ni tampoco en su representación utópica o distópica. Se trata más bien de la configuración verbal, mental y espiritual de la Casa Dorada que nos cobije, ampare y sustente en una cosmovisión y compulsión de vida.

Por supuesto, el relato urbano se manifiesta en varias piezas extraordinarias. Tenemos los casos de “El ascenso”, el cuento policial “Sólo quedaron los huesos” y, en especial, “La mansedumbre”. El primero es una requisitoria satírica contra el pensamiento y la praxis inherente al universo burocrático. Valiéndose del clima peripatético de las situaciones extremas, se detalla con agudeza rayana en lo agrio cómo la burocracia entumece y pervierte un proceso de cambios sociales y políticos. El ser burócrata amerita una persistencia del despropósito, la abulia y la medianía: Deambulé descorazonado por los pasillos, pero no importaba; ya era jefe. Tenía que preparar un plan más blindado, uno con reales posibilidades de fracaso. Esta vez no fallaría. Mi flamante posición me otorgaba mayores garantías. No podía renunciar así porque sí a mi querida mediocridad, El segundo no peca en la solución del enigma materializado en el caso de suicidio. Responde, al igual que las novelas de Patricia Highsmith, a los recovecos, las obsesiones y la multipolaridad esquizoide del alma de los personajes. El desplazamiento físico y emocional del detective Contreras, no tiene nada que ver con el héroe arquetípico de este género, sino con el ciudadano descoyuntado y confundido que ejerce la represión policial y política, tal como lo canta Rubén Blades en el segundo surco de “Buscando América”: Aún está oscuro / pero huele a mañana, varón. El sonero se explaya en el lenguaje de la angustia, la frustración del occiso asume la condición frágil tanto de su propia osamenta como de los huesos de res que chupó con desencanto. “La mansedumbre” nos entusiasma porque se nos antoja una glosa del cuento “La Realidad Circundante” de Julio Garmendia, llevada a cabo con maestría, respeto y personalidad. El mismo protagonista, Mata, nos describe sin toques melodramáticos su proceso invasivo de envilecimiento: Mientras se apagaban las luces de la casa, me puse a rumiar mi nada circundante. El autorretrato de este atribulado personaje se transforma en un tratado crudo sobre la esclavitud humana y el extravío ontológico. Permítase aquí la irrupción de la poética urbana y autocrítica de Juan Calzadilla: sólo alcancé a arrojar brochazos / que no paraban de decir / que ese al que veía en el retrato / no era yo sino otro. La disolución de la razón fabrica sus ciudadanos autómatas, sus muros sombríos y espacios chillones y ruidosos que acentúan la soledad y la claustrofobia a cambio de una sensación postiza de bienestar: Un asalto de lucidez había abierto un resquicio, quizás no medible en tiempo sino en interdimensionalidad. Pero, aún crédulo y confuso, confirmé que todo estaba bien. Sólo nos resta el llamado luciferino a perdernos en las páginas de libros como éste del amigo Luis Laya, sin excusas ni posposiciones que distraigan el curso placentero y único de la vida bien amada.

En Caracas, territorio recuperado por la compulsión y el desenfado, a los 446 años de su fundación. Miércoles 31 de julio de 2013.

XXI JORNADA DE REFLEXIÓN POLÍTICA, ESCUELA LUDOVICO SILVA, VIERNES 9 DE AGOSTO DE 2013, 9 AM, PSIQUIÁTRICO DE BÁRBULA



Escuela de Formación Política “Ludovico Silva”


Valencia – Estado Carabobo

I n v i t a


“XXI JORNADAS DE REFLEXIÓN POLITICA”

P r o g r a m a

9 am, Palabras de apertura a cargo del Dr. Pedro Téllez.

Inauguración de exposición bibliográfica de Ludovico Silva.

9:15 am, La corrupción: Expresión del sistema, por el Lic. Juan Monasterio M..

10 am, ¿Qué es el fascismo? El caso Venezuela, por el Dr. Jesús Vivas.

10:45 am, Visión agro-ecológica de Venezuela, por el Dr. Trino Barreto.

11:30 am, Depredación ambiental capitalista, por el Dr. Eddy Gómez Abreu.

12:15 pm, Ideología y alienación, por el Lic. José David Meza.

1:10 pm, Clausura.

Viernes 9 de agosto de 2013.

Lugar: Auditorio del Psicopedagógico del Hospital Psiquiátrico de Bárbula, detrás de la Capilla Universitaria, Naguanagua, estado Carabobo.

Tuesday, June 11, 2013

CRÍA CUERVOS Y ACUÉSTATE A DORMIR. José Carlos De Nóbrega

SALMOS COMPULSIVOS


CRÍA CUERVOS Y ACUÉSTATE A DORMIR

José Carlos De Nóbrega

Nota aclaratoria: A continuación les presentamos nuestra posición agridulce en torno a una organización sui generis denominada Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela. El cuento viene a propósito de la convocatoria de una Asamblea a llevarse a cabo en Barinas este fin de semana (del 13 al 15 de junio de 2013), la cual viene marcada por el misterio típico de las organizaciones esotéricas. Esta misiva la hicimos llegar a los miembros de su directiva la semana pasada, obteniéndose respuestas dispares que van del entusiasmo de los pocos al más críptico (¿cómplice?) y mayoritario de los silencios. La sometemos a la consideración de nuestros pacientes y traviesos lectores. Por lo pronto, atentos siempre a los eventos futuros y en correspondencia a nuestra militancia anarcotrotskista, nos disponemos a guardar distancia crítica, eso sí, vacilándonos esa obra de arte que es el film "Cría Cuervos" de Carlos Saura, puñalada frontal y cojonuda al cuerpo moribundo del Franquismo en descomposición. J.C.D.N., Valencia de San Desiderio, martes 11 de junio de 2013.

APOYO A LOS RENUNCIANTES MÁS PROPUESTA A LA ASAMBLEA DE LA RED

Estimados Amigos:

Me mueve respaldar a Nelson Guzmán, Pedro Salima y Héctor López quienes recién han presentado su renuncia a los cargos directivos en la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela. No dudo de su capacidad y afán de trabajo. Respeto también la posición crítica y constructiva del poeta Luis Alberto Angulo, la cual no implica la renuncia en su condición de directivo del ámbito editorial. Sin embargo, otros miembros de la Red han malinterpretado las referidas decisiones, las cuales a mi entender suponen un punto de partida que contribuye a repensar esta Fundación. Por ejemplo, encontré una cita desafortunada ("ni renuncio ni me renuncian") producto de una mala lectura de la renuncia de Nelson y, peor aún, de una reacción visceral que nos deja capciosos. Guzmán jamás sugirió una renuncia en pleno de la Directiva. Por otra parte, una figura virtual (espectral) de la tal Directiva -huyendo hacia adelante- se deshizo en acusaciones contra mis amigos y excelentes poetas Luis Ernesto Gómez y Nelson Guzmán. Dadas estas equívocas coordenadas, les planteo estas interrogantes:

¿Están cerradas las puertas de la Red a la crítica constructiva? ¿La organización está afectada por una disputa tribal de fines inconfesables? ¿Somos efectivamente una Fundación o un apéndice burocrático? ¿Cuál es la posición de la Red respecto al tema universal del Poder? ¿La Red hace un seguimiento crítico del momento histórico dentro y fuera del país? ¿Le decimos cosas significativas a la gente de a pie (sí, la misma que trajo de vuelta a Hugo Chávez en abril de 2002)?

Para uso y abuso de los que participen en la Asamblea de Barinas, en la esperanza de que integren un coro diverso y legionario, recomiendo también considerar estos escenarios:

1.- Escenario anarcotrotskista: La cristiana sepultura de esta organización, puesto que no ha satisfecho las expectativas que supuso su creación.

2.- Escenario crítico marxista: Analizar los vicios, virtudes y contradicciones de la Red que impliquen un relanzamiento silencioso y auténtico, ajeno -por supuesto- a las luces estridentes de los medios preñados de anodina figuración burocrática.

3.- Escenario conformista y desesperanzador: La Red se convertirá en la Colonia de los hombres resbaladizos, instancia previa al Apocalipsis de San Juan y a mundos distópicos inimaginables. Por supuesto, se incinerarán las misivas de Nelson, Héctor, Pedro (Salima) y Luis Alberto, cuyas cenizas serán luego barridas bajo la alfombra. Se concederá desempolvar la requisitoria contra Héctor Seijas, campaña de hablillas mediante para distraer a las galerías.

Les envío un saludo fraternal a todos ustedes, dispensen la intromisión, su amigo José Carlos De Nóbrega.

En Valencia de San Simeón el estilita, jueves 6 de junio de 2013.

Monday, May 27, 2013

PROGRAMACIÓN LITERARIA, FILVEN CARABOBO 2013, DEL 19 AL 22 DE JUNIO



PROGRAMACIÓN LITERARIA


FILVEN 2013

MUSEO DE ARTE VALENCIA, AV. BOLÍVAR NORTE C/C SALOM, DIAGONAL CON ESTACIÓN CEDEÑO DEL METRO DE VALENCIA



MIÉRCOLES 19 DE JUNIO DE 2013

11:00 am, Foro: Belleza y revolución (Red de Escritores y Escritoras Socialistas, REDVE).
Ponentes: Nelson Guzmán, Eddy Gómez y Christian Farías.

02:00 pm, Conferencia: La Literatura Social y la Educación (C.E.N.A.M.E.C. Zona Educativa).
Ponente: Raquel Henríquez.

03:00 pm, Conferencia. Gustavo Pereira y el Ensayo (REDVE).
A cargo de: Laura Antillano.

04:00 pm, Sabiduría y sabios en la fe a San Juan Bautista. Versos y Décimas. Conversatorio sobre manifestaciones Tradicionales (Red de Patrimonio Cultural Inmaterial)
Ponentes: Dilia Tovar, Carmen Monteverde y Víctor Hermoso.
Cierre: Presentación de la Tradición.

JUEVES 20 DE JUNIO DE 2013

Hora: 10:00 am, Conferencia: La Campaña Admirable.
Ponente: David Torres.
(Instituto de Patrimonio Cultural, MPPP CULTURA).

Hora: 02:00pm, Conversatorio: En torno a la Poesía de Tomasa Ochoa Cordero.
Ponentes: María Narea, Luis Cedeño, Alfredo Veloz.

Hora: 03:00 PM, Conferencia: Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán y María Auxiliadora Álvarez. Voces femeninas en la poesía y las Transformaciones sociales de protección e igualdad de género en la Revolución. REDVE.
PONENTE: Azul Urdaneta

Hora: 4:00 pm, Conversatorio y lectura poética: La Poesía del Decir (REDVE).
Ponentes: Luis Alberto Angulo, Adhely Rivero, Enrique Mujica y José Carlos De Nóbrega

VIERNES 21 DE JUNIO DE 2013

10mo. FESTIVAL MUNDIAL DE POESÍA
11:00 am, Recital de Poesía Urbana.
Poetas: Marielys Fuentes, María Virginia, María Báez, Yosmary Franco, Mirih Berbin, Leonardo Alezones Lau.
Moderadora: Azul Urdaneta.

02:00pm, Presentación de Libros Imprenta Regional Carabobo.
Moderador: Hilarión Ramírez.

03:00pm, Conversatorio: “Las Tribus Urbanas”
(Centro de Investigaciones Literarias- Facultad Ciencias de la Educación)
Ponente: Rocío Jiménez.

05:00 pm, RECITAL POÉTICO.
POETAS: Wei Shen (China), José Joaquín Burgos, Luis Alberto Angulo, Luis Ernesto Gómez, María Alejandra Rendón.
Moderadora: María Narea.
Música: Miguel Espejo y su Nueva Trova.

SÁBADO 22 DE JUNIO DE 2013

10:00am, Foro: Pensamiento Político del Comandante Supremo Hugo Chávez (Escuela de Formación Ideológica Argimiro Gabardon).

11 am, Presentación del libro “El Caribe, diversidad y resistencia”. Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en San Vicente y Las Granadinas, Asociación de Estudios del Caribe.
Ponentes: Gustavo Fernández Colón, Diógenes Díaz, Jesús Puerta, Orlando Zabaleta, Joel Pérez Marcano.

2:00 pm, Presentación del libro El Dragón Lusitano y otros relatos (REDVE).
PONENTES: José Carlos de Nóbrega, Nelson Guzmán y Luis Ernesto Gómez.

03:00 pm, Foro: El Chavismo como cultura política del venezolano (REDVE).
Ponentes: Jesús Puerta, Pedro Téllez y Gustavo Fernández Colón

04:00 pm, Cátedra Libre de Teatro: Dramaturgia Venezolana (Centro de Investigación Teatral Carabobo).
Ponente: José Gabriel Nuñez.

Friday, May 17, 2013

ELOGIO FESTIVO AL CAROREÑO MÁS DÍSCOLO DE LA CIUDAD DE VALENCIA, LA DE SAN SIMEÓN EL ESTILITA. José Carlos De Nóbrega


ELOGIO FESTIVO AL CAROREÑO MÁS DÍSCOLO DE LA CIUDAD DE VALENCIA, LA DE SAN SIMEÓN EL ESTILITA

José Carlos De Nóbrega


Pedro Crespo nos ha dejado sin aviso ni protesto en esta ciudad masoquista y despiadada. Nos ha extendido una letra de cambio que, por fortuna, ningún funcionario universitario de pacotilla cobrará vilmente a expensas de su sentido ácido e iconoclasta del humor. Sí, la balurda Academia digna de confinamiento en el Centro Comercial Sambil ó, mejor aún, en el Tierrópolis que paradójicamente alberga su Feria Sifrina del Libro, sólo se referirá a él en una mustia nota necrológica a publicarse en Tiempo Universitario: Profesor Titular y Jefe esclarecido de la Cátedra de Historia Contemporánea en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UC. Palabras gastadas en la necedad de una Casa que desdice de nuestras amadísimas sombras, muy a pesar de sus fusibles fundidos. Preferimos al Pedro o, mejor aún, al Perro cómplice con quien conversábamos sobre la poesía que acaricia lascivamente a todas las artes, el despropósito político nacional e internacional, el desmadre de nuestras universidades autónomas e incluso los divertidísimos chismes que permitían a los ciudadanos de a pie cagarse en la madre de todos los poderes fácticos. Pedro Crespo no sólo es un gran lector de la literatura local y universal que vindica nuestra precaria condición humana, sino en especial un fruidor caníbal de la mejor cinematografía del mundo que involucra a otros de los nuestros como Kurosawa, Marcel Carné, Buñuel, Pasolini, Fellini o Freaks de Browning. Recuerdo que le exhibió a sus alumnos los primeros "compases" del film pornográfico e infernal Garganta Profunda, lo cual escandalizaría a ciertos docentes impolutos y políticamente correctos. Su rebeldía se afincaba tanto en el apetito pornográfico y contingente por la vida , como también en la simulación de rostros y discursos para importunar la estupidez academicista de siempre: Se les viene encima un insigne esquirol que adversa a gremios profesorales cretinos, flojos y cobardes. ¡Qué buena broma que se nos cayera varias veces la visita del maestro Briceño Guerrero, para sacudir la Facultad y a ese mamotreto de concreto que es el Aula Magna de la UC! Por supuesto, este caroreño díscolo no es ni de vaina acreedor de los Doctorados Horroris Causa (Fáver Páez dixit) otorgados por nuestra querida universidad del desorden III. Aquí les va nuestra campaña electoral en favor de Pedro Crespo como Decano, Rector Universitario Vitalicio, Cronista  y Arzobispo de Valencia, la de San Desiderio: Se trata pues de llevar a este valle de lágrimas una puesta en escena distópica del Apocalipsis de San Juan. ¡Te queremos, Pedro!, en la aclamación de las putas, los limpiabotas, los cagapalos, los obreros, los buhoneros y toda aquella masa marginada que campea por las calles del mundo. 

En Valencia de San Desiderio, cuna de la cínica apostasía crespista, viernes 17 de mayo de 2013. Efectivamente, sobre esta ñasca edificaremos la ciudad posible fundada en la poesía de las cosas.