Monday, October 06, 2008

VEREDICTO DE LAS BIENALES VENEZOLANAS DE LITERATURA 2006-2008: JOSÉ RAFAEL POCATERRA (POESÍA), ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ (ENSAYO) Y CANTA PIRULERO


El coloquio José Rafael Pocaterra se llevó a cabo muy a pesar de una atmósfera poco benévola: La constatación de las irregularidades administrativas de la gestión de José Napoleón Oropeza al frente del Ateneo de Valencia, patente en el informe de la Contraloría del estado Carabobo y, en especial, el silencio mediático al respecto; la ausencia del gobernador del estado y su secretario de cultura en la inauguración y el desarrollo del evento; además de la pobreza patética en lo que toca a la programación literaria y cultural de la IV Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN, capítulo Carabobo), síntoma de las debilidades del Gabinete de la Cultura en Carabobo. Gracias a la labor incansable de Gloria Peña Cruz, los trabajadores del Ateneo -acreedores aún de la justicia laboral y por qué no poética- y los escritores que son amigos verdaderos del Ateneo, entre ellos tenemos a Niddy Calderón, Gustavo Fernández Colón, Pedro Téllez, Luis Alberto Angulo y Enrique Mujica, el coloquio constituyó un diálogo franco en torno a la literatura y el arte. La discusión está en el tapete: la cultura en Carabobo se halla a merced del bioritmo electoral, los intereses particulares y las alcabalas burocráticas. Urge una respuesta contundente de los artistas y los espectadores para hacerle frente sin dar cuartel.


He aquí los veredictos de los concursos de la Bienal José Rafael Pocaterra:


VEREDICTO DE LAS BIENALES VENEZOLANAS DE LITERATURA 2006-2008, “JOSÉ RAFAEL POCATERRA”, “ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ” Y “CANTA PIRULERO”

PREMIO “JOSÉ RAFAEL POCATERRA”, MENCIÓN POESÍA
TÍTULO DEL LIBRO: UN MUNDO EN GUERRA
NOMBRE DEL AUTOR(A): Olga Marina Molina Campos

MENCIONES HONORÍFICAS:

TÍTULO DEL LIBRO: GANANCIA DE PESCADORES
AUTORA: Eleonora Requena

TÍTULO DEL LIBRO: CHOP SUEY
AUTORA: Ruth Hernández Boscán

TÍTULO DEL LIBRO: TEXTURAS DEL TRÁFICO
AUTORA: Minerva Josefina Reyes

TÍTUILO DEL LIBRO: POSTAL DE SEQUÍA
AUTOR: Freddy Náñez Contreras

TÍTULO DEL LIBRO: BREVE ESPERANZA DE PÁJARO
AUTOR: Luis Ángel Barreto

TÍTULO DEL LIBRO: ESTACIÓN PETARE
AUTORA: Marissa Arroyal

TÍTULO DEL LIBRO: COMO UNA COSTUMBRE
AUTORA: Azul Urdaneta

Jurado: Douglas Bohórquez, Luis Alberto Angulo y Enrique Mujica.


PREMIO “ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ” (ENSAYO)
TÍTULO DEL LIBRO: LA SOMBRA DEL CRONISTA: UN ACERCAMIENTO A LA VIDA Y OBRA DE ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ.
AUTOR: ELOY YAGÜE JARQUE

MENCIONES HONORÍFICAS:

TÍTULO DEL LIBRO: EL HOMBRE CONCURRIDO
AUTOR: Luis Ángel Barreto

TÍTULO DEL LIBRO: DESTINO DE LO IMPOSIBLE
AUTOR: Arnaldo Jiménez

Jurado: Cósimo Mandrillo, Pedro Téllez y José Carlos De Nóbrega.


PREMIO “CANTA PIRULERO”

TÍTULO DEL LIBRO: PASAPUERTAS
AUTOR: Fedossy Santaella

Jurado: Niddy Calderón, Coralia López y Armando José Sequera.


Valencia, 4 de octubre de 2008.

Saturday, September 13, 2008

URTEXT. José Joaquín Burgos


Urtext
José Joaquín Burgos


Así se llama. Y pudiera parecer, a simple vista, una de las tantas revistas literarias que en este país salen una vez para esconderse luego en el silencio y en el olvido, porque en nuestro país ha sido casi una constante histórica, salvo excepciones como la de El Cojo Ilustrado; la Revista Venezolana, de Lisandro Alvarado; Cosmópolis; Elite, que sobrevivió varias décadas, transformada ya en una revista semanal de cobertura nacional. Los otros intentos, en su mayoría, apenas alcanzaron a fijarse, fugazmente, en la memoria literaria. La Alborada; los manifiestos y publicaciones de tantos grupos literarios (Viernes, Contrapunto, El techo de la ballena, Sol cuello cortado, Tránsito…).


Urtext viene, pues, precedida de esa especie de huella perenne que tienen nuestras revistas literarias (Poesía, de la UC, es, por cierto, una hermosa excepción de sobrevivencia). Pero viene también -dijeran aquellos magistrales magistrados- "preñada de buenas intenciones", y eso ya es bastante. Así se concibió en un grupo de escritores que hacen vida en Valencia, y finalmente Fáver Páez y Gustavo Montiel la hicieron realidad. El primer número -éste que saboreamos ahora con placer e interés- es ya, en sí, una nueva proposición de lectura. Una diagramación novedosa, tal vez con alguna travesura de esas que hacen los duendes en los impresos. Un material limpio, escrito con mucho respeto por el lenguaje y por el lector. Una página "a todo dar", como dicen los mexicanos, con la poesía y un bellísimo retrato de María Sorquíbea Garzón: poemas dignos del oficio, que ella maneja con absoluto señorío. Un cuento -La mujer de los retratos- de Rafael Simón Hurtado; muestras visuales de Freddy Ordaz… en fin, un nuevo polo de expresión literaria, llamado a ocupar un espacio tan propio como necesario en esta ciudad donde tantas cosas acontecen y tan pocas se conocen y comentan. En broma hemos bromeado a veces a Fáver y a Gustavo, por la publicación de URTEXT. De corazón, nos sentimos orgullosos de que hayan realizado su proyecto. URTEXT no es un sancta santorum sino que está abierta a todos los horizontes. Y será, sin duda alguna, una de las más importantes y necesarias referencias del mundo literario tanto regional como nacional, y ojalá de allende las fronteras. Eso esperamos y deseamos, sinceramente.


Apéndice nuestro: Nos sumamos a la celebración de esta empresa editorial y familiar de nuestro amigo, el poeta Fáver Páez, que va de la palabra a los hechos. Es destacable, además de la mayoría de las firmas amigas, la excelente diagramación de nuestro pana Pablo Fierro. ¡Enhorabuena!

Tuesday, September 02, 2008

HEREJÍA DE LA LEVADURA


HEREJÍA DE LA LEVADURA

José Carlos De Nóbrega

“En la judería de Sevilla, actual barrio de Santa Cruz, el pueblo creía ingenuamente que el Mesías judaico había tomado la forma de un pez que evolucionaba en las aguas del Guadalquivir para liberarse de las persecuciones del inquisidor”, refiere Lafaye atendiendo al texto Centinela contra judíos, puesta en la torre de la Iglesia de Dios (1674) de Fray Francisco de Torrejoncillo, para concluir luego “Judaísmo y cristianismo, injertados en un mismo tronco, quedan separados por la diversidad de sus Mesías respectivos” (1). La citada parábola también ilustra el espíritu del marranismo o criptojudaísmo desarrollado en la España medieval, contexto geográfico e histórico nombrado en sus auténticas implicaciones: Sefarad, asentamiento más de la dispersión hebrea, Al-Andalus, clímax del expansionismo musulmán, e Hispania, tierra de la reconquista cristiana. El referido libro del franciscano Torrejoncillo es heredero de la literatura antijudía producto de tal proceso y confrontación histórica.




Pese al hecho de transcurrir ciento ochenta y dos años de la expulsión de los sefardíes por los Reyes Católicos, Fray Francisco de Torrejoncillo –apoyándose en el texto portugués Perfidia judaica de Vicente de Acosta Matos (1626)- cuestiona “las ansias que tienen los judíos de ver venir al Mesías”, inventariando la sucesión de los falsos Mesías judíos de España y Portugal en aquel entonces. Exposición en la advertencia en torno a los temibles influjos que “la levadura de la herejía” (2) judía pueda aún ejercer contra la fe católica, quebrantándola. En resumidas cuentas, el celo proselitista católico -no sólo religioso, sino también político- establece en este caso una denodada oposición al crecimiento de las expectativas escatológicas del pueblo judío, ante el nuevo curso de su oprobiosa diáspora!



Partiendo del límite y cauce que pretenden las líneas anteriores imponer a un tema tan complejo y dilatado como la literatura antijudía, es necesario referirnos al fenómeno del marranismo en su substrato propicio, España, de la manera más concisa; pues generó la sistematización de tal literatura, conformando contenidos y figuras arquetípicas que alimentaron posteriormente a los diversos grupos y autores antisemitas de los siglos XIX y XX.



Desde la época del Imperio Romano, los judíos fueron asentándose en la península ibérica, destacando las comunidades de Toledo y Cádiz; existen indicios de presencia judía en Tarragona alrededor del siglo II d.C., y en Tortosa antes del siglo V d.C.. Según ellos mismos, eran descendientes de los aristócratas de Jerusalem, la del Templo destruido por Tito. La invasión bárbara del siglo V no les afectó negativamente, hasta que los visigodos desechan el cristianismo ortodoxo, asumiendo entonces el catolicismo. En 589, siendo rey Recaredo, la legislación eclesiástica se les impone con rigor: Concilio de Ilíberis (300-303) y los concilios toledanos, el tercero (589) y el cuarto (633), los cuales segregaron a los judíos en cuanto a relacionarse con los cristianos (parentesco, ceremonial religioso conjunto, influencia sobre parientes o sirvientes cristianos). Insurge San Isidoro de Sevilla (560-636), presidente del IV Concilio toledano, con el texto apologético Contra Judaeos, iniciándose el caudal de literatura antijudía española. De él decía Martín Alonso: “San Isidoro, en nuestras letras, representa el primer eslabón de donde arranca la gran cadena de oro de nuestras celebridades literario-cristianas”. Síguele San Ildefonso, obispo de origen posiblemente judío, con De Virginitate (657-667), que trata de tres herejes o “personajes fingidos”. Ello, sumado al edicto del 616 por el rey Sisebuto, que ordenó el bautismo de todos los judíos del reino so pena de exilio y embargo de sus bienes, podría encuadrar con esta frase de San Isidoro: “Según la herida, se ha de aplicar a cada uno el remedio”.



La ineficacia de tales medidas en tanto infidelidad de los conversos, fue preocupación de los visigodos hasta la invasión árabe en 711. El dominio de la península por los musulmanes, Al-Andalus, involucró un período de esplendor de los judíos españoles tanto en el Califato de Córdoba, hasta su caída en 1012, como en los reinos pequeños surgidos de su decadencia. La tolerancia árabe, fundamentada en la tregua convenida entre Mahoma y las tribus judías de Hijaz, les cobraría un tributo equivalente al 50% de sus ingresos. En la literatura islámica de aquel tiempo, gracias a la convivencia de musulmanes y hebreos –más de las veces inestable- y al hecho de provenir ambas religiones del mismo tronco, la polémica antijudía es harto escasa. San Julián, heredero de San Isidoro en cuanto referencia literaria de su siglo, presentó en 886 De comprobationes aetatis sextae prosiguiendo la tradición apologética antijudía. A partir del siglo XII, con la invasión de los almorávides, se quebranta el régimen de tolerancia árabe. El estricto puritanismo de los almohades –secta del norte de África- enviados en 1148 a España para enfrentar el avance cristiano, conllevó la prohibición del cristianismo y el judaísmo en los asediados dominios musulmanes. Entonces se desprendieron dos alternativas para los judíos: huir a los reinos cristianos del norte, afirmándose su predominio, y reasumir el criptojudaísmo la minoría restante que se convirtió al Islamismo.



En el fragor de las cruzadas, Hispania fue consolidad, redimida y representada por el Cid Campeador. La Historia le registra como mercenario al servicio del rey moro de Zaragoza, después conquistando Valencia, “la perla del Mediterráneo musulmán” (Montoliu), repelindo la crueldad de los almorávides, hecha prisionera la oposición del conde de Barcelona a su “loable” gesta. La irregular y rústica métrica del Poema, sin descartar la historicidad de Ruy Díaz de Vivar, le representa con su nobilísima barba, su espíritu cristiano de reconquista afecto al humor y a los botines de guerra, así como su irregular apego a la institucionalidad nobiliaria; la musicalidad castiza y el tono realista del poema connotan la cristalización del ideal nacional castellano en el Cid como punta de lanza en la misión de “redimir todo el suelo que consideraba suyo” (M. Alonso). Bajo tales premisas, en el Cantar Primero, el destierro, el Cid pasa por Burgos en donde, con la ayuda de Martín Antolinez, toma dinero prestado de dos judíos dejando como prenda dos arcas llenas de arena haciéndolas pasar por oro y plata: “Por Raquel e Vidas vayadesme privado: / quando en Burgos me vedaron compra y el rey me a airado, / non puedo traer el aver, ca mucho es pesado, / empeñar gelo he por lo que fore guisado; / de noche lo lieven, que non lo vean cristianos. / Véalo el Criador con todos los sos santos, / yo mas non puedo e amidos lo fago”. Pícara bofetada ésta a la usura del judío y a su “colaboracionismo” (el término es una mera adaptación del discurso medieval reaccionario en clave moderna) con los moros, en pro de la santa cruzada.




A medida que avanzaba la reconquista de las tierras en poder del Islam, la inicial política de tolerancia para con la minoría judía por los estados cristianos fue menguando. El antijudaísmo de los Concilios Lateranos de 1179 y 1215 fue vaciado en las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio de Castilla (1252-1282). No podemos obviar nuevamente la influencia de San Isidoro de Sevilla en la obra intelectual de este monarca. A pesar que llamó tanto a cristianos, judíos y musulmanes en la completación de su vasta y fundamental empresa cultural (comprendiendo incluso traducciones castellanas de la Mischna, del Talmud y de la Cábala), así como del cumplimiento esporádico de los preceptos antijudíos de su Código, Alfonso X instituyó base jurídica a la política antisemita que leudaría con intensidad tiempo después.



De esta época, merecen consideración aparte obras de Gonzalo de Berceo (nacido a finales del siglo XII y fallecido en 1268), del Arcipreste de Hita, Juan Ruiz (+ 1351), y de Don Juan Manuel (1282-1348), como prolongación de la tradición antijudía en la literatura española. Los siglos XIII y XIV, representan el período en el cual tomó cuerpo definitivo tal tendencia en la configuración de la cultura hispánica. De Berceo destaca Los Milagros de Nuestra Señora, poema referido a veinticinco sucesos milagrosos de la virgen; por enxienplo “La Deuda Pagada” relata cómo Dios intercede por un burgués cristiano venido a menos económicamente, “de gran corazón” y que no “fallava usura, / Ni entre los estrannos, ni entre su natura”, primero como su fiador en el préstamo que toma de un judío –“trufan renegado”-, y luego evidenciando la mentira del hebreo al zanjar el pleito posterior –“trufan malo, confuso e maltrecho”-. En “Los judíos de Toledo”, la voz celestial y mariana, asumida siglos ha por San Isidoro y San Ildefonso, nos dice: “La gient de iudaismo, sorda e cegaiosa, / Nunqua contra don Cristo non fo más porfiosa. / (…) Otra vez crucifigan al mi caro Fijuelo. / Non entendrie ninguno quand grand es el mi duelo, / Criasse en Toledo un amargo maiuelo, / Non se crió tan malo nunqua en esti suelo”. Es el deicidio cotidiano de los iudios denunciado a través del sufrimiento materno de María la Virgen. Constituye otro de los asertos fundamentales, de figura y fondo, del antisemitismo cristiano occidental en la totalidad de sus estadios, pese a la última edición del catecismo católico en Francia (1992), que, al igual de los falsos cronicones, lava a los hebreos del martirio y muerte de Jesucristo.



Contrariando el tono místico y mariano de aquel Berceo, concebido en la atmósfera del monasterio benedictino, manifiéstase el humor agreste y concupiscente del Libro del buen amor que el Arcipreste de Hita compuso en el templo mismo de la picaresca española, que no es más que la mala y sórdida prisión. Arranca su compleja y equívoca estructura, con la oración “qu’el acipreste fizo a Dios”: “Señor Dios, que a los judíos, pueblo de perdición, / sacaste de cabtivo del poder de Faraón, / a Daniel sacaste del pozo de Babilión: / saca a mí coytado desta mala presión”. Pese a las aventuras del poeta en el pecado, Juan Ruiz en su visita a la ermita de Santa María del Vido cercana la Semana Santa, hace cantigas a la Virgen y luego a la pasión de Jesús: “Ora de maytines / dándole Judas paz / judíos golhines, / como si fues’rrapaz, / aquestos mastines / asy ante su faz / travaron dél luego todos enderredor. / (…) Fue preso e ferido / de judíos muy mal, / este Dios, en que creemos, / fuéronlo azotar”. A esta altura interpone la pelea que tuvo Don Carnal con la Cuaresma, de cómo el primero burla a Don Ayuno, su carcelero, pasando de la Iglesia a la Judería, en la cual “rrescibiéronle bien en su carnicería, / pascua de pan cenceño entonces les venía: / (…) e él vido buen día”; entonces, Don Carnal reta y pone en fuga a Doña Cuaresma, siendo la derrota de ésta bien recibida por “todos los rrabíes con todos sus aperos”. Como acotación final, algunos de los enxiemplos o apólogos reunidos en el texto, tienen como fuente la Disciplina Clericalis de Pedro Alfonso, el Moseh Sefardí convertido en 1106, autor de Dialogui contra judaeos.



En Don Juan Manuel, considerado primer intelectual y prosista del siglo XIV, no encontramos signos tan evidentes de antijudaísmo como en los dos autores ya tratados. Empero, su texto Libro de los Estados registra cómo el sabio Julio convierte a tres gentiles a Cristo, el príncipe Johás, su padre Morován y el sabio Turín, haciéndoles desistir de sus “errores profesados”. De donde la disputa de las religiones está influida por el Gentil o Los tres Sabios de Ramón Lull, en el que se explicita la confrontación del cristianismo con el judaísmo y el islamismo, novela filosófica proveniente de la literatura exegética en la resolución de las divergencias religiosas y políticas. Al tocar la caracterización de la sociedad de aquel tiempo, a través de su discurso doctrinal, la obra de Juan Manuel hace eco fiel de las Siete Partidas de su tío Alfonso X, en tanto instrumento del celo cristiano en pos del enseñoramiento de la Península.



Las querellas entre cristianos y judíos cobran un inusitado apogeo durante la celebración de la asamblea convocada en Tortosa por Benedicto XIII –antipapa apoyado por los españoles- en 1413-1414. Fue burdo espectáculo público y golpe de publicidad antijudía llevado hábilmente por Josué Lorki, converso bautizado con el nombre de Jerónimo de Santa Fe, en el cual el debate pautado degeneró en un juicio contra la herejía del judaísmo, digna tan sólo de consideración por parte de la Santa Inquisición. La oposición de los rabinos de la Corona de Aragón resultó inútil ante la obscena tramoya católica. Por lo que siguió la multiplicación de las conversiones masivas de judíos a extremos paroxísticos.



Del acoso y la arbitrariedad de los procesos inquisitoriales, de las turbas del populacho que asolaron juderías a punta de espadas y filo de cuchillos, de la febril actividad proselitista del catolicismo hasta el extremo de arrastrar judíos a las pilas bautismales, surge el buril que dibujó la etiqueta distintiva de estos conversos; anusim, los forzados para los judíos, alboraycos, de al-Burak cabalgadura de Mahoma –quimera ambigua que ni era mula, ni siquiera caballo, ni tenía sexo-, y marranos, categoría del desprecio e intolerancia castellanos –palabra castiza del Medioevo que es cerdo, y que aplicada a los conversos es la inversión de la aversión hebrea al consumo de tal carne-. El concilio provincial de Tortosa (1429) y el Concilio General de Basilea (1434), fueron el nuevo y absurdo sesgo de la política antijudía de la Iglesia Católica; considerar a los “nuevos cristianos” como herejes infiltrados en su seno, con la subsecuente represión de tal anomalía; traducido en palabras de Tomás de Torquemada en un memorial dirigido a la reina católica: “que mirando vuestra alteza algund ( ) en que ( ) a Dios nuestro señor debe mucho su honra y porque en estos vuestros reinos hay muchos blasfemadores renegadores de Dios y de los santos y ansimesmos hechiceros y adevinos debe vuestra alteza dar forma como se castigue y que vuestros corregidores y justicias sepan el castigo que a los tales ha de dar y éste sin ninguna dispensación”. Hasta tal punto, que consta en el Cronicón de Julián Pedro, llevado a la sangrienta instancia del Santo Oficio, la conversión por el mismo Cristo del gran rabino Eleazar, y que a su retorno a Toledo, gracias al portento, convirtió a toda la comunidad judía de allí; tratando de demostrar los judíos que “eran los más antiguos cristianos viejos de la península!” (Lafaye).

Para finalizar este esbozo de la herejía de la levadura antijudía, tenemos que referirnos a la Historia General de España de Juan de Mariana (1601), la cual establece la dualidad España e Iglesia como el trascendental aliento de la nueva cruzada anti-islámica y hebrea en pro de la hegemonía de Hispania allende sus fronteras. Además, el año de 1492 constituiría el tríptico enviado por Dios que favorecería tal ente: la conquista de Granada por Fernando el católico, “que toda España con esta victoria quedaba por Cristo Nuestro Señor, cuya era antes”, “el descubrimiento de las Indias Occidentales (…) cosa maravillosa y que de tantos siglos estaba reservada para esta edad”, y la expulsión de los judíos sefardíes de la península. De “modo que los españoles estarían incesantemente en guerra con los infieles”, moros, judíos e indios.



Entregado a su tiempo, como esclavo y vasallo (en palabras de Canetti), Cervantes –asumiendo también la síntesis del espíritu de su entorno, así como el estar contra su época- en el Quijote presenta la vulgar jactancia de Sancho Panza en cuanto a no tener sangre judía, en alusión quizá a los estatutos de sangre o a el Tizón de la nobleza de España (1560). Quevedo por su parte, en un soneto dedicado a Góngora, embiste a la condición judía: “Yo te untaré mis obras con tocino, / porque no me las muerdas, Gongorilla, / (…) ¿Por qué censuras tú la lengua griega / siendo sólo rabí de la judía, / cosa que tu nariz aún no niega?”. Ecos y muestras palpables del antijudaísmo en la cultura hispánica, heredad ésta de larga data y proyección.

Febrero de 1993

NOTAS
(1) Jacques Lafaye: Mesías, cruzadas, utopías. Fondo de Cultura Económica, México, 1984, pág. 27.
(2) Compendio de la obra titulada Directorio de Inquisidores, de Nicolao Eymerico Inquisidor de Aragón, Mompeller, 1821.

Friday, August 22, 2008

UNA TRILOGÍA POÉTICA DE OSWALDO GONZÁLEZ


UNA TRILOGÍA POÉTICA DE OSWALDO GONZÁLEZ


José Carlos De Nóbrega
Ilustración: Esaú vende su primogenitura de Hendrick ter Brugghen


Tuve noticia de Oswaldo González Quiñones cuando Carlos Villaverde me había mostrado las galeradas de un volumen suyo de ensayo sobre los judíos sefarditas en América Latina. Años más tarde, en mayo de 2007, una participación suya en una charla que dimos Guillermo Cerceau y yo sobre la obra de Elías Canetti nos permitió conocerlo; la ocasión fue propicia para leer su poesía, pues me obsequió la trilogía poética de la cual vamos a conversar: Canto Rodado (2005), Solidaria Herrumbre (2005) y Abrevadero (2006). No me equivoco al afirmar que es un afortunado y paradójico hallazgo: no hay divorcio entre el poeta y el docente, pues un ejercicio sobrio y significativo de la metodología configura su discurso poético; sí, la metodología en tanto camino crítico que afecta hasta el acto mismo de cepillarse los dientes, tal como él mismo la define con impune soltura. El texto poético se presenta en una escritura precisa e impecable, desprovista de adjetivaciones innecesarias que debilitarían al objeto poético mentado a través de los sustantivos e incluso redondeado por los verbos. Me sugiere la claridad conceptual de Baltasar Gracián, no obstante el estilo barroco con el cual no comulga Oswaldo. Persiste en el inicio peculiar del poema: una primera estrofa a la manera del haiku que se basta a sí misma, no en balde su conexión sólida con el resto del texto; ello en un tratamiento heredado quizá del trabajo del mexicano José Juan Tablada en el libro dedicado a Li Po, publicado en nuestro país a principios de siglo. Veámoslo en este caso: “En ti piedra / detuvo el tiempo / su ala buena”. Luego prosigue el poema: “Tu sueño // de anclaje involuntario / habitado por el vuelo / fue suficiente / para renacer cometa // Pluma y arcilla / en un intento”. Pertenece al poemario Canto Rodado, conjunto de una fuerza juvenil atenta a la sensualidad del entorno; nos conmueve en la transición hacia el canto rodado, pues el impacto de los elementos en la piedra es desgaste pero también cambio que la inscribe en una canción por la vida: “Piedra / que viaja y canta” o mejor aún “piedra / de agua / que sufría / de río”. Por supuesto, no compartimos las críticas adversas a este magnífico libro expresadas en la oscuridad del pseudónimo-hembra, más afín a las hablillas de callejón que al ejercicio responsable de la crítica literaria. A tal efecto, escuchen el poema 20 de Piedra, segunda parte del libro, con los ojos cerrados aguzando el oído, la lengua y el tacto: “Cuando llueva / recogeré una gota / en mi dedo pequeño // Convertiré el arca / de piedra carcomida / en líquida colmena // lloverá sobre / guijarros de aguacero”.


Solidaria Herrumbre apuesta de nuevo por el poema breve, despojado de hueca retórica que procura mentir en el ornamento absurdo y en la futilidad de la filigrana verbal trasnochada. Evidentemente el tratamiento del paisaje, primario e interiorizado, lo enlaza a Canto Rodado: “Hay un verde / que el hombre mira / después su alambre // Ancho y largo / no cuenta el alto / busca encerrarse // Para qué púas / rezonga el viento” –es semejante a la poética paisajística de Carlos Hernández Guerra en la simplicidad y la contundencia del trazo-; sólo que el vigor en la mirada asombrosa del mundo que nos ofrece el primer poemario, da paso a la preeminencia del tema de la soledad patente en el segundo. El poema 44 nos remite al pasajero ebrio de un autobús que resbala peligrosamente en la autopista: “Ella se fue / yo me quedé // Aquí en la lluvia // No dijo adiós / ni dejó papel // Qué hago / si se me muere / la soledad”. La solidaridad con el proletario lo emparenta con el texto de Ledo Ivo referido a la estación o terminal de autobuses: “Verdaderamente los pobres no saben ni morir. / (Tienen casi siempre una muerte fea y de mal gusto) / Y en cualquier lugar del mundo molestan, / viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares / aun cuando vayamos sentados y ellos viajen de pie”. Como se puede ver, en el primero nos marca la ternura mientras que en el segundo nos solidarizamos por vía de la impostura crítica del respingado discurso estúpido de la clase media. Son muchos los monólogos de la voz poética viendo llover sobre el mundo: “Quién / mató al gallo / si está de luna // su voz / que empapa / lajas de altura // Abro la puerta / de par en par / hasta que venga // la noche / del aguacero // sus escalones / llorando frío”. Se naufraga, estragados el cuerpo y el alma, en una casa sola, reducida a cenizas del hastío que manchan la albura de la camisa. Hay otros textos que abordan sin cortapisas el tema de la muerte que desarrollará con mayor amplitud en el libro aún inédito Tierra de Difuntos: “Iba tan solo / pero cayó / desprevenido // Son días / oliendo a muerto // El perro sabe / guarda y espera // porque su amo / leyó en la Biblia / una palabra // resurrección”. Nos retrotrae a Cancerbero custodiando el Hades, por una parte, y por la otra la magnífica tensión del relato La insolación de Horacio Quiroga en el que los perros son testigos aterrados de la muerte del amo.


Abrevadero es un libro muy hermoso, pues remite a la concupiscencia y la saudade de los olores de la infancia. Un homenaje edípico –me confieso militante de este adjetivo-, sentido y delicioso al matriarcado todo rigor con la sazón de la bondad y la abnegación: son los nombres de Adela y María Quiñones y agrego como lector el de Augusta. Degustamos en la memoria los tacones de puta y el caldo de lentejas y la carne guisada en sus implicaciones bíblicas y sefarditas: “Siempre / mi nostalgia llega / oliendo a vainilla // algunas veces a papelón suplicado // cuando la mano / rebozada de tarde / es redondez de canción // en repunte de caldero”. Es comprensible la venta que Esaú hace de la primogenitura apostando a la sensualidad de la boca, el guiso y las lentejas en el tiovivo cariñoso del estómago; ello muy a pesar del ala rozando por siempre la campana en alusión al purgatorio, metáfora terrorista del cura Cacique echada de la casa materna en un dulce exorcismo de clavo y canela. Abrevamos entonces en nuestra educación sentimental primera, la referida al habla vertida en las historias de los abuelos y los padres, sus costumbres, mañas y contingentes modales: “Mi casa infantil / de cúpula verde / erecta sus techos // en riñas de gatos // Tiene aljibe / con edad de abuelo / y risas de primos / moliendo café”. Retomando el tema de la muerte, a la cual se combate por medio de la memoria y la evocación poética, el poema se despoja de una fácil imaginería visual para proferir un desgarrador grito: “El chirrido / es de verja / y camposanto // Tan doliente / que cuelga / en el sollozo // de la tarde” para morderse la cola así “Es chirrido de ataúd tocando fondo”. Sin embargo, María Quiñones, la del rostro severo pintado por otro de sus hijos –Ramón Belisario-, nos ve complacida lidiando con el mundo a punta de palabras amorosas: “Mi madre era aire / anhelando el agua / que esparció terrón // túmulo de espiga // por eso juntó / virutas del tiempo / haciéndonos vidrio / fuego de ocasión”. Nos importa entonces el diálogo franco con la poesía de Oswaldo González Quiñones, no el mercado de libros hipócritas e idiotas que embargan a la mayoría en el autoengaño y la falta de propósito lúdico y placentero en sus vidas.

UNA APROXIMACIÓN HEROICA DE JULIO RAFAEL SILVA A LA OBRA DE JOSÉ LEÓN TAPIA




UNA APROXIMACIÓN HEROICA DE JULIO RAFAEL SILVA A LA OBRA DE JOSÉ LEÓN TAPIA. José Carlos De Nóbrega.


Los libros de ensayo de Julio Rafael Silva pueden obviar el índice: se dejan leer de un solo tirón, pues conjugan erudición amable y respetuosa, transparencia y pasión que rayan al punto en una ternura cortazariana: por supuesto, la que se refiere a los conejitos incubados en el estómago –indudable enclave de las emociones-, el goce sensual que provocan los muslos de Silvia o el estar balbuciendo el asombro ante las puertas del cielo, mientras Celina baila en el bar con todos los parroquianos. De ello doy devota fe afincada en la amistad. En especial cuando leí Cinco ensayos como (pre)textos para a(r)mar a Venezuela (2002), si bien se mantiene aún inédito por razones o peripecias de difícil comprensión, sin embargo constituye el origen de sus otros libros más afortunados: Del retrato a la máscara en el laberinto literario de Arturo Úslar Pietri (2004), el volumen dedicado a Carlos Noguera bajo el sello editorial el perro y la rana (2005), Francisco Lo Russo: Un ángel de María Lionza (2007) y el título que hoy nos ocupa celebrar Héroes y villanos, llaneros y llanura en las narraciones de José León Tapia (2008, UNELLEZ). Julio Rafael, más que agudo ensayista, se nos antoja un bondadoso relator a la manera del capitán Marlow: se conversa con el texto ataviado de blanco, anclado el barco o el bongo en cualquier río emblemático de Venezuela, llámese Tirgua, Apure o Arauca.


En este caso, la aproximación de Julio a la obra de José León Tapia es gratamente afectiva, oportuna y estimulante, muy a pesar de la estridencia electoral que nos embarga sin misericordia escurriendo el bulto –la mayoría de las veces- a la discusión de altura. Nos incita a realizar una lectura inédita y poética de la obra narrativa de este gran escritor barinés (valga el intermedio: José León Tapia pertenece a la estirpe de escritores que ejercen la medicina, además de él tenemos por ejemplo a Jesús Semprum, José Solanes, Francisco Herrera Luque, Reynaldo Pérez Só, Pedro Téllez y José Horakyo Guillén). Nuestro amigo ausculta sin arrogancia académica su esencia, dirigida o presidida por una indagación personalísima en la historia venezolana: la vindicación de los vencidos, aquellos seres olvidados por la Academias de la Historia o Sociedades Bolivarianas mediatizadas en los recovecos grasientos del discurso del poder, marcado por el caudillismo de tenor decimonónico, puntofijista o postmoderno. Julio Rafael Silva lo sintetiza sin dar cuartel: “Sus textos son el fiel testimonio de una laboriosa empresa, de una difícil y penosa tarea: buscar en la entraña humana de nuestros héroes patrios, analizar su obra, su vida y sus pasiones desmontándolas (para comprenderlas, aprehenderlas y disfrutarlas más) del parapeto sacro en el cual la ingenuidad, la mojigatería y el negocio político han oficiado por turno su incienso de mentiras, como fieles turiferarios de ocasión” (p. 60). No nos sorprende entonces que este libro funcione también como una antología mínima narrativa de José León Tapia: la panorámica se detiene atentamente en libros tales como Por aquí pasó Zamora (1972), Maisanta, el último hombre a caballo (1974), Tierra de Marqueses (1977) o El Tigre de Guaitó (1979) –es de resaltar, por ejemplo, que una concepción neogoda pretende con su ignorancia histórica reducir a Zamora y a Maisanta como meros bandoleros, contrastándolos con civilistas que han promovido la represión, la corrupción y la exclusión de las mayorías-; las citas destacadas en negrillas respiran de manera espontánea, ello en virtud del ojo atinado y respetuoso del coleccionista en la selección que no desentona con el comentario colindante. La vecindad del texto narrativo y el ensayístico supone entonces una de sus grandes virtudes, pues el diálogo abierto se regodea en el placer único e irrepetible de la lectura en múltiples instancias. Sobre todo en la atmósfera plena de camaradería y solaz que destila el libro en su inicio mismo: el hermoso texto Los Julios (Anotaciones para un centenario) con el que nos obsequia José León Tapia, como si la conversación fluyera de chinchorro a chinchorro una tardecita cualquiera en Barinas, luego de atender a sus pacientes de siempre.


Este libro de una amenidad sin par, no excluye una preocupación crítica del autor en el rescate de nuestros escritores, la mayoría de las veces huérfanos de lectores agradecidos y estudiosos despiertos en la fiesta de la palabra; desdice tan lamentable e imperdonable acto de omisión. Es bien sabida la parasitaria que roe las entrañas de las escuelas, universidades y bibliotecas públicas: el imperio de una burocracia ignorante y ruin, afín al mero marcaje estafador de la tarjeta de entrada y salida del infierno que el poder ha forjado en la promoción de la medianía y la indolencia. Escuchemos a José León Tapia en su denuncia a otro vicio no menos neurálgico: “Vivo inconforme con esta sociedad, te diría asqueado por una sociedad donde el dinero es dios, y donde todo es individualismo, donde todo es ganancia y se explota al otro para enriquecerse tú” (p. 136). El decir poético del discurso narrativo de este curandero de cuerpos y almas es indiscutible, de honda raigambre oral, popular y humanística; parte de la problemática y maravillosa convivencia con los fantasmas de su pueblo y su personal memoria, sin un llorón apego necrológico pero sí en tanto lucha insomne que nos aferra a la vida que nos bendice y ennoblece: “Todavía en mí habitan fantasmas. Tanto así, que me trasnochan: no me dejan dormir, todas las noches me tengo que levantar a escribir. El que más me despierta es mi padre, un gran llanero fantasioso, que supo en vida llenarme de cuentos (…) Con mi bisturí salvé a media Barinas, pero con mi palabra la he salvado toda” (p.137). Este volumen es a la vez diario de lectura o guía enternecida que nos conduce a José León Tapia sin tramoyas ni fanfarronerías del intelecto, mucho menos callejones sin salida; nos recuerda la experiencia comunitaria y divina en el embotellamiento vehicular de la Autopista del Sur fabulada por Julio Cortázar.


Julio Rafael Silva cree denodadamente en la belleza del libro como objeto de arte, pues la Criba Fotográfica lo convierte en un Álbum Familiar que va del sepia a la fotografía en color: Se retrata a José León Tapia como figura pública y –mejor aún- en la intimidad de su circulo familiar y afectivo. No es para menos, siguiendo a Julio Rafael, pues se trata de celebrar la lectura de este libro-puente que empalma con los libros de amor e imaginación de José León Tapia. Lean entonces en voz alta y se sentirán bien acompañados.




En Valencia de San Desiderio, Librerías del Sur, sábado 16 de agosto de 2008.

Monday, August 11, 2008

KAREN II



Es un travieso alboroto blanco de manchas café. Hija de Lucky y de un pequinés bochinchero cuyo nombre desconocemos, nos la regaló Yajaira muy pequeña sobre un pañito de cocina (en ese entonces cabía en un puño). Sacude el silencio y la oscuridad húmeda de nuestra casa dando carreras desbocadas, mordisqueando las patas de los muebles y ladrando a todo lo que se desliza frente a sus ojos y su olfato. Va a cumplir seis meses el 15 de agosto, esto es tres años y medio en tanto niña de nuestra familia. Cuando es visitada por Fibi, su morocha marrón oscuro salpicada de blanco y negro, la fastidia hasta que ambas desfallecen de cansancio pasados miles de mordiscos juguetones. Los jueves y los viernes acompaña, conversa y le hace arrumacos a Yajaira como pausa dulce de los oficios domésticos. Nos demuestra un feroz aprecio cuando sus dientes marcan nuestras manos y nuestros corazones.

Presentación de los libros de Julio Rafael Silva, Enrique Mujica y Oswaldo González en Librerías del Sur, 16 de agosto de 2008





Estimados Amigos: Tengo el placer de invitarlos a la presentación de los libros:

Héroes y villanos, llaneros y llanura en las narraciones de José León Tapia de Julio Rafael Silva,

Poemas del Decir de Enrique Mujica y

La trilogía poética de Oswaldo González: Canto Rodado, Solidaria Herrumbre y Abrevadero.

lgualmente la cita implica como obsequio un recital poético de Enrique Mujica y Oswaldo González.

Esta celebración se llevará a cabo el sábado 16 de agosto de 2008, 10:30 am, en la sede de Librerías del Sur Valencia, ubicada en el primer nivel del Centro Comercial Camoruco, Avenida Bolívar Norte.

Tuesday, August 05, 2008

UNA ANTOLOGÍA MÍNIMA DE NUESTRA AMIGA SAMANTHA MORENO, ARTISTA DE VALENCIA DE SAN DESIDERIO (III)


Título: Árbol de mi memoria.


Me encanta representar árboles porque me remontan a mi infancia donde me deleitaba al trepar a ellos. Amo a los árboles, los adoro, tengo una relación muy especial con ellos, que me hace muy feliz. Dentro de mi pintura juego con un color subjetivo, no concerniente al mundo real, pero alusivo a la poesía implícita dentro de la misma naturaleza.


Samantha Moreno.

UNA ANTOLOGÍA MÍNIMA DE NUESTRA AMIGA SAMANTHA MORENO, ARTISTA DE VALENCIA DE SAN DESIDERIO (II)


Título: Más allá de un sueño.


La Memoria, el mundo subjetivo e inconsciente es mucho más importante de lo que a primera vista podría pensarse. Las emociones por ejemplo impregnan sutil pero inevitablemente nuestaras vidas. Este trabajo fue mostrado en una exposición Colectiva del Museo de la Cultura, auspiciada por la Secretaría de la Cultura el 16 de Julio de 2004. Así como también fue exhibido en la Colectiva de Arte del SENIAT en Agosto del 2004.


Samantha Moreno.

UNA ANTOLOGÍA MÍNIMA DE NUESTRA AMIGA SAMANTHA MORENO, ARTISTA DE VALENCIA DE SAN DESIDERIO (I)




Mis Caballos se inspiraron en un principio en los Caballos de Carrusel. Me encantan los Caballos, siempre los incluí en mis dibujos infantiles cuando dibujaba para la escuela o por diversión. Me encantan los Caballos por su fuerza, su ímpetu, su belleza y nobleza. Y por supuesto su sentido de libertad. Mis Caballos son la sublimación de deseos y anhelos que habitan en mí, en ese santuario interior difícil de describir; al que siquiera se le puede llegar a tocar, a través de la metáfora. Estos Caballos son captados desde un espacio onírico.


SAMANTHA MORENO
1.- El caballo enamorado.
2.- Policromía Equina para un Poema.

Sunday, July 27, 2008

POESÍA Y MENSAJE SOCIAL. ARMINDO TREVISAN. Traducción y nota de José Carlos De Nóbrega


POESÍA Y MENSAJE SOCIAL


Armindo Trevisan


Traducción y nota de José Carlos De Nóbrega


I


Condición imprescindible para hacer poesía social: el humor. Por definición la poesía social pretende ser eficaz. Ahora, la eficacia difícilmente armoniza con la poesía. Es por así decir anti-poesía. El poeta social tiende a influir directamente en la historia, persuadido de que tiene en las manos un arma. ¿Más que arma? La poesía, en última instancia, es un "racimo de " en la expresión de Gaston Bachelard. Se destinan esas imágenes a llevar al hombre más allá de su círculo habitual de preocupaciones e intereses. La metáfora quiere decir, precisamente, trascendencia de indicación, de objeto, de visión. Por relacionarse con la parte emocional del hombre, la poesía tiene que ver con sus sueños. Ningún sueño es inocente. Todo sueño anuncia alguna cosa, se refiere a determinada necesidad vital, insatisfecha en la vigilia, o dejando de ser satisfecha en vigilia. Por tanto la poesía es utópica, sin relacionarse propiamente con el tiempo y el espacio de la vigilia, pero sí con el tiempo y el espacio de la vida, que son mayores. Imaginar que cuando se sueña se está fuera de la realidad es imaginar que el sueño nos excluye de la vida. Con humor, pues, es posible realizar poesía social, una vez que la ficción (fingimiento) completa la vida, sugiriéndole cosas de cuya posibilidad ésta jamás sospechara. La imaginación, fuente principal de la poesía, es el reino de lo imposible hic et nunc, no de lo imposible en sí. La imaginación, por el contrario, existe porque existe lo imposible.


II


Cuando un poeta escribe un poema social se localiza en el espacio y en el tiempo. Abdica de la utopía, en una tentativa extrema -y a priori fracasada- de influir en la historia. El poema se convierte, realmente, en un arma para él. El poeta quiere producir determinado efecto, no sólo emocional como actual. No se limita a labrar el corazón, esperando que un día la semilla fructifique en acciones eficaces; el poeta, en ese caso, quiere inducir el corazón a la acción. Al menos intencionadamente, el poema social se reafirma en la praxis. ¿Como conciliar, entonces, el lado teórico de la poesía con el lado práctico de la misma, puesto que la poesía se caracteriza, justamente, por la distancia crítica que la metáfora introduce? Para haber poesía importa operar una ruptura en el mundo intelectual ordinario; es necesario insertar una imagen mediadora en la vida psíquica. Más allá de eso, la naturaleza formal de la poesía, digamos su morfología exige determinados elementos que no se adaptan con la practicidad y eficiencia del lenguaje ordinario. Poesía es lenguaje extraordinario. En ese caso, ¿se puede hablar poéticamente permaneciendo dentro de los límites de lo ordinario?


III


La poesía puede apuntar a la acción indirectamente. Ella es una emoción revivida en la tranquilidad.Por lo tanto, todo poema posee una finalidad, si es que se puede emplear tal término en sus connotaciones prácticas. El poema quiere ordenar las emociones, no las acciones. Indirectamente ordena también éstas, pues las emociones son resortes de nuestra actividad en todos los sentidos. El humor nos recuerda que el poeta es no sólo un artista (teórico), mas una personalidad ética (un moralista). Por lo tanto, en la médula del poema late una vocación política. El poema, juntamente con todo lo que el hombre realiza, se relaciona con su estar-en-el mundo, con su intervención en el mundo. Un poema, por más poema que sea, participa del mundo de su autor. Y algo en conexión con la naturaleza global del hombre. Aunque la naturaleza específica del poema sea utópica, su realidad humana general no lo es. El poema es una acción inserta en el contexto de otras acciones, demarcadas por lo ético. Lo ético (poco importa lo que se entienda por esta noción, en términos de credo o ideología) gobierna las demás acciones, sometiéndolas al objetivo supremo. La poesía, por estética que sea, posee una dimensión ética, esto es, política. En última instancia, debe servir a los fines supremos de la personalidad, manteniendo su carácter de acción autónoma.


IV


El poeta social deberá ser, obligatoriamente, humilde. Por lo menos, de la humildad del humor que consiste en tener los pies sobre la tierra. ¿Qué es un poema? Una cosa alada que no puede transformarse en un león o elefante. Si el poeta quiere ser eficaz, sea hombre de acción. La praxis de la poesía es la de la acción directa. Si el poeta social quisiere ser eficaz tendrá que comprender que su eficacia nada tiene que ver con la eficacia inmediata. Una metáfora no se destina a mover un gatillo; puede ayudar a moverlo. En la medida en que un poema se pretende eficaz, se niega como poema. En la medida en que se acepta poema, se torna eficaz. Aparentemente desligado de la historia, el poema introduce en ella por la conspiración del silencio y de la ruptura del lenguaje.


V


El carácter específico de la poesía no la exime de responsabilidad. Una de ellas, la de ensuciarse las manos. Sin embargo consciente de su ineficacia, el poeta debe situarse dialécticamente entre la acción y la contemplación. Entre la teoría y la praxis. Su praxis es teórica, su teoría posee vocación práctica. Por lo tanto, su lucha con las palabras consiste en trerlas para lo cotidiano. Lo cotidiano, por definición, es práctico. ¿Cómo, entonces, conciliar la distancia psíquica de la poesía con la inmediatez de las opciones urgentes? Es ahí que se sitúa la poesía social. El poeta social es una especie de herrero que martilla el hierro en brasa, consciente de que éste se enfriará. Su punto de llegada, el mito. Invierte el proceso de fabricación poética: en vez de abastecerse del arsenal mitológico, extrae mitos de la vida prosaica. En la medida en que obtiene éxito, su poesía contribuye para la elucidación de la conciencia del tiempo. Su poesía es impura por necesidad solidaridad.


Armindo Trevisan (Santa Maria, Rio Grande do Sul, 1933). Poeta brasileño y Doctor en Filosofía por la Universidad de Fribourg, Suiza. Ejerció la docencia en las áreas de Historia del Arte y Estética, Universidad Federal de Rio Grande do Sul, entre 1973 y 1986. Además de la poesía, ha incursionado en el ensayo y la crítica de arte. Entre sus poemarios tenemos: Cuerpo a cuerpo (1973), El herrero armonioso (1978), Antología poética (1986), La danza del fuego (1995) y Oraciones para el nuevo milenio (1999).

Tuesday, July 22, 2008

3 POEMAS DE FAVER PÁEZ


Lugares


Hay lugares de esta ciudad que nunca
me pertenecerán Lugares
donde alguna gente acostumbra resguardarse
en sus propias sombras Quedan lejos
demasiado lejos
del otro lugar donde resido
donde miro los pájaros
recostado en el pórtico
del atardecer
Sé también que en aquéllos
los seres amasan su muerte cotidiana
sentados a las mesas de las panaderías
cruzando distraídos
para detenerse ante los puestos
de teléfonos
Algunas veces los muchachos
recuerdan que existieron otros mundos
y otros jóvenes
antes de sus anchas avenidas
de sus presumidos vecindarios
con sus indiferentes centros comerciales

Yo
ya estoy muy viejo
para volverme ciudadano
de otro siglo
No puedo desprenderme
de días y noches diferentes
de tanto río
de tanto cielo
con otros resplandores
de tantos cuerpos que ayer
fueron hermosos
y hoy duelen consumidos por el tiempo
o yacen asfixiados bajo tierra

No puedo habitar esta ciudad
ajena
y no me reconozco en sus lugares
Mi cédula reza
3040818
Como ven tengo más de 60 años
y hace ya muchos
que me estoy muriendo.

Poema Cotidiano

Te agradezco que quieras resguardarme
de los días húmedos y de los vientos fríos
que dañan para siempre
mi pobrísima salud
Te agradezco que apagues
el televisor
cuando me quedo dormido
con el periódico al costado
Te agradezco
el beso que le das a mi camisa
antes de lanzarla a la furia
de la lavadora
Te agradezco
que ignoraras al muchacho
de la esquina
aunque sé que su cuerpo
apetece más que el mío
Te agradezco esa risa
esos gestos pícaros
y esos contoneos
que me hacen temblar de felicidad
Te agradezco que me dispensaras
aquella borrachera enorme
cuando enloquecí por las caderas
de tu prima
Te agradezco los ojos y la boca
con que me miras y me dices
buenos días mi poeta
Te agradezco tu mano en el remolino
del mercado
y tu complicidad para robarme
un libro

Te agradezco
tu sabiduría bruja

El olor a pino de tus axilas
extendidas

El silencio cada vez que un recuerdo
me aparta de tu lado

Te quedo agradecido
por comprender mi pasión
por las estatuas

Por resignarte a soportar el vuelo
del pájaro negro
que anidó en mis sienes.

Río

El río de mi infancia
crece con las lluvias, se desborda,
regresa a visitarme cada tarde

Se desplaza violento por mis sienes
Se llama Tirgua y es un río hermoso
Ruge como un tigre de piel áspera
y arrastra troncos, animales, casas,
hombres y sembrados,
mientras sentimos su fuerza desde lejos

De noche aúlla su furia, explica su venganza
Dice mi madre: “Ya llegará el verano
y volverá a recibirnos en su seno
como un hermano apaciguado y bondadoso”

El río de mi infancia se parece
a todos los ríos del mundo

Y es hermoso.

Monday, July 21, 2008

EPÍSTOLA A UN ENSAYISTA DE TINAQUILLO (¿EN TIEMPOS DE LA DISPENSACIÓN?)




Epístola a un ensayista de Tinaquillo (¿en tiempos de la dispensación?)
José Carlos De Nóbrega
Fotografía de Luis Alberto Angulo

Estimado Julio Rafael Silva:



He recibido de un amigo común, el poeta Adhely Rivero, tu más reciente libro "Cinco ensayos como (pre)textos para a(r)mar a Venezuela", fechado este año. Más allá de tu acertada apreciación y comprensión de la obra de escritores venezolanos de importancia en el devenir reciente de nuestra literatura (Uslar Pietri, Ramos Sucre, Antonia Palacios y José León Tapia), amén de otros cuya labor data de los setenta en adelante (Carlos Noguera, el mismo Adhely, Gabriel Jiménez Emán, Caupolicán Ovalles y Teófilo Tortolero), este volumen delata no sólo preocupación por el país sino ambición en la consolidación de un afán inquisitivo que apunte precisamente a la venezolanidad como tal. Sólo que tu óptica no resbala en la ortodoxia de los bandos que hoy pretenden el señorío, apuntalados en un discurso intolerante y vacuo. Permíteme hurgar en el epistolario de dos ensayistas paradigmáticos paridos en nuestra tierra, de Briceño-Iragorry a Picón - Salas: "Tú has escrito acerca de la tolerancia como para ser entendido por un pueblo ya educado en las luchas civiles. Olvidaste la pasiva realidad de nuestro medio, erizado de intolerancia, y la actitud violenta de quienes creen que el sol hace su amanecer apenas para alumbrar el tejado de sus viviendas. En nuestro medio faltan al día horas para predicar la virtud austera que pone la sal en el banquete de la libertad". Pese a que la carta está fechada en junio de 1940, el diagnóstico es el mismo. De allí que te empecines en un discurso heterodoxo y de amplitud intelectual divorciado de las letanías ciegas del momento que han sumido al país en un clima signado por el palo y la piedra. La atmósfera apocalíptica y harto pavosa generada por actores políticos indolentes y mezquinos, supone la estridencia de los zamuros revolcándose en la carroña, lo cual trae consigo la antítesis de la construcción de una nación. Se insiste en refundar la patria desde la atalaya histórica -vaya qué contrasentido!-, lo cual sólo es válido en el discurso poético. No conviene el fortalecimiento de las instancias y las instituciones democráticas, por el contrario, la miseria y la confusión tejen el blasón y tienden la cama a la demagogia y el envilecimiento del pináculo a la base. La ilusión fútil de la riqueza petrolera de los setenta se nos ha convertido en una pirámide perversa. Valga como colofón de este párrafo, lo que le respondió Picón Salas a Briceño-Iragorry en octubre de 1940: "En un momento en que toda política tiene un sentido y un alcance mundial, estamos haciendo una política toscamente provinciana. Se transporta de una aldea a aquel personaje aldeano que allá daba mucho rendimiento y se le entrega un servicio público de singular complejidad".



De vuelta a lo que me anima escribirte, hace tres o cuatro años otros amigos nuestros, Carlos Villaverde y Carlos Yusti, me proporcionaron de ti magníficas referencias. Ambos, pese a lo diverso y -si se quiere- opuesto de sus estilos (el uno sobrio y el otro "desbraguetado"), concuerdan conmigo en la heterogeneidad y la iluminación patentes en tu prosa (¿prozac para Yusti?) : No te preocupa en absoluto la severidad esterilizante del discurso académico, pues los textos están gratificados por la espontaneidad y el entusiasmo en la lectura de los autores que abordas en un juego placentero de complicidad intelectual y estética. Tu libro encuadra en la concepción lúdica de Julio Cortázar: Después de una larga jornada de trabajo, compartir unas copas con los amigos y así sentirse querido. Incluso, de la sobremesa podrás exprimir la aparente aleatoriedad de los parlamentos intercambiados con ellos en medio de la festividad, para reemprender la tarea que nos vincula con fortuna a las palabras.



Otra de tus virtudes es la pertinencia de las citas, la cual se me antoja producto de la relectura atenta de la obra de tus autores preferidos. Tal como lo pontificaba Vladimir Nabokov, he aquí el hallazgo, la relectura de un texto conduce a un estado de gracia permanente. Quizá Lolita, la nínfula que cada vez nos perturba más en el ardor, sea su metáfora más asombrosa y afortunada. Sin duda es el magma de lo cotidiano, dispensa que te tome el comento prestado. A ello se suma un inusual pero estupendo manejo de la paráfrasis, por lo que el discurso gana en transparencia incitando a una benévola y solazadora lectura.



Has triunfado en la asunción del riesgo: se vindica el carácter conversacional del ensayo (su subjetividad e inmediatez), contra el cual queda desnuda y flaca de muerte la soberbia de los académicos y gramáticos que han importunado a todos los posibles lectores con sus fruslerías y piruetas manieristas y afectadas. A tal respecto, me conmovió y convenció tu aproximación a José Antonio Ramos Sucre en cuatro tiempos; nada que ver con otros trabajos que han fracasado en convertir su obra en una moda o estilo a seguir al pie de la letra, eufemismo o medianía intelectual que ha conducido lamentablemente a su fetichización. Muchos de nuestros intelectuales adolecen de un sentido responsable de la crítica y la promoción de nuestros autores, al punto de encajonar la literatura venezolana en la isla del provincianismo. Si no, fíjate en el deplorable estado de Monte µvila Latinoamericana, gestado mucho tiempo ha. Quebrada en lo financiero, quebrantada en su equívoca y -por qué no- deprimente labor en pro de divulgar nuestra la literatura dentro y allende nuestras fronteras.



En síntesis, tu dinámica prosa deja respirar al autor y su obra en el acogedor y problematizador marco del discurso ensayístico bien entendido y ejecutado. Es indudablemente fiel a los maestros del género, Montaigne y Bacon, y contraría con denuedo a los rigurosos e indigestos manuales de literatura que han hecho perder el tiempo y el camino a más de uno (qué te parece, por ejemplo, la preceptiva de Sambrano Urdaneta en su manual de apreciación literaria; me quedo con Rodríguez Ortiz, a Dios gracias).



Espero que un día de éstos nos encontremos por allí y compartamos una generosa lapa y una de dieciocho años, al amparo del paisaje cojedeño, interiorizado y revisitado. Saludos a los tuyos, agradeciendo tu libro se despide,

José Carlos De Nóbrega.
Valencia, 27 de junio de 2002.

Thursday, July 17, 2008

VALENCIA DE SAN SIMEÓN EL ESTILITA: UNA CIUDAD ILETRADA


VALENCIA DE SAN SIMEÓN EL ESTILITA: UNA CIUDAD ILETRADA

José Carlos De Nóbrega
Fotografía de Wilfredo Hernández (El Carabobeño)

Nuestra ciudad adolece no sólo de políticas editoriales –muy a pesar de ser enclave de magníficos poetas-, sino también de toda posible representación iconográfica, mítica y musical. Ha sido presa fácil de urbanistas ignorantes, mercaderes de feria y politiqueros de la más kitsch imaginación. Qué se puede esperar de una urbe huérfana de discurso arquitectónico. Además de la cuadrícula decadente que llamamos plaza Bolívar –si bien los zopilotes se birlaron una de las águilas del conjunto escultórico central, San Simeón se mantiene aún en las alturas haciendo puñetas en dirección a Occidente-, no nos compadecen sus referencias más comerciales y fetichistas: El espejo estúpido que es la Torre Da Vinci, el juego de mesa apellidado Sambil en el remedo de un templo votivo de consumidores compulsivos, la escenografía distópica del Big Low Center; peor aún se combate la inseguridad poniendo entre rejas los pocos espacios abiertos que quedaban acá, las plazas y las calles (a tal respecto, es insufrible la Urbanización El Trigal, paradigma de un ámbito claustrofóbico presidido por la histeria de una clase media decadente). Ya no se queman libros que importunen a la rancia Valencianidad: no es políticamente correcto, simplemente no se publican o, mejor aún, son destruidas las tripas por la incompetencia e indolencia de un funcionariato inculto, embebido en la era de Acuario, la demagogia cultural (esto no es más que mero exhibicionismo) o el dar piruetas marciales ante un Buda fofo y soso sobrealimentado por las transnacionales del dinero y de la futilidad académica. O los volúmenes no se distribuyen y se consignan en casas muertas, para prevenir de una trombosis a la clase académica y política que no puede ver tanta letra junta. Añoramos la lengua y la iconoclastia de un Luis Augusto Núñez agarrando el culo de godos y arzobispos; no el guayoyo dulzón de José Napoleón alabando los dorados rulitos de una de las Maldonado, pues es virtud teologal agradecer su Doctorado Honoris Causa que es igualito al Oscar de la mercachifle Academia. La música es impuesta por Bonchona FM o los caprichos del gobernante de turno (cuadrar a martillazos una marcha en la cadencia monocorde de la gaita de furra y tambora, el estridente gillfest o el perreo del reaguetón en esos templos guturales del transporte público). Nos parece más válida la propuesta plástica de las camioneticas que vincula así nomás la ternura de los cariñositos y la esquizofrenia del monstruo de Tazmania, que el complaciente y acomodaticio discurso de Vladimir Zabaleta en la composición del retrato de la godarria valenciana; vindicamos a Cristóbal Ruiz y las sardinas fritas de la Guairita aliñadas con Polar, antes que esos horrendos caballos que galopan por la autopista en dirección a Guacara. De las efigies de los politicastros de hoy que se estampan en vallas, diarios, sillas de ruedas, muebles de plástico, dispensadores de agua, preferimos no hablar.

Definitivamente, nos queda rayar las paredes de los cagaderos como alternativa escritural libertaria.

Monday, July 14, 2008

VALENCIA DERIVADA (CON PROZAC). CARLOS YUSTI


VALENCIA DERIVADA (con Prozac)
Carlos Yusti

Los buenos ensayistas son escasos quizá por las exigencias nada exigentes del género. Son pocos los ensayistas que se preocupan por el denso arte de escribir y que hacen como ese personaje ficticio de Cortázar, Johnny Carter, un jazzista de saxo que se traspapela con el Charlie Parker real, quien durante un ensayo de repente deja de tocar y rabioso dice: "Esto lo estoy tocando mañana". El buen ensayista trata de ser un individuo que escribe mañana y entonces se vuelve un lío.

El ensayo tiene contados cultivadores, poquísimos adeptos (y ni se diga adictos). Sin mencionar que el ensayista es considerado como un escritor aplazado al cual no se le toma con alguna pizca de seriedad en el ambiente literario. Por lo general se le subestima y se le relega, o se le ficha, como escritor en segunda potencia: escritor que escribe de todo sin ser maestro en nada. De todos modos el género, inventado por Montaigne y que Francis Bacon retoma con inigualable maestría, tiene hoy enorme maleabilidad y gracias a ello se arguye (a manera de sorna claro) que sólo se dedican al ensayismo (no confundir con escapismo) esos escritores sin fibra musical para la poesía, carentes de convulsiones imaginativas para la novela o el cuento, o sea, a los ensayistas se les juzga en su condición de parias de la literatura.

Escribir buenos ensayos, con calidad de página como escribiera Umbral, es un poco hacerle frente a ese estrépito de rumores transeúntes, malentendidos de barra y hablillas de café. En Valencia se ha dado un fenómeno poco frecuente: el ensayo como tributo de inspiración, cotilleo, erudición y cosa. Todo mezclado en un cóctel que intenta limpiar al género de cierta profesoral y hemorroidal pesadez, de quitarle esa broza de tanto acartonamiento libresco, de tanta erudición casposa y retomarlo desde la pasión para empacar (sin prejuicio) la vida leída y vivida en pocas páginas dándole un chance volátil a la fantasía literaria que la realidad escribe con soltura y desenfadado absurdo.

Maricadas al margen, el ensayista se inventa la realidad a partir de sus lecturas, sus fobias, sus odios, sus amores y con todo esa bisutería existencial trata de convertir en metal precioso la hojalata de las palabras. José Carlos De Nóbrega es un buen ensayista y su libro “Derivando a Valencia a la deriva” viene a confirmar un rumor: el ensayo respira en Valencia aires distintos.

José Carlos De Nóbrega se ha curtido con el thriller del bar y de la calle, busca las mariposas amarillas que trae la realidad en el concierto chinesco de la noche, viene de muchas lecturas, de tutearse con la palabra escrita en la música y en los libros. Con un humor desclasado va pinchando la piel sensible de la Valencia, de San Desiderio, va desordenando con humor el boato de una ciudad goda y retraída, casi hasta el autismo, en el sonoro timbre de los apellidos.

Para De Nóbrega los grandes temas de la literatura y los temas subalternos de la vida (o viceversa) tienen su espacio en sus ensayos. Le imprime a cualquier tema frescura y como gran equilibrista cruza la soga del bostezo con un estilo que no cansa. Además le sobra ironía lapidaria para zanjar cuestiones tan peliagudas como el acontecer literario de la ciudad con sus villanos, héroes y rastreros de rigor. El libro “Derivando a Valencia a la deriva” se inicia con el texto: “Valencia o de la encrucijada del odio”. Sin tomar en cuenta el titulo telenovelesco el ensayo salda algunas cuentas con la literatura en la Valencia, la cual parafraseando a Bolaño se podría decir que es una ciudad en la cual hasta los escritores pésimos saben escribir. Aunque De Nóbrega suelta perlas como esta: “Debajo de la abúlica calma chicha y provinciana de Valencia del Rey, zaherida tercamente por políticos mezquinos, urbanistas perversos, mercachifles peseteros y ciudadanos indolentes, fluye intermitentemente, ora con mesura, ora incontinente, pero sin piroctenia ni estruendosos aplausos, la corriente que escribe a la ciudad día tras día”.

Los ensayos del libro son variados y se pasean por distintos temas como la revista Poesía, el taller poético, alguna que otra reseña de libros y autores circunscritos en las alambradas de ese Macondo industrial que es Valencia. Hay un ensayo que da cuenta sobre el oficio de ensayista: “Carta de un ensayista a los alumnos del Segundo de ciencias C”. En dicha carta De Nóbrega hace una declaración de principios sobre el género, la política y la literatura sin prurito alguno. El ensayo, algo abstemio para mi gusto, apunta esencialmente a dejar inquietudes abiertas. Nada de consejos pavosos ni monserga clientelar y sí digresión desprejuiciada sobre esos temas de siempre.

“Esto lo estoy escribiendo mañana” se dice uno para celebrar la buena escritura de los amigos. Uno como escritor se va diseñando para mañana aunque a uno lo tengan por insufrible, egoísta, socarrón y degustador del vino, También como ensayista uno va diseñando su estilo con las fórmulas aprendidas e inventando algunos trucos nuevos. José Carlos De Nóbrega va confeccionando su forma particular de escribir ensayos dejando las filigranas barrocas para los puristas del género y los profesores de medio pelo que lo escriben interesados en los escalafones de ascenso curricular.

Un libro de ensayos tendría que ser algo así como un suburbio en la cual los sucesos sorprendentes se den la mano con la reseña de lo cotidiano, dejando notar las costuras de la lectura. El ensayo es una cuestión de modales más que de estilo y José Carlos De Nóbrega tiene estilo y malos modales, cuando escribe o debería decir cuando escribe mañana, se entiende.

Saturday, July 05, 2008

ARMINDO TREVISAN EN VALENCIA DE SAN DESIDERIO




ARMINDO TREVISAN EN VALENCIA DE SAN DESIDERIO.
Selección, traducción y notas José Carlos De Nóbrega.


El primero de julio de 2008 tuvimos el placer de escuchar al poeta brasileño Armindo Trevisan (Santa Maria, 1933) en la sede de Librerías del Sur, en el marco del VII Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo. Su disertación titulada Explicando la poesía al gran público constituyó un discurso en el que calzaban a la perfección la poesía, el humor, la humildad y la emotividad; nos dejó el olfato seducido por los más primarios aromas anclados en el recuerdo. La presentación a cargo de nuestro amigo y poeta Reynaldo Pérez Só fue impecable, asertiva y de un humor cortante. Caracterizó con palabras precisas y despojadas de adjetivaciones innecesarias la obra poética de Armindo: un ejercicio suave y viril de la palabra; incluso -a petición del propio poeta de Rio Grande do Sul- tradujo un hermosísimo poema titulado Los cafés, el cual conmovió y alegró al público (más bien un grupo de buenos amigos, entre los que destacan Gonzalo Fragui, Ana María Oviedo, el catire Hernández D' Jesús, Susan Castro, Luis Alberto Angulo, María Fernanda Chacón, Norma Agatón y Rhadamés Serrano). Por cierto esta dupla de grandes poetas la encontramos en el volumen Antología poética de Reynaldo Pérez Só (Monte Ávila : 2003; 1ra. reimpresión en 2006) con un magnífico prólogo de Armindo. Me encantó su definición de poesía, cónsona con la aproximación de Reynaldo: es lucidez enternecida, apropiada por los sentidos; visión y apetito de un mundo comestible. Siguiendo a Lorca, apreciamos una sentida exposición digna de un profesor en los cinco sentidos. Incluso citó un verso de nuestra amiga Niddy Calderón: Mis silencios inflamados esperan por tus palabras. Lamentablemente, las constantes y toscas interrupciones de un Carlos Osorio -fungiendo de espaldero no contratado, mucho menos convidado- desentonaron con una jornada simpática: presumimos misantropía o una vocación militante por la mala educación y la mezquindad. Agradeceríamos que nuestro amigo y poeta Adhely Rivero -por el bien del evento- le asignara al funcionario Osorio labores que no impliquen contacto con público alguno, pues no creo que nos quede más paciencia para tales desplantes. Olvidando el estúpido incidente de marras, he aquí una breve muestra poética de Armindo para el deleite en la comunidad de la carne y el espíritu:

Desnudez Septenaria


La primera desnudez
es la desnudez apresada,
la desnudez que cubre
a la Amada.


La segunda desnudez
es la desnudez demorada,
la desnudez que adorna
la pausa.

La tercera desnudez
es la desnudez casi fija,
la desnudez que se inserta
entre los amantes.

La cuarta desnudez
es la desnudez pasmada,
la desnudez que ignora
el Amor.

La quinta desnudez
es la desnudez sin espacio,
la desnudez que divide
el enlace.

La sexta desnudez
es la desnudez sin tiempo,
la desnudez que sustenta
la memoria.

La séptima desnudez
es la desnudez eterna,
la desnudez que acaba
en Dios.

La luz de tu piel



La luz de tu piel inventó la noche.
En ella me interno hasta la muerte ajena.
Nadie es más solito de lo que el azote
que apaga tu luz, y me incendia.


En buena hora tu carne


En buena hora tu carne sea la misma:
¿quién pone en tu brasero otro carbón,
e irrita la flama que se torna azul
para cambiar de lengua y de baile?
¿Quién hace girar tu esmeril, y afila
la lámina que no te deja fría?

El Tránsito


¿Qué queda de este tránsito? Es la seda
con su gusano dentro del capullo,


cubriendo la soledad. Y, en su músculo,
la fuerte puntería de una flecha

que, en el aire helado y azul, abate el ave,
sin destruirle vuelo tan suave.


Estos poemas -excepto el primero- fueron extraídos del poemario La Danza del Fuego (A Danca do Fogo), 2001, Artes e Oficios, Porto Alegre, 111 p.

EL GALLO MUJICA DIALOGA CON MARISOL SOBRE LA POESÍA DEL DECIR




Enrique Mujica, poeta
El artista latinoamericano es un solitario


Marisol Pradas


Foto: Junny Sánchez.


"Más allá del ingenuo sentir y del común entusiasmo, de la euforia civil y del desgano, de la secreta presunción y de las pequeñas sombras, más allá de cierto pavoneo sensual e inteligente, un poema debe cambiar tu vida, tu destino, tu dolor insobornable, tu orgulloso desdén, debe desengañarte, hacerte más indiferente a la muerte, más implacable ante tus envanecimientos, menos susceptible, menos evanescente. Por eso un poema debe ser claro y convincente, como un golpe de hacha, de un claro decir como un hallazgo inteligible, duro y abierto, con palabras enteras y exactas, aunque pretenda denodadamente expresar lo indescifrable, lo indecible, lo luminosamente inédito. Un poema nunca debe ser un vano misterio, una piedra oscura y brillante entre millones de piedras oscuras y brillantes como un grano de arena en el desierto, como una estrella detrás de las nubes entre mil estrellas, no, un poema debe finalmente decir, decir su maravilla por encima de todos los poemas".



El párrafo anterior es una especie de manifiesto como en su momento lo tuvieron los surrealistas sobre la poesía del decir, título de la última reunión de textos de Enrique Mujica, quien recibió un merecido homenaje en el VII Encuentro Internacional Poesía de la Universidad de Carabobo que cerró su edición ayer en la noche.



¿Qué está haciendo en estos momentos?



Después de una labor bien dilatada, tengo diecisiete libros publicados, ocho libros inéditos, a estas alturas, de tener cuarenta y cinco años escribiendo, he podido sacar algunas conclusiones sobre el arte de hacer poesía, el arte de escribir, y estoy escribiendo en este momento algo que he dado en llamar en cierto modo, de manera paradigmática, la poesía del decir.



¿De qué se trata esta poesía del decir?



Se trata de expresar ideas, expresar criterios. En algún momento, lo escribí hace mucho tiempo, manifesté que los grandes poemas se mantienen en el tiempo a través de los siglos y los milenios porque dijeron algo esencial. Pueden ser traducidos en muchos idiomas, del chino o del árabe, y siguen manteniendo una esencia de lo que dice el poeta. Eso contrastando un poco con una idea más esteticista que utiliza un poco más las palabras en otro sentido. Una expresión de ella es la surrealista, propuesta como escritura automática, en la que el poeta se desvinculaba del pensamiento, del razonamiento, de cualquier cosa que hiciera pensar que el poeta es un pensador.



Para mí esencialmente el poeta es un pensador. Coincido en ello con Juan Calzadilla que ha hecho siempre una poesía de decir cosas, lejos de las imágenes, de las metáforas, de todo eso que en cierta forma conforma la estructura del arte del poetizar. El me decía que la poesía es el arte de las intuiciones. Los poetas pueden penetrar la realidad y conseguir detrás de la realidad explicaciones extraordinarias cosas que parecieran fortuitas, que no lo son.



La poesía del decir casi coincide con un género que es el aforismo. Los viejos poetas terminaron haciendo pensamientos y hablando de cosas muy concretas porque tuvieron una especie de infancia de la metáfora, de la imagen; el mismo poeta Cadenas en algún momento dijo "ahora escribo reflexiones, me acerco más por pensar a la poesía que por la palabra estética".


¿Se puede decir que la poesía del decir es una metapoesía?


No. Es un pensar en poesía. Me lo dijo una vez Ida Gramcko, quien me hizo una nota cuando gané el premio Pocaterra, cuando fue jurado y lo gané con "Las formas del verano": "Enrique Mujica es un poeta que piensa y reflexiona en poesía". Eso fue hace treinta años. Eso prefiguró un camino hacia el pensamiento.



¿Será porque es matemático?


Es verdad que no soy un artista puro, soy matemático, ingeniero; soy del pensamiento abstracto, profesor de concreto armado en la Facultad de Ingeniería de la UC. Pero el mundo es uno solo y la manera de verlo a través del lente estético te da una figura y si lo ves a través de la ciencia también. Pero finalmente es lo mismo. Una especie de "weltanschauung", palabra que inventó Dilthey, que utilizaba Hegel, para referirse a todo el pensamiento humano.



¿La gente que lea "Poemas del decir" se va a encontrar con un libro distinto?



No. Es la misma poesía que todos escribimos con un acento, con un énfasis en lo que se dice. Por ejemplo: "Que pase lo que pase/ como en la vida de los indigentes/ y que finalmente no te importe la voluntad del otro/ la de ese que te ama hasta la muerte/ con sus asesinos caprichos/ esto es por fin aceptar la voluntad de tu Dios". Allí no hay recurso de nada, de lo metafórico. Está dicha la palabra sin acicate. Y está presente el aforismo, pero tampoco es un descubrimiento mío. Lo que he tratado es de inclinarme es hacia el pensar.



¿Qué le enseña a los jóvenes que asisten a sus talleres?



Que no olviden el pensar. Se puede hacer poesía amorosa, romántica: No hay tema especial para ella. El tema de la poesía es el mundo entero y hasta las cosas más inverosímiles; hasta lo grotesco es poesía. Pero ¿qué piensas frente al acto poético?, eso es lo que se tiene que tener en cuenta. Nadie va a entregar un formulario para hacer poesía. Sale de ti. Es pararse frente al mundo. Es un interrogar el mundo y de alguna manera una respuesta tuya al mundo. No es hacer florecitas de papel de seda, porque eso es artesanía. Tiene un gran valor, hay artesanía muy bella, elaborada con un gusto exquisito, pero no es arte. A mis alumnos les digo que no pueden hacer ni flores de papel de seda ni florecitas de paja con las palabras. Tienen que introducirse en el arte poético y ello es muy exigente. En la actualidad vemos que hay jóvenes que van tres semanas a un taller a la cuarta semana le están publicando un libro. En mi época para publicar se tardaba mucho más. Yo estuve quince años peleando con la poesía y después fue que publiqué mi primer texto. Hay que tener un gran sentido de responsabilidad con la gente que te va a leer. Tienes que andar con mucho cuidado y considerar que la poesía tiene la altura del pensamiento.



¿Qué significó este homenaje?



Para mí es muy importante porque se da cuando ya he logrado ubicar mi verdadera voz en el decir. Ese es un nombre que ya anda por ahí.



Todos los que jugamos algo con la palabra estamos solos, los escritores, los periodistas. Los grupos literarios, los colegios que agrupan son mentira, estamos solos. Eso es una gran desventaja con relación a los europeos. Ellos sí andan juntos, los surrealistas, modernismo, andaban juntos y se comunicaban y el trabajo era menor. El artista latinoamericano es un solitario. Es un solo, que anda padeciendo sus cosas y cargando esa cosa tremenda que es la palabra. El manejo de la palabra es algo muy grande. Es la pelea más grande que existe.



Dentro de un par de meses Monte Avila le publicará una antología de un periodo de treinta y siete años de poemas. Mantiene escondido el libro "Coplas de la guerra mayor" de 12 mil versos.