Friday, April 13, 2007

POESÍA: APROXIMACIÓN AL AMPARO DE LA ESTRIDENCIA


I

POESIA: APROXIMACION AL AMPARO DE LA ESTRIDENCIA.

“Sólo una hora más en silencio
el tiempo para firmar mi nombre en tu cuello
dejarte una marca, tatuaje enfermo
antes que todos vuelvan a hablar de dinero.
Porque cuando se acabe la fiesta
la tribu estará sedienta
será el momento del baile
de los languis” (lánguidos).
Cerati, Bosio, Ficichia y Sais (Los Languis, quinto surco del Disco Compacto “Doble Vida”, Soda Stereo, 1988, Sony Music).

“-¿De qué manera se ha servido del mito Carlos?
-El mito Carlos nos ha sido bastante útil para amedrentar al enemigo y ha servido para recaudar fondos para la revolución, especialmente por la OLP y Fatah”.
Carlos Ilich Ramírez Sánchez en “Feriado”, domingo 11 de octubre de 1998, número 796, página 27.

En cierta ocasión un alto funcionario universitario decretó la muerte definitiva del libro a manos de la iconografía bullente de los Personal Computers, justificando así su negativa a la edificación de la Biblioteca Central de nuestra Universidad. Aún desconocemos si le hacía una concesión al Imperio de los Nerds –consumación presentida por y resentida de Bill Gates-, o si significaba una desalentadora y naif realización de la predicción de Hegel que es la muerte del arte literario por intoxicación espiritual: “Así la vida interior triunfará sobre el mundo exterior: triunfará de tal modo, que el mismo mundo exterior proclamará la victoria de aquél, con la cual la apariencia exterior se hundirá en ausencia de valor”. Unos cuantos años atrás, cuando las computadoras IBM asemejaban escaparates con un gran ojo que giraba bidimensionalmente, el rector Alejandro Zahlout había intentado fallidamente abortar una revista poética que desde 1971 editaba la Universidad de Carabobo. Tal manifestación de la medianía intelectual sumó, paradójicamente, la anuencia de un grupo de escritores interesados en la muerte de tal publicación. Hoy, más de setenta números después, la revista POESÍA goza de una poco común buena salud dada la precariedad de nuestro tiempo: encrucijada de la nostalgia del populismo centra y cepalista y de la sumisión ciega a un proceso insincero de globalización promovido por los centros de poder.
Si tenemos en consideración que a la fecha (agosto de 2006) cuenta ya con ciento cuarenta y dos números editados en un período de siete lustros, es harto curioso que aquel atentado en su contra –además de ser promovido por una autoridad de la propia institución auspiciante- constituya el punto que parte por algo más de la mitad dicho intervalo. Afortunadamente, el equipo de redacción encabezado por el poeta Reynaldo Pérez Só –sin apelar a ruidosas demostraciones de protesta- logró encauzar para aquel entonces (mediados de los años ochenta) una adecuada campaña en los medios de comunicación escritos que impidió la desaparición de la revista POESÍA. Se conjuraron las malsanas intenciones exógenas y endógenas de una grey pseudopolítica e intelectual con un éxito poco frecuente en el medio cultural y universitario nacional.
Pese a la cercanía de hechos tales como el fracaso de la guerra de guerrillas incubada en los sesenta en Venezuela, del Mayo Francés del 68 y su prolongación en el movimiento de renovación académica de nuestra Alma Mater, la revista POESÍA revela –no sólo en el momento de su fundación, sino a lo largo de su devenir histórico- la tensión entre la tradición y la renovación de la expresión poética más allá de la estridencia militante y excluyente de los manifiestos y las declaraciones de principios. Por tal razón, no se justifica ni la constitución rígida de grupo poético alguno con el que se pretende aún involucrar a los poetas Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros, Teófilo Tortolero y Eugenio Montejo, sus fundadores, ni mucho menos un pliego que soporte tal espejismo. Por lo tanto, la denominación “Grupo de Valencia” es una etiqueta cómoda a los efectos de inventariar inútilmente el fluir poético de la ciudad. Por supuesto, no podemos obviar la creación del grupo denominado “Azar Rey” (1960, integrado por Teófilo Tortolero, José Miguel Villarroel París y Eugenio Montejo) como preludio del encuentro de los poetas que fundarían la revista una década más tarde. A pesar que desde sus inicios cuenta con el auspicio de la Universidad de Carabobo, la revista POESÍA –hoy uno de sus más valiosos activos, valga la categoría contable- sigue persistiendo en su rechazo y combate al concepto de cartapacio académico que ha asolado a gran parte de las publicaciones literarias de nuestras universidades.
El respeto a esta directriz se ha mantenido de manera inalterable e incondicional a lo largo de las gestiones de los rectores Gustavo Hidalgo (1984-88), Elis Mercado (1988-92), Ricardo Maldonado (1992-96) y (2000-04), Asdrúbal Romero (1996-2000) y María Luisa de Maldonado (2004-08, en curso). “Aunque la ignorancia y la mezquindad, de vez en vez, tocan a la puerta”, como lo manifestara Pérez Só al periodista Alfredo Fermín (1), las autoridades universitarias antes citadas han comprendido a cabalidad la importancia de la revista en el concierto poético no sólo nacional, sino continental y mundial incluso. Han dado un sólido espaldarazo institucional a la preservación de la revista POESÍA en tanto patrimonio universitario y producto cultural con calidad de exportación. Traigamos a colación algunos hechos: el rector Elis Mercado obstruyó el paso y el acceso indiscriminado a las apetencias de una agrupación estudiantil –de fines inconfesables- que pretendía tomar sus páginas guiados por un afán propagandístico y proselitista (revival anacrónico del realismo socialista); el rector Asdrúbal Romero y sus sucesivos directores de Cultura, Domingo Alfonso Bacalao y Laura Antillano, han respaldado denodadamente también a POESÍA, al punto de proveer el financiamiento de un proyecto derivado de la publicación misma: EDICIONES POESÍA, sello editorial que expande notablemente el radio de acción de su trabajo y contribución al panorama de la poesía venezolana del último cuarto de siglo (a la fecha ha publicado dieciséis títulos de poetas venezolanos). Más allá de la inmediatez de la lucha política y electoral dentro de la universidad, el rector Ricardo Maldonado y su director de Cultura Octavio Acosta persistieron en el estímulo a POESÍA, entre otras manifestaciones de apoyo destaca la reedición de los primeros nueve números de la revista para beneplácito de sus lectores y amigos.
El filólogo y escritor Rafael Osuna, respecto al estudio de la revista literaria, advierte: “En primer lugar, hay que hacer el análisis estructural de la revista considerada como artefacto (el subrayado es nuestro): esto es, hay que dejar testimonio de sus fundadores, redactores y colaboradores, de su formato y de sus tipos de letra y espacios, de su tirada y financiación, de la sede de su administración, su precio y su impresor”(2), interpretación de los datos mediante. Este trabajo no posee pretensiones cientificistas (de por sí nos espanta la connotación epistemológica de la categoría “análisis estructural”) sino más bien aproximativas y especulativas como corresponde al género ensayístico. Teniendo como antecedente algunas de las más importantes publicaciones venezolanas de este siglo, quizá se pudiese entender nuestra intención ya esbozada desde el inicio mismo. La revista Válvula en su número único de enero de 1928 se consideró a sí misma “la espita de la máquina por donde escapará el gas de las explosiones del arte futuro”, es evidente la referencia al movimiento futurista; Mariano Picón Salas, en el primer número de fecha noviembre de 1938, describió a la Revista Nacional de Cultura en tanto azada y pala del positivismo, siendo la tonalidad más conservadora que el caso anterior, “Cuando no podíamos convencer a los vivos, dialogábamos con los muertos”; el poeta Pablo Rojas Guardia refiere la identidad polimórfica de Viernes “de una ‘peña’ (...) cordial pero intrascendente, hicimos un ‘grupo’ (...) interventor de la cultura”, siendo a la vez rosa de los vientos y mesa para compartir el pan y el vino. Por su parte, Rayado sobre el Techo ratificó en su segundo manifiesto “su militancia con una peripecia donde el artista y el hombre se jueguen su destino hasta el fin”, es el escándalo materializado en la exposición de huesos y carne cruda a la intemperie del momento. Nos interesa la objetualización de la revista poética por vía del juego del lenguaje, allende su aspecto físico y técnico: indagar, como decía Baudrillard, en el choque de la racionalidad del objeto con la irracionalidad de las necesidades que éste pretende satisfacer. Es la tensión habida entre dos de las definiciones o posiciones en torno a la función de la Poesía: “Una de las funciones de la Poesía había consistido siempre en hacer lo que Wittgenstein considera aquí imposible: ‘incorporar objetos a las palabras’ más que ‘hablar de ellos’ ” (3).
Al disertar sobre la poesía venezolana de los setenta, Alejandro Oliveros se había referido al espíritu majadero –en la acepción del Bolívar moribundo en Santa Marta- y utopista de los años sesenta citando un ejemplo, el “Llamado de Caracas” (1965), “porque creemos profundamente en la Poesía: porque ésta, como el amor, es y hace la unión de los contrarios y contiene y reúne todos los credos, razas o discrepancias, propugnamos la confraternidad mundial de los poetas por encima de todas las diferencias locales”. La frase es una cita cuasi textual del Quijote: “porque de la caballería andante se puede decir lo mesmo que del amor se dice: que todas las cosas iguala”. Más adelante, Oliveros diagnostica acertadamente el entorno histórico y poético que rodeó la creación de la revista POESÍA, “En períodos de gran optimismo el poeta tiende a descuidar los aspectos formales del poema, está empeñado en decir cosas, en hacer pública su solidaridad con el porvenir. Por el contrario, cuando la utopía se fractura y el futuro aparece nada despejado, el poeta se concentra en la forma. El asunto ya no es tan importante. No es mucho lo que tiene que comunicar. Sólo su desengaño y su melancolía” (4). La arenga salvaje se deshace en la boca como las bellotas del Quijote, esta vez bastante amargas, “porque las bellotas que le dieron le trujeron a la memoria la edad dorada, y antojósele hacer aquel inútil razonamiento a los cabreros”. Escena y escenario que a su vez se nos antojan la fracasada exportación de la revolución cubana por el Che a los campesinos bolivianos en los años sesenta.
De esta lectura pertinente y madura del momento, de carácter sorprendente pues los poetas fundadores eran mayoritariamente unos “muchachos”, POESÍA establecería sus cimientos como una reacción desprovista de la espectacularidad anterior que contraría las tendencias y deformaciones poéticas de los sesenta –salvo notables excepciones de las que destacan Ramón Palomares, Juan Calzadilla, Rafael Cadenas, Alfredo Silva Estrada, Hesnor Rivera y Juan Sánchez Peláez-: las connotaciones épicas y grandilocuentes en lo temático y estilístico, el gregarismo poético de las proclamas y los manifiestos como legitimación y asalto del poder, la indigestión de corte surrealista y sobre todo el decir poco en dilatados y yermos espacios. Así, como lo dice Pérez Só, “Sin darnos cuenta se fue introduciendo la posibilidad del poema corto”: del formalismo “naturalista”, ¿se puede decir minimalista?, como lo define Oliveros, que rescatara la capacidad aprehensiva y vinculante del lenguaje poético a contracorriente de las piruetas crípticas de la perdición experimentalista y de la aridez expresiva de la mal llamada poesía comprometida (una notable excepción es el compromiso humano y la limpidez conversacional de la poesía de Ernesto Cardenal). Esta actitud se puede resumir en el canto de Antonio acompañado por el rabel, no por el apocalíptico tañir de las trompetas:

Porque si has mirado en ello,
más de una vez habrás visto
que me he vestido en los lunes
lo que me honraba el domingo.

Entonces el compromiso se traduce en una actitud responsable, superando en silencio los desvaríos propios de la orgía académica y de la desilusión ideológica. Elude el festivo optimismo del raciocinio puro y la indigencia de lo que llamó el teólogo Dietrich Bonhoeffer “de todo fanatismo ético”. En el primer número de POESÍA, se había publicado un esclarecedor texto de René Daumal, “Poesía Negra y Poesía Blanca”, que nos confirma tal imperativo: “(...) Por eso: ¡Silencio! Máquina. ¡Funciona y calla! ¡Silencio a los juegos de palabras, a los versos memorizados, a los recuerdos acumulados fortuitamente; silencio a la ambición, al deseo de brillar –pues sólo la luz brilla por sí misma-, silencio a la adulación a sí mismo, a la compasión de sí mismo, silencio al gallo que cree que hace que el sol se levante! Y el silencio aleja las tinieblas, el germen comienza a brillar, iluminando, no iluminado! (5). La revista POESÍA constituye un espacio para el largo trabajo poético, apegada a un estricto criterio de excelencia no acorde con el entorno clientelar de la institución universitaria que la había cobijado. A lo largo de sus numerosas páginas, se aprecia su desconfianza por las modas literarias y el desdén por el gregarismo bohemio traducido en nefastos versos garrapateados en las servilletas de las tabernas. Amparar esta publicación poética en el claustro universitario significó un ejercicio de previsión e inteligencia del poeta Alejandro Oliveros: “en esto, fue inteligente, visionario, pues al dejar la revista POESÍA en la Universidad de Carabobo, nos permitía que fuésemos ahondando en una continuidad sin par, de lo que se espera que sea una revista literaria” (6). Por lo tanto, y a Dios gracias, se excluye de los dos extremos más notorios de la actividad intelectual en nuestro país: la genuflexión cobarde ante el bipartidismo (recordemos que en muchos casos la izquierda gobernó nuestras universidades más como concesión del establishment que proposición renovadora) y la amarga y solitaria marginalidad producto del resentimiento político. POESÍA se ha desenvuelto en medio del dispendio presupuestario y la disolución política de la Venezuela saudita de mediados de los setenta y los ochenta que afectó con reciedumbre a las universidades públicas; es de hacer notar que en su tránsito a la excelencia se había adelantado en dos décadas a la mismísima universidad que hoy intenta adecuarse a las necesidades de nuestro tiempo haciendo énfasis en la responsabilidad.
Al respecto, el profesor y poeta Douglas Bohórquez Rincón –en un bien ponderado ensayo sobre la revista- manifiesta que ante “El tono de desencanto y de frustración que parece ser el clima de esta década del setenta, POESÍA responde con un optimismo moderado, fundado en la rigurosidad, en el criterio de excelencia creadora, en la constancia y la pasión por la poesía” (7). Más allá del optimismo y la moderación, agregaríamos la asunción de una actitud escéptica y prudente no sólo respecto a los malentendidos y las lecturas desafortunadas que inspiró la evidente crisis del vanguardismo literario y político, sino al curso inmediato de los acontecimientos que sumirían al país en la embriaguez desarrollista del boom petrolero a partir del año 1973. Más adelante, Bohórquez complementa esta percepción con atinada concisión: “(...) Hay en POESÍA un cierto deseo más o menos bien delineado de separarse, de tomar distancia frente a los modelos de la vanguardia literaria europea, francesa particularmente (dadaísmo y surrealismo en especial), tan caros a grupos y revistas de la década del sesenta como Sardio y Rayado sobre el Techo y un intento a la vez de recuperar o retomar ya en una perspectiva crítica a autores, movimientos y formas de la poesía europea, asiática, norteamericana y latinoamericana poco conocidas o un poco olvidadas o marginales” (8). Tal conducta se puede definir como la desacralización del recurrente mito de la Edad de Oro, de las Saturnales celebradas por Virgilio a lo que denominó Octavio Paz “la primera irrupción deliberada de la poesía en el arte cinematográfico” cuando se refirió al film L’ Age d’ or de Luis Buñuel, consagración del espíritu subversivo del Amor Loco. Si bien POESÍA no optó por la utopía marxiana (más bien el dogma por vía de la ortodoxia) ni por la rebelión surrealista, mucho menos se dejaría seducir por el apetitoso banquete al que llamaba el insurgente Capitalismo de Estado como todo buen Paterfamilias. Su trajinar no merecería entonces ni estruendosos aplausos ni adhesiones entusiastas de buena parte de sus contemporáneos, más ocupados en erigir la también mítica República del Este con sus fáciles subsidios y agregadurías culturales asignadas a dedo por la Cancillería.
NOTAS.
(1) Foro Dominical con Reynaldo Pérez Só, por Alfredo Fermín, Diario El Carabobeño, domingo 20 de julio de 1997, Valencia, página A-7.
(2) Rafael Osuna: Sociología de la pequeña revista literaria, en la revista Predios, número 5, abril de 1994, página 7.
(3) Michel Hamburguer: La Verdad de la Poesía, Fondo de Cultura Económica, 1991, México, páginas 241 y 242.
(4) Alejandro Oliveros: Un Ejercicio de Ruptura: Poesía Venezolana de los 70, Diario El Carabobeño, domingo 18 de mayo de 1998, Valencia, página A-12.
(5) René Daumal: Antología Mínima, traducción a cargo de Teresa Sosnowski, Suzanne Gay y Carlos Pacheco, en Poesía, número 100, enero de 1994, página 25.
(6) Foro Dominical con Reynaldo Pérez Só, por Alfredo Fermín, opus cit, página A-7.
(7) Douglas Bohórquez: Poesía: Más allá de las irreverencias (Tradición y Renovación), en Poesía, números 116/117, diciembre de 1997, página 77. Este trabajo ya se había publicado en Cahier du Criccal.
(8) Douglas Bohórquez: opus cit, página 79.

INSERCIÓN DE LA REVISTA POESÍA EN EL PANORAMA POÉTICO VENEZOLANO DE LOS ÚLTIMOS TREINTA AÑOS


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INSERCIÓN DE LA REVISTA “POESÍA” EN EL PANORAMA POÉTICO VENEZOLANO DE LOS ÚLTIMOS TREINTA AÑOS.

Cuando en 1971 se funda la revista “Poesía”, estaba abriéndose un espacio de transición en el devenir poético venezolano de aquel entonces. Ya era evidente el agotamiento del vanguardismo y el compromiso político-social que habían marcado a la literatura de los sesenta. Era urgente superar los aportes de la Generación del 58, a como diese lugar. Son ilustrativas estas palabras de Ludovico Silva:
“Lo importante, para esa generación de poetas, es saber que hoy está muerta como generación. Hay una generación de 1968. Hay nuevos poetas y nuevas actitudes, no tan audaces y comprometidas, pero distintas. También hay unos cuantos poetas que se quedaron sin generación. Y otros tantos que la perdieron, y que siguen escribiendo a pesar de los años.
“Y no te digo adiós, sino hasta luego, como dice el tango”.
La referencia de Ludovico Silva, más allá de la nostalgia, apunta no sólo a la subversión política y literaria que afrontaría, en primera instancia, la administración de Rómulo Betancourt, manifiesta en la guerra de guerrillas y en la trinchera poética de publicaciones tales como Sardio, Tabla Redonda, Rayado sobre el Techo, En Háa, Sol Cuello Cortado y En letra roja; sino también a poetas tales como Rafael Cadenas, Alfredo Silva Estrada, Juan Sánchez Peláez, Juan Calzadilla y Rafael José Muñoz, cuya obra superó en calidad y continuidad el sepelio de dicha generación. Por supuesto, la generación del 68 implica nombrar a poetas como Teófilo Tortolero, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros, Eugenio Montejo y Luis Alberto Crespo, quienes habían levantado tienda aparte, en una actitud esclarecida y un afán renovador de nuestra poesía.
Reprimida, derrotada o “pacificada” la insurgencia guerrillera en Venezuela, se notaba un dejo de desilusión ideológica y estética en el corpus literario nacional. El espíritu de la comuna se quebrantó al igual que la realización de la utopía revolucionaria, tanto en lo político como en lo artístico. Tal sensación encuadra en este verso de Rafael Cadenas, una de las voces mayores y sobrevivientes de la referida década: “Cuanto he tomado por victoria es sólo humo”. Ante este escenario desolador, el grupo de poetas fundadores de “Poesía” asumía, por el contrario, una actitud de desconfianza y prudencia. Reynaldo Pérez Só resume esta posición no exenta de crítico extremismo:
“Esta década del antirromulismo, el rojismo, el cubanismo fue quizá la más pedante, engreída, de la historia reciente hasta entonces. La fórmula maniquea política asesinaba con un solo grito de salón político-teórico a Vicente Gerbasi, Andrés Eloy Blanco, Juan Liscano; dejaron de existir poetas como Rodolfo Moleiro, Ana E. Terán, Enriqueta Arvelo L.. Todo aquello que sonara a no “compromiso” queda desterrado, ahora se pertenecía a la pre-historia, pues la historia se inicia con los intelectuales desvaríos del surrealismo, o las imitaciones del desparpajo beatnick, la poesía “coloquial” cubana, el romanticismo, el neo de Hikmet e incluso no pocos alababan el triste papel colombiano de los nadaístas”.
Dado el relativo vacío en la literatura venezolana al inicio del setenta, el mal llamado Grupo de Valencia decide agruparse fuera de la colmena del trasnocho político y estético de los sesenta. Cabe citar en este instante a Jorge Luis Borges: “La única manera de hacer una revista es que unos jóvenes amen u odien algo con pasión. Lo otro es una antología”. Si bien el punto de encuentro es la universidad, nuevo bastión de los despojos de la izquierda radical que había sido sepultada en el clientelismo o en el aislacionismo, el ámbito es propicio para desarrollar una empresa poética que implique una vuelta de tuerca que sacudiera en silencio las entumecidas letras venezolanas. La revista “Poesía”, desde su fundación, se mostró en contra del exhibicionismo vanguardista para replegarse o concentrarse en una poesía de densa interioridad, austera y despojada en la forma. Es la vindicación del verso breve, cónsona con tradiciones poéticas ajenas al tono declamatorio y dilatado de la época, tales como la japonesa o de olvidadas voces nacionales como la de Enriqueta Arvelo Larriva. Revisando el índice de los cien primeros números de la revista, no hay ningún poema de Neruda publicado allí. Tan sólo un texto necrófilo, en la última página del número 15, que se nos antoja más un epitafio poético:


PABLO NERUDA
(1904 -1973)

Acudí al fondo de ella, sumergiéndome
cada tarde en sus aguas, agarrando impalpables
estímulos, gaviotas de un mar abandonado,
hasta cerrar sus ojos y naufragar en medio
de mi propia sustancia.

Leyendo entre líneas, se deduce, más que el parricidio, la muerte natural del poema-padre que había subyugado al continente. Ello en la atmósfera neofascista del Chile posterior al golpe del once de septiembre de 1973. Por supuesto, la generación del 58, muy a pesar de sus faltas, “opuso un dique” a la nociva influencia del nerudismo de la primera etapa, recargado de grandes imágenes y metáforas totalizadoras, amén de un verbalismo de sesgo taxonómico y bellista en la descripción del paisaje americano. Después del sepelio, poco valían las lágrimas ancladas en el despecho y la nostalgia. Los tiempos ameritaban una posición sobria pero atenta respecto al quehacer poético, más apegado a la subjetividad, al trabajo interior y responsable para con la palabra misma. Precisamente, la fundación de la revista “Poesía”, según Alejandro Oliveros (su primer director), descansaría en desdecir los manifiestos y las piadosas intenciones de redención social, los excesos patentes en el barroquismo y el tenor surrealistoide del discurso poético, y la longa versificación que escondía tras de sí la precariedad del fondo y la entenebrecida percepción del mundo y del oficio poético como tal. Permítase al mismo Oliveros develar la política editorial de la publicación:
“Me proponía, sin tenerlo muy claro, la difusión de un formalismo que quería llamar “naturalista”, es decir, sin el hermetismo y la abstracción furiosa de los poetas formalistas de la década anterior. Quería promover, a nivel formal, una estética de la poesía breve y esmerada, una palabra concentrada y necesaria. Nunca entendida como balbuceo, refugio para la incapacidad expresiva, santuario de segundones. Debo añadir que para nada fui el único en promover las posibilidades del poema breve. Otros poetas, en otros grupos o aislados, y antes que yo, habían dedicado sus desvelos a una escritura breve y brillante. Teófilo Tortolero y Luis Alberto Crespo son apenas dos de ellos”.
Octavio Paz manifiesta que en el poema corto se sacrifica el cuadro variopinto en la consolidación de la unidad y “llámese jarcha, hai-ku, epigrama, chu-che, o copla, se omiten los antecedentes y la mayoría de las circunstancias que son la causa o el objeto del canto”. La voz poética, entonces, se ampara a la sombra de la miniatura o bonsái. Gaston Bachelard aduce en su favor la contención que lleva a “vivir lo que hay de grande en lo pequeño”. Curiosamente, Jesús de Nazareth reprobaba la ampulosa retórica farisaica para vindicar la poesía breve de las parábolas: el que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho. Adolfo Castañón en su ensayo titulado “Magnitudes del Jíbaro”, nos aclara el quid de la cuestión:
“Las diversas ideas acerca de la brevedad en la literatura nos conducen a ‘una idea de la literatura –para citar a Calvino en su ensayo sobre Borges- como un mundo construido y gobernado por el intelecto’, una idea de la palabra concebida como acto. Pero si el único acto que está verdaderamente al alcance del hombre es el suicidio como lo sabían Novalis y entre nosotros, Jorge Cuesta y José Antonio Ramos Sucre, una literatura deseosa de definirse en cuanto acto sólo puede definirse en relación con su propio suicidio, el silencio. Esto explicaría la importancia de las alusiones, omisiones, enunciados implícitos y sobre todo de los blancos en los géneros breves. Los espacios en blanco transforman el espacio en escritura, prefiguran el vacío e invitan al lector a una comunicación que pasa y pausa por la higiene del silencio”.
El silencio tomaría por asalto al texto poético, sin ningún tipo de concesiones al tremendismo de la forma y al esquematismo ramplón del pasquín ideológico. Valga esta cita de Guillermo Sucre, tomado de su magnífico libro La Máscara, la Transparencia:
“El silencio, por una parte, sería el regreso a las fuentes mismas de la palabra. Ese regreso es un punto de partida; lo original, en efecto, es el silencio. Escribimos con palabras, pero lo hacemos desde el silencio. Aún Rimbaud proponía que había que escribir silencios (y fijar vértigos, añadía) y me parece que lo hacía como una disciplina para llegar a ese verbo poético “accesible a todos los sentidos”, que él mismo buscaba”.
Esta virtud es fácilmente observable en la poesía de Reynaldo Pérez Só. Él mismo denominaba a su despacho en el Departamento de Literatura con el mote de bunker. Se sobrentiende una postura de contemplación interior volcada en la alba superficie del papel y en la brevedad del verso. Desde su primer poemario, Para morirnos de otro sueño (1972), hasta el más reciente, Solonbra(1998), persiste en la desnudez estilística y lo fragmentario e inmediato de la expresión poética en la recreación del discurso de voces disímiles que habitan su interior. Sucre lo ratifica:
“Lo que aparece es sólo el poema, el texto: un objeto verbal muy breve, luminoso pero no destellante, indeterminado pero no impreciso, instantáneo pero también simultáneo. Un objeto sin sombra ni relieve al que, sin embargo, podemos contemplar en diversos planos, aun en su extatismo”.
En Tanmatra (1972) leemos su preocupación por la palabra como generadora y recreadora del mundo: “me ahogo en mí / no por malo ni por pequeño / simplemente me ahogo” en las trampas y emboscadas que la lengua nos tiende al rayar el alba. Más de cinco lustros después, en Solonbra, la misma voz poética invoca: “Tú que eres grande / concédeme valor para cortarme la / lengua / intención descaminada / bájame la cabeza / despreciable”, dramático sondeo en la dispersión y el despropósito que en más de una ocasión balbucea el alma. La angustia compulsiva de Sá-Carneiro esboza su extravío: “Perdi-me dentro de mim / Porque eu era labirinto”. Pérez Só aborda el laberinto de adentro sin remedar inútilmente ojos rasgados por navajas, mucho menos encajona las imágenes en medio del silbido de balas al amanecer. La manipulación de recursos tales como el encabalgamiento y la anáfora fragmentan el discurso rescatando el concierto abstruso que nos embarga día a día, y que –paradójicamente- constituye la vía posible de expiación: “he de soñar vigilando cada paso / mientras afuera no existo / y el ser lo tengo lejos”.
Ya antes, Teófilo Tortolero con la publicación del poemario Demencia Precoz (1968), curiosamente el mismo año del Mayo Francés, dejó una huella significativa en el nuevo curso del acontecer poético en el país. Muy a pesar de no ser tomado en cuenta por la crítica establecida, Pérez Só lo restituye en su justo sitial: “No obstante, Tortolero, desde 1966 propone una poética encontrada a la dirección y perfiles de aquellos años, y sin sospecharlo, delineaba a distancia los intentos que los poetas jóvenes de los 70 procuraban”. Efectivamente, siguiendo a Javier Lasarte, el lapso comprendido entre 1967 y 1974 representa un importante momento de transición de la poesía venezolana reciente, en el cual se dieron a la luz textos fundamentales como los antes citados de Pérez Só y Tortolero, además de dos títulos de Eugenio Montejo, Elegos(1967) y Muerte y Memoria (1972). En el caso de Montejo, es harto destacable la riqueza y el esplendor que se desprenden de sus primeras composiciones poéticas, las cuales poseen una tendencia a lo cíclico, al retornar sobre sus primeros pasos (“Mi vivir es araña / en la tela del poema”, lo cual trasluce una profunda conciencia del vínculo de la expresión poética con la vida misma). La voz poética hila, enhebra la trama paradójica de la vida y la muerte, en la lúdica prestidigitación de la palabra. Alejandro Oliveros publica en 1974 el poemario Espacios, iniciando una obra interesante que también comprende volúmenes de ensayo, amén de su fructífera labor como traductor. Recordamos especialmente su traducción del poema “Fuga de la Muerte” de Paul Celan, además de dos libros de ensayo que no han pasado inadvertidos en nuestras lecturas: La Mirada del Desengaño (Ensayos sobre la poesía del Barroco) y Poetas de la Tierra Baldía, títulos que lo confirman como uno de los ensayistas más atentos del país. Su obra oscila entre la lectura bien asertiva de la tradición clásica y la revisión exhaustiva de la poesía contemporánea. Él mismo da su testimonio:
“Mi protagonismo en el curso de la poesía de los setenta se limitó a dos apariciones. Como editor de una revista que se proponía nuevas lecturas y nuevas escrituras. Y como autor de una pequeña colección de poemas, Espacios, publicada en 1974. En ambos casos propuse la necesidad de una lírica antirromántica, de una responsabilidad de la forma, en un momento donde cualquier atisbo de clasicismo era lo verdaderamente revolucionario”.
En resumidas cuentas, la restitución del poema breve y la estética del silencio, conducentes a la contención verbal que revela interesantes aristas en la aprehensión de la cotidianidad, va a hacerse sentir en la poesía de los años ochenta. Lázaro Álvarez nos explicita el puente que va de los setenta a los ochenta en el desarrollo de la poesía venezolana actual:
“El agotado extrañamiento de búsquedas ontológicas que proliferó en la primera, hizo necesaria la configuración poética de una realidad más palpable en la segunda que, también, en sus extremos, terminó a veces rozando el puro circunstancialismo de muy poca intensidad poética”.
Sin embargo, de la década del ochenta destacan voces poéticas que fueron, en muchos de los casos, influidas por los fundadores de la revista “Poesía”: Gelindo Casasola, Santos López, Harry Almela, Jacqueline Goldberg, Sonia González, Igor Barreto, Freddy Hernández Álvarez, Carlos Ochoa, Adhely Rivero, Luis Alberto Angulo y Carlos Osorio (los tres últimos, como se sabe, se encuentran hoy al frente de la publicación). Todos ellos dados a conocer por “Poesía” en diversas oportunidades. Cerremos el intervalo con un grupo de poetas llaneros vinculados a la revista POESÍA: Adhely Rivero, Luis Alberto Angulo y Enrique Mujica. Este trío hace vida activa y comprometida en nuestra universidad, a favor de la promoción de la poesía dentro y fuera de su recinto.
Adhely Rivero (1956) es en la actualidad jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, y Director de la revista POESÍA. Nacido en Arismendi, estado Barinas, tiene treinta años radicado en Valencia. Ha publicado los poemarios 15 poemas (1984), En Sol de Sed (1990), Los Poemas de Arismendi (1996), Tierras de Gadín (1999), Los poemas del viejo (2002) y Medio Siglo, La Vida Entera (2005). Los Poemas de Arismendi y Tierras de Gadín fueron acreedores de los premios de poesía de la Universidad Rómulo Gallegos y XL Aniversario de la Reapertura de la Universidad de Carabobo respectivamente. Haciendo eco de sus propias palabras, Adhely ha ido escribiendo un solo libro, el cual se nos antoja una crónica minimalista del Arismendi de su infancia, ámbito refundado a través de la yuxtaposición de los recuerdos y las ensoñaciones, privando el agua del río y los lamederos, en un juego especular que pone de relieve un gran dominio en la configuración de las imágenes y las atmósferas, ello por vía de la austeridad del lenguaje, sin estridencia ni encandilamiento que perviertan la recreación interior del paisaje.
Luis Alberto Angulo (1950) es también oriundo del estado Barinas, sólo que nació en Barinitas. Trabaja en la Oficina del Cronista de la Universidad de Carabobo. Tiene publicados los poemarios Antología de la Casa Sola (1981), Una niebla que no borra (1986), Antípodas (1994) y Fusión Poética (2000); este último además de compendiar los tres anteriores suma De Norte a Sur, libro por el cual obtuvo la más reciente edición del premio de la Universidad Rómulo Gallegos. El libro La Sombra de una Mano (2005) reúne toda su producción poética a la fecha, incluyendo el poemario Fractal, acreedor del Premio Bienal de Poesía Lazo Martí. Se puede afirmar, a efectos taxonómicos, que es el poeta “citadino” o “urbano” del grupo, lo cual no resta nada a su condición de buen llanero (recuérdese que publicó junto a su padre Viento Barinés, 1978, que recoge el contrapunteo entre el Arpista y el Gavilán en el pueblo de El Real). La obra poética de Luis Alberto Angulo gusta mucho del claroscuro, del desbordar fronteras, de la fusión de experiencias y lecturas diversas, pero no por ello carentes de validez y autenticidad. Al modo de las buenas piezas del jazz fusion (Chick Corea o Miles Davis, por ejemplo) o el World Music (Al Di Meola, por ejemplo), en las que elementos variopintos se ensamblan en un todo y no de manera diferenciada. Hay, por supuesto, una preocupación por el mundo cotidiano que excede la abulia, la monotonía y la mezquindad.
Enrique Mujica (1945) nació en San Juan de los Morros. Este guariqueño es profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo. Fue vicerrector académico de la Universidad Rómulo Gallegos. Su obra poética ha recibido recompensas tales como el III Concurso Literario de la Facultad de Ciencias de la Educación de la U.C. (1972), el premio José Rafael Pocaterra por Las Formas del Verano(1978) y el de la Bienal Mariano Picón Salas (1998). El libro antes referido se publicó en 1980 (Ediciones del Rectorado, U.C.), al que se suman los poemarios Cada vez más ausente (1975), Ejercicios para el olvido (1979), Intentos (1979), En un simple movimiento de lo infinito (1981), Tintas Quemadas (2001) y Obra Poética 1970-2000 (2001). Otros títulos son Fondo y Espuma (1980) y Acento de Cabalgadura(1989, novela). El volumen que comprende su “Obra Poética” de treinta años, coincidió por fortuna con el trigésimo aniversario de la revista POESÍA, en la cual ha participado activamente. El libro nos permite una fructuosa relectura de sus poemarios, enclavados en lo paradojal del acto poético: descifrar el mundo para hacerlo más complejo y asombroso. La voz poética desdice desde el inicio la unidimensionalidad y chatura del mero formato escrito; por ejemplo, constatamos en títulos como Las Formas del Verano y Vaquería una hermeneútica del paisaje sin un ápice de ruido y barroca pirotecnia.
De manera que la revista se ha provisto de generaciones de relevo en su conducción, pese a la peculiaridad de cada quien. El hecho de que “Poesía” explorase tradiciones poéticas desconocidas en el país, contribuyó decisivamente en la formación de generaciones poéticas posteriores. Sus fundadores tuvieron a bien deslastrar el influjo de la lírica francesa en la poesía venezolana de los sesenta y setenta, ofreciendo como alternativas la poesía norteamericana -que en cierto modo influyó a grupos como “Tráfico” y “Guaire”; pocos años antes se creó en Valencia el grupo Talión influido también por los poetas norteamericanos, entre sus integrantes destacan Luis Alberto Angulo, Adhely Rivero y Carlos Ochoa-, además de la portuguesa y brasileña, la sefardita, la japonesa y la china. Lo cual redundó en ampliar significativamente la visión poética de los nuevos creadores. Es menester un agradecimiento en el silencio y el solaz de la lectura de sus miles de páginas.

A MODO DE COLOFÓN ABIERTO.

Las revistas literarias aguardan por los estudiosos y ensayistas de la literatura, pues el hecho de ser poco exploradas supone su mayor atractivo. Sus páginas son registros interesantísimos y subyugantes de la historia de la literatura de los países y los continentes. Más que ejercicio crítico, seduce el hecho de imaginar o evocar el bullir de las salas de redacción y las conversaciones en los cafés y los bares. Si bien la categoría de generación literaria es relativa, no puede ser comprensible en el absoluto de las coincidencias de sus miembros tan sólo. Los desencuentros y las desavenencias complementan significativamente el panorama de un determinado momento en el devenir de la literatura nacional y mundial. Lamentablemente, la asepsia de la crítica profesoral ha evitado, por pereza, revisar los anaqueles grises y polvorientos de las hemerotecas. Es un imperativo reivindicar los esfuerzos de escritores como Santiago Key Ayala (1874 – 1959), quien tuvo a bien componer biografías de revistas venezolanas desaparecidas tales como El Seminario de Caracas, la curiosísima El Canastillo de Costura, El Zulia Ilustrado o América Ilustrada y Pintoresca, publicaciones periódicas del siglo XIX. La hemerografía puede deparar grandes sorpresas en el estudio de la obra de un determinado autor, al punto de descubrir textos desconocidos de un inapreciable valor artístico. El Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, encabezado por el poeta Adhely Rivero, ha puesto a la orden del público universitario y general la Sala de Lectura de Revistas, la cual cuenta con un amplio stock de publicaciones periódicas en idiomas tales como el español, portugués, francés e inglés. Es un espacio inédito en Valencia que contribuye a consolidar la cultura hemerográfica en el país.
La revista “Poesía”, a partir de su fundación en 1971, representa un momento estelar de nuestro discurso poético. Permite dar una visión de conjunto de la poesía venezolana, latinoamericana y mundial de las últimas décadas. Surgió en la necesidad de renovar y refrescar el quehacer poético venezolano a partir de los setenta. Ha formado a las nuevas generaciones de lectores y creadores de poesía en la ausencia del ruido, la estridencia y las gesticulaciones consolatorias y autocomplacientes. Este estilo ha persistido en tanto claridad del pensamiento y el trabajo poéticos de sus fundadores y redactores. Por supuesto, en la devoción y consecuencia de sus lectores –entre los cuales nos contamos- descansa también su larga trayectoria.
La revista POESÍA ha contribuido sin duda a la configuración de la poesía venezolana de los últimos siete lustros. No sólo el conjunto de poetas fundadores y redactores, entre los que destacan Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros, Teófilo Tortolero, Eugenio Montejo, Adhely Rivero, Carlos Osorio, Luis Alberto Angulo, Enrique Mujica y más recientemente Sergio Quitral, cuenta con una obra individual de estimable calidad, sino también el trajinar de la revista en el medio local, continental y mundial, ha servido de útil apoyatura a la cultura poética en Venezuela y América Latina. Todo aquel biógrafo o “hemero-bibliógrafo”, en la tradición y pasión de Key Ayala (Pedro Téllez dixit), encontrará a lo largo de sus ciento cuarenta y dos números indicios y pruebas suficientes de su excelencia y trascendencia en el universo de las publicaciones literarias latinoamericanas. Y, lo que es mejor, experimentará la satisfacción del apetito estético, complacidos todos los sentidos. La poesía, en definitiva, tiende puentes imperecederos entre los autores y lectores en un guiño cómplice y solidario.

José Carlos De Nóbrega.

Valencia, agosto de 2006.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

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URONDO, F. Veinte años de poesía argentina. En www. poesia.com / uron_nts.htm.

Tuesday, April 03, 2007

LA RED SE VA TEJIENDO EN CARORA

La Asamblea de la Red de Escritores, llevada a cabo en Carora del 29 al 31 de marzo de 2007, nos permitió enamorarnos del casco colonial de este Sertâo del occidente del país. Si bien el calor no nos atacó con su proverbial crudeza, nos sumimos en la ensoñación de sus templos, sus retablos antiguos y sus casas de adobe y techo de caña brava. Estupendo ámbito para que las arañas se escondan en la tela babosa y sutil del tiempo que astilla el presente en el pasado colonial. Los efectos de la ley seca acentuaron esta maravillosa y extemporánea sensación. Si bien "El Páramo" bajó su santamaría, disfrutamos unas cervezas y un cocuy de estupendo aroma y delicioso sabor en el bien llamado botiquín "A todo riesgo", como nos lo había dicho un segundo Isidro Gallardo. En la violación de la prohibición alcohólica, la Guardia Nacional no irrumpió con estrépito en la pulpería; sí lo hizo el blanco ectoplasma del doctor Gabaldón transmutado en el oprobioso DDT. Quién nos manda a editar el pasado, photoshop mediante, en estos tiempos de rebelión comunal. Pese a ello, la traviesa araña enhebró el sábado el lienzo -para unos cobija, para otros sudario- en el que la Asamblea plasmaría el retrato variopinto de la Junta Directiva: Freddy Ñáñez, Laura Antillano, Leonardo Ruiz, Pedro Ruiz, Gabriel Jiménez Emán, Arnulfo Quintero y Andrés Mejías como titulares de la alineación; Fidel Flores, Héctor López, Pablo Ramírez, Adhely Rivero, Daníbal Reyes, Homero Vivas y Maribel Prieto en el diván de suplentes. Todos ellos auscultados por los Francisco de Goya, Sigmund Freud, Rafael Bolívar Coronado y pare usted de contar, arrellanados en las butacas del auditorio. Esperemos que esta amalgama sin organigrama alguno responda al espíritu de la comuna: la de París y la de Carora. Ello en el combate sin cuartel a la mezquindad, la burocracia, los comisarios y los zopilotes de siempre que pretenden entorcharnos en el discurso del poder.

Sunday, April 01, 2007

PENITENCIA DEL POETA JOSÉ JOAQUÍN BURGOS


Indocencias
Penitencia
José Joaquín Burgos
La gripe -modosita, agresiva, elegante, rústica, como sea- seguramente salió, dispuesta a todo, de la famosa caja de Pandora. Yo, personalmente, le guardo un respeto casi religioso desde mi niñez, allá en Guanare, cuando lo embadurnaban a uno de mentol, lo envolvían en delgadas sábanas de liencillo, le zampaban un guarapo de malojillo, de toronjil, o una limonada, y lo acostaban lejos de la ventana para que la luna no se la pasmara. Mire, cámara, aquello era una cosa seria. Una antesala de la tos ferina (o coqueluche, como le decía la gente viajada) y de las bronquitis y pulmonías, que a lo largo de los años han proliferado y logrado un impresionante desarrollo industrial... Y no hago tales comentarios por echármelas de víctima de esa honorable, aunque ya muy común peste, sino porque las veces que me visita se comporta, digo yo, como una amante insaciable que no me deja respirar, ni dormir, ni caminar tranquilo por esas calles llenas tanto de amigos como de peligros; me torna malhumorado, me exprime los huesos, me asfixia y amenaza con volverse pulmonía o qué se yo... y de ñapa, me zampa en el calabozo del cuarto por varios días, a las órdenes (gracias a Dios) de Licelia, con una ringlera de pastillas, gotas, cucharadas, ungüentos. Suficiente todo ello como para no poder asistir al justo homenaje rendido a Oswaldo Feo Caballero, ni al acto del Aniversario de Valencia, ni a la ya imprescindible tertulia de la librería Kuaimare, o del Sur, a escuchar las siempre gratas exposiciones de Guillermo Cerceau, José Carlos de Nóbrega y otros bellos amigos que la vida me ha regalado.
Escribir sobre la gripe, lo admito, nada tiene de elegante. Ni siquiera cuando el mal evoluciona hasta amasar (¿o desamasar?) la fragilidad corporal de la dama de las camelias o de tantas víctimas literarias a las que ese mal, precisamente, se encargó de destruir, cruelmente, durante el Romanticismo. La gripe es malvada, créamelo, cámara. Con su carita de monja, sus manos suaves, su capacidad de embrujarlo a uno hasta postrarlo. En cambio, por ejemplo, el paludismo es otra cosa: llega, le pega su lanzazo a la víctima, lo tiñe de amarillo, le da unas fiebres terribles y lo hace desvariar... pero lo raspa, ­y listo! Con razón en la Venezuela de antes lo llamaron el General Paludismo... Ah, pero esta gripe hipócrita, mentirosa, seductora y más falsa que un billete de ocho bolívares es, sinceramente, incalable. Y ahora, a orillas de la Semana Santa, es, sin duda alguna, una penitencia.
Por eso la acepto y la soporto. Lo único que me consuela un poco, en estos días de padecerla, es pensar que a lo mejor los tipos que andan llorando por la famosa concesión televisiva, además de gripe deben andar con síntomas de diarrea... y eso sí es grave, cámara.
Post Data: Johanna Vanesa Sánchez Figueredo, universitaria y bella hija del fraterno poeta Lenín Sánchez, celebró 18 años. ­Larga vida, reina de nuestro afecto!

Tuesday, March 13, 2007

BRASIL 0 – VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN


BRASIL 0 – VENEZUELA 0, UN PUENTE POÉTICO EN CONSTRUCCIÓN.

A Aly Pérez, in memoriam.
A Fernando Rodríguez, estragada mi rabia a tragos.

Muy a pesar de mi ascendencia portuguesa –madeirense por demás, lo cual me salva del denuesto alfacinha que se le endilga a los lisboetas-, en el seno familiar casi no tuve contacto con la literatura de Portugal, mucho menos con la de Brasil. Apenas había llegado a mis manos una antología poética de Luis de Camoes, en su lengua original, conmemorativa del día nacional de Portugal. En mi adolescencia importaba más el desempeño –fallido hasta Estados Unidos 94- de la selección de fútbol brasileña en pos del tetracampeonato: para 1982, contaba con el mejor medio campo del mundo, Sócrates, Toninho Cerezo y Falcao apoyando al ponzoñoso Zico; sólo que Italia y Paolo Rossi arruinarían con tres goles la ensoñación de la hinchada verdiamarilla, a la que por entonces me había adscrito. En esa misma década, nos embriagábamos con la música heredera del Bossa Nova, de Antonio Carlos Jobim y del MPB: Chico Buarque, María Betania, Gal Costa, Milton Nascimento y Djavan. Qué decir de las depuradas telenovelas brasileñas que pueden comprender el intervalo que va de Vale Todo a la muy sensual Xica Da Silva (no podemos obviar la versión fílmica que la antecede, de Carlos Diegues).
Sin embargo, gracias al contacto con el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo y su revista Poesía, teniendo a la vanguardia al poeta Reynaldo Pérez Só, pudimos acceder a la producción poética de habla portuguesa, sobre todo la brasileña. Entre los años 1992 y 1993, un grupo de estudiantes universitarios, entre los que nos contábamos Pedro Téllez, Slavko Zupcic, Argenis Salazar y este cronista, formamos parte del Taller de Traducción de Poesía en portugués, cuyo ductor fue el mismo Pérez Só. Por fortuna, se publicaron traducciones mías en la revista La Tuna de Oro, otra de las publicaciones emblemáticas del Departamento: siete textos poéticos de Ledo Ivo, procedentes de su poemario Crepúsculo Civil (1990), en el número 19 de Febrero-Marzo de 1994; Poemas da Negra (1929) de Mário de Andrade, en el número 21 de Enero-Febrero de 1995; y tres poemas de Carlos Néjar en el número 23 de Enero-Febrero de 1996. En este caso, el enemigo a vencer era la traducción literal: se trataba más bien de la conjunción o abordaje simultáneo de la idea patente en imágenes, el tono, el estado anímico y la musicalidad del texto poético. De lo contrario, se fracasaría en un pobrísimo ejercicio de traslación operativa a la manera de los manuales de instrucciones –o peor aún, de los textos marxistas traducidos por la Editorial Progreso de Moscú-. Ya lo advierte Pérez Só sin amagues de ningún tipo: “3) Traducir, traducir. Lo hacemos con un autor extranjero, por supuesto. Pero no es una versión, es mi versión, es mi poema. (...) No dejando que la traducción sea lineal”. Otro tanto nos lo justifica Rodolfo Alonso: “Traducir poesía, cosa que por aquellos tiempos hacía asiduamente, al mismo tiempo con ansiosa inquietud y con placentero abandono, fue no sólo la mejor educación (¿iniciación?) literaria posible sino realmente algo esencial para mi vida toda. No sería quien soy sin haberlo intentado”.Veamos un ejemplo, con el cual me hallo compenetrado, O Trapiche de Ledo Ivo:
El Trapiche.
Quieres que guarde para ti el rocío.

¿Mas cómo puedo guardar lo que se disuelve
al sol, como el viento, el amor y la muerte?
¿Cómo guardar los sueños que soñamos
al paso que caminamos despiertos
en lo oscuro y sin nadie a nuestro lado?
¿Y los susurros de labios encantados
en el otro lado del muro? ¿Y la hierba que se esparce
en la pista del aeropuerto? ¿Y la mancha que aparece
en la cáscara del mango maduro?
¿Cómo guardar la brisa sibilante
en el combés del navío? ¿Y el vuelo del pájaro?
¿Y la barca abandonada que atraviesa el río
y para bajo la cubierta?
¿Cómo y por qué guardar un arreo herrumbroso
y la ceniza de la hoguera
y la lluvia que llovía y el viento que venteaba?
La nada guardaremos, nosotros que somos
el depósito de todo, el baúl y el trapiche.
El rocío, que es eterno, se evapora
llegada su hora. Y nuestros sueños
nos guardan fielmente en sus sepulcros.

El poema se refiere a un trapiche, palabra válida en Brasil y Venezuela, esto es el lugar donde se almacena la caña de azúcar y se elabora el aguardiente de caña, su veneno en la acepción baudelaireana. Si se apelara al título El Almacén, destruiría el ámbito y el espíritu rural del texto, extensivos en la consideración metafísica y existencial allí inmanentes. La búsqueda de la unicidad del ser en la dispersión. Si se quiere, manifiesta el ars poética de Ledo Ivo: “Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable” (Confesiones de un Poeta , 2004, Academia Brasileña de las Letras-Topbooks, p. 13). El trapiche es la metáfora maravillosa y lograda de la cual se vale Ivo en la configuración del corpus del poema. Sencilla e impune, inmediata a nuestra paradójica condición, la de ser víctimas propiciatorias de los equívocos fundados en la poco probable conciliación habida entre el deseo y la realidad que nos ampara importunamente, como si fuésemos intrusos; despojada de la retórica hueca y abusiva en la aprehensión del paisaje y los objetos en los que nos reconocemos día tras día.
Hoy, traduciendo una interesantísima conversación de poetas brasileños -que nos envió a la redacción de Poesía el también amigo y poeta Floriano Martins-, constatamos la brecha que nos separa de la poesía del gigante amazónico. De lado y lado. Muy a pesar de nuestra vecindad geográfica, es menester aproximarnos en las virtudes y las falencias. Uno de los obstáculos lo representa la condición idiomática de cada cual, pese a que ambas lenguas son romances. Hay muy escaso interés en aprender el idioma del otro, aunque las excepciones al respecto constituyan una valiosa contribución en la construcción de un puente cada vez más necesario, en el combate a un proceso de globalización de una gula sin par, por cierto, una barrera bien notable. La poeta Astrid Cabral no deja pasar la limitante cultural: “Pienso que lo que ha ocasionado “un cierto vacío” en las relaciones entre Brasil e Hispanoamérica, ha sido la influencia masiva y hegemónica de Norteamérica, adueñándose de todo y cualquier espacio, asimismo los recónditos lugares personales. Estados Unidos extendió el monopolio económico a las demás áreas. Comemos, vestimos, leemos y vivimos norteamericanamente -the american way of life, N.T.- (¡todavía bajo protestas! ¿Quién está virgen de unos pantalones Lee, o nunca mató el hambre en McDonalds?)”. Al parecer, el ALCA no repara en este tipo de detalles; no conviene la integración cultural de la América Latina, pues el todo estriba en el desigual intercambio de mercancías que atenuará el abultadísimo déficit fiscal de los Estados Unidos. Valga como colofón de este párrafo, la pertinencia de la integración latinoamericana per se, sin la mediación de gendarmes y mercaderes “protestantes”: “Un pueblo no alcanza el estado de civilización sumándose al proyecto de otro pueblo, sino tomando conciencia de su ser en el mundo, de su identidad y su especificidad cultural” (América como Civilización Emergente, de Adolfo Colombres, 2004, Editorial Sudamericana).
Por supuesto, tenemos el condicionante editorial de ambos lados de la frontera. No sólo en lo que toca a la edición recíproca como tal, sino en su divulgación continental. La referida conversación sostenida por los poetas brasileros Alberto da Costa e Silva, Carlos Néjar, Astrid Cabral, Claudio Willer, Alvaro Alves de Faría, Alexei Bueno y Flavio Khothe, arrojó un desconocimiento casi generalizado de la poesía venezolana actual. Fuera de nombres como los de Andrés Bello y Vicente Gerbasi, apenas se asoman poetas como Juan Calzadilla, Francisco Pérez Perdomo, Edmundo Aray y María Antonieta Flores. Sin embargo, el poeta Floriano Martins se ha dedicado a la divulgación de la poesía venezolana por medio de su revista virtual Algulha. Recientemente, el poeta Armindo Trevisan prologó una antología poética de Pérez Só, publicada por Monte Ávila Latinoamericana. Uno de los pocos poetas venezolanos traducidos en portugués y editados en Brasil es Vicente Gerbasi con su libro Olivos de Eternidad. Es de admitir que nuestras editoriales han fallado en la divulgación continental de la literatura venezolana, en especial el caso de los poetas. En Brasil hay un conocimiento más cabal del quehacer poético argentino, chileno y peruano.
En Venezuela, da la impresión que se conoce algo más de la poesía brasileña del siglo XX. Ya se había dicho que la revista Poesía ha divulgado poéticas no tradicionales, como las de Brasil y Portugal, incluso el trabajo de poetas angoleños que escriben en portugués. En sus páginas tenemos textos poéticos y entrevistas realizadas a poetas tales como Ledo Ivo, Carlos Néjar, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Joao Cabral de Melo Neto, Floriano Martins, entre otros. Otro tanto ocurre con La Tuna de Oro, cuyo mercado divulgativo descansa en los estudiantes y docentes de la Universidad de Carabobo. Por otra parte, la colección Biblioteca Ayacucho ha editado títulos de poetas, narradores y ensayistas brasileños: Gilberto Freyre, Joaquim María Machado de Assis, Lima Barreto, Euclides da Cunha, Sergio Buarque de Holanda, Jorge Amado, y los poetas Oswald de Andrade y Mário de Andrade. Fundarte publicó dos antologías de poetas brasileños: Ferreira Gullar (La Lucha Corporal y Otros Incendios, 1977, traducción de Santiago Kovadloff) y Joao Cabral de Melo Neto ( Antología Poética, 1979, traducción de Margara Russotto) . Ejemplos que nos permite la fragilidad de nuestra memoria. Sin embargo, el inventario comprende desde el “fecundísimo modernismo brasileño” (Rodolfo Alonso dixit) de voces tales como la de Mario de Andrade, atravesando la poesía concreta de Ferreira Gullar, hasta el cierre del ciclo que representa la obra de poetas significativos como Joao Cabral de Melo Neto, Ledo Ivo y Carlos Néjar.
Por supuesto, ambas naciones parten de experiencias históricas peculiares. Pedro I proclama en 1822 la Independencia de Brasil, luego del traslado de la corona portuguesa al territorio amazónico, producto a su vez de la invasión napoleónica a la Península Ibérica. Ya no se trataba de un Virreinato, la mudanza y el acarreo trajo consigo la corte portuguesa a América con su cargamento de cultura, intelectuales y poesía. En el caso de Venezuela, la cautividad de Fernando VII a manos del ambicioso corso supuso un perfecto pretexto para la declaración de independencia del 19 de abril de 1810, la cual desembocaría en las mismísimas puertas del antiguo Imperio Inca. Quien iba a esperarlo de una modesta Capitanía General del Imperio Español. Sin embargo, las peculiaridades de cada cual incitan vivamente el acercamiento, más allá de la ausencia de la materia cultural en las cartas de intención y acuerdos recién firmados entre los presidentes Lula y Hugo Chávez Frías.

Cerremos este inventario binacional con estos versos de Carlos Néjar:

Cerrado para el balance
de todas las cobardías
y los actos heroicos –tan pocos-
dispongo las aptitudes
y las líneas de fuego
sin armisticio.
Me dispongo en esto
porque el equilibrio
es una camisa de fuerza
en mi cuerpo
y no tengo dónde poner
las ropas de la ambición
a no ser en la maleta vieja
del ático de la infancia.


Valencia, febrero de 2005.


Nota: Las traducciones de los textos en portugués, tanto los de prosa como los poemas, fueron realizadas por el autor del presente trabajo.

JOSÉ FRANCISCO JIMÉNEZ, HIJO DEL SOL Y DE LA NOCHE (IN MEMORIAM). ESCRIBE NUESTRO AMIGO CHRISTIAN FARÍAS


José Francisco Jiménez, hijo del sol y de la noche
(In memoriam)

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Lic.Christian Farías

Oye, José Francisco, es medio día, sábado 17 de febrero de 2007. Te toca besar la tierra, hermano, y volverte polvo así como cuando Dios creó a nuestro primer hermano. ¿Te acuerdas? Hay un sol hermoso en este campo. Estamos alrededor tuyo como en una de esas reuniones que tanto hicimos para cantarle al futuro. Tú proponías declararnos en huelga permanente por la dignidad humana, por el respeto a los derechos ciudadanos. ¿Te acuerdas, José Francisco? Asesinaron a Ismael Bolívar. Te indignaste. Por tu sangre corrió la sangre de Cristo, la sangre de Ernesto Guevara, la sangre del indio que fuiste, que eres, que somos. Hablaste con el sol una mañana desierta en el patio de tu casa. Dialogaste con la luna con tus manos sobre un libro de tu biblioteca. El arco iris de esa tarde dejó caer un color en tu rostro. Te iluminó tanto que te hiciste soldado irreductible de la vida, valiente, corazón abierto y resuelto, militante de la esperanza, del amor, de la fraternidad; hijo del sol y de la noche, cómplice de los grandes majaderos del mundo con el alma atravesada de misericordia, de pasión.

Hay un canto guerrero Timoto-Cuica que parece una canción tuya, José Francisco. Muchas consignas que son gritos de tu sangre. Muchas ideas preñadas de nobleza vienen de tus cavilaciones. Una hermandad clara, diáfana, brota de tu cuerpo y de tus labios. Naciste en el furor del trópico. Lloraste junto al dolor de tu madre. Recibiste la bendición de tu padre. Se iluminó tu Ser ante la palabra de Dios y lo cultivaste con tus lecturas de Marx, de Lenin, del Ché, de Luther King. Ennobleciste con la fuerza inquebrantable de tus acciones, tu solidaridad incondicional con los guerrilleros del P.R.V. – F.A.L.N., tu compromiso al lado de la justicia y la igualdad. La mejor palabra es la conducta, José Francisco. Tú te hiciste palabra, tu palabra fuiste tú. Íntegro, hermoso, como un héroe sin pretensiones. No hay dudas ni confusión. No claudicaste ni te volviste blando. El tiempo aceró tu dignidad, endulzó tu alma. Por eso siempre fuiste y serás de los nuestros; nuestro amigo, nuestro camarada querido del alma.

Aquí está tu gente, José Fran, en este campo de sol radiante como tus ojos. Hay flores bellas para ti, llenas de vida, de sueños, de olores, de amor, de alegría. He tomado una rosa roja con mi mano temblorosa para regalártela. Siento cómo el viento me abraza, me susurra en mi camisa, mueve mis lentes, mis cabellos. Me enmudece. No hay más palabras en este instante eterno de tu partida. Es la voz del viento la que me habla y creo que es tu voz ronca, seca, directa, parca, asombrosa. No hay más palabras en este instante eterno de tu partida, José Francisco. Ahora es el recuerdo el dorso de la vida para seguir viviendo contigo en nuestras reuniones, en nuestros combates contra la ignominia y la opresión. Eres hijo del sol y de la noche, enemigo del imperio, del capital. Eres amigo inconfundible de los justos, militante irreductible del pueblo.

Oye, José Francisco, es medio día, hermano. Ahora recuerdo tu oración, tu invocación a Dios, en aquel calabocito oscuro de la Disip. Salimos como a las diez de la noche con el paquete de afiches en la maleta de tu carro. ¡Castigo para los asesinos de Ismael Bolívar! Habíamos pegado muchos en distintas paredes de la ciudad. Una hermosa luna nos guiaba. Pero, en la esquina de la Rondón con Constitución, a la media noche, nos sorprendió la policía y amanecimos con los cuerpos adoloridos en ese espacio reducido que llaman tigrito ¿te acuerdas? Llamaste al Padre Celestial. Tu oración resguardó la fortaleza de nuestra moral de prisioneros. ¡Pequeña y significativa prueba de dignidad sembrada en nuestras conciencias! Esa imagen tuya se hizo imperecedera en mi memoria y ahora regresa con fuerza a mi corazón.

Seguimos marchando de jornada en jornada: en los encuentros culturales de “Juguemos a ser libres”; en las luchas universitarias, populares; en la defensa de los derechos humanos, que fue siempre tu mejor pasión; en las rebeliones del 27 de febrero del 89, en el Frente Patriótico, en el 4 de febrero y 27 de noviembre del 92. En todas las luchas tu mirada fijaba el compromiso de tu manos, de tu cuerpo, de tu ser, de tu espíritu, de tu alma. Porque eso fuiste, José Fran, una criatura para la acción y la reflexión, un hombre con alma de guerrero como Ghandi, como Simón Rodríguez, como Luther King. Un hombre con sentido de la historia, de la trascendencia, pero desde la sencillez de tu familia, de tu corazón de padre y de docente, desde tu disposición al diálogo sin traicionar los principios, desde la bravura de tu piel mestiza, de tu ropa de kaki, de tu franela blanca de guardacamisa, de tu barba modesta, perenne, y de tu mirada escrutadora y triste. ¡Salud, querido amigo, porque en ti sigue radiante y firme la herencia eterna de los libertadores, la gloria imperecedera de los dignos! ¡Salud!

Valencia, febrero, 17 - 2007

Saturday, March 10, 2007

ENAMORADA



Ayer de visita en casa de Ana Enriqueta Terán y José María Beotegui, nos referimos a esta foto de nuestra hermosísima poeta con Felipe Herrera Vial. Fue tomada en el Ateneo de Valencia con motivo de la presentación del primer número de Cuadernos Cabriales en junio de 1954. José María nos dijo que ese mismo día la había conocido para quedar enamorado por siempre. Han transcurrido cincuenta y dos años y medio de unión tocada por la generosa fortuna. Si bien el genio es un creador de paradigmas, aforístico José María, los ojos de María Félix que se abren a las guitarras y las voces del trío Calavera en "Enamorada" del Indio Fernández, nos retrotraen la belleza clásica, indómita y deliciosamente persistente de Ana Enriqueta. No sé por qué la ligo emocionado a la canción I'll be your mirror de Lou Reed y Velvet Underground. Secuelas de su apasionada voz recitando en el Auditorio del Centro Eladio Alemán Sucre aquellos imprescindibles versos:
"(...) La niña buena cuenta hasta cien y se retira.
La niña mala cuenta hasta cien y se retira.
La poetisa cuenta hasta cien y se retira."
Aplastando la cabeza mezquina de la deslenguada mapanare que fracasa en herir su calcañar, nos reunimos en el hospitalario patio para enhebrar un texto transgenérico, encuentro de la poesía, el ensayo y la pintura, con el cual José María, Luis Alberto, José Carlos y Vladimir celebren a Ana Enriqueta acicalándose y persignándose en la ceremonia cotidiana y salvífica del poema.

LA INTELECTUALIDAD NUESTRA SE VOLVIÓ MEDIO AUTISTA. MARISOL ENTREVISTA A GUILLERMO CERCEAU AL ABRIGO DEL ENCERADO DEL CIRCO


Guillermo Cerceau
La intelectualidad nuestra se volvió medio autista. Marisol Pradas.


"El saber reposa sobre el poder unificador y la solidez de la memoria. El saber es una provisión de las experiencias que se acumulan sin cesar y despiertan la pregunta por el sentido de las cosas. En cierto modo, sabemos ya mediante las experiencia, y sin embargo queríamos saber qué es lo que las dota de sentido" explica Hans-Georg Gadamer en el practico libro "El inicio de la filosofía occidental" (Paidós, Barcelona, 1999, p 117) en el que de la manera más sencilla se adentra en los territorios griegos, cepa originaria que aún sobresalta los problemas actuales de nuestra cultura.
Surgió la entrevista a Guillermo Cerceau a propósito de la edición de su libro de relatos cortos titulado "El Elefante Muere", presentado en la librería Kuaimare el sábado pasado, nacido después de unas reflexiones tras volver a ver la obra magistral de David Linch, "El Hombre Elefante".
Diez personajes de un circo son esbozados con sentimiento e ironía. Antes de este trabajo realizó ensayos de densa carga intelectual por lo que esta apertura no intencional sino espontánea a la emoción le abrió la posibilidad de ver entre sus lectores sentimientos a flor de piel.
Hubo en la vida de este hombre nacido en Argentina, venezolano y valenciano de corazón, desde su llegada a este suelo a los 4 años, un antes y un después, tras irse a Europa y regresar hace un par de años. Anteriormente trabajó dentro en el mundo corporativo alcanzando altas posiciones en transnacionales, mientras a la par desarrollaba como una segunda vida, de compromiso cultural, escritos, y conferencias. Allí es donde coloca ahora su énfasis pues no en vano ya son 20 años de lecturas, análisis y escritura. Cerceau es socialista, apoya al Presidente Hugo Chávez, sobre todo en su política antiimperialista que ha sido, a su juicio, inequívoca, aunque se aleja de algunos círculos plagados de inconsistencias, donde no se trabaja por el país. Asesora a comunidades organizadas y sindicatos.

Su primer libro publicado de ensayos fue "Equivalencias", luego "Fragmentos Sublunares" y poemarios que después fueron recopilados en formato multimedia. Pertenece al Grupo Cultural Li Po, nombre del poeta chino, romántico, refinado y popular, amante de lo sensual y espiritual a la vez. Para este primer trimestre del 2007 espera la coedición del libro "Teoría de las Despedidas".
Desde el Grupo Cultural hemos tenido una actividad bastante coherente e intensa a través de conferencias, seminarios, presentaciones en literatura y artes gráficas, aunque queremos atraer músicos y gente de otras disciplinas.
Estoy tratando de unir todas esas cosas que aprendí en mi vida de trabajo con la literaria, por eso mis ensayos tienen esa mezcla de uso poético, si se quiere, de temas como el impacto de la tecnología en la cultura y la sociedad; algunos son más abstractos.
¿Por qué hace tanto énfasis en la coherencia del grupo Li Po? ¿Será por las discordancias del mundo exterior?
Porque hemos visto que la actividad cultural, lamentablemente, por una serie de variables que no es factible analizar por el corto tiempo, suele ser ocasional, esporádica y esa falta de persistencia en el tiempo hace que las propuestas no terminen concretándose o terminen siendo cerradas...
Poco democráticas...
O degeneran en roscas por utilizar un término un poco prosaico...
En mafias...
Valencia que es una ciudad de poetas y pintores, que ha entregado muchos nombres a la cultura del mundo, en los últimos años quizás hemos visto algunos grupos que han estado ahí, yo no creo que con malas intenciones, quizás por la misma dinámica de la soledad, de la falta de un publico activo. Nosotros estamos tratando de construir un público. Creo que la palabra coherencia no es la más apropiada porque no buscamos una unidad en el planteamiento estético, por el contrario, valoramos la diversidad, la discusión en el conflicto. Coherencia en el sentido de que haya vínculos entre lo que uno dice y lo que uno hace. Una dimensión ética.
¿Estamos ante cambios profundos en Venezuela?
Puesto que estamos inmersos dentro del cambio es difícil a veces ser objetivo, sobre todo cuando se toma partido por opciones. Uno quisiera a veces que las cosas fuesen mas consistentes pero también creo hay que entender a un publico que ha sufrido una prolongada ausencia en el terreno cultural. Hubo un momento en que la intelectualidad nuestra se volvió medio autista. Se replegó sobre sí misma y ya sea porque estaba de acuerdo o porque estaba en contra, en vez de contribuir con aportes críticos decidió replegarse. Eso causó que muchas cosas se quedaran huérfanas; quedaron muchos vacíos que fueron llenados por los que podían y los que tenían la oportunidad de hacerlo, y no siempre fueron las mejores circunstancias las que llevaron a eso. Creemos que el público merece de la gente que se dice intelectual más respeto, ser tomado en cuenta; lo que no quiere decir que haya que ser complaciente. Pero si pensamos que hay que hacer propuestas serias, que tengan distancia en el tiempo, que aborden, desde la perspectiva que sea, los problemas reales de la gente.
¿Apegarse al realismo estricto?
No. Uno puede tocar la sensibilidad de la gente desde el más puro abstraccionismo hasta el realismo más decimonónico por ponerlo en esos extremos que son falsos extremos. El problema no es tanto la estética o la forma como usted aborde la creación artística si no el compromiso y la vinculación con las cosas reales.
¿Se están dando controversias fuera de tiempo?
Hay discusiones muy intensas, muy interesantes, pero a veces tienen un aire como de cosas que ya han sido superadas. Tenemos que superar los falsos dilemas e ir hacia una actividad cultural que se incorpore en forma crítica y constructiva hacia los cambios.
¿Hay que diferenciar cultura popular de elitesca?
Las certezas como parte de la lucidez humana deben ser permanentemente reconquistadas. Toda cultura cuando es verdadera es popular. Cuando uno se aproxima correctamente a la obra de arte es mentira que en los barrios no van a entender a Buñuel como piensan algunos. Eso es una visión muy negativa de nuestro pueblo porque todos son capaces de acercarse a cualquier cosa con su sensibilidad. Para ser verdaderamente universal se tiene que nacer de la particularidad.
¿Cuánto cambió usted al despojarse un poco de lo intelectual para ir a la narración más emotiva?
Creo que mucho, no porque uno no tuvo esa dimensión emocional antes ni mucho menos si no que porque de alguna manera en la forma de abordar la tarea literaria había una especie de exigencia que ordenaba una ensayística muy formal, preocupada por una adjetivación correcta; y cuando uno hace algo más libre se valora otra dimensión de que pude comunicar con la gente algo que conmovió sus sentimientos, fue algo importante.
Volviendo otra vez a la responsabilidad de los intelectuales en Venezuela, ¿qué es lo que ha pasado?, ¿por qué mentes lúcidas como la de Domingo Alberto Rangel las tienen arrinconadas?
Hay personas sumamente lúcidas como Vladimir Acosta, Briceño Guerrero quienes escriben cosas que no tienen nada que envidiarles a los grandes pensadores del mundo. Allí entra un poco el terreno de las simpatías políticas, yo siento una gran admiración por Domingo Alberto Rangel y Luis Brito García, y así le podría mencionar a mucha gente. Lo que yo observaría es que es más importante asumir una posición honesta y clara para que se de un debate real.
¿Los intelectuales son seres distintos a las demás personas?
No. Creo que su realización plena, su rol dentro en la sociedad, no tiene que ser desde la perspectiva de un intelectual sino que tiene que ser como ciudadanos. Solamente cuando nos reconozcamos como ciudadanos, como miembros de una polis, como ambos, independientes de nuestras diferencias, si es que las hay, aportaremos.
¿Pareciera que hay gente que no sabe siquiera qué es dialogar?
Cuando uno va a las comunidades populares uno se encuentra con algo totalmente distinto. La gente lo recibe a uno en términos de cómo uno viene a ayudar o a la que sea que uno va si va en buena fe; pero a nivel de los medios o de las discusiones de los cenáculos donde las grandes mentes deliberan hay mucha parcialidad. La gente de la calle es más práctica, está buscando soluciones.
Si hay alguna responsabilidad específica en el intelectual, que en realidad no lo creo, pero si hubiera una, sería contribuir a que la gente se encuentre en un plano donde el diálogo sea posible.
Cerceau escribe en estos momentos un estudio sobre la constitución de una nueva sensibilidad y su relación con el sujeto, para constatar a través de los últimos años cómo ha evolucionado tanto el cine como la televisión, el desplazamiento de la violencia, a otra mucho más sutil, que se transmite en programas sobre medicina forense y personajes como el Dr. House. Allí tiene todo un camino por recorrer y una gustosa responsabilidad por asumir.
Poder unificador y solidez de la memoria, bases del pensamiento tomado de Gadamer, parecen converger en Guillermo Cerceau, un hombre que por sobre todas las cosas, se muestra como un ser humano. Cosa no tan común de hallar, aunque parezca mentira.